¡SORPRESA! ES AURA
Por más que deseaba no me sentía bien en esa casa, todos eran muy amables conmigo, siempre me comprendían y hacia lo posible para entenderlos y quererlos. A veces me quedo pensando que la felicidad no se hizo para mí, recuerdo todos los tristes sucesos que han pasado en mi vida como la muerte de mi padre, la pelea con mamá, el ultraje de Donald, la muerte de mi querida Candece y el tener que huir de mi hogar despavorida por temer a que fuera usada como mercancia para un vampiro.
Por más que deseo no puedo olvidarme de eso, los demonios que me rodeaban me alejaban cada vez más de la luz, solo podía distinguir sombras sin sentidos y una vida gris y vacía.
¿En qué me había convertido? veo que mi reflejo en ese pequeño espejo del baño, de nuevo mis raíces se encuentran aclaradas y solo me muestran lo que intento ocultar. Siempre me teñía el pelo de negro para no parecerme a Lilliam, no quería ser superficial y vacía y ahora mucho menos luego de lo que escuché y de lo que fui testigo.
La casa de los Vondeburg era una pieza arquitectónica que resaltaba de Villa Virginia, con sus torres coloridas y matices oscuros, parecía una especie de mansión embrujada en la que nunca podía faltar en cualquier lugar tétrico como este. Poco a poco me he acostumbrado a todas sus excentricidades, Javier casi nunca esta, siempre trabaja en misiones o atiende aquella pequeña fábrica de cajas que era una simple mascara para ocultar lo que hacía su familia y Valentine ahora solía acompañarlo y no porque le gustase, se sentía obligado y era por mi culpa.
Aquel chico no hacia lo que le apetecía, no tenía ese aire de espíritu libre que tanto le envidiaba, ser una carga para el solo me inutilizaba cada vez más, me sentía una muñeca de porcelana, una simple niña bonita que se quedaba sentada para que no se le estropeara el vestido.
Laura la chica embarazada se divertía y a la vez podía sacarme de quicio por su humor voluble debido a su embarazo, apenas son solo 7 meses, pero su barriga parece a punto de estallar y sus achaques la obligan a estar cada vez más tiempo acostada o simplemente a llorar por acción del viento. Eso ha hecho que Ulises de cierta manera se uniera más a mí, no le gustaba ver a mamá llorar y cuando quería un abrazo o solo un beso Laura dormía o descansaba lo que hacía que el niño melancólico recurriera hacia mí. Después de todo yo era la nueva atracción en casa y Gabe, bueno, no sabía qué hacía, solo me miraba y huía.
Un mes después de mi llegada, llegó una visita sorpresa y muy gratificante para Laura.
A eso de la tarde cuando junto a Ulises dibujábamos un dulce castillo con torres de barquilla, puertas de galletas y paredes de chocolate, alguien toco la puerta.
Rápidamente, antes de que Laura se quejara por el ruido abrí y vi una chica blanca con cabello negro tejido de forma discreta con una trenza y tenía un par de lentes que aumentaba la avellana de sus ojos.
- ¡Hola! -sonreí amable. Aquella muchacha era tímida y algo apagada al verme, pero cuando diviso en el sofá a Laura con una voz floja y apenas perceptible entro y saludo -sooorrrrrrr-preeeeeee-sa -dio un par de vueltas y camino pausadamente lo cual hizo que reprimiera mi risa.
- ¡Ah!, mi querida Aura -su grito fue efusivo y con una energía impresionante se levantó y la envolvió en un abrazo - ¡te extrañe! -dijo sollozando -¡Heaven!, ven, quiero que conozcas a mi hermana, es Aura -me la presentó contenta por su presencia -ella había estado ausente por un par de meses, pero está aquí -finalizo.
Aura era una chica algo introvertida, su ropa parecía ocultar curvas y eran muy conservadoras, solo un suéter simple de lana y un par de jeans amplios la veían como si fuera una chica sencilla y muy inteligente, además de algo sombría por esa inexpresión en su cara.
