Puerto Deseado - allanamientos - La guerra con Chile - La Amistad - San Martin

Puerto Deseado

Puerto Deseado era hermoso con su Rìa, me gustaba el colegio y los compañeros, antes de empezar la materia la maestra nos hacia escribir el titulo con letra Gotica, se usaba pluma para caligrafía de diferente numeracion y plumín para calcar.

Muchos tenìan Simulcop pero a mi me gustaba hacerlo yo a los mapas y dibujos. Era una ciudad suspendida en el tiempo, era un cuadro de Van Gogh sin girasoles.

Todos los viernes nos llevaban al salón de música y cantábamos junto al piano. La profesora de matematica escupía al hablar, aunque era argentina, le decíamos la gallega por que seseaba y nosotros también escupíamos al hacerle burla:

-¡zezezezezezezezez!

Me gustaba educación física, pero no era tan bueno como los que estaban desde siempre, el profesor de gimnasia que andaba con la profesora de Naturaleza , nos hacían vestir con camiseta blanca, pantalón corto blanco, zapatilla y medias blancas, teníamos que saltar el caballete con un trampolín, haciendo rango y saltos mortales, era obligatorio hacer el rol o caer con los pies juntos y los brazos abiertos para finalizar la rutina.

En invierno usábamos el buzo de gimnasia con media blancas encima.

Admiraba a mi compañero de colegio que venia a estudiar del Regimiento 9 y que junto a sus hermanos hacían la mejor rutina de la escuela, eran elegidos para todas las exibiciones.

De las chicas del colegio Provincial Nº 5 me gustaban dos, una morocha del curso Marcela, una pelirroja llamada Graciela y una del colegio de las monjas llamada Gabriela, pero era muy timido por que estaba recién desarrollando, igual no tenia mucha vergüenza.

Con mi hermano íbamos de mañana al colegio, luego de almorzar y con la modorra de una siesta,obviambamos eso ya que nuestra madre por concejo de Nico, nos había anotado en el CONET que era una especie de capacitación técnica adicional, una vez que saliamos de la casa el aire nos daba energía para cumplir el dìa.

El jefe de la Usina de servicios publicos era el que estaba como Director del CONET, después de su horario de trabajo de impartir las clases, yo lo miraba por que me gustaba su hija, un amor platónico que ella desconocía.

Quizàs por eso no faltaba nunca, pensando que alguna vez ella iria a acompañarlo.Nada me unìa con ella ni el colegio ni las actividades.

El hombre encargado de abrir el lugar y entregar las herramientas, limas, llaves, pinzas se llamaba Don Flandes, tenía los brazos raros, como si sus manos estuvieran apenas a la salida del codo, sus dedos no eran normales, eran tres dedos gruesos, el anular y el meñique unidos el índice y el mayor también y pulgar muy grueso, pero el se las ingeniaba para encender los tornos, guradar las cosas.

Sus hijos también estudiaban con nosotros, el vivía en el fondo del colegio, ellos no se avergonzaban como lo harian los demás, le profesaban un amor y un respeto a su padre, que hacia que nosotros lo respetaramos de la misma manera.

El director luego de un tiempo de realizar trabajos, había hecho un convenio con el con el Regimiento 9 apostados a las afueras de la ciudad, entre Puerto Deseado y Tellier que era un pueblo que todos llamaban El 20, por que era la primera estacion de tren a veinte kilómetros, y una cortada o camino alternativo para llegar a Puerto San Julian.

Allì íbamos en ocasiones a comer asados invitados por una familia amiga de mi madre.

El hombre era argentino y gaucho cerrado, un poco pesado en su andar tal vez por la edad o la obesidad, sus bigotes cano, su ceño siempre fruncido, solo hablaba con las personas grandes.

A la señora le decían Ina, tenían dos nietas que le había dejado para que crie uno de sus hijos.

No sabíamos si en realidad tenían esos nombres, ella las llamaba Mary con su acento ingles y Pegui, tenían chanchos enormes criando adentro de un viejo tanque ausraliano, cuando llegamos habían matado uno de un masazo en la cabeza, medio tambor de agua hirviendo sirvió para limpiar el cuero.

En su casa había un juego de un atleta con cuerdas y dos varillas, cada vez que uno lo apretaba en su parte baja, hacia cabriolas el asunto era que el hombrecito quedara haciendo la vertical con sus manos.

La chacra era como todas las casas de las estancias, quizás mas pobres, pero su aura inglesa le hacia dar mas importancia, luego de comer Nico se fue al porche que tenían, fumò su pipa mirando hacia el camino.

