PREMONICIONES

CAPITULO XXIII.

PREMONICIONES.

Marco Antonio agradeció esas sabias palabras de Albert al igual que Anna. Pidió disculpas por llevarse un momento a Albert hacia el lobby.

- Albert, -comenzó a hablar Marco Antonio-, voy a confesarle algo muy importante en este instante, pero lo debe tomar con mucha calma y tranquilidad, pues durante todas las visualizaciones del futuro que pude observar y también en el desplazamiento que realizó mi alma esa noche del 31 de diciembre del 2002, en el círculo sagrado de la reserva natural, cuando logré ver el cumplimiento de mi propósito de vida, el universo me permitió canalizar una escena de gran dolor en la cual sentí unas inmensas ganas de llorar y que no pude controlar durante esos momentos de mi vida actual y ustedes me calmaron preguntándome que me había sucedido.

Lo que vi en esa escena fue que yo estaba sentado en la base de un gran monumento en una amplia plaza llena de gente. Se celebraba el día nacional en conmemoración de la “Batalla de Boyacá” que logró definitivamente “La Independencia de Colombia” ante España.

Ondeaban muchas banderas y desde ahí pude ver a un motociclista que se estacionó muy lejos de mí. Era un hombre alto y atlético vestido con un traje negro enterizo y un casco para moto del mismo color cerrado y polarizado. Se acercó a mí, sacó una pistola, apuntó directo a mi corazón, dijo unas palabras que no entendí y disparó en tres ocasiones sobre mi cuerpo. Quedé tirado en el piso en medio de un charcal de sangre. Lo último que vi fue el revoloteo de las palomas que salieron huyendo asustadas por el sonido de los disparos.

Al instante de ver esa escena mi alma se trasladó inmediatamente a otro lugar y no pude observar nada más de lo ocurrido, pues enseguida empecé a ver otras escenas anteriores donde realizaba el proceso de estrategias y trabajos por los cuales logré cumplir mi propósito de vida, sin embargo esas escenas vistas con respecto a mi propósito ya se cumplieron durante estos últimos años, pero la escena donde ese hombre de negro me dispara, creo que suceda posiblemente hoy mismo, pues estoy vestido con el mismo traje blanco y se está conmemorando la "Batalla de Boyacá" que se celebra todos los años el 7 de agosto en Colombia.

-- Debes estar muy pendiente de las señales que vas observando durante el día, -le dijo intranquilo Albert-, y lo mejor es que tan pronto termine el evento de la condecoración, regresemos inmediatamente al hotel y así podrás evitar que se cumpla el acontecimiento presagiado en tus visiones futuras.

- El destino, estimando Albert, está escrito y se cumplirá inexorablemente. A diferencia de lo sucedido en la novela de Gabriel García Márquez, "Crónica de una Muerte Anunciada" donde el protagonista, Santiago Nasar un hombre pacífico e inocente, en ningún momento se entera que lo van a asesinar los hermanos Pedro y Pablo Vicario por venganza.

Sin embargo, todo el pueblo sabía de su muerte anunciada y no hacen nada para evitarlo, cuando en la puerta de su casa pierde la vida en manos de los hermanos Vicario.

Por el contrario, yo tengo la ventaja de saber que un hombre va a atentar contra mi vida. No debo huir de esos sucesos sino afrontarlos con inteligencia, pues por fortuna no llegarán de sorpresa para mí, dándome la posibilidad de crear una estrategia para que ese atentado no quede impune, pues en estos momentos ya sé quién es el hombre que me va a disparar.

Marco Antonio continuó contando a Albert. El viaje que hizo Anna era para prevenirme de un posible atentado contra mí por parte del hombre con el cual me fue infiel, pues como lo demandó por maltrato físico le impusieron una orden de caución para que no se acercara a Anna; entonces la amenazó diciéndole que, si no volvía a estar con él, me asesinaría y también a ella.

Si algo malo me sucede favor proteger a Anna, velar por su cuidado y bienestar sin que nada le haga falta. Hace algún tiempo realicé un testamento donde dejo todos mis bienes a nombre de la reserva natural en caso de llegar a morir, presintiendo que muy pronto se cumpliría esa premonición.

-- Si sabes quién es ese hombre, deberías denunciarlo a la policía. -Dijo Albert-.

