Los Caciques - Plan Malvinas - Inacayal

Los Caciques

El regreso de Bariloche había sido tranquilo, fotografiado por mi compañera, toda la belleza de su itinerario.

Yo escuchaba a Josè Larralde mientras asociaba una canción de el ; con un dirigente gremial, tal vez pensando en dedicársela por la F.M. cuando llegara a mi ciudad, para que la gente la escuche, me habían emocionado las palabra del cantor, el grito estaba en mi garganta y las lagrimas por decir los mismo fueron reprimidas para no molestar a mi compañera que disfrutaba del paisaje, solo un suspiro profundo y apretò el botón volver a la pista del CD para escucharla de nuevo:

Quién le ha dicho muchacho que en las casas

naides va a preguntar de andes que saca

pa andar tan empilchao, sacando pecho

y haciendo de la vida una cumparsa.

Quien le ha dicho, que naide se da cuenta

que haciendolé mandado a la disgracia

usté no se ha quedao con algún güelto

ni disimula sebao la refalada.

Y no sé si usté sabe ¡que hay quién sabe!

que usté nació más seco que ojo de hacha

y que de piojo remontó a caudillo

babucheando el lomo de los que trabajan.

Usté sabe ¡seguro! y no le importa

ni de Dios, ni del rancho, ni la Patria

ni siquiera del nombre que mal usa

cuando mete una firma a la macana.

Quién le ha dicho señor que allá en las casas

lo eligieron asi pa que hocicara

que se olvide del sol de su bandera

haciendolé mandaos a una estrellada.

Uste es usté, y toda la arrogancia

que aplasta la verdad y la palabra

¡Qué amarga me salió esta cebadura!

que hasta la yel se me escuende en las entrañas.

Los mates del camino habían pasado hacia rato, a las doce y media del mediodía la languidez empezó a mandar sobre la voluntad y a pedir un lugar para almorzar.

-Falta poco para El Bolson – dijo Mary mi esposa.

-Pero, ¡El Bolson siempre esta lleno de turistas!- dije yo pensando en la cola que nos esperaba en los negocios- No salìs màs cuando entràs a comprar.

-Y bueno Negro.- Dijo ella como diciendo que renegón que sos, tenès que tener paciencia.

Solo fue, dos o tres kilómetros de vista fija y pensamientos, para que el cartel negro con letras blancas de tiza cambiara la planificación.

“Menu del Dia” – Parrillada Completa.-

-¿Qué hacès?- Preguntò Mary asustada cuando vio que bajaba la velocidad del vehiculo tirándome hacia la banquina, mientras yo miraba los espejos retrovisores poniendo el guiño para retornar.

-Ahí tenemos un lugar para almorzar tranquilos- respondì yo mientras dejaba pasar un auto que pasaba a gran velocidad, y seguramente con igual planificación que tendriamos anteriormente nosotros, agregue con una sonrisa- ¿Te gusta la parrillada completa?-

La construcción era de madera a dos aguas, estaba en altura, había que estacionar los vehículos sobre cerca de unos troncos que hacían de división de un césped campestre.

Habia que subir unas escaleras caseras, se veìan antes de ingresar al local un par de mesas con sillas con el logo de la cerveza “Heineken”, por si alguien querìa disfrutar del paisaje comiendo afuera, a pocos metros la ruta seguía con su misma planificación ciudadana, solo se escuchaba y veian vehículos sin forma ni importancia era un simple tzuuum, silencio tzuuuum, silencio tzuuuum .

Pero una pequeña brisa de frio que viajaba por el cañadón invitaba a refugiarse adentro a pesar de ser verano, una camioneta Toyota se viò estacionar a los pocos minutos.

No había luces adentro, solo la claridad de la puerta abierta, y de las ventanas, dos mostradores en L con artesanías para vender , con patentes viejas, fotos azul y blanco ni siquiera blanco y negro, bozales, recados, riendas todo bien decorado o màs bien, reciclado, eran cosas antiguas, valoradas que ambientaban el paraje.

El piso de madera un poco hundido por el paso de la gente, mesas y sillas de madera con cuero de chivito mullido para calentar las asentaderas, lo que le daba un toque campero.

