PARAÍSO ANCESTRAL

CAPITULO XVI.

PARAÍSO ANCESTRAL.

Albert le dijo a Mariana que esos días que estuviera allí, conocerían varios lugares de la península. Le indicó que el río Palomino es el límite que separa los dos departamentos del Magdalena con el de La Guajira y a partir de allí, en ese territorio, inicia la península de La Guajira que se divide en tres subregiones la alta, la media y la baja Guajira.

Cuando llegaron a la reserva natural, Marco Antonio saludó a Angelita y le presentó a Mariana. Se quedaron conversando mientras Albert y él descargaban los paquetes con las compras que hicieron en Santa Marta.

Luego Marco Antonio y Mariana fueron a la cabaña para que ella se instalara y después recorrieron la reserva natural terminando en el círculo sagrado y allí juntos realizaron una meditación de agradecimiento al universo por volverlos a reunir en esas fechas especiales y significativas para el alma.

Sin estar casados, -dijo Mariana a manera de reflexión-, estos días viviremos una maravillosa luna de miel llena de encanto y libertad, pues siento que, al no tener ningún compromiso, seremos amantes sin que existan celos, dudas y temores; solamente viviremos los momentos de "el aquí y el ahora". Este tiempo será muy valioso para conservar bellos recuerdos de un amor sin contratiempos y condiciones.

En la mañana Marco Antonio la llevó a que disfrutara de las experiencias ya vividas por él en el río Palomino. Practicaron el "Tubing", Mariana estaba muy feliz de experimentar algo que no había realizado en su vida, una actividad muy sencilla, pero espectacular.

Almorzaron en un restaurante típico costeño: pargo rojo, sierra, arroz con coco y patacón. En la tarde alquilaron dos tablas de surf y estuvieron gozando del mar.

En la cabaña, Albert les dijo que el día siguiente partirían en un viaje de tres días por algunos de los más importantes lugares de La Guajira.

Angelita les tenía preparada una gran cena. Durante el resto de la noche estuvieron departiendo junto con Albert y su esposa y secundados por los cariñosos ronroneos del "Chonguito", que buscaba amparo en las piernas de Mariana.

Al día siguiente Albert, Marco Antonio y Mariana emprendieron viaje hacia el norte de la península de La Guajira disfrutando los paisajes cambiantes, pero hermosos.

Estuvieron en el “Santuario de fauna y flora los Flamencos" situado en el corregimiento de Camarones a solo veinte kilómetros de Riohacha. El sitio es denominado "La gran perla ambiental y cultural de La Guajira", y es un gran lugar de turismo.

Disfrutaron también del maravilloso espectáculo del color del cielo azul que se mezcla con las aguas de las ciénagas de Manzanillo y la de Tocoromanes. Tomaron un bote que los transportó por esas aguas que en épocas de sequía es imposible navegar, pues los botes quedan encallados.

Llegaron al punto donde se concentraban los flamencos. Cantidades enormes de esas aves que ofrecen un espectáculo como si fuera un incendio de plumas que destellara al sol de La Guajira. El color rosáceo de su plumaje se debe a su alimentación de algas y crustáceos como la "Artemia Salina".

Cuando regresaron de aquella hermosa experiencia probaron un delicioso almuerzo típico: "Camarones al Ajillo", que fue amenizado con un baile de la "Chichamaya” una danza en la que la mujer persigue al hombre, al ritmo de los tambores. Las mujeres visten trajes rojos, usan pintura en el rostro. Una danza tradicional en la cultura “Wayuu".

Después de almuerzo salieron para Riohacha la capital de La Guajira, hicieron un recorrido por la ciudad y pararon en el "Malecón" o "Paseo de la Marina”. Marco Antonio aprovechó el momento para que Mariana escogiera entre la gran variedad de mochilas que ofrecían las indígenas, alguna para dársela como regalo de navidad.

Partieron luego hacia “El Cabo de la Vela" donde pasarían la noche. Primero irían hasta el municipio de "Uribia" que quedaba a una hora de distancia y de allí emprenderían el viaje por una carretera de trocha.

El "Cabo de la Vela", es el extremo norte de Suramérica, un terreno desértico donde habita el pueblo indígena Wayuu. Es considerado un paraíso turístico de Colombia.

Llegó la noche y buscaron una ranchería para pernoctar. Para mitigar el hambre comieron chivo asado, con arroz y patacón, uno de los platos tradicionales de la gastronomía Guajira.