Ina se acercò y le ofreció un postre, el casi nunca comia cosas dulces, el la mirò a ella, al postre, sacò su pipa de la boca y le dijo sonriente en inglès.

-¿Pudding?

- Yes – dijo ella con una sonrisa, satisfecha que alguien le reconociera el esfuerzo de su comida y su tradición de años, olvidada por la ingratitud del paso del tiempo.

El Director del CONET nos enseñaba a nosotros y a los soldados en el taller de ellos, allí aprendíamos a limpiar bujías, electricidad, los graficos de los dibujos y sus tiempos.

Los soldados iban a las clases para acobacharse, como decían ellos, ellos siempre tenìan hambre, y nosotros siempre llevábamos café en un termo, con tortas fritas.

La bondad había hecho que nuestra madre nos llamara la atención.

Uno de ellos trabajaba en las caballerizas, a veces veíamos como los oficiales se dedicaban a hacer equitación para presentarse en el pueblo.

Los allanamientos

Un dìa llegue a la casa y después que almorzamos pasaron dos soldados vestidos de guerra y con fusil.-

-¡Pum!Pum!Pum!!Pum!- fue el golpe fuerte en la puerta.-

-Buenas tardes, si, en que los puedo ayudar- dijo mi madre.-

-Tiene armas en la casa- dijo secamente el soldado

-Si- respondió ella calmada.-

-¿Estan registradas?- dijo el soldado que seguía con las manos en el fusil F.A.L.

-Sì- dijo ella con la misma voz.-

-Me va a tener que dar su nombre y le vamos a registrar la casa- dijo el soldado, con silbido llamò a dos mas.

-Si como no – respondió mi madre

Sentì que nos estaban invadiendo nuestra privacidad, pero era normal ya que siguieron haciéndolo casa por casa en el barrio.

Nadie era amigo de nadie al final, por mas que le hubiéramos dado alimentos en algunos refrigerios ellos no se acordarían de nosotros, ni necesitábamos que lo hicieran, solo que hubieron compañerismos interesados y en definitiva igual actuarían si tuvieran que hacerlo.

A partir de esa fecha solo íbamos al CONET del pueblo, no quisimos ir màs al Regimiento.

La Guerra con Chile

La casa era grande, había sido de mi abuelo, tres dormitorios, piso de parquè, living comedor, hall baño, cocina, lavadero y un galpón a dos aguas con chapa ondali, y una fosa.

Teniamos libertad para jugar, íbamos a la vieja estación del ferrocarril a ver los trenes que ya no se movían, al muelle Ramòn a bañarnos donde pasábamos un túnel de piedra en el que alguna vez paso el tren por arriba, tenia el ancho para que pasar un vehiculo.

Todos nos juntábamos de un lado del muelle, sabíamos que ese de madera alguna vez había sido mas largo para cargar cosas y con una via de tren, pero estaba en desuso hacia años, un chico se había largado de la punta del muelle con tanta mala suerte que no se veìa la parte hundida vieja, y al entrar al agua se había cortado el pecho con una parte del riel que estaba allí.

Del otro lado del puente se juntaban las chicas mas grandes, algunas con bikini turquesa o celeste, ellas sabían que las mirábamos pero nunca nos hablábamos.

Habia una casa del pescador, las chicas solian mojarse con la manguera de agua dulce que tenia esa familia antes de irse.

La charla nuestra en donde había algunos mas grande que nosotros, era saliendo de la playa tiritando de frio, para ponernos las piedras calientes en el pecho, con las manos en posición boca abajo, todas las cabezas juntas para hablar en distintas formas pero formando un circulo para que el secreto no saliera de allì.

-¡Mirà la Maria Claudia que buena que esta! Decía uno-mirà la malla que bien le queda

-A mi me gusta la Gaby- decía otro- no es tan agrandada.

-Esa es nariz parada no nos va a dar bola-

-A mi me gusta la Marcela, pero no la dejan venir para acà , el viejo es un culo con rosca

Asi pasábamos el dìa, y esa era nuestra obsecion que se empezaba a manifestar como adolescentes.

Habia un viejito llamado Mateo, siempre bronceado, le gustaba nadar, se juntaba con nosotros, a veces nos llevaba a dar una vuelta en bote.

En verano tambien íbamos a la gruta de la Virgen de Lourdes caminando, quedaba a veinte kilómetros aproximadamente, entrar y ver la gruta en piedra volcánica, con la fuente, y el arco de piedra era hermoso, claro que después no había cumplido en volver caminando y regrese en vehiculo.