No había nadie en el lugar para atender, aunque se sobreentendia que debería haberlo, el hombre de la Toyota también había ingresado, pero con mas ganas de comer que de apreciar, para el hombre, el ambiente estaba en segundo plano, quizás también un poco intrigado por que no había nadie.

Un hombre de unos cuarenta años salió del lugar donde se suponía que estaba la cocina:

-Buen dìa, - dijo ofreciendonos una carta- pueden sentarse donde quieran. Hoy tenemos parrillada completa y bueno si quieren les podemos ofrecer lo que dice la carta, pero va a tardar un poco màs.

-No, no, la parrillada completa, con ensalada de tomate y zanahoria esta bien para nosotros- respondimos rápidamente, mientras el hombre pedia una picada para esperar afuera disfrutando el paisaje.

El patè y los glisines disminuìan a medida que la espera se hacia larga.

Un señor mayor y una señora acababan de entrar, mientras yo pensaba (-no pasa nadie y cuando uno entra a un negocio, entran todos-).

- ¿Cómo les va?- dijo el hombre para entrar en conversación- Nosotros somos de Cordoba.-

- ¿Como anda eso?- respondì con cortesía- nosotros somos del sur.

- ¿Conoce La Pampa o San Luis?- preguntò directamente.

- No, por ahí no he andado – dije para que contara lo que tenía ganas de contar-

- Algunos camping son carísimos, pero en La Pampa, la pasamos bien hasta un ciervo vimos, debe ser que están acostumbrados a la gente estos bichos, ¡Por que lo teníamos ahí!, ¿no es cierto vieja?- dijo mirando a la mujer.

- Si, viejo, de la casilla rodante lo veìamos, ¿atenderà este hombre?- preguntò pensando en su turno para pedir.

- Si, ya viene – le dije para tranquilizarla.-

- Lo que pasa que ella esta un poco jodida de salud- me comentó un poco en secreto el hombre.

- ¡Aquí tienen!- dijo el hombre – Si necesitan pan, bebidas me avisan, ¡ya le tomo el pedido!- dijo a la familia mayor, que tenìan ganas de almorzar.

Luego de la segunda entrada del dueño y en el impas donde todos estábamos almorzando, le preguntè con curiosidad.

-¿Por qué se llama asì el lugar?

-El Foyel – dijo el hombre con una profundidad del conocimiento, y con ganas de demostrar que no solo servìa comida a los turistas- con mi señora somos de Buenos Aires, vinimos para acà por la tranquilidad, todos los alimentos son frescos y los traemos en el dìa. ¿Ve esas fotos?-

-Si, las estaba observando, pero no hay mucha historia conocida de la campaña al desierto.

-¡Justamente!, ¿ve ese que està allà arriba?- señaló la fotografía casi verde azulada de archivo, ampliada como las demás- Ese era el que capitaneaba todos los indios, ese es Saihueque, tenía dos caciques a cargo, uno era Foyel y el otro Inacayal, ese era tehuelche.

-Esas otras fotos son de algunos indios capturados y llevados a Bahìa Blanca-continuò- A Foyel lo mataron.

Cuando pase El Bolson yendo para Comodoro Rivadavia, hay un lugar que dice camino a Cholila hacia la derecha, hacia la izquierda hay un museo en la estancia “Leleque” ahì està el cartel de Foyel, y a Inacayal lo llevò Pascacio Moreno al museo de La Plata, allí murió y sus restos descansan en el pueblo de Tecka- cerrò el hombre mientras se retiraba a la cocina a buscar otro pedido para no desatender a los comensales.

-Ponete cerca con la cámara y sacale foto a los tres- dije a Mary pensando que había pocos libros de historia con fotos de cada uno de ellos.

-Mi hija esta en el festival de Cosquin,- dijo el hombre viejo entrando en la conversación, mientras que el de la camioneta Toyota se acercaba curioseando para saber de que se trataba- a ella le gusta Rubèn Patagonia ¿no es cierto vieja?

-Siiii!!, està enamorado como canta ese hombre, ayer justamente nos llamò, ¿tendràn postre?

-¡Ah! Si, -dije recordando al cantante- a mi me gustan algunos temas como “Amutuy”, “Chaltèn”, una que hace con Berbel y la del Moyano, pero me parece que el no es indio, y se acabò la charla en ese instante, sus voces seguían hablando pero yo, ya no estaba allì, solo respondìa el cuerpo visible de esta vida, mi alma y mi mente estaban en otro lado, ni siquiera me había dado cuenta como había pagado, o despedido de esas personas, solo estaba manejando, en camino, pensando en mi madre cuando me había dicho.

