NUEVOS CAMBIOS
CAPITULO XVII.
NUEVOS CAMBIOS.
Los primeros destellos de luz iluminaban la cabaña. Los cantos de los pájaros se colaban hasta donde se encontraban descansando Marco Antonio y Mariana. Desde aquel sitio se podía observar la fenomenal panorámica de la Sierra Nevada totalmente despejada. Pasaban volando las guacamayas con sus bellos y variados plumajes.
Era un gran día para los dos. A medianoche terminaría ese 1997; un año de muchos cambios, enseñanzas e inigualables vivencias. Empezaría uno nuevo, lleno de expectativas, de transformación e iluminación en su nuevo caminar por la vida, y juntos terminarían e iniciarían ese proceso de renovación.
- Cada vez me enamoro más de ti; -le dijo Mariana-, sin embargo, me da mucho miedo que suceda eso, porque no quiero tener el corazón roto por desengaños.
-- Si tienes temores, entonces vivamos el momento sin pensar en el futuro, dejemos que los hechos nos muestren el camino que debemos tomar juntos. Fue la respuesta de Marco Antonio y refrendó sus palabras con un fuerte abrazo.
En la noche, junto con Albert y Angelita se fueron a la playa en la que se realizaría un evento pirotécnico para festejar la llegada del nuevo año 1998.
La fiesta estuvo amenizada por un grupo de reggae, comida típica, y un ambiente inolvidable. Fue una noche maravillosa de regocijo y felicidad.
Las semanas siguientes estuvieron juntos compartiendo agradables momentos disfrutando de los paisajes de la Sierra Nevada, jugando en el mar, descansando en la playa, y aprovechando todo lo que aquel entorno ofrecía: el río, el bosque, las guacamayas, los tucanes, los pájaros, las garzas, las gaviotas, los monos, los cangrejos y la magia que entregaba la reserva natural.
Llegó la hora de que Mariana regresara a Bogotá, dejando nuevos amigos y a su querido amor en tierras Tayronas.
Marco Antonio continuó pintando en la playa y viviendo una tranquilidad inigualable, comercializando sus obras en los hoteles de Santa Marta y Cartagena, pero algo muy adentro de su ser, le decía que debía hacer algo más para generar una evolución de su alma.
Cuando llegó el mes de abril de 1998, Marco Antonio llamó a Mariana para decirle que viajaría por aquellos días a Bogotá para visitarla y quedarse con ella durante toda la semana santa. Temporada en que la gente de la capital se va para las playas y queda la ciudad más tranquila.
Mariana lo esperó en el aeropuerto y ambos se saludaron con muestras de felicidad ante el nuevo encuentro que avivó esa llama de emociones y sensaciones que sentían.
Cuando llegaron al apartamento Marco Antonio se llevó una grata sorpresa, todo el lugar estaba decorado con mensajes de bienvenida y algunas fotografías de los dos en los lugares recorridos durante el paseo a la costa Atlántica.
Luego de degustar una comida juntos, decidieron tomarse unos vinos para planear lo que harían esa semana. Acordaron que al día siguiente visitarían algunos museos de la capital.
Muy temprano en la mañana, iniciaron su itinerario cultural visitando el "Museo del Oro", ubicado en el barrio de la Candelaria en el parque Santander. El lugar abrió sus puertas por primera vez en el año 1939. El catálogo que les dieron decía que poseía la más grande colección de orfebrería prehispánica y alfarería de culturas indígenas precolombinas, con piezas en oro y en "Tumbaga”, un material de oro mezclado con plata y cobre. Poseía aproximadamente 60,000 objetos de la época prehispánica, con maravillosas esculturas y joyas como "La Balsa Muisca" que hacía alusión a la leyenda de "El Dorado".
Cuando terminaron el recorrido se fueron al “Museo Iglesia Santa Clara", que dio al servicio como museo en 1983. Está ubicado en el Centro de Bogotá en el antiguo y tradicional barrio de la Candelaria, al lado del Capitolio, lo que le hacía un sitio muy fácil de encontrar. Inicialmente fue un convento construido en el año 1647, las decoraciones en los techos y las esculturas eran del periodo barroco. Las pinturas y esculturas eran una gran muestra del extraordinario arte religioso. Los bellos murales contrastantes con el sobrio exterior de su arquitectura.
