Abril

San Salvador, 2018

Si te preguntaran ¿Qué es lo más difícil de vivir la vida? ¿Qué responderías?

Muchos dirían que la vida ya es suficiente con tratar de vivirla; otros, la muerte. Pensar que un día dejaremos de respirar aterra. Unos cuantos dirán el miedo. Superarlo lleva tiempo. En fin, un sinfín de cosas.

Pero, para mí, ¿Qué es lo más difícil de la vida? Diría que la aceptación. Cuando aceptamos asumimos la vida tal y como se nos presenta. Sin temor a los cambios o a que la decepción nos gane. La aceptación es el puente para llegar al otro lado donde ya no existe el miedo a perder o a ganar. Donde lo malo se transforma en bueno y miras con agrado lo que el pasado ha dejado. La aceptación es dejar de quejarse y seguir adelante, cuestión que es difícil de ejecutarla por el ser humano. Por uno mismo.

Cuando Derian me tomó de la mano recordé los breves momentos en que mi visión se nublaba y su presencia desataba el caos en mi interior por querer reconocerlo. A lo mejor en mis sueños no lo conocía, porque había algo que temía a aceptar. ¿El qué? Eso intento saber.

Al mirarlo descubrí en ese inmenso mar que se esconde tras sus pupilas la ternura con que besaba mi alma. Mi existencia.

La vez que colapsé en el café mientras estaba con Jin, o la vez que soñé mientras veía a dos almas correr frente al mar. Sin duda era él.

Sin duda era yo.

Allí, tomada de su mano sentía paz, amor. Seguridad.

“¿Por qué razón correría hacia él cuando es mi enemigo o eso me hacen ver?”

“Algo nos conecta”

Aunque esto vaya más allá del entendimiento o la fantasía.

Mi hermano y Jin han dejado claro una cosa: Derian y yo nos conocíamos desde antes, teniendo que ver con mi accidente, pero no de la manera en como lo describen. Además ¿Por qué razón me esconderían la verdad e involucrarían a alguien a quien no conozco bajo agua?

“Leyda”

“Encuentra ese puto diario y sabrás la verdad”

Mientras Derian me llevaba quien sabe a dónde, simplemente acepté mi destino.

“Que importa si hoy muero”

“Viví”

Callejones, cruces, personas aquí y allá y un alto bullicio de San Salvador. Allí, tomados de la mano, caminando a su lado, dirigiéndome a donde fuera, pero confiando plenamente en él.

Al llegar por la Quinta Avenida de la Calle Arce nos adentramos a una tienda de ropa de segunda mano. Lo que me pareció divertido y un poco loco porque el vigilante simplemente se hizo el del ojo pacho dejándonos pasar sin ningún problema. Ni siquiera los empleados nos dieron importancia al pasar por los percheros llenos de ropa.

Cruzamos puertas con letreros de “Solo Personal Autorizado”, subimos y bajamos escaleras; llegamos a lo que parecía un sótano y cuando pensé que era el final del camino este continuaba al otro lado de otra puerta.

-¿Por qué no has hecho preguntas?¿Acaso no te asusta?- preguntaba lleno de curiosidad.

Quiero echarme a reír, pero simplemente le sonrío.

-¿Qué? ¿No te agrada el silencio? –le contesto picaresca.

Al cruzar la última puerta el primero en recibirnos es el pequeño y tierno Próspero. Mi corazón salta de alegría al verlo tan recuperado y lleno de vida. Lo sostengo entre mis brazos.

-Hola pequeño. Te veo mucho mejor ¿ellos te han cuidado bien? - le pregunto.

Lo coloco de nuevo en el suelo después de unas ligeras caricias. Gael aparece frente a nosotros con los brazos cruzados. Mi impresión fue tan grande al verle tan demacrado con unos cuantos años más encima. Alrededor de sus ojos habían manchas de color rojizo. Su mirada parecía desgastada que pasó desapercibida a los segundos después.

