EROTISMO FEMENINO

Él, observaba como mudo espectador mientras sonreía de todo lo que estaba ocurriendo con las tres mujeres. Patricia, vio en ese momento la oportunidad de romper el silencio y hablar sinceramente con su madre de lo que realmente hacía en las noches. “Mamá, necesito hablar contigo ahora mismo de algo importante” le dijo. “Hija, claro que si, de todo, de cualquier cosa que necesites decirme, aquí, aquí está tu madre, que te ama y estará para ti en lo que quieras” y la abrazo con más fuerza contra su pecho.

“Es que se trata de mis estudios” empezó diciéndole. “¿Qué? ¿No te gustan? No importa, si no te gustan es por mi culpa, yo te arroje a estudiar esa carrera sin preguntarte, así que no tienes por qué continuar con esos estudios, tranquila, dime mi chiquita que quiere estudiar que inmediatamente te voy a inscribir en lo que mi pequeña quiera” y abrió otra botella para continuar con la parranda. Para entonces Victoria, se había ido al dormitorio y regresaba con su cartera. “Yo me traje algo más fuerte para celebrar compañeros, tequila” y saco una botella del interior. Él, sonreía con más gana, y se levantó para ayudar a abrir el nuevo licor.

“No, mamá, yo no estoy estudiando enfermería, desde hace un año que la deje” fue la confesión que paralizó incluso a la abuela. “¿No? ¿Y entonces qué has estado haciendo en todas estas noches hija?” se preguntó Carmen. “Bueno, es un poco difícil de decirlo pero creo que es el mejor momento ahora. Madre, soy estríper” y guardo silencio en espera de respuesta. “¿Estríper? ¿Estríper? ¿Bailas desnuda?” fue lo que atinó a decir. “Si, mamá, pero solo bailo desnuda, no tengo sexo con ningún cliente” se apresuró a aclarar. “Mi nieta una estríper, tome mi niña, beba como una verdadera mujer” le ofreció un vaso de tequila que seguidamente Patricia, bebió para bajar el nerviosismo.

“Así que mi hija es una bailarina de centros nocturnos” un poco mareada se decía Carmen. “Una prostituta, una cualquiera” comenzó a gritar como reaccionando tardíamente a la noticia. “No, mamá, no es eso” la calmaba Patricia. Pero, Carmen, se levantó como queriendo tomar del cuello a Patricia, que intervino el cumpleañero. “Cálmese Carmen, tranquila” ella lo volvió a mirar. “Mire usted, que pena con usted, en su cumpleaños y viene a enterarse que tengo a una madre borracha y a una hija puta” y cayó pesadamente sobre la silla de la mesa. “Bueno, usted no está en condición diferente” dijo él en voz baja.

Patricia, comenzó a apresurar el consumo del tequila, al igual que lo hacía su abuela. El cumpleañeros, le ofreció un vaso a Carmen, quien decepcionada de lo que se había revelado esa noche, lo bebió como si fuera refresco de soda. “Hija, no sé qué te sorprende, las generaciones son diferente a nosotras, más vivas, más adelantadas, y siempre las madres seremos las últimas en enterarnos lo que nuestros hijos andan haciendo en la calle” le dijo Victoria para calmar a Carmen. “No mamá, no es justo, yo quería que mi hija fuera mejor que nosotras dos.

“Si supiera lo buena que es” se dijo en su interior Fernando. Carmen continuó, “Usted sufría en silencio los abusos de mi Padre, que espero este ardiendo en el infierno, y yo, sufría una vida amarga por querer ser la mejor hija virtuosa y obediente. Pero mi hija no vivía esas situaciones, ella tenía libertad, confianza y ¿para qué? Para prostituirse” y seguido pedía le llenaran el vaso de más tequila, que gustosamente él le sirvió. “Así que nuestra familia es una mierda” seguía manifestando Carmen, más descontrolada. “Perdone usted caballero, por tener que haber sido testigo de estas vergonzosas revelaciones de familia, usted nos disculpa, usted buen mozo, muy educado, con un lindo trasero, que brazos” los piropos continuaban con una desinhibida Carmen.

