Capítulo 34
― Hora de despedirnos, volva.
― Que tenga un buen viaje, señor oso. Preparé esto para usted.
Zvezda le entrego el pan y la botella con hidromiel a Riúrik y él se rio a carcajadas alegremente. ― Gracias, lo disfrutaré por el camino. Yo también tengo algo para ti, niña. Me gustaría darte esto. ― Riúrik sacó algo de una bolsa y se lo ofreció a Zvezda. Borya lo miraba como si quisiera matarlo, pero Riúrik lo ignoró.
Zvezda admiró la funda de cuero y el mango hecho de hueso, saco el cuchillo y se encontró con una hoja bien trabajada, muy brillante y adornada con un patrón bastante bonito similar al que había en el mango de hueso. El cuchillo parecía hecho para un gran señor y no para ella.
― Es muy bonito, señor oso. Muchas gracias.
― Sé que tienes la daga para protegerte, pero puedes usar este cuando vayas de cacería o para cualquier cosa que te apetezca.
― Lo usaré seguido, señor oso.
Riúrik abrió los brazos y levanto las cejas varias veces esperando un abrazo y ella sonrió y se acercó a él, abrazándolo con gentileza, pero él la levantó del suelo y la estrujo un poco mientras reía. Dos gruñidos se escucharon, bastante animales, uno de Borya y otro de Sineo.
― Hora de irnos. Pensé que saldríamos más temprano, pero me gusta que sea a esta hora. Tendremos que detenernos en un par de horas para tomar el almuerzo y no estaremos caminando por horas antes de eso. Adiós, niña. Cuídate mucho y no dejes que Borya te diga que hacer.
― No lo permitiré, señor oso. Buen viaje.
Riúrik la dejó en el suelo y se acercó a Sineo, quien miraba a Borya con odio puro, sin duda, Borya se ganó un enemigo al enfrentarse a él y a su padre y negarse a entregar a su hermana menor. Como Borya pensaba, se fueron mucho después del amanecer, el medio día se acercaba y el sol ya estaba bastante alto en el cielo, Sineo trató de ir por Brana, pero por lo que le dijeron, Zvezda le disparó un par de flechas como advertencia, a la tercera dio en una pierna, arriba de la rodilla y ella dijo que sería la última advertencia antes de dispararle al corazón.
Borya se sintió aliviado de saber que Zvezda cuidó de su hermana y que gracias a ella, Brana seguía en sus tierras, con su familia y protegida de hombres lujuriosos que querían lastimarla. Si se la llevaban, es posible que fuera compartida con el padre de Riúrik y el otro hermano. Riúrik no se atrevería a tocarla el mismo por el respeto o tal vez el miedo, pero Borya no quería arriesgarse a ir de visita en unos años y ver como el espíritu de su hermana y su humanidad fue pisoteada hasta acabar con ella y convertirla en un ente sin vida propia.
Cuando los perdió de vista en el camino, se sintió aliviado y pudo respirar mejor, además Riúrik no estaba coqueteando con Zvezda. Le hizo señas con la cabeza a Zvezda para que se dirigiera a la granja. Sabía que últimamente no podía jugar en el bosque por tanto trabajo, pero ahora que tenían a los siervos, ella podía querer regresar al bosque y no era una buena idea.
Borya había vigilado la granja día y noche, en las mañanas se quedaba con ella por horas, porque necesitaba de su cariño y su cercanía, pero luego vigilaba constantemente esperando encontrar al oboroten que la perseguía. Un par de veces lo divisó en el horizonte, pero siempre escapaba antes de que pudiera atraparlo. La cosa era lo que dijeron, una mezcla extraña entre un hombre, un lobo y un murciélago gigante. Nada agradable. Solo le faltaba lanzar fuego o algo peor, pero era improbable.
Por ahora solo podía vigilarla y asegurarse de que no se quedara sola en ningún momento, si eso sucedía, es posible que ella desapareciera para siempre y no estaba dispuesto a dejar que eso pasara.
