Cap. 49 Borrón y cuenta nueva

Pueden llamarme necia, tarada o lenta, pero si me pongo a hacer memoria, más de una vez me pusieron en advertencia sobre mis actos, me habían aconsejado, pero yo no escuchaba. Solo a medias. Mi terquedad y mi temperamento me llevaron a darme duro contra un muro de la realidad, un muro llamado precursores; y si ese muro me impedía avanzar, debía buscar la forma de rodearles… o tal vez no. Si ellos habían creado un imperio a punta de mentiras, ilusiones y estafas, yo crearía telarañas que se aferrarían a sus bases para hacerlos tambalear, derrumbaría ese puto muro. Ellos actúan a largo plazo y… yo igual, haré lo mismo.

Aun Silvana yacía delante de mí, en silencio, en espera de lo que tenga que decir. Saber el porqué de mis razones en rechazar tal negociación, tal rechazo no le caía muy bien en gracia, pero me importaba un carajo lo que creyera. ─ ¿Y bien? ─ ¿Qué? ─ pregunté, era de suponer que no se iría aceptando un no de mi parte. ─ ¿Por qué no quieres aceptar la oferta? ─ Obviando el hecho de que tu creador me está ofendiendo y está ofendiendo los motivos del mío. No soy una puta, Silvana, no me vendo, y no lo pienso hacer ─ ella guardó silencio estudiando cada palabra ─ Si tu creador piensa que soy como cualquier otro que se vende por poder y dinero, por mí se puede ir secando, esperando a que acepte su oferta, y si es una prueba, puede darse bien por servido ─ ¿Estás completamente segura?, porque una vez que retire la oferta no habrá vuelta atrás ─ Más segura no puedo estar ─ Pensé que querrías hablar con mi creador primero antes de saber los términos de la negociación ─ Mi respuesta seguiría siendo un no ─ guardó silencio un par de latidos, tal vez procesaba todo aquello. Me dio una mirada, estudió la habitación… ─ Me iré entonces con tu respuesta ─ Bien ─ Nos veremos, Elisa Carvajal ─ ¿No piensas quedarte para saber cual es mi plan? ─ ¿Cambiaría en algo? ─ No, pero puede ser que te interese ─ ¿En qué? ─ Muchas reglas serán cambiadas ─ ¿Reglas? ─ afirme en silencio. ─ Si mi vinculada nos echó la gran paja… es necesario movernos cuanto antes ─ Silvana guardó silencio, pero esta vez porque no había entendido ni jota. ─ No creo seguirte. ¿Qué quieres decir? ─ eso me recordó aquella noche en el viñedo donde le explicaba lo que significaba pensar por uno mismo y que la consideraba mi amiga, (bufido), que ilusa fui al pensar y creer en ello. ─ Si el ilusionista manipuló su mente para delatarnos y contarle todos mis movimientos, es necesario que cambie las reglas, que cambie todo y borre mi rastro, el rastro de todos los implicados ─ Hm… ya, entiendo ─ Tarada ─ Íbamos bien sin las groserías, ni las ofensas ─ ¿Qué culpa tengo yo que no entiendas mi jerga? ─ ¿Tu qué? ─ Dije jerga. No sé que escuchaste tú ─.

Silvana decidió quedarse, sabía que la curiosidad no la aguantaría y las ganas de irle con el chisme a su creador, aportaba en ello. Oliver se quedó con Silvana, tal vez para hacer de anfitrión, ambos me habían dejado a solas con mis ideas y maquinaciones. Eloísa duró toda la tarde con Wendt, debía ser complicada la reconstrucción de sus recuerdos. No saben como me maldije por no poder hacer nada, a menos que…

Concentré mi mente en entrar dentro del cuerpo de Wendt, necesitaba saber que tanto hacía Eloísa, y si entraba y veía… tal vez aprenda algo de ello, pero… ¿Afectará en algo que yo entre en su ser?, porque serían dos mentes en un solo cuerpo. No. Pensándolo mejor, esperaré y que ella misma me muestre. Le di una mirada al reloj de pared de mi habitación, un simple reloj común y corriente, aun faltaba para las tres de la tarde y yo aun aquí tirada en la cama. ─ Será que me sumerja en el letargo, no creo que pase algo interesante ─ murmuré en el silencio de la habitación, así que cerré los ojos y dejé que el vacío del letargo me arrastrara.

