Prologue

Probablemente se considere esta historia como muchas otras, repetida quizás hasta el cansancio, pero al empezar la lectura se dará cuenta que es diferente, porque es difícil captar plenamente el límite del deseo de abandonar la patria, no se lo puede cuantificar, sólo se lo vive.

De por qué se va la gente, por qué deja su tierra, sus amores, sus comidas, todo lo que es suyo, para irse lejos, donde nada le pertenece, donde no existe el entorno que lo mantenía unido a la tierra de sus ancestros, donde no encuentra fácilmente la gastronomía que motiva los recuerdos de la patria chica: el “arroz con menestra” de Ecuador, “el gallo pinto” de Nicaragua, las "enchiladas" de México, las deliciosas “arepas” colombianas y venezolanas; o las deliciosas "tortillas" de la herencia cultural de Centro y Sur América.

¿Por qué el migrante arriesga su vida para hacer un viaje a un lugar donde su manera de ser y hacer, va a chocar frontalmente con las de la cultura del lugar donde va? ¿Por qué?

¡Ah! La respuesta es sencilla, la encontramos en el imaginario popular: va tras un sueño, el "sueño americano”, el mismo por el cual miles de personas arriesgan sus vidas en conseguirlo de varias maneras: unos, viajan como turistas y se quedan fijos en la ilegalidad; otros, harán viajes por etapas, todo por el mejoramiento de su estilo de vida, ése que les permitirá salir de la miseria económica que es el destino casi seguro en su país de origen; el sueño que le permitirá ofrecer una vida mejor y "americanista" a los suyos.

Pero eso no es todo, hay también otras razones, que el amable lector descubrirá a través de esta muy interesante y amena narrativa. Aquí verá por ejemplo, que el héroe verdadero no es el hombre que atravesó varias fronteras con 30 dólares en su bolsillo, sino aquel que dirigió y guió sus pasos, que se valió de seres humanos con capacidad de amar, y ayudar, demostrando, que por su gracia, no todos somos malos.

Cuando lea esta obra, no se deje llevar sólo por el relato emocionante en la introducción, sobre la caminata en la oscuridad que hacía penoso y difícil cruzar corriendo el campo arado, o el feliz desenlace con la patrulla sandinista en Nicaragua, ni el mes de “vacaciones” forzadas en la Isla San Andrés (Colombia); tampoco se deje llevar de las bonitas memorias como los momentos románticos en Guatemala, o el encuentro con cristianos adventistas quienes proporcionaron refugio, comida, movilización y tierna compasión que tanto se necesita en este tipo de “aventura”.

En fin, amable lector, usted verá, paso a paso, lo duro de esta travesía, y lo pensará dos o más veces, antes de acometer una empresa parecida; de hecho, no recomiendo hacerla; no se trata de hacer una apología a este tipo de viajes, solo relatar lo sucedido para evitar que sucedan cosas más graves debido a la inocencia con la que uno se arroja a la aventura, a ojos cerrados o abiertos, pero aventura al fin.

La decisión es suya, adelante, disfrute de la lectura y decida lo que es mejor para su tranquilidad y la de su familia; recuerde que esta es una novela, no un mapa-guía para el viaje.

JOSÉ CARRERA ANDRADE