- No tengo pruebas de las amenazas y quedaría libre, así podría cometer el delito luego, quedando impune.

Por último, quiero pedirle un gran favor por si llego a morir. No se realizará ninguna velación de mi cuerpo, sino que será sometido a cremación y mis cenizas serán llevadas a Palomino en un pequeño cofre de madera el 31 de diciembre de este año 2003, en una ceremonia ritual sagrada con mis seres queridos y los “Mamos” de las diferentes tribus indígenas de la “Sierra Nevada de Santa Marta”.

Todos los asistentes irán vestidos de blanco y descalzos caminando por la playa del antiguo imperio Tayrona, hasta llegar a la desembocadura de las aguas dulces del río que se mezclan con las aguas saladas del mar, mis cenizas irán en el cofre de madera y allí serán esparcidas sobre el río Palomino, en donde une su caudal con el océano Atlántico para volver a ser parte de la naturaleza.

En esos momentos abrazó muy fuerte a Albert diciéndole que lo quería mucho, que le agradecía su amistad incondicional y por todos los buenos consejos con las sabias enseñanzas que le había impartido desde que se conocieron y que muy pronto se volverían a ver en otra reencarnación. Prefería que no le dijera nada a Angelita, porque la pondría muy triste y deseaba que estuviera muy feliz al verlo condecorado con la "Orden de Boyacá”.

La ceremonia se realizaría a las diez de la mañana y ya se habían pasado las ocho de la mañana. Se dispusieron a salir para acompañar a Anna al automóvil y ellos tomar el rumbo hacia el “Palacio de Nariño” que quedaba a solo unas pocas cuadras del hotel.

Después de asegurarse que todo estaba bien en el trayecto al parqueadero, Marco Antonio se despidió de Anna con un fuerte abrazo diciéndole que las cosas marcharían mejor de ahí en adelante y que contara con la amistad de Albert y Angelita por siempre. Ella le agradeció por haberla escuchado y permitir una reconciliación entre ellos, además le pidió que por favor se cuidara mucho, que siempre lo llevaría en su corazón.

Después que ella emprendió el viaje, salieron directo hacia el “Palacio de Nariño” ubicado en el centro histórico de la capital en la calle séptima entre carreras séptima y octava en el sector de la Candelaria y construida en el año de 1906, con un estilo arquitectónico neoclásico de líneas greco-romanas, revestido con piedra labrada y tallada como símbolo de poder y fuerza del gobierno colombiano,

En “La Plaza de Armas del Palacio de Nariño”, antes de la ceremonia de condecoración se realizó un recibimiento con todos los honores militares brindado por el “Batallón Guardia Presidencial”, luego ingresaron al interior del recinto dando inicio a la ceremonia privada para imponer la "Cruz de Boyacá" con la presencia del presidente de la República de Colombia como "El Gran Maestre", algunos ex presidentes, altos mandos gubernamentales y personalidades de los sectores empresariales, militares y medios de comunicación más importantes del país.

Después de escucharse el “Himno Nacional de la República de Colombia”, "El Gran Maestre" se dirigió a todos los presentes dando la bienvenida a los ex presidentes, los altos mandos del gobierno, militares, importantes personajes del sector empresarial, de los medios de comunicación, invitados especiales y honoríficamente a Marco Antonio. El presidente de la República dijo que ese día era muy importante para la nación colombiana, pues se conmemoraba “La independencia de Colombia” y en esa fecha se otorgaba la "Orden de Boyacá" que es la máxima distinción concedida para exaltar la labor de ciudadanos comprometidos con dejar en lo alto el nombre de la patria en el mundo. Pronunció las palabras que llenarían de gran orgullo al hombre que perseveró con gran emprendimiento y gestión en favor de muchas personas en el mundo. El orador dijo:

Marco Antonio De los Santos Varón, reciba la "Cruz de Boyacá", como una demostración de que la nación colombiana honra a sus mejores hombres como un ejemplo para todos los colombianos, siendo un reflejo de la patria como un ciudadano universal que lleva los tres colores de la bandera de Colombia, ondeándolos con orgullo en sus propósitos artísticos, culturales y ambientales por todo el planeta, demostrando su capacidad estética con grandes virtudes de creatividad, emprendimiento y cultura basadas en los principios del amor por la humanidad y la naturaleza.