¿Saben lo bueno de despertar del letargo? Y fue… extraño, porque no me sentía cansada, al contrario, estaba tan llena de vida como si hubiera dormido mi letargo completo. ─ Debo tomar nota sobre ello ─ pensé estudiando mi entorno que aun seguía estando en silencio, por lo menos la habitación, porque una gran cantidad de pasos recorrían la casa; eran todos los que había convocado. Bien. ─ Es ahora o nunca ─ pensé levantándome de la cama. Unos pasos apresurados vinieron corriendo, que al abrir la puerta de la habitación, alguien chocó contra mi, era Wendt que lloraba desconsoladamente, se sentía miserable por haberme traicionado, no se cansaba de pedirme perdón una y otra vez; mi respuesta a ello fue abrazarla con ternura, mecerla entre mis brazos y acariciar su cabello. ─ Ya pasó, mi bella niña. Estás a salvo ─ le repetía siseando en español, pero ella se empeñaba de que nada estaba bien, de que la habían usado. Me apretaba con todas sus fuerzas, clavaba sus uñas en mi, a veces trataba de arrancarse los cabellos, pero la detenía, se sentía sucia, habían violado su mente, algo mucho peor que su cuerpo.

─ Ven. Entremos a mi cuarto ─ invité y ella me siguió. En la entrada del cuarto de Wendt se encontraba Eloísa, mirándonos en silencio, y más allá del corredor se encontraba Oliver, que solo se limitó a asentir, una afirmación de que esperarían. Tomando asiento en la orilla de la cama nos abrazamos, o mejor dicho, ella se aferraba a mi sollozando. ─ Perdóname, mami, perdóname… (Sollozos) ─ dejé que se desahogara. A veces se desesperaba al punto de casi gritar histéricamente por la frustración. Las pocas veces que intentaba explicar lo que había pasado, no terminaba de contar, porque volvía a romper en llanto, diciendo varias veces que no tenía idea y que la perdonara. ─ Hagamos algo, ¿Si? ─ ella me miró tratando de contener su llanto. ─ ¿Me vas a convertir? ─ ¿Es la única forma de sentirte limpia? ─ ella asintió sorbiendo por la nariz, aguantando los sollozos, Dios mío, se veía tan frágil; había vuelto a ser la niña pequeña de diecisiete. ─ Muéstrame, solo eso, lleva a tu mente la imagen de ese sarnoso, que del resto me encargo yo ─ ella no quería, pero le volví a instar, prometiéndole que solo sería eso, que no tenía que mostrarme nada, solo quería ver su rostro. Ella cerró los ojos, yo entré y lo vi, vi al mal nacido que le jodió la mente a mi vinculada, a mi hermana. Era un latino, de eso no cabía duda; mexicano quizás. Su cara algo redonda, moreno, de bigotes finos, un tatuaje en su cuello y vestía a la moda. Venezolano, definitivamente, no era. Guardando la imagen de ese ser, salí de Wendt y besé su frente. ─ Ya. Está bien ─ ella abrió los ojos y con mirada suplicante me preguntó. ─ ¿Me perdonas, mamá? ¿Me vas a convertir? ─ no sabe como eso me partió el corazón, ella, mi hermana, no tenía culpa de nada y me suplicaba perdón, y aun así, se veía desesperada. ─ Todo está bien, yo me encargaré de encontrarlo y… darle tus saludos. ¿Recuerdas el viñedo?, ¿Todo lo que le hice a esos soldados?, bueno, eso quedará como un juego de niños con lo que le haré ─ ¿Pero si me convertirás?... Por favor ─ suplicó apretando mis manos con fuerza. ─ Si, pero hay algo que necesito hacer primero. Ven, acompáñame ─ me levanté tendiéndole la mano, ella aceptó y salimos.

