MUÑECA SUIZA EN EL CONO SUR DE AMÉRICA
CAPITULO IX.
MUÑECA SUIZA EN EL CONO SUR DE AMÉRICA.
Marco Antonio estaba solo y desnudo en la habitación, cuando de repente entró una mujer, saludó en inglés, descargó su grande mochila, mientras él, abochornado, se cubría con una toalla.
Ella era de estatura mediana, piel blanca, unos veinte años de edad y su cuerpo un elogio a la perfección. Rostro de muñeca, mejillas rosadas, ojos azules, boca carnosa y labios color fresa, enmarcados por un cabello liso rubio.
- Hello; my name is Antonella, can I stay in any bed of the two cabins, or is any one occupied? -Dijo la mujer-.
-- Hola... No hablo inglés. -Respondió Marco Antonio-.
- Ella habló en español: Me llamo Antonella, y te preguntaba si puedo quedarme en cualquier cama de los dos camarotes, o ¿alguno está ocupado?
-- Soy Marco Antonio, las tres camas están desocupadas, pues los otros chicos que se hospedaron aquí se fueron hoy mismo.
Ella decidió por la cama de abajo frente a él.
- Mi nombre es Antonella Merian Ritz, soy de Suiza y estoy de paso por Argentina. La semana que viene voy para Uruguay, estoy recorriendo varios países de Suramérica para aprovechar mis vacaciones de verano.
La chica preguntó por el lugar donde quedaban las duchas, pues venía de un viaje largo desde Bolivia. -Le comentó-.
Enterada del lugar de ubicación de las duchas, la joven sin reserva alguna, se quitó la ropa, se envolvió en una toalla y se dirigió al lugar que él le había indicado.
Marco Antonio se vistió sin prisa, mientras Antonella volvía a la habitación.
- ¿Vas a salir a algún lugar esta noche? -Preguntó ella-.
-- Sí, espero conocer algunos lugares nuevos.
- ¿Te puedo acompañar?
-- Por supuesto, será un honor y un placer.
Ella terminó de vestirse, y salieron juntos a recorrer los diferentes parajes de San Telmo.
Llegaron al lugar donde se encuentra una escultura de Mafalda, famoso personaje de las tiras cómicas, y en donde comienza “El Paseo de la Historieta”; un circuito que va hasta Puerto Madero, y que rinde homenaje a los principales personajes del cómic y humor gráfico argentino.
En el lugar hay gran cantidad de bares y discotecas, decidieron entrar a uno con gran similitud a este tipo de negocios de París o Bruselas.
El bar era muy alternativo. La música de artistas argentinos como Soda Estéreo, Fito Páez, Los Fabulosos Cadillac, Los Rodríguez, hacían del ambiente un variado cóctel sonoro. La noche estrellada y el entorno afrancesado, era similar a una magnífica pintura titulada: "Terraza de café por la noche" de Vincent Van Gogh, que el artista realizó en Arlés en 1888.
Marco Antonio le enseñó a Antonella, fotografías de sus obras, quedando fascinada con sus pinturas.
- Estoy maravillada con tus obras, -le dijo la fémina-, producen en mí un efecto psicodélico; son imágenes de muchos colores vivos y luminosos, así como las que vi alguna vez durante un ritual de “Yagé” en el Perú.
-- No sé del ritual, ¿en qué consiste el “Yagé”? -Preguntó Marco Antonio-.
- El “Yagé” es considerada una planta medicinal, que es la mezcla de la enredadera “Ayahuasca” y un arbusto llamado “Chacruna”, que contiene un alucinógeno. Con esta mezcla obtienen un brebaje que produce alucinaciones, pero también vómitos. Es un ritual importante para algunas sociedades tribales.
La planta es uno de los pilares básicos de la identidad de los pueblos amazónicos y también es llamado “Bejuco del alma”. Ellos aseguran que la planta limpia el cuerpo y el alma. Los chamanes o taitas son los encargados de liderar estos rituales que se acompañan con cantos.