-Rubèn Patagonia no es indio, me parece que ese, es catamarqueño, fijate los rasgos, nosotros no tenemos los labios gruesos.

Esas eran las respuestas cortantes que me dejaban pasmado, ¿Qué me querìa decir con esas cosas?, a mi me gustaba como cantaba y me emocionaba si me somatizaba con las canciones.

O esa vez, que le había preguntado

-¿hasta donde llegaba nuestra raza?, ¿hasta la provincia de Rìo Negro?

-¡No Negro!- dijo ella despectivamente- ¡ahì estaban los manzaneros!. Vos estàs como esa chica de la Universidad que me vino a ver para hacer el censo indígena.

¡al final le tuve que enseñar yo, a ella!, Creìa que todos los indios eran iguales, le tuve que decir que no, que se fijara, los mapuches son petisos y chuecos y nosotros pasamos el metro ochenta. Hasta que lo entendió. ¡Ahora resulta que todos los mapuches vivieron en nuestra tierra y los araucanos también y esos eran chilotes!,

Todos vienen y les dicen que vivieron en estas tierras y los pelotudos de los intendentes y gobernadores como no saben un carajo, le entregan a ellos, falta que venga un comanche y un siux a pedir a la Argentina y Bingo. ¡Una calentura tengo con eso!,

Encima la ley que sacò el Congreso està como la mierda, asi que tenès que tener apellido de indio para que te den tierras, y si ¿tu decendiente era india? Al casarse pierde el apellido igual que la bisabuela, no saben para que están ahì, dan por dar, la Constitucion esta como el orto, y nos quieren meter el dedo en la boca.

-Pero mami, ellos también tienen sus derechos.

-No seas pelotudo Negro, ¿Vos que te pensàs?, que los indios se llevaban bien, también tenìan sus diferencias y por eso cada uno respetaba su territorio.

-No es como te lo quieren hacer creer, estos comunistas de la Universidad y la del ministerio de Accion social- apuntaba con su dedo un lugar imaginario fuera de la casa, donde estaban ubicados esas instituciones- que lo único que quieren es usarnos.-chasqueaba sus dedos- ¡Despertate!-

-Nuestra raza ya murió, vos tenès el 12.5% de sangre tehuelche y desaparece con tus nietos, nos u-sur-pa-ron, la raza mapuche ellos son cien mil según el ultimo censo, contra mil de nosotros, ellos están organizados y tienen una bandera, si nos descuidamos van a decir que vivian en Misiones por que son asì, les tira su raza araucana.

Los universitarios que quieren que nos abracemos, en vez de decir la verdad, por que no investigan bien.

El gobierno que no entiende nada, por lo menos Saihueque rechazò la bandera chilena según Mariano Bejarano; la sangre tehuelche que tenía tiraba mas..

-Otros que están metidos- seguía con dolor manifestándose- son los Hijos de puta de Braun y Menendez Betty, les cortaban las orejas con unos gringos como Popper para quedarse con las tierras de los onas y a los nuestros los envenenò a todos después de un asado.

(-Menendez Betty, Menendez Betty, Menendez Betty-), retumbaba en mi cabeza el recuerdo del taxista en Punta Arenas Chile cuando dijo con admiraciòn – ¡En esa cuadra vivìa la sra.!-

¿serìa ahì o en Rìo Gallegos, solo pensaba en el monumento de la plaza. Hernando de Magallanes pisando la proa de un bote, con la cabeza mirando al cielo como dando gracias a Dios, descubierto por respeto. Pero a bajo sus pies, del bote y el mar, dos indios patagónicos sentados, con sus tremendos pies hermosos por el brillo metalico, incluso màs abajo de la sirena de la libertad que sostenía el escudo chileno de una estrella con una mano y la heráldica española con otro escudo con una corona, dos torres y dos caballos rampantes cruzados. Que ganas de repartir en cuatro, las estatuas en la plaza y ponerlas a todas a la misma altura, no me molestaba Magallanes por que conocía la historia, me molestaba la actitud del escultor para dejarlos sometidos para siempre, a pesar de la hermosura.