El presidente de Colombia tomó en sus manos un lujoso estuche negro con unas inscripciones en letras doradas que decían "República de Colombia" “Orden de Boyacá”, “Grado Cruz de Plata”. En el interior contenía una emblemática medalla con “La Cruz de Malta” de 44 milímetros en esmalte azul y borde de oro, sobrepuesto también en oro un círculo central en el anverso, en el contorno la efigie de Simón Bolívar y la frase "Orden de Boyacá" y en el reverso sobre el círculo de esmalte azul la leyenda "República de Colombia" también en oro.

"El Gran Maestre" realizó la entrega diciendo: La República de Colombia os confiere, en el grado de “Maestro en Bellas Artes” la "Orden de Boyacá", creada por el libertador Simón Bolívar para premiar los esfuerzos y sacrificios de los próceres, su nombre perpetúa la gloriosa batalla que selló “La Independencia de Colombia".

Además, se hizo entrega del diploma que acredita la concesión de la “Orden de Boyacá”. Marco Antonio con inmensa felicidad recibió la medalla en manos del presidente de la República de Colombia, agradeció su enorme gesto por otorgarle esa valiosa distinción honorífica y se dirigió a todos los presentes diciendo que estaba totalmente agradecido con la vida por permitirle encontrar mediante el servicio incondicional a sus semejantes con gestiones artísticas, culturales y ambientales, un verdadero propósito de vida para el beneficio de la humanidad, dejando un buen legado como ejemplo a seguir por las futuras generaciones, exaltando los colores patrios de Colombia en el mundo, teniendo en cuenta que "entre más dieran las personas incondicionalmente más recibirían en abundancia, para mantener el universo exaltado de amor verdadero".

Después de la condecoración se realizó un brindis. Marco Antonio charló con algunas personas y altos mandos militares, entre ellos estuvo hablando en privado con el director de la policía nacional. Luego se hizo un anuncio por parte del alcalde de Bogotá para que en compañía de muchos de los asistentes se desplazaran a “La Plaza de Bolívar” e hicieran presencia en “La Catedral Primada de Colombia”, "La Basílica de la Inmaculada Concepción de Bogotá", para asistir a una misa en conmemoración de “La Independencia de Colombia”.

Allí, en “La Plaza de Bolívar”, se llevarían a cabo los eventos culturales y sociales. En el centro de la plaza, destacaba la estatua en bronce del libertador Simón Bolívar, monumento que fue instalado en 1846.

El alcalde informó que saldrían a las once y media de la mañana y caminarían solamente tres cuadras hasta “La Plaza de Bolívar” escoltados por uniformados militares del “Batallón Presidencial” para asistir a la misa.

Claudio, se despertó exaltado y furioso por quedarse dormido. Se enteró por la televisión que Marco Antonio se encontraba en la ceremonia de condecoración de la "Orden de Boyacá" en el “Palacio de Nariño” y por consiguiente Anna ya debía haber viajado a Ibagué.

Decidió descargar su ira planeando vengarse, asesinando a Marco Antonio tan pronto saliera del “Palacio Presidencial”. Había un inconveniente para su propósito: no podía ingresar a ese sector con la camioneta por estar cerrado el paso para vehículos y al estar muy custodiado ese lugar tendría dificultades para huir.

Entonces tuvo una idea: ir a un concesionario de motocicletas de alto cilindraje para comprar una nueva y el traje respectivo, incluido el casco.

Adquirió una moto enduro que pudiera transitar por andenes y toda clase de obstáculos para poder ir por cualquier tipo de calle o vía de escape aprovechando que era un experto piloto de motociclismo, además por ser una motocicleta nueva se la entregaron sin placa para matricularla días después.

Todo lo tenía bien preparado y escaparía sin dejar ningún tipo de rastro, pues no lo reconocerían por el casco cerrado y polarizado, con el traje negro enterizo de cremallera. Cambiaria luego la moto por la camioneta y se despojaría fácilmente de su vestuario para volver a su ciudad de origen.

