Abril

San Salvador, 2018

En mi interior comienza a crecer una tristeza. Una culpa y una pena, por no saber corresponder al amor de Jin. Sé que el merece más de lo que yo puedo merecer. Mucho más de lo que puedo darle.

“No debí haber aceptado. A este paso lo lastimaré y pueda que terminemos odiándonos”

El cachorrito que aún se encuentra entre mis brazos envuelto en mi suéter se remueve un poco dejándose ver por primera vez. Asoma la cabeza.

- ¡Próspero! – exclama Gael, lleno de entusiasmo.

Lo toma de mis brazos y lo abraza tiernamente. Pareciera que hubiese vuelto a la vida después de un largo tiempo de ambulando, su rostro brillaba un poco más de cuando lo vi. Era como si estuviese completo con el cachorrito que al parecer había encontrado a su dueño.

- ¡Amigo! ¡No sabes cuánto te he buscado! Creí que te había perdido aquel día en la casa de mis padres. ¿Cuándo lo encontraste? -pregunta.

-Pues no hace mucho en realidad. También está lastimado.

Me doy cuenta de que no me ha escuchado, está inmerso entre sollozos.

“Se ve muy adorable”

Sin embargo, se detiene notando algo extraño en el pequeño. Lo levanta y lo mira fijamente.

-¿Próspero? ¿Por qué has vuelto a ser un cachorro?

“¿Cómo que ha vuelto a ser un cachorro?"

-Así fue como te encontré y te rescaté aquel día. No entiendo que está pasando.

- ¿Qué sucede Gael? –pregunto perdida.

La lluvia ha cesado por completo.

Gael me devuelve la mirada sorprendido.

-¿Qué?- pregunta asustado.

Se da cuenta del error que ha cometido.

-¿Por qué dices que Próspero ha vuelto a ser un cachorro? Hablas como si vinieras del pasado o algo así.

-¿Yo dije eso?- pregunta tratando de desviar el tema.

-¡Por favor! No estoy sorda y no soy tonta.

-Bueno…

-Además, te apareces después de un tiempo como si nada salvándome de…-busco la palabra correcta- una posible muerte o un accidente. ¡Yo que sé!

-Abril…

- No trates de callarme porque es cierto. Me dijiste que te buscara en la biblioteca y lo hice. Lo hice durante muchos meses y ¿sabes qué? No apareciste. Jamás llegaste.

-Abril…

-Además, el día que desperté en el hospital después del accidente en el cine tú estabas allí. Tú y tú. Y no he parado de pensar en ti ¡carajo!

-Abril…

-¿Quién eres eh? ¿Por qué un tiempo apareces y al otro desapareces? ¿Por qué actúas como si ya nos conociéramos cuando no sé quién eres en realidad?

-¿Accidente?-pregunta extrañado.

-¿No lo recuerdas?- pregunto.

Gael me observa, luego se pierde dentro de sí pensando.

-Escucha Abril. Voy a contarte algo, pero no aquí. ¿Puedes acompañarme?

Extiende su mano.

“De qué se trata todo esto”

-No irás hacerme daño ¿cierto?

Él sonríe. Negando por completo un fatídico suceso de su parte.

-Es una larga historia Abril, que no puedo contártela solo yo.

Trago incapaz de imaginar que podría ser todo aquello de lo que tenga que saber. Gael aún tiene extendida su mano así que sin pensarlo la tomo.

“Tiene una mano muy cálida y suave”

-Primero debes jurar que no vas hacerme daño- le digo con un poco de preocupación.

Él sonríe nuevamente y asiente.

-Lo juro por el amor que…-se detiene.

-Por el amor…- añado.

-Por el amor que aguardo por ese ser que tan débil y fuerte me hace ser.

No sabía quién podría llegar a ser ese amor. Me sentí celosa y decepcionada.

-¿Quién es tu amor? ¿Tienes novia? -pregunto descaradamente. Intente soltarme de su agarre, pero no lo permitió.

Ríe.

-Una mujer de sueños. Y no, no tengo novia. - contesta divertido.

