Chapter 5: ENTRE LAS VENTAS Y EL AMOR

CAPITULO IV.

ENTRE LAS VENTAS Y EL AMOR.

Marco Antonio con el libreto de su destino ya escrito, decidió no perder tiempo y emprendió sus proyectos. No eran tan fáciles de realizar, pues requería de mucho dinero, pero tenía a su favor una gran experiencia en ventas adquirida por muchos años antes de ser artista.

Desde niño tuvo aptitudes artísticas, las cuales combinaba con estrategias de ventas. En la escuela, los profesores ponían tareas de dibujos y mapas, que Marco Antonio realizaba fácilmente, entonces se dio cuenta que podía colaborar a sus compañeros de clase elaborando sus dibujos a cambio de jugos o meriendas. De esta forma podía invitar a sus amigas, lo que generaba una gran empatía con las chicas.

Cuando terminó los estudios secundarios en Ibagué, se fue a Bogotá a trabajar en un laboratorio farmacéutico. Allí trabajaban varias mujeres jóvenes y hermosas, logrando buena empatía con ellas y convirtiéndose en un joven muy enamorado.

El trabajo era excelente y además la empresa les otorgaba un auxilio universitario a sus empleados: Marco Antonio decidió estudiar “periodismo con énfasis en producción de radio y televisión”.

Transcurrieron dos semestres muy exitosos hasta que cometió un error: entabló un romance con su jefa del laboratorio. Las cosas marchaban muy bien hasta cuando empezaron los celos de ella hacia las otras chicas que allí laboraban y su relación se convirtió en un campo de batalla, del cual Marco Antonio salió huyendo.

Renunció al trabajo y a ello se sumó la noticia dolorosa que su tía Esther había fallecido de un infarto.

En Bogotá cada día era más difícil su situación por la falta de un trabajo. Su manutención y la universidad requerían dinero.

Una mañana buscando en los clasificados un aviso llamó su atención: "No te conformes con un salario mínimo, tú mismo decides cuantas ganas".

Al día siguiente acudió al lugar de la convocatoria y se encontró con la sorpresa que había más de 300 personas aspirando al empleo. El anuncio de que era para trabajar en ventas sirvió de filtro para que solamente quedaran 50 personas aspirando al trabajo. Finalizada la entrevista con su empleador se dio cuenta de que solamente 5 de los aspirantes iban a trabajar, en la venta de enciclopedias.

Para ser vendedor se necesitaba una excelente presentación personal, traje, corbata y zapatos elegantes, sin embargo, Marco Antonio no tenía este tipo de vestimenta, pues la ropa que usaba era tenis, pantalones de moda juvenil y camisetas.

Decidió invertir sus pocos ahorros en dos trajes y asistir a los cursos de capacitación, a los que debía acudir con recursos propios. Estaba arriesgando el poco dinero que le quedaba.

Tuvo la fortuna de recibir la orientación sobre ventas de uno de los mejores coach de la empresa, tanto así que transcurridos solo diez días de entrenamiento le dijo a su orientador que ya se sentía en capacidad de salir a vender.

Lo que no dijo a su coach era que ya no tenía dinero suficiente para completar la capacitación, ni cubrir los gastos de transporte y alimentación.

Fue tan convincente su argumentación que logró que el coach y el gerente confiaran en él y al día siguiente recorría las calles en su primera experiencia de vendedor de enciclopedias puerta a puerta. Sabía que no sería fácil.

Luego de algunas horas de recibir negativas, fue atendido por una familia muy amable, quienes lo invitaron a almorzar y concretó la primera venta. Sintió como si se hubiera ganado el premio gordo de la lotería.

Al día siguiente asistió a las oficinas de la empresa editorial. Allí estaba el gerente, Donaldo Montañez Páez, los coordinadores de ventas y el coach, que esperaban por él, pues imaginaban que estaría desmotivado de las ventas, ya que sabían que era poco práctico salir al mercado sin que se hubiera completado el ciclo de la preparación.

Marco Antonio les dio una gran sorpresa al contarles que había realizado la venta de tres enciclopedias. Fue un momento que no olvidó en su carrera de vendedor, pues entre todos los compañeros lo alzaron en hombros y recorrieron con él todas las oficinas como si se hubiera ganado la competencia de futbol Champions League.

La carrera de periodismo que había decidido estudiar, tenía mucho en común con las ventas: ambas requerían de elocuencia, seguridad, versatilidad de expresión y convencimiento de las personas. Eran cualidades requeridas para comercializar cualquier producto.

Apareció entonces otra oportunidad muy importante en su quehacer de vendedor a inicios de 1993. La tecnología en comunicaciones recién había llegado al país y tenía relación con lo que él estaba estudiando y con su preparación como vendedor.

