Libro 3: Juzgar
En busca de la fuerza interior. -
Yo practicaba Tae Kwon Do en el Complejo Municipal, si llegaba temprano nos íbamos con los alumnos a ver las clases de pelota al cesto, subíamos a la tribuna y nos sentábamos a observar las chicas como corrian una especie de caño largo con una base de cemento y una especie de canasta de basquetboll, me quedaba embelezado observando una chica que usaba la camiseta de los Cardinals, con su pantalón corto y su sonrisa de perlas, la cancha estaba rodeada de tribunas y en el fondo , justo frente a la entrada, el escenario, la cancha estaba rodeada de líneas de diferentes colores, cada una demarcaba el deporte que se jugaba, basquetboll, voleiboll o papi futbol, deambulábamos en el complejo esperando la hora de ingresar, a veces viendo como jugaban bowling, boxeo y esgrima era imposible observarlos porque no coincidían los horarios, siempre había querido ver esgrima por que le daba un cierto aire caballeresco, al duelo y al honor, en otras ocasiones íbamos a ver natación, apenas subíamos la escalera nos recibia el calor del vapor, por la temperetarua del agua que generaban las calderas, los ventanales inmensos y a la vuelta en ele hacia que se observara el exterior y el paisaje, los gritos de los chicos o las personas reverberaban en la cúpula cóncava, las tribunas estaban casi siempre vacias, los padres o familiares se apoyaban en la baranda que separaba la grada de la pileta, de vez en cuando alguien se animaba a tirarse del trampolín en la parte profunda, los chicos y las mujeres usaban un gorro plástico que los hacia parecer a los pilotos de aviación de la época del Baron Rojo pero sin mascara, en ocasiones las chicas para mostrar su belleza, salìan caminando en la parte baja, contra la friccion del agua que la iba haciendo aparecer desde los hombros a la cintura con un andar cansino, las ondas que formaba el avance, eran un velo invisible de un vestido imaginario, subían la escalera lentamente, y se arreglaban el gorro con delicadeza y el elástico de la malla, asi caminaban unos metros en una pasarela de desfile, hasta la banca donde habían dejado su toallon y sus ojotas, desde la confiterìa que daba sobre un lado de la pileta, la gente observaba sin descuidar su pedido, el silbato del guardavidas para cerrar un turno, nos avisaba que llegaba la hora nuestra para comenzar a practicar, simplemente bajábamos con nuestros bolsos al vestuario para cambiarnos e ir a practicar.
Me gustaba, la filosofía de vida de los asiáticos, seguía pensando en la paz de meditar en esos templos, la vida dedicada al deporte y la bondad.
Al entrar Dojo se debia dejar el bolso con la ropa, sacarse el calzado y saludar con los pies en posición de firmes hacia el fondo del gimnasio hacia un espejo inmenso que ampliaba el salòn, en la parte superior habían dos banderas sobre el espejo, en la pared , ambas en forma oblicua, la bandera coreana tenia el yin y el yan en su centro, yo sabia que esa leyenda por lo que me había enseñado mi amigo Maximo en Puerto Deseado cuando me enseñaba Kung Fu, solo que Karate y Kung Fu no eran compatibles, los que practicaban Kung Fu vestían de negro cuello mao botones cruzados y alpargatas negras, ellos no gritaban el kiai.
Los karatecas según ellos, eran màs duros no había gracia ni utilizaban la fuerza del oponente para acompañar los golpes.
En Caleta Olivia no había profesores de Kung Fu si de Karate, pero debia elegir entre China y Japòn, había decidido por Corea, el Tae Kwon Do era el intermedio.
El sabon, asi le decíamos al maestro, nos explicaba las cosas a su manera.
-¿Qué quieren decir esas líneas en la bandera coreana?
El se diò vuelta y mirò, indicando cada parte de los trigramas con su dedo dijo.
-Los grandes protejen a los chicos, los chicos protejen a los grandes, igualdad, fraternidad.
Yo tenía el recorte de los 64 hexagramas, si podía resolverlos podría entender parte de la filosofía oriental, me interesaba conocer a Lao tse, Confucio, Jigoro Kano, la vida del samurái, los shogunes, el honor en el seppuku.
