Tandil - Celsius Plutarcus

Tandil

El viaje hasta San Antonio Oeste había sido interminable, a mi madre le había bajado la presión.

Me llevaban a estudiar a una escuela industrial, Nico manejaba pensando y mi madre se desvanecía sin huesos por el asiento de la camioneta, tuvimos que detenernos para que tome aire y descansar esa noche ahì.

Al otro dìa llegamos a Tandil, provincia de Buenos Aires. Luego de alojarnos en la casa de mi tìa Martha, hermana de mi madre y de comer los asados de costumbres, me toco rendir para ingresar al colegio.

Ese año fue el mejor de mi adolecencia, a pesar de las peleas con mi tio Carlos, que ya no era lo que había sido cuando era chico.

Mi vida era todo actividad, para no estar en la casa y los fines de semana para ser explorador de la fuerza aérea, una especie de Boy Scout y las misas de los domingos.

La preceptora se llamaba Mirtha era morocha y todos los varones nos poníamos atrás de ella con ganas de tocarla, siempre eran los mayores los que se acercaban màs, ellos habían ingresado el primer dìa donde no nos conocíamos ninguno y al grito de

-¡Ustedes son los nuevos!

Lo que produjo un silencio ya que ni siquiera nos conocíamos unos a otros.

-¡Aquì existe la ley del gallinero!, ¡Los de arriba cagan a los de abajo!- ingresaron a golpearnos en un ritual que algunos no querían hacer, pero que debían cumplir, entre risas y empujones, que no era màs que eso.

Nosotros también queríamos tocar a la preceptora, ella se reìa de nosotros

-Chicos, noooo. Su sonrisa era sensual, era un no alargado, sensual, sus ojos y su sonrisa decían siiiiii, sigan todos alrededor mìo- No se acerquen tanto- ella podía subir por el acensor de los profesores, ¿por que subia por la escalera?, se paraba casi al final de la escalera y estúpidamente nos deteníamos todos mirándola, ella miraba la horda de alumnos hacia abajo y giraba su cabellera a lo Rita Hayworth jugando con sus gestos con nosotros como un gato con el ovillo de lana.-Bueno, compórtense alumnos- decía al llegar al primer piso, respirando hondo, y taconeando para su oficina con un semblante romano.

El profesor de literatura era un poco anciano, pero sabia capturar nuestra atención, por lo menos a mi, nos daba libros y esa tarde comenzó recitando:

Cuando la tarde se inclina

sollozando al occidente,

corre una sombra doliente

sobre la pampa argentina.

Y cuando el sol ilumina

con luz brillante y serena

del ancho campo la escena,

la melancólica sombra

huye besando su alfombra

con el afán de la pena.

Y continuò diciendo

y…”si cantando murió

aquel que vivió cantando,

fue, decía suspirando,

porque el diablo lo venció".

El hablaba de la literatura gauchesca, del Martin Fierro, pero que profundizaramos en el Santos Vega, “Tata Dios” y Anastacio el Pollo. Yo me quedè pensando (-¿Quién era Anastacio el Pollo, tal vez el Pollo Saldivia, que andaría haciendo por estas tierras?- A Martin Fierro lo conocía de memoria por el libro que me había entregado Nico, a Juan Moreira lo había visto en una representación teatral del pueblo de Jaramillo que dirigía el hombre que hacia las radionovelas AM LU4, a los otros dos los conocería ahora, ¿Cómo serian los gauchos de Buenos Aires?

Todos eran de allí, pero no tan conocidos, había ido a una jineteada a la ciudad de Rauch algún fin de semana y diferencias había encontrado con los paisanos de la Patagonia, volvì nuevamente a la charla de profesor que me conectaba con mi gente.

Su expresión y elocuencia crecían al explicarnos. Su mano derecha nos transportaba a lugares, su mano izquirda siempre sosteniendo el libro sobre su viejo saco y chaleco, a el no le importaba la moda.