Tal vez tenía razón el ultimo mapa de ubicación de los pueblos originarios marcaba gran parte de la provincia del Chubut poblada por mapuches, sin embargo cuando había ido a visitar, el lugar que poblaron los galeses en el valle del rìo Chubut, llamados Dolavon y Gaiman.

Quizàs en el que los mismos lugares donde había andado Lady Di alguna vez, en el mismo pueblo donde había fotos color sepia, de antiguos aborígenes para los turistas; un galès, tal vez sin saberlo, atendía a un tehuelche y le explicaba los mejores lugares para pasear, pero ellos habían hecho algo bueno para honrar la tierra, la habían trabajado, habían elegido una bandera como Saihueque.

El censo actual de los pueblos originarios hecho por el gobierno, se contradecía con el libro de Abraham Matthews en su “Crònica de la Colonia Galesa de la Patagonia”, cuando dice que alguna vez habían sido visitados por dos tribus, que se habían establecidos a las márgenes opuestas del rìo, uno eran los tehuelches o gente del cacique Galatts y los otros, pampas o gente del cacique Chiquichano.

Dice al final del libro que había tres clases de indios, los del sur u hombres grandes, altos y de ancho cuerpo, los del norte de mediana estatura y los del oeste que son pequeños, pero no especifica quienes eran los que mendigaban y eso me entristecía por el orgullo que siempre tenia mi raza.

El Bolson había quedado en el camino de los combustibles, solo pensaba en el cartel de la indicación,

Y luego de unas horas de viaje, apareció el cartel blanco, inmenso con la figura de Foyel, ¿desviarse o no desviarse?, un museo en la nada. Horas de espera para el que tiene todo programado en la cabeza.

Cerca y hacia el frente estaba el camino de Cholila, había estado allì alguna vez para la “fiesta del asado”, cientos de corderos al asador, vacunos, puestos de artesanos y música campera.

Pero la lluvia, había arruinado todo, pensaba que hermoso sería comprar una casa en el faldeo del cerro con todo ese verde paradisiaco.

Pero yo solo iba para una sola cosa, corroborar lo que había leído en el libro de Don Asencio Abeijon, en las “Historias de un carrero patagónico”.

Si existía todavía la cabaña de Butch Cassidy and the Sundance Kid, esos pistoleros del Far West que habían asaltado el supermercado Lausen, esos de la película de Robert Redford y Paul Newman

No había lugar en el pueblo para quedarse por la afluencia de los turistas, salì y preguntè en un mercado ¿donde estaba la cabaña famosa?,

-A dos kilómetros,- me habían indicado, pero no pude detenerme a verla, quizás tanto esperar, no querìa que se me estropeara la ilusión.

Preferìa que estuviera intacta en mi imaginación y que no me presentaran algo turístico preparado.

En el museo habían autos estacionados, una Ford Ranger de una pareja de turistas chilenos estacionò al lado nuestro, seguramente con las mismas intenciones.

Era una especie de sala oscura, con el agradecimiento a un gringo por la creación del museo, flechas, vestimentas indígenas.

La voz grabada de un indio para escuchar por auriculares y que se repetía tantas veces uno quisiera, si no entendía la traducción en la lectura. La figura de Saihueque en tamaño real.

No permitìan tomas de fotografías.

El legajo policial de una prostituta con el alias en otra vitrina, mas allà, una estufa a leña y la montura de un sheriff de los Pinkerton, seguramente de los que seguían en esos tiempos a los forajidos de Cholila.

Sòlo fue eso, el desvìo, la visita y la compra de unos souvenir para llevar.

Teka no quedaba muy lejos, solo unas horas de viaje màs adelante, las maquinas viales asfaltaban el camino hacia tiempo.

Lo primero que le llamò la atención era el cajero link, ¿Quién lo llenarìa?, ¿Se usaría?, o era una pantalla política.

El Nuevo plan de Malvinas

El pueblo era de unas pocas cuadras. En el viaje ida lo había visto, pero al regreso lo divisè de lejos, blanco, con ese frìo, con ese viento helado, haciendo guardia como siempre, mirando a Malvinas y al camino, con su Duvè, su casco, su bombacha militar y sus borceguíes que se habían puesto blancos de tantos inviernos.