Los “Beepers" que, en otros países, ya estaban casi obsoletos, en Colombia eran la innovación, algo totalmente llamativo en el mercado. Decidió ingresar a la empresa proveedora de “Beepers” para Colombia.

Marco Antonio para esa época estaba realizando prácticas de periodismo en algunos canales de televisión y emisoras de radio lo que le permitía tener contacto con muchos actores y personajes de la farándula, que pronto se quedaron con los “Beepers” que él les ofrecía, logrando muy buenas ganancias por ventas.

Todo marchaba de maravilla en su vida, pero había algo que le hacía falta y era el “Amor”.

Es cierto que salía con varias chicas, tenía una relación muy exitosa con ellas, pero no quería compromisos con ninguna. Creía que las relaciones de pareja eran solo para pasarla bien y divertirse.

En uno de sus viajes como vendedor llegó a Ibagué, la ciudad donde vivió su juventud. Alguna noche conoció a una atractiva mujer llamada Anna Sáenz Caballero. Tan pronto la vio sintió en su cuerpo y en su alma algo que no había sentido jamás. Sus miradas se encontraban repetidamente y había mucha empatía al bailar.

Ambos sentían una especial atracción y pasión sumada a un intenso deseo sexual lo que hizo que esa misma noche se fueran a un lugar en el que tuvieron un encuentro lleno de sensualidad, erotismo, atracción, sexualidad y éxtasis. A la mañana siguiente parecían recién casados en luna de miel. Había luz en sus ojos, se besaban una y otra vez, el amor fluía por los poros de su piel.

Marco Antonio regresó a Bogotá, pero, solo pensaba en Anna. Deseaba verla, hablarle, tocarla, besarla; era algo emocionante pensar en sus labios, su piel y su sensual voz.

El teléfono se convirtió en la herramienta de comunicación que les permitía hora y horas de charla inagotable.

A los tres días de estar en Bogotá Anna le envió un telegrama: “Ven… Si vienes seré tuya, y sino también”. -Decía el mensaje-.

Marco Antonio decidió planear un viaje el fin de semana para visitar a Anna. Compró una moto de alto cilindraje para darle la sorpresa durante el reencuentro; solicitó una licencia no remunerada en la empresa por una semana para llevar a cabo su plan.

El sábado viajó temprano a Ibagué. Al verse nuevamente sus corazones palpitaron emocionados, se besaron con pasión, pasando de la química que sentían el uno por el otro a un nivel más alto, llamado la alquimia, donde se fusionan las dos energías en una sola. Marco Antonio descubrió que por fin se había enamorado.

La visita estaba acompañada de una sorpresa: ambos emprenderían un viaje de aventura en la moto, hacia la costa norte de Colombia. El caribe colombiano, es considerado por sus playas y su mar de hermosos colores, uno de los paraísos más hermosos del planeta. Planeaban pasar allí una semana inolvidable.

Luego de un recorrido lleno de adrenalina y velocidad, llegaron en el ocaso a Santa Marta. Se hospedaron en un hotel desde el cual se divisaba la inmensidad del océano. Se cambiaron de ropa y bajaron a la playa de arena blanca, iluminados con la luz de una luna roja. El amor fue el principal protagonista de esa hermosa noche.

Desde varios rincones del mundo muchos turistas viajan a visitar el “Parque Natural Tayrona”. Ese sitio maravilloso hacía parte de su itinerario. La mayoría de visitantes hacen los tours guiados, pero Anna y Marco Antonio decidieron hacer el recorrido por su cuenta.

Llegaron primero a la playa de las siete olas, donde el mar transforma sus colores en azul turquesa, verde esmeralda y azul rey. Para su sorpresa el lugar estaba totalmente desierto. Decidieron quedarse por varias horas disfrutando de ese hermoso paisaje, adentrándose en el mar para recibir la fuerza de las olas.

El temor los invadió luego de que salieran del mar y observaran un letrero que decía “Peligro. Prohibido bañarse en este lugar, hay tiburones”. “Nos arriesgamos sin saber del peligro”. -Comentaron asustados-.

Uno de los atractivos del “Parque Natural Tayrona”, es un mirador en lo alto de la montaña desde donde se aprecia el hermoso atardecer del caribe. Para llegar a la cima se debe entrar por la selva y es aconsejable hacerlo con un guía para evitar el riesgo de perderse en la jungla.

