Derian
San Salvador, 2017-2018
Al principio me sentía extraño, me llevó tiempo comprender y adaptarme a las cosas diferentes que aguardaban en el nuevo mundo. Aceptar el salto en el tiempo, la nueva realidad que me tenía con más dudas que respuestas, una vida sin rumbo, con la mente atrapada en el pasado, pero con la vida perdida en el presente.
Gael con toda la paciencia que aguardaba en su interior se tomaba el tiempo de enseñarme sobre lo nuevo y desconocido del actual El Salvador; pero, sobre todo, los avances tecnológicos que el pulgarcito había experimentado en los últimos años. Me tomó tiempo aceptar como un chico a tan corta edad, correcto, sereno y de bellísimo semblante viviese solo, apartado de la gente, pero sobre todo reservado. Era muy inteligente, pero a su vez muy discreto.
Lo veo minuciosamente preparando el café. Yendo de aquí para allá llevando y trayendo cremas, aderezos, verduras, pan, vasos, cucharas.
“Es increíble que este chico sea mi sobrino”
“¿Acaso no tendría que ser mayor por el tiempo en el que estamos?”
-Sabes tío, ahora que lo pienso jamás había recibido visitas. - ríe sarcásticamente. - A lo mucho unos gatos o perros callejeros que vienen por comida, pero personas jamás.
Su expresión se suaviza como si su realidad le doliera. Coloca dos tazas de café en el desayunador.
- Cada vez que mis padres dicen que van a venir a visitarme me hacen ir a la casa de mis abuelos para verlos. Ven-señala a la silla que está al frente- toma asiento.
- ¿Qué es lo que pasó con tus abuelos? ¿Mis padres?
Deja de llenar el pan árabe con jamón. Suspira.
-Mis abuelos no existen en este mundo tío, mi mamá o tu hermana y mi padre Rodrigo tampoco. Soy adoptado y protegido de una distinguida familia. – asiente decepcionado.
Su afirmación me deja tan embobado que escupo el sorbo de café.
- ¿Qué? ¿Y cómo sabes eso? ¿Cómo sabes quienes son tus padres sino existen tus abuelos en este mundo? -pregunto.
Gael me observa y me sonríe.
-Porque hace unos años, cuando yo era un niño tú me visitaste y me dijiste la verdad sobre mí.
Escupo nuevamente el café.
- ¿Yo? ¿Hace cuántos años?
- Pues hace doce años.
- ¿Cuántos años tienes? -pregunto.
-17-afirma.
Sin pensarlo dejo caer la taza al suelo partiéndose en mil pedazos.
- Pero, ¿Cómo es posible? Hace 17 años yo era solamente un niño, Gael. No puede ser posible. –niego absorto del asombro.
Entre cierra los ojos.
-A todas estas, no sé tu edad. ¿Cuántos años tienes, tío?
-En teoría tengo 25 años. En este mundo no lo sé.
-De cierta manera estás aquí, para cumplir lo que decía la carta. Por eso me visitaste.
- ¿Cómo era yo en aquel entonces, Gael? ¿Qué más te dije a parte de la verdad de tu existencia?
Gael levanta una ceja extrañado frunciendo a su vez la boca.
-Pues el que me visitó en aquel entonces lucía como tú, exactamente igual, y pronunciaste algo sobre una chica, que tenías la deuda de salvar su existencia. -explica. Luego con una escoba pequeña juntas los pedazos rotos de la taza llevándolos luego a la pala para depositarlos al bote de basura. - Creo que por el momento es mejor mantener tu identidad oculta. No sabemos a lo que nos podemos enfrentar y si lo descubren puede llegar a ser peligroso. Hasta no descubrir el propósito por el cual estamos aquí es mejor que no digas jamás tu verdadero nombre. No hasta que sepamos lo que significa toda esta maraña de universos paralelos.
Suspiro.
“¡A este ritmo me volveré loco, loco!”