Claudio llegó al sector del “Palacio de Nariño” antes de las once y media de la mañana, esperó a que salieran los invitados para abordar a Marco Antonio, dispararle como un sicario y huir en la moto. No previó el hecho de que los invitados salieran todos escoltados por militares armados del “Batallón Presidencial” dirigiéndose hacia “La Plaza de Bolívar” donde había gran congregación de personas para asistir a la misa del medio día en “La Basílica de Bogotá” y luego presenciar los actos culturales en “La Plaza Mayor”.

Albert le insistió a Marco Antonio que regresara nuevamente al hotel y se quedara todo el día y la noche dentro de ese establecimiento para así evitar cualquier tragedia. La respuesta fue la misma que le dio horas antes: afrontaría el destino tal como lo había observado en sus visiones del futuro, pero con una diferencia que no lo tomaría de sorpresa.

Caminaron durante tres cuadras escoltados por los militares, cuando llegaron a “La Plaza de Bolívar”, atravesaron por el centro de ella para ingresar a “La Catedral Primada”. Justo en el momento que pasaron por el frente de la estatua de Simón Bolívar, volaron varias palomas por entre la multitud.

Marco Antonio sintió un “déjà vu” y le dijo a Albert que había llegado el momento y no los expondría a ellos al inminente peligro. Lo abrazó diciéndole que no fuera a llorar, que lo quería mucho y también abrazó a Angelita, expresándole que se iba a quedar durante unos minutos en aquel monumento de Simón Bolívar para realizar una llamada por el celular y que continuaran hacia “La Basílica” para escuchar la misa. Después se volverían a ver y les repitió que los quería mucho, entonces Angelita dijo que notaba algo extraño en Marco Antonio, despidiéndose de él y dirigiéndose con Albert y el resto de personas hacia “La Catedral Primada”.

Marco Antonio se sentó en la base de aquella emblemática estatua del libertador para realizar una llamada por celular, sin ninguna protección de los escoltas militares del “Batallón Presidencial”. Observó cómo varias personas pasaban por enfrente suyo ondeando las banderas del tricolor nacional. Esos colores, amarillo, azul y rojo, producían en él un gran sentimiento de orgullo patrio. Recordó que, durante gran parte de la historia de Colombia, se habían dado muchos hechos de injusticia y violencia que quedaron impunes para siempre; pero ese no sería el caso en los acontecimientos que sucederían muy pronto, pues no permitiría que Claudio se saliera con la suya, huyendo de ese sector para luego ir a buscar a Anna y también quitarle la vida.

Realizó una llamada al celular del director de la policía nacional, informándole que ya se encontraba ubicado en el sitio donde un hombre atentaría contra su vida, pues cuando habló en privado con él en el “Palacio de Nariño”, le informó que un hombre de traje y casco negro que se movilizaba en una moto de alto cilindraje tipo enduro, realizaría un atentado contra su vida. Que no lo fueran a detener antes, porque se iría del sector. Deberían sorprenderlo en el momento de los hechos, porque de lo contrario no habría pruebas para enviarlo a la cárcel.

El director de la policía desplegó sus unidades de vigilancia por el sector en espera que apareciera el motociclista, sin levantar ninguna sospecha para no asustarlo y así atraparlo con las manos en la acción.

Luego de unos minutos Marco Antonio se percató que a lo lejos llegó un hombre vestido de negro y en una moto de alto cilindraje. La dejó parqueada y lista para la huida por una de las calles que estaba más despejada.

Se fue acercando entre la multitud con el casco puesto y se dirigió directamente a Marco Antonio. Antes de llegar donde él estaba, sacó una pistola y apuntó contra él. Marco Antonio lo miró y sin ningún temor le dijo en voz alta:

- ¡Claudio usted no se saldrá con la suya!... Está rodeado por la policía y también está siendo grabado por todas las cámaras de seguridad de “La Plaza Mayor”. Ahora sí lo van a atrapar con las pruebas suficientes para encerrarlo durante mucho tiempo en la cárcel.

Sorprendido al escuchar las palabras de Marco Antonio, miró a su alrededor y vio a varios policías que se encontraban rodeando el lugar. Entonces le gritó en estado de esquizofrenia y odio…

-- ¡Jamás le perdoné haberme hecho sentir tanto miedo de morir!, cuando me apuntó con su pistola en aquella noche que me sorprendió con Anna y Martina. ¡Eso jamás lo olvidé!, porque me tocó implorarle que no me matara. Así esté rodeado por policías de todos modos lo mataré. Entonces, también usted suplique y ruegue como lo hice yo. Luego escaparé e iré a matar a Anna con torturas inimaginables.