-Ah. - digo con más decepción.

Opté por no preguntar más.

“Porque me entusiasma un chico que apenas conozco”

“Puedo contar las veces que nos hemos visto pero ¿Por qué me siento diferente cuando estoy con él? “

“Cuando lo imaginaba en aquellos días sentía consuelo”

“¿Por qué no puedo simplemente huir y dejarlo hasta aquí? “

Camina por delante de mí. Panpante. Lo observo desde atrás deteniendo la mirada en nuestras manos entrelazadas. Una escena que me parece muy familiar. Como si en algún lugar ya hubiese vivido este momento.

“Parece un deja vu”

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Minutos después estamos frente a su casa. Abre el portón invitándome a pasar. Después camina hasta la puerta y toca dos veces.

Por un momento imaginé que quien pudiera estar al otro lado de la puerta fuera el amor por el cual me juró que no me haría daño.

“¡Que estúpida! No debí haber venido.”

“¿Por qué estoy celosa?”

“Demasiado tarde”

Aprieto los dientes imaginado lo peor. Sin embargo, lo que estaba al otro lado no era lo que yo imaginaba.

- ¡Hola tío! Pasa. - dice una voz más joven que la de Gael.

Asomo mi cabeza hacia un lado. El joven al notar que lo estaba observando abre los ojos como platos. Sorprendido.

-¿Qué has hecho?- dice preocupado.- ¿Por qué la has traído?- traga por el espanto que al parecer mi presencia le ha ocasionado.

-Te lo explicaré adentro Gael. Vamos.

“¿Qué? ¿También se llama Gael?”

Gael se adentra a su casa dejándome a merced de… ¿su sobrino?

-Pasa- musita.

Una vez dentro Gael me toma de la mano y me lleva a lo que parece ser la cocina. Apenas pude divisar un poco el interior de la casa por la oscuridad que la embargaba.

“Es pequeña”

-Gael, mira. Es Próspero. Abril lo encontró.

Su sobrino abre los ojos de asombro tomando al cachorro entre sus brazos. Lo acaricia con cuidado susurrándole palabras tiernas.

-¡Hey amigo! No te imaginas lo mucho que te extrañaba mi tío y lo mucho que me ha hablado de ti. Eres muy especial y…- se detiene. Lo observa más detenidamente y observa a Gael con espanto. - ¿Cuántos años tenía Próspero en aquel entonces tío?

Gael lo observa considerando la respuesta que iría a darle. Luego dirige la mirada hacia mi exhalando aire.

“Ahora sí que no entiendo ni madres de lo que trata esto”

-Cuando sucedió aquel salto en el tiempo, Próspero, tenía dos años más o menos. Era un cachorro cuando lo encontré.

“¿Salto en el tiempo?”

“¡Qué carajos pasa!”

-A ver espera- digo más perdida que Doris de Buscando a Nemo- ¿Cómo que salto en el tiempo? ¿De qué hablamos? - digo conmocionada. - Porque no estoy entendiendo nada de lo que sucede aquí y necesito una explicación porque les juro que si no lo hacen la cabeza me va explotar.

Gael y su sobrino se miran. Su sobrino abraza al Próspero perdiéndose en sí mismo dejando a Gael a solo en este juego de razones.

-Primero te prepararé un café Abril, después voy a explicarte. - contesta Gael.

Tomo asiento en el desayunador asintiendo ante la propuesta. Su sobrino sube las escaleras desapareciendo por completo.

-¿Alguna vez leíste el libro “La máquina del tiempo” de H. G. Wells?- pregunta vertiendo un poco de café en la prensa francesa.

-He visto la película, pero no el libro. A veces tiendo a cansarme con historias que van del presente al pasado, del pasado al futuro, etcétera. –contesto.

-Entonces no creerás que vengo del pasado.

“¿Qué?”

Río.

-No, no te creo, los saltos en el tiempo no existen porque solo es ficción. Fantasía.

“¡Y ya está!¡Me harté!”

Me levanto del desayunador y camino a grandes zancadas hasta la puerta.

-No me llamo Gael, Abril. – dice.