Cuando el hambre acosó, se fueron a un típico restaurante capitalino para probar una de sus especialidades: “Ajiaco Santafereño", que es el plato más emblemático de la ciudad de Bogotá y que para muchos turistas europeos, lo consideran uno de los mejores platos gastronómicos de Hispanoamérica.
Era usual que se vendiera en lugares aledaños a las principales iglesias, como una sopa típica de diferentes zonas de América Latina. Como en Chile, su preparación se hace con carne de lomo, papas, huevo, cebolla, zanahoria, comino y orégano, sin embargo, en Colombia es solo a base de pollo y algunas variedades de papa.
Continuaron con su paseo y visitaron uno de los más importantes sitios de Bogotá: el "Museo Nacional", uno de los más antiguos de América. Fue inaugurado en el año 1823, poseía diecisiete salones de exposición permanente distribuidos en tres pisos. Antiguamente en aquel edificio funcionó una penitenciaría.
En la actualidad es un recinto que conserva la historia y el patrimonio cultural de Colombia. Además, entre sus exhibiciones guarda más de 2.500 obras del periodo prehispánico, con las diferentes manifestaciones culturales del país.
A mitad de la tarde llegaron al último lugar que visitarían. El “MAMBO" "Museo de Arte Moderno de Bogotá", ubicado en el barrio "Las Nieves" en el centro de la capital. En el año de 1953 fue su inauguración y en sus salas de exposición exhibe obras de arte moderno de artistas colombianos, europeos, de América Latina y Norteamérica. Hay esculturas, pinturas, instalaciones y fotografías, además expone obras de finales del siglo XIX a la actualidad. Hay muestras de grandes pintores como Pablo Picasso, Salvador Dalí; serigrafías de Andy Warhol, obras muy destacadas. Cuenta también con una gran biblioteca sobre arte y en ocasiones se realizaban talleres y tertulias académicas para el público visitante.
Precisamente en esos instantes estaba finalizando una tertulia de arte con varias personalidades destacadas de la plástica colombiana y algunos galeristas importantes.
Cuando Marco Antonio se acercó con Mariana a observar aquella reunión, vio que quien estaba dirigiéndose al público era su antiguo amigo y artista ecuatoriano Camilo Arturo, quién años atrás, le inició en el campo del arte.
Marco Antonio y Mariana esperaron a que se terminara la reunión para saludar a Camilo Arturo. Le indagó a Marco Antonio por su vida y le manifestó la extrañeza de que luego de su viaje por Suramérica no había vuelto a tener noticias suyas.
Marco Antonio le presentó a Mariana y le contó lo que había vivido durante ese tiempo, además lo que estaba realizando ahora en la costa Atlántica, también le enseñó su currículum artístico y las fotografías de sus nuevas obras. Camilo Arturo decidió aprovechar que estaban presentes en ese museo algunos de los mejores galeristas para presentarlo con ellos.
Entre las personas que Camilo Arturo le presentó, había grandes personalidades de la plástica colombiana.
El director de una de las mejores galerías de la capital observó el currículum, vio las fotografías de sus obras y quedó sorprendido de conocer su trabajo. Le dijo que hacía algunos meses estuvo en unas ferias de arte en Ecuador, Perú y Argentina, y allí había visto sus obras, las que generaron en él una gran admiración. Se enteró que eran de un artista colombiano, pero no lo conocía, hasta ese momento.
Después de dialogar por un buen rato le propuso a Marco Antonio, que expusiera sus obras en su galería en Bogotá. Sería una exposición individual y patrocinada totalmente por su entidad. Tendría publicidad en medios de prensa y televisión durante el tiempo que duraría la exhibición de la muestra.
Marco Antonio sin dudarlo aceptó. Quedó de verse al día siguiente con el galerista para conocer las instalaciones y las salas de exposiciones donde exhibirían sus obras.
Luego de despedirse de su amigo y del galerista, Marco Antonio comentó con Mariana la felicidad de aquel importante encuentro y de la gran oportunidad para mostrar su obra.
Al día siguiente asistieron a la cita. Se llevaron una agradable sorpresa por la ubicación del lugar, la arquitectura del sitio y el prestigio de la galería. Acordaron términos y condiciones para la exposición que fue programada para todo el mes de julio, lo que le daría tiempo para retirar las obras que tenía en Santa Marta y Cartagena, que sumadas a las que había realizado completaba unos treinta cuadros, suficientes para la exposición en la galería.
