EL RECUERDO: Dante.

Desde que tengo uso de la razón, los miércoles por la tarde eran sagrados para la hora del té, mi madre siempre se esforzaba para hacer una merienda de películas porque en ese tiempo su grupo de lectura se organizaba en casa. Aún han pasado veinte años y esos días de meriendas seguían en pie, pero por otro lado, yo siempre asistía, muchos de mis amigos se enojaban por no poder asistir a ciertas juntadas o se reían preguntándose porque un hombre de veinticinco años candelaria todo tipo de reunión para ir a tomar el té con su madre, tal vez no lo entendían, no me importaba mucho, lo que si es que tomar las meriendas con mi madre y sus amigas esos días eran más divertidos que una cita a ciegas. Un miércoles cualquiera, llegué a casa de mi madre con dos docena de pastelillos de vainilla con crema de chocolate, pero algo extraño pude notar en la entrada de casa, una pequeña caja que yacían recuerdos míos.

En la secundaria, tuve el honor de conocer a muchas personas, pero siempre destacaba alguien, un hermoso muchacho de cara pequeña con unos lindos ojos que brillaban más que el sol y lo que más se destacaban eran sus pequeñas orejas, en ese tiempo yo era alguien bastante reservado y siempre solía estar solo, pero él cada tanto estaba sentado a mi lado en los recesos y cada vez que podía intentaba tocar mis pómulos, repetía una y otra vez que eran muy bonitos al igual que mis labios….

—Cariño… El agua estuvo lista hace unos cinco minutos¿te encuentras bien?–una dulce y angelical voz interrumpió mis pensamientos, mi madre estaba llamándome mientras yo veía la caja de los recuerdos pasados.

—Claro, ¿por qué no lo estaría? Solo recordaba unas cosas sin importancia –dije con mucha seguridad y me levante del escalón donde estaba sentado, vi a mi madre y sin más preámbulos, lr regale una sonrisa de las cuales ella amaba–Vamos a tomar esa deliciosa merienda que has preparado, ¿Las chicas vendrán?–pregunté viendo nuevamente la caja y concentrandome en una carta con un bellisimo sobre y lazo azul.

–Sí, están en camino, iré a preparar la mesa–respondió retirándose del pasillo y dirigiéndose al salón.

—¡Ya voy!–le dije siguiendo viendo la carta, la tomé cuando ella se retiro. Desajuste el lazo y leí el nombre del proveniente–¿Gus?.

Gus era ese chico del cuando hablaba antes, extrañamente le gustaba que le llamaran así, a decir verdad él era muy extrovertido y risueño, todos lo querían por el aura tan hermosa y divertida que desbordaba, pero él era muy diferente cuando estaba a mi lado en los recesos, era callado y solo se concentraba en mi y lo que hacia, o estaba leyendo o simplemente comiendo un sandwich, muy pocas veces hablábamos, y cuando le pregunté porque era diferente al estar conmigo me respondió que quería estar con alguien tranquilo y relajado, a partir de ese día comenzó esa amistad las cuales eran diferentes, éramos un dúo genial y siempre estábamos juntos sin separarnos. Wow… este té está delicioso, sin dudas las yerbas de Japón son las mejores, mis pensamientos nuevamente fueron interrumpidos por las risas de las señoras contando sobre el libro, a decir verdad nunca me sentí así de extraño en estas reuniones, pero creo que era diferente esta vez, recordar a Gus fue algo que me llevó al pasado nuevamente y eso me llevó a abrir la carta, estaba realmente maltratada por los otros objetos de la caja, pero no perdió ese olor a vainilla y fresas que impregnaba él.

Al comenzar a leerla no dejaba de pensar en él, es decir, era mi amigo, pero recordé la razón por la cual nos separamos. Los rumores viajan tan rápido que ni tu te enterabas de lo que sucedía, unos dos años después un rumor comenzó a rondar en el colegio donde se trataba de que él y yo éramos pareja, esto llegó a directivos y a nuestros padres, ese día él me entregó esta carta y al siguiente no supe nada de él, siempre lo esperaba con un pequeño snack, al siguiente tampoco apareció y así fue hasta que nunca regres… ¡MIERDA! Un poco de té se derramó sobre mis piernas, al instante me pasaron una toalla algo fría, el dolor se fue a los minutos y yo seguía leyendo esa carta donde explicaba que la realidad sentía cosas que un niño no lograba entender a esa edad, sentía sentimientos de amor y cariño hacia mi, pero no como amigo, si no, algo un poco más. En el momento que leí eso un gran nudo en la garganta sentí, por comentarios los cuales lo dañaron a él, no pudimos seguir juntos. Los sentimientos si eran mutuos, pero la época era incorrecta.

Mientras comia un pequeño trozo de tarta que alguien trajo, no podía dejar de evitar de pensar en él, en los momentos que pasábamos, las risas, las sonrisas y ese sentimiento de amor que ambos sentimos, tal vez éramos niños confundidos o eso diría cualquier persona cerrada. Me encantaría saber donde estará ahora, tal vez tenga una relación o no, tal vez sigue en el país o se fue a vivir a otro lado, no sabría decir con claridad, pero si podía decir que él era tan hermoso como una bonita flor y sus hermosos cachetes eran igual de esponjosos que el pastelillo que comí.