Me giro para afrontarlo.

-¿A no? Y ¿Cómo te llamas? Me dirás que eres Papá Noel o déjame pensar… un hijo perdido de Hitler.

Gael se acerca hacia mi sin dejar de mirarme.

-Mi nombre no es Gael, es Derian. Derian Bender. Vengo del San Salvador de 1879.

De su billetera saca un documento el cual me extiende.

-Ese es el carnet del diario para el cual trabajaba. Siempre lo conservé por si algún día…- se detiene.

Espero su respuesta mientras compruebo que en efecto la identificación dice 1978.

-Los militares nos llegaran a confundir a mi familia y a mí de ser guerrilleros por la Guerra Civil.

“¿Guerrilleros, guerra?”

-¿Qué guerra?- pregunto. La cabeza me da vueltas.

-De donde vengo durante 1978 y 1979 se desarrolló una guerra civil en El Salvador. La historia aquí es distinta porque lograron acuerdos que por un tiempo los mantuvo sin consecuencias de crisis económicas o políticas. ¿Comprendes lo que quiero decir?

Niego.

-No, no comprendo.

“Se llama Derian”

“Viene de otro San Salvador o El Salvador”

“La historia aquí es distinta porque nunca hubo una guerra civil, sino que un mutuo acuerdo entre militares, guerrilla, civiles… ¡Dios!”

-Tu nombre…digo buscando una salida en mi cabeza- tu nombre me parece…

“Conocido”

A mi cabeza viene el recuerdo de aquel joven que me fulminaba con la mirada y recelo en aquel café. Sus ojos. El turquesa. Su desencajada existencia de la realidad.

“¡Dios mío que es esto!”

Un delirio.

Un asomo de esperanza.

Luego viene a mi mente aquel joven que me observa a lo lejos mientras me acomodo en el auto del Jin.

Detrás de las ixoras.

Un joven.

El árbol.

El libro.

“La Tempestad”

“Su personaje principal es Próspero”

“Próspero”

“Su cachorro se llama igual”

La cabeza me da vueltas.

“Los sueños”

Todo a mi alrededor se torna oscuro, algo caliente se desliza por mi nariz.

“Sangre”

-De…- balbuceo.

“Su nombre”

Caigo al suelo sobre mis rodillas.

-De…rian- digo al fin.

Me toma de los brazos gritando mi nombre, pero lo escucho a lo lejos.

“Esto es un sueño”

“No. Es la realidad. La única y verdadera realidad”

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Espero a Derian en la pequeña sala de su casa. Frente a mí hay una taza de té verde y sobre mi nariz una enorme toalla empapada con sangre.

Me siento avergonzada por la escena ocurrida hace varios minutos atrás donde casi me pierdo en la turbia oscuridad. Trato de procesar la información, pero mi mente se niega. Derian aparece con una taza de café tomando asiento a mi lado.

-¿Sabes porque Próspero se llama Próspero?- dice cálidamente. – Porque lo encontré un día en medio de la basura, medio muerto. Con la mirada ida esperando su final, sin esperanza alguna. Fue entonces que imaginé que pudieron haberlo despojado de su familia, así como al Próspero de la obra, quien es despojado por su propia sangre. Su hermano.

No digo nada.

-Próspero es alguien muy importante para mí. No es solo un perro, es una compañía muy grata que saber oír sin juzgar. Fue mi más leal compañero mientras en mi mundo todo el país se estaba quebrando. Derramando sangre por doquier, despojando a familias enteras de su hogar, matando gente por el simple hecho de ser campesina o peor aún, guerrilleros.

Decido mirarlo sin susurrar alguna palabra. Escucho atenta.

-El día que Prospero desapareció, ese día regresábamos con mi padre de buscar comida en los terrenos cercanos. No teníamos otra opción que hacer incursiones de noche para poder llegar al menos por las madrugadas donde mi madre y Próspero nos esperaban fuera de casa con un candelabro para amortiguar la luz y guiarnos el camino a casa. Un día esa luz no estuvo esperándonos, Próspero y mamá tampoco. Lo último que recuerdo de ese día es la mirada de desesperación de mi padre al ver como…

Lleva su mano a la boca, la pasa por su rostro que ha cambiado por completo.