Girè saliéndome de la ruta que hacia de Avenida, y me acerquè, tenía mi altura.

Allì estaba imperturbable y con tanto amor en sus brazos, con flores, siempre con flores y un regalo.

¿Quién sería el familiar que lo cuidaba o lo recordaba?, ¿Serìa recordado en el pueblo, lo habrían conocido a ese soldado muerto en Malvinas que hoy tenía una estatua?.

Mi teoría era que podìamos recuperar las islas Malvinas nuevamente sin derramar sangre. Habia leído todos los informes que la empresa Desirè Petroleum, y la prognosis de los pasos formacionales en el yacimiento llamado FOSA y los pozos perforados.

Habia ingresado en internet en la empresa alemana, Harrenknecht que fabricaba tuneladoras, el único que había traido una a la Argentina era Mauricio Macri.

Pero no necesitaba una tan grande, tenía que ser para que pase un grupo de infantería.

El mejor lugar lugar para hacerlo era desde Tierra del Fuego, pero la parte màs practica era desde Puerto Deseado.

Largarìan con un diámetro para un tren, el tren podría llevar vehículos y pertrechos.

El avance de la perforación sería de 10 mts. Por dìa. El cemento se traería de las cementeras de Pico Truncado o Comodoro Rivadavia para las placas cementicias para sostener el túnel.

El tipo de tuneladora seria la que utilizaron los franceses para unir el Canal de la Mancha con los británicos, ya que los británicos habían sufrido dificultades en su construcción.

Se llamarìa a todos los veteranos de guerra que estuvieron en las islas por que conocían el terreno mas todo el mapeo satelital actual.

Se debía calcular los kilómetros dividido el avance para tener una fecha limite de llegada.

Hasta las docientas millas no tendríamos problemas para hacer el túnel, luego de eso se trabajaría de noche.

La entrada de la tuneladora nueva seria a través de Bolivia o Perù, para evitar suspicacias de los países aliados al Reino Unido . En Puerto Deseado comenzarìan las obras en modo camuflado para evitar los satélites norteamericanos.

Un veterano de guerra irà con cada patrulla de infantería para guiarlos en el terreno que ya conocen, la invasión se hará de noche, elijiendo un dìa de tranquilidad para los malvinenses.

Se tomaràn prisioneros a todos los malvinenses, militares y civiles, se cortaràn todas las comunicaciones con el Reino Unido y se inhabilitarà el aeropuerto y el puerto.

Todos los prisioneros serán transportados hasta el túnel y se cargaràn en los vagones del tren.

Se cerrarà una parte del túnel hasta un kilometro cerca de la isla y el resto será implosionado para que los ingleses no puedan ingresar por el hacia el continente, pero que quedarà asì, a futuro.

La invasión debe durar 8 horas a un paso veloz, se interferirán todas las comunicaciones por medios tecnológicos.

Todos los malvinenses capturados serán privados de sus sentidos, se colocaràn altavoces en el tren, que simularàn los sonidos màs reales a un avión para desorientarlos, tendrán que estar en el continente y específicamente en Puerto Deseado en menos de 4 horas, un grupo comando quedarà para implosionar la parte del túnel que une a la isla.

Toda la logística debe estar preparada, en Puerto Deseado, los civiles y militares malvinenses serán tratados con los derechos de un prisionero de guerra.

El tren cambiara de rieles al salir del túnel, para conectarse al ramàl hacia Las Heras, allì lo estarán esperando camiones militares camuflados para trasladarlos hasta la zona del Bajo de la taba, Entre la localidad de Bajo Caracoles y El puesto Las Marias, los trailers de alojamiento o containers marinos acondicionados, serán puestos entre los cerros por motoniveladoras y tapados en la parte superior para que no sean divisados por aviones de reconocimientos o satélites.

El reino unido tendrá una semana para llegar a la Isla con la flota, su fuerza aérea con 12 horas, pero el desconcierto los hará establecerse con seguridad en cuatro días.

No pueden declarar la guerra a la Argentina en tanto y en cuanto no sepan lo que sucedió, los entes internacionales empezaràn a discutir sobre el conflicto que estarà en escalada, pero que no atacaràn a ninguna parte del continente por no saber si sus compatriotas están en peligro.