- ¡Jamás le rogaré ni le imploraré por mi vida!, porque el único que se encarga de determinar quién vive más tiempo o menos tiempo es el mismo universo. -Dijo Marco Antonio-.

¡Ruegue!... ¡Suplique!... -Gritaba el hombre-.

Claudio enfurecido al no escuchar las palabras de súplica, disparó en tres ocasiones al corazón de Marco Antonio, quien cayó al suelo de “La Plaza de Bolívar”.

Su elegante traje blanco, se fue volviendo color rojo por la sangre que salía de las heridas. Sobrevolaron el lugar un gran número de palomas por la detonación de los disparos, pasando por encima de la estatua del libertador Simón Bolívar.

Tan pronto se escuchó los disparos la gente asustada, empezó a correr de un lado para otro. Claudio aprovechó la confusión generada por el caos para llegar hasta la moto con la certeza de que los uniformados no podrían disparar por el riesgo de herir a otra persona. Emprendió la huida por las diferentes calles del sector sabiendo que ya no podría ir por la camioneta, sino huir a un lugar lejano y esconderse hasta el día siguiente, para luego regresar a Ibagué y asesinar a Anna.

La policía inició la persecución de él en motocicletas y camionetas, pero cada vez el asesino se alejaba saltando diferentes andenes en su poderosa moto. Cuando llegó a una transitada avenida se cruzó al carril contiguo en contravía a gran velocidad sin ser alcanzado por las patrullas policiales, luego tomó la “Avenida El Dorado” adentrándose al “Parque de la Independencia”.

Se escondió entre los grandes árboles de pinos, acacias, eucaliptos, cauchos y palmas de cera que le permitieron perder de vista a la policía.

Luego de algunos instantes volvió a emprender la huida para salir de la ciudad de Bogotá por la “Avenida Circunvalar” hacia la población de Cajicá y perderse luego en la población de Tenjo.

Aceleró a gran velocidad por esa rápida “Avenida Circunvalar”, cruzó paralelamente los cerros orientales hasta llegar a la calle 92 y continuó por la carrera séptima, ya se acercaba al punto donde se desvía para Chía y Cajicá, en la salida por el norte de la capital, estaba convencido de haber eludido absolutamente a la policía y se reía de haber logrado asesinar a Marco Antonio tan fácilmente a pesar de todo el cerco policial que estaba presente en ese sector.

La velocidad a la que se desplazaba superaba los 140 kilómetros por hora. De repente, se encontró de frente con un gran retén de la policía atravesada en la vía y sin ninguna vía de escape.

Hizo caso omiso de la orden de detenerse y aceleró la moto pasando por encima ellos en una intrépida y acrobática maniobra aérea de motocross, usando como rampa un antiguo automóvil escarabajo que se encontraba parqueado a un costado de la carretera.

Los agentes reanudaron la persecución siguiéndolo por la autopista que conducía a Cajicá. Los vehículos policiales dieron alcance a Claudio, él sacó la pistola y comenzó a disparar hacia los uniformados, quienes también respondieron impactando el cuerpo de aquel maleante, que por las heridas perdió el equilibrio y se fue directamente a estrellarse contra un vehículo tracto camión de carga pesada que transitaba por el lugar. El cuerpo quedó totalmente destrozado.

Mientras tanto en el lugar de los hechos, en “La Plaza de Bolívar”, la gente continuaba conmocionada y asustada porque se había presentado un atentado con arma de fuego. Albert abrazó muy fuerte a Angelita y le dijo que debían irse rápido para el hotel, pues parecía que algo malo había ocurrido.

Salieron inmediatamente de “La Catedral Primada”. A lo lejos se escuchaba ulular la sirena de una ambulancia. Había patrullas de policía por todo el sector.

Albert no quería que Angelita se enterara todavía de la mala noticia. Los medios de comunicación informaban acerca de los hechos ocurridos en “La Plaza de Bolívar” de Bogotá. Decían que el artista Marco Antonio, sufrió un atentado con arma de fuego poco después de recibir la condecoración de “La Cruz de Boyacá". La noticia se estaba transmitiendo en directo a nivel nacional e internacional.