Su conexión era las palabras del libro y el escritor en su corazón, se producía una transfusión inmediata de la tinta escrita, en sangre .En la energía que le había quitado la vida, su ritmo cardiaco se elevaba con ese plus de tinta, con ese by pass emocional, la obra subia a su cerebro, viajaba a lugares desconocidos, y se expresaba en voces, en sentimientos y emociones que nos dejaban en estado catatónico para entender esa ilusión momentánea. Conectaba sus relaciones, subia y bajaba, extrapolaba situaciones, podía estar tocando el laud con el Mìo Cid en España, con la paz de Confucio en China, o en la violencia de la pampa en la guerra con el indio, o en la masacre de Tandil, siempre hacia incapie en ese tema, pero a mis compañeros no les interesaba las historias locales, tal vez por ser oriundos del lugar.

El timbre cortò la la clase y se empezaron a escuchar los ruidos de los otros alumnos y voces de los otros cursos por los pasillos.

Algunos salieron a comprar algo a la cantina, y especialmente el que había ido en las vacaciones de invierno a Miami, el era el único que tenia un reloj digital de plástico, los alumnos del quinto año habían podido hacer un tablero electrónico para la cancha de básquet o Handball, todos los números eran en base al numero ocho de color rojo, pero el lo tenia en miniatura en un reloj plástico importado. El era el que nos contaba como crecían y se movían los sea monkey, unos monos de mar que en los dibujos se veìan como personitas habladoras.

El timbre había tocado de nuevo, la preceptora entrò y comenzó a tomar asistencia por el apellido sin levantar la cabeza mientra llenaba su planilla.

-Barbero- se escuchaba la respuesta de los alumnos- Presente

-Britos- Presente

-Calderon Presente

-Camiron- se produjo un silencio, ella levanto la cabeza- Ausente respondió alguien

-Don Vitto- continuo ella Presente

-¿Qué le pasó a Julio Cesar?- pregunto uno y la atención y el control se dispersò de mi mente

-Güerra- Presente

-¡Silencio!- cortò la preceptora al escuchar que murmurábamos.-

-Lanchòn Presente

-Mathiasen Presente

-Ahora te cuento- respondió otro en secreto.mientras la voz seguía con su rutina

-Rubio Presente

-Uzubiaga Presente

-Tienen una hora libre,- explicó la preceptora- la profesora de Historia no va a venir, aprovechen para repasar sobre la próxima materia, ustedes ya son grandes-amenazò solapadamente- ¡no los voy a andar cuidando tanto!,!no los quiero escuchar!.Yo voy hasta preceptoria y vengo.- A los segundos comenzó la batahola controlada.-

-Mi mamà me mima, me ama- dijo el petiso Rubio dándose vuelta y haciéndose el chistoso.

-¡Uzubiaga!- gritò alguien – quedate de campana por si viene esa mamuchi- refiriéndose a la preceptora, y este se fue hasta el marco de la puerta, desde allí oteaba el pasillo y sus movimientos.

Todas las miradas estaban sobre el vecino mas cercano de Camiron.

-¿Qué le paso a Julio Cesar?, hace como tres días que no viene- preguntò directamente un compañero.

-Viste que el padre tambien es doctor en el Hospital Regional- respondió ese vecino.

-Alla en el cielo- cortò Rubio, indicando con el dedo índice, nosotros nos dimos vuelta para ver que estaba indicando- Es un ave, no, es un avión, no, es la Cabeza de Güerra- dijo Rubio burlándose de un un compañero, que fue acompañado de nuestras sonrisas.

-Te voy a cagar a golpes pendejo de mierda- respondió Guerra al sentirse aludido.-

-Rubio- frenò Lanchòn que era el mas respetado en las peleas- dejà de romper las pelotas, no ves que nos està contando lo de Julio Cesar.

-¿Qué cosa?, ¿Qué cosa?,¿Qué cosa?, chè- respondió Rubio sin temor al tamaño de las personas e interesándose en el tema.

-Bueno, vieron que como medico, también atiende en las clínicas-continuò el vecino de Camiròn, ahora extendiendo el relato al tener la atención de todos.

-Si, si- apurò otro para que contara de una vez, preguntando- ¿Y?-

- Dicen que los milicos lo encontraron vendiendo bebes en el hospital- respondió desahogándose.

-¿Bebes?- dijo uno resumiendo lo que todos pensábamos , nos quedamos mirando todos- ¿para que mierda quiere bebes?-

-Deben salir buena plata, boludo- dijo uno, agregando.- ¡Miralo a vos al doctor!.