Pero a mi maestro solo le importaba la competencia en el combate, eso se fluìa con naturalidad por la practica y la constancia. Ataque, defensa, flexiones, estiramientos, era la rutina de adivinar los movimientos, mirar los ojos, los hombros y los pies en una visión sub-enfocada sin dejar de enfocar el plano de los ojos.
A los ocho meses habíamos ingresado como de costumbre, alguno colgó una bolsa y la golpeaba simulando los esquives y ataques. Las distintas patadas a la bolsa quebraban en dos su cuero, frenando en su vaivén el movimiento, lo que formaba una figura fotográfica del practicante.
A lo lejos Carrillo que era uno de los mas agiles, desafiò a otro de igual características físicas:
-¿Cuántos pasos das sobre la pared sin caerte?
-¿Cómo?, ¿tocando la pared y haciendo un mortero?, si me sale, pero el mortero lo hago asì nomàs.
-No, corriendo por la pared- respondió Carrillo
-No se, nunca provè- respondió el muchacho- pero ponemos las colchonetas sobre la pared asì no nos retan.
-Bueno, pero es sin pisar el borde.-
-Dale vos primero- dijo el muchacho
Carrillo tomò carrera, se elevò hacia las colchonetas que estaban contra la pared y alcanzò a hacer tres casi cuatro pasos sobre ella y cayò, el otro muchacho solo hizo dos pasos en el primer intento.
Entre risas del precalentamiento el muchacho desafiò a Carrillo.-
-Aprendì el golpe de puño de Bruce Lee.
-Que vas a aprender vos- respondió Carrillo
-Ponete aquí, posición a caballo, el puño tiene que estar pegado al pecho, ves-dijo y lo desestabilizò en su postura-
-¿Cómo lo hicistes? – preguntò Carrillo con ganas de saber.
-Te paràs firme e imaginàs que el golpe viene de la cintura, sube por tu espalda, pasa por tu hombro, por el brazo y se descarga en tu puño.-
-Yo se cuales son los puntos débiles del cuerpo humano, podes manejar una persona con los dedos, ves la mano, si te agarran el brazo solo tenès que apretar la unión del dedo pulgar e índice y la mano se abre, la doblàs y listo, ves la clavicula si metes un dedo entre el hueso y el musculo la persona se cae, igual que debajo de la laringe y la parte superior del pecho, o justo atrás de las orejas donde finaliza la mandibula.
-¡Atenciòn! – dijo el sabòn al ingresar a la sala con su cinturón de cuarto dan, y un coreano que hizo que lo saludemos con un ademan oriental, vestia un doboc blanco de tela ultra liviana, con refuerzos negros en el cuello y los puños, habíamos aprendido a realizar un sonido seco con las mangas del doboc era hacia abajo corto y un pequeño rebote, seguramente sus mangas sonarìan mejor, teníamos prohibido caminar con zapatillas por el gimnasio, pero el usaba zapatillas adidas blancas, igual de livianas como sus ropas, no se veìa mal, por que todo era un traje, su cinturón era negro con cuatro tres líneas mas que nuestro maestro lo que le daba mayor experiencia - ¡Formacion!, vamos a entrar en precalentamiento, corriendo alrededor del gimnasio, ¡vamos!, ¡vamos! ¡vamos!.-
A los cinco minutos dijo.
-Bueno, vamos a hacer unos estiramientos y formas- paso un poco màs de tiempo y volvió a decir -¡Terminado!, Traigan las colchonetas y armen un Tatami que vamos a hacer un combate, todos sentados alrededor mìo. ¡Usted y usted al centro!- dijo el profesor apuntándome a mi y a Carrillo- ¡Ponganse los guantes, los chalecos, el protector inguinal y de cabeza, los puntos están en el chaleco
El combate fue con Carrillo, frente a frente en posición de firmes nos saludamos con los puños levantados a la altura del pecho, mi vista en su vista y la suya en la mìa, el profesor debia pasar en el medio de los dos, hacer un giro de ciento ochenta grados, estirar el brazo con la palma de la mano abierta y ponerse en el otro lado, eso daba inicio al combate.