- ¿Una chica? -reacción- ¿Te dijo su nombre? -pregunto desesperado.
-En realidad no lo recuerdo. Pero me dejaste esto.
De su billetera saca un papelito el cual me entrega inmediatamente.
-¿Que se supone que es esto?-pregunto más confundido aún.
Sobre el papelito había un dibujo sobre dos árboles, que de hecho se parecía un poco al dibujo de los baobabs de la obra El Principito, con la única diferencia que estos eran dos árboles, conectados únicamente de raíz. Como si se tratara de un reflejo. Dos mundos.
-¿Eso es todo Gael?¿Algo más que quieras contarme?
Niega con la cabeza.
-¿Qué crees que significa esto? -digo frustrado, cansado y harto de tanto misterio.
-¿A qué te refieres? -pregunta Gael.
-¿Qué significan estos árboles? Y la frase: Trata de que la historia tenga sentido al final y la hayas escrito a tu manera. No todos los escritores tienen que ser igual. A lo mejor no recuerdes nada de lo que ha pasado tiempo atrás. Y posiblemente tengas razón. Quizá no entiendes lo que está pasando o hacia dónde va la historia. Pero como dijo una vez un personaje japonés: “Nada de lo que pasó es olvidado, incluso si ya no lo recuerdas”.
-Pues en lo personal creo que la frase se refiere a que pueda que hayas olvidado algo muy importante, sin embargo, aunque ya no lo recuerdes siempre habrá algo que te ayude a recordar lo que pasó. En cuanto a los arboles no sé qué signifiquen, pero si te das cuenta lo que los conecta son sus raíces.
Observo a Gael con la leve esperanza de que algún día pueda regresar con mis padres, aunque esta sea para verlos por última vez.
“Nunca sabré que pasó con ellos esa última vez que los vi”
De solo recordar a mi mamá en el suelo y a mi padre me llenaba de ira e impotencia. La última imagen de ellos antes de venir a este mundo me tenía en el limbo. Perdía el control de mí mismo al verme atrapado en una red de la que no podía escapar.
“Ojalá pudiera regresar al tiempo y ayudarlos”
“¿Por qué no hice algo más para ayudarles?”
“Quizá no murieron”
“O quizá sí”
- ¡Hey tío, todo estará bien si! No estás solo -Gael me aprieta los hombros con sus enormes manos. Se ha dado cuenta desde hace mucho que pierdo el control de mí mismo cuando pienso en mis padres.
-Necesito saber qué fin tuvieron mis padres, Gael. Todas las noches pienso en eso y no consigo conciliar el sueño por esa razón. No puedo.
- Lo sé tío. Sé que estás desesperado, pero si quieres regresar, intenta recordar cuales fueron las primeras razones que te hicieron venir a este mundo la primera vez y de paso me llevas contigo hacia el lugar a donde pertenezco.
-¿Las primeras razones?-pregunto.
-Sí. Las primeras razones. La chica que te roba los sueños, la que mencionó el otro tú cuando me visitaste la primera vez. ¿Crees que esos árboles se refieran a ella y a ti?
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Ha pasado un tiempo, poco a poco me he ido incorporando a la nueva sociedad. Cuando menos imaginé ya había llegado el siguiente año o año nuevo por lo que me di cuenta durante ese transcurso que algunas costumbres jamás habían cambiado y que prevalecían aun con el tiempo por encima.
Mientras escojo un paraguas observo por la ventana el aguacero que se avecina. Sin duda los pronósticos del clima habían apuntado un temporal del cual no se sabía a ciencia cierta cuando acabaría.
-Iré al Centro Histórico por un café, ¿quieres uno?
Gael está en su escritorio con la vista clavada en la laptop.
-Mmmm, sino te molesta prefiero un cheesecake de fresa de Fulanos.
-¿Y café?
-También. –agrega sin apartar la mirada de su computadora.
