Jin
San Salvador, 2018
En mi intento fallido por querer cuidarla me repetía una y mil veces ¿Por qué no pude protegerla cuando más lo necesitó?
Al enterarme lo felizmente que estaba enamorada de Derian mi mundo se cayó por completo. Reduciendo todas las ilusiones en nada. Matando la esperanza de poder estar juntos algún día.
Me reprochaba incontables veces las razones por las cuales jamás me atreví a decirle lo que sentía por ella. Por temor a su desprecio o rechazo preferí tenerla como amiga, de esa manera sería más fácil estar para ella, aunque fuera su sombra o su hombro en la adversidad. La amaba más de lo yo me amaba, más de lo que imaginaba.
Cuando sufrió el accidente, mi ser se perdió lentamente entre la bruma preguntándome si ¿y si no sobrevive? ¡Dios la quiero!
Quería arrancarme la piel y gritar porque ella era mi mayor debilidad y fuerza sin que supiera. Entre la ira y el enojo, al verla tan vulnerable y casi muerta, reté a la muerte para arrancarla de sus brazos y darle una vez más el aliento de vida en este mundo.
“Jugué a ser su dios sin tener poder”
“Jugué a ser su ángel sin tener alas”
“Pero jugué limpio al dejarla”
“Todo en este juego llamado amor”
“Si tan solo no hubiese esperado el momento perfecto a lo mejor yo hubiese estado en su corazón antes que él”
“Si tan solo le hubiese dicho que la amaba”
“Si tan solo hubiese sido más valiente y menos cobarde”
“Si tan solo hubiese aceptado mis sentimientos”
“Si tan solo…”
Todo se reducía en un “si tan solo”.
Día tras día, me arrepentía de mis acciones.
Al volver en si después del accidente gocé enormemente de su padecimiento, de su amnesia. No recordaba absolutamente nada, pero su cuerpo sí. Su corazón latente y esperanzador dispuesto a esperar por él.
Sufría de su ausencia sin saber.
Sufría de amor sin notarlo.
Cuando él despareció después de su accidente me alegré aún más suponiendo que a lo mejor era una buena oportunidad para ir poco a poco tras ella. Aunque Leyda nos ofreció otro camino si queríamos sacar a Derian de su vida.
-Debemos borrar toda evidencia que lo guíe hasta a él. Él es muy peligroso para ella. Y como no lo recuerda, será mas fácil borrarlo como si jamás hubiera existido.
Todavía no sé cómo explicar la llegada de Leyda a nuestras vidas, pues Abril al conocerla jamás la aceptó.
Aunque Derian no fuera el malo, porque en ganar su corazón fue incluso mejor que yo, acepté la mentira de que era peligroso para ella. Simplemente no lo aceptaba y no iba hacerme a un lado fácilmente. No después de saber que tenía la posibilidad de conquistarla.
Aun así, me doy cuenta de que por más que intentes librar a alguien de la verdad por amor, está siempre buscará la manera de colarse o la forma de volver a la luz. La verdad jamás pasa desapercibida pues no puede mantenerse por siempre en la oscuridad.
Derian y Abril eran el destino tanto del uno como del otro. Pero ahorita solo podía actuar de una única manera: egoísta.
Subí a mi cuarto después de escuchar el ruido que provenía del mismo. Al entrar por un momento pensé que se trataba de un gato. Para mi sorpresa no había nada, a excepción de la gaveta medio abierta del escritorio.
-Qué extraño. No recuerdo haberla dejado abierta y sin llave.
La brisa sopló fuerte atravesando la ventana lo que me pareció más raro porque siempre suele estar cerrada.
-¿Qué carajos pasó aquí?- me pregunto.
Al acercarme e inspeccionar la gaveta me llevé la peor sorpresa de mi vida: la llave que dirige al lugar donde se encuentra el diario de Abril no estaba, al igual que los resultados de los análisis médicos habían desparecido.
-¡Qué mierdas!- exclamo.
Comienzo a inspeccionar por la desesperación. Pero nada, las únicas cosas que faltaban en ese escritorio eran: los análisis y la llave.
Al recordar la forma en que Abril apareció frente a mi casa y las declaraciones de donde pasó la noche anterior llegue a concluir una cosa.
-Derian. - susurré.
Inmediatamente bajo las escaleras pero ella se había ido. Recorrí las calles como loco buscándola pero al no tener un indicio de su presencia no me quedó de otra que avisarles a Leyda y a Alex.
-¡Cómo pudiste ser tan imbécil!- gritaba ella desde el otro lado del celular.-Una cosa tenías que hacer. ¡Una maldita cosa!
-¡No eres quien para gritarme! De hecho, no eres nadie- respondí en mi defensa.
El silencio en torno a Leyda al otro lado de la línea me dejó pensando en su actitud agresiva.
-Ellos no pueden estar juntos, Jin. Derian es muy peligroso. - continuó con el tono de voz más calmado.
Analicé pausadamente cada palabra dicha de su parte. Era cierto que Leyda se preocupaba, pero no era del todo por Abril. Aquí había algo más.
-Dime Leyda, ¿Por qué actúas de modo tan extraño? - pregunto.
Silencio.
-Por…porque me preocupa ella. Todo estaba en orden hasta que apareció de nuevo. - contestó.
-Sí, claro. Te preocupa tanto que pierdes la cordura. No será que te preocupa alguien más, por ejemplo, Derian.
-¡No seas ingenuo! No tendría por qué preocuparme él.
-¿Entonces porque te has escondido de ellos todo este tiempo? ¿A que le temes?
-¡Eres un idiota, Jin! Sin mí no serías nada. No habrías llegado a nada con esa estúpida.
-Ten cuidado de como te diriges a ella.
-Si ella llega a saber la verdad nos vamos al hoyo todos. Empezando por ti, que caerás primero.
-Es lo justo- respondo. - Ella merece saber la verdad después de todo.
-¡No! No la merece. Y mejor ponte a buscarla antes de que la pierdas.
-No Leyda. No la he perdido. Nunca me ha pertenecido porque jamás fue mía. Su corazón tiene dueño y memoria. De una u otra manera ellos buscaran la manera de estar juntos, aun si ella no lo recuerda.
-¡Eres un imbécil!-gruñe- Que fácil te rindes.- y cuelga la llamada.
Me arrojo sobre mi cama buscando consuelo mientras miro la nada.
-Jugué a ser su todo cuando nunca fui nada. – susurro en son de derrota.