Derian

San Salvador, 2018

Le había prometido a Gael que iba a tener cuidado si salía a buscar a Abril al único lugar que ella conocía: nuestra vieja casa.

Después de horas de discusión y de una larga noche de vela logramos encontrar un lugar donde alojarnos mientras pasara un tiempo y descubriéramos la verdad sobre aquella nota. Temía por mi única familia: Gael y Próspero; pero, sobre todo por la única persona que lograba conmover este vulnerable corazón: Abril.

“El amor de tu vida”

“La mujer de mi vida”

La carta se refería a ella, no tenía por qué dudar, aunque si algo nos ató en un principio; si las cosas fueron desde un inicio, ¿por qué ella no me recuerda? ¿Por qué yo no la recuerdo? ¿Por qué su reflejo simplemente vive en mí como un sueño?, ¿Por qué nuestras vidas solo están atadas con sueños? ¿Cabe la posibilidad de que lo soñado en vida allá en 1979 sea un reflejo de lo que le sucedió a Abril?

Y es que, así como el universo es infinito, existe la probabilidad de entre uno en un millón de que todo pueda pasar.

“Ya he saltado dos veces en el tiempo ¿Qué mas no podría creer? Si yo mismo he vivido en carne propia lo imposible”

Rogaba al cielo porque no le pasara nada. Podía lograr atar cabos, pero el misterio entre Abril y yo era inmenso. Algo ocurrió antes. Para ambos. Tenía que hablar con ella y llevarla lejos de correr algún peligro.

“No puedo abrir las puertas de este laberinto si ella es la llave”

En un pequeño callejón donde se situaba una casa vieja abandonada, espere por varias horas a Abril. Cerca de donde vivíamos. Logré colarme nuevamente a aquel lugar con una ropa poco común.

“Extraño”

Era la única palabra que podía definirme de cómo me sentía en este instante. Gael había buscado entre sus cosas algo que me hiciera pasar desapercibido mientras estaba afuera.

-Asegúrate de que nadie te siga.

Fue la condición con la que Gael me había dejado salir y poner a salvo a mi Abril.

“¿Con que derecho dices mi Abril?”

“Con el único derecho de que la quiero”

Aguardé unos cuantos minutos más en aquel lugar pidiéndole al cielo poder verla.

“Ella vendrá, lo sé. Cuando las dudas se siembran en la cabeza no hay quien las arranque. Ella vendrá por respuestas”

Era increíble como a veces la intuición funcionaba, o si prefería verlo desde otro ámbito la casualidad. A unos cuantos metros logré verla, con la mente perdida, pero con su cuerpo deambulando en este mundo. A diferencia de ayer se veía más apagada y más delgada.

“¿Qué habrá sucedido?”

Sin más me lancé sobre ella tomándola de la mano. La tapé de la boca y la llevé entre unas ixoras que crecían muy cerca de allí. Las mismas nos harían pasar desapercibidos. Me deje ver el rostro para antes de que pudiera gritar. Temía llamar la atención. Por suerte en la calle no había nadie.

-Derian- susurró. – Vas a matarme ¿Qué carajos te pasa?

Su mirada se humedecía por cada segundo que pasaba. Quería arrancarle el miedo abrazándola, pero no podía. Tenía que asegurarle primero quien era yo.

-Perdóname- musito. Sostengo si quiera su rostro acercando mi cuerpo.

“Qué bueno que tú no contemplas lo indecoroso, Derian”

“Vaya manera de ganarte su confianza”

“Ándale, acércate un poco más y verás”

Me ignoro por completo.

- Pero no podemos estar aquí mucho tiempo. Llevo tiempo esperándote. Hay que irnos.

- ¿Irnos? ¿A dónde? -pregunta alarmada.

Me doy cuenta de que de sus ojos cuelgan unas pequeñas bolsas color morado. Quería preguntarle el motivo del porque estaba así, pero frené mi lengua. Era preciso salir de allí lo antes posible.

“Ya habrá tiempo de despejar algunas preguntas”

-A donde no nos puedan encontrar. – espeto.

Cerca de donde nos encontrábamos tomé una bolsa, extraigo de ella una gorra y una chaqueta.

-¿Puedes colocarte esto?- le pido.

Asintió y sin hacer preguntas se colocó la chaqueta. Luego se enrollo el cabello para colocarse la gorra. Apenas podía verle los ojos.

-Bien. –dijo- vámonos.