Julio Iglesias y Rafaela Carrà estaban de moda,

Nosotros íbamos al cine era bonito con sus escalinatas originales, del lado izquierdo la confitería, del lado derecho los baños, siempre íbamos a arriba a sentarnos, nos poníamos una ligita elástica y nos tirábamos papelitos en la oscuridad.

En el intervalo, nos poníamos bien peinados, algunos con glostora o bilcrim, al lado del baño de mujeres, teníamos que tener un aire a Elvis Presley algunos, James Dean otros.

Habia un bar lácteo para los jóvenes, donde vendían gasosas, helados o leche chocolatada Cindor.

En el colegio iban las autoridades del Banco Naciòn y nos entregaba una libreta para aprender a ahorrar.

Ese fin viernes fuimos con mi madre a la agencia de viajes de líneas aéreas, pero estaba todo ocupado, tuvimos que sacar dos pasajes para el lunes, iríamos hasta Fitz Roy allí esperaríamos convinacion a Rìo Gallegos,.

Ibamos a ver a Nico y de paso a renovar mi cedula.

Asì lo hicimos cuando íbamos pasando San Julian nos empezamos a percatar, que la ruta estaba llena de camiones y vehiculos militares a medida que abanzabamos,

En varios lugares nos habían pedido documentos.

Llegamos a Rìo Gallegos, la ciudad estaba llena de soldados, fuimos al departamento de Nico que estaba pasando un edificio en la calle Roca, tenia un living comedor conectado con la cocina, un baño y dos dormitorios, al lado de la cocina había un pequeño patio para colgar ropa.

Dormimos esa noche allí y al otro dia salì con un empleado de Nico a hacer los documentos, Al hombre no le gustaba mucho llevarme por la forma que me indicaba los lugares, pero igual hacia las cosas, luego pase a una tienda a comprar un pantalón y una campera de jeans con un cinto blanco de cuero, asi se usaba en esos momentos.

Esa tarde me quedè solo en el departamento, haciendo lios con tres clases de gelatinas, creìa que podía fabricar una especie de helado de tres colores, naranja, manzana y frambuesa.

Cansado de esperar y aburrido, abrì la puerta del patio para colgar ropa del departamento, al mirar hacia abajo, vi un patio con un galpón lleno de soldados.

Esa noche nos fuimos con una camioneta hasta una estancia para el lado de la frontera, pasamos por un destacamento argentino, no sin antes mostrar los documentos.

Coco Fasul le decían al hombre que tenia un sombrero como Sherlok Holmes, aunque la pipa la tenia Nico. Habian otros amigos màs de el, que charlaban de política a escondidas y en esa estancia estaban en confianza.

-¿Que tal esta el asado? – dijo uno

-Esta rico el cordero che- respondió Nico mientras tomaba su vino.

-Es chileno- dijo sonriendo.-

-¿Cómo chileno?, con el quilombo que hay- pregunto Nico enderezándose del asiento para que le contara un poco mas.

-Si, ¿viste este perro ovejero?, decía el hombre mientras le agarraba el cuero del pecho del perro que estaba debajo de su banca, moviéndolo un poco en señal de cariño, el animal acostumbrado se dejaba hacer con los ojos cerrados , medio cuerpo echado y el torso y la cabeza como un monumento egipcio.-

-Si- dijo Nico sin entender.

-Bueno le ato un walkie-talkie en el collar, me pongo con los largavista, lo hago cruzar al campo lindero que ya es Chile , le doy la orden, ¡Volcalas Bobby!!Volcalas! y me trae el piño de ovejas, ¡Aaa ja ja ja ja!

Lo que fue festejado por todos los políticos que seguramente hacia mucho que no se reunian.

El viaje de regreso a Puerto Deseado en colectivo, también fue divertido ya que venían dos brasileras hablando de su país con una invitación que nunca se concretaría.

El chofer del colectivo, había comprado un casette del grupo “Katunga” y parecía que le gustaba el tema “Me lo dijo una gitana”, que de tanto pasarlo se había hecho pegadizo.

Toda la charla y la risa simulada de las brasileras tambien era preocupación por tantos militares en la ruta, o la falta de de dialogo con la gente preocupada , cada kilometro recorrido hacia el norte era un alivio para ellas por que reducía el peligro

Al llegar a Puerto Deseado los militares andaban en el pueblo, pero algo normal

En el colegio nos habían hablado de los refugios en caso de bombardeo, yo recordaba una construcción a una cuadra de la subida de Torrecin, asi se llamaba un negocio que funcionaba en la mitad de la loma.