Tomar "Yagé" es una práctica peligrosa para la salud si se realiza con personas que no conocen del tema.
Antonella le habló sobre ella: “Desde muy pequeña me dediqué a estudiar, conocí todo el mundo mediante los libros, interesándome por aprender varios idiomas y culturas. Cuando reuní dinero suficiente, decidí emprender algunos viajes por varios países de Europa y Asia, para conocer sus culturas. Sin embargo, quería viajar por América desde el norte, pasando por el centro y el sur del continente.
Este año, inicié mi travesía por Canadá, Estados Unidos, todo Centroamérica y ya casi término con Suramérica, solamente falta conocer Argentina y Uruguay. Este viaje lo estoy realizando sola, totalmente libre, sin acudir a ningún tipo de tour y recorriendo los caminos de los mochileros por el mundo.
Marco Antonio le entretenía escuchar las historias de Antonella. Se notaba que era aventurera, inteligente, hermosa y desinhibida.
Estaba amaneciendo, pero mucha gente aún transitaba por aquellas calles de San Telmo. Decidieron también caminar bajo la luz de la luna tomados de la mano en medio de risas y de charlas. Se besaron mientras se dirigían rumbo al hotel y sin decirlo, sabían que tendrían sexo para terminar la noche de la mejor manera.
Echaron seguro a la puerta y en la cama de Marco Antonio, dieron rienda suelta a sus deseos hasta que el cansancio y la satisfacción los llevo al sueño.
Cuando despertaron, desde el balcón del cuarto pudieron observar las calles adoquinadas y el paisaje urbano argentino. Fue un bello amanecer para ambos.
Luego del medio día volvieron a las calles. Recorrieron sitios muy reconocidos turísticamente, sin embargo, entre todos hubo un lugar que ganó su atención: en el barrio Caminito encontraron "La Barrica", un restaurante bar con músicos y bailarines de tango al aire libre.
Se ubicaron en aquel sitio y tuvieron la sorpresa de ser atendidos directamente por el administrador; un hombre de origen italiano, quien se presentó como Leoné De Conte, apodado "Scarface" que traduce "cara cortada" por su gran parecido con "Al Pacino".
Leoné De Conte, les ofreció, como cortesía de la casa, una botella de vino para que acompañaran el delicioso “Bife de Chorizo" que habían ordenado; uno de los platos más apetecidos de la cocina gaucha.
Luego de terminar de consumir la cortesía, pidieron otra botella de vino e invitaron a “Scarface" a acompañarlos. Leoné aceptó y compartió con ellos varias anécdotas acerca de cómo muchos turistas extranjeros realmente creían que él era "Al Pacino". Le pedían tomarse fotos en su compañía o un autógrafo cuando visitaba el barrio Caminito. Consiguió tanta fama en el lugar que un día el dueño de “La Barrica", lo contrató para que hiciera parte de ese negocio como una forma de atraer clientes. Por eso él siempre recibía a los visitantes.
Con el pasar de los años fue nombrado administrador y nunca dejó de hacer su trabajo de interpretar mediante su apariencia a “Al Pacino". Sin notarlo habían consumido varias botellas de vino y tejieron muy buena amistad con Leoné De Conte.
Decidieron irse al hotel, pues al día siguiente tenían planeado visitar "La Reserva Ecológica Costanera Sur".
Eran casi las diez de la noche cuando llegaron al hotel, estaban un poco ebrios y con la libido alborotada. Se entregaron a sus deseos pasionales, al idilio vacacional que vivían en esos instantes.
A la mañana siguiente el primero en despertarse fue Marco Antonio, se dio cuenta que Antonella se había quedado toda la noche junto a él y que muy seguramente los otros turistas recién llegados les habrían tomado por pareja.