Sin decir una palabra más la tomé de la mano y la llevé por unos callejones que Gael me indicó que podíamos tomar para pasar desapercibidos. Por supuesto que no eran desolados. Todo el Centro Histórico de San Salvador era sobre poblado. Con gente vendiendo a la orilla de las calles, sobre la acera, en locales, en pequeñas champas, donde fuera. Era ruidoso, alegre pero también mágico.

“Pueda que en mi mundo este lugar cambie con los años”

Abril aprieta mi agarre por lo que en mi interior se aglomera una infinidad de sensaciones que me hacen creer que estamos en una película. Un momento. Un instante. Con gente yendo y viniendo a nosotros, chocando de aquí allá, pero en un mundo de ensueño donde solo somos ella y yo.

Al llegar a la Calle Arce, por la Quinta Avenida Norte, nos adentramos a una tienda de ropa que recién se inauguraba. El encargado de vigilar la entrada simplemente se hizo el distraído para dejarnos pasar. Doblamos por varios pasillos y cruzamos unas cuantas puertas para llegar a la parte del sótano. Una vez allí atravesamos otra puerta. Subimos unas cuantas gradas hasta llegar a una parte del edificio que no estaba a la vista de nadie.

-¿Por qué no has hecho preguntas?¿Acaso no te asusta?- pregunto curioso.

Ella sonríe.

-¿Qué? ¿No te agrada el silencio? -refuta con una sonrisa picaresca.

La contemplo durante unos segundos sin despegarle los ojos. La bolsa que colgaba debajo de sus ojos había desaparecido. Su rostro se veía diferente, aunque el cansancio le impedía radiar por completo. Algo pasaba con ella.

Abro la última puerta.

El primero en recibirnos es Próspero quien se abalanza sobre nosotros agitando su colita. Supuse primero que el dolor de su pata había disminuido con el medicamento que le dio Gael por la mañana. Lucía más alegre y menos irritado. Además, supongo que el cambio repentino le ayudó mucho.

Abril no duda en cagar a Próspero entre sus brazos.

-Hola pequeño. - le habla tiernamente- Te veo mucho mejor ¿ellos te han cuidado bien? Le pregunta.

La observo perplejo.

Próspero le responde con un ladrido escondiéndose luego entre sus brazos. Él siempre había sido un buen chico.

Lo coloca en el suelo sonriéndole.

Gael aparece frente a nosotros de brazos cruzados. Su mirada se veía cansada desde luego por haber pasado casi toda la noche en vela. En primer lugar, vigilando en la vieja casa, luego curando a Próspero y después buscando desde temprano un lugar donde escondernos.

-¿Estás seguro de que nadie los siguió?- preguntó con un tono de preocupación en su voz.

-Tranquilo Gael. Me he fijado bien y nadie nos ha seguido.

Asiente aliviado.

-He preparado café y unas tortillas fritas con queso. ¿Tienen hambre? -pregunta.

-Un poco-dice Abril.

-Lo mismo digo- respondo.

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Después de la cena, Gael se llevó a Próspero a uno de los cuartos. Abril y yo nos quedamos en la pequeña mesa que la hacía de comedor. Aquel lugar era pequeño, pero lo suficiente para nosotros. Durante la cena ninguno de los dos se atrevió a conversar de lo sucedido ayer. Yo me reservé a mencionarlo durante la cena, Abril no hizo más que alegrarnos la noche con sus bromas. Gael reía y de vez en cuando me miraba, como si dijera: “ella es simplemente encantadora”.

Vaya que sí lo era.

-Abril, quiero comentarte lo que sucedió ayer después de que te fuiste y del porque estamos aquí.

Ella levantó su mano y acarició mi rostro.

-Sabes, yo también necesito decirte algo. - dijo.

Aquel acto no me lo esperaba. Fue tan natural.

- ¿Empiezas tu o yo? - pregunto.

Trago saliva al tenerla tan cerca mío.

-Tú primero. - contesta.

-Después de que te fuiste el día de ayer, Gael y yo recibimos una nota. Es una carta en realidad. - la extraigo de la bolsa de mi pantalón para dársela. – Esta nota nos hizo salir de la casa buscando con urgencia otro lugar. Lo que me llevó a buscarte y a esperar si regresabas. Sin duda la última parte de la nota se refiere a ti. Tuve miedo de que pudiera pasarte algo. – dije.

Dejo salir el aire.

Al terminar de leer la nota me mira dubitativa. Sin embargo, a los segundos esa mirada desaparece.

-No cabe duda de que hay gente que nos conoce a ti y a mí pero que no recordamos. Quizá mucho más antes tú y yo estuvimos juntos, pero hay personas que no nos quieren cerca.

