Capitulo Uno
Estoy viviendo en la miseria, toda mi vida fue así era algo a lo que estaba acostumbrada vivía para trabajar, pero tenía a los mejores jefes que una persona puede tener, era una empleada en una confitería donde se hacían los mejores dulces, desde mi humilde opinión. Una noche mientras estaba terminando algunos pedidos para la mañana siguiente, aparecía mi jefe, el Sr. Baker diciéndome y casi echándome que me fuera con total elegancia y aprecio que me tenía, con mucho gusto acepte, fui a buscar mi bolso, agarrándolo salí de allí al sentir el aire fresco de las típicas noches de veranos deje salir un suspiro y me estire si algo tenia de malo mi trabajar que al estar tanto parada me hacía doler mi espalda, camine casi quejándome como una anciana aunque conocía a varias por el lugar a donde vivía y no tenían los problemas que tenía yo, deje escapar una carcajada burlándome de mi misma si había algo que había aprendido que era mejor reírse de las cosas que me salían en vez de ponerme a llorar como idiota. Y casi llegando a la casa bueno a mi chocita pero era feliz en ella, me paraba para poder cruzar la calle mirando por los dos lados a ver si pasaba un auto, al bajar el pie de la vereda se escucha un ruido, un ruido que con mi poca experiencia de vivir en un lugar peligroso eso era un disparo. Al darme cuenta, mi cuerpo se congelo y de los nervios comencé a temblar estaba en un estado verdaderamente vergonzoso porque siempre aspiraba parecer una chica fuerte pero en ese momento me sentía avergonzada de mi misma, cerré los ojos y ore esperando que mi oración llegara rápido al cielo y Dios me ayudara haciéndome desaparecer del lugar que estaba, en ese segundo deje de temblar y baje el otro pie de la vereda y corrí sin mirar para cruzar a la otra vereda, sin parar seguí corriendo que para mí me había alejado más que suficiente y solo había llegado a la esquina estaba a unos pocos metros de donde se había escuchado el ruido del dichoso disparo. Me gire para mirar el especie de callejón que había el Sr. Baker siempre me advertía de ese lugar, me repetía a mí misma que debía huir de ir, diciendo lo que me decía el Sr. Baker ¡Mantente alejada de ese lugar! Pero mi conciencia no me dejaba pensar con claridad tenía el incentivo de ayudar, pero ayudar como, lo mejor sería que me fuera de ese lugar yo no podría ni ayudar a un muerto porque apenas vivo de mi misma y respirando hondo tome aire hasta hinchar mi pecho y corrí hacia el callejón, encendiendo una linterna que era un llavero que me habían regalado unos de los amables clientes que tenía la confitería. Miraba hacia todos lados, todos mis sentidos estaban atento por si algo pasaba y alumbraba por todos los rincones, esperando encontrar algo y hay estaba yo caminando adentrándome hacia ese espantoso callejón, haciéndome la valiente cuando era lo último que inspiraba mi cuerpo y mucho menos mi cara que debió ser un horror, llegando lo que creo era el final, escuchaba un quejido que parecía que el mismísimo lucifer estaba allí o algo parecido, se me puso toda la piel de gallina, quedando tiesa en el lugar que había quedado parada y mi pobre corazon era un tambor, toda la culpa de eso era mía por entrar donde no debía pero podría ser pobre, podría ser una don nadie pero estaba parada allí para ayudar a alguien y no importaba si no tenía nada o si moría. Lo que me lleno de fuerza fue que intente ayudar a alguien y con el poco aliento que tenía deje salir: -¿Hay alguien ahí?- me quede en silencio esperando escuchar otro sonido o una especie de quejido del infierno, empecé a alumbrar con mi llavero por el lado que creo que se había escuchado pero no había más que basura por lo que decidí acercarme un poco más y un poco más hasta poder estar lo suficiente mente cerca de todo ese montículo de basura, busque y busque y no había nada hasta que a espaldas mía escuche un ronquido o eso era lo que creía que era, me gire torpemente , haciendo que tropezara con una madera que había, caí de cola al suelo mi llavero se escapaba de mi mano, mire hacia mi llavero y dirigí mi mirada hacia donde alumbraba. Veía claramente como un montículo de algo o era una persona o quien rayos sabía que era eso, del susto estaba vez me levante rápido tomando mi llavero alumbre allí de nuevo y al notar que ese algo era, hice un paso hacia atrás. – E-es una persona – logre murmurar y al darme cuenta que era una persona reaccione corriendo hacia eso, me arrodille y lo más tonto que hice fue alumbrarle la cara a lo que se quejaba, ya suficiente tenía esa