-¿Estás seguro de que nadie los siguió?-preguntó preocupado.

-Tranquilo Gael. Me he fijado bien y nadie nos ha seguido. – contesta Derian.

Enseguida el aspecto de Gael cambió. Asintió aliviado hasta el punto de llegar a preguntar si teníamos hambre. Lo que afirmamos de inmediato porque decirle no era pecado.

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La cena fue un momento para echar andar las andanzas y malas andanzas con chistes. Quería olvidarme de cuan confuso era todo. Revolverlo entre las risas mientras lentamente se diluían en lo que mi mundo se iba al carajo.

Después de unas horas Gael se retiró a su cuarto llevándose a Próspero consigo.

-Abril, quiero comentarte lo que sucedió ayer después de que te fuiste y del porque estamos aquí.

No me di cuenta en que momento el impulso me ganó. Le acaricié el rostro sin pensar.

“Es tan real. Tan sublime”

-Sabes, yo también necesito decirte algo.

Derian aparece tan sorprendido que sus mejillas se sonrojan de inmediato

-¿Empiezas tú o yo?- pregunta.

A lo que respondo sin dudar.

-Tú primero. - contesto.

Quería reacomodar las cosas en mi mente antes de contarle todo. Confiaba en él. Desde muy en el fondo mi alma sentía confort estando con él.

-Después de que te fuiste el día de ayer, Gael y yo recibimos una nota. Es una carta en realidad. – extrae de su pantalón un papel que me extiende. – Esta nota nos hizo salir de la casa buscando con urgencia otro lugar. Lo que me llevó a buscarte y a esperar si regresabas Sin duda la última parte de la nota se refiere a ti. Tuve miedo de que pudiera pasarte algo. – dijo.

Sus últimas palabras sonaron preocupadas por lo que al culminar de leer la nota me di cuenta de la razón.

“Algunas cosas van teniendo sentido”

-No me cabe duda de que hay gente que nos conoce a ti y a mí pero que no recordamos. Quizá mucho más antes tu y yo estuvimos juntos, pero hay personas que no nos quieren cerca.

Asiente por lo que deduzco que pensamos de la misma manera.

-No nos quieren cerca y por esa razón nos están dañando. - dice.

-Ayer que llegué a casa tuve una discusión con…Jin. Estaba tan cabreado que me dijo que te conocía y que eras culpable de que yo…

“Esté muriendo”

“Me estoy muriendo. Estoy muriendo poco a poco”

Atajo la taza con café donde pego un sorbo.

-Tuviera el accidente.

De inmediato él se sorprende.

-¿Qué? Pero…titubea-¿Cómo podría tenerla si mis viajes partieron del año pasado? No tiene sentido.

Por unos largos segundos guardamos silencio.

-No creo que seas el responsable de mi accidente Derian. No estuviera aquí preguntándote si lo creyera.

Pienso lo siguiente que voy a decir.

-Antes de poder confesarme que te conocía me pidió matrimonio. Intenté hablar sobre dejar lo que tenemos en una amistad. Las cosas no irán bien si dejo que vayan más allá, pero...

-¿Qué le respondiste?- interrumpe frenéticamente.

-Le dije que no.- respondí ante el sutil halago de su preocupación.

-¿Por qué razón?- preguntó.

Su mirada era preocupada. Lo que indicaba que la respuesta a su pregunta era muy importante.

“Vamos, solo debes ser honesta”

-Por la única razón de que me enamoré de alguien más. - contesté.

Siendo honesta no tomé en cuenta recibir una respuesta inmediata de su parte y tampoco consideré en frenar mis impulsos acariciando una de sus mejías.

“¡Dios! Esa mirada me hace caer”

Sin imaginar lo que se venía en los próximos segundos nuestros labios se unieron ante el inminente desenfreno de locura pasional. Me voy sumergiendo en un inmenso mar que me arrastra apaciblemente desde el toque de sus labios.