Cuando el Reino Unido declare la guerra a la Argentina, esta negociarà la entrega de los prisioneros a cambio de una fecha estipulada de entrega de las islas no mayor a diez años.

El plan de invasión no debe ser revelado por el tiempo de cuatro años, de manera que las potencias estèn desconcertadas por el tipo de armas que puedan tener la Argentina y que en realidad lo rudimentario puede ser efectivo, pudiendo ser un tipo de estrategia futura si se la mejora, ya que no existe rastreo satelital que pueda detectarlo, al menos que sea por vibraciones sísmicas.

Inacayal

La estación de Servicio de Tecka estaba llena de turistas que cargaban combustibles, o pasajeros que llenaban sus termos de agua caliente para el mate.

Tres gauchos hablaban bien requintados, con sus ropas; listos para viajar a Gobernador Costa para la fiesta del Caballo.

Algunos hacían fila para ir al baño, el césped bien cuidado del lugar hacia descansar la vista con respecto al terreno desertico.

-Buenas tardes señor, ¿comùn?- preguntò por el tipo de combustible para echarle al vehiculo.

-Super, por favor- dije yo refiriéndome a la nafta.

-¿lo lleno?

-Si, maestro- respondì yo, bajándome para estirar las piernas.

-¿Le limpio el parabrisas?,¿el aceite esta bien?

-No gracias, no se haga problemas- dije yo entendiendo que debería estar cansado de aguantar a tanta gente y queriendo ser considerado con su trabajo. Preguntando inmediatamente al ver que el gatillo de la pistola estaba en automatico.-¿Cómo se llamaba el el soldado de Malvinas, esa estatua que està en la ruta?

-A ese, Austin, Austi o algo asì, no se bien por que no soy de aquí, pero me parece que hay un barrio del pueblo que lleva el nombre de el- respondió apretando el gatillo de la pistola de combustible de nuevo, por que había saltado al ahogarse por los gases.

-Ahh, y ¿eso de ahì enfrente es el monumento a Inacayal?- le preguntè señalando el cerro cruzando la ruta donde se divisaban unos carteles y una especie de hermita.

-La verdad, me sonò con esa pregunta- respondió el playero.

-No se preocupe maestro, pero tiene que saber, para informar a la gente que pregunta- le aconsejè sin saber si le interesaría o simplemente era un interés mìo.

Paguè , hice los mismos vicisitudes que los demás, girè y subì hasta el mausoleo, el viento se sentía màs fuerte en el cerro, los carteles soportaban estoicamente los embates de las ráfagas, no había una senda clara para subir o bajar.

Allà abajo se veìa el pueblo con vehículos pesados y livianos que viajaban apurados a su destino.

Pusè el freno de mano, me acerquè rápidamente por el viento, Mary también se bajò entramos al panteón que tenía una puerta de hierro, el viento cesò en su interior, habían varios recortes de diarios con nombres de políticos repatriando los restos de Inacayal.

Su cabeza estaba sobre una pequeña columna, una replica casi exacta de su fisonomía en la foto histórica. Atrás de ella una placa de bronce con fecha de su traslado.

Su tumba era un chenque indio con piedras de canto rodado al viejo estilo tehuelche.

Mary pisò una piedra del monton, e hizo que caigan dos o tres mas del monton.

-¡Despacio!- dije yo mirándola – màs respeto, no ves que es la tumba de Inacayal.

-¡Ahh!- respondió ellà sacando la lengua y abriendo los ojos. Entendiendo en esos momentos que estaba el finado allí, acomodò las tres piedras con cuidado y dijo seguidamente- Te espero en el vehiculo mejor.

Yo había salido un rato hacia afuera, el viento seguía soplando fuerte, y me empujaba la espalda haciendo que diera pasos hacia atrás y adelante para mantenerme firme.

Solo querìa leer todos los carteles de su historia, en el vehiculo Mary miraba como preguntando- ¿A que hora nos vamos?-

El cartel tenía varias historias, estaba el nombre de su familia y su hijo, otra que le había hablado a los soldados de la conquista del desierto, diciéndole que el era un cacique y que lo habían sometido.ç

Pero el que me había llamado la atención era que sus últimos días había vivido en el museo de la Plata llevado por Francisco Pascacio Moreno como ayudante o vaya a saber quizás por pagar sus culpas de salvar a alguien.

