Capítulo 39

Abril corría con todas sus fuerzas sin mirar atrás y cegada por las lágrimas que no paraban de caer y le dificultaba la visión, mientras podía escuchar los gritos de Santino llamándola. No quería voltearse porque sabía que de hacerlo no sería capaz de soltarle la mano y ya había dado por terminado todo ese asunto. Era momento de continuar con su vida como si jamás hubiera él existido en ella, aunque su cuerpo y su corazón lo recuerden cada día.

Santino corría tras ella desesperado por detenerla y mostrarle las pruebas de que él había pagado el tratamiento y no Gastón como le había hecho creer en todo ese tiempo, pero lo que él menos sabía era que a ella eso ya no le importaba.

De momento a otro, ella comenzó a cansarse y esto hizo que disminuyera la intensidad de sus movimientos de piernas y aunque se sacó los tacones, él corría más rápido y había logrado alcanzarla.

- ¡Abril! – Le grita antes de tomar su brazo.

- ¡no! ¡no, déjame por favor! – le pedía ella evitando mirarle la cara.

- ¡por favor, Abril mírame! - ella negaba y hacía fuerza para zafarse de su agarre. Pero todo era en vano porque él era más fuerte.

- ¡no! – rompe en llantos - ¡déjame ya! ¡déjame por favor! – y por un momento se baja la guardia y cuando él quiere acercar su cuerpo al suyo reacciona como si se tratase de algo que no puede tocar. - ¡NO! ¡¿POR QUÉ VIENES A DESTRUIR TODO LO QUE INTENTO LOGRAR?! - ¿qué estaba diciéndole? ¿de qué le habla?

- Abril, por favor cálmate. – intenta volver a tocarla, pero ella lo empuja y extiende sus manos. No quería que si quiera se le acercarse. – Abril. – le dice en un susurro viendo como ella se limpia las lágrimas del rostro y a el se le rompe el corazón.

- ¿por qué te empeñas en lastimarme cada vez que te me apareces? – él negaba, solo quería librarla de Gastón. – soy una estúpida – se regaña a sí misma y le da la espalda. – he venido hasta aquí con la intención de que tu y él hagan un careo y descubrir la verdad y ¿Qué haces? - dice esto volteándose y volviéndolo a mirar. – exponerme de nuevo. –

- Pero yo creí que eso querías escuchar. – dice lamentándose.

- Ese es el tema, vos nunca piensas en otra cosa que no sea ti mismo. – niega entre llantos que la ahogaban, pero cuando él quiso hacer el intento para abrazarla y calmar su pena, ella lo alejó nuevamente. -¡¡¡NO!!! – su grito le hiela la sangre. - ¡no! – repite por si no le quedo claro. – tu y el han arruinado mi vida ¿crees que puedes cambiar lo que has provocado con solo decir un lo siento? – ella da dos pasos hacia atrás, al mismo tiempo que él se acerca más.

- Abril. – solo podía nombrarla. Sabía a qué se refería.

- Abril nada. Tu me hiciste creer que rompías el contrato y me ocultaste que habías pagado el tratamiento de mi hermana haciéndome creer que ese infeliz lo había hecho y me siento. – dice cubriéndose el cuerpo y tratando de no desmoronarse ante el dolor que estaba sintiendo. – me siento ultrajada por él y por ti. – pero niega ¿qué estaba diciendo? – quede en medio de una guerra de machos que creyeron tenerlo todo y sabes qué me arruinaron la vida por completo. – él baja su mirada. – deje a un hombre con todas las letras por un hombre sin corazón, pro alguien que cuando se canso de divertirse conmigo, me entregó a los brazos de otro hombre. –

- ¡eso no es así! – y la toma de ambos brazos y la atrae hacía su cuerpo. – eso no es así. – repite suavemente, pero ella ya no es la ingenua que se dejaba seducir por unos fuertes brazos y unos ojos negros como la noche. No era más esa tonta.