“¿Por qué me siento así Dios?”

Lo deseaba, pero de la manera en que un alma abraza y apacigua los demonios de la otra. De esa manera le deseaba. Allí, probando el néctar de sus labios abrazando con mi cuerpo el calor que emana de él me sentía segura y reconfortada.

-Por favor no te cases- susurra entre besos desesperados.

Lo beso con más fuerza hasta soltar una risa juguetona.

-No lo haré. – contesto.

A lo que sonríe satisfecho

Podría pasar toda la noche entre sus labios, hasta dormir sobre ellos, pero aun había mucho que contar y tanto por descubrir.

“El diario”

“Lo foránea esa que es novia de tu hermano”

-Hay algo más que quiero contarte- murmuro.

Lentamente bajamos el ritmo de nuestros labios hasta volver a vernos. Me siento avergonzada al mirarle después de esos besos sin control, sin fin. Derian me observa maravillado como si fuera la primera vez.

-Como bien sabes, mi vida después del accidente no tuvo sentido. No recuerdo lo que pasó meses antes, ni durante; simplemente cuando desperté ya era un después. Debo decirte que ayer cuando me confesaste lo que ha ocurrido contigo pensé mucho. Pero, ahora por la mañana descubrí algo que pueda ser el camino a la verdad que tanto buscamos o más bien nos conduzcan a algunas respuestas.

Derian sacude la cabeza como procesando la información.

- A ver ¿escapaste de casa? - pregunta.

-Ese no es el punto Derian. - replico.

-Lo siento es solo que me preocupas.

- El punto es saber que pasó antes del accidente, saber quién carajos es esa…foránea llamada Leyda, y de que diario hablan.

La siguiente reacción de Derian fue de asombro.

-En mi mundo, tengo una amiga con ese nombre, Leyda. La última vez que la vi fue justamente el día que tuve mi primer salto en el tiempo. La vi marcharse en su auto.

-Entonces es imposible. Quizá solamente sea la coincidencia de sus nombres.

-A lo mejor; pero ¿el diario que mencionaste?

-Ah, por lo que escuché de la boca de la foránea esa, Jin lo esconde. No recuerdo haber escrito alguno antes. Pero si es de mi pertenencia tengo que encontrarlo y destapar todo esto. Antes de que…- freno mi lengua.

“Antes de que me muera”

“Es cierto. Un día voy a morir”

-Antes de que me vuelva loca contesto.

Un silencio se anidó durante los siguientes segundos.

“Que hacer”

“¿Qué debo hacer?”

-¿Cómo puedo ayudarte a conseguir ese diario?- preguntó.

-Talvez si lo enfrento pueda decirme donde está.

-¿Y si no resulta?

-Me meteré a su casa a la fuerza a buscar entre sus cosas.

-¿Por qué te escondería tu propia familia una verdad que por ende te compete saber?- replicó.

-Los humanos a veces ocultamos la verdad con una alevosa mentira. La decoramos a nuestra propia conveniencia con el fin de conseguir algo que nos satisfaga. En su momento no medimos las consecuencias por el aferro a lo que eso nos hace sentir bien. Lo cierto es que la verdad puede ser más letal que la mentira y puede destrozar todo a su paso.

-Pero si optamos por la verdad en un principio las consecuencias serían menos

-Lo es. – asentí.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro. - respondí.

-¿Qué verdad quisieras saber?

Sonrío. Porque justamente, solo he pensado en una sola verdad que deseo saber.

-La verdad del porque nuestros caminos están cruzados. ¿Y tú? - pregunto. - ¿Qué verdad te gustaría saber?

De forma delicada sostiene una de mis manos. Sonríe.

-Tengo muchas verdades que saber. La primera es saber el destino de mis padres. Otra es porque tuve que ser yo quien viajara en el tiempo. La otra es porque el destino me llevó a ti cuando solo te hallaba en sueños.

Su confesión me hizo ponerme en su lugar.