Aprovechando que la moto era todo terreno decidieron llegar hasta el mirador. Efectivamente era uno de los parajes más románticos. Desde allí se divisaban varias playas. Era un paisaje nunca antes visto: las diferentes tonalidades del cielo que iban desde el azul intenso, el amarillo, el rojo, naranja, lila, violeta se reflejaban sobre las aguas. De fondo, un sol grandioso escondiéndose en la lejanía.

Sin advertirlo, ya se había hecho noche. Iniciaron su regreso, pero no encontraron la salida. Se perdieron entre la selva.

Llevaban varias horas buscando la ruta por la que habían llegado sin lograrlo. Se detuvieron. Anna bajó de la moto. Estaba muy asustada porque sabía que allí habitaban animales peligrosos que salen a cazar en la noche.

Marco Antonio le invitó a la calma, que no le duró ni un minuto, pues Anna vio que en frente de la motocicleta había un nido de abejas que con el fuerte sonido de la moto se alborotaron recibiendo ambos algunas picaduras.

Reanudaron la búsqueda de la salida con tan buena fortuna que por uno de los caminos que encontraron divisaron en la distancia unas luces. Se acercaron al sitio. Era un hotel ecológico. Se hospedaron allí.

A la mañana les informaron que, a unas horas del hotel, viajando a caballo, se encontraba una de las mejores playas de todo el mundo llamada Cabo San Juan, que contaban con tres playas nudistas.

Marco Antonio y Anna se dirigieron hacia allá. Fue una odisea para Anna, pues el sendero era por la selva transitando vías rocosas, caminos estrechos, gritos de monos aulladores, pero al final: “Cabo San Juan”, una playa blanca de aguas cristalinas, el lugar más hermoso de la costa caribe colombiana, el destino ideal para una pareja de enamorados.

Al rato de estar allí les ganó la curiosidad, querían saber cómo eran las playas nudistas, nunca antes habían estado en una. Decidieron ir. Al llegar al lugar un guardia les dio las indicaciones que se debían seguir: no se podía tomar fotografías; no se debería usar ningún tipo de ropa; evitar tener sexo y ser respetuosos con las demás personas.

Ingresaron a la primera playa. Había personas mayores y les producía incomodidad estar expuestos ante ellos.

Decidieron continuar a la segunda playa nudista, que era diferente. Personas entre 20 y 25 años. A lo lejos se divisaba la tercera playa que estaba más sola. Llegaron hasta el lugar en donde se encontraba un grupo de chicas bronceándose.

Se sentaron junto a las chicas con las que entablaron conversación dándose cuenta por el acento que eran argentinas. Anna se portó de maravilla, pues en ningún momento mostró celos de las hermosas y jóvenes mujeres que tenían alrededor.

Fue para ambos una experiencia inolvidable exponer sus cuerpos sin ningún tipo de intimidación.

Regresaron a las cabañas. Esa noche descansaron en una gran hamaca blanca muy confortable, con una agradable vista hacia la playa, suave brisa, el delicioso sonido de las olas y el reflejo de la luna sobre el mar. Al día siguiente partirían hacia Cartagena.

Viajar por la vía al mar entre Santa Marta y Cartagena, es un deleite para los sentidos, pues las diferentes tonalidades del mar Atlántico se ven durante todo el viaje, que, en moto, es mucho más emocionante que en automóvil.

Al llegar a Cartagena se encontraron con la ciudad antigua y colonial. Grandes y extensas murallas del siglo XVI que bordean el mar; luego vieron el “Castillo de San Felipe” una reliquia de la arquitectura española, disfrutaron después las antiguas casonas de balcones desbordantes de flores y pintadas de bellos colores. Esa paleta cromática hace de estas construcciones una joya de la arquitectura colonial.

Las calles empedradas, los coches antiguos tirados por caballos que recorren la ciudad amurallada, las mujeres negras, vestidas de colores muy vivos y alegres, con grandes platones llenos de frutas que portan sobre sus cabezas hacen parte del encanto que logra que todo turista se enamore de Cartagena, esta bella ciudad antigua y colonial del caribe colombiano.

Luego de instalarse en el hotel, recorrieron las murallas que encierran la ciudad antigua. Tomados de la mano, transpirando por los poros esa magia denominada enamoramiento. Visitaron los túneles del “Castillo de San Felipe”, recorrieron museos y monumentos. Cuando llegó la noche abordaron una carroza tirada por caballos y como en un cuento de hadas, pasearon por la ciudad. Finalizaron su jornada con una cena romántica.

Al día siguiente, en una lancha rápida, visitaron las diferentes islas que tiene la costa de Cartagena. Luego decidieron bucear, para observar la gran cantidad de peces de colores que habitan esas aguas.

