Abril

San Salvador, 2018

Me siento abrumada por el cambio repentino del ambiente, la conversación, de persona.

Jin no era ese tipo de chico arrebatado que decía las cosas solo por decirlas. No desperdiciaba sus palabras ante cualquier emoción de momento. Pero, si él era de un modo ¿Qué carajos pasaba con él?

Ni siquiera llevamos un día de salir o de ser novios.

-¿Qué?- le contesto extrañada.

Podría decirse que dentro de mí empezaba alojarse una molestia.

-Cásate conmigo Abril. – repetía con firmeza.

Empecé a negar.

-Debes estar bromeando. ¿Cómo puedes decir algo así? - al mismo tiempo tiro sus manos y me alejo de él.

-No estoy bromeando. Lo que digo es en serio, niña.

-¡Ay!¡No soy una niña!

-¿A si?

-Soy una mujer adulta Jin. No puedes tratarme así y decir cosas de momento. Tú no eres así. – alego en el punto en que la molestia ya ha hecho ebullición.

“¿Qué le pasa?”

Jin ablanda la mirada relajando la postura tensa que lo cubría hacía unos instantes atrás. Lo observo y alejo la mirada de él constates veces, decepcionada. Preguntándome cuales eran las verdaderas razones de su extraño comportamiento. Por un lado, entendía que estuviera molesto al verme con Derian, peor aún, irme con él y regresar muy noche a casa; pero, por otro lado, que otras razones podría tener.

-¿Jin, acaso no me estas oyendo?-pregunto arrogante.- Prefiero tenerte de amigo. La decisión que tomé ahora no fue madura de mi parte, no quiero lastimar o dañar la amistad. No a ti.

-¿Y porque no fue madura tu decisión?¿Que te ha hecho cambiar drásticamente? ¿Fue Derian?

-¡No claro que no! No fue él. Y no lo metas en esto porque no tiene nada que ver aquí.-mentí.

Jin abre los ojos como platos congelándose de inmediato.

Yo lo observo extrañada ignorando la razón.

“¿Espera?”

“¿Cómo sabe que él se llama Derian?”

-¿Cómo sabes su nombre?- le cuestiono.

Jin se queda atónito buscando entre las palabras una respuesta precisa.

Derian jamás se presentó con su nombre como tal, sino como Gael. ¿Cómo sabía Jin que su nombre era Derian?

-Dijo que su nombre era Gael. No Derian. ¿Cómo lo sabes? -aclaro y me encuentro más confundida que nunca.

Me observa procesando aun su respuesta.

-Porque lo conozco y sé quién es.

Asiento.

-¿Bien?-digo cruzando los brazos.- Entonces dime quien carajos es. Porque ahora que lo viste nuevamente no reaccionaste como si lo conocieras. Te recuerdo que él me salvó la vida cuando me intentaron matar en el cine.

Jin se acerca hacia a mí empuñando las manos. Me contramina con fuerza contra la pared de la cocina dejando nuestras bocas demasiado cerca. Una de la otra. Me quema con su mirada, al mismo tiempo que me desnuda, me tenso sin pensar que reacción tener en ese instante.

-Que importa quién es él; no me interesa en este momento. Quien realmente me interesa eres tú. - susurra. – No te das cuenta de que…-aprieta sus labios.

La respiración entre nosotros se tensa dejándonos a merced del sentimiento.

-Te amo-susurra- el hecho de perderte me vuelve loco. Pero tú eres demasiado ingenua para entenderlo.

Su confesión me sorprende dejándome helada en el momento. La única reacción que podía tener ante la circunstancia era el de apartarlo de mí, antes de que fuera más fuerte o peor.

-Estás loco- susurro, dándole la espalda cubriéndome de la vergüenza. - ¿Cómo puedes hablar así? El matrimonio no es un juego, el amor tampoco lo es. Y yo no puedo corresponderte de la manera que deseas. - me defiendo.

-Sé que no me amas, me ves como a un amigo, o peor aún, como a un hermano. Pero por ti haría lo que fuera. Toda mi vida oculté mis sentimientos por ti queriéndote de lejos sin dejar que el tiempo cambiara lo que siento. ¿Cómo no podría fijarme en ti si existes y estas frente a mí? Eres maravillosa, Abril. Lo eres para mí.