“En el también hay desesperación”

“¿Quién no quisiera saber lo esencial?”

- ¿Qué pasaría si la verdad que encontramos nos aleja? –pregunto.

Siento miedo y tristeza al imaginar que la verdad que lleguemos a encontrar nos aleje y nos parta el alma.

“Lo único que vale en estos momentos mientras estamos juntos es el tiempo”

“El tiempo entre nosotros”

-Buscaría la forma de volver a encontrarte.

“Y yo la forma de volver a buscarte”

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De manera grata la brisa azota mi rostro, mi cabello, mi cuerpo. Mi corazón palpita fuertemente sin desenfreno, envuelto de una danza de pasión y amor.

La copa del enorme árbol de la ceiba se zarandea de aquí allá, abrazando mi alma envolviéndola de la paz. De serenidad.

A mi alrededor no existe nada más que la nada. Lo único que hace eco es el murmullo de la brisa al soplar sobre árbol de la ceiba. Allí. Solos como si se tratara del cielo lo observo pacífica sin hacer ruido.

Sin embargo, en el momento que iba a sentarme a su lado para despertar el viento susurró una voz.

-Busca en su interior. En su corazón.

De pronto, un hueco se abrió en el tronco del árbol. Dejando a mi imaginación lo que había en su interior.

Cuando intenté introducir la mano para ver que sacaba al levantar la mirada me encontraba manejando un auto. Miro hacia un lado donde encuentro a una chica con unos enormes lentes de sol que me grita y señala desde otro auto. Ella va en el otro carril a la defensiva posicionándose a mi lado.

La observo anonada porque su rostro me parece familiar. Al menos la forma de su repugnante boca de caballo.

-¡Nunca serán felices!. ¡Prefiero matarte maldita antes de que me lo quites! ¡Él es para mí!

En un abrir y cerrar de ojos la última imagen en mi mente es la de Derian. Su sonrisa. Sus ojos. Su mirada.

Mi auto vuelca en un lugar profundo sumiéndome en una oscuridad incierta.

Todo pasa tan rápido, así como en los sueños que en un momento estás en un lugar y al mover el pie estás en otro.

“Esto ya lo he vivido”

-De ti depende olvidar. - dice una voz.

-De ti depende recordar. - termina.

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Cuando desperté en un inicio me asusté al no dar en donde me encontraba.

-Ah- me tranquilizo. – Estoy en la casa de Derian.

El claro del día apenas traspasaba por una pequeña ventanilla del cuarto. Caminé hasta la puerta para hacerle saber a Derian que al fin despertaba, por lo que antes de poder salir me detuve a escuchar los murmullos sobre cómo encontrar el diario que Jin escondió. La Fue entonces donde se me ocurrió una descabellada locura que podría terminar resultando.

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No quería seguir ahondado más sobre el plan. Derian y Gael habían aceptado el plan sin vacilar. Estaba decidida a encontrar ese puto diario. A encontrar las razones detrás de tanta mentira. La verdad.

Faltaba poco para llegar a la casa de Jin cuando noté que la puerta se abría dejándome a unos metros frente a él. Su mirada me penetró tanto por lo que corrí hacia él y lo abracé antes de que pudiera atravesar el umbral de la puerta. Tenía el celular adherido a su oreja.

-¡Está aquí Alex!- exclamó.

Supuse que hablaba con mi hermano. Tenía ojeras alrededor de sus ojos lo que ignoré de inmediato al recordar mi propósito.

“Hoy debes actuar”

Me abrazó con fuerza acariciando mi cabello.

-¿En dónde carajos has estado? ¿Tienes idea de cuan preocupados estábamos? ¿Dime a dónde fuiste? - preguntó afligido.

Me alejó de si para poder mirarme.

-Estoy bien- mentí con la cabizbaja. - Salí a caminar y me quedé por allí pensando en mi vida.

-Te hemos estado buscando. ¿Cómo puedes ser tan desconsiderada? - objetó.