-A los milicos no les importa los bebes- respondió Gimenez que era hijo de padres del regimiento.

Lo miramos y nos miramos, la charla se empezó a diluir.

-No sè hay algo raro- dijo uno del grupo.- dicen que Camiron no viene por que tiene vergüenza.

-Yo voy a ir, a verlo a Julio Cesar- respondì.-¿Donde està la casa?.-

-Yo no, mi viejo no me deja salir- se escuchò

-Yo tampoco, yo tampoco- se escuchaban otras voces.

-Yo voy, pero te acompaño hasta ahí nomàs- respondió Don Vitto con un poco de coraje.

Esa tarde apenas tuve hora libre, Sali de la casa de mi tìa, caminè hasta la esquina, se veìa el paredón y las tribunas de la cancha futbol del Club Independiente de Tandil, doble a la izquierda, comenze a caminar hacia la avenida, la calle era de una sola mano, los autos venían a la para de la vereda pero a mis espaldas, la vereda de enfrente, o del club todavía no tenía baldosas vainillas, se veìa las canchas de tenis a través de algunos blancos de los tamariscos y las libustrinas, y el toc, toc de las respuestas del juego con las raquetas.

Yo pasè por al lado de una palma de energía que estaba a cuarenta metros antes de llegar al avenida, donde estaba todo el trafico, yo seguía el curso de los autos pero por la vereda.

No se veìa nada, era una simple palma de energía, marròn, ni siquiera tenia un taco triangular para subir, ni los hierros de escalera para subir si había desperfecto.

Pero al pasar tres metros y girar la cabeza, se veìa la pintura blanca media vieja, por el tiempo, las palabras las había descubierto una vez cuando regresaba del colegio industrial, caminando en contra del trafico natural.

No se veìa a simple vista, ¿A quien se le había ocurrido pintar un cartel en contra de la dirección normal de la calle?,

V

I

V

A

B

A

L

B

I

N

Se leìa en vertical. una letra sobre otra.

Estábamos en una dictadura pero ella seguía allì, de pie, escondida, diciendo su verdad, no la habían borrado como a todos los carteles de la ciudad, no la habían descubierto, yo no diría nada por que me hacia recordar a mi madre.

Comprè unos chicles en el kiosco, pase por una construcción abandonada de un boliche llamado “Isidoro C”, ya nadie se divertía allì, subi por la avenida mirando la hermosa fuente, el portal del fuerte, el hermoso aire del parque que me llenaba los pulmones de hojarasca, llegue hasta la iglesia, en su parte delantera había una especie de sotano, allí guardábamos las carpas, pelotas e instrumentos los exploradores.

Pase a buscar a Nicola Vito Don Vitto, asì le decía su abuela italiana que vivía en una casa contiguo a la suya, en realidad se llamaba Nicolas Victor, pero el sonido especial de su lengua, trasladaba todo el entorno de su familia a Italia, y sobre ella giraba el amor, peleas, musica y las comidas, siempre había algo para aprender de ellos.

Los dos terrenos eran una embajada sin serla, ni siquiera habían hecho medianera para estar màs unidos, incluso su casa era angosta pero ganaba espacio en las dos plantas, un cuarto daba a la calle con un balcón sobre el mercado que tenìan.

Las calles de la cuadra se transformaban en pasajes para mi, imaginaba saliendo a Ornella Muti o Sofia Loren por allì, con su hermosura en blanco y negro o en Technicolor como en el cine, un saco de lana arremangado para pelear con un vecino, sus pollera y sus bellas piernas, pero ella nunca aparecia.

Victor era un compañero de colegio y de aventuras como Boy Scout.

-Buenas tardes señora, ¿estaria Victor?- preguntè yo al pasar unas cortinas plásticas que se colocaban en los mercados para que no entraran los insectos y se pudiera tener la puerta abierta.-

-¡Nicola!- gritò la señora girando la cabeza hacia la puerta que daba a su hogar sin dejar de cortar fiambre para un cliente que estaba comprando.- ¡Te buscan!.

-Venì- dijo Victor acercándose a la puerta que daba al negocio unos segundos después - ¡Pasà para la cocina!