Después de ducharse salieron rumbo a "Puerto Madero". Al llegar allí se dirigieron hacia “La Costanera” que se encuentra camino hacia el “Río de la Plata”. Se detuvieron en los numerosos puestos de comidas que son muy recomendados por sus platos típicos de la región; probaron el famoso "Choripán" y llevaron consigo dos enormes sándwiches y un litro de jugo de durazno. Alquilaron bicicletas para dar un paseo por una de las reservas naturales más importante de la región.
La reserva forma parte de la eco ruta del “Río de la Plata”, un estuario formado por la unión de los ríos Paraná y Uruguay que desembocan en el mar argentino, en el “Cono Sur de América”. Este lugar, desde 1986, fue declarado parque natural, zona de reserva y humedales. Es un circuito de más de cien kilómetros que conecta los espacios verdes y áreas protegidas con más de dos mil especies vegetales y animales.
Juntos recorrieron el circuito en bicicleta, pasando por bellos arcos formados por el entrelazarse de las ramas de los árboles, observaron algunas especies de fauna. Fue un recorrido muy especial entre aquel pulmón verde dentro del corazón de Buenos Aires. Un oasis en la ciudad.
Comieron los emparedados bajo la sombra de enormes ceibos, cuya flor fue declarada la flor nacional de Argentina. Momentos especiales como esos, hacían que Marco Antonio cada vez se olvidara de Anna.
Terminado el paseo, decidieron conocer algunos lugares de Puerto Madero, como aquellos dos grandes barcos, verdaderos tesoros históricos, amarrados en sus diques. El primero es el buque museo fragata Sarmiento, el segundo es el buque museo corbeta Uruguay. Luego de recorrerlos visitaron varios restaurantes. Se decidieron por uno con una vista maravillosa al puerto, en el que tuvieron una cena muy exclusiva y de buen gusto.
La amistad entre Marco Antonio y Antonella era maravillosa y por eso planearon viajar juntos a Uruguay.
Al día siguiente realizaron un espectacular tour en el bus turístico a cielo abierto. Recorrieron varios barrios y lugares importantes de Buenos Aires. Marco Antonio sirvió de guía a Antonella, pues él ya había realizado ese mismo tour días antes.
Luego se fueron a otro espectacular sitio: el Centro Cultural de Recoleta, una construcción que fusiona elementos de estilo colonial con rasgos italianizantes y modernos, en donde se mezclan las antiguas paredes del siglo XVII con estructuras modernas. Regresaron al hotel satisfechos de los momentos vividos.
Al día siguiente viajarían a Uruguay.
Se levantaron temprano para ir al terminal marítimo en Puerto Madero y adquirieron los tiquetes del buque bus, que les transportaría a Uruguay, el cual toma solo una hora para arribar a Colonia del Sacramento, Uruguay, conocida como "Colonia”, una de las principales ciudades turísticas de aquel país.
“Colonia”, es el destino turístico perfecto para quienes quieran tranquilidad, historia, buenas cervezas, hermosos atardeceres y agradables paseos por sus clásicas calles empedradas.
Se hospedaron en un hotel muy particular, pues dentro de sus instalaciones funcionaba una fábrica artesanal de cervezas. Desde la recepción se podían ver las máquinas y equipos para la preparación.
Salieron a dar un paseo por la ciudad colonial. Durante el recorrido encontraron un restaurante fuera de lo común. En la calle había parqueados algunos automóviles lindos y antiguos, que habían acondicionado como mesas para consumir los apetitosos platillos que allí preparaban.
Impresionaban los automóviles clásicos: un Bugatti 1927, un Ford De luxé Roadster 1934, un Peugeot BB 1916, y un Morgan 4/4 1936. Almorzaron en el lugar.
Marco Antonio y Antonella, tomados de la mano, recorrieron varias calles empedradas y llenas de bellas hojas coloridas, que se dejaban llevar por el viento en un romántico ambiente otoñal, gozando de momentos que guardarían para siempre.