- ¡SUELTAME! – logra zafarse gracias a la bofetada que le dio, dejándolo con su cabeza ladeada hacía un costado, con sus lágrimas cegándole la visión y sin poder mirarla de la vergüenza. – eso hiciste Santino Rivas, me VEN DIS TE – y se desarma en llantos. - ¿y sabes que es lo peor de todo? Para mí claro está, que mi hermana no quiere tu sucio dinero. – y escuchar esto hace que él abra sus ojos como plato y girar su cabeza para verla. Sentía que estaba cometiendo un error.

- Abril, no pueden no aceptar el dinero. – intenta hacerla entrar en razón. En vano porque ella tenía la decisión tomada.

- Catalina no quiere tu dinero. – baja su cabeza, solo pensar y revivir aquella conversación con su hermana le retorcía el corazón. – prefiere seguir como está, antes de hacer uso de un dinero mal habido. – pero para Santino eso era una locura.

- Tú has firmado un acuerdo y el dinero es tuyo. – pero ella suelta una carcajada.

- No seas cínico. Ese dinero no es mío, porque tu has roto el contrato, tu anulaste cada clausula, tu rompiste lo que ambos teníamos. Ese dinero no me los has dado a mí, ese dinero has entregado tú mismo al pago de la operación de una niña que solo desea poder volver a caminar. Lo has hecho fuera del acuerdo. – dice y tenía razón.

- Abril, yo te quiero. – confiesa, pero para ella eso ya no tiene sentido.

- ¿me quieres? – le pregunta acercándose a su rostro y él asiente. – el hombre más frio soberbio, narcisista, omnipotente, apático y sin alma ¿es capaz de sentir sentimientos? – esas palabras le daban directo al corazón. Lo estaba hiriendo con cada una de ellas.

- Me lo merezco. – confiesa y ella niega.

- Dices quererme y sin embargo dejaste que otro hombre tomara venganza contra ti utilizándome a mí. –

- ¡ESO NO ES ASÍ! – grita desesperado, al sentir cuán lejos está de sí. – YO QUISE CONTARTE LA VERDAD Y FUISTE TU LA QUE NO ME HA QUERIDO OÍR. – le grita con frustración, pero ella también tenía cosas qué decirle.

- ¡TU DEJASTE QUE EL PUSIERA SUS MANOS EN MI CUERPO, QUE BESARA MIS LABIOS, QUE ME TOCARA! ¡TU PERMITISTE QUE ME PENETRARA UNA Y OTRA Y OTRA VEZ! – gritó desquiciada. – ES HOMBRE ME LLAMO PUT* DELANTE DE TODOS Y TODO POR TI. – y a sabiendas que podía llevarse otra bofetada, la volvió a tomar de sus brazos y acercarla.

- Perdóname, perdóname mi amor. – le dijo con desesperación. – vine hasta aquí para contarte la verdad y que puedas librarte de él. Me prometí dejarte en paz y olvidarme de ti pero no puedo. – tomó su rostro y lo acunó entre sus manos. – soy un canalla por no saber cuidarte, por no ser lo suficientemente fuerte para defenderte, para reconocer esto nuevo que me pasaba. Fui un cobarde y sufro por eso. – le habla juntando sus frentes y cerrando los ojos. – me he muerto desde el día que te vi entre sus brazos. Ese día mi mundo se derrumbó ante mis ojos y desde entonces no he podido volver a ser el mismo. – y cuando intenta besarla, ella da un paso hacia atrás alejándose de él.

- ¡no te creo! – espeta enojada. – si me quisieras no defenderías al asesino de mis padres y que además dejó en esas condiciones a mi hermana. – pero él dice algo que no esperó. Se vuelve acercar a ella rápidamente y la toma de la cintura con una mano y con la otra toma su cuello. – suéltame. – le dice casi en un susurro, perdida en el aroma tan particular de su cuerpo.

- Pídeme que deje el caso y lo haré. – le dice firmemente y ella abre sus ojos.