Sus palabras me estremecen.

-No hace falta desnudarte si puedo tocarte con la mirada, o hacer arder este estúpido corazón cuando sonríes. No puedo ignorarte y hacerme el tonto cuando ya he puesto mis ojos en ti.

Niego.

-¡Ese no es el punto, Jin! ¿Cómo sabes que Gael realmente se llama Derian? No metas los sentimientos en este instante.

El deja caer los hombros indignado.

“¿Por qué te preocupa Derian?”

“¿Acaso te gusta?”

-¡PORQUE ESE MAL NACIDO ES EL RESPONSABLE DE TU ACCIDENTE!-gritó.

Todo en mi interior comienza a desmoronarse lentamente. Buscando la manera de hacer que todas las piezas reunidas hasta hoy encajaran en el rompecabezas.

-Cómo puedes decir eso si apenas lo conozco. Tienes pruebas- lo desafío. Defiendo entre la duda a Derian.

-Las pruebas de ello es que tú estás muriendo por su culpa, su mera existencia es una pesadilla. Actué con normalidad para protegerte, pero no puedo más. No quiero ver como mueres lentamente por todo lo que te ha pasado. ¡No puedo!

-¿Qué no puedes?¡Dímelo!

Sin mediar palabras de nuevo me contramina contra la pared apuñalándome con la mirada.

-Él es el culpable de que tú te accidentaras. - susurra entre dientes.

Lo observo detenidamente y tiene la mirada perdida. Una mezcla llena de ira, odio, impotencia, ternura…dolor.

No faltó poco para que dentro de mí algo se quebrara todavía más. El alma quizá. O las pequeñas ilusiones. La doble vida con la mente en un planeta y el alma en la tierra. Viajando en la oscuridad sin poder resolver el enigma de mi existencia.

-Cómo puedes decirme hasta hoy lo que me pasó. - le susurro incrédula. - ¡Tienes idea de lo que es intentar recordar lo que pasó antes de toda esta mierda!

Lo golpeo en el pecho intentando alejarlo de mí.

-¡Dame pruebas de tu mentira!¿Cómo puedes jugar así y meter a alguien que no conoces?- le reclamo.

Como puede detiene mis brazos cruzándolos frente a mi pecho, dejo caer mi frente en su pecho decepcionada de todo lo que me envolvía. Todavía no comprendía algunas cosas, la cabeza me lanzaba avalanchas de preguntas.

Unos segundos después diviso a mi hermano de brazos cruzados en el umbral de la cocina.

-¿Tú lo sabías y no me dijiste?- le reprocho.- ¿Por qué me ocultaron algo así?

Sin decir una sola palabra asiente afirmando la confesión de Jin.

-En la vida te vas a encontrar con pruebas que podrás llevar y otras que no. Soy tu hermano y porque te conozco lo mantuve así. Nunca imaginé que pronto tendrías que darte cuenta. - dice.

Niego completamente.

-Están locos. De veras están locos. – repito.

Me alejo de Jin y corro hacia mi cuarto llena de tanto sentimiento negativo habido y por haber, aun sin poder entender.

-Esto no tiene sentido.

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No tuve valor de levantarme de la cama cuando el sol con su ardiente fervor iluminó mi cuarto. Los ojos me pesaban y las fuerzas que habitaban en mí se habían espumado por completo. Me la había pasado la noche entera llorando y ahogando los gritos en mi almohada, arañando las cobijas y jalando mi pelo, intentando comprender las cosas que no tenían sentido. Sin embargo, las emociones, los sentimientos y esos recuerdos enterrados me consumían, no existía tiempo para detenerse a reflexionar y preguntar ¿Por qué?

La puerta es golpeada tres veces a la que no hago caso omiso.

Segundos después mi hermano se deja ver al otro lado de la misma, acompañado con una taza de café. Coloca la taza en mi mesa de noche y se sienta en la orilla de la cama. Quería gritarle que se fuera, pero no pude. Las palabras habían desaparecido por completo.

-He escuchado a la gente decir por ahí: el café es capaz de espantar cualquier mal aun cuando creemos que no hay cura. – dice.

Tiene la vista clavada en la fotografía colgada en la pared de cuando éramos niños.