El pase y el giro fueron rapidos, pero el brazo estirado para comenzar a apartarse y dar inicio a la pelea, fueron cronometrados en milisegundos en mi retina, pasó el brazo, el cerebro debería buscar una estrategia de ataque y defensa, el era màs agil y mejor técnica que la mìa, sus golpes eran rapidos pero no tan fuertes, el peso era el mismo pero el tenía unos centímetros màs bajos, aunque màs corpulento, pasó el codo y la muñeca, me convenía la pelea larga para mantenerlo a distancia, el buscarìa la pelea corta para anular mi estrategia, pasó la palma y las punta de los dedos.
-¡Kiai!- gritè en el ataque, Lo natural era ponerse en guardia y luego atacar, simplemente había hecho el cuerpo hacia atrás para tomar impulso, el pie izquierdo de apoyo se deslizo un metro por el el piso liso por el impulso hacia Carrillo, mientras con el derecho estaba haciendo contacto en el puntaje de su chaleco rojo, con dos piñas seguidas en el lugar.-
El maestro coreano que no intervenía, se parò como un resorte para decirme y decirnos:
-No grite ah gallina- se sacò las zapatillas puso a Carrillo en posición de combate y atacò con un kiai temible, quedó sujetando su fuerza sobre el punto, todos sabíamos que se había contenido para no dañar al alumno- Kiai no garganta, kiai de adentro – señalaba su centro del estomago subiendo por el pecho y la laringe y volvia a poner sus puños cerrados cuando terminaba la explicación.
Mi mente se había dispersado, pensando en sus palabras, la estrategia del combate se había ido Carrillo había hecho varios puntos sobre mi chaleco azul, pero que no dolían por que los golpes los amortiguaba el acolchado. Tal vez no gritaba por que mi primer mentor en Kung fu me había inculcado, que ellos no lo hacían.-
La fuerza interior había nacido sola, con la practica y el tiempo, era un mecanismo automatico, que se incorporaba en la nuca cuando un perro ladraba para morder, o una celula de autodefensa que ponía todos los nervios en guardia, sabiendo que provendría un ataque.
Las rotura de ladrillos y madera había hecho el resto, básicamente eran tres movimientos con la madera, uno para medir se acercaba el puño al punto de contacto tocando con los dos nudillos de los índice y mayor, imaginariamente se formaba una linea recta entre los nudillos, muñeca, brazo y hombro para que no se quebraran, se recogía el puño hasta la cintura a la vez que bajaba la palma abierta hasta el lugar de impacto, se respiraba profundo, dos volvia a bajar el puño, los nudillos y la vista hasta el lugar de impacto para la medición final, la palma abierta de la otra mano se recogía, se exalaba todo el aire de los pulmones, la concentración mientras se exalaba, la mente ya estaba atrás de la madera, no existía nudillos, mano ni brazos, tres se inspiraba profundo y se hacia un golpe rápido y potente como un piston.
Habia encontrado mi fuerza interior o Kiai.
La política juvenil
Me había hecho amigo de un muchacho de mi edad que estaba en la escuela de la competencia, quizás para no darle la razón a Celsius Plutarcus por lo que me había dicho, escuchábamos música también, con la iluminación de un foco azul en una pieza del garage de su casa, por que a su padre no le gustaba ese estilo.
Nos dejábamos llevar por los solos de algún Blues o adivinando instrumentos o grupos de bandas. Compartíamos información de todo tipo.
Ese dìa había llevado el libro “Nunca màs”, diciéndole a Luis :
-¡Lo conseguí! ahora vamos a saber la verdad de los desaparecidos està Ernesto Sabato con ellos.
-Ves, eso para que veas que la revista “Gente” con las fotos de los muertos no era real – Se refería a una edición de esa revista en donde los militares mostraban los hechos de la subversión y que habíamos tenido un debate acalorado sobre la veracidad y la teoría de los dos demonios, en ella se mostraban las fotos de un colectivo incendiado en un lugar llamado Monte Chingolo con pan dulces quemados en el piso, siempre soldados custodiando los vehículos, la foto de un departamento con desprendimientos por bomba de mampostería.
