Capítulo 83

Mirelle

Horrible.

Más que eso. Todo esto era más que una pesadilla. Mi vida se estaba desmoronando lentamente y siento que no puedo más. ¿Para qué vivir si voy a tener una sentencia de muerte pendiendo de un hilo sobre mi cabeza?

Si tengo que vivir con una enfermedad tan horrible por el resto de mi vida, que obviamente no será muy larga debido a esa maldita enfermedad, entonces prefiero no vivir.

Pero estoy siendo vigilada. No solo por Dimitriy. Sé que Aleksandr y Claude vagan frente a mi puerta, además del ejército de enfermeras y doctores que se paseaban por aquí todo el tiempo.

Al parecer pagaron para que el hospital se cerrara y me atendieran solo a mí y tal vez a Tolya. Espero que esté bien. Espero que los medicamentos antirretrovirales sirvan para él. No tiene la culpa de nada, él es un buen chico, con mucho talento y creo que merece lo mejor de la vida, no todo lo que le ha tocado vivir.

Tener que lidiar con una enfermedad, cuando ni siquiera sabe que no es normal, o puede que lo sepa, pero no lo entiende. Él no sabe que ser autista es un gran problema, es un joven adulto, pero actúa como un niño y necesita ser protegido siempre.

¿Qué pasara con él si se enferma de Sida?

No podrá lidiar con toda la situación, no cuando ni siquiera yo puedo con ello. Una persona normal no siempre soporta una noticia como esta y él ya es alguien que no puede cuidarse a sí mismo. ¿Qué pasará con el pobre Tolya?

He decidido irme, ya no me queda dignidad, orgullo o cualquier otra cosa que valga la pena y que me ayude a aferrarme a la vida, no tengo familia o alguien que verdaderamente me importe y con una amenaza de sida, ya nada me queda.

Por lo que si salgo de aquí, no será para someterme a decenas de cirugías que no garantizan que mi rostro vuelva a ser el mismo. Es posible que mi cara quede tan horrible, aun después de las cirugías plásticas.

¿Cómo alguien puede vivir así? Perdiendo todo, perdiendo su propio rostro.

No quiero seguir y no necesito darle explicaciones a nadie. Solo necesito seguir adelante y hacer lo que tengo que hacer. Si alguien sufre por mi partida… es voluntaria, nadie debería sufrir.

Aunque sé que aquí donde me encuentro es imposible o en Francia. Así que en cuanto me den de alta, antes de las cirugías, porque supongo que deberán esperar a mi diagnóstico de VIH, en ese momento tomaré el dinero que tenga en mi cuenta, me iré a Suiza y pediré el suicidio asistido.

Esto es horrible. Todo es horrible y no quiero soportar más esta vida. Nadie más me arruinará, nadie más me pisoteará y nadie más abusará de mí de esta forma. Ya que todos se van tarde o temprano, esta vez seré yo la que tome la decisión de irme y abandonar a todos, pero yo realmente me iré para siempre.

He pasado tres días en esta cama, sedada y sin poder moverme, porque luego de que Dimitriy viniera a contarme todo, no pude soportarlo. Al principio lloré, pero cuando se acercó y trató de tocarme, estalle y comencé a pelear. Él pensó que estaba peleando porque no quería arriesgarlo al contagio.

Él no puede importarme menos.

No me interesa lo que le pase a Dimitriy, ya he decidido. Mi vida no se convertirá en un vaivén de sufrimiento.

Ahora estoy consciente. No han venido a sedarme, creen que ya todo está bien, pero sé que no lo está y estoy harta. Pero no tengo fuerzas. Me ponen medicamentos para el dolor, pero no funcionan del todo. Mi cuerpo está tan deshecho que he decidido no pelear, solo aceptaré todo hasta que pueda ir a suiza.