Que su ultimo, y en el libro del encargado, dice que Inacayal bajò las escaleras, se inclinò hasta quedar de rodillas, se arrancò su camisa con su pecho al aire, miro el sol al saliente y luego al poniente y gritò sabiendo que le había llegado su hora, y cayo muerto.

El viento había desaparecido para mi, aunque estaba allí, solo que yo no lo sentía, Subì al auto, los cambios se pusieron automáticamente, bajè el cerro manejando una alfombra sin motor, ya no había estaba el pueblo de tecka en mi visión.

Solo estaba el camino hacia Gobernador Costa y en definitiva una linea negra que me llevaba a algún lado con la visión perdida, enfocada en un punto o en mis pensamientos.

Preguntas, preguntas y màs preguntas cruzaban por mi mente, que sabiduría; poder saber el dìa de su muerte, como San Martìn cuando le dijo a su yerno “es el descanso de la muerte” para despedirse, como el relato de las enfermeras de Peròn cuando en sus últimos días se incorporò en su cama y dijo -¡Eso es todo!- como el cantante popular Sandro cuando su mujer le preguntò si se querìa ir de gira y el la mirò entendiendo.

¿Cuando nos sacaríamos estas túnicas de la sociedad, para ir sobre un cerro?, yo ya había elejido uno como todos los indios, no querìa estar en ningún cementerio, me inquietaba vivir la eternidad con tantos esqueletos, con tanta tristeza, yo quería mi Chenque.

Tampoco querìa que me cremaran, era como entregarme solo a un infierno para quedar en cenizas.

Yo querìa mi cerro, tenía que hacer un anteproyecto o una petición al concejo deliberante de Chubut y Santa Cruz, el único petitorio del ultimo dueño de la Patagonia, yo había sido el rey en mi mundo, como Orlie Antuane de Tounens con Quilapan y sus araucanos, pero su proclama llegaba hasta sus dominios no los nuestros, yo había dividido la Patagonia como el Reino Unido, Gales, Escocia e Inglaterra, Araucanos en Chile, mapuches con los manzaneros, y los tehuelches en la parte centro y sur.

Los Huincas, creyeron que eran los dueños de algo insignificante y perenne y en realidad no era nada, yo en cambio sin ser dueño, viajaba con mi alma en un nivel superior, solo trataba de buscar y leer las palabras vigentes de Tatanka Yotanka en su carta al presidente Franklin Pierce, alguien; en otro hemisferio me hacia emocionar a través del tiempo y la distancia cuando decía:

..”¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros?

Mi cerro elejido, estaba en un lugar llamado Punta Peligro, estaba entre el limite de las dos provincias al sur del destacamento policial Ramòn Santos.

Tenìa la vista màs hermosa del mar a 180ª la ruta pasaba por allì, yo veìa gente en parapentes, gente que disfrutaba la playa de arenas en verano allì abajo.

Veìa una estación de Servicio grande, un parador, gente sacando fotos, unos estatuas de monjes gregorianos subiendo el cerro de enfrente. Al costado del camino marcando la senda como el cerro el calvario de Tandil.

Veìa una estatua, como el Cristo Redentor de Brasil, pero tenía que ser algo original, había pensado en la asencion del Espiritu Santo, se verìa hermoso viajando de Comodoro Rivadavia hacia el sur, y del Sur al Norte.

Con gente que fuera a visitarme, una estatua de mi gente, estaría mirando el mar, sientiendo el viento y el sol cuando nace en las mañanas.

Esa estatua les daría suerte si le hablaran o les cumpliría sus promesas, los pintores se inspirarían sobre sus caballetes, y los poetas cantarían sus versos.

Un estatua de un clavadista se verìa un poco mas abajo del cerro en distintas posiciones a medida que avanzara el vehiculo hasta completar el salto.

Solo podrían enterrar a mis parientes de sangre. A la vuelta de punta peligro colocaría una iglesia de carmelitas descalzas. Tal vez un descendiente de Antonio Pigafetta que pasara por el mar volveria a observar la mitica tribu de patagones gigantes y anotaría en su bitácora que aun seguimos vivos.

Un sueño grande para alguien tan pequeño.Que me importaba, era mi sueño, podían tener todo mi territorio pero no podrían someter mis pensamientos.