En el antiguo muelle observaron un atardecer inolvidable por el ocaso de colores cálidos que posicionó el sol sobre el ambiente. Esa noche vivieron un romance acompañados por exquisitos vinos, luces cálidas y excelente música en los acogedores bares a cielo abierto bajo la luz de la luna.
Al amanecer emprendieron viaje para Punta Ballena, a trece kilómetros de Punta del Este; otro de los lugares fascinantes de Uruguay, ya que desde allí se pueden ver las inmensas bahías de Portezuelo y Maldonado.
Antonella quedó sorprendida con aquella construcción de fachadas blancas ubicada justo sobre un acantilado del mar Atlántico y que le traía muchos recuerdos de su visita a Grecia, por su parecido a las edificaciones Mediterráneas en Santorini. Esa hermosa obra llamada "Casapueblo" construida por el artista Uruguayo Carlos Páez Vilaró, y considerada universalmente una escultura habitable.
Como las grandes obras arquitectónicas creadas por el catalán Antoni Gaudí, "Casapueblo", es un lujoso hotel totalmente blanco con trece pisos, veinte suites de lujo y cincuenta apartamentos con terrazas. Muchas de ellas incluyen piscina.
Además, cuenta con un museo de la obra del artista Páez Vilaró, en donde se pueden apreciar algunas fotografías de él junto a su gran amigo Pablo Picasso. La construcción se caracteriza por su privilegiada vista al mar de color azul profundo. Es un excelente atractivo por la emblemática arquitectura e historia. Marco Antonio y Antonella, tuvieron la fortuna de poder hospedarse allí.
Mientras organizaban la habitación, los invitaron al bohemio café bar a degustar una copa de vino cortesía de la casa. Uno de los guías del hotel los llevó por los diferentes rincones turísticos de “Casapueblo” contando la historia de ese establecimiento. En 1960 se inició la construcción, en un sitio inhóspito donde solo llamaba la atención su maravillosa vista y privilegiada ubicación en Punta Ballena.
Primero edificó una casa que bautizó "La pionera" y siguió luego “Casapueblo" en la que no utilizó ningún tipo de plano arquitectónico. Su desarrollo se dio sobre la montaña del acantilado que mira al occidente y los trabajos se realizaron durante treinta y seis años antes de ser terminado.
En los aposentos se percataron que todo el entorno era blanco: cama, mesas, sillas y muebles, con algunos detalles de color azul profundo. Tomaron una ducha e hicieron el amor una y otra vez para luego dormir relajadamente.
En la tarde escucharon una agradable melodía que servía de fondo a la voz del artista Carlos Páez Vilaró declamando un poema para despedir el sol. Justo en ese momento, el astro rey, a lo lejos, se hundía en el mar.
El anochecer fue de una inmensa tranquilidad. Disfrutaron de los últimos instantes que pasarían en ese inolvidable lugar para continuar con su viaje hacia Punta del Este.
Punta del Este, que es una ciudad peninsular de Uruguay considerada un balneario exclusivo de América Latina. Es un lugar donde convergen la naturaleza y el exuberante lujo, con mansiones y residencias de veraneo, altos edificios con vista al mar; enormes yates, embarcaciones amarradas en el puerto, muchos hoteles de lujo y restaurantes de alto nivel, por todo ello, es considerado el sitio con mayor glamur de toda América y elegida por grandes celebridades del mundo para vacacionar.
Se hospedaron en un hotel con vista a Playa Brava, en donde está la famosa escultura de cinco dedos enterrados en la arena.
Se acomodaron en la habitación. Tomaron una ducha y bajaron a observar la gigantesca escultura instalada en la playa denominada "La Mano", un monumento al hombre emergiendo a la vida; magnífica obra, símbolo de Punta del Este y de Uruguay realizada por el chileno Mario Irarrázaval, quien hizo otras obras de arte con forma de mano en varios lugares del mundo.