Cuando Anna llegó a su casa se enteró por la televisión de la terrible noticia, y decidió regresar inmediatamente a Bogotá. Le era imposible conducir debido a su gran nerviosismo, entonces decidió viajar de regreso en el primer vuelo que saliera hacia la capital.

Albert le dijo a Angelita que se quedara tranquila descansando en la habitación que él iba a buscar a Marco Antonio. Aunque ya se imaginaba el desenlace de aquellos hechos, no paraba de mirar los noticieros que repetían sin cesar las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad del atentado en aquella gran plaza y las escenas en las que la ambulancia se hacía presente y se llevaban el cuerpo de Marco Antonio, bañado en sangre para el hospital más cercano.

Los noticieros anunciaban el nombre del hospital al que había sido trasladado el cuerpo de su amigo. Tomó un taxi que lo llevo hasta el centro de salud. Había a la entrada gran cantidad de periodistas y preguntó a uno de ellos qué se sabía de la salud del hombre que había sufrido el atentado.

Le dijeron que había sido herido de mucha gravedad, pero que aún continuaba con vida. Que en esos momentos se encontraba en el quirófano sometido a varias cirugías para tratar de salvarlo.

Regresó al hotel y decidió hablar con Angelita para contarle la realidad sobre lo que le había ocurrido a Marco Antonio. Le pidió que estuviera en calma, pues Marco Antonio seguía vivo y había muchas esperanzas de que se pudiera salvar.

Le dijo que juntos permanecerían en el hospital implorando al universo para que los médicos hicieran el mejor trabajo para mantenerlo con vida.

Anna se comunicó con Albert y él se encargó de contarle todo lo ocurrido. Le dijo el nombre del hospital donde estaba Marco Antonio en el que se reunirían tan pronto ella llegara.

Luego de varias horas de cirugía uno de los médicos salió a la sala de espera preguntando quienes eran los familiares de Marco Antonio. Se presentaron como su familia y el médico los llevo a una pequeña sala para enterarlos de las condiciones del paciente sin que la prensa se enterara de lo que les iba a informar.

Parece un milagro que el herido no haya muerto instantáneamente, -empezó diciendo el galeno-, pues la primera bala le perforó el pulmón izquierdo; la segunda alcanzó a dañar algunas arterias del corazón, motivo por el cual casi se desangra. Pero, lo más asombroso fue que la tercera bala, que hubiese atravesado su corazón causándole la muerte de inmediato, fue detenida por la medalla que recién le habían entregado. Estaba incrustada aún en el estuche, dentro del bolsillo interno izquierdo del saco de su vestido y ese proyectil por poco le quita la vida.

Marco Antonio estaba en cuidados intensivos, pues su estado era crítico. Permanecía inconsciente y todos estaban a la espera de su reacción a las múltiples cirugías que le habían practicado.

El médico les dio pocas esperanzas de vida por las múltiples y delicadas operaciones. Les dijo que solo permitiría la entrada de una sola persona para que lo viera, y que, aunque aún estaba vivo, las posibilidades de que sobreviviera eran muy pocas. Solo quedaba orar por él. -Les dijo-.

Anna les suplicó a Albert y Angelita que por favor la dejaran entrar a ella. Anna ingresó a la sala de cuidados intensivos y observó a Marco Antonio inconsciente conectado a un respirador artificial y a varios aparatos enganchados a su cuerpo.

Anna tomó una de sus manos y se acercó para decirle: Te amo demasiado mi amor desde mucho tiempo atrás y por siempre te amaré en todas las vidas futuras que juntos viviremos. Tú me dijiste que observaste en algunas visiones de tu regresión, el sacrificio que hizo mi alma, planteándome un duro objetivo propuesto antes de nacer a esta vida actual, renunciando al gran amor que sentimos mutuamente como pareja, para que tú pudieras lograr tu propósito de vida evolucionando tu alma y en las mismas frecuencias y vibraciones de mi alma evolucionada. Ahora ambos estamos compartiendo el mismo plano existencial de ondas vibratorias como almas gemelas, como pareja, entonces tú puedes decidir quedarte un poco más de tiempo en la tierra compartiendo conmigo, también con Albert y Angelita de esos grandes logros en beneficio del planeta y la humanidad. ¡Quédate amor! Te amo con toda mi alma y mi corazón. -Suplicó-.