No sabia si iba a llegar, o donde me agarraría el bombardeo.

Nos habían enseñado a cavar y hacer refugios en el fondo de las casas. Le comentè a mi madre:

-Mamì tenemos que cavar en el fondo por si nos bombardean los chilenos- le dije preocupado por que no hacia nada.

-Negro, si te van a bombardear te van a hacer mierda en cualquier lado, si estas en el colegio andà al refugio, yo en la casa no voy a hacer nada, por que en el fondo esta el pozo negro y se va a filtrar todo, aparte no le pienso hacer caso a los milicos, andando con el culo al sol, asustada.

Yo ya tengo el refugio, si empieza el quilombo nos vamos a la fosa del taller y listo, esa es de cemento, esta hecha, si querès ponè una damajuana con agua y unas maderas.

El oscurecimiento de la ciudad empezaba apenas caìa el sol, no se podía salir con vehículos y si se salía las luces debían tener una abertura de una lapicera, ¿Quién iba a salir asi? Nadie, estaba prohibido, las linternas también debían estar tapadas y un pequeño agujero en el centro.

En ocasiones el jefe de manzana, golpeaba la puerta,ordenando como si fueran traidores

-¡Se ve luz en su casa!,- todos debíamos hacer caso por que sino podíamos ser denunciados.

Todo chileno que no tenia papeles era deportado a su país, por que podían ser espias según el razonamiento militar, se hacían racias, Algunas familias arraigadas fueron deportadas con el llanto y el dolor de no tener reclamo, también las ponían en compromiso por que los militares de Pinochet también los trataban mal.

Pero por suerte la guerra no se hizo realidad, aunque perdimos las islas del canal de Beagle.

El mundial de futbol fue un desahoge, festejábamos en caravana por las calles de Puerto Deseado.

Se produjo un choque de autos en la caravana, los hombres se bajaron miraron los autos y se saludaron olvidando lo sucedido.

Seguimos a los bocinazos hasta el mismo puerto, allí había un barco holandés que nos saludò con un pitazo como reconociendo la derrota, lo que hizo que nos retiraramos del lugar satisfechos.

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: La amistad

Mi hermano practicaba Kung Fu estilo Shaolin Norteño con un profesor que era sargento del regimiento 9 en Puerto Deseado.

A mi también me gustaba, pero los cupos estaban llenos, igual había hecho amistad con sus amigos, uno de ellos era Maximo Sandoval, el tenía un parecido a Bruce Lee, su pieza estaba llena de esas fotos, su vida rondaba en eso y se exigìa para ser uno de los mejores del grupo, el era mayor que yo y me enseñaba en sus practicas personales que tenía.

Pelusa Mesa era otro de los que practicaba, pero era de mi edad y luego pasaría a ser un amigo entrañable y compañero de andanzas por la ciudad.

El me había explicado sobre un lugar que había pirañas.

Los galpones del puerto esperaban tranquilos el paso de los años, las gaviotas graznaban, rompiendo el silencio de vez en cuando.

Las olas mansas acariciaban la costa, como manos rozando las piedras finas de una pecera, se escuchaba un leve sonidos, como un siseo por cada ola polizona pequeña, que rompia sin llamar la atención.

Puerto Deseado, dormía su siesta de siempre, y nosotros descubríamos cosas en la ciudad, parados sobre las rocas mirando el agua.

-En esa curva si vos tiràs una pierna de vaca, atada con un alambre, te la devoran en un santiamén – dijo Pelusa y apuntaba un lugar de la ria, donde había una cruz cementada .

-¿En serio?- preguntè yo con ganas de hacer la prueba, pero no teníamos una pierna de vaca, ni siquiera de oveja.

-Siiiii- dijo el con aires de suficiencia- ¿Vistes esa estancia que se ve del otro lado?.-

-¡Mhhhh!- murmurè yo- haciendo vicera con mi mano para distinguir una casa y una arboleda del otro lado de la rìa que se movían por la bruma.- Sì-

-Una vez – hizo una pausa para comenzar a relatar la interesante leyenda- se fueron a pagar los sueldos en bote, iban tres peones y el Doctor Fernandez.- volvió a detenerse para respirar y tomar el aire que ilvana las ideas- resulta que el mar estaba bravo y se metió para la ria, ¡ya venían llegando!- Exclamo para bajar el tono a desazon - los agarrò una correntada, que les dio vuelta el bote, dos peones que sabían nadar, se ahogaron, el que no sabia nadar se salvò por que se aferro a algo que flotaba, y el doctor que no sabia nadar muy bien, no lo encontraban, hasta que se dieron cuenta que se lo habían comido las pirañas, que en realidad no son pirañas sino palometas- aclarò para aconsejar- ¡Nunca! Pero nunca te metas a bañarte en ese lugar-

- Bueno- dije agradeciendo el consejo.