Casualmente, se encontraron con las chicas argentinas que habían conocido en la playa nudista con quienes ponderaron las maravillas de los paisajes y lugares turísticos de Colombia.

Las argentinas les contaron que estaban hospedadas en un resort y que esa noche se iba a realizar una fiesta de música electrónica que sería bueno que asistieran. Marco Antonio y Anna, dieron una respuesta positiva...

En la noche, vestidos de blanco y debido a la luz neón con la luz ultravioleta de la fiesta electrónica, lucían como ángeles. Pronto se toparon con las chicas argentinas y entonces compartieron con ellas momentos efusivos de alegría, licor y sensualidad.

Anna estaba un poco alicorada lo mismo que una de las chicas argentinas. Se dedicaron a bailar de una manera muy sensual.

De repente, se besaron apasionadamente e invadiendo de eróticos besos a Marco Antonio; los tres, se fueron a la habitación y hasta el amanecer dieron rienda suelta a su pasión y lujuria.

Al despertar se despidieron sin comentar los momentos vividos en esa noche loca, desinhibida y sin tabúes.

Nuevamente en Cartagena se encontraron los tres y decidieron ver el atardecer en el mar abierto, abordando una embarcación que había sido transformada como un antiguo barco pirata.

La tripulación y los pasajeros usaban atuendos de piratas. El capitán del barco anunció que casualmente en aquella embarcación contaban con la presencia de dos hermosas mujeres: Anna y Mary acompañadas de un apuesto joven: Marco Antonio; quienes serían los protagonistas de la historia que se representaría en una obra de teatro sobre el romance de mujeres piratas del siglo XVIII.

Fue una puesta en escena como de película. Anna y Mary no tuvieron dificultad en besarse junto a Marco Antonio, encarnando al pirata “Calicó Jack”, quien antes de morir en la horca dijo: "Desdichado sea quien encuentre mis grandes tesoros, ya que no habrá ningún barco que pueda cargarlos todos".

Aquellas palabras dieron inicio, desde el siglo XVIII hasta la fecha, a la búsqueda de su gran tesoro aún no encontrado, sin embargo, su gran tesoro fue sus dos hermosas y aguerridas amantes Anne Bonny y Mary Read.

Los tres con un falaz premio Óscar de la actuación recorrieron nuevamente la ciudad amurallada en un carruaje típico, luego disfrutaron al máximo de las pocas horas que permanecerían juntos, ya que al día siguiente regresarían a sus ciudades de origen.

Mary volvió a Argentina con sus amigas y Anna con Marco Antonio emprendieron su regreso en moto.

Durante el viaje Anna realizó una maniobra muy arriesgada, pasándose a la parte de adelante de la motocicleta en pleno recorrido imitando el videoclip de una excelente canción del grupo musical “Aerosmith” titulada "Amazing", en el que la protagonista va con su chico en la moto por una carretera solitaria y se pasa para adelante sentándose sobre las piernas del piloto, mirando de frente a él y besándolo con gran deseo. Es una escena muy erótica y sexual llena de adrenalina.

Nuevamente en Bogotá, Marco Antonio regresó a sus actividades laborales y a la finalización del último semestre de su carrera universitaria. Le parecía un sueño lo vivido con Anna.

Desde ya planeaba su próximo encuentro con ella y pensaba que justo para el mes de noviembre de 1993, el grupo musical mexicano Maná daría un concierto en Bogotá para promover su nuevo álbum. Sería la excusa perfecta para volver a estar con su amada Anna.

La noche de la llegada de Anna a la capital, salieron con los amigos universitarios. Bebieron cerveza en la zona rosa de Bogotá y sus amigos comentaron que por primera vez conocían una mujer a la que Marco Antonio presentaba como novia, señal de que estaba enamorado.

El día del concierto se gozó al máximo el maravilloso espectáculo musical de Maná. Sus canciones eran las preferidas por ellos.

Luego se fueron de rumba a uno de los sitios más exclusivos de música electrónica de la capital. El ambiente súper genial, full luces, buen sonido, licores y cócteles exóticos, gente joven, música alternativa de muy buena onda. Durante ese fin de semana estuvieron confinados en su nido de amor.

La distancia volvió a ser protagonista entre esos dos enamorados. Las horas y los días aumentaban las ganas de volverse a ver. Marco Antonio cortó su relación con algunas chicas que salía anteriormente. Daba la impresión de que Anna le hubiera dado a beber una pócima de amor o estar embrujado por sus encantos.

Varios encuentros de fin de semana mitigaban la espera: un fin de semana ella iba a Bogotá, algún otro él iba a Ibagué. Durante un tiempo se vieron así, sin Marco Antonio sospechar la sorpresa que recibiría muy pronto.