Transcurrieron unos meses desde el día que Anna le habló a Marco Antonio durante su estadía en la unidad de cuidados intensivos.

Ella estaba vestida de blanco y descalza caminando por la arena de la playa del “Antiguo Imperio Tayrona” en Palomino, La Guajira, un 31 de diciembre de 2003.

Junto a Anna, vestidos también de blanco y descalzos Albert, Angelita y Mariana con su hija y su esposo. Donaldo y su familia, Camilo Arturo, Federico y varios "Mamos" con una delegación de cada una de las diferentes culturas indígenas de la región: los Koguis, los Wayuu, los Wiwas, los Arhuacos y los Kankuamos, seguidos por el gato blanco “Chonguito”.

Todos se dirigían a la desembocadura del río Palomino. Los acompañaba un hermoso atardecer.

Al final del camino que se transitaba, en el punto donde se encontraba el río con el mar, estaban enterrados dos mástiles de dos metros de altura. Uno en cada sector del río y del mar, con una antorcha colocada en la parte alta y que producía un fuego intenso.

Albert avanzaba con la frente en alto mirando aquel maravilloso atardecer y en sus manos llevaba un pequeño cofre de madera. Angelita, Mariana, y Anna dejaban caer por sus mejillas algunas lágrimas a medida que avanzaban hacia el sitio preferido por Marco Antonio, el mismo que visitaba siempre que estaba en Palomino.

Todos guardaron silencio mientras contemplaban el bello atardecer. Albert rompió el silencio para leer en voz alta uno de los escritos que Marco Antonio había compuesto en tiempos anteriores en ese territorio sagrado…

Arrastre de paz

Lágrimas de eternidad, recorrían tus pupilas

Bajo un manto azul, cargabas el peso del tiempo

Con olivos de victoria, arrastrabas la humanidad

Especies en decadencia, su extinción evitabas

Ondeadas de paz, iluminaban tu aurora

Los colores del amor, vestían tu ser

La evolución perene, un cambio anunciaba

Profecías escritas, perseguían el destino

La historia del hombre, en pergaminos de viento

Enseñanzas y aprendizajes, profesabas al cielo

Sin deseos de recompensa, tu alma entregabas

La naturaleza sublime, con cantos de sabiduría

Un futuro incierto, presagios de luna

Amaneceres eternos, con propósitos de vida

Luego Albert sostuvo en alto el pequeño cofre de madera mientras unos indígenas Wayuu, tocaban sus tambores y los sonidos viajaban en la brisa.

En el río una canoa se movía lentamente arribando a la orilla de la playa, llevando en su interior a un hombre vestido de blanco que dejaba escuchar su voz para dar las gracias al grupo que le estaba acompañando, para celebrar la ceremonia ancestral que estaba sucediendo.

Una mujer se acercó a la canoa y acompañada por el hombre se dirigieron hasta el grupo congregado en ese lugar.

Albert abrió el cofre que contenía dos hermosas pulseras adornadas con “Kanaas”, las figuras geométricas ancestrales que son símbolo de la cosmogonía Wayuu.

Los recién llegados se pararon frente a Albert mientras él decía unas palabras sabias: "Que el universo sea el único encargado de separarlos y unirlos nuevamente para siempre en un amor eterno". -Los declaró esposos-.

En lugar de anillos cada uno colocó una pulsera en la muñeca del otro, para unir su amor incondicional por el tiempo que el universo lo determinara. Albert pidió un fuerte aplauso para los nuevos casados y les deseó los mejores augurios diciendo que sellaran ese sincero compromiso de amor con un beso que los uniera para siempre.

Los contrayentes eran Marco Antonio y Anna. Marco Antonio había logrado vencer a la muerte y decidió vivir unos años más con sus seres amados.

Las lágrimas de las mujeres no eran de tristeza sino de felicidad. El sonido de los tambores viajaba en el viento como llevando la buena nueva a todos los rincones de aquella tierra amada.

Marco Antonio y Anna, sellaron su amor con un beso.

FIN.