Al atardecer visitaron dos de los atractivos turísticos de la ciudad. El primero, el Puente Ondulado construido en 1965 sobre la desembocadura del arroyo Maldonado, en el que se realizan deportes náuticos y pesca deportiva. El segundo fue el Faro de cuarenta y cinco metros de altura que data de 1860.
Recorrieron el muelle con su linda vista de los hermosos y lujosos yates. Luego escogieron quedarse en un “boliche” como se denomina a los sitios de rumba Rioplatenses.
En ese lugar se realizaba una fiesta electrónica con un DJ europeo reconocido mundialmente. Era un gran espectáculo de luces y sonidos que sacudían el alma invitando al baile.
Marco Antonio y Antonella, desde que se conocieron, no habían experimentado juntos una de estas fiestas electrónicas en las que se pueden cometer las más extravagantes locuras.
Consumieron varios tipos de cócteles y el alcohol comenzó a circular por su sangre. Antonella se dejó llevar por el frenesí de la música. Movía su cuerpo con energía y sensualidad, atrayendo las miradas. En medio del baile terminaron rumbeando con unas chicas extranjeras.
Antonella tuvo gran empatía con una de las jóvenes de origen francés, delgada, alta, blanca, cabello negro, ojos azules y labios sensuales. Ambas mujeres tomaron de la mano a Marco Antonio lo condujeron a uno de los baños de chicas y allí se besaron apasionadamente. La chica francesa sacó de su panty una papeleta de cocaína para que juntos la consumieran. Marco Antonio recordó que por nada del mundo él consumiría ningún tipo de droga alucinógena. Desde pequeño su tía le hizo prometer que nunca probaría esas sustancias, pues su único hijo había muerto de una sobredosis de cocaína.
No consumo drogas, -les dijo-, en cambio soy adicto al buen sexo.
Marco Antonio sacó de su bolsillo algunos preservativos mientras las chicas aspiraban el polvo blanco. El desborde sexual se manifestaba en los gemidos que juntas lanzaban. Casi al amanecer regresaron al hotel para continuar la fiesta erótica hasta quedar sumidos en un sueño profundo.
Luego de haber dormido hasta después del mediodía, emprendieron viaje hacia Montevideo.
Durante el trayecto Marco Antonio le preguntó a Antonella.
- ¿Hace cuánto que consumes alucinógenos?
-- Desde los 16 años, -dijo la joven-, pero solo los he consumido durante las fiestas. No soy adicta, solamente lo hago para sentirme más poderosa, sin temor a nada, más liberada. También he consumido marihuana, opio y algunas sintéticas que se producen en Europa.
- Marco Antonio la miró fijamente mientras le decía: “No deberías seguir haciéndolo, sabes muy bien lo nocivas que son las drogas para el organismo y para el equilibrio psicológico. Ahora dices no ser adicta, pero cada vez te vas a volver dependiente y la vida se te irá en picada. No es muy fácil salir del fondo de la adicción”.
-- Lo sé. -Respondió ella-.
- “No quiero entrometerme en tu vida, pues lo que hagas es decisión personal. Eres una bella mujer, joven, sensual, sexy, inteligente, extrovertida, alegre, positiva y llena de geniales locuras, pero todas estas cualidades se podrían transformar y cambiar a la inversa con el tiempo. La droga destruye, no solamente el aspecto físico, sino también el emocional y psicológico”.
-- Antonella se quedó unos instantes en silencio y luego le dijo: Agradezco tus consejos y voy a tratar de no volver a consumir alucinógenos. Te considero un buen hombre y te he tomado cariño. Los momentos que hemos vivido juntos han sido inolvidables y fantásticos.
- Que bueno escucharte decir eso.