Patricia, se sentía mareada, y reprodujo música del equipo de sonido en el desayunador y comenzó a bailar con el ritmo de la música, mientras Victoria, se levantó a hacerle compañía y mover el cuerpo con la melodía. Carmen, no se pudo resistir y torpemente pero con la ayuda del cumpleañero se puso de pie e intentaba bailar. “Baile conmigo caballero, no sea tímido” le decía a él. “Bien, señora, bailemos” Pero ella trastabillo y él la sostuvo fue el instante que ella aprovecho para besarlo. “Uy, usted perdone, pero desde la mañana tenía esas ganas de besarlo”

Él un poco nervioso, agarro la botella de tequila y se la empino para consumir bastante y tomar valor. “Yo estaba con las mismas ganas señora” le confesó. “Dime solo Carmen, nada de señora” y volvió a besarlo. Patricia, seguía en el éxtasis del baile, al igual que Victoria, por lo que fue sacando de sus bolsillos unos cigarros cortos y con hierbas, y se lo ofreció a la abuela, quien lo miró un poco dubitativa, pero al contemplar como su nieta lo encendía y se extasiaba con el humo blanco que inhalaba, se dispuso a experimentar y emular a su pequeña y juntas comenzaron a fumar.

Mientras tanto Carmen, se deleitaba por primera vez como una adolescente con los apasionados besos que recibía de su vecino. “Por favor, no vaya a pensar que soy una mujer fácil” fue lo que entre besos le manifestó. “No, de modo alguno” dejo entrever para no detener la dulce dinámica que ambos tenían. Su mano le acariciaba los hombros de ella transitando lentamente hacia abajo, lo cual fue advertido por ella. “No te sientas cohibido, sé lo que quieres. Yo también lo quiero” y ella misma deslizo los tirantes del vestido hacia los lados, descubriendo sus voluminosos pechos con los que tanto había anhelado aquel hombre. Su contemplación la llenó de ternura, y olvidando por primera vez todas sus inhibiciones, lentamente fue desabotonándolo uno a uno, para admirar aquel pecho fuerte y musculoso que daba paso a un abdomen plano y escultural pintado con los cuadros que la naturaleza con ayuda de unos ejercicios físicos pueden dibujar.

Eso funcionó como estimulante para que ella besara sus pezones como jamás se lo habían permitido hacer. Sus manos exploraban aquellos fuertes brazos de hierro mientras respiraba aquel aroma a hombre que invadían sus sentidos. Él, inerte cerró sus ojos para dejar que aquella dama sin contemplaciones se hundiera en su cuerpo.

Patricia, desde lejos veía aquello que ocurría entre su madre y aquel extraño, que rato atrás la había poseído como un loco en el interior de un ascensor. No tenía razón para sentirse mal ni reclamar absolutamente nada, hacía difícil para su madre enterarse de tantas verdades en una sola noche, que consideraba que solo aquel instante ella podía encontrar un momento de paz y calma al lado de ese hermoso espécimen que era el vecino.

Sabía que pronto su madre encontraría el verdadero placer al lado de aquel varón, que sin duda alguna tenía el conocimiento y la menta clara de lo que significaba satisfacer a una mujer. Él la deseaba, se notaba en cada centímetro de su piel, y sabía que a diferencia de los imberbes de su generación, aquel hombre había demostrado tener la paciencia y la condescendencia para desenvolverse con su contraparte femenina. Y eso Carmen, estaba por experimentarlo.

Victoria, por otro lado, ya se había despojado de su blusa y bailaba sin cesar, con el cigarro en su boca y el vaso de tequila en su mano izquierda. Tambaleando se dirigió a la refrigeradora en busca de algo que pareciera comestible, ahí encontró un pastel de carne y una caja de chocolates, y más abajo una lata de crema chantilly. Esto fue lo que más le llamo la atención. Tomó la lata blanquiazul y dejando el vaso de tequila en el desayunador, la destapo mientras sostenía el cigarro entre sus labios.

La agitó vigorosamente y luego la inclinó sobre su boca y descargo una espesa espuma en forma circular que la conmocionó dejando escapar sonoras carcajadas mientras tragaba el sin igual líquido blanquecino. Patricia, entrando en el mismo juego, se lo arrebato y disparó un proyectil del contenido de la lata con su risa característica.

