Dulce aventura
Una noche con Sergio debería ser suficiente para satisfacer a cualquier mujer con un apetito sexual alto, lo que la describía muy bien. Sin embargo, Mila no se sentía complacida del todo porque siempre que el hombre la tocaba su cuerpo reaccionaba con fuerza y parecía que él se sentía del mismo modo porque en ningún momento se había alejado, ni había dado señales de querer retirarse de su habitación. De hecho, había sido todo lo contrario, luego de cada descanso para aperitivos, de inmediato regresaban a los toques y lo siguiente que sabía era que gemía recostada en la cama de su habitación o para ser sinceros, en cualquier otro lado del espacio.
Claro que, cada cosa debe terminar. Era entrada la madrugada cuando Sergio se levantó de la cama y dedicándole esa sonrisa intensa tomó su ropa para comenzar a vestirse. Ella no dijo nada, le gustaba el hombre y podía dejarlo complacerla todas las veces que quisiera, pero invitarlo a dormir parecía demasiado personal para una persona que acababa de conocer esa semana. Lo dejó irse con una sonrisa, esperó hasta que salió de la habitación y luego tomó la sábana de la cama para cubrirse antes de quedarse dormida.
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La mañana estaba hermosa o lo que quedaba de ella, se había levantado bastante tarde luego de la noche movida que había tenido aunque sin arrepentirse de nada. Pidió el desayuno a la habitación y disfrutó de la comida sin levantarse de la cama salvo para dejar entrar las bandejas, pretendía quedarse allí hasta que la energía regresara a su cuerpo, pero su celular parecía decirle lo contrario cuando vibró.
Sergio: ¿Estás preparada para hoy?
Mila: ¿Qué te hace creer que haré algo?
Sergio: Porque estoy invitándote en este momento, preciosa.
Mila: Pues vas a tener que ir sin mí, anoche agotaste mis reservas de energía.
Casi pudo verlo sonriendo con picardía.
Sergio: Y sigo teniendo planes mejores.
Mila: ¿Qué es lo que tienes planeado?
Sergio: ¡Sabía que te tentaría! Eres una aventurera. Tienes que vestirte para averiguarlo.
Era extraño que alguien la calificara de ese modo, repetidas veces, pero de alguna forma eso solo renovaba su espíritu porque ella no era la mujer reservada que su familia creía.
Mila: ¿Qué tengo que ponerme?
Sergio: Personalmente preferiría que no usaras nada, pero como sé que tendrías un problema con eso, solo usa un traje de baño. Saldremos en el yate, ¿qué te parece eso?
Mila: ¿Disfrutar de una viaje en un yate de lujo? ¡Fantástico!
Sergio: ¿Paso por ti?
Mila: Nos vemos en la playa, creo que me gustaría ver el puerto donde dejas a tu bebé.
Sergio: Solo no te lo lleves, nos vemos en unos minutos.
Mila se levantó de la cama con una sonrisa, se dio un baño cálido bastante corto antes de usar uno de sus trajes de baño más atrevido, parecía ser una excelente ocasión. Era negro y por la parte de adelante lucía como un bikini cualquiera, pero por la parte de atrás llevaba una agradable sorpresa cuando notabas que las formas se dejaban ver completamente en la espalda y más allá porque las piezas del conjunto eran sostenidas por un aro en el centro
Se colocó una falda sobre la parte inferior de su cuerpo y luego salió de la habitación. Bajó en el ascensor con entusiasmo renovado para luego dirigirse al camino que daba a la playa, caminó hasta adentrarse en el lugar quitándose las sandalias y lo vio sentado en el bar. Se acercó con una sonrisa segura, antes de anunciar su llegada él ya la había notado, sin decirse una palabra se alejaron entonces y ella lo siguió por varios caminos que los alejaron del hotel hasta que un canal se abrió para dejar ver el puerto lleno de embarcaciones lujosas de todo tipo.
-Esto es casi un sueño- dijo ella mirando todo -es como estar en la escena de una película.
-Pero no la clase de película apta para todo público- siguió Sergio con una sonrisa malévola -al menos no con las ideas que tengo en mi mente.
-Espero que eso sea una promesa- comentó Mila siguiéndole el juego.
Caminaron hasta el yate que ya reconocía y se subieron. Pronto se encontraban en camino a un destino que ella desconocía. Lo vio manejar aquel gran bote sin esfuerzo durante unos minutos.
-Y dime- comenzó cuando se sintió con la necesidad de distraerse -¿esta técnica acosadora para atraer mujeres es un hábito tuyo o fue solo en esta ocasión que funcionó?
Sergio no pudo evitar reír con fuerza.
-Es la primera vez que hago algo parecido- admitió él -generalmente solo basta con sentarme en el bar para que una hermosa mujer se me acerque.
-No lo dudo- afirmó ella imaginándose la escena muy bien.
-Yo diría que en esta ocasión fui tentado y seducido por la intriga- siguió él mirándola con calor.
-¿La intriga de alguien diferente?