Ella concuerda con lo mismo que he venido pensando.

-No nos quieren cerca y por esa razón nos están dañando. -agrego.

-Ayer que llegué a casa tuve una discusión con…-piensa- Jin. Estaba tan cabreado que me dijo que te conocía y que eras el culpable de que yo…-su voz enmudece.

Toma un sorbo de café.

-Tuviera el accidente.

-¿Qué?-me sorprendo.-Pero…-titubeo- ¿Cómo podría tenerla si mis viajes partieron del año pasado? No tiene sentido.

Ambos quedamos en silencio. No era necesario mirarla a los ojos ya que su mismo rostro al ser tan afectuoso reflejaba una profunda tristeza.

-No creo que seas el responsable de mi accidente Derian. No estuviera aquí preguntándote si lo creyera.

Me sorprendo y estoy demasiado embelesado con su declaración.

-Antes de poder confesarme que te conocía me pidió matrimonio. Intenté hablar sobre dejar lo que tenemos en una amistad. Las cosas no irán bien si dejo que vayan más allá, pero…

-¿Qué le respondiste?- interrumpí afligido. El corazón me brincaba desconsolado.

Ella siembra su mirada palpable y delicada.

-Le dije que no- responde entre una risa juguetona.

-¿Por qué razón?- le pregunto.

Esta vez endereza la mirada y me sonríe.

-Por la única razón de que me enamoré de alguien más. -responde.

Su confesión me deja petrificado junto a una hilada de nervios que vienen desde lo más profundo.

“¿Quién podría ser ese afortunado?”

De pronto ambos fijamos la mirada de uno en el otro. Su mano, tan suave como delicada me acaricia una de las mejías con tal delicadeza que caigo en su encanto. Sus pupilas se dilatan emergiendo de ellas un brillo endeble.

Sin pensar más allá su rostro se acerca un poco más al mío.

“Creo saber quién es”

Nuestros labios están tan cerca que comienzo a temblar.

“¡Dios, ¿Por qué me hiciste tan débil? ¿Tan vulnerable?”

“Yo soy de esta mujer”

“Yo un pobre mortal”

Antes de pensar en algo más mientras el aire se terminaba entre nosotros me aviento a sus labios tomándolos como míos. Sostengo su rostro entre mis manos proclamándole al Todopoderoso perdón.

“Perdón por tomar sus labios y hacerlos míos”

“Perdón por desear a esta mujer para tener una larga vida a su lado”

“Perdón por haberme enamorado de ella desde otra vida”

No deseo en lo más mínimo soltarla. La quiero. ¿Desde cuándo? Desde que la recuerdo, desde mi sueño, desde el alma.

Lentamente acercamos nuestros cuerpos. Nuestros labios son un lío a medida que pasan los segundos o quizá minutos. Nuestras lenguas se enredan con tenue cuidado prolongando las sensaciones.

-Por favor no te cases- le ruego sumido en sus labios. Desesperado.

Ella me besa con más fuerza hasta que suelta una risa juguetona.

-No lo haré- susurra.

Sonrío complacido.

-Hay algo más que quiero contarte- menciona entre besos desesperados.

De manera pausada y lenta voy frenando mis labios contra los suyos. Ella me observa sonrojada como si se avergonzara de lo ocurrido. La miro con cautela, con templanza. Disfrutando de cada segundo de poder admirarla.

-Como bien sabes, mi vida después del accidente no tuvo sentido. No recuerdo lo que pasó meses antes, ni durante; simplemente cuando desperté ya era un después. Debo decirte que ayer cuando me confesaste lo que ha ocurrido contigo pensé mucho. Pero, ahora por la mañana descubrí algo que pueda ser el camino a la verdad que tanto buscamos o más bien nos conduzcan a algunas respuestas.

Estoy absorto y conmovido.

-¿Qué descubriste Abril?-pregunto temeroso.

Su mirada es un desdén de brillos que van y vienen. Era como si buscara entre palabras la correcta.

-Antes de poder escaparme de casa, mi hermano hablaba con una chica rara en la cocina. Supongo que es su novia ya que la llamó cielo. Lo más extraño es que jamás la mencionó antes y de la nada apareció. Ni siquiera sabía que tenía novia. Hablaban sobre mí, si aún no te recordaba y sobre un diario que esconde Jin.

Quedo petrificado bajo un limbo de dudas.

-A ver ¿escapaste de casa? –pregunto afligido.

-Ese no es el punto Derian.

-Lo siento es solo que me preocupas. - le digo.