Esa revista me la había secuestrado la profesora de Historia para no devolvermela màs.
La Lucha del Chocon
Mi madre, estaba màs tranquila por que había llegado la democracia, Nico había muerto en accidente automovilístico pero ella no demostraba nada.
Las preguntas se empece a realizar una noche que me había invitado unos mates:
-¿Como se llamaba mi viejo?- preguntè yo
-Geronimo Nicanor
-¿Por que te separastes de mi viejo?- yo me acuerdo desde que íbamos a Neuquen
- Tu padre vino a trabajar al sur- Comenzò ella- yo lo conocì por que el campamento estaba enfrente de la casa y por tu Tio Carlos, el fue el primer secretario general de la UOCRA de Caleta Olivia, ¿vistes donde está el colegio de los curas?, ese terreno iba a ser para el sindicato primeramente y después lo cambiaron.
Era muy bueno como sindicalista, la gente lo seguía mucho, incluso llegó a hacer el primer plenario de la UOCRA en el sur, en el Cine Astro, vinieron de todos lados de la Argentina.-
Me había ido de su conversación asociando palabras .Yo recordaba el cine Astro y esa foto en la butaca , ese cine que había ido tantas veces a ver “Sabatha viene a matar” con Lee Van Cleef, “El Santo de la Espada” con el colegio, algunas peliculas de Antonio Aguilar o Joselito, de unos cantantes llamados Sandro o Elio Roca, las pelicualas esas eran argumentadas en sus canciones, las de Mary Poppins con su chin chi menea, su canción de palabra larga supercarifragilisticoepstacalidoso de Dike Van Die, y otras que queríamos ver y no pudimos por que eran prohibida para 13, 18 y 21 años.
Moriamos por ver a Isabel Sarli o a Raquel Welch que eran las que nombraban libidinosamente los paisanos de la estancia.
Los dueños de ese cine eran unos abuelos, que al entrar tenían del lado derecho la boletería con una madera terciada simulando el cine en pequeña escala, con agujeros numerados y boletos arrollados en los agujeros, uno debía elegir el lugar apuntándole con el dedo.
La abuela pasaba a la oficina de enfrente y vendia golosinas, y el abuelo, luego que estaban todos acomodados y al iniciar la función, tomaba su linterna y se convertía en acomodador.
Los baños de dama y caballero estaba en la fila de adelante, al lado del escenario, subían por una pequeña escalera de cemento hasta la altura de la butaca, o sea que todos los que estaban en el cine veìan la persona que entraba.
Todos sabían que debían entrar con la luz apagada, por que sino le silvaban ya que el resplandor opacaba la pantalla, y si tardaban mucho también eran silvados, por lo tanto todos trataban de evitar ir al baño.
-Tuvo un problema con un tal Garcia- continuo relatando ella cuando yo volvì a la conversación- en Comodoro Rivadavia y por eso nos fuimos al Chocon.-
-Si me acuerdo algo- dije yo
-Bueno, primero llegamos a Cipolleti y después nos fuimos al Chocòn Cerros Colorados que era una obra grande, para hacer un dique, nos habían dado una casa linda.
Y el andaba bastante bien con los tanos, era muy inteligente por que la fuerza del agua del rìo, les llevaba en la noche las piedras que ponían en el dia y el les había ayudado con una idea.
Pero no pudo con su genio y se volvió a meter en el sindicato, por que también hacían de todo en la obra, una vez se cayò un boliviano en un trompo que mezclaba cemento y le siguieron dando nomas.
Primero andaba bien, pero en esos tiempos había mucha revolución, yo le dije, yo le dije –No te juntes con los comunistas- pero el terminò arrglando con ellos para tener mas apoyo. En esos tiempos estaban los tupamaros.
Una vez, después de una reunión los cagaron a tiros y tuvieron que salir corriendo para el cerro, ¿viste el viejo Bermudez que vive cerca de la municipalidad, bueno, el trabajaba con el por esos tiempos, también salió corriendo y decía:
-Estoy herido Geronimo- mientras se agarraba la nalga.