Cuando llegaron a casa, vio que estaba preocupada, pero eso no se debía a la partida de Riúrik, había algo más que la estaba molestando y no le gustaba para nada que así fuera. Si algo le molestaba y la hacía infeliz, él también era infeliz por consecuencia.
― ¿Qué pasa?
― Damir está tardándose cada día más.
― Se volvió loco, ahora yo soy el hombre de la casa, nos casamos mañana.
Ella entró en la casa y le cerró la puerta en la cara. ― ¡Lo buscaré y estaré al pendiente de él! ― Grito luego de dejar de reírse. Sin duda era una tarea que debía realizar, el hombre iba tras la misma presa que él, aunque era más probable que Damir se transformara en la presa y terminara muerto si él no intervenía, por lo que debía ir a buscarlo y traerlo a casa para que su preciosa estuviera tranquila.
Se dirigió al bosque, sabía que tendría que ir lejos. El bicho estaba tratando de confundir al hermano, tratando de mantener alejado a la amenaza inmediata, pero no contaba con que Borya estaría vigilando. Damir debía estar a un par de horas de camino para un humano normal, pero él no tenía nada de normal y sin transformarse corrió a través del bosque a velocidad sobrehumana, no tan rápido como en su forma de lobo, pero lo suficiente para acortar distancias, tardo poco más de una hora, pero lo encontró.
― ¿Qué haces aquí? He dejado claro que no quiero que te acerques a mi hermana.
― Estoy muy lejos de ella ahora y eso, francamente, me molesta.
― ¿Qué es lo que quieres de ella? No hay nada para ti.
Borya no respondió a eso, Damir sabía perfectamente que él no quería algo de ella, la quería a ella, total y completamente suya, bajo su poder y protección, porque amaba cada parte de ella, su esencia. Aun así ese hombre insistía en interponerse.
― Ni siquiera tienes una respuesta.
― Deja de mirar las ramas rotas de ese árbol. Te digo que está tendiéndote una trampa. Deberíamos regresar a casa y cuidar de ella, no ir de paseo por el bosque mientras ella corre peligro.
― Regresaré cuando lo mate.
Borya negó. Esto sería más difícil de lo que pensó, no se le ocurría una forma de hacerlo regresar sin tener que agredirlo y arrastrarlo a casa. Ahora se daba cuenta que la necedad y terquedad eran de familia. Mientras trataba de pensar en una manera de convencerlo pacíficamente, escuche un ruido detrás de mí a mi derecha, a un par de kilómetros.
Algo grande se levantó de una rama y batió grandes alas, volando en dirección a la granja. Algo dentro de mí me impulso y cuando me di cuenta estaba corriendo hacia el sonido de aleteo. Me guie por el sonido hasta que salté a un árbol y salté de uno a otro, cada vez más alto, el follaje nuevo de primavera golpeaba mi rostro y antes de darme cuenta estaba saltando por encima de los arboles mientras me transformaba en el proceso.
Tenía a su alcance al bicho desagradable al que iba a masacrar, logró ponerle las garras encima y comenzó a caer debido a su peso, pero se mantenía en vuelo aun con Borya agarrándolo, así que como pudo se impulsó más contra el cuerpo del oboroten y lo mordió en algún lugar de su abdomen mientras lanzaba chillidos desagradables e intentaba mantenerse en el aire, se estremeció tanto que perdió más altitud y el cuerpo de Borya chocó contra los árboles.
Una flecha surcó el aire y atravesó una de las alas, haciendo que el bicho chillara aún más fuerte y esa vez si cayó y se estrelló contra los árboles. En medio del choque contra todas las ramas de camino al suelo, Borya no pudo mantenerlo y lo soltó, lo que el oboroten aprovechó para transformarse de nuevo, esa vez en un enorme pájaro negro que voló en dirección contraria a la granja.