persona y yo molestándolo, murmure un lo siento y moví mi mano para ver si estaba lastimado, para mi sorpresa, para mi suerte estaba herido de una bala, ¡una bala! Como diablos iba a ayudar a esa persona, lo primero que se me vino a la mente fue buscar una toalla o algo con que tapar la herida para poder parar el sagrado, encontrando un pañuelo que me había dejado, lo que una vez fue mi madre. Con dolor lo puse sobre su herida y apretando fuerte, me sobresaltaba cuando me tomaba del antebrazo y lo mire, se me erizo toda la piel al ver esos ojos grises o azules, no podía saberlo con claridad pero era una mirada que daba miedo, en mi caso me daba temor casi hasta comenzar a temblar mis manos desvié la mirada hacia su herida, seguía apretando y moví mi boca para poder hablar pero no podía, por lo que respire hondo de nuevo y sin mirarlo le dije: - te estoy ayudando, quiero parar el sangrado. No quiero lastimarte, el que hizo esto no está aquí te dejo para morir, así que no me agradezcas y puedes soltarme el brazo y te voy a llevar al hospital, tu tranquilo, yo sé que duele pero tu tranquilo, perdón hablo de más cuando estoy nerviosa.- me quede callada y sin sacar la mano, ni dejar de hacer presión sobre la herida con la otra busque en el bolso, el celular, al tenerlo marque el número de emergencia pero él me arrebato el celular quedando inmóvil por la agilidad, estaba perdiendo la sangre pero parecía fuerte.
-No llames a nadie, solo ayúdame a ponerme en pie. – fue lo único que dijo tenía una voz gruesa y ronca que hacía que diera más miedo más con esos ojos tan fríos, solo asentí con la cabeza y guardando el celular, me saque la camisa que llevaba puesta encima, primero lo ayude a sentar en el piso para poder atarlo rápido con la camisa en la parte de la herida, mi única misión era parar el maldito sangrado del hijo de lucifer. Escuchaba sus quejidos y sus malos comentarios hacia mi o hacia el que le hizo eso, me levante y me puse detrás de el para rodear su cintura y de un envión de fuerza lograba ponerlo de pie, no podía soltarlo porque estaba tan inestable y era lógico había perdido sangre, demasiado para mí, no debía de estar allí él debía de estar en un hospital. Pase su brazo por mis hombros y él se quejaba. Seguro que me odiaba y con mi otro brazo seguía sosteniéndolo de su cintura. – Sigue apretando donde está tu herida. – le dije con un tono autoritario.-
- ¡suficiente! ¡Maldita sea! ¡Bastante apretado lo siento ya! – lo decía con una tono más autoritario que el mío, había claramente una voz de líder, con esa timbre de voz era lógico lo único que podía hacer era pensar pero contestarle o desafiarle con la mirada que el tenia era lo último que deseaba hacer por lo que comencé a caminar con él a paso lento, pero así llegamos a la salida y al salir sacaba su celular de su bolsillo del pantalón y pedía que lo vinieran a buscar, pero un tono muy poco amigable.
Me quede callada hasta que llegaran por él, quería preguntarle si debía dejarlo solo ya pero el apretaba mi hombro, por lo que entendía que no quería que lo dejara o era mi poca intuición de mujer, al ver que se estaba quedando dormido porque su peso ya se hacía demasiado pesado para mí, lo rodeo con mi otro brazo quedando prácticamente como si fuéramos una pareja de enamorados y nos dos locos que se conocieron en un callejón de una forma muy rara, levante mi cabeza para poder mirarlo era demasiado alto o yo era demasiada enana pensamientos que venía porque estaba demasiada nerviosa por tenerlo cerca a esta persona, que para mí parecía un matón o peor un psicópata, entrando en razón le pegue un grite que hizo que se asustara y abriera aún más los ojos y hay si pude notar el color de ojos de esa persona era un color celeste agua o algo parecido, gracias a la luz del poste pude notar ese maravilloso color, aunque estos ojos parecías de un psicópata esperando matar a su próxima víctima y adivinen quien era. – No te duermas, si no quieres morir no cierres los ojos – el solo escuchaba y estudiaba mi mirada lo que me hacía poner incomoda agache la cabeza apoyando prácticamente mi frente en su pecho, háblenme de confianzuda y hay estoy yo me aleje un poco pidiendo disculpas en un susurro. En esos eternos segundos o minutos aparecía un auto negro, no me pregunte modelo o marca porque el miedo se había apoderado de mi yo sabía que iba a morir ayudando a alguien pero no de esta forma, bajaban dos o tres hombres y lo agarraban como si pesara una pluma y yo solo mire como subían al auto, arrancando y saliendo de mi vista.