-¿En donde?- le pregunto tu padre
- En la pierna- En realidad se había cagado en los pantalones por los tiros, después tu viejo lo cargaba.
-¿y que pasò? Preguntè yo
-La cosa se puso fea, un tal Coria de la UOCRA los traiciono con los milicos y se fueron al Chocòn.!No sabès como revoleaban a las viajas del barrio que tenían los maridos en el sindicato, ellos ya tenían una lista negra que le había entregado Coria.
-Un dìa llegue a la casa y sentía olor a nafta,- relataba mi madre poniendo sus manos en las mejillas- -¡Menos mal!, ¡Menos Mal que le dije sacà esas cajas debajo de la cama de los chicos y lo cague a pedos.-!No te enojes chuequita! Me decía,- levantò la mirada, para clavarlas en mis pupilas o en un lugar recóndito de mi cerebro, depositando su secreto de años- ¡Eran bombas Molotov!, ¿podès creer?- hizo un silencio, mirò la nada, viajò en el tiempo y volvió-, esa noche se llevaron todo como hormigas.
-Pero uno del sindicato, en vez de llevarlo a otro lado como tu padre, se asustò- hizo una seña con su mano como si pesara los testículos del hombre- y lo tiro al tacho de basura, pasò otro hombre que iba fumando para el trabajo, tiro la colilla al pasar y explotò.- se golpeo los muslos con las palmas abiertas- Murió el hombre-
-Te contaba- siguió ella- menos mal que no había nada en la casa- juntò las manos como si rezara y mirò hacia arriba-ese dia llegó un tipo del SIDE, a mi me trataban bien, por que yo no salía, y me dijo directamente a cara de perro.- Sra tiene veinticuatro horas para entregar su esposo, si lo hace le dejamos la casa y el sueldo de su marido de por vida-
Esa noche no pude dormir, preparè las cosas mias y las de ustedes y le dije al otro dia, que no sabia donde estaba y que no podía hacer eso, que me retiraba con mis hijos.
Me dejaron ir, pero me vigilaban, las muebles los tuve que bajar en el medio de un patio abandonado en pueblito llamado Senillosa, no conocía a nadie ahì, asi que tuve que pagar el camión de un viejito para que me lleve las cosas a Neuquen.
Pero a los otros, a varios los cagaron matando, a los hermanos Olivera los cortaron con la ametralladora cuando estaban bajando del colectivo.
A tu padre, menos mal que lo escondió Felipe Sapag por que si lo agarraban lo hacían boleta.
Cuando volvió Peron y la Democracia lo puso ministro de Obras, (yo me acordaba haber viajado con el a un pueblo llamado Picun Leufu).-
Un dìa, con un cura tercer mundista que también estaba metido con ellos me dio un papel, para verlo un rato, pero lo tenìan escondido.
Nos hacia falta cosas, ¿sabes que feo vivir sin nada?, el único trabajo que tenía era juntando puerros en una chacra por que a ustedes no los podía dejar solo, encima tu hermano le había dado por no hablar, estaba mudo, fui a una curandera y me dijo que lo llevara al rìo tres veces, lo llevè una, dos veces, y a la tercera vez que fui, no sabia si tirarme al rìo con ustedes o no,- torcio la labios hacia abajo- para llevar una vida de mierda asi.
El partido comunista se ofreció para hacerse cargo de ustedes y de darme todo lo que necesitara, yo les dije que gracias pero no, igual me dieron unos vales para que lo pensara, ellos eran muy fuertes en ese tiempo y juntaban la gente asi, regalando cosas por todos lados.
Se los di a las viejas de barrio, y ellas me decían – Vamos vecina que están regalando comida cerca del puente- Menos mal que no fui, a pesar que necesitabamos ¡Que pegada!
Los milicos agarraron a toda la gente que estaba retirando comida y las recagò a palos.
Yo no quise saber màs nada, tuve que malvender todo lo que teníamos y nos vinimos para Santa Cruz a Caleta Olivia de nuevo, hasta el setenta y seis la pasè tranquila pero después me hicieron renunciar a Trabajo y Prevision, me seguían jodiendo por lo de tu padre, el jefe que yo tenia era un cagon de mierda y se había puesto del lado de los milicos.