Se levantó asustado y trato de ir hacia Zvezda, pero una flecha pasó cerca de su oreja y se detuvo y dio la vuelta para atacar a cualquiera que se interpusiera entre él y su preciosa, pero la humanidad volvió a su mente cuando vio que era Damir. ― ¿Qué haces? Pude haberte matado. ― Damir no se amedrentó. ― No vas a ir a ella desnudo.
Se miró y se dio cuenta que estaba en forma humana de nuevo, completamente desnudo. Tendría que buscar ropa en el bosque o volver a la aldea y no quería eso, se tardaría mucho en ir a revisarla. En algún lugar había escondido prendas, pero desde que había crecido sin ninguna razón, puede que ya no le sirviera.
― No me acercaré, iré a revisar que esté bien desde la distancia y volveré. Creo que debes regresar a casa y dejar que yo me encargue de esto.
― ¡Lo dejaste escapar!
― ¿Yo lo deje escapar?
― Lo tenías y lo dejaste ir, ahora estará enojado y lanzará hechizos y maldiciones contra nosotros.
― Por si no te has dado cuenta, los volkodlak no vuelan, fue muy difícil mantenerme ahí arriba, especialmente cuando abajo había un loco lanzando flechas sin rumbo.
― Aun así, debiste matarlo de inmediato.
― Por favor, de verdad crees que soy una bestia asesina sin mente. Nunca subestimes a un enemigo, pero tampoco le atribuyas tanto a nadie. Puedo ser feroz, pero a veces hay fallos.
― Va a maldecir a mi familia.
― Zvezda y tu pueden encargarse de eso, con la magia de ambos es suficiente para repeler a un bicho desagradable que no puede secuestrar a una doncella.
― ¿Ahora quien atribuye demasiado a los demás? Soy bueno, pero no tan bueno. Ella aprendió de mí, pero mi magia nunca fue tan fuerte. Ella es especial.
― Si, lo es. ― Borya estuvo totalmente de acuerdo con eso. Su preciosa era más que especial, pero corría demasiado peligro debido a eso.
― Volveré a casa, revisaré que todo esté bien y planearé una estrategia más agresiva, pero deja de distraerte y vuelve a casa, ella corre más peligro si está sola y desprotegida.
Se transformó antes de alejarse corriendo, se detuvo en los alrededores de la granja y se quedó un rato observando, los siervos hacían bien su trabajo, se ocupaban del campo y de la vigilancia. La mejor decisión que tomó. También vio a su hermana ayudándolos, parece que se sentía a gusto, aun cuando los varegos se fueron.
Todo parecía normal, vio a Zvezda salir y tomar algo de la leña apilada junto a la puerta de la cocina, estaba cocinando, podía oler las especias en el aire y ver el humo que salía de la chimenea. Cuando se sintió seguro de que todo estaba en orden, se fue y se dirigió a la aldea.
Tuvo que ir transformado hasta la casa, porque no tenía ropa de su talla ahora. Esta vez pasó por el mercado y se aseguró de comprar y enviar ropa a su casa y a la entrada, el paseo por el mercado le ayudo a pensar. Las cosas estuvieron muy tranquilas desde que el oboroten comenzó a rondar a Zvezda, los vampiros dejaron de atacar activamente a los enfermos, ya no había mortales desangrados, ni vivos pero delirantes con supuestos sueños de mujeres hermosas, pero fantasmales que venían a succionarles la sangre y la vida mientras dormían.
Todo paró hace una semana más o menos. ¿Qué pasaba si el oboroten estaba controlando a los upiros que lograron esconderse en el territorio? ― ¡Jaropelk! Sal ahora. ― Jaropelk salió con una pierna de pavo en su boca. ― ¿Qué sucede, jefe? ― Gruño enojado, estresado y ansioso. ― Envía por otro par de hombres a las manadas polanas, en cuanto lleguen, quiero que tomes a unos cuantos de nuestra manada y los lleven a cazar upiros. Busquen cuevas, agujeros, arboles huecos… Cualquier lugar oscuro y desagradable en el que esas cosas puedan esconderse. Yo me llevaré a Varyil y a otro par de hombres, creo que el oboroten controla a los upiros y controlaba a algunos de los volkodlak que intentaban invadirnos.