- ¿qué? –

- Pídeme que abandone el caso y juro que no me importa perder el prestigio, porque por ti lo dejaría todo. -

Abril se quedó muda ante aquella confesión. ¿dejarlo todo por ella? ¿de verdad sería capaz de hacer eso? Por un momento creyó en esa posibilidad, pero luego cayó en la realidad ¿De qué le serviría que hiciera eso si ya no podían estar juntos? Y no solo porque se lo prometió a su hermana sino porque era un hecho que no servía para esa vida, no servía para estar con alguien siempre va a pensar en él y que además de seguro tiene decenas de hombres No contentos con su presencia o con alguna mujer que les haya robado. Se había cansado de ese juego. Si, no podía mentir sobre que le gustaba follar con él, pero eso no quitaba que para él era una más que ha sido parte de sus caprichos y que no va a cambiar ni por ella no por nadie. Primero no podía creer en sus sentimientos, porque si la quisiera no la hubiera entregado a otro hombre y segundo, si sus sentimientos fueran reales de primeras no hubiera aceptado el caso ¿Y pretendía que creyera que en verdad le importa cuánto puede dolerle que defienda a ese asesino? Ella estaba convencida que él solo estaba jugando, por eso se alejó de él.

- Me tiene sin cuidado lo que hagas. – esto que dice lo toma por sorpresa, francamente no se espero esas palabras. En verdad creía que ella se lo pediría.

- No te entiendo. – confiesa él sin intentar volver a acercarla. - ¿Esto es una especie de revancha por haberme dado cuenta del amor que siento por ti tarde? – él sentía que ella estaba cobrándose todo lo que le había echo y que en el fondo solo podía pensar en que deje todo y corra a sus brazos, pero estaba muy equivocado.

- Ya te dije, no me importa lo que finjas sentir. – no le creía, no lo hacía. – déjame. Tengo cosa importantes que hacer. – le dice pasando de él.

Catalina había contactado a una ONG que se encargaban de ayudar a las personas con su condición y al contarles la historia le habían dado la posibilidad de intentar nuevos métodos clínicos sin la necesidad de intervenciones quirúrgicas, pero esto era en España y debían viajar hasta allí. Abril lo había estado pensando y tomó la decisión en base a qué en Argentina todos conocía que era parte de la vida sexual oculta del gran Santino Rivas y ya no quería que hablarán más de ella y sabía que irse a otro país con una propuesta para finaliza sus estudios y buscar trabajo en un bufete de abogados era la mejor opción, aunque si signifique dejarlo atrás.

Santino no hizo mucho caso a esas palabras, porque creyó que eso lo hacía para llamar su atención, para, de alguna forma vengarse de él. Pero lejos de eso, tenían un vuelo que saldría a la mañana siguiente justo antes del juicio. No quería estar allí para ver cómo, nuevamente, la justicia falla.

- ¡Entonces debo entender que te das por vencida! ¡Que acá se acaba todo!– eleva la voz al ver qué se aleja

- Si en verdad había algo dentro tuyo hacía mí, tu solo acabaste con eso. – admite y está verdad le duele a él en el alma. Pero insiste, no quiere darse por vencido, por lo que apresura su paso y la toma nuevamente por la fuerza y la apega a su cuerpo. – suéltame o . . . – y está vez él no le dejaría las cosas fáciles.

- ¿O qué? – rosa sus labios con los suyos. – puedo sentir como tiemblas ante mí presencia, como tu respiración se vuelve pausada y rítmica, como el cuerpo comienza a calentarse. Puedo jurar que deseas tanto como yo que esté dentro de ti, moviéndome duro una y otra vez, hasta que explotes gritando mí nombre. Puedo jurar que ahora mismo estás mojada bajo esas bragas y que mueres por qué te toque. . . – Abril estaba cayendo en su trampa de nuevo. Debía ser más fuerte que eso.

- Déjame, yo no te quiero. – escuchar esto hace que se detenga y tomar la decisión que sólo ella podía hacer que se quede o que se vaya.

- Mírame a los ojos y dime qué ya no sientes nada por mí. – le pide mirándola a los ojos y aún aferrándola a su cuerpo. – dímelo y haré lo que tanto me pide. Te dejare en paz. – la apega más a su cuerpo. Él estaba convencido del amor que veía en sus ojos, peros u respuesta lo tomo por sorpresa.

- No te quiero. – dijo mirando a sus ojos y él comenzó a soltarla muy lentamente.

Santino no dijo más, simplemente se marchó y lo mismo hizo ella, caminando en la dirección contraria..