Dimitriy no se ha ido, aunque tiene negocios que atender. Yann vino y trajo al animal esta mañana, la cachorra empieza a crecer y es bastante molesta, pero Dimitriy le ha puesto un corral en la habitación y la trata como si fuera una bebé. Una muy mimada y malcriada. Tiene una tiara con joyas reales. ¿Quién le pone collares y tiaras con joyas reales y muy caras a un perro?

Los multimillonarios.

Desperdiciar todo ese dinero en un animal, cuando hay tanta gente que lo necesita. ― ¿Cómo estás? ― Estresada. Tu animal no deja de ladrar y llorar porque no puede salir del corral. ― Él mira a la cachorra y sonríe. Parece feliz de tenerla y ella de inmediato responde con otra sonrisa y una cola que enloquece y se mueve de un lado al otro. ― Lamento las molestias, pero Yann regreso a casa a manejar los negocios. Pensé que lo habia perdido, pero regreso conmigo y para redimirse se ha hecho cargo de los negocios. Quería estar aquí y saber cómo estabas, lo estaba llamando para ponerlo al día, se preocupa si no lo hago.

― ¿Por qué estaría preocupado? A él no le importa más que su pago y obedecerte.

― Le agradas.

― Me puso una trampa.

― Bajo mis órdenes. Él no estaba de acuerdo con nada.

― Pero aun así me puso una trampa para que me encontraras.

Me miro tan mal, como si le estuviera rompiendo el corazón. ― Pensé que por fin habías aceptado lo nuestro. ― Me burlé. ― Me secuestraron. Estaba tan asustada. ― trató de calmarse, tensó la mandíbula. ― Lo siento. De verdad lo siento. Me he dado cuenta que te amo y voy a hacer todo lo que esté en mis manos para hacerte feliz.

― Yo no quiero ser feliz. Ya no me interesa saber nada de nadie.

― Sé que te sientes mal, pero estoy dispuesto a cuidarte, a llevarte con los mejores profesionales para que superes esto. Te acompañaré durante todo el camino. Lo prometo.

― ¡Dimitriy, no quiero nada! Busca mi computadora, tráela, necesito asegurarme que todavía tengo mis libros, mi dinero y mi vida. Estoy cansada que todo el mundo crea que puede adueñarse de mi vida y destruirme como se le venga en gana.

― Miri.

¡No!

Esa voz. Los sedantes o alguno de los medicamentos están causándome alucinaciones. ― Miri, ¿estás bien? ― Cerré los ojos y no quise mirar. Apreté mis ojos con fuerza, porque ya no quería sentir más dolor. ― Miri, abre los ojos, soy yo. Dime como estas.

― Mirelle, abre los ojos, es real. ― La voz de Dimitriy sonaba más ronca y gruesa de lo normal.

¿Era cierto?

Si abría los ojos e intentaba abrazarlo, estaba segura que desaparecería. ― Mirelle, ábrelos. No te preocupes, yo estoy aquí. ― Si Dimitriy podía verlo, escucharlo, entonces no era una alucinación.

Abrí los ojos lentamente y el mundo volvió a caer sobre mí. Rompí en llanto otra vez, cuando pude ver claramente que era real, él vino de inmediato a mí para abrazarme. ― ¡Babu! ― Me apretó con la fuerza suficiente para que todos mis dolores se convirtieran en ardores, pero no me importó. Era él, estaba aquí. ― No me toques, podría tener sida.

― No importa. No importa. Ahora estoy aquí, lamento haberte dejado. Perdóname por favor. Perdóname. ― Dijo llorando. Ya no podía hablar, el llanto y el dolor me consumían lentamente. ― No volveré a dejarte, ya no.

― Es cierto, cariño. Tu hermano y yo estamos aquí para apoyarte. Ya nunca más estarás sola. ― Nos apartamos, pude contener el llanto en cuanto escuche a la mujer.

Al verla ahí parada en medio de la habitación, mirándonos como si fuera una madre que vigila atenta a sus hijos, me puse en estado de alerta. ¿Quién es esta mujer y que hace aquí?

― Miri, ella es Lorette. Mi esposa.