-Una vez lo hizo, sabes. Ese día fue cuando tuviste el accidente. - confiesa. – Yo rogaba al cielo porque no pasaras a más. No imaginaba el resto de mi vida sin mi pequeña hermana. Mamá lloraba desconsolada refugiándose en la madre de Jin y yo simplemente no comprendía porque de tanta gente a ti te tocó lo inimaginable. Luego de varias horas, un señor se acercó a donde estaba y me regaló un vaso con café. Aun no sé quién pudo haber sido pero; en ese mismo instante pude relajarme y comencé a pensar que pronto las noticias serían buenas.

Sigo en silencio con lágrimas brotando de mis ojos sin permiso alguno.

-Cuando Jin nos informó de tu estado, el mundo se me cayó encima. Que digo- ríe- el universo completo o si prefieres el sistema solar. Lo cierto es que llegó lo que nunca imaginé. Ni siquiera podía llorar.

Suspira.

-Nuevamente, un día que me quedé en el hospital cuidándote, ese señor apareció frente a mí con un vaso lleno de café. Se me hizo raro pero el brillo de sus ojos y sus palabras tocaron algo dentro de mí.

Esta vez tomo el valor de preguntar.

-¿Qué fue lo que te dijo?

-La vida está llena de misterios, de sin sabores. De dramas sin explicaciones y desgracias sin consuelo; sino somos los suficientemente fuertes tendemos a quebrarnos. De vez en cuando es bueno sacudir el alma, limpiarla todo ese polvo que nos envuelve. Bajar las cargas un momento para respirar y reponer fuerzas. El alma pesa, pero; pesa menos cuando dejamos de hacernos los fuertes y simplemente dejamos que todo lo que duele nos penetre hasta quebrantarnos.

Toma la taza de café y bebe unos cuantos sorbos.

-A veces el café puede ayudar. Palmeo mi hombro y se marchó sin decir más. Y tal como dijo, bebí un sorbo de café y te miré. Al observarte en la camilla, postrada y llena de tubos y vendas lloré. Esa fue la primera vez en mi vida que sentí alivio.

Guardo silencio con las lágrimas saliendo de manera desenfrenada. Ahogada.

-Después que despertaste seguí con mi trabajo y supuse que tu continuarías con tu vida normal; pero, hay algo que Jin no te dijo. La razón por la cual quiere casarse contigo.

En ese instante me siento en la cama alarmada. Con el corazón latiendo intensamente, como si lo que fuera a salir de la boca de mi hermano fuera algo terrible.

-¿Qué fue lo que no me dijo?¿Que le faltó?- pregunto alarmada..

- En tu cabeza está creciendo un hematoma epidural agudo, Abril.

- No comprendo. - digo.

-Después del accidente, el mayor golpe lo recibiste en la cabeza. Hace unas semanas nos llegaron otros análisis de lo que tienes. Debajo de tu cabeza está creciendo un hematoma. Puede ser mortal sino se trata a tiempo.

Me quedó en shock.

-O sea que voy a morir. – susurro con la voz quebrada.

-No vas a morir porque los análisis han llegado a tiempo. El detalle es que solamente puedes tratarte en países como Suecia, Suiza o Australia. Si te casas con Jin, el hecho de ser médico te beneficia a ti para que consigas el tratamiento de manera directa sin peros. Tu sabes que su familia es poderosa y son capaces de mover cielo mar y tierra por quienes aman. Y él te ama más de lo que imaginas.

En lo único que pude pensar después de sus recias palabras fue en Derian. Su viva imagen se mostraba perpetuamente en cada rincón de mi mente. Sus ojos, su mirada, su sonrisa, su semblante similar al del gran escritor salvadoreño Salarrué.

Pensaba en como su sola presencia lograba estremecer mi corazón y mi alma, pero también me desquebrajaba haciendo quedar frágil.

“¿Un matrimonio por conveniencia? ¿Sin amor? ¿Interés? ¿Y luego qué?”

“Recuerda que él es el culpable de todo lo que está pasando. De no ser por él jamás hubieras llegado a esto”

“Ni siquiera me molesta”

“Si claro”

“Pero de no ser por el accidente jamás lo hubiera conocido”

“Aja. ¿Y qué pasa con lo que dijo esta vez que se vieron?”

“Hay mucho que pensar”

“¿Le vas a pedir más razones para seguir con tu vida hasta que llegue el final?”