Después de dos horas, las amigas de mi madre se fueron despidiéndose con una sonrisa en sus rostros, yo sonreía de lejos mientras estaba abrazando mis piernas y saludaba con mi mano libre, luego de que mi madre cerrará la puerta se dirigió a mi, sus expresiones no era malas, si no de preocupación.

–Dante, cariño… ¿Realmente te encuentras bien? Has estado bastante pensativo desde que viste esta caja—me dijo sentándose a mi lado y viendo dicho objeto que se encontraba en la mesa del salón—¿Qué tanto piensas? Sabes que puedes contar conmigo siempre—tomó mi mano y viéndome con esos dulces ojos de madre preocupada.

–Sí ma, estoy bien, solo que recordé algunas cosas de mi secundaria—respondí apoyando mi cabeza en mis piernas y sonriendo—Dime…¿Te acuerdas de Gus?—mi expresión cambió al hacer la pregunta, tenía miedo de una respuesta negativa.

–Sí cariño, recuerdo que siempre venía a casa a jugar conmigo y hasta participaba en el club de lectura—una respuesta precisa y sincera, ella sabía lo que había sucedido

–Y…¿recuerdas ese día que te mandaron a llamar?—mis manos comenzaron a temblar bastante diciendo esa última pregunta.

–Claro que lo recuerdo, y también recuerdo esa expresión en tu rostro cuando él ya no asistía a clases ni a casa. Dante, eres mi hijo y siempre te amaré, sea con quien estés—respondió tomándome con sus dos manos y mirándome con la sonrisa más dulce y sincera que haya visto reflejarse en su rostro.

Con esa respuesta decidí buscarlo, habían cosas que aclarar con él y si no había nada malo en que unos sentimientos se hayan despertado nuevamente, no tengo nada que perder. Abracé fuertemente a mi madre y le dije que la quería, era hora de irme, ya era muy tarde, y mañana tenía trabajo, pero seguía pensando en él y su sonrisa quisquillosa. Al subir al auto apoyé mi cabeza en el volante, quería ir a buscarlo, decirle todo, pero no se por donde comenzar.

En el camino a casa comencé a recordar algo que él me había dicho hace bastante tiempo, de grande quería ser cuidador de animales, casi siempre se la pasaba con sus gatos y también tenía un pequeño conejo, cuando iba a casa siempre llevaba zanahorias o lechugas eran para mi tortuga, sienpre le tuvo un cariño muy especial, tanto que hasta creía que la quería más que a mí. Luego de que un auto me tocara la bocina y gritara un par de groserías, volví a mi mundo y seguí conduciendo. Mis pensamientos en el momento de conducir se convirtieron en un salón blanco vacío sin ningún ruido. Quince minutos después llegue a casa, una humilde casa verde y blanca, el jardín delantero estaba lleno de plantas, flores y árboles, siempre me comentaban que mi casa parecía de un hippie saliendo en rehabilitación, pero nunca me afecto sinceramente, mis plantas eran una parte muy especial para mi. Al entrar, lo primero que veías eran un pequeño mueble donde colocabas tus llaves, abrigos y demás cosas. Todo el ambiente era realmente cálido, energías positivas y agradables. Al entrar al salón, deje caer mi cuerpo sobre el sofá e hice un par de ruidos de relajó, cinco minutos después de estar boca abajo resonando para no cenar, me levanté de ese tan cómodo asiento para ir a preparar algo.

Como era de esperarse, no hice nada y cené cereal… otra vez. Me dirigí al sofá nuevamente y cuando me acomodé para ver algo, escuché un crujido, volví a levantarme y cuando me revise mis pantalones para ver que era, saco esa carta de mi bolsillo derecho. Desconcertado quedé viéndola sin nada que hacer, dejé el cereal y la volví a leer, por un momento se me había olvidado todo y comencé a leerla una vez más.

“Dante; han pasado muchas cosas desde que nos conocimos, he tenido una gran conexión contigo que no he tenido con ningún ser vivo que pise esta tierra.

Ha tu lado he visto a las personas de una forma la cual no venía ante, de una forma realista, soy muy feliz a tu lado y no quiero separame de ti, pero con lo que esta pasando en estos días, la tensión pesada en mi familia se volvió cada vez peor y me dice cosas hirientes, no quiero perjudicarte a ti, eres lo más lindo que la vida me ha regalado, quiero decírtelo yo antes de que sea tarde.

La verdadera razón por la cual me acerque aquí el primer día, fue porque en tus ojos vi una hermosa luz que me flecho el corazón inmediatamente, me gustas desde el primer momento que te vi y como muchas veces puede que sea correspondido, como que no. Nunca tuve valor de decírtelo porque tenía miedo de que te alejaras de mí vida, tenía miedo de que me rechazarás o me miraras como un bicho raro. Siempre respeté tu espacio, únicamente quería estar cerca tuyo y de tu energía calmada.