Sin más que decir salgo de casa. Mientras cierro el portón me fijo en que al otro lado de la calle hay un perro. Lleva un collar celeste por lo que supongo tiene dueño. Lo observo detenidamente y me recuerdo de Próspero. Mi amado y dulce amigo que llevaba tiempo olvidado.
Entristezco al pensar el fin que pudo haber tenido.
“Ni siquiera puedo imaginarle”
“En aquel entonces jamás apareció”
De nuevo fijo la mirada en el perro que parece ser mezcla entre labrador y doberman. Su dueño aparece en cuestión de segundos sosteniéndose de un bastón, lleva un sombrero de Fedora por lo que no se le ve mucho la cara. Entonces me doy cuenta de que el pequeño esperaba pacientemente a su dueño quien a paso lento lo alcanzaba.
“¡Así que es un perro anciano muy fiel y paciente, eh!”
Ambos siguen su camino a paso lento. El perro esta vez camina al lado de su dueño quien cada cinco segundos se detiene a descansar.
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A los 5 minutos de haber cruzado el umbral de Café Fulanos la lluvia torrencial cae sobre el Gran San Salvador cubriéndola completamente.
-¿Qué le voy a servir, caballero?-pregunta el mesero de la barra.
-Me puede servir un café cappuccino con un panini de pollo para comer acá.
-¿Claro. ¿Algo más que desee añadir a su orden?
-Para llevar, un cheesecake de queso y un café de latte.
-Por supuesto. ¿La orden para llevar la desea ahorita?
-Mmmm, si, por favor.
-Son trece dólares con cincuenta y cuatro centavos.
- De acuerdo.
Le doy al joven un billete de a veinte.
-Su cambio caballero. Si gusta puede tomar asiento en donde desee. Enseguida le servimos su orden.
Asiento satisfecho y camino hacia las gradas que llevan a la segunda planta. Tomo asiento en la barra del balcón. Observo hacia afuera, pero la lluvia ya ha hecho lo suyo empañando los ventanales. No deja ver absolutamente nada.
Suspiro brevemente pensando en lo próximo que haré. En primer lugar, necesitaba encontrar la respuesta a esa carta, saber el significado de esas letras. Luego saber que significa esa nota que recibió Gael hace doce años, ese dibujo de los dos árboles entrelazados de raíz, para después ubicar el destino de mis padres y el final de mi único amigo, Próspero.
De mi chaqueta extraigo la carta y la leo todas las veces que puedo, realizando apuntes sobre lo que pueden significar las palabras. A la par de la carta coloco el dibujo de los arboles entrelazados, anoto las fechas en que se dieron los saltos en el tiempo y cada suceso ocurrido en este mundo.
“Me siento perdido en este túnel”
Suspiro brevemente porque sé que llevo tiempo reprimiendo un mar de emociones que brotan desde mi interior, emociones que no tienen desembocadura por ningún lado.
“A este ritmo moriré de la desesperación”
La voz de la mesera me sobre salta ante el pequeño infortunio de mis idas astrales de este mundo.
-Su orden caballero.
Sobre la barra coloca mi orden de panini con café cappuccino seguidamente la orden de Gael.
-Gracias-le digo con total pena por el escenario en el que me encontró.
En ese instante, el ruido ensordecedor de un relámpago nos sobresalta a todos colocándome a la par de la mesera que suelta un grito corto del susto. La luz se va de inmediato dejándonos con la luz tenue y opaca del día lluvioso.
La mesera sale dando brincos hacia las gradas. Algunos cuchichean sobre lo sucedido continuando el sorbo de café o el pequeño bocado del postre a medias.
Regreso como si nada hubiese pasado esperando pacientemente a que en cualquier momento la luz regrese e ilumine ese lugar que tanto me gustaba. Sin embargo, aunque el lugar no se encontraba del todo solo, al final de la barra una chica de cabello rubio me observa a través de unas enormes gafas. Lleva un labial rojo y un atuendo muy comprometedor en temporada de frio. Su rostro me parece tan familiar a pesar de no verle los ojos, me sonríe levemente pero no le devuelvo la sonrisa.