― Muchos problemas. ¿Qué está haciendo su padre al respecto? El alfa debería estar más atento a lo que sucede.
― Lo sé, no ha salido de la aldea desde el ataque de Gniewko, no que yo sepa. Creo que algo malo le pasa al viejo. Tal vez se muera y por fin me haga cargo de todos estos inútiles.
― Probablemente. Solo asegúrese de que no muera por una espada que no sea la suya.
― No es solo eso, actúa extraño, se ve extraño y parece que está enfermo… o algo.
― La locura de la bestia. Tendrá que matarlo pronto si es así.
― Pues que así sea. Ahora ve y encárgate de eso lo más rápido posible, nos quedamos sin hombres, sin oro y si seguimos así, sin lealtad de los polanos si seguimos trayendo a más de sus hombres y dejando sus manadas desprotegidas.
― ¿Las arcas se vaciaron? Si el alfa envió a luchar a los hombres en un momento como este…
― Si, de todas formas, tampoco podríamos confiar en los de la manada de Maksim. Sabes bien que podrían traicionarnos y matarnos en cualquier momento, lo mejor es que subsistamos con nuestros propios recursos. Tendré que enviar a los polanos a alguna guerra también, si mis arcas se quedan sin tesoros, tampoco podré mantenernos por mucho tiempo.
Jaropelk asintió.
La situación cada vez era más difícil y él que pensaba que ya había terminado lo peor luego de poner a las manadas polanas en su lugar. Los que no eran volkodlak se rindieron en cuanto vieron que sus aliados nómadas más fuertes se rindieron ante Borya, no querían correr la suerte de los que si se enfrentaron a él. Aun así, tener grandes números no significaba tener el poder. El oro y la capacidad de mantener la paz en tus tierras si y Maksim estaba fallando en eso y arrastrando a Borya con él a un desastre de proporciones épicas.
Busco a Varyil y organizó a algunos hombres, quería mantener la zona de la granja vigilada, desde ahora la cacería debía ser enserio, o mataban pronto al brujo malvado o podría acabar con la manada y llevarse a Zvezda.
― ¿Crees que esto funcione?
― Tiene que funcionar.
― No quiero ser un beta.
― No quiero seguir soportando a Maksim, pero no tengo opción.
Varyil no dijo nada y siguió caminando junto a él, despacio, en silencio. Buscando un buen lugar para hacer vigilia y observar la zona desde la oscuridad. Por más que el oboroten pudiera transformarse en animales y criaturas que simulaban ser animales, seguía siendo un mortal, un hechicero que adquirió su habilidad de transformación a través de magia profana. Sería fácil de matar, aunque fuera difícil de atrapar.
Zvezda estaba enojada y preocupada. Anocheció hace mucho y Damir no llegaba. ― Tengo que ir a buscarlo. ― Sonja se levantó y se acercó a la otra ventana para mirar al bosque. ― No puedes, es peligroso. Damir está casando algo que puede hacernos daño, no puedes ir tras él en medio de la noche.
― ¿Qué esperas que haga, Sonja? No puedo quedarme aquí sin hacer nada.
― ¿Y perderlos a los dos? Me dijo que no te dejara salir de noche, que te mantuviera vigilada todo el tiempo, dijo que debía prohibirte que te acercaras al bosque o alejarte mucho de la casa. Ese hombre ha hecho más fácil el trabajo, te escondes con él en el granero toda la mañana.
― Entonces ahora soy una prisionera. No tengo derecho a salir más allá de lo que ustedes quieren permitirme y probablemente le dirás a Damir que desaparezco con Borya durante horas. Me repudiará y me tirara lejos.