- El punto es saber que pasó antes del accidente, saber quién carajos es esa…foránea llamada Leyda, y de que diario hablan.

-Perdón, como dijiste. El nombre de la foránea.

-Leyda. ¿Te suena? - pregunta.

A mi mente vienen los recuerdos de Leyda. La persona que una vez quise, pero jamás amé. La última persona que vi antes de poder viajar en el tiempo.

-En mi mundo, tengo una amiga con ese nombre, Leyda. La última vez que la vi fue justamente el día que tuve mi primer salto en el tiempo. La vi marcharse en su auto.

-Entonces es imposible. Quizá solamente sea la coincidencia de sus nombres.

-A lo mejor; pero ¿el diario que mencionaste?

-Ah, por lo que escuché de la boca de la foránea esa, Jin lo esconde. No recuerdo haber escrito alguno antes. Pero si es de mi pertenencia tengo que encontrarlo y destapar todo esto. Antes de que…-se detiene.

-¿Antes de que?- pregunto.

-Antes de que me vuelva loca.

Ambos guardamos silencio durante unos minutos. Pensando.

-¿Cómo puedo ayudarte a conseguir ese diario?- pregunto.

Ella arrastra los ojos de un lado a otro pensando.

-Talvez si lo enfrento pueda decirme donde está.

-¿Y si no resulta?

-Me meteré a su casa a la fuerza a buscar entre sus cosas.

-¿Por qué te escondería tu propia familia una verdad que por ende te compete saber?-pregunto.

Confundidos por el camino que lleva la situación nos miramos.

-Los humanos a veces ocultamos la verdad con una alevosa mentira. La decoramos a nuestra propia conveniencia con el fin de conseguir algo que nos satisfaga. En su momento no medimos las consecuencias por el aferro a lo que eso nos hace sentir bien. Lo cierto es que la verdad puede ser más letal que la mentira y puede destrozar todo a su paso.

-Pero si optamos por la verdad en un principio las consecuencias serían menos grotescas.

-Lo es. – afirma ella.

-¿Puedo preguntarte algo?- digo.

-Claro- responde.

-¿Qué verdad quisieras saber?

Aguarda unos minutos en silencio. Luego sonríe.

-La verdad del porque nuestros caminos están cruzados. ¿Y tú? ¿Qué verdad te gustaría saber?

Sostengo una de sus cálidas manos.

-Tengo muchas verdades que saber. La primera es saber el destino de mis padres. Otra es porque tuve que ser yo quien viajara en el tiempo. La otra es porque el destino me llevo a ti cuando solo te hallaba en sueños.

- ¿Qué pasaría si la verdad que encontramos nos aleja? -pregunta ella. El brillo en sus ojos ha disminuido opacándolos una delgada tristeza.

-Buscaría la forma de volver a encontrarte.

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Después de unas largas horas platicando Abril se quedó dormida sobre la mesa. Era más de la media noche y no iba a rogarle que se fuera. Al verla, tan complacido de su presencia me encaminé hacia mi cuarto. Arreglé mi cama y fui por ella, acomodándola posteriormente. La arropé, cuidando de no despertarla.

Cuando me disponía a dejarla, me atajó por sorpresa de una de las manos.

-Quédate conmigo, por favor. - me pidió en un leve susurro.

Tragué saliva, pero como a un corderito me acomodé a su lado. La abracé. Tal y como una vez había soñado.

-Quizás las cosas no tengan sentido por el momento- dijo ella. Hablaba dormida.

Río.

-Pero tendrá que tenerlo al final. - susurró.

Entristecí.

-También te he soñado. Constantemente. – susurró dormida.

Sonreí.

Segundos después me quedé dormido. Con su cuerpo pegado al mío y el calor de nuestras almas mezclándose.

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Escuché un golpe en la puerta que me hizo reaccionar. Desperté abruptamente recordando a la vez que no estaba solo. Abril estaba conmigo.

Su cabeza yacía escondida en mi pecho con uno de sus brazos rodeando mi cintura. A diferencia de ayer su rostro resplandecía.

“A veces es necesario drenar las emociones para sentirnos bien”

Me levanté de la cama cuidando de no despertarla. Lo menos que quería era robarle el sueño.

Salí del cuarto de puntitas dirigiéndome hacia donde estaba Gael con el pequeño desayuno del día.

-¿Cómo reaccionó ante la nota?- preguntó.

-Pues lo ha tomado con calma. Coincide en que anteriormente nos hemos encontrado, pero por alguna razón lo olvidamos. Aunque hay más Gael.