-Los militares violaban sin remordimiento a mi madre.

“¡No puede ser!”

Llevo una mano a mi boca del impacto.

Derian tiene la vista en el suelo, reteniendo las lágrimas que piden a gritos salir de los surcos.

“Vaya que es fuerte”

-No imagino cuanto dolor sientes- digo sin pensarlo. Me sorprendo de las palabras por lo que espero su respuesta.

-Siento mucho dolor- susurra- rabia, ira, asco, impotencia. No pude hacer nada esa noche.

-No es tu culpa. Hay cosas que no podemos controlar y menos manejar-digo.

Asiente.

Toma un poco de aire y luego un poco de café.

- Después de esa escena me asestaron un golpe en la cabeza y desperté en este San Salvador a finales del 2017. Otro San Salvador que no se parece en nada al mío. O quizá un mundo.

-Lamento mucho lo que te sucedió. - digo sin saber que más decir. - Debió haber sido un duro proceso para ti, el hecho de asimilarlo y aceptar.

Me quedo corta.

-No solo afrontarlo. Me carcome la idea de que pudo haber ocurrido después del golpe. Si mis padres murieron, si los asesinaron, si los enterraron o ahorcaron. ¿Entiendes? Es como vagar sin rumbo alguno y no saber si te encuentras en medio, al inicio o al final. Estoy en el futuro, alejándome cada día más y más del pasado sin entender que me depara el presente al cual no pertenezco.

Por unos segundos el silencio nos embelesa. Afuera llueve, no acantaradas, pero llueve. Como si el cielo llorara en silencio.

-¿Te puedo contar algo?- le digo.

-Claro- contesta él.

Apoyo mi mano en el borde del sillón. Observo hacia la ventana.

-Hace unos meses atrás sufrí un accidente que me dejó en coma. Caí sobre un barranco y todo lo que sucedió antes de eso no lo recuerdo, por lo que al parecer lo que sufro a raíz de eso es amnesia.

Aspiro.

-He luchado por…tratar de que mi mente se asiente, para que mis malditos recuerdos tomen su lugar. Sé que están allí. Acunados. No lo sé, pero no los he olvidado. He buscado la llave, sabes. Pero lo único que encontré fue una nota que decía:

“No tengas miedo. La isla está llena de ruidos, sonidos y aires dulces, que alegran y no lastiman. Shakespeare”

Derian me observa perplejo.

-¿En dónde encontraste eso?-pregunta.

-En medio de un libro que estaba tirado debajo de un enorme árbol de la ceiba cerca de casa. -respondo.

El abre sus ojos como platos impactado.

-Creo que alguien lo dejó para mí y luego desapareció al darse cuenta que lo veía desde la ventana de mi casa. - añado.

-¿Viste quién era?-pregunta.

-No. No sé quién era. Lo único que puedo decir es que el tipo me observaba desde una larga distancia. Lo sé. Sentía su mirada encima, aunque no estuviera cerca. Cuando lo fui a buscar había desapareció sin dejar rastro.

-Y el libro ¿lo tienes?

Lo observo asustada.

-No. Lo regresé a la biblioteca hoy.

-No puede ser. - dice llevándose la mano a la boca. Se pone de pie y da vueltas. Desesperado. Alborotándose el cabello hablando consigo mismo.

-¿Qué no puede ser?- pregunto.

“Ahora si estoy asustada”

Se acurruca frente mirándome a los ojos.

-Abril, escucha lo que te diré. Cuando estaba en mi mundo, al caer la noche, siempre soñaba con una joven. Una joven…-se detiene. Con su mano comienza acariciar mis mejías y su mirada me contempla. - de semblante único. Con unos ojos preciosos que danzan al son del vaivén del mar.

“¿Por qué acaricia mi rostro?”

“Y ¿Por qué rayos mi cuerpo se estremece con su tacto?”

Mi corazón se acelera y ya no sé si estoy respirando.