Aquello le obligaba a permanecer mucho tiempo en Bogotá. Esa semana estuvieron buscando un apartamento para irse a vivir allí y tener la posibilidad de tener su propio taller y aunque Mariana le había ofrecido que se fuera a vivir en el apartamento de ella, Marco Antonio dijo que era mejor seguir con la buena relación que llevaban, cada uno viviendo por su cuenta.
Llamó a Albert y le contó lo sucedido. Le dijo que regresaría a Palomino después de semana santa para retirar las obras y trasladarlas para Bogotá.
Marco Antonio y Mariana se dedicaron a comprar lo necesario para amoblar el lugar en el cual él se alojaría durante esos próximos meses. Compraron solamente lo necesario: un sofá cama, una gran hamaca, una nevera, una lavadora, un televisor, un DVD y una silla con un caballete para pintar.
Regresó a Palomino donde Albert y Angelita, allí estuvieron recordando todos los momentos que había compartido en ese maravilloso lugar.
Cuando llegó el momento de partir para Bogotá, la despedida con Albert y Angelita les produjo gran tristeza, pero prometió regresar a visitar a quienes consideraba su familia. Sus amigos le recordaron que esa era siempre su casa y que sería bienvenido cuando deseara visitarlos.
En la capital, Mariana lo esperaba en el aeropuerto para llevarlo a su apartamento. Acomodaron las obras y el equipaje, en eso se le fue el día. Cuando llegó la noche Mariana le dijo a Marco Antonio que se quedaría a dormir con él.
Así fueron transcurriendo los días. Marco Antonio dedicado a pintar y Mariana constantemente le visitaba y se quedaba a dormir con él. La relación armónica y placentera para ambos, sin ningún inconveniente que afectara el acuerdo que habían realizado.
A mediados de junio comenzó a escucharse en la radio y a verse en la televisión, la publicidad que anunciaba la exposición de Marco Antonio. Con alguna regularidad lo invitaban a entrevistas de promoción, y su imagen ocupó las portadas de periódicos y las pantallas de la televisión.
El 3 de julio de 1998 llegó el momento esperado. Aquella noche se realizó la inauguración de la exposición con las obras de Marco Antonio.
Mariana y él llegaron muy elegantes al evento y para su sorpresa en el lugar destacaban algunas figuras de la televisión, importantes críticos de arte, pintores de reconocida trayectoria, cantantes, actores, gente destacada del llamado Jet Set capitalino. Las ventas realizadas pusieron el broche de oro a la noche.
La exposición cada día era muy visitada, y a mediados del mes se habían vendido todas sus obras. Era un éxito total.
Uno de los compradores resultó ser el director de una asociación de artistas internacionales que realizaban exposiciones en Europa, Estados Unidos y Suramérica. Se reunió con Marco Antonio y lo invitó a pertenecer de este selecto grupo de artistas que él representaba mundialmente. Le ofreció llevarlo a exponer en España, Italia y Francia para el mes de octubre de aquel año.
Quería exponer en Europa, pero no esperaba que la oportunidad se presentara tan pronto. Su aceptación a la propuesta hecha por aquel hombre estaba asegurando la realización de su sueño de exponer en el viejo continente.
Mariana felicitó a Marco Antonio y le recordó que no era casualidad, ni por arte de magia que se le presentaran esas nuevas oportunidades. Era el fruto de su trabajo, de la evolución y transformación del talento artístico que tenía.
Aquella propuesta cambiaba sus planes de regresar a Palomino. Se comunicó con Albert y le dio la noticia de su próxima exposición en España, Italia y Francia, también le contó que se veía obligado a continuar en Bogotá.
Albert lo felicitó por sus logros y el éxito profesional que estaba alcanzando. Le recordó algunas charlas que tuvieron en la reserva natural, sobre los sucesos que había visto del tiempo futuro y que fueron canalizados por él en algunos espacios de meditación. Tenía conocimiento del progreso profesional que gozaría en su vida y que muy pronto empezaría a tener un despertar oculto de conocimientos que lo llevarían a realizar grandes manifestaciones positivas en el propósito de vida, propuesto por él mismo en su estadía en la tierra.
Cuando llegó el mes de septiembre de 1998, envió las obras para los países en los cuales expondría en Europa.
Fue contactado por una importante fundación para incluirlo en el calendario de pintores colombianos que se realizaría para el año 1999, en el que se incluiría una de sus obras. Era una magnífica oportunidad de estar compartiendo ese calendario con los más destacados artistas de la plástica colombiana.