-Al menos prométeme que lo vas a pensar. Mamá no podría soportar perderte, y yo tampoco.

-¿Ella lo sabe?-pregunto.

-Ella no lo sabe. Aun no quiero alarmarla. No podría e iría detrás de ti si algo te pasara.

Tenía la razón por completo. Mamá no aguantaría.

-Tratemos de manejar esta situación nosotros. Primero eres tú. Tu salud y bienestar. - dice tomando mis manos.

Para antes de que se fuera opté por preguntar una cosa más.

-Si tú también conocías a Derian, ¿Por qué no me dijeron desde un inicio quien era él?

Aprieta su mandíbula como si el decir la verdad o lo que fuera costara demasiado.

-Por tu salud mental. - dice al fin.

-¿No crees que era responsabilidad mía decidir al respecto? - pregunto demasiado indignada.

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El reloj apuntaba las tres de la tarde, tenía la cabeza impregnada de preguntas para Derian. ¿Qué razones verdaderas tenía cuando se acercó a mí por primera vez? ¿Cómo logro armar todo un cuento de viajero en el tiempo? ¿Qué relación tenía conmigo antes del accidente? Y para mi familia ¿Por qué él era el culpable de mis desdichas?

Más de alguna conexión tenía que haber, y si no cabía la posibilidad de que fuera una relación, lo cierto era que algo nos unía. Para bien o para mal. Recordara o no.

Me levanto bruscamente de la cama. Camino hacia al baño a lavarme la cara, observo mi reflejo por lo que decido hablarme fuerte.

-Tu- señalo al espejo- eres la única culpable de todo lo que sucede. No creas que el mundo gira alrededor tuyo. Debes ir y enfrentar las cosas, resulten o no.

Me seco con una toalla y me dirijo hacia el gavetero por unos jeans claros, una blusa de cuello chino que llevaba tiempo sin usarla y unas zapatillas que hacían juego con la blusa floreada. Me arreglo el cabello sujetándolo con una colilla.

Si bien mi aspecto no era la mejor al menos tenía que intentar subir los ánimos.

Salgo de mi cuarto y bajo las escaleras. Para antes de poder cruzar por el comedor, escucho una voz de mujer, seguida de la de Alex.

-Intenta acercarte un poco más a ella, cielo. - decía la voz de la mujer.

“¿Cielo?”

“¿Quién carajos trata así a mi hermano?”

Me paralizo por competo.

-Nena, Abril es muy terca y obstinada. - contesta él.

-Derian es muy peligroso para ella. No sé qué intenciones tendrá con ella, pero no es buna idea que él intente acercarse, así sea para disculparse o para lo que sea. – contesta ella.

Su voz parece muy coqueta e irritable. Como si le tocara fingir para agasajar a su presa. Asomo mi rostro para encontrarme a la desconocida cuya presencia jamás se mencionó.

Mi hermano está de espaldas y ella lo abraza en son de consuelo.

La ingrata lleva el cabello corto, arriba de los hombros, muy bien arreglado con unas cuantas mechas que le hacían ver el cabello color miel. Definitivamente no le lucía, sin embargo, al verla allí abrazando a mi hermano sentí una horrible sensación.

Desprotección.

Inseguridad.

Peligro.

Amenaza.

Riesgo.

Infinidad de sensaciones que por nada del mundo eran positivas, además su rostro se me hacía muy conocido.

“¿Dónde la he visto?”

-Leyda, tú sí que eres una gran mujer y un enorme apoyo. Te amo. - susurra Alex.

Sin más me quedo sin aire y sin fuerzas, cubriendo mi boca y tratando de mantener el equilibrio.

“Ese nombre”

“Ese nombre”

Repito.

“Lo he escuchado. ¿Pero dónde?”

Escucho hasta los oídos los fuertes latidos del corazón.

Las punzadas no significaban algo bueno. Y menos las sensaciones. No es que fuera una habilidad, pero si una señal de que algo aquí no estaba bien.

-Leyda- susurro.

Hago hincapié en los expedientes perdidos de mi memoria sin tener éxito alguno.

-Ella todavía no lo recuerda ¿verdad? - pregunta ella. - ¿Jin escondió muy bien el diario?

“¿Diario?”

“¿Qué diario?”