-Ella se adueñó de mi vida. De mi existencia. De mis ilusiones y sueños. Tanta fue mi agonía porque existiera que comencé a escribir una novela sobre ella y sobre mí. En como ese sueño se volvía una realidad.

-¿Qué tratas de decir?-pregunto.

Temía que su respuesta fuera difícil de aceptar y mi mente al ver cierta amenaza comenzara a bloquear toda información, que a lo mejor podría estar relacionada con lo que me pasó antes del accidente.

-La chica de mis sueños eres tú Abril. La chica por la cual agonizaba en mi mundo real y moría por conocerla, si quiera una vez en la vida. Eres tú.

-¿Qu-e?-balbuceo.

-Quiero decir que todo lo que he soñado contigo lo he reflejado en la novela, y que a medida fui avanzando con la historia de alguna forma que no sé cómo explicar, se haya hecho realidad en tu mundo. Contigo.

Dejo salir el aire retenido dejando caer los hombros.

-Has estado viviendo lo que yo he soñado contigo. Lo he escrito en la novela que llevo y estoy seguro de que ese sujeto que te observaba desde el árbol de la ceiba el día que encontraste el libro era yo. Un reflejo de mis sueños en tu mundo.

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Cuando llegue casa deje ir con todas mis fuerzas la puerta de la entrada. Quería que la colonia o el vecindario completo escucharan por primera vez parte de mi ira, frustración, rabia. Cruce la sala donde mi hermano me esperaba junto a Jin. Los observe airada pasando de largo frente a ellos directo a mi cuarto. Me importó un carajo que estuvieran molestos conmigo y estuvieran de brazos cruzados esperando mi llegada.

Mientras mi hermano golpea la puerta de mi habitación, entro al baño. Enciendo la regadera y me acurruco bajo el agua. Más confundida que nunca y con más preguntas sobre mi existencia y sobre mi vida.

Me encuentro varada en un laberinto sin salida. En un precipicio sin fin. En un mar sin fondo.

-Es que no comprendo. De verdad que no comprendo. -me digo.

Rompo en llanto.

Todos estos meses he luchado por recordar una parte de quien era antes del accidente, porque una parte de mí no se acoplaba a la realidad. Al estilo de vida.

-Debo estar soñando. Es una locura. Nada de eso existe, solo es una tonta fantasía.- me repito tratando de ordenar las piezas.

La verdad es que mi mente aceptaba la mitad de todo lo que Derian confesó. Había visto aparecer y desaparecer a un hombre bajo el árbol de la ceiba aquel día. Y no estaba soñando. También, lo sentí tomarme entre sus brazos cuando me desmoronaba aquella vez en el Café Cerro Alto o cuando también cuando me observaba de entre las ixoras de la facultad, ¿Qué mas razones tendría de dudar? Si yo misma lo había visto.

Era él, pero no era él. Sino un reflejo de sus sueños. Un verso hecho carne.

La nariz me sangra de nuevo pero le resto importancia. El agua sigue cayendo sobre mí al igual que el mundo que me rodea. Si antes cuestionaba mi existencia hoy más que nunca tenía dudas sobre mí.

Sin más la puerta del baño se abre de un portazo dejando ver el enojo de mi hermano que se desvanece al verme echada bajo la regadera.

-¡Por Dios, Abril! ¡Estas sangrando a mares! – dice horrorizado.

Estaba bañada de sangre que salía de mi nariz a cantaradas. Jin entra segundos después y por su expresión podría jurar que era la misma cara que dejó ver cuando me ocurrió el accidente.

Aquel día, cuando me llevaban de emergencia, una de sus manos sostenía mi pulgar y con la otra empujaba la camilla. Recuerdo bien que abrí los ojos solo unos segundos y lo primero que encontré fue su mirada llena de miedo y horror con pequeñas lagrimillas que se quedaban atascadas a medio camino por el momento inoportuno com para dejarlas salir. Después el mundo a mi alrededor se apagó por completo y no supe nada más de él. Hasta después que desperté.