- ¡Tía Aura! -Ulises la abrazo y la lleno de besos por unos segundos, pues ella avergonzada solo retiro su cara y miro a otro lado. Era curioso como una chica como ella podía avergonzarse por el amor de un pequeño.
Sin avisar salí tranquilamente al jardín, daría una vuelta y esperaría que ellas se arreglasen, no puede dejar de envidiar a esas hermanas tan diferentes, ambas se tenían una a la otra. ¿Qué se sentirá al tener hermanos?, alguien que vino del mismo vientre que el de tu madre y fue hecho con ese mismo amor al igual que tú.
Una camioneta blanca algo destartalada se abre paso desde la reja negra y torcida, el rostro de Valentine se me hace presente y no puedo evitar sonrojarme, desde hace días me siento a si con él. Pareciera que su presencia sólo produjera cambios en mi como un breve nerviosismo, mucho sudor en mis manos y mi corazón palpitante a mil por hora. Luego recuerdo que el solo me veía como una chiquilla y caigo en un hueco pequeño y oscuro en el que no puedo moverme ni salir.
- ¿Qué haces aquí? -su sonrisa era muy pintoresca, como si le hubieran acabado de contar un chiste.
Miré un momento al cielo y vi que está muy oscuro, la neblina se estaba empezando a poner muy densa y el frio congelaba un poco mis manos.
-Laura esta con su hermana, pensé que sería mejor dejarlas solas.
-Mmmnnn. Si, Aura, esa chica sí que es extraña, pero contuvo su risa -¿quieres dar un paseo?-pregunto bajándose del auto y acercándose mucho a mi de forma inconsciente, tenía un bolso negro pesado en su hombro -ven, sé que te gustara -me tomo de la mano y me llevo directo al bosque que estaba en su patio, un lugar oscuro y tenebroso con abundantes árboles que parecían tocar el cielo. Muchas de las veces no parecían tener colores pintorescos y su canto solo eran lamentos desde el mas allá. Por más que trataba de entender no comprendía porque a él le gustaba tanto compartir este lugar. Las ramas crujían a nuestro pasar, el camino fue algo salvaje y nada prometedor por el musgo y ramas secas atravesadas en nuestro camino, hasta que por fin dimos paso a un claro. Una pequeña casita de madera podrida frente a un lago cristalino se divisaba desde un hueco en los arboles hasta que al fin se materializo y me mostro su belleza particular. El suelo parecía estar adornado por una alfombra de hojas amarillas tan brillantes como el sol y la niebla solo le daba un toque de misterio a aquella casita con ventanales de cristal con grabados de corazón. A un lado había un buzón de madera casi caído y muchas hadas y duendecillos de porcelanas adornando el camino hasta la entrada.
-Este lugar es mi mayor fuente de inspiración-confeso con nostalgia -tenía muchas ganas de venir acá de nuevo, pero no había podido hacerlo desde que llegue -me confesó algo triste -aquí los 4 jugábamos horas y horas, hasta que el sol se metía, pues mamá no permitía que nos quedáramos tanto tiempo, pero como fuimos felices en aquel tiempo-corrió como un niño alegre y se detuvo hasta un columpio largo y grande decorado con flores falsas y descoloridas por el tiempo -adoro sentarme aquí y solo dejar que miles de ideas fluyan en mi cabeza para plasmarlas en mis dibujos -se sentó y miro un momento el cielo gris y sus grandes centellas.
- ¡Eso es muy bonito, Valentine! -dije con muchos ánimos sentándome a su lado -sabes, te envidio mucho -confesé sin poder mirarle.
- ¿Por qué? -se volteó a verme interesado.
-Tienes una familia hermosa y que te quiere, tus hermanos son adorables, o por lo menos uno de ellos y no sabes cómo se me reboza el corazón al escucharte hablar sobre tu infancia.
-Y yo pensé que eras feliz con aquellos lujos, tu sí que debiste ser una princesa, solo con recordar aquel hermoso cuarto...