Despertaron muy temprano para visitar “El Pilón" ubicado en un cerro a la orilla del océano. Tiene una bellísima playa, donde se puede ver panorámicamente todo el mar y el desierto en una perspectiva de 360°. Es un lugar sagrado para los Wayuu y en el que se siente una especial sensación de libertad.

También fueron a la playa "Ojo del Agua" denominada así porque se asemeja a una piscina de aguas cristalinas. Luego viajaron a “El Cabo" que tiene aguas color verde y azulado y una playa de arena blanca que recorre toda la bahía. Alrededor están sus bellos acantilados.

Antes de que llegara la noche, se desplazaron a "El Faro" en donde se puede disfrutar de los más bellos atardeceres de Colombia. Tiene una posición inigualable frente al mar. Se da la sensación de estar en el fin del mundo, el punto de terminación de la tierra y el comienzo del enorme e infinito océano.

Al llegar la noche regresaron a la ranchería para descansar, pues al día siguiente les esperaba “Punta Gallinas” el lugar más extremo de Colombia. Salieron al amanecer en un trayecto que duró tres horas atravesando paisajes exóticos y desérticos, en donde se pueden observar algunas comunidades indígenas.

Arribaron a un hermoso paraje llamado "La Bahía Hondita", que es una hermosa laguna salada poco profunda y muy extensa que se conecta con el océano Atlántico. Luego fueron al lugar donde se alza un faro de unos 18 metros y que fue inaugurado en 1989. Desde allí se logra una vista espectacular.

Viajaron después a “Las Dunas de Taroa" que son grandes montañas de fina arena que el viento moldeó por muchos años y que están incrustadas en los más bellos paisajes de esas playas paradisíacas.

Después de recorrer estos majestuosos paisajes de la alta Guajira, se dispusieron a regresar a Palomino para festejar de manera especial la navidad junto con Angelita.

Llegaron a Palomino antes de que el sol se ocultara. Después de una refrescante ducha se reunieron en el comedor con Angelita que había preparado una cena de navidad: pavo relleno, natilla, buñuelos y un buen vino. Ahí estuvieron compartiendo momentos de regocijo y fraternidad en familia. Aunque no tuvieran un vínculo sanguíneo existía un gran vínculo fraterno.

Hablaron bastante sobre el viaje, que habían hecho. Angelita les escuchaba y se transportaba mentalmente a esos lugares ya que años atrás, tuvo la oportunidad de recorrer todos esos lugares exóticos y maravillosos de la alta Guajira.

En la mañana siguiente luego del desayuno, Marco Antonio le enseñó a Mariana la cantidad de libros que había leído. Justo en ese instante llegó Albert y les dijo que la siguiente noche se reunirían en el círculo sagrado varios "Mamos" de las culturas indígenas Koguis, Wiwas, Arhuacos, Kankuamos y Wayuu, todos descendientes de los Tayronas, para hacer un ritual de "Poporo" y hablar de todo lo sucedido durante el año que pronto se terminaría. También disertarían sobre los pagamentos realizados y las estrategias ambientales, ecológicas y económicas para la conservación de la “Sierra Nevada de Santa Marta”.

Les comunicó que ambos estaban invitados a esa reunión sagrada junto con Albert y otras personas extranjeras, pero para poder asistir a esa reunión todos debían estar purificados de cuerpo, alma y pensamiento por lo que en la noche se llevaría a cabo un "Temazcal". Cuyo significado es "casa donde se suda”, en otras palabras “un baño de vapor". Es un ritual ancestral indígena de Mesoamérica que consiste en un baño de vapor a muy elevadas temperaturas que produce gran sudoración, con infusiones de hierbas medicinales y con el propósito de desintoxicar el cuerpo, el alma y el pensamiento. Tiene muchos beneficios terapéuticos, pues es una práctica milenaria de los antepasados para mantener el cuerpo fuerte y sano con gran importancia en las culturas nativas de América. -Explicó Albert-.

Marco Antonio y Mariana, luego de presenciar la construcción de la estructura del "Temazcal" se fueron al rio para tomar un baño y esperar el atardecer, para asistir al ritual de purificación que se realizaría a las ocho de la noche.

A la hora señalada llegaron al lugar de la ceremonia. Allí estaba Albert con otras personas. Saludaron y se unieron al grupo para escuchar las indicaciones del guía superior que era uno de los "Mamos" que realizarían el ritual de purificación.