-- Ahora siento mucha nostalgia y tristeza, pero también mucha alegría. Mañana viajo de regreso a casa. Trabajaré para ahorrar y tratar de viajar a África, que es el destino que quiero en la próxima oportunidad de aventura. La vida, posiblemente nos dará la oportunidad de volvernos a encontrar, porque en este momento los proyectos individuales son diferentes, -dijo Antonella-, mientras le tomaba de la mano.
- Tienes razón, cada uno tenemos diferentes proyectos por realizar.
-- Ahora, mis proyectos se encaminan por conocer el mundo, aprender sobre culturas, costumbres, idiomas y disfrutar mi libertad hasta cuando mi ser decida que ya es hora de parar y emprender con un proyecto de vida diferente. -Reflexionó Antonella-. En cambio, el tuyo, creo, es seguir creciendo en el campo artístico, aprendiendo, evolucionando y descubriendo más del arte, hasta llegar a ser un gran artista a nivel mundial. -Agregó-.
- Espero descubrir cuál es mi verdadero propósito de vida, por el momento seguiré el que tú conoces hoy. -Dijo Marco Antonio-.
-- Me siento muy feliz de haber sido un apoyo emocional para que te sintieras con más ganas y más fuerzas de seguir adelante, y no caer en el abismo del dolor y sufrimiento por la traición de tu gran amor. Porque, aunque no quieras dejarlo traslucir, ahí están aún clavados en tu corazón, los duros instantes de decepción, que, muy seguramente, con el pasar del tiempo quedarán en el olvido. -Dijo Antonella-.
Se besaron, se dieron un fuerte abrazo de complicidad, pues juntos compartieron grandiosos instantes de aventura y locura.
Cuando llegaron a Montevideo, buscaron un hotel con ambiente tropical. Muy cerca al “Parque Rodó”, encontraron uno con excelente vista al mar, pues como dice la canción, en el mar la vida es más sabrosa.
Querían compartir juntos aquellas horas que aún les quedaban cerca del océano. Luego de refrescarse del viaje y hacer el amor, decidieron salir a caminar por el sur de las costas recorriendo “La Rambla”, que separa la ciudad del “Río de la Plata” y que bordea todas sus costas en una longitud aproximada de veinticuatro kilómetros.
Tomaron un tour en el bus de cielo abierto, que los llevó por los lugares más emblemáticos de Montevideo: “La Plaza de la Independencia”, con casas coloniales, edificios Art Deco; “El Teatro Solís”; “El Palacio Salvo”, varios centros comerciales, museos, salas de exposiciones de arte, cantidad de parques, jardines y espacios verdes. Terminado el recorrido fueron a comer al antiguo "Mercado del Puerto", donde les esperaban varios restaurantes típicos charrúas con una excelente preparación de carnes y una buena comida marítima.
Hicieron de la noche una exclusividad para ellos. Disfrutaron desde el balcón de la habitación, el delicioso viento nocturno, la preciosa vista al mar, hicieron el amor una y mil veces, pues sabían que esa era la última noche que estarían juntos y quizás no se volverían a ver en la vida.
A la mañana siguiente Marco Antonio abrió sus ojos y vio aquella bella mujer durmiendo en su regazo, abrazada a él. Admiró su bello cuerpo e interiormente deseó que los dioses del destino le depararan buenas rutas a su vida, pues era una mujer que le pertenecía a la naturaleza, al viento, a la luna, a las estrellas, al sol, al mar; era una joven que no pertenecía a ningún hombre, su único dueño era el universo que siempre le ofrecía el más grande regalo: su libertad.
Acarició su cabello suavemente. Ella entreabrió los ojos y empezó a besar el cuerpo de Marco Antonio. Volvieron a entregarse al sexo apasionado.
El momento de la despedida definitiva llegó. Le acompañó al aeropuerto y vio cuando el avión volaba rumbo a Suiza. Después de la partida de Antonella, él se dirigió al muelle para emprender el viaje de regreso en barco hasta Buenos Aires.