- ¿Yque paso con Nico?
-El se murió en un accidente de transito cerca de Rìo Gallegos.-
-Y ¿las estancias que tenía se las quedaron los hijos?
-No, sabès que tenía un tipo llamado Kirchner era el contador de la empresa de construcción que tenía Nico, Surco Construcciones..
-Si lo escuchè nombrar pero no me suena como contador, me parece que dijeron que era abogado.
-Ah! Viste,- dijo ella -el mismo, pero el no era nada, recién llegaba, - dijo mi madre haciendo memoria- yo le dije que no me gustaba el tipo, pero el que no, que no, se quedó con la empresa de Nico, y vistes esos departamentos que tenía en la calle Roca, se los sacaron igual y quedo para la Municipalidad.
- ¿y las estancias? -Preguntè yo
- “La Herradura” se la quitaron y “luz divina” alcanzò a pasarla a nombre del abogado que tenía Nico, ¡uf!, son unos aves negras, me parece que va a ir como intendente ahora.
- Mira vos donde està el tipo ahora.
-Si Nico estaría vivo, hubiera ganado el, las elecciones-
La comparacion
Yo había leído el libro de Adolfo Bayer sobre “La Patagonia trágica” y había visto la película de Federico Luppi “La Patagonia Rebelde”.
Cada capitulo que leìa era casi parecido a un lugar que había visitado. Entendía entonces el por que del comportamiento de las personas, de mi abuela cuando era arisca al ver llegar gente que no conocia, y de los huelguistas que habían agarrado el mal camino para quemar estancias y violar personas o robar.
Pero también admiraba la lucha de Facòn Grande y Soto, me preguntaba si había fosas comunes.
Donde estaría esa cruz que decía “A los muertos por la liverta” con v corta y sin d,¿ quien habría desafiado a la gente de Varela?
El amor había llegado a mi vida como la película de “La laguna azul”
Al finalizar el ciclo lectivo de ese año me había ido a trabajar a Comodoro Rivadavia, para hacer algún dinero en las vacaciones.
Me había ido a vivir a la casa de unos tìos lejanos, que me habían invitado a que fuera.
-Mirà aquí en el diario están pidiendo- Dijo Cecilio mostrando un clasificado - Por que no vas mañana a la mañana a ver.-
Habia tenido suerte y nos habían tomado para trabajar a varios de los que nos habíamos presentado, ese mismo dìa nos entregaron la indumentaria, casco, mameluco, guantes y botines de seguridad.
Fuimos transportados hacia el norte de Comodoro Rivadavia, a un barrio llamado kilometro veinte, que llevaba el nombre de la empresa que explotaba el yacimiento llamada Astra, la empresa sub-contratista, que era en la cual estábamos nosotros, tenía su base en el interior del inmenso campamento de la Astra, se alcanzaba a ver las casas de la jefatura y de los empleados, sus arboles se veìan hermosos a través
Nos llevaron esa misma mañana hasta una pequeña destilería a tres kilómetros hacia el mar, el calor de ese verano era insoportable, los ductos de conducción de hidrocarburos por su altura no permitìan ingresar las maquinas retroexcavadoras, la orden del ingeniero a cargo de la obra fue limpiar la pileta de petróleo a mano, con tachos de veinte litros y palas, trasvasar esa mezcla de barro y petróleo a unos tambores de docientos litros , una vez llenos con unas cables como asas improvisadas, engancharlas a los dientes de hierro de la pala de la retroexcavadora, levantarlos con cuidado de no golpear los ductos y llevarlos hasta la zanja de desagote que daba en un camino largo hacia el mar.
Los treinta y dos grados de la una de la tarde, se habían comenzado a elevar por el espejo que producían los fluidos en la pileta, sumados al esfuerzo físico y la interminable tarea para realizar, yo me había desprendido de mi mente, no notaba el cansancio, quizás por mi juventud y el orgullo de no ser menos de los que estaban trabajando.