Me sentí tan molesta en ese momento que opté por nada más en respirar.

“Hipócrita”

Al pensar en el propósito del plan relajé la quijada que se contraía en mi cara por la rabia.

-Lo siento- volví a mentir sin mirarle.

Apreté los dientes con tal cólera que opté por disimularlo con un abrazo.

“Me propuse conseguir ese diario a como dé lugar”

-¿Puedo pasar?- le susurré.

Jin deslizaba su mano sobre mi espalda una y otra vez en señal de consuelo.

-Pues estás adentro- contestó complacido acariciando mi cabello.

Una vez adentro me dirigí por cuenta propia a la cocina sentándome en la pequeña isla.

-¿No sería más cómodo estar en la sala? Hay sofás.

-Quiero un café- esquivé con una falsa sonrisa.

Y mientras preparaba lo solicitado le escribí a Gael dando la señal.

La verdad detrás de bambalinas era: si yo alejaba a Jin lo más lejos posible de cualquier ruido que pudiera provenir desde su cuarto, Derian podría colarse y hacer su trabajo. Eso solamente sería posible desde la cocina ya que era el lugar más apartado de su cuarto.

Por otro lado, si me aprovechaba de sus sentimientos sería fácil manipularlo al igual o seducirlo hacer lo que yo quisiera.

“Eres cruel”

Segundos después se sienta frente a mí con dos tazas de café posando su mirada en mi rostro.

-¿Vas a decirme en dónde te fuiste?- preguntó de nuevo.

Antes de poder responder le di un pequeño sorbo al café para ganar tiempo.

-No lo sé Jin. Ni siquiera sé cómo vine a parar aquí. –respondí serena.

El suspiró indignado.

-No puedes engañarme Abril. Lo sabes ¿verdad?

“Debes actuar con más naturalidad”

Relajé los hombros y me cohibí.

-Tenia tanto que pensar que me fui a un bar del Centro Histórico. Pasé la noche allí. - espeté.

-No hueles a alcohol y a cigarro. - añadió.

“¡Rayos!”

-Fuiste con él ¿verdad?

“Carajos”

Lanzo una bocanada de aire.

-Si- afirmé- lo busqué para agradecerle por haberse paseado en mi vida y llevarla al carajo. – mentí. – Pero, como no logré encontrarlo me fui a gritarle a la nada que era una mierda mi puta vida y que nada tenía sentido gracias a él.

-No tiene sentido. Tú no eres así. Tú nunca has buscado a nadie para reclamarle lo que te hizo. Siempre te has callado y escondido.

-Bien- acepté. - Tienes razón. Entonces si yo no soy así quizás sepas quien es Leyda.

La expresión de Jin cambió drásticamente hasta palidecer.

-¿Quién es Leyda?- fingió arrastrando la mirada hacia un lado que no fuera mi cara.

Fingió tener un ataque de tos por lo que se levantó por un poco de agua. Lo siguiente solo me demostró que estaba en lo cierto.

-Tú sabes de quien hablo. Dime ¿Quién es? - volví a preguntar.

-No sé de quién me hablas Abril. -se defendió dándome la espalda mientras insinuaba lavar sus manos en la lava platos.

-Ayer me sorprendí al encontrar a Alex hablando con una chica en la cocina, la llamaba cariñosamente lo que me admiró porque casi todo el tiempo es una piedra. Insípido. – reí. - Puedes creer que hasta le dijo te amo a la yegua.

Se detiene.

-Lo más raro es que al parecer ella me conoce porque ayer parecía demasiado preocupada por mí y por Derian. ¿Sabes que es lo más chistoso? - me echo a reír- No sé quién carajos es.

-¿Por eso huiste?- pregunta con voz fría.

-No, no, no- negué- No hui por eso. Creo que Alexander, la foránea y tú han hecho un buen papel por mantener mi salud mental al margen y lejos de la verdad ¿o me equivoco?

Apreté los dientes.