Me imagino que quieren saber con lujos y detalles lo que tenía pensado hacer, solo tengan paciencia, ya lo sabrán. Llegué al recibidor con Wendt prendida de mi brazo, su cabello ocultaba su rostro, aun no se atrevía a dar la cara, temía que le culparan o la señalaran por traición. Sentándome en el sofá más grande, insté a Wendt a tomar asiento a mi lado, lo mismo hice con Oliver. La casa se encontraba a reventar, parecía que no cupiera un alma más. Los escudriñé a todos en silencio y ellos de igual forma me devolvían la mirada, solo dos me miraban con cierto temor. Eran Ruth y Olga que se escudaban con el montón de cuerpos fornidos de mis muchachos. Suspiré profundamente, buscando en mi mente las palabras apropiadas para empezar todo aquello. ─ ¿Mi Führer? ─ había sido Steineer demostrando que no importaba lo que fuera que tuviera que comunicar, me… decía que me tomara mi tiempo, que no importaba que tanto, él… sin duda alguna, esperaría. En total silencio Steineer se acercó a Wendt, se postró delante de ella buscando su mirar, lleno de cautela y comprensión. Él sabía y conocía perfectamente esa sensación. ─ Pequeña Führer ─ susurró tomando su mano, ella no reaccionó, pero lo hizo cuando vio lo que había dejado en su mano con sumo fervor y admiración. Era su medalla al valor, la condecoración que se había ganado una vez por combatir arduamente en la guerra antes de caer prisionero. Acto seguido se levantó presentó su saludo militar de siempre sonando sus talones, lleno orgullo solemne por mi hermana y dio un paso atrás después de haber presentado sus honores. Wendt, levanto su rostro a duras penas y con una mueca asintió, ella valoraba lo que había hecho Steineer por ella.

La sorpresa que me llevé o mejor dicho, la sorpresa que nos llevamos ambas, fue que todos mis muchachos presentaron sus honores a mi hermana, saludos dignos para una líder, ¿y Eloísa?, ella tenía ojos llenos de aprobación y solemnidad por mi hermana, lo admito, mi hermana es mucho mejor que yo, y me sentía altamente orgullosa de ella. Solo Silvana mantenía un ojo puesto sobre mí y Oliver sobre Silvana, era una batalla de resistencia, un paso mal dado y todo se iría a la mierda. Cuando toda aquella celebración terminó, comencé. ─ Les doy las gracias por todo lo que hacen por mi hermana, les doy las gracias por todo lo que han soportado y les doy las gracias principalmente por haber sido tan buenos amigos y fieles conmigo y sobre todo con Wendt. Principalmente ella, que es la persona que más me importa en este mundo ─ con esas palabras le di una mirada a Silvana, me daba igual si intentase de usar mis sentimientos en mi contra, pero no puedo negar que amaba a mi hermana, ella es todo lo que me quedaba, mi única familia. A parte de que lo declaraba a todos los presentes, era una advertencia implícita, el que osara a tocarla… debía pensarlo muy bien antes de hacerlo. ─ También… les quiero pedir perdón a todos, sé que no soy una líder ejemplar, pero ustedes han puesto su fe y su confianza en mí y… he tratado de no defraudarlos, sé que por mi culpa perdimos a Bauer. Si no hubiera sido tan descuidada… él aun seguiría entre nosotros, pero como dijo mi guía y mejor consejero: si quiero honrar su sacrificio, no debo detenerme, es más, no Puedo detenerme. Eso quiere decir que de ahora en adelante… arrepentirme o rendirme, no están en mis opciones ─ guardé silencio un segundo, tenía que armar todo concienzudamente si no quería cometer más errores.