-Te equivocas, Valentine. El dinero en este caso no tiene nada que ver. La felicidad que yo busco es aquella que no tenga que ver con la avaricia y el poder, mi madre y mi padre no pudieron enseñármela pues él porque estaba dedicado a retribuirse toda esa vida de carencias y ella por estar hipnotizada por el oro. Nunca me falto nada es verdad, pero el amor y la comprensión nunca las tuve -cerré mis ojos para evitar no llorar, pero la mano de el en mi mentón me obligó a mirarle provocando la liberación de ellas rápidamente.
-Lo siento Heaven, no quería hacerte llorar.
- ¡No!, fui yo la tonta. Creo que estar con Laura tanto tiempo me ha sensibilizado más de lo que temo -sus ojos eran tan grades y azules que me inyectaron una cálida sensación al instante, desvié la mirada por unos segundos, pero era imposible de nuevo el me obligaba a verle.
-Por cierto-interrumpió y en su bolso busco con mucha prisa algo de forma recelosa hasta haber terminado saco una bolsita pequeña y floreada y la posó en mi mano -esto es para ti, sé que fue tu cumpleaños, pero no me dio tiempo de darte nada en ese momento.
Hurgue con alegría aquella pequeña bolsa encontrado un hermoso collar con hilo negro tejido de forma artesanal que tenía un búho tallado a piedra -no sabía muy bien que darte, pero pensé que te gustaría este búho, Jared los hace y suele venderlos en los demás pueblos.
- ¡Gracias Valentine! -y sin medir mi actitud solo me lancé sobre el para darle un fuerte abrazo que se fundió por un largo rato, el sentir ese contacto con su pecho caliente y tener nuestras mejillas rozándose me provocaba cierto cosquilleo en mi cuerpo que tuve que ignorar y separarme de él. No quería causar problemas y tampoco destruir la amistad de ambos por culpa de mis ilusiones de niñata. Me lo iba a poner yo misma, pero él se adelantó y se colocó a mis espaldas para ponerlo mientras sostenía mi cabello, sus dedos parecieron dibujar algo en mi espalda por unos segundos interminables que obligaron a cerrar mis ojos y agarrarme de las tiras del columpio para no desfallecer ante él, pero fue en vano aquellas fuerzas cuando sus labios besaron mi cuello lentamente elevándome en el aire y deseando más de ellos en todas partes. Con mi piel ardiendo y una sensación punzante en mi estómago contuve la respiración por un momento, me levanté para huir de su afecto y no pude. Con rapidez logra abordarme y sin pensarlo me estampa un gran beso en mi boca que revuelve mis sentidos hasta que puedo sentir los suyo, luego su alma y su corazón con el mío se acoplan a la divina perfección aunque sean pocos segundos y solo lo rechazo consciente de que no podía hacerlo.
-Yo, lo...-se estaba disculpando.
-No, lo siento Valentine, no puede pasar nada entre nosotros. Yo no soy buena para ti-confieso, sintiéndome usada y sucia.
-Para mi eres más que suficiente-con esto agarrándome la mano -sé que es una locura todo esto, pero no puedo evitar sentir lo que siento ahora -casi me juraba en medio de ese bosque -me gustas-su aliento apareció muy cerca de mi rostro, esta vez no me negué a verlo. Sentía un millón de cosas revoloteando en mi interior y no dejaba de preguntarme si todo esto era lo correcto ¿por qué lo sentía prohibido? tenía muchos miedos que no podía afrontar por mí misma y no permitiría que ellos envolvieran a Valentine. Sus labios por segunda vez besaron los míos, pero esta vez con más delicadeza y haciéndolo más hermoso y más lento erizando mi piel y haciendo que sus manos y las mías se entrelazaran aún más fuerte.
¡No, por favor Valentine!, yo no quiero gustarte. No soy apta para ti, yo estoy...-calle aterrada por lo que iba a confesar, de verdad me gustaba estar en sus brazos y morirme dentro de ellos. Usé la salida más rápida y corrí sin detenerme no sin antes escucharle gritarme algo.
- ¡No podrás huir de mí, Heaven! tarde o temprano aceptaras que también te gusto-profetizo seguro de sí mismo con una gran sonrisa en su rostro.