Carmen, que le llamo la atención escuchar aquellas risas, logro observar el momento en que tanto su madre como su hija, bailaban saltaban al ritmo de la música y con el dispensador de crema de mano en mano, así que se puso de pie y torpemente se dirigió hacia donde ellas estaban, y les quito el envase, y simplemente inyecto el disparador, pero la presión no era suficiente así que cada vez era menos espumoso. Su madre, se lo arrebato y lo volvió a agitar y luego se lo inclinó a la boca de Carmen, quien obediente y la abrió y esta vez, todo fue diferente que las tres mujeres lo celebraron como un gran acontecimiento.

Victoria, al ver que su hija bailaba con los senos al descubierto, se desprendió de su sostén, acto que fue imitado por Patricia, al quitarse su blusa y exhibir sus juveniles pechos. El cumpleañero no lo podía creer lo que estaba presenciando, tres mujeres felices semi desnudas bajo un mismo techo, e increíblemente parientes entre ellas. Le subió más al volumen de aquel equipo de sonido, y se unió sin camisa al círculo que aquellas féminas ya habían formado mientras giraban en el sentido de las manecillas del reloj. Reían y tarareaban las notas de la melodía sin importar lo que la misma decía.

Parecía un juego infantil aquello sin importar edad ni tampoco el estado etílico en que se encontraban. Ya la botella de tequila se había terminado, así como el vino y las cervezas. De pronto se detuvieron y Carmen, no desaprovecho la oportunidad de darle una bocanada al cigarro de su hija, lo mismo hizo el cumpleañero. Carmen, rodeó con sus brazos a su vecino y lo besó. Victoria, aparto a su hija y también beso al hombre. Las dos mujeres se vieron entre si y sonrieron, y dirigieron una mirada a Patricia. Existía como un mensaje oculto en aquella conversación corporal. Patricia, se aproximó al homenajeado y también lo besó.

El hombre estaba literalmente perdido en su mente, no sabía si aquello era un sueño o no, pero aun así no quería despertar si lo fuera. Victoria, comenzó a desvestirse completamente, y Carmen, se sentaba en una silla, mientras se despojaba de su panty, pues ya el vestido yacía en el espacio que su momento compartió con el cumpleañero antes de compartir el juego de la lata de crema. Fue él quien sucumbía a sus instintos, al observar lo que estaba ocurriendo a su alrededor, por lo que para emparejar las cosas, él se encargó de desvestir a Patricia, y ésta a él.

Victoria, se colocó detrás de él, mientras admiraba su esbelto cuerpo, y sus manos se posaban en sus nalgas, acariciando lentamente aquella piel masculina. Él, acariciaba los pechos de Patricia, mientras ella frotaba su falo. Carmen, sentada a lo lejos, como si una fuerza invisible la dominará, condujo su mano derecha hacia su entrepierna mientras la izquierda como una adolescente se introdujo entre sus labios y sus ojos se llenaban de pura lujuria al ver aquel cuadro, que dejo de representar la imagen de su hija y de su madre con un extraño sino dos bellas mujeres que deseaban satisfacer sus propios instintos sexuales.

Patricia, se arrodilló para infringirse placer sexual con su boca cubriendo su pene, mientras frotaba sus propios pechos. Él, acariciaba sus cabellos mientras con su cabeza inclinada a la izquierda besaba los labios de Victoria, quien tenía para ese momento sus pezones bien duros y colorados como dulces cerezas. Carmen, olvidando estigmas y tabúes, frotaba su clítoris, mientras su otra mano hacía lo propio acariciando su pecho derecho, sin perder de vista la escena que protagonizaban sus parientes.

Victoria, mientras rosaba las colosales piernas de él, lentamente incursionaba en medio de las nalgas, en un vaivén del frente hacia atrás, haciendo contacto con sus testículos y regresaba por el ano, sensación que le propinaba a él una inagotable fuente de placer que debía canalizar para no estallar antes de tiempo. Carmen, encontraba todo aquello increíblemente desesperante, pues no había tenido una práctica de auto satisfacción tan reconfortante en su vida, y todo le parecía extraño, pero por alguna razón desconocida no podía detenerse, cerraba sus ojos, y volvía a abrirlo para observar lo que ocurría a pocos metros de ella.