En el pasillo estaba su padre arreglándose una corbata al pie de la escalera, gritándole a su hijo menor, hermano de Victor para ir a un ágape referente a ellos.

-¿Queres tomar un vaso de Crush?- me pregunto el en la cocina.

-Bueno- respondi yo y agruegue – yo vine para que vayamos a ver a Julio Cesar.-

-Si, si, - resoplo el condicionando su respuesta- Vamos, pero en bicicleta.- a veces el me prestaba una bicicleta de mas que tenía, para salir a conocer la ciudad.

La mayoría de los compañeros llegaban en ellas al colegio y había un lugar especial para guardarlas, en las ciudades de la Patagonia no se estilaba eso por que las distancias eran pequeñas, yo no necesitaba en Tandil por que vivìa a cuatro cuadras del colegio, tampoco le quería pedir a mi tìo la suya por llevarnos mal.

-Si, esta bien- respondì dejando el vaso sobre la mesa para salir.

-Mama – gritò con el mismo acento italiano que hablaban todos en la casa, hacia adentro del negocio, – Voy a hacer unos trabajos practicos y vengo- su madre solo levantò la mano en señal de entedimiento desde el fondo del negocio.

Todo era risa entre nosotros por las calles de Tandil, incluso atravesando las calles con adoquines que nos hacia temblar las manos y la mandibula.

Cuando llegamos a la casa de Camiron, la seriedad nos transfiguro el rostro. El frente de la hermosa casa estaba flanqueada de militares con armas apuntando el piso, pero le dajaban un solo camino, la puerta de la casa hacia un vehiculo.

No había chismosos mirando a pesar del despliegue, estábamos a cierta distancia, Victor tenía un pie en el pedal y el otro en el piso.-

-¿y ahora?- me preguntò Victor en voz baja.-

-Y… no sè que mierda pasa acà- respondì yo de la misma manera.--¿Vamos a preguntar por Julio Cesar? .-

-No, ¡Estas loco!, hasta acà llegue yo.- respondió el- ¡Anda vos si queres!.

No hizo falta, a pesar que no podía leer los labios, podía entender a la madre de Julio Cesar pedia permiso para hablar con nosotros, a un oficial armado que tenia sus manos asidas en la espalda, el girò, mirò con desden hacia nuestro lugar, la mirò a ella y levantò un dedo que señalaba el tiempo. Ella pasó apresurada el cordon tras una seña, y se acerco a nosotros.

-Hola señora.- Dije yo – somos compañeros de colegio de Julio Cesar, ¿queríamos saber si el esta bien?.-

-Si, si chicos, el no los puede ver ahora – respondió la hermosa mujer que trataba de arrostrar la situación, con su traje y sus tacos, que le daban cierta elegancia y respeto en el contexto en que estaba viviendo.- Vayan a sus casas, por favor- nos rogò- no se comprometan, dicen que a nosotros nos llevan a otro lado, yo después le pido el pase a mi hijo adonde vayamos a vivir, asì le escriben.

Ese fue el ultimo dìa que supimos algo de el, y nuestra vida siguió normal con los demás compañeros, pensando que estaría viviendo quizás en Balcarce, Bahia Blanca o Azul.

Al finalizar el año tuve que regresar a Santa Cruz, mi madre no estaba haciendo bien los negocios y la inflación le estaba devorando la venta de la estancia.

Quizàs Nico no le había asesorado sobre comprar dólares para saber vivir en la Argentina que se avecinaba.

La vecina, llamada Alicia termino ayudándome con la compra del pasaje para regresar a mi provincia, quizás por que ella me apreciaba. La gente del lugar era muy buena.

Los paisajes y recorridas por el Dique, el calvario y el parque habían llenado mi necesidad de naturaleza, de espacios verdes en el corazón y la mente por el resto de mi vida.

Celsius Plutarcus

Yo seguirìa estudiando, pero en Caleta Olivia, con mi tìo Celso, mi madre y mis hermanos seguían en Puerto Deseado.

Yo lo había ido a buscar a un conventillo, allí estaba con un amigo que tocaba la guitarra eléctrica siguiendo un tema de rock and roll. Le decían Porra y tenia un hermano llamado Pocho, ellos y otros dos o tres muchachos mas eran los gurues de la música rockera.

