Capítulo 84

― Estas mejorando, pero sé que por dentro estás muy mal.

― Estaré bien cuando tenga que estarlo.

― Hablo de la depresión o de lo que sea que esté pasando en tu cabeza.

― Es normal, después de todo lo que tuve que pasar.

No insistió. Que él regresara no significaba que iba a quedarse. Tampoco significa que mis planes cambien.

Mi depresión ahora no tiene límites y empiezo a creer que tenía un grave problema desde que era una niña, por el abandono y por todo. Esto no es algo que surgiera ahora, es algo que viene desde mucho antes. Así que creo que necesitaré un diagnóstico de depresión, para poder acceder a los servicios que necesito en Suiza.

¿Por qué estoy tomando esta decisión?

Quiero estar segura que es lo que quiero. Justo ahora, mientras veo la televisión inglesa, demasiado sensacionalista para soportar, mientras Babu está a mi lado, cuidándome, mientras su esposa y Dima no están, porque desaparecieron luego de las presentaciones incomodas, creo que debo hacerme esa pregunta y analizar la situación.

Quiero hacer esto, pero no quiero arrepentirme justo antes de hacerlo, perder mi tiempo y dinero por un episodio maniaco depresivo o algo así.

― Se lo que estás pensando.

― ¿Ahora lees la mente?

― Sé que estás pensando en acabar con todo.

Pongo los ojos en blanco, ya que hablar me duele y es la mejor forma de mostrar que lo que dice me parece una estupidez. Aunque ha acertado totalmente. Por lo menos no sabe que planeo ir a Suiza para que sea más… oficial.

Quisiera saber si le estoy quitando importancia a un asunto muy relevante y delicado o estoy actuando en consecuencia a los hechos y a mis emociones y Problematicas psicológicas. No sé si estoy tomando todo esto a la ligera.

― No hagas una tontería, Miri. Ya estoy aquí y lamento mucho haberte dejado sola. Ya me han contado por todo lo que tuviste que pasar.

― No sabes nada, Babu.

― Se lo que pasó en Alemania. Te vi en las noticias y parecía que querías salir corriendo y alejarte lo más posible de ese hombre ¿Qué hace aquí si querías huir de él?

¿Qué hacía aquí?

Me protegió aquella vez y lo dejé. Me comporté como una idiota. Aleksandr me puso directamente en peligro y Dimitriy solo trataba de protegerme. Sé que amo a Aleksandr, sé que he pasado los mejores momentos de mi vida con él. Me dio todo lo que nadie más me dio. Pero no pudo protegerme, fue quien me puso en peligro.

¿Merece la pena tener junto a ti a una persona que amas pero que te hace daño directa o indirectamente? ¿Merece la pena apartar a alguien a quien no amas y que no te da la importancia que debería darte, pero que te protege?

No lo sé con certeza.

No son las preguntas que necesito responder ahora. Primero debo responder a la pregunta principal y luego, si sobrevivo a todo esto, tendré que responder si Aleksandr vale la pena el riesgo o si Dimitriy y su protección son más importantes que el hombre al que amo.

― No hagas nada estúpido. Dame este mes, tienes un mes más o menos, para saber si venciste al sida y salió de tu sistema gracias a los medicamentos de profilaxis* si es así y al final del tratamiento tus exámenes dicen que eres negativo, significará una oportunidad más. Tienes este mes para pensar si tomarla si es que llega o si acabar con todo a pesar de que es una gran oportunidad ante tus ojos.

― Te iras de nuevo ¿Que importa?

― No me iré. Nunca debí hacerlo. Se supone que debíamos cuidarnos el uno al otro y preferí el dinero y los lujos por encima de mi única familia. Fue un gran error y no quiero que vuelva a repetirse. Lorette sabe que eres como mi hermana, le dije que nunca hubo algo entre nosotros y que nunca lo habrá, también le dije que si me quería a mí, también debía quererte a ti, porque eres mi familia, mi hermana y la familia no se abandona.

Estoy cansada de llorar, pero por suerte, esta vez no fue tan doloroso como las anteriores. El vino y tomo mi mano. ― No deberías arriesgarte a contagiarte. ― Le dije, preocupada por arrastrar a alguien más conmigo. ― Estoy tomando el tratamiento y Dimitriy también. Lo escuche hablando con la doctora que te atiende y decidí pedir el tratamiento para mí también. Va a ser difícil, pero además de prevenir, también quiero acompañarte en este proceso.

― Gracias.

― Por ahora solo preocupémonos por tu salud. Después de que salgas de todo esto, incluyendo las cirugías, hablaremos de Dimitriy y si es un buen hombre.

― No voy a volver con Sasha. No puedo arriesgarme de nuevo. No me protegió, en más de una ocasión.

― Pero tampoco estás segura de Dimitriy.

― ¿Tengo que estarlo?

― No, iras a casa conmigo si no puedes lidiar con él y con… Claude.

Ya sabía de él. Mi padre estaba dando vueltas por ahí, como si fuera alguien importante en mi vida.

― Te recuperaras, Miri. Saldremos adelante y en un mes estarás preparándote para las cirugías reconstructivas, luego te prepararas para tu nueva vida, por ahora solo concentrémonos en sobrevivir, como siempre lo hicimos.

Levante mis brazos para que viniera a darme un abrazo. Él es todo lo que necesito ahora.

Dimitriy

― La gran Loretta Marchand. ¿Qué tal va el negocio? ― Ella se ríe de esa forma escandalosa que cree que la hace resaltar, realmente lo hace, pero no de la manera en que ella lo espera. ― Muy bien, a pesar de que ya no nos visitas tan seguido como antes.

― ¿Qué planeas, Loretta? Mirelle no es una de tus muñequitas.

― ¿Ah no? ¿Quién lo dice?

― Su novio. ― Pienso por un segundo. ― Y su otro novio… todavía no está definido con quien va a quedarse, pero pronto se decidirá.

― ¿Y quiénes serían esos hombres afortunados?

― Yo. Bueno, yo soy el más importante, el otro es Aleksandr Demídov, A.K.A* Aleksandr Kazakov.

― ¿Él heredero ruso?

― El mismo. Pero yo soy su actual novio y no me gusta que una carroñera como tú la ronde. Desaparece.

Sopla su café para enfriarlo antes de darle una probada y luego se dirige a las sillas de la sala de espera de esta ala. Se sienta de forma elegante y luego me mira. ― Pero si solo estoy visitando a la familia, es la hermana de mi hombrecito. ― Dice pestañeando exageradamente, para parecer inocente e infantil. ― No me importa si él se queda, pero eso significa que tu estas cerca. No te atrevas a ponerle un dedo a mi Mirelle, o Kazakov y yo te sacaremos las entrañas.

Me doy la vuelta para dirigirme a otra parte. Necesito respirar aire fresco, este lugar huele extraño y no lo soporto, cuando el olor de la muerte se mezcla con el del antiséptico produce nauseas.

― Lo que es de mi príncipe africano, es mío. ― dice desde la distancia, levantando su aguda voz para ser aún más molesta de lo que ya es y para que la escuche.

Levanto mi mano y le muestro mi dedo medio.

Si toca a Mirelle, su imperio de mierda va a convertirse en cenizas en minutos. Lo que me faltaba, tener que protegerla de una hiena maldita. Esa mujer va a sacarme canas verdes y provocar mi muerte.