La música llevaba el mismo ritmo que todos ellos, era más música árabe propia del lejano oriente que invitaba a la conocida danza de los siete velos, y pero muy sugestiva para la ocasión que sin planificación alguna, jugaba un papel importante en lo que estaba sucediendo. Victoria, sentía humedecido su interior, al igual que Patricia, que se masturbaba mientras le práctica el sexo oral a él.

Carmen, no aguanto más y se puso de pie para arrodillarse junto a su hija, y humedeció los testículos de él, y como dos amantes en puro deseo de satisfacer al mismo compañero, se turnaron para que Carmen, pudiera experimentar esa sensación de tener dentro de su boca aquel erecto falo que sin restricción ni miramientos podía gozar abiertamente. La húmeda de las salivas de ambas mujeres fue un fuerte estimulo mezclado con el aroma de él, para acelerar sus movimientos. Victoria, ya había introducido un dedo en el orificio de él, y esto le provoco mayor excitación tanto a ella como a él.

Él tenía que hacer algo porque de otro modo aquello finalizaría pronto. Así, que se dio vuelta para besar a Victoria, y besarle los pechos, mientras que Patricia y Carmen, utilizaban sus labios para besarle las nalgas y la espalda como obedientes amantes que compartían sin egoísmo aquel cuerpo masculino.

El tiempo estaba paralizado, no había término para que aquello finalizara, eran personas adultas comprometidas con dar y recibir recíprocamente, influenciados por la situación y el licor. Él, acostó a Victoria en la alfombra de la sala, para colocar su cabeza entre las piernas de ella, eso permitió que Carmen, se acomodara en el suelo debajo de las piernas de él y tener a su alcance su órgano para continuar con aquella experiencia única que no deseaba dejar escapar por primera vez en su vida luego de su fallido matrimonio.

Había que repasar el historial de los años de casada, en la que su cultura y crianza, se resistían a aceptar una práctica de tal tipo que Augusto le solicitaba pudieran añadir a su relación de cónyuges. Fueron suplicas, para observar películas pornográficas o una simple revista, por lo que él tenía que encerrarse en el baño con una de ellas y masturbarse para poder disfrutar de una buena compañía femenina aunque fuera en imágenes.

El día que Carmen, encontró una de esas revistas debajo de una caja de zapatos en el armario, fue motivo de una batalla campal de reprimendas de explicaciones, que finalizaban siempre en su escape a un bar cercano para regresar luego borracho, lo cual no abonaba en nada el enojo que ella aún sentía por lo que implicaba un desaire a su dignidad como mujer casada. “¿Cómo se atreve a excitarse con una fotografía en lugar de su esposa?” se decía con ira irracional mientras lloraba en su dormitorio.

Ahora, todo era diferente, ella había descubierto que no todo lo que se le había informado acerca de las prácticas sexuales entre parejas eran producto de diabólicos consejos de amigas o consejeros matrimoniales, sino que algo había de cierto detrás de todas esas recomendaciones que se le hacían para evitar que su matrimonio fuera un fiasco. Ella estaba ahí, con un extraño que no era su esposo, que añadía mayor estimulación a su comportamiento, compartiendo con su hija y madre una nueva experiencia que ahora hacía parte de ella, sin escrúpulos ni culpabilidad.

Aquello, sentía por primera vez, que su ser respiraba, que las ataduras comenzaban a desaparecer y liberar su propia naturaleza y alma en la búsqueda de aquella felicidad que consideraba se le había negado para mejorar la intimidad de su hogar. En su mente yacía como un pasado lejano el haberse enterado que su hija ya no era más aquella pequeña princesa que le colmaba de besos y abrazos en sus noches de ensueño en su pequeña cama rodeadas de muñecas y cuentos de príncipes encantados. La vida le enseñaba que cada quien decide por sí misma como gozar lo que la vida le ofrece a una y no permitir que otros lo hagan porque al final es una misma quien sufre sus consecuencias. No era tarde de aprender, sino todo lo contrario, era temprano para iniciar un nuevo periodo de su vida, y esta vez, lo aprovecharía al máximo.