Alex apaga la regadera y Jin saca unas toallas del gabinete. La pone sobre mi nariz, aunque en realidad me cubría toda la cara. Coloca mi cabeza hacia atrás dejándome oír nada más su respirar. Agitado, afligido, preocupado.

-En seguida vuelvo-dice Alex, a quien escucho retirarse lentamente del baño dejándome a merced de quien a lo mejor podría decirse que desde este día se volvió mi novio.

“Porque todo se me está complicando”

“Porque putas mi vida es tan complicada y difícil”

“No debí haber aceptado”

Minutos después, lentamente quita la toalla de mi cara, se cerciora de que no continúe sangrando. Antes de poder mirarle complemente apuño los ojos. Me duele el corazón, el alma, la mente, mis fantasmas, los miedos, el pasado que no recuerdo, el presente que no estoy viviendo y el futuro que es incierto.

-Abre los ojos. - dice molesto.

Y comprendo las razones del porque está así.

Sus razones se llaman Abril.

-Ahora metete a la ducha y quítate esa ropa. Te traeré una toalla y ropa limpia. Después hablaremos.

Lo único que puedo hacer es asentir sin decir una palabra.

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Bajo a la cocina donde está Jin esperándome. Tiene una taza de café entre sus manos con la vista perdida en la nada. En blanco.

-Hola. - digo al fin, al mismo instante que me siento frente a él.

Mis palabras lo sacan de su ensimismamiento recuperando la compostura.

-Te ves mucho mejor.

-Gracias por ayudarme-digo sin saber que más añadirles a mis palabras.

Estaba avergonzada, molesta, rebalsando de un sinfín de emociones revueltas en un recipiente que no tenía fondo.

-Supongo que no hay más palabras para mí- añade. - comprendo que a veces se te agotan todas las palabras habidas y por haber.

Cuánta razón tenía.

Sonrío.

-Definitivamente me conoces más de lo que yo me conozco. – confieso.

-Es porque te conozco de toda la vida, Abril. Como ignorar tu existencia, tu sola presencia es una glorieta donde puedo descansar a gusto. De niños, cuando reías iluminabas mi vida en mis días opacos, eras mi sol. Cuando me abrazabas, mi alma se sentía plena. De adolescentes fuiste la única que me acepto por quien era cuando comenzaba la pubertad…-se echa a reír. –Sembraste esperanza al decir que mi fealdad no iba a ser para siempre y que llegaría a ser mejor que Tom Cruise o Brat Pitt.

Río.

-Es que tenías serios problemas cuando te llegó la pubertad. Cambiaste mucho después de eso. -le digo.

Y vaya que fue mucho mejor de lo que esperaba.

Nos echamos a reír, luego ambos guardamos silencio. Era de noche, por lo que solo se escuchaba el sonido de los grillos o algunos gatos que maullaban por las calles.

-Escucha Abril, lamento mucho lo que te hice pasar hoy. Fui un tonto al portarme como un patán, perdí el control cuando saliste corriendo y te encontré con ese tipo.

Asiento.

-Fuiste un tonto. -repongo. - Pero entiendo las razones del porque te comportaste así.

Guardo silencio y busco la manera de poder decir lo que tengo que decir.

-Comprendo que nos conocemos de toda la vida, también…- pienso muy bien lo que diré a continuación- creo que no tomé la decisión correcta al aceptar ser la primera mujer que rompiera tu corazón. No estuvo bien de mi parte y estoy muy segura de que nos vemos mucho mejor como amigos.

Y ya está. Terminé.

Una parte de mí se siente liberada.

Ni siquiera tengo el valor de verle a la cara. Mientras me duchaba, pude pensar en todos los momentos que hemos vivido con Jin, como amigos. Lo apreciaba, lo quería, pero no de la manera que él deseaba. Mi corazón late por una persona que no conozco, que mi alma y mi piel saben reconocer. De uno u otro modo.

-No sería justo para ti que…

-Detente-dice.

Lo observo abruptamente y este se levanta de su silla. Se arrodilla frente a mí tomando mis manos.

-Cásate conmigo Abril.