― ¡Damir jamás haría algo como eso! Él solo quiere protegerte, dice que ese Borya es un mal hombre y yo le creo. Damir es buen juez de carácter y no creo que ese hombre sea el adecuado para ti.
― ¿Entonces quien lo es? ¿Nereo? Murió hace días, era tan inútil que fue asesinado en su propia cama mientras dormía, probablemente vio a su atacante antes de que lo matara y se quedó petrificado por el terror como el inútil que era.
― ¿Es así como hablas de los muertos ahora? Es verdad que ese hombre es una mala influencia para ti.
― Borya no ha hablado de Nereo, esto es lo que yo pienso, especialmente después de que me insultó mientras me pedía matrimonio. No le debo respeto a un ser despreciable.
Fue a buscar su arco, no conseguirían nada si se quedaban en casa peleando. ― ¡Padre, deténgala! ― El anciano se removió un poco en la cama. ― Ve con bien y regresa con bien y con tu hermano, hija mía.
― ¡Padre!
― Es mi hijo, quiero que regrese, sano y salvo. Zvezda lo traerá de vuelta.
Ella miro a su padre, vio la preocupación en los rasgos demacrados por la edad. Su padre amaba a los hijos que le quedaban, jamás supieron nada sobre sus otros hermanos, una vez que alguien se iba en busca de su propio camino, no volvían a recibir noticias. Su padre tenía miedo de perder a los hijos y quedarse completamente solo. Él no podría cuidarse por su cuenta, era demasiado viejo y casi no podía moverse.
― Regresaré con él, sano y salvo, padre.
Dijo asegurándose que el carcaj estuviera en su lugar y sacando una flecha para tenerla lista en caso de necesitarla.
Salió por la puerta de la cocina. Pensó que su hermano estaba en algún lado por esa zona, pero no al oeste, se sentía como al norte, esa era la dirección que debía tomar. Se dirigió a la primera línea del bosque y suspiro cuando una brisa gélida la golpeo. No había mucha luz y no veía nada más allá de su nariz, pero conocía el bosque como la palma de su mano por un buen tramo, más allá de lo que conocía tendría que recurrir a sus amigos del bosque y a la ayuda de las deidades que la protegían siempre.
Se adentró entre los arboles pero apenas unos cuantos pasos escucho algo a su derecha y se giró apuntando con el arco y la flecha. Un torrente de sensaciones la golpeo, como una oleada de aire caliente en su rostro. Había dos ojos brillantes, del color de las piedras ámbar, estaban a cierta distancia y parecía que la miraban. Un gruñido, eso había escuchado.
Le recordó a Borya.
De hecho, todas las sensaciones que le provocaba se parecían mucho a las primeras sensaciones provocadas por Borya, se sentía muy parecido a él. ― ¿Borya? ― Pregunto a la oscuridad, esperando que él le respondiera. ― ¿Eres tú? ― No recibía una respuesta y se preocupó, aun así trato de calmarse porque había visto esos ojos, ese color muy parecido a los de Borya, trataba de convencerse de que era él jugándole una broma, o algo parecido.
Los ojos brillantes se movieron hacia ella y una sensación de terror la invadió por un momento, la calidez anterior desapareció y un frio gélido recorrió todo su cuerpo rápidamente, desapareciendo cuando más ruidos se escucharon y los ojos brillantes desaparecieron como si algo hubiera caído, embistiendo al ser dueño de esos ojos.
Escuchó ruidos de pelea y algunos gruñidos extraños, se quedó ahí parada, asustada y sin saber que hacer durante unos segundos, luego decidió que debía irse, tal vez solo era un animal, algún zorro trepado en un árbol o cualquier otro.
Siguió su camino porque un simple zorro no la haría desistir de encontrar a su hermano y se adentró en el bosque esperando encontrarlo pronto y poder regresar a casa sin problemas.