Reflexionando en todo lo que había pasado, en todo lo que había vivido y en todas aquellas palabras mencionadas para aconsejarme, estaba más que claro que tenía mucho que explicar, mucho que preguntar y sobre todo mucho que aprender. ─ ¿Eloísa? ─ su respuesta fue enarcar su ceño. ─ ¿Eras consciente de la situación en Orphan? ─ Si ─ Por eso enviaste a Bach ─ Así es ─ Diste la orden para que se vinculara con ella ─ ¿Adonde quieres llegar? ─ Necesito saber que tan delicada está la situación. Si quiero borrar mi rastro necesito saberlo todo antes de tomar la decisión ─ ella guardó silencio solo por un segundo. ─ Las cosas se comenzaron a torcer al tiempo de la muerte del padre Mitchell, incluso antes. Después de su muerte, las cosas se torcieron en Alemania, lo único que teníamos como buenas relaciones, no tardaron en desmoronarse. Las medicinas, los productos manufacturados, todo lo que tuviera que ver con El Viñedo y Orphan… eran totalmente sitiadas y atacadas ─ guardé silencio en busca de posibles resultados e intenciones. ─ No quieren una confrontación abierta, quieren cerrarnos los recursos y las vías por cualquier medio. Saben de nuestro potencial y nos creen una amenaza ─ opinó Oliver, pero en su comentario quería decir algo más. ─ Pero eso no aclara lo que quieres hacer, Elisa ─ comentó Silvana con su ceño enarcado, quería desafiarme, en cambio mi respuesta fue mi mentón tenso y una mirada afilada, no quise responderle para no entrar en discusiones. ─ Oliver… hace mucho que me repetías una y otra vez y ustedes, también, me lo recordaban, que nuestro trabajo es atacar desde las sombras. Y… antes de… aclarar mi plan, necesito saber que tan comprometido está todo, la gente de Orphan y El Viñedo, ¿Corren peligro? ─ guardaron silencio y la respuesta de Eloísa fue: ─ Desde luego que corren peligro, supongo que si fuiste a Londres tuviste que pasar por Orphan ─ Si ─ Y te habrán rendido el reporte de la situación ─ Así es ─ Lo mismo que pasó en Orhpan, pasó en El Viñedo. Los atacaron, asesinaron a varios de los civiles con la intención de verse como asaltantes, en otras como señalaron como traficantes peligrosos y no dudaron en entablar confrontación ─ Debo buscar la forma de refugiarlos ─ Ya son demasiados, Elisa, no puedes salvarlos a todos ─ replicó Eloísa, su tono de voz revelaba su frustración. ─ Sé que tu solo vez a las personas como simples sujetos, piezas reemplazables por otras mejores, pero no dejan de ser vidas. Mi hermana es una de esos sujetos ─ Tu hermana es tu vinculada ─ volvió a replicar destacando la diferencia.

¿Qué podía hacer?, me sentía de manos atadas, o tal vez tenía miedo de afrontar todo este problema, y saber que estuve a punto de perder a mi hermana… más miedo me daba de confrontar las cosas. ─ Que la muerte de Bauer no quede en vano ─ fueron las palabras que cruzaron mi mente, las palabras de Oliver; le di una mirada y él me la devolvía con su expresión totalmente ilegible, tragué con dificultad y… ─ Moveremos a todas esas personas, empezaremos de cero, haremos de ambas ciudades una sola ─ ¿Dónde? ─ preguntó Silvana y la respuesta llegó por Oliver. ─ Puede que exista una posibilidad, pero debemos moverlos poco a poco, pero sin detenernos ─ ¿Algún lugar en mente? ─ pregunté totalmente interesada, Oliver antes de responder, le dio una mirada a mi hermana y entendí lo que quería decir.