Mis padres se han enterado de estos rumores y me tranferiran a una escuela nueva, esta en Inglaterra, pero quiero que sepas que nunca dejaré de amarte ni de recodar esas lindas mejillas.

—Con amor, Gus. “

Con los ojos llenos de lágrimas recordé cuando se lo llevaron a él primero de la sala de la dirección, yo no entendía nada, simplemente teníamos quince malditos años, éramos unos niños que se querían y eran amigos, por unos putos rumores de mierda nos separaron. La furia se apoderó de mi ser, el ambiente se puso realmente tenso y yo estaba realmente frustrado, estresado y agobiado. Con el corazón en mano, caminé por el pasillo de casa para dirigirme a la última habitación que era la mía, me cambié de ropa y caí a la cama, las lágrimas seguían cayendo sin parar y no fue hasta que quedé dormido que olvidé todo, hasta deje las luces encendidas.

A la mañana siguiente desperté por la alarma de mi despertador, tenía que ir al trabajo, pero mi cara estaba toda hinchada y las sábanas se quedaron pegadas a mí, con la mayor flojera, me levanté de mi cómoda cama y me fui a bañar. Eran las siete de la mañana, odiaba trabajar tan temprano, pero eso me busco por trabajar en una librería, en realidad, eso me busque por abrir mi propia librería. Desde muy pequeño me gustaba leer y escribir, más que nada leer y prometí que un día iba a abrir un propio espacio, así nació “Tiempo para mí” así se llama mi tienda, también es cafetería, técnicamente tenía dos trabajos que tanto amaba, pero claro, odiaba despertarme temprano. En mis cortos tiempos libres siempre solía sentarme en la silla del mostrador para continuar mi novela, la cuál nunca fue leida por nadie y tampoco lo será. Volviendo a la historia original, luego de unos veinte minutos, salí de la ducha un poco más despierto y me arregle. Me coloqué un pantalón negro al cuerpo, una camisa blanca hueso, un chaleco color crema, y mis zapatillas blancas. No solía desayunar, pero esa vez decidí hacerme un sándwich para llevar porque anoche no terminé comiendo ese cereal y debía de estar todo el día por un cargamento nuevo de libros y productos nuevos para la cafetería, también preparé un poco de café con leche y lo coloque en un torno para llevármelo.

Siendo el jefe no me importaba llegar tarde, pero esa vez vi una fila larga de personas esperanfo afuera, en ese momento recordé que hoy salía un nuevo libro de una saga y que había pedido la primera tanda, las personas que traían los libros ya estaba en la puerta trasera esperando que confirmé su entrega, simplemente me sentí avergonzado por los fanáticos y personal. Ya listo para abrir luego de veinte minutos, abrí las puertas y entraron todos de un golpe, casi me aplastan. Luego de que todas las personas consiguieran su edición, la cafetería estaba abierta, mis empleados se estaban volviendo locos viendo la cantidad de personas, feliz por un lado, pero por otro estaban como pulpos haciendo treinta americanos a la vez. Sin embargo, luego de dos horas las aguas se calmaron y pudimos descansar un poco más. En eso, una de las chicas de la cocina me dijo se acercó a mí para decirme que necesitaban a alguien más para el trabajo en la cafetería.

–Jefe, hemos sido nosotras tres durante mucho tiempo, y solo una se encarga de los postres, necesitamos a otro pastelero o ayudante de cocina.—me dijo una de las chicas que se encontraban sentadas al frente mío.

–La verdad es que si, siempre han sido ustedes, les buscaré a alguien para que las ayude—respondí a su preocupación tomando un sorbo de café y levantándome para volver al escritorio de la librería.

Abrí mi computadora y diseñé un flayer con lo poco de diseño que sabía para encontrar un nuevo cocinero y ayudante de cocina, luego de estar más de una hora y media sentado me comenzó a doler el trasero, pero ya había diseñado todo y estaba listo para ser publicado. Luego de unos minutos, comenzaron a llegar correos electrónicos con personas interesadas en trabajar, en ese momento creí que era bastante exagerado la cantidad, pero recordé que la tienda era conocida por muchas personas. Dejé que los correos llegarán y luego podría leer los currículum de las personas tranquilamente.

Ya eran al rededor de las siete de la tarde y ya había recibido el último cargamento para la cafetería, me quedé hasta las nueve de la noche pasando a la lista las cosas que ya habíamos recibido, tanto de cocina, como de libros. Ya exhausto, cerré la tienda, agarre mis cosas y me fui a casa. En todo el día no pensé en él, hasta que llegue a casa y vi el tazón de cereal de anoche, simplemente quería pensar que no era nada y que él solamente fue un lindo recuerdo, decidí distraerme leyendo currículum de personas y muchas de ellas no clasificaron, pero hubo una chica de diecinueve años que si clasificó, le mandé un mail citandola para una entrevista de trabajo y seguí revisando, luego de unos largos minutos me quedé completamente dormido enfrente de la lapto. Posiblemente despertaría con un dolor de cuello impresionante, pero no medí esa consecuencia a la hora de dormir en el sofá.