Ellos eran una generación mas grandes que yo, había un mundo subte que yo no conocía, verdades que no estaban reveladas por no inmiscuirme en la realidad política del pueblo.

Ellos eran los únicos que usaban pelo largo en esa época, a pesar de estar en dictadura, era mi despertar de adolescencia y devoraba las revistas que llegaban a mis manos, en ese tiempo se vendìa la revista “Pelo” y “Expreso imaginario”.

-¿Qué les pasa que no me dan mucha bola?, - le preguntè a mi tìo Celso que no le decía tio sino Celso a secas, aunque a el le gustaba firmar sus escritos como Celsius Plutarcus.

-Dales tiempo – dijo mi mentor- ya te va a pasar a vos, en esta vida no podemos confiar en nadie y te tratan asi de rudo para aceptarte.

Cuando estès preparado y sepas bastante seràs parte del grupo, hay personas que andan en una nube de pedos, creyendo que no pasa nada, pero pasa,

Tenes que saber ¿quien es tu amigo? Y¿ quien es tu enemigo?, ¿Quién te va a delatar? Y ¿Quién no?, con solo mirarlos a la cara te das cuenta, como ser ese gordito tiene una D invisible en su frente que dice Delator, si lo llegan a torturar los milicos nos manda al frente a todos y sin quererla ni beberla, nos desaparecen, tenès que leer, tenes que escuchar música y tenes que saber para no ser un pelotudo alegre que anda por la vida con un cassette puesto en la cabeza pensando que no pasa nada-.

Muchos de los revolucionarios, de esos que gritan tanto en las calles cuando hay democracia y se rajan las vestiduras, se fueron a la mierda del país. Nos dejaron solos cuando llegaron los milicos, se fueron, no están.

Acostumbrate, estamos solos, los que no pudimos escapar, tampoco me interesa irme de mi país, la estamos peleando y tiene màs valor aunque mueras como Victor Jara, es fácil gritar de afuera, pero ahora hay que pedir por la democracia,

No escuches la música comercial, no seas careta ni concheto, esa música pasa de moda en tres meses gastàs plata al pedo, vivìs en esa nube de pedos.

Escuchà todos los estilos, rock and roll, folklore, tango, humor, todos los artistas tienen algo que decir, los que dibujan como Oreste Gatti y dejan mensajes subliminales que no entienden los represores, o los que pintan como Dalì, los que escriben, aprendè a leer entre líneas, hasta las religiones están perseguidas, pero valorà al que se compromete con la sociedad, primeros a los que se quedaron a pelearla y luego a los que se fueron.

Cuando vuelva la democracia van a volver los que gritaban de lejos, nunca te dejes llevar por ellos, a veces son ellos mismos con sus acciones los que destruyen el sistema o hacen matar gente, esa gente no sirve, esa gente hay que escupirla y entendelo bien, no me refiero a los que se fueron por que hicieron algo y estaban en la lista negra, esos se perdonan por que son del palo, sino a los que no hicieron nada y van a venir a pedir puestos políticos.

Cuando vuelva la democracia apártate de la resistencia por que ya no va a tener sentido, dejalos que sean libres, solo tenes que intervenir cuando veas que se va a perder.

Veni, tomà, escuchà, - me comenzó a dar unos casettes que tenia en una caja de zapatos debajo de la cama- Aquelarre, Vivencia, Color Humano, Leon Gieco, Manal, Porcheto, Polifemo, Moris, Vox Dei, Sui Generis y aquí tenès internacional Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple, Jimmy Hendrix, Rare Earth, Janis Joplin, Jean Luc Ponty, Queen, Dire Straits, Emerson Like & Palmer, Blues, escucha blues-.

Todo era oro en polvo para el y lo querìa compartir, la riqueza estaba en tener lo que nadie tenia y atreverse a escuchar o leer lo que nadie se atrevía, la adrenalina estaba en desafiar el sistema.

-¿Querès tango?, aquí tenès a Piazzola, ¿querès folcklore?, escucha la profundidad de Atahualpa Yupanqui o Josè Larralde.

Asi fui devorando información, música y compañía que desafiaba al sistema, me sentía un adherente de la resistencia francesa en la ocupación nazi.