“De un modo u otro esta mujer me incomoda”
Sin pensar más decido darle el primer sorbo de café a mi taza y luego un bocado al pedazo de panini de pollo.
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Han pasado varios minutos desde que se fue la luz. Aún no ha regresado. La chica rubia al final de la barra constantemente voltea a verme, lo cual me fastidia más. Levanto la mirada hacia el ventanal, con la poca esperanza de poder encontrar un motivo para continuar con la historia.
“¿Cuál historia?”
“La de mi vida”
Hace varios minutos que la lluvia dejo de cesar, reduciéndose a una leve llovizna. Justo en ese instante mis ojos encuentran el inicio de toda esta historia y el afán de que mi sueño más grande se hiciera realidad.
“Ella”
El tiempo pasa lento frente mis ojos.
“Ella, cuya existencia me debilita y enloquece ahogándome como a un náufrago en un inmenso mar. Ella, la razón de mi anhelo más preciado, pero también mi perdición. Ella, la única que puede ponerle fin a mi dolor”
La he encontrado y no he apartado la mirada desde que la vi cruzar frente al café. Sin pensarlo cojo la sombrilla y corro hacia la salida. Apresuro el paso deseoso de poder alcanzarla. La agonía, la sed, la esperanza enredada de locura, la sensación de poder tocarle por vez primera y cruzar unas cuantas palabras.
“¡Es real Dios mío!”
Antes de llegar al cruce, una bicicleta se aproxima a máxima velocidad desde el kilómetro cero, Ella no se ha percatado de que está a punto de chocar con el sujeto de la bicicleta. Algo la distrae. La tomo del brazo y la tiro hacia mí.
“¡Te tengo!”
Su rostro es más hermoso en persona. Frente a una realidad quien sabe cuántas veces infinitas y paralela sea. Ella yace impecable, de carne y hueso. Una fantasía absurda que se aojaba en mi mente sin saber que vivía en la ignorancia de donde lo irreal es tangible.
-¡Te encontré!- exclamo fascinado de admirarla.
- Eres tú. -susurra.
“¡Al fin te encontré!”
La lluvia nos sorprende mientras el tiempo entre nosotros se detiene por unos segundos.
“No quiero dejar de contemplarla, sería una pérdida de tiempo”
-Pero que sorpresa- dice con una enorme sonrisa que le llega de oreja a oreja. Como si hubiera estado esperando mi llegada.
-Lo mismo digo de ti. Me alegra haberte encontrado. -por nada del mundo dejo de mirarle.
“Que ganas de poder abrazarla y tocarle una de sus manos. Sentir su delicada piel y no dejarla ir por nada del mundo”
- ¿Qué haces por aquí? Llevo buscándote un buen tiempo. ¿Qué te habías hecho? -dice mientras la lluvia cae más fuerte.
Sin que ella se dé cuenta la cubro con la sombrilla. Está empapada.
-Estaba…- me detengo.
“¿Por qué habla como si ya me hubiese visto?”
“¿Acaso ha coincidido con el otro yo?”
Pienso con cuidado lo que voy a decirle a continuación.
“Lo que menos deseo es asustarla”
-Estaba buscando la forma de coincidir contigo.
Ella asiente satisfecha. Campante y alagada por lo dicho.
-¿Lo lograste?-pregunta con un brillo extenso en sus ojos.
-Salió mejor de lo que esperaba. - sonrío a gusto.
Nos echamos a reír sin saber que decir o que más añadirle al momento. Me sentía empapado por los nervios y de una emoción que me consumía cada rincón del alma.