-¿No sé de qué hablas Abril?

-Escucha lo que voy a decir porque no lo diré dos veces ¿en dónde está ese puto diario que escondes de mí?

Se da la vuelta con los ojos lleno de asombro.

-¿Qué diario Abril?

- No te hagas. Leyda lo dijo ayer mientras embelesaba a Alex con su voz fingida.

-No sé quién es Leyda, Abril. Y no sé de qué diario me hablas. – negó.

Fue tanto su cinismo que crucé el límite de mi paciencia ante cierta incertidumbre.

-¡Contesta de una puta vez!- le grité exaltada. Me sentía cansada de tanto buscar sin obtener nada.

-Abril, de seguro estás alucinando. Tienes un delirio por lo mismo de que tu mente no puede aceptar el presente y has soñado…

-No trates de decir que estoy loca porque no voy a permitirlo- le amenazo.

-¡Estás muriendo Abril!- alza la voz.

-¡Ya lo sé!, pero eso no te da derecho de evadir lo que estoy preguntando. Quiero saber que se traen todos ustedes. Porque no me dicen la verdad. ¿Por qué me han ocultado lo de Derian? ¿Quién es Leyda? ¿Y porque sabe tanto de mí?

De pronto camina hacia mi precipitadamente apretando mi brazo.

-Nos vamos a tu casa. Ahora. - dice molesto.

Me toma del brazo y me lleva a la fuerza hasta la puerta, traté de soltarme varias veces de su agarre hasta que ambos nos detenemos al escuchar un golpe que proviene de arriba. Del cuarto de Jin.

“Derian”

Jin me observa con espanto soltándome de inmediato el brazo. Sin decir una sola palabra camina con precisión hasta las gradas. Trato de detenerlo, pero mis piernas se paralizan. Mi cuerpo se tulle haciéndome tocar en un abrir y cerrar de ojos el suelo. Lo que pasó después queda en una incógnita dentro de mi mente porque no sé en qué momento la oscuridad me envolvió por completo.

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Reía a carcajadas al verlo como trataba con enorme desesperación guardar unas hojas de su novela dentro del árbol de la Ceiba. Me sumé a su lucha en abrir un poco más el hueco hasta que consideró haber llegado al punto que necesitaba para guardar nuestro más grande secreto. Enrolló las páginas metiéndolas en una botella.

-Cuando ya no me recuerdes, mis letras te buscarán a través del viento hasta atravesar tu ventana. Cuando me hayas olvidado, el susurro de mi amor se deslizará en el rocío de la mañana hasta cobijar tu corazón. Cuando me busques con desespero, que tu hambre te guíe hasta aquí. Donde queda por siempre nuestros nombres atados de por vida y el enlace de este eterno amor. –susurra.

Sonrío complacida deseando que ese día llegue pronto.

-¿Cómo crees que termine todo esto?- le pregunto.

El sella con tierra el hueco hasta dejarlo como si nada.

-Dicen que el amor todo lo puede. Todo lo soporta. Si esta es la única manera de volvernos a encontrar, aunque sea por un lapso de tiempo atravesaré todos los mundos por ti.

-Tengo miedo- le susurro.

Él simplemente me acaricia con la mirada extendiendo su mano sobre mi mejía.

-No todas las historias son trágicas.

Sonrío.

-¿Quieres ver el mar?- pregunta.

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Me pongo de pie sin saber que rayos había pasado. Lo primero en que pienso es en salir lo más pronto de la casa de Jin.

Corrí con todas mis fuerzas hasta el carro donde Gael se supone que esperaría por Derian y por mí hasta que diera la señal, por suerte aun esperaba. Se veía muy sorprendido de verme. Al mirarme un poco más de cerca abrió sus ojos como platos asustado.

-Tienes la cara pálida, Abril. ¿Qué sucedió? ¿Y Derian? – preguntó preocupado.

-Tuve una crisis, nada de qué preocuparse – le aseguré. - Sino viene en tres minutos iré por él.