El "Mamo" superior tomó la vocería, dirigiéndose a todos los presentes. Les dijo que el ritual tenía por finalidad desintoxicar el cuerpo, el alma y el pensamiento para dejar de lado todo lo malo, negativo y perturbador.

Marco Antonio y Mariana después de realizar el ritual de “Temazcal”, esa noche cayeron en un sueño muy profundo. Al día siguiente se levantaron enérgicos y rejuvenecidos. Era un sábado 27 de diciembre de 1997 y en esa noche habían sido invitados a la reunión sagrada de fin de año en la que participaban todos los representantes de las culturas indígenas descendientes de la tribu "Tayrona" de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Cuando llegó el momento de la reunión notaron que estaban en ese sitio varios indígenas y algunos europeos que habían participado en el ritual del "Temazcal". Ocuparon cada una de las sillas construidas en piedra, que estaban dispuestas alrededor del círculo sagrado. En el centro una hoguera resplandecía en medio de la oscuridad. Los representantes de las diferentes tribus eran "Mamos" superiores con mucha experiencia y preparación para ser los guías de cada una de sus culturas indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los dos primeros en presentarse fueron los de la tribu "Koguis" que viven en el norte de la Sierra Nevada en los valles de los ríos Don Diego, Palomino, San Miguel y Ancho. Para los "Koguis" su misión es el equilibrio y armonía de la naturaleza y el hombre.

Los siguientes en hacer su presentación fueron los de la cultura indígena "Wiwas", que viven en la zona baja de la Sierra en el departamento del Cesar. Su nombre significa "cálido", "engendrar". Aquellos "Mamos" llevaban muchos años de preparación eran vegetarianos, regidos por los espíritus.

Una de sus costumbres es reunirse todos los sábados en la noche para "Poporear", mientras sus mujeres tejen mochilas con fique, lana y algodón, que simbolizan la creación de la vida. Además, todos los niños y las niñas tienen un gran parecido entre sí, ya que usan cabello largo y se les puede confundir. Por ese motivo los niños llevan mochilas y las niñas usan collares para diferenciarse.

Continuaron con la presentación los dos representantes de la tribu indígena los "Arhuacos", que viven en los valles altos de los ríos San Sebastián, Ariguaní, Piedras, Chichicua y Guatapurí, al sur oriente de la Sierra Nevada. Uno de los poblados principales es su capital llamada "Nabusimake".

Otros dos "Mamos" se pusieron de pie en representación de la cultura los "Kankuamos", que ocupan la zona oriental de la Sierra en el departamento del Cesar, también conocidos como "Kankui”.

Los últimos dos integrantes del grupo de indígenas fueron los "Wayuu", que son la tribu con menos integrantes en comparación con las otras culturas descendientes de los "Tayronas" y habitan la alta Guajira.

Después de haber hecho la presentación todos los integrantes de las tribus indígenas de la “Sierra Nevada de Santa Marta”, se presentaron las cinco personas extranjeras.

Dos de ellos eran miembros de la UNESCO y los otros tres reconocidos escaladores a nivel mundial. También se presentaron Albert, Mariana y Marco Antonio.

Se habló sobre los muchos incidentes ocurridos durante el transcurso del año que estaba por terminar. Relataron los varios inconvenientes con turistas que querían ingresar a la “Sierra Nevada”, sin habérsele otorgado los permisos necesarios por parte de los representantes de las diferentes culturas indígenas para acceder a esos territorios sagrados.

Se enfatizó en ese tema en específico, pues los invitados europeos estaban haciendo presencia en ese ritual sagrado para solicitar permiso de ingresar a las tierras de la “Sierra Nevada de Santa Marta”, que es patrimonio de la humanidad y reserva de la biosfera por la UNESCO desde el año 1979. Querían escalar los diferentes picos de ese lugar el año siguiente. -Dijeron-. Llevaban tres años solicitando ese permiso, pero había sido imposible que se les otorgara. Ahora en compañía de los dos representantes de la UNESCO esperaban que se les diera por fin el aval para poder realizar el ingreso a esas tierras sagradas.

Los europeos hablaron en español, idioma que conocían a la perfección todos los "Mamos".