De vez en cuando tomabamos agua para no desidratarnos, la vigilancia permanente del ingeniero para el avance del trabajo, que se subia a los ductos y de esa altura nos observaba.
Ese dìa tres de los compañeros que habían ingresado tiraron sus palas en distintos horarios, frente a la cara del hombre, sin que este se inmutara, dos fueron retirados por la empresa a pedido de el, por no rendir en la fajina.
De los doce que habíamos ingresado ese dìa, habíamos quedado ocho, la empresa nos daba un vale para un boleto de colectivo ida y vuelta, este nos llevaba del trabajo hasta el centro de Comodoro Rivadavia donde estaba la terminal de transportes y de allì debíamos tomar otro hasta nuestras casas.
Cuando llegaba a la terminal el colectivo ya tenia sus asientos ocupados, por lo tanto muchos debíamos viajar parados o sentados en los escalones de descenso, ese trayecto era de silencio a los tres minutos que empezaba el viaje, todos se abstraían a sus pensamientos.
En la primera fila, siempre viajaba la secretaria de la empresa, si no tenía asiento se lo cedìan, no por caballerosidad, era como si buscaran algún favor de ella y la mujer lo sabia, ella se bajaba en las oficinas de dos pisos que no estaban adentro del predio donde trabajábamos nosotros.
La constancia y el esfuerzo me habían hecho pasar del sector tareas generales, a pintura y luego a trabajar como aprendiz en un tipo de torno llamado roscadora Landis, este utilizaba la cañería recuperada y le hacia rosca nueva, clasificándola en otra categoría por colores.
A las doce y media comenzaba a sonar una sirena, que estaba sujeta a un poste a cuatro metros, ese era el único momento donde teníamos libertad para hacer lo que quisiéramos.
Atravesamos el cerco perimetral e íbamos a un espacio físico que servia como comedor, todos trataban de calentar sus viandas y sentarse en los largos bancos y ocupar un lugar en las mesas del lugar.
A veces saliamos del campamento para ir a comprar a un almacen que estaban en un lugar cruzando unas vías del que nunca habíamos visto pasar alguna especie de tren. El almacen pertenecía al barrio de los trabajadores.
A veces con un compañero, simplemente preparábamos sanwiches con pan y fiambre y nos poníamos a almorzar en un camión viejo y abandonado que estaba al lado del comedor nuestro, si se podía llamar comedor.
El asiento del camión era confortable y no existía la charla del trabajo con los demás compañeros, que en ocasiones llegaban a roces por el simple hecho de no pensar distinto.
Ese dìa habíamos almorzado rápido, quedaba media hora para ingresar de nuevo a la rutina, y le dije a mi compañero:
-Me voy a caminar un poco hasta que se haga la hora.-
-Para el lado del almacén cruzando las vìas podès ir- respondió el.-
-Yo voy a ir para el otro lado, quiero ver la placita y los arboles- y le indique la dirección.-
-Nooo- dijo el con admiración- para allà no podès ir, es el barrio de los jefes, està la administración, te van a echar si te ven caminando por allì.-
-¡Yo voy a ir!,-le respondì decidido- la calle y la plaza es de todos, si me echan no me importa, pronto se me terminan las vacaciones.- caminè en soledad por la calle vacia, entre el campamento y las oficinas, y en la placita del barrio, me sentè a disfrutar del verde, y pude deleitarme comiendo algunas damascas.
Al otro dìa el dueño de la emprea en la cual trabajabamos había ido al comedor:
-Muchachos- dijo y todos se dieron vuelta en el comedor para mirarlo, era raro que estuviera allì- una pregunta, ¿alguno de ustedes por casualidad, fue hasta la placita ayer?, Astra nos està preguntando a todos los sub-contratistas.-
Mi compañero de almuerzos en el camión me mirò, pero no dijo nada. Los demás quedaron en silencio como si la pregunta hubiera sido desubicada y les estaba quitando tiempo del almuerzo.
-Bueno, ok, muchas gracias, no los molestos màs,- dijo y agregó- debe ser de otra empresa contratista, lo único que les pido, ¡muchachos! que para ese lado no vayan.
Esa año trabajè hasta que termino el verano.