-Tengo mucha curiosidad por saber que pasó, pero prefiero que recuperes el color.

Aunque si bien estaba decidida a ir por él, no hizo falta hacer tal cosa. Derian nos sorprendió entrando al carro por el asiento trasero.

-¡Hay que irnos pero ya!- replicó.- ¡Ya!- exigió afligido.

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Después de salir de la casa de Jin ninguno se atrevió a decir nada, ni siquiera Gael se atrevía a preguntar, aunque le carcomiera la curiosidad. Derian no mencionó nada después de que nos ordenara salir de allá lo más pronto posible. Tampoco desee saber que descubrió allá arriba.

Al llegar a la tienda de ropa y cruzar el umbral del escondite Próspero se abalanza sobre mí. La acaricié hasta cansarme y poder olvidar un poco la adrenalina acumulada de hacía un rato.

-¿Puedo preguntarte algo?- dijo Derian con un tono áspero.

Lo observé hasta que Próspero se alejó de mí y Gael se dio la vuelta hasta desaparecer en su cuarto.

-¿Qué sucede?- dije.

Derian tomo aire.

-¿Por qué mencionó Jin que es mi culpa el que estés muriendo?¿A qué se refiere?

-¿Cómo lograste escuchar eso? Se supone que…

-Contesta por favor- interrumpe. – ¿Es a raíz del accidente?

Me negaba a contestar.

-Los síntomas que tengo simplemente son secuelas del accidente. Nada de qué alarmarse. – traté de tranquilizarlo.

-No mientas Abril.

-No estoy mintiendo.

-¿Acaso la razón por la que tu amigo te pidió matrimonio es para llevarte lejos y ayudarte a que te recuperes de un hematoma?-pregunta desesperado.

-¿De dónde sacas conclusiones tan vagas?- evado.

-No son conclusiones vagas. A ti te esconden la verdad y tú me haces lo mismo.

-¿Por qué de la nada sales con esto?

-Lo sabías y no me dijiste. Jin tiene tus análisis y estás…– repone.

-¡Bien! Si estoy muriendo. Nada fuera de este mundo. Después del accidente mi cuerpo se volvió frágil. Mi mundo, todo prácticamente. Me he vuelto malditamente vulnerable. No estoy bien y nadie quiere explicarme que carajos pasó y que está pasando en mi puta vida. Todos los días estoy luchando un poco por comprender lo que sucede. Mi mente desborda de locura al tratar de poner todo en orden y ¿sabes que es lo peor? No tener que poner en orden cuando ni siquiera tengo nada. Pero está bien. Tengo que seguir adelante pese a todo. - me defiendo.

No me había percatado que las lágrimas caían por mis mejías empapando todo a su camino.

Derian me abraza acunando mi rostro en su pecho envolviendo mi cuerpo con sus brazos.

-¿Puedes comprender?- le suplico.- Me siento abatida y sofocada. Pero…- me ahogo en el sollozo- estoy segura de que tú no tienes nada que ver con lo que me sucedió.

-Shhh. Perdóname. - susurra.

Acaricia mi cabello y mi espalda en son de consuelo.

La puerta del cuarto de Gael rechina interrumpiendo el momento lo que me hace alejarme rápidamente de Derian enjugando las lágrimas de mi rostro.

-Bien – levanta los brazos Gael- Estoy harto de pasar al segundo plano de todo. No sé qué carajos sucede, pero, necesito que me hagan parte de esto para poder ayudar. Media vez dicho lo que tenía que decir ¿Qué rayos sucedió allá? ¿Y porque estás llorando? ¿Que alguien me explique qué carajos pasa porque me siento perdido?

Derian me observo con una sonrisa en su rostro lo que correspondo de la misma manera. Sin duda Gael era un chico algo gracioso.

-¿Le dices tú o yo?- pregunta Derian con complicidad.

Me río.

-Cuéntale tú. - contesto.