Celsius Plutarcus me había contagiado la paranoia de mirar cosas que no se ven, el la llamaba “persecuta”, pero era una forma de cuidarse.

El observaba, lo que uno no da importancia, el sabia por los bigotes, el corte de pelo o la forma de peinarse si una persona era policía el olor a creolina, las manos, las formas de moverse, caminar o de preguntar; ubicaba a la persona en un rango de protección o no.

La casa donde vivíamos de chico, estaba alquilada, mi madre se encargaba de mi pension enviándole plata a mi tìo y asi habían pasado dos años.-

Mi madre había comprado una casa chica y yo me había ido a vivir con ella para achicar gastos, de cualquier manera me sentía mejor con Celsius Plutarcus.

El colegio me quedaba lejos.Esa mañana había llegado temprano y todo era una desorden en los bancos habían tomado Las islas Malvinas y estábamos felices.

Las profesoras dejaron de lado su formalidad y solo nos dedicábamos a opinar sobre los diarios y las noticias, mis compañeros sacaban temas de la galera para que pasara la hora.

A mi hermano le había tocado el servicio militar en Puerto Deseado, en el Regimiento nueve.

Pero lo habían trasladado a Rìo Mayo a todo el regimiento, quien sabe por que causas.

El respetaba mucho a su jefe de escuadron llamado Mohamed Alì Seineldin.-

Nosotros, no teníamos ni nocion de la guerra de Malvinas, todo era felicidad, hacíamos simulacro de bombardeos en los colegios poniéndonos bajo los pupitres.

Teniamos que poner papel en los vidrios para que no estallaran en caso de bombardeo, con una alfombra y dos palos gruesos improvisamos una camilla en caso de tener un herido en el colegio.

Una tarde había ido a el Rotary Club invitado por un compañero de colegio ricachon, para que ayudemos a entregar a los soldados, mas de un camión volcador de donaciones de nuestra ciudad, en el país se había hecho una igual que estaba organizada por una conductora llamada Pinky y un locutor llamado Cacho Fontana, nosotros sorprendidos como se entregaban joyas, dinero y departamentos con un desprendimiento patriótico tremendo que hacían recordar las mujeres del plumerillo de San Martin cosiendo la bandera, aunque en este caso las madres tejìan, medias y bufandas para el frio. Nicolàs Kasanzew era el periodista que nos pasaba las noticias desde las Islas.

Una noche que veníamos con Celso de la casa de mi madre, por que yo vivìa en los dos lugares, quizás cansado el por mi charla monótematica de la invasión a la isla, me empezó a responder cuando le dije sorna:

-¿Vistes que van a prohibir escuchar música internacional?, y desde ahora vamos a poder escuchar rock nacional en las radios nuestras tambien - era como decirle solapadamente que los militares le habían dado todo lo que el despotricaba y que no estaba del todo en lo cierto.

- yo voy a seguir escuchando música internacional, la música no tiene nada que ver, ¡La música es lo único que no te traiciona en la vida! – luego respondió con tranquilidad-¡Vamos a perder la guerra, con los ingleses!-

Eso me cayo como un balde de agua fría, masticaba la bronca por dentro, pero el siempre me había dicho la verdad, me gustara o no, tal vez querìa que se equivocara para demostrarle que no sabia tanto o que mi orgullo estúpido no me dejaba razonar.

Los días subsiguientes me había quedado en la casa de mi madre, para no escuchar malas ondas.

Los helicópteros pasaban todo el dìa sobre la ciudad con un ruido ensordecedor que aumentaba y disminuìa al pasar por encima.

-Toco toco toco toc.-

De la cancha de futbol del Club Estrella del Norte que estaba a ochenta metros de mi casa se veìan despegar los helicópteros a cualquier hora, eran igual a los de las fotos de Vietnam.-

En la playa de tanques que almacenaba petróleo y sobre ellos había soldados apostados con sus ametralladoras, por que seria un lugar donde posiblemente atacarían para cortar el suministro para producir combustible.

En el gimnasio de los colegios dormían los soldados, los jefes de defensa civil, molestaban golpeando las puertas por los oscurecimientos que se hacían todas las noches, dejando la ciudad totalmente a oscuras.