-La intriga de poder escuchar tus gemidos y verte alcanzar el orgasmo cuando soy yo el que te lo da- soltó él mirándola con tanta intensidad que su cuerpo se excitó -no habría podido resistirme, quedarme con la duda no era una opción.
-Y ahora has tenido más que una muestra- dijo ella a media voz con la lujuria en su tono -algo que me gustaría repetir.
Sergio le sonrió antes de aumentar los nudos, se movían un poco más rápido. Ella caminó hasta el bar y con soltura sirvió dos tragos del wisky que antes habían tomado, regresó a la cabina para entregar uno de los vasos. Minutos más tarde se detenían casi a la orilla de un pequeño cayo que parecía perfecto para una película, el agua azul y la arena blanca brillante lo hacían parecer casi de fantasía.
-Bajemos- le ofreció él y lo hicieron.
Llevaban unas mantas para colocar en la arena junto a una cesta con algunos postres. Se sentaron bajo la escasa sombra de una palmera y ella casi se tumbó con los ojos cerrados, el lugar era increíble.
Hablaron y rieron durante bastante tiempo, disfrutaron de la comida que había en la cesta y cuando el calor comenzó a ser acuciante la falda dejó su cuerpo para dejar que la brisa marina la refrescara. Los ojos de Sergio la marcaron de inmediato, el calor de su mirada la hizo estremecer, sus pezones se alzaron y él sonrió. Con su sonrisa depredadora se acercó a ella lentamente antes de devorar sus labios en un beso casi comedido que la hizo gemir deseando mucho más.
-Eres una golosa- le susurró él con una sonrisa -y en honor a eso, he traído algo para ti.
Mila observó como una lata de crema batida era sacada de la cesta de comida y su cuerpo se mojó en una invitación silenciosa.
-Voy a devorarte hasta que te corras en mi boca- siguió él con un tono oscuro que la hizo abrir las piernas.
-Ven y hazlo- retó ella solo por una probada de su toque.
Se besaron en un choque de deseo, él la desnudó en cuestión de segundos y la observó allí unos instantes antes de que comenzara a retorcerse bajo la mirada masculina. Sergio abrió entonces la crema batida y la fue colocando en diferentes puntos de su cuerpo antes de cubrir la parte superior de su entrepierna con una sonrisa lujuriosa. Ella se quedó allí esperando el primer toque de su lengua.
Él fue lento, se tomó su tiempo creando expectativa y cuando su lengua húmeda la tocó por primera vez gimió con fuerza. La crema de su cuello fue lamida, luego la que se encontraba en sus pezones haciéndola retorcerse con deseo, estaba tan mojada en ese punto. Su abdomen fue el siguiente y casi sin aliento esperó hasta que esa lengua tentadora la lamió en ese punto sensible de su cuerpo. Ella gritó cuando el rayo de placer cruzó su cuerpo con fuerza, su espalda se levantó y se abrió completamente.
Sergio la lamió con lentitud probando sus puntos más placenteros hasta que el ritmo se hizo constante, volviéndola loca. Su lengua se frotaba contra su clítoris hinchado y cuando con rudeza la tomó de las caderas para evitar que se moviera, fue como si una ola se apoderara de su mente. Se corrió gritando y estremeciéndose, el placer la cegó por un segundo mientras los espasmos de su orgasmo la recorrían. Él la dejó recuperar el aliento con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
-Ahora es mi turno- afirmó ella unos segundos más tarde lamiendo sus labios y tomando la crema. Él gimió.
La usó en el pecho, el abdomen y la gran erección que le mostraba. Lo lamió con lentitud usando los puntos erógenos, bajó a su abdomen para tentarlo hasta que la punta de su miembro fue seducida haciéndolo estremecerse. Ella lo lamió unos segundos con una sonrisa malvada y cuando parecía que él iba a rendirse lo tomó por completo en su boca antes de chuparlo con fuerza. Usó su garganta para darle profundidad y Sergio gimió para ella.
Cada arma de seducción fue usada en ese momento, ella lo miraba arrodillada para él mientras seguía chupándolo con fuerza. Sergio gruñía mientras su cuerpo se estremecía, la sostenía con suavidad del pelo intentando controlar sus caderas para no moverse. Mila jugó con su lengua en ese punto sensible y lo apretó con su garganta llevándolo profundamente, lo escuchó gruñir antes de que su cuerpo explotara. Su miembro palpitó corriéndose en su boca, ella lo tragó con premura a medida que su calidez era dejada en su lengua. Al final se alejó con una sonrisa.
-Tan golosa- le dijo él acariciando su mejilla -lo haces tan bien.
-Pero ahora quiero mucho más- pidió ella con el deseo recorriéndola una vez más como fuego por su cuerpo.
-Terminemos esto en el yate- le dijo él levantándose rápidamente.
Fue así que la habitación de la embarcación los escuchó llegar al clímax con fuerza mientras sus cuerpos disfrutaban del placer de estar juntos.