Sergio

Sergio

En casa de los Caine se respira amor y juventud, mis hermanos tienen los típicos problemas de la adolescencia. Mi papá está regañando a mis hermanos porque gastan demasiado y mi mamá y Milo están escuchando.

—¿Olivia?—pregunta mi papá.

—Sebastian, deja de gastar dinero que no produces, búscate un empleo, Milo, sé más un adolescente y no vengas directo a casa y Olimpia, deja de estafar a tu papá, en serio.

—¿Por qué siempre me regañas?—se queja mi hermana.

—Sergei —me saluda Bastian y los gemelos hacen espacio para mí.

—Eres doblemente famoso, tu anuncio de campaña está cool.

Les doy un beso y un abrazo a mis hermanos, luego a mis padres y por último a mi hermana la cual parece estar decidida a no soltarme.

—Oli, también te amo.

—Sí, pero esto fue horrible —le acaricio el pelo

—Ahh, por eso me quieren.

—Eres el rey de las mujeres en bikinis—Todos ríen ante el comentario de mi hermano.

—¿No estás saliendo con Emily?

—Tus papás, quieren que me la folle —Miro a mis papás y los dos se miran entre sí.

—No dijimos eso—se defiende mi mamá.

Mis hermanos me cuentan la conversación, mi hermano salió con su novia, tenía permiso hasta las once de la noche y regresó educadamente a las nueve y media, mis papás que estaba en el sofá metiéndose mano, y fueron descubiertos tuvieron la grandiosa idea de preguntarle por qué regresaba tan pronto.

A- Los dos son adolescentes y tiene clases hoy.

B- Emily probablemente sea virgen y mi hermano también.

C- ¿No es ese el deseo de todos los padres?

Para mí sí suena a que están prostituyendo a su hijo o al menos intentando que meta la polla en lugares inapropiados. Mi mamá, la versión decente de ella me pone la comida en frente, le beso la palma de la mano y ella me acaricia el pelo con la otra.

—Olivia y Sebastian, ustedes tienen una hija. ¿Dejarían que saliera con gente loca que les pide a sus hijos que tengan sexo?

—Sexo consentido—añade mi padre.

—Sí, pero, tienes una hija y además cada quién a su ritmo.

—¿A qué edad perdiste tu virginidad?—pregunta Olimpia.

—Quince— Respondo.

Bastian se ríe y dice que es imposible. Milo asegura que no me cree, mi mamá lo corrobora y mis hermanos dicen que ella sería a la última a la que le mandaría un informe sobre el inicio de mi vida sexual, pero, es cierto.

—¿Qué? Quería que fuera con alguien especial y me casé con Arabela.

—No tienes carta de haber tenido sexo solo con dos personas en la vida.

—No, pero, del resto no estoy orgulloso. Ahora, podemos orar o algo que hacen las familias decentes. Mamá qué es esto tan rico.

—Cuántas mujeres Sergio. —pregunta mi papá y mis hermanos ríen.

—Seis, si isabela pregunta tres —Todos ríen junto a mí.

Mis papás se disculpan por darle el mensaje equivocado mis hermanos e insisten a que se referían divertirse sin ninguna malicia, como ver la tanda de 11 y quedarse hablando en el coche. No hace falta que expliquen que la mayor obsesión de mi hermano es con las reglas.

—No queremos que nadie más que nosotros tengamos sexo, así que no tengan sexo, exclusivamente disfruten y déjenos castigarlos.

—Sigo sin entender —responde Sebastian y mi papá le dice que el comentario no va dirigido a él.

Todos reímos y mi mamá me hace una bolsita para Isabela y otra para mi merienda. La miro a los ojos y le advierto que es el mejor regalo que la vida me ha dado. Ella ríe y me recuerda usar más azul, que se me ven bien los ojos.

—¿Cómo te ama tu mamá?

—A ti también te amo, mi amor—responde mi mamá y mi hermana se despide con un gesto en la mano. Yo rodeo con mi brazo a mi hermana y le pido que tenga un poco de paciencia con mamá, ella suspira y mis hermanos reconocen que siempre la convertimos en la villana de nuestras historias

Dejo que cambie la música y veo a Sebastian dormirse como si el camino fuera demasiado largo, mis hermanos aseguran que él sí se fue de fiesta.

—¿Qué les parece trabajar en la campaña?

—Trabajar —repite el que estaba dormido.

—Sí, a ti te viene bien si quieres ser abogado.

—Estoy en otros proyectos —todos nos reímos. —En serio, estoy asistiendo a James y Jack en el caso.

—¿Cómo lo hiciste?—pregunta Milo.

—Tuve que lamer las botas de mi papá—todos ríen.—En fin Sergei, si tienes una buena y clara propuesta puede que acepte.

—Necesitamos gente que maneje gente, específicamente adolescentes molestos que llenen de información a sus familias, que quieran hacer campaña con fuerza. Que manejen redes sociales y que manejen su futuro.

Mis hermanos ríen y yo aparco frente a la escuela.

—Cada día suenas más presidencial. Te amamos. Pueden unirse a comedores de Olimpia.

—Bye, Olimpia.

Los tres se despiden con un beso en la mejilla y mi hermana me pregunta si puedo llevarla hasta la puerta, me bajo y rodeo el auto, le llevo hasta la entrada como a una niña pequeña y le lleno de besos como la hermana intensa que es.

Cuando llego a sede de campaña mi novia está reunida con su equipo. Toco la puerta y me disculpo.

—Mamá te envía un desayuno.

—Qué tierna es—responde y me da un beso en la mejilla, le veo extrañada y ella sonríe antes de dejar un suave beso sobre mis labios. —Vi una foto tuya dejando a tus hermanos.

—Esos tres, si les escucharas.

—Tenemos que salir hoy a las tres para arreglarnos para la gala de los Westborn., necesitas cortarte el pelo.

—Lo haré—respondo y le doy un beso.

—¡A trabajar!

El día de trabajo está lleno de locura, de trampas y la verdad mierdas, pero agradezco todo mi equipo por aguantar todas mis salidas de tono.

—Me acabas de llamar perra.

—No te llamé perra. Te llamé pendeja.

Todos en la sala me miran. Isabela abre mucho los ojos cuando hacemos contacto visual, me giro hacia Amarilis la cual tiene una sonrisa de suficiencia.

—Sergio, mi amor, retrocediste.

—Ya, pero, han sido catorce tiros y solo me exasperé con uno.—Me acerco a Amarilis y le beso los nudillos. —Eres una mujer dulce, amable, guapísima, solo me presionas demasiado, tengo pesadillas contigo —todos ríen. —Y eres una pendeja.

—Eres un mal perdedor. —se burla.—Ve a que te dejen guapo, que al menos así te ganas los botos de las hipersexuales. —Todos se burlan de mí y le doy un beso en la mejilla a la amiga de mi prometida.

—Un duelo más.

—Yo me voy, saben que ahora soy la mujer más vieja de Mainvillage y no estoy casada y tengo que apurarme para tener hijos y amarrarte, hoy la prensa amaneció VENENOSA —Se queja Isabela y sale de la habitación. Su amiga me ofrece un café.

—Mira, esa mujer no solo necesita que te cases con ella, sino que necesita que te la folles.

—Estoy fracasando en tantas cosas en la vida.

—Fuerte, lo tuyo.