El padre de mi compañero de colegio Marcelo Quintanilla, que tenia un supermercado se había quejado a sus amigos, de que los días estaban pasando y se reiteraban los pedidos de donaciones “voluntarias” que pedia el regimiento, afectando parte de su negocio.

Los nombres de Alexander Haig, Menendez , Galtieri, Margaret Tacher, Costa Mendez eran tapa de los diarios y revistas constantemente.

Una mañana que había pasado a buscar a Marcelo para hacer un trabajo escolar me dijo, sin importarle nada:

-¡Vamos!!Vamos!Vamos!- dijo apurándome

-¿Qué pasa?- preguntè yo

-¡Venì y subi al auto de mi vieja!- la señora arrancò el Renault 12 rojo y encarò para la salida de Rìo Gallegos, a pocos kilómetros de Caleta Olivia había un lugar de pescadores llamado “El Bote Agüero” , cerca de ese lugar vimos varios coches entre la ruta y el mar con gente mirando hacia allì.

-¿Qué pasò?- volvi a preguntar-

-Se cayò un helicóptero que andaba de operaciones- dijo la señora que ya estaba estacionando- dicen que murieron todos, iba con gente del liceo militar Gral Roca.

-¿Pero lo bajaron los ingleses?- preguntè yo, ya que decían que había buzos tácticos en el continente en tareas de avanzada, a la vez que decían que Chile los apoyaba desde su lugar en la isla de Tierra del Fuego-

-No se sabe- dijo Marcelo bajándose corriendo atrás de su madre y que me obligaba a mi también a mirar lo que veìa el gentío.

En el mar flotaba la hélice del helicóptero junto con otras cosas, no se veìa el aparato, ni los muertos, el guardavidas Di Buglio buceaba buscando la gente.

Mi madre no decía nada, pero fumaba y suspiraba por mi hermano que estaba en Rìo Mayo y ya lo habían movilizado a Comodoro Rivadavia, Ella estaba obsecionada escuchando Radio Carve de Uruguay por que no creía los comunicados que pasaban en la Argentina.

Y que eran muy caracteristicos con este estilo:

-“Co mu ni cado Nº 31 del cuerpo de operaciones conjuntos, cañones de nuestras tropas apostadas en nuestras islas Malvinas derribaron 3 Sea Harriers y un helicóptero de los invasores, se hundieron dos buques se hundieron las fragata Atlantic Conveyors y Sir Galahad”

La gente miraba el Papa por televisión que había llegado a la Argentina, el mundial se estaba jugando.Asi como empezó la guerra, termino

Yo caminaba avergonzado, buscando las palabras para darle la razón a Celsius Plutarcus sobre el desencadenante de la guerra.

Al llegar a su casa había un hombre que estaba muy relacionado con la cultura en la ciudad, en ocasiones me sorprendían las amistades que lo visitaban y como valoraban sus poesías o canciones.

El hombre ya estaba en la puerta para irse Celsius me lo presentò diciendo:

-El es Sergio, mi sobrino, el también escribe-

-Mucho gusto – respondì yo.

-Vos escribis versos o ¿haces el verso? – dijo el hombre sonriendo para integrarme a la cofradía que ellos integraban . Para mi el hombre era solo una silueta, un barrilete sin sustentación, ya se había ido del lugar, de la ciudad, de la costa del mar y hacia la inmensidad misma.

Mi felicidad estaba en que me había reconocido Celsius Plutarcus, que literariamente tenia màs importancia en mi escala de valores por su sabiduria, que un representante surrupio de la sociedad.

Mi tia Maria Alvarez la solterona, había muerto, la habían encontrado en la playa a las afueras de la ciudad, ahogada, con sus manos y sus pies atados por los que nos contaron,

Mi tìo Cholo había hecho algunas declaraciones en el diario por una semana, pero nunca supimos que había pasado con ella.

Solo desconfiaban de un hombre de un auto, pero eso había quedado en el olvido

Despues la siguò mi abuela y a los pocos meses mi tìo Cholo, que ya caminaba despacio, sus pies no tenían buena circulación y se agitaba mucho al caminar.

Ni siquiera se levanto, murió cudado por su perro ovejero, que no quería dejar entrar al doctor para que certifique la defunción.