─ Steineer… por favor, lleva a mi hermana a su habitación, que hombres custodien tanto por dentro como por fuera ─ me dio tanto dolor el ver como se desconfiaba de mi hermana, pero tenía que ser consciente que ella era una potencial arma en mi contra. Steineer señaló a cuatro de sus muchachos y él, personalmente, se encargó de llevar a mi hermana a su habitación, aunque ella quería protestar, no opuso resistencia, solo le insté a que fuera a descansar con un beso en la coronilla, y al verla tan vulnerable… me llené de odio y tristeza a partes iguales. Ya estando solos en la sala. ─ Hay un lugar en las afueras del mar de Japón, en… sus límites. Una isla lo suficientemente grande y bien protegida por arrecifes y acantilados muy filosos para cualquiera que se quiera aventurar en barcos o botes, sería perfecto ─ ¿Cuándo empezarían a moverse? ─ pregunté considerando la idea de Oliver. ─ Cuanto antes mejor ─ anunció Oliver estudiando cada rostro de los presentes. Si quería jugar con sus reglas, debía apostar todo contra todo.

Los presentes opinaban el como podría moverse la enorme procesión. Levanté un dedo y todos guardaron silencio. ─ Eloísa ─ nombré. ─ Necesito que dejes a alguien a cargo de la movilización de todos en El Viñedo, que se movilicen por tierra, así que tanto tu, Oliver, Silvana y yo, iremos para Orphan y organizar la movilización de todos por mar ─ ¿Por qué yo? ─ replicó Silvana, sorprendida que la tomara en cuenta. ─ Créeme, querrás ver lo que tengo en mente. Pero eso si, asegúrense de no dejar nada en pie, que quede desolado, un pueblo fantasma en ruinas. Lo haremos todo gradualmente para no levantar sospechas ─.

Todos los planes iban siendo revelados poco a poco, y por cada paso, Silvana y Eloísa se encontraban más interesadas en ello, hasta mi amado Oliver me observaba atentamente sin perder palabra alguna, no podía creer lo mucho que había cambiado, y por ello, Oliver me veía con aprobación. ─ ¿Cuándo comenzaremos a dar rienda a tu plan? ─ preguntó Eloísa sentada y cruzada de piernas como toda una alta dama. ─ Después de nuestras muertes. Becker. Schulz, ustedes antes eran del equipo de demoliciones, estarán a cargo de encontrar los explosivos ─ No será necesario, mi Führer. Podemos hacer una bomba casera que no dejará rastro, deje todo en nuestras manos, ¿Recuerda el restaurante? ─ asentí en aprobación. ─ ¿Y los niños? ─ preguntó Ruth, porque a ellas, también las tenía en mi lista de las personas que morirían. ─ Los niños se quedan. Ustedes vendrán conmigo a Orphan, se les darán documentaciones falsas y cambiarán totalmente sus apariencias. Asegúrense de realizar los testamentos cuanto antes. Wendt, también hará lo mismo ─ ¿Y tú? ─ preguntó Silvana señalándome con su barbilla. ─ Yo ya estoy muerta, no será tan necesario, pero si necesitaré igual una documentación falsa que me desligue de Wendt ─ Silvana asintió conforme y antes de que abriera la boca para otra de sus preguntas… ─ Steineer, necesitaré cuerpos ─ ¿Mi Führer? ─ Lo que oíste, verdaderos cadáveres que cubran las expectativas de nuestros físicos ─ guardó silencio por un latido y contestó. ─ No será problema ─ Bien. Una vez que nuestras muertes ya sean formales y anunciadas, daremos paso a la siguiente etapa. ¿Alguna pregunta? ─ nadie contestó, todos se veían conformes.