Conociendo San Martin

Al otro dìa después del recreo y de desayunar en el colegio, por que todos los días nos daban el desayuno, a veces mate cocido, o cacao con leche, yo comìa en mi casa, pero los chicos que se quedaban comían muy bien.

Me llamò la maestra de Historia diciéndome:

-Mire Sergio-ellas siempre ponían distancia- el teatro esta armado y lo necesito para que haga de San Martìn mañana en el acto.

Al otro dìa, todos fuimos con el guardapolvo de los actos, el que no tenia manchas de tinta en los bolsillo por que se nos salía el capuchón de la lapicera 303.

El inmaculado, el impoluto, el de la escarapela el que nos sacaba la doble falta.

-Venì para acà -dijo una chica del otro curso, haciéndome pasar a un curso que estaba atrás del escenario armado- ¡sacate el guardapolvo!

-¿Qué tengo que hacer?- dije yo

-Nada,- dijo echándome talco en el pelo- vas a estar sentado, recordando.

-¡Ponete este saco! – mandò otra chica del mismo curso que eran los que organizaban el acto el saco era de color verde que simulaba ser una levita quien sabe de que padre seria, comencé a imaginar a San Martin de viejo en Buglone Sur Mer en Francia.

El escenario de madera crujía por los pasos nuestros, pusieron un sillòn con patas trabajadas, de pana roja sus almhoadones y apoya brazos.

Haciéndome sentar en una esquina del escenario, con la pierna izquierda cruzada sobre la derecha en forma cansada, reclinado hacia atrás, el codo derecho en el apoya brazos, la mano derecha en mi mentón meditando, la mano izquierda sobre la pierna izquierda, se abrió el telon de pana azul y se escucho el bullicio de la gente que antes pasaba desapercibido.

A mi derecha, rompió la voz de una maestra que con voz grandilocuente decía:

-¡Buen dìa, sra Directora, sra vice-directora, autoridades presentes, padres, maestros, publico en general, ¡alumnos!-enfatizaba alumnos para que prestaran atención- ¡hoy nos encontramos reunidos para recordar a nuestro padre de la patria!, ¡el mas grande!, ¡el mas recordado!- llevaba el tono de la voz por escalones- ¡El santo de la espada!, ¡El libertador de America!, ¡nuestro héroe el General San Martìn!- culmino casi llorando, los aplausos fueron unánimes, agradecida y con una reverencia al publico, continuo en voz mas calma- Para ello recordaremos su vida con el trabajo de los alumnos de los distintos cursos.

Empezaron la representación los alumnos de los cursos inferiores, atrás mìo y hacia un costado pasaba Yapeyu, la batalla de San Lorenzo, con uniformes de gimnasia azules, que le habían puesto una cinta roja para tapar las líneas de Adidas, y un morrion de cartulina que semejaba ser los granaderos a caballo, los hechos se sucedían hasta mis días en forma de recuerdos.

Yo miraba mis zapatos negros lustrados, o mi pantalón gris, para no mirar al publico, mientras pensaba (-¿a que hora va a terminar esto?), las representaciones seguían sucediendo a mi derecha. En un momento se me fuè la vista a la bandera argentina, bajè lentamente para buscar a la chica que me gustaba, pero ella miraba al frente con el pecho henchido, y me encontrè con los ojos del segundo abanderado, llamado Oscar Reyna pero nosotros le decíamos el Sapo por su boca, era humilde, pero no traga, simplemente era inteligente y a la misma altura que los demás lo que lo hacia pasar desapercibido.

Me miraba hacia arriba desde su posición, ¿quien sabe cuantas veces el había estatado parado con cara de estatua?, pero ahora no lo miraban a el, y se aprovechaba, mirè su boca y su sonrisa era el de La Gioconda. Como burlándose de mi, mientras yo pensaba (-ya te voy a agarrar forro de mierda), por fin bajaron las luces y se murió el héroe.

Cerraron el telòn y pude salir de esa posición incomoda.-

-Tenìas que esperar, a que termine de cerrar el telòn para salir corriendo con el sillòn- fue la cargada de mis compañeros.