La observo perplejo y la noto apenada. Se aleja un poco y supongo que es porque está empapada. Le pido que me sostenga el paraguas para quitarme el abrigo. Sin mediar palabras lo coloco en sus hombros asegurándome de haberla cubierto lo suficiente.
“¿Por qué estaba empapada?”
“Cuando la seguí su paso era ligero como si huyera de alguien”
-Luce más en ti que en mí. -digo.
De nuevo tomo el paragua de una de sus manos.
-No tenías que hacerlo- dice apenada.
-Lo hago porque…no puedo dejar irte así. Creo que sería una excusa perfecta para volver a verte, ¿no crees?
-Pues…
El comentario queda a medias.
-¡Abril!-exclama alguien.
Ella lo observa sorprendida y colmada, sin embargo, me doy cuenta de una cosa.
“Ella se llama Abril”
“Pero… ¿Quién es él y porqué le habla en ese tono?”
-¿Qué haces?-le pregunta furioso.
-Eso no te incumbe-contesta ella desinteresada como si su presencia le hostigara.
Las venas en el rostro del individuo se alteran. Camina hacia ella y la sujeta de la mano con fuerza.
-Claro que si-contesta apuñalándola con la mirada.
-¡Suéltame!¡Me lastimas!-exclama ella.
En mi interior despierta una fiera que le gustaría propiciarle una lección fuera quien fuera ese sujeto.
“¿Quién trata así a una mujer?”
“¿Quién se cree que es para tocarla así?”
-Dijo que la soltaras. –le digo deteniendo su mano del forcejeo repentino.
- ¿Y tú quién eres? - pregunta con el tono de voz más pésimo que he oído nunca jamás.
Quería decir quién era realmente, pero tal como me había dicho Gael tiempo atrás.
“Por el momento es mejor mantener tu identidad oculta. No sabemos a lo que nos podemos enfrentar y si lo descubren puede llegar a ser peligroso. Hasta no descubrir el propósito por el cual estamos aquí es mejor que no digas jamás tu verdadero nombre”
Las palabras de Gael hacen eco en mi mente y rebotan haciendo constante la promesa de jamás revelar mi nombre.
Digo lo primero que se me viene a la mente.
-Soy Gael. Y soy lo que ella decida que sea-contesto pomposo.
Abril me observa sorprendida sin saber que decir.
Suelta su mano bruscamente y me sujeta del cuello de la camisa.
-Escucha, no sé quién carajos seas, pero ella es mi novia. Así que no te metas.
Su confirmación me deja anonado por lo que solo son unos segundos los que guardo silencio.
-¡ A sí! Pues mira, que pena que te tenga como novio. ¿A caso no te han enseñado a respetar a una mujer?
Su mirada se suaviza dejándole al desnudo por la acción arremetida de hace unos segundos. La mira y se sorprende.
“Yo también sé lo que es perder el control amigo”
-Lo siento. - dice con pesadumbre.
Agacha el rostro y se retira rápidamente.
-¡Jin!- exclama ella.
Intenta seguirle, pero se detiene.
-Perdona por entrometerme. - le digo.
-No, está bien. Perdóname a mí por meterte en este lío. – sonríe avergonzada. – Honestamente jamás lo había visto tan molesto hasta ahora.
- ¿Por qué lo dices? -pregunto.
-Porque lo conozco de toda la vida.
Ella sigue observando como desaparece de nuestras vistas.
-¿Entonces eso quiere decir que lo amas desde siempre?-pregunto temeroso de lo peor.
“Vaya que te gusta ser un entrometido”
-No-contesta repentinamente. –No lo amo porque siempre lo he visto como un amigo.
-Pero sino lo amas, ¿Por qué decidiste estar con él?
-Para ser la primera mujer en su vida que le rompa el corazón.
La observo y tiene una expresión dubitativa. Como si peleara en su interior.
De la nada, de entre sus brazos se asoma una vida, una cabecita peluda que por más que se ocultara reconocería en cualquier parte.
-¡Próspero!-exclamo.