-Él escondió muy bien el diario. Ella jamás podría encontrarlo. - contesta él.

-¿Ha sabido manejar la situación?- corrobora.

-A sabido actuar muy bien, incluso teniéndolo de frente a ese desgraciado. – confirma mi hermano.

Sigo atónita escuchando a escondidas.

-Derian es muy astuto. Aparece y desaparece. Como por arte de magia. - rezonga ella.

-Lo sé. Se las arregla para no enfrentar las cosas. No sé cómo le hace. – contesta Alex.

Asomo una vez más el rostro para mirar una última vez a la desconocida.

Tiene la tez blanca y una sonrisa demasiado alta. Exponía casi todos los dientes superiores al reír, aparte de toda la encía.

-¡Ay no!-susurro decepcionada.

“No es que yo sea una gran cosa pero esperaba algo mejor”

A mi forma de ver me parecía desagradable. Además, querían brincarle encima y matarla a golpes tanto a ella como a él y hacerles confesar porque tanta mierda conmigo. ¿Qué carajos me escondían? ¿Quién putas era ella y porque tanto cinismo al dramatizar preocupación por mí?

-No puedo estar más aquí. - me digo.

Con mucho cuidado salgo por la puerta de atrás. Esta vez me aseguro de que nadie me siga, eso incluye a Jin.

-Lo que sean que escondan lo voy a descubrir.

Corro hasta llegar al árbol de la ceiba, jadeando por la falta de aire.

Al levantar la vista me sorprendo al encontrarme a un señor de avanzada edad. Su pelo es tan blanco que a simple vista parece nieve. A su lado, un perro que compagina con la edad de su dueño. Ambos me observan maravillados.

-Lo siento. No me fijé que ustedes estaban aquí. – digo apenada.

El señor me sonríe, sin embargo, su semblante me recuerda a Derian.

-No pasa nada, niña.

Asiento.

-Bueno, me retiro. Pase un buen día. - digo.

Antes de poder dar unos cuantos pasos la voz del señor me frena.

-Una vez un amigo me dijo si algún día tenía la necesidad de buscar lo que había olvidado, buscara hasta la raíz, en el corazón.

Analizo una a una sus palabras con detenimiento. Y doy por hecho que esas palabras son para mí.

-Hace años escondí en el interior de este árbol una historia. La escribí con toda mi alma y mi corazón.

-¿En serio?- pregunto interesada.

-Sí, dicen que estos árboles pueden esconder muchos secretos, historias, verdades y mentiras. Que conectan con nuestros antepasados abriendo portales a otros mundos.

Le sonrío.

-Ojalá fuera cierto. El mundo sería más divertido. - contesto.

-¿Qué es eso en el cielo?- señala.

Le sigo la mirada puesta en el firmamento.

“Nada”

Al volver con el anciano me doy la sorpresa de mi vida. El anciano y el perro se han desvanecido.

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De camino a casa de Derian y Gael, pienso una y mil veces en lo que me dijo el anciano. Sus palabras rebotaban en mi cabeza encontrando las verdaderas razones.

Lo último en lo que pensé fue en la historia al interior del enorme árbol de la ceiba.

-Jamás había escuchado tal cosa. ¿Quién quita que sea verdad? ¿Será posible que haya un hueco?

A unos minutos de llegar a la casa de Derian un tipo con cachucha negra toma mi mano. Pienso que es un asalto por lo que intento gritar, pero su mano me tapa la boca antes y me lleva a la esquina de una casa escondiéndome entre unas enormes y enredadas ixoras.

Intento zafarme del terror pensando en lo peor. El miedo es lo único que se apodera de uno ante lo desconocido. Cosa que no ocurrió y no pasó a más porque a los segundos el sujeto resultó ser Derian.

-Derian- susurro con un nudo en la garganta. – Vas a matarme- ¿Qué carajos te pasa?

Las lágrimas por poco se me salían, aunque los nervios y el miedo me delataban con el terremoto que sacudía mi cuerpo.

-Perdóname- me susurra. Sostiene mi rostro acercando su cuerpo un poco. - Pero no podemos estar aquí mucho tiempo. Llevo tiempo esperándote. Hay que irnos.

- ¿Irnos? ¿A dónde?

-A donde no nos puedan encontrar. – termina diciendo.