Me mira estupefacto.

-Habla. - dice con la boca llena de pan.

-Su familia ha dicho que el culpable del accidente que tuvo he sido yo. Lo que me parece imposible porque no he estado allí. No en ese entonces.

-Podría ser que el otro Derian lo estuviera. – asegura.

Asiento.

-También le esconden un diario de su pertenencia que podría alojar la verdad sobre nosotros.

-¿A si?-pregunta-¿Cómo lo sabe?

-Lo escuchó de quien parece ser novia de su hermano. Otra rara situación porque Abril no la conoce, sin embargo al hablar de su estado dejó salir a la luz lo del diario que esconde Jin. Su novio-amigo. – aclaro.

-¿Cómo que su novio – amigo?

En realidad, no encontraba palabras para explicar tal situación.

-No voy a explicarte eso. - me defiendo ante mi poca incompetencia.

-Bien, de acuerdo. Al menos tienen alguna idea de ¿Dónde puede ocultar el diario? -pregunta.

-No. Y ese es el problema. - respondo decepcionado.

Buscar un objeto cuya idea de donde puede estar no tienes era un caótico problema.

-Yo la tengo- habla Abril desde el umbral del cuarto. – Es arriesgado, pero podría funcionar.

Gael posa su mirada acuciosa sobre mí.

-Estoy ansioso de oírla- dice entusiasmado.

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En un principio la idea me pareció un tanto descabellada. Loca y demente para personas con sano juicio y sus cabales sobre contra puestos en su lugar.

-¿No es muy arriesgado?- pregunto con los nervios de punta.

La idea es totalmente loca.

Gael ha detenido el auto a una cuadra de una casa no tan moderna, con rejas a su alrededor y un enorme jardín al frente. Tal como había dicho Abril, aquella casa era de gente adinerada y su amigo venía de un lugar muy acomodado.

-Repasemos el plan- replicó Gael- Abril se presenta a la casa como si fuera a ver a su amigo. Lo aleja de la zona de búsqueda, entre otras palabras “su cuarto”. Luego nos envías un mensaje por WhatsApp informándonos que la zona ha sido despejada para que después Derian entre por su ventana y busque en su ropero y escritorio algo que nos lleve al diario. ¿No es así? - aclara.

-Tú lo has dicho mejor que yo. - contesta ella teniendo la vista fija en la puerta de la casa.

-¿Y si algo sale mal?-pregunto preocupado desde el asiento de atrás.

Observo a Abril que está al lado de Gael en el asiento del copiloto. Respira profundamente conteniendo por unos segundos el aire. Al igual que ella también me sentía nervioso.

-Veré que puedo inventar. Tú tienes la tarea de buscar. – dice en voz baja. Como si lo que fuera a descubrir es de enorme revuelo.

-¿Estás segura de que tu novio-amigo o amigo-novio está allí en su casa y no buscándote?- pregunta de nuevo Gael.

-Es probable. –contesta ella saliendo del carro. Camina de forma decidida a la casa de su amigo.

-Es muy aventada ¿verdad? - pregunta Gael enarcando las cejas al mismo tiempo que asiente al ver cómo Abril se dirige muy decidida hacia la casa de su amigo.

-Es alguien increíble. – respondo.

-¿Qué pasará después de saber cómo han sido las cosas, tío?¿Crees volver a tu tiempo y que yo pueda regresar contigo?

-No lo sé Gael. El presente es confuso e impredecible. Un misterio en su totalidad - contesto sin imaginar más allá que el presente. –Pensar en el mañana me da miedo. Temo no poder enfrentarlo y no ser lo suficiente valiente como para reaccionar correctamente ante las cosas. Lo único que sé es que el mañana es una lucha constante que solamente está en manos de uno mismo la dirección y el resultado.

-¿Qué quieres decir?-pregunta dubitativo.

Le sonrío revolviendo su pelo alborotado

-Que depende de ti.

Sobre nuestras cabezas el firmamento deja de estar claro, dando entrada a la puesta del sol, adornando el cielo con vívidos colores que parecieran estar bailando a un solo son.

-¿Le has dicho lo de la nota que te dejó el otro Derian?- interrumpe Gael.

-Aun no. – contesto. –Primero quiero saber que oculta ese diario luego ya habrá tiempo para lo demás.

Esperamos un rato en silencio mientras las palabras hacen su trabajo tocando nuestras almas.

El celular de Gael vibra por lo que doy por hecho que es la señal.

-Bien. Ya sabes lo que debes hacer tío. Suerte. -dice.