Les dieron a conocer lo pasos que debían de realizar sobre la expedición que querían llevar a cabo en el año siguiente en la “Sierra Nevada de Santa Marta”, que según los "Koguis" se llama "Namgexa", la montaña más alta del mundo cerca al mar a tan sólo cuarenta y dos kilómetros del océano Atlántico.

El objetivo principal era llegar a la cima de los picos gemelos que son el “Cristóbal Colón” y el “Simón Bolívar”, los más elevados del mundo a orillas del mar. Harían primero un recorrido por las terrazas de "Teyuna" que son más de cien ubicadas en la "Ciudad Perdida" de los indios "Tayronas", descubiertas en los años ochenta y también llamada "Teyumakke" y que se encuentran en la parte nororiental de la Sierra en el departamento del Cesar, llegando a la "Piedra del Sapo”, una piedra ceremonial de esa "Ciudad Perdida" como el centro principal de "Teyuna".

Deberían atravesar puentes construidos por los "Koguis". Puentes hechos solamente con horquetas de madera y bejucos, de unos quince a veinte metros de longitud sin utilizar absolutamente ni una puntilla.

Atravesarían varios ríos y lagunas, como, por ejemplo, el río "La Mina" con grandes rocas labradas por las aguas de los glaciares arriba de Patillal Cesar. La laguna "Nabaldijue", un lugar de pagamento de los "Koguis", que se llama "Kankurvo”, la laguna sagrada de "Katshimiñka" la primera que se encuentra por la vía de acceso a los picos ubicada en el superpáramo y la laguna de "Dumena" que es privilegiada de estar antes de los picos "Cristóbal Colón" y "Simón Bolívar". Allí se dan los frailejones arborescentes endémicos de la Sierra Nevada y durante la noche las aguas se vuelven fractales de hielo después de temperaturas bajo cero. Todos los picos por escalar estarían ubicados en la “Sierra Nevada de Santa Marta”.

Después de escuchar la propuesta de los europeos, los “Mamos” aprobaron la expedición y acordaron con ellos algunos beneficios y regalías de los dineros de publicidad que otorgarían a esa expedición las empresas que les patrocinaban.

Durante aquella reunión Albert les dio una grata sorpresa a Marco Antonio y Mariana, pues al día siguiente llevarían a unos "Mamos" hasta el campamento "Paraíso Teyuna" ubicado en el parque arqueológico de la "Ciudad Perdida" esto era un privilegio, pues solamente se puede entrar allá con nativos de la Sierra Nevada.

Les dijo que alistaran un morral pequeño con solo tres prendas de vestir cada uno, que les sugería tres camisetas, un pantalón, dos pantalonetas, además un saco para el frío, un vestido de baño y tenis de buena suela para escalar, repelente, protector solar y un sombrero.

Deberían dormir y descansar muy bien, pues al día siguiente saldrían muy temprano y estarían durante tres días en una larga caminata por senderos destapados. Al amanecer emprendieron el viaje en compañía de los "Mamos" con destino al parque arqueológico "Teyuna" de "Ciudad Perdida". Llegaron a "Machete Pelao" población también conocida como "Mamey". En el lugar dejaron guardada la camioneta, pues desde ahí tendrían que caminar durante todo el día.

Efectivamente, entrada la tarde llegaron al campamento "Mumake", luego de haber pasado por maravillosos paisajes. En ese sitio se quedaron para comer y descansar. Al día siguiente retomarían el camino.

Amaneció y se bañaron en las aguas refrescantes del río y luego de desayunar se pusieron como meta, arribar ese mismo día a "Ciudad Perdida".

Caminaron hasta encontrar el campamento "Paraíso Teyuna", donde almorzaron y continuaron durante aproximadamente una hora. Subieron los 1.200 escalones que los llevaron a ese lugar indescriptible de misticismo, magia e historia ancestral de la “Sierra Nevada de Santa Marta”: la enigmática y encantadora "Ciudad Perdida". Allí en ese sitio permanecieron admirando la belleza de las grandes terrazas con los anillos construidos en piedra, que recorren los perímetros en círculo de los asentamientos “Tayronas”. El "Mamo" guía, les habló sobre la vida cotidiana que llevaba esa tribu y después de unas horas iniciaron el descenso hasta el campamento "Paraíso Teyuna" donde pasaron la noche.

Al día siguiente les esperaban unos veinticinco kilómetros para llegar a la población "Mamey". Tomaron nuevamente la camioneta y salieron con destino a Palomino.