Ya terminada la reunión, me fui para la habitación con Wendt, los guardias postrados, tanto en la entrada como dentro, me recibieron con un asentimiento. A los que se encontraban dentro, los despaché amablemente dándole las gracias, ellos asintieron y salieron. Wendt aun seguía acostada, no había pegado un ojo en lo que iba de noche, me senté a un lado y ella me miró con sus ojos enrojecidos por el llanto, aun lloraba, todo su dolor, su impotencia y aquella decepción de si misma me lo transmitía por el vínculo. ─ Te tengo un regalo, Wendt ─ dije después de haber guardado un minuto de silencio, acariciaba de su cabello y ella se arrimó a mi, guardó silencio en espera de saber cual era ese regalo. ─ Pero necesito una cosa primero ─ ¿Qué cosa? ─ Necesito que finjas tu muerte y vengas conmigo. ─ ¿Qué? ─ la había tomado con la guardia baja, porque se acomodó en la cama en espera de una explicación, y antes de dársela, suspiré preparándome para ello. ─ He sido muy descuidada, Wendt, y por eso te puse en riesgo ti y a los demás. Eres mí vinculada, pero eres más que eso para mí. Eres mi hermana y mi única familia. No te imaginarías lo mucho que me dolería si algo te pasara o si te separasen de mi lado. Enloquecería si algo te llegase a pasar ─ guardamos silencio y ella… ella me abrazó acostándose sobre mi pecho, yo la rodeé con mi brazo por sus hombros y besé su cabeza. ─ Muchas cosas van a cambiar, Wendt ─ ella levantó la cara para encontrarse con mi mirada, era la niña de Londres, había vuelto a tener diecisiete. ─ Mi promesa de convertirte será cumplida ─ su rostro se le iluminó. ─ ¿De verdad? ─ Si, Wendt, y tu momento llegará por todo lo alto como te lo había prometido. Todos esos seres, aquellas personas despreciables serán mi regalo para ti ─ volví a besar su cabeza y la abracé con ternura frotando sus hombros. ─ Todo aquel que intente tocarte… no vivirá otro día ─ finalicé dejando a mi hermana acostada en su cama, pero cuando intenté levantarme, ella me detuvo. ─ Quédate ─ suplicó. ─ Si vamos a morir… quiero cumplir mi deseo de vivir como hermanas estos días ─ mi respuesta fue sonreír y le asentí, y pasamos la noche juntas, ella me contaba sus cosas, deseos de niña, en… saber que era tener una familia, yo le contaba sobre Federico, (bufido), no se esperaba que yo tuviese un novio en mi época.

Lo que fue en el resto del mes, todos se mantuvieron en constante trabajo, Wendt, Ruth y Olga, realizaron todas las diligencias pertinentes con respecto a sus testamentos; no fue necesario que salieran de la casa. Ellas habían citado al abogado para explicarle sus demandas y aclararle quienes serían los beneficiados de tales herencias. Aunque al abogado le pareciera extraño que las tres hicieran solicitud de testamentos, no hizo preguntas, total, estaban en todo su derecho. Las… becas de los niños y todas esas diligencias con el caso de Luis, seguirían su curso, no habrían cambios. En los momentos que Wendt y yo teníamos para nosotras, reíamos y disfrutábamos como las hermanas que éramos; veíamos televisión, ella tomaba de su vino y yo de mi sangre, criticábamos las revistas y las películas, Silvana y Eloísa me entendieron, nos tomábamos un tiempo para nosotras, sobre todo para que volviera la confianza en Wendt en seguir trabajando. Silvana y Eloísa se turnaban para acompañarla a la oficina, pero no podía negar, y tenía cierta gracia, ver la cara de confusión de la secretaria cuando Eloísa hacía acto de presencia con Wendt, la excusa era que eran primas lejanas, inclusive, Eloísa la acompañaba en sus juntas, pero se quedaba fuera en el corredor leyendo una revista o ampliando de sus sentidos por alguna presencia indeseada, por suerte no hubo nada de eso, pero estaría más que preparada para recibirlo cuando llegara el momento, ¿y yo?, experimentando mis letargos, a veces no despertaba, a veces si. Las veces que no despertaba, me dejaba arrastrar al cuerpo de Wendt y ver a través de sus ojos. Oliver siempre estuvo conmigo ayudándome con eso, a lo de soportar mis letargos, y era extraño para mi verme despierta… a medias, durante el día, no me atrevía abrir las cortinas para que el sol no me lastimase, aun no era el momento.

Hubieron ocasiones que paseaba por la casa dando tumbos como una borracha, la somnolencia del letargo me golpeaba muy fuerte, pero la soportaba, podía ver televisión, escuchar las aves cantar, escuchar la radio, quería retomar parte de mi vida, tener lo que se llama una rutina matutina, hasta lavarme los dientes; es extraño que no suframos de caries ni nada de eso. Me miré al espejo ─ ¿Cómo te sientes? ─ la pregunta de Oliver me trajo a la realidad, ¿Cuánto tiempo llevaba allí parada delante del espejo del baño?, no solo viéndome, también apreciaba la luz del día colarse por la pequeña ventanilla. ─ (suspiré) Feliz ─ contesté con mi mejor sonrisa llena de somnolencia. ─ No fuerces tu cuerpo, a veces necesitas descansar ─ recomendó y no dudé en darle una mirada, y no sabría si era por mi estado somnoliento, pero… la poca luz que entraba en la casa, hacían ver a Oliver tan hermoso; imagínenselo, a media luz, solo la luz del baño encendida, él vestido de sacerdote, observando con su rostro impasible y ojos profundamente negros, su cabello bien cuidado, sus amplios hombros y fuertes brazos prometiendo no dejarte caer. Dando traspié me abalancé hacia él y… él me atajó, como pude me prendí de su cuello. ─ ¿Quieres llevarme a la cama? ─ pregunté con media sonrisa, Oliver solo enarcó ligeramente sus cejas.

Con mucho cuidado me llevó, nos sentamos, y antes de que él se levantara, tiré de él y lo besé, no pude contenerme esta vez, debía aprovechar ya que teníamos este momento a solas, quería… quería matar esta sensación que bullía en mi, en saber si Oliver sentía lo mismo, quería saber como eran sus caricias, sus besos sobre mi piel, quería tenerlo solo para mi, que él hiciera conmigo lo que quisiera. Mi teoría sobre la suavidad de sus labios, su firmeza, fueron totalmente ciertas; su gentileza en aquel roce, era como acariciar pétalos de rosas, pero… lo que debía encender mi cuerpo, pedir más de él… no pasó nada de eso, ¿Cómo era posible? Por más que tuviera esta sensación de pesadez por andar durante el día resistiendo el letargo, no creo que le haya afectado a mi deseo sexual, ¿o si?, cortando el beso escruté su rostro, pero él no mostraba nada, insistí para ver si alucinaba, pero… no pasó nada, no sentí nada, era como… besar a tu primo, a un… hermano, no sabría como explicarlo, no era lo que en realidad esperaba, y él lo sabía, pero aun así, dejó que yo me golpeara con la realidad, no obstante, la interrogante que cruzó por mi mente… ¿Cómo pudieron Müller y Zimmerman estar con sus esposas?, tal vez porque ellos eran vinculados, pero una vez convertidos… todo… ¿moría allí? No se imaginan como me preocupó eso. ─ Elisa ─ nombró Oliver en un tono de querer aclarar las cosas, pero en realidad yo me había molestado, no con él, conmigo en ser una estúpida en ilusionarme con todo esto, era como estar enamorada de alguien y que tu cuerpo no responda ante aquella sensación de estar con esa persona amada, es como si tu cuerpo se haya desligado completamente de tus deseos y sentimientos. ─ Déjame sola, Oliver, por favor ─ Elisa… ─ Por favor ─ o a lo mejor si estaba molesta con él, ¿Por qué no me lo advirtió?

Sin decir una palabra, él salió de la habitación, dejando que me sumergiera en mi silencio y en mi pena, pero si… cuando yo… cuando Wendt y Erick… ¿De verdad hasta eso tengo que compartir? ─ Será mejor que me sumerja en mi letargo y me olvide de todo esto ─ pensé acomodándome en la cama.