Chapter 51: LI

Sistema Carixis

La crisis con la epidemia se había salido de las manos. Por las calles deambulaban los infectados de todas las especies, furiosos atacando todo lo que encontraban a su paso. Oleadas de miles de personas que parecían una horripilante marejada de gentes enloquecidas.

Extrañamente, los infectados no se atacaban entre sí...

Las avenidas y calles pululaban de figuras maniáticas, quienes destruían vehículos, edificios, vitrinas, y todo a su paso, provocando incendios y destrucción.

Las personas sanas se refugiaban aterrados como podían, generalmente en sus casas y lugares de trabajo, pero muchas veces, la ira encarecida de estos locos era capaz de remover puertas, portones y demás medios de protección, adentrándose al lugar para luego asesinar horriblemente a las infortunadas víctimas.

Rupert contemplaba horrorizado desde la azotea del Edificio de Gobernación, donde estaba refugiado junto a cientos de otros damnificados aterrados, resguardados por el ejército y por fuertes tapias colocadas abajo para impedirle la entrada a los infectados. El retumbar de alaridos de personas ultimadas violentamente resonaba a lo lejos.

—Rupert —le dijo Maktub sacándolo de sus desesperadas cavilaciones. —El resto del Consejo Galáctico se encuentra en línea.

Rupert llegó a su oficina, donde los rostros de los demás representantes ante el Consejo Galáctico aparecían sobre pantallas de videófono, comunicados entre sí al unísono.

—No siento que haya más remedio que llamar al Ejército Galáctico —opinó Ushuk— para evacuar todo Carixis, y después realizar un bombardeo general que extermine a los infectados...

—Jamás podríamos evacuar a todos los no infectados —dijo Lothar.

—Habrá que hacer sacrificios —dijo Ushuk fríamente.

—Aunque pudiéramos hacer eso —comentó Arsala. —Ésta crisis acontece en todas partes de la Galaxia. En todos nuestros planetas, así que el Ejército Galáctico está al borde del colapso. Imaginen lo que es una crisis como esta en una nave espacial... Además, ¿evacuar a donde? Si nuestros mundos de origen tienen esta crisis también, aunque por fortuna aún no a nivel global. Es lógico que utilicemos todos los recursos del Ejército Galáctico en salvar nuestros mundos antes que colonias prescindibles como ésta.

—¿Qué opinas, Corrado? —preguntó Ushuk, pero Rupert continuaba ensimismado.

—Naves oscuras ya han atacado a naves del Consejo —intervino Alum Siraiki— que fueron presa fácil debido a la Epidemia. Nutridas tropas militares oscuras se dirigen a los principales planetas de la Galaxia en estos momentos; nuestras capitales y las colonias más importantes incluyéndonos, por supuesto. En al menos tres días, las Legiones Oscuras realizarán uno de los más feroces ataques militares de ésta guerra, con toda la Galaxia devastada por la Epidemia...

—Vamos a morir en tres días —dijo Sálax lóbregamente— sugiero que disfrutemos nuestras últimas horas. Voy a beber, comer y hacer el amor como nunca antes.

—Hay una solución —dijo Rupert con una lúgubre mirada y un tono de voz críptico. —Un pacto con el Planeta Oscuro...

—Ro... Rupert... —dijo nerviosa Shikha. —Recibimos una comunicación... del Planeta Oscuro.

—En pantalla —ordenó Rupert y en todas las computadoras de todos los representantes del Consejo apareció el rostro maligno y oscuro de Cronos, el dios Abismal que gobierna el Planeta Oscuro.

—Como ya deben haberse dado cuenta —dijo con su voz ronca y gutural— en tres días se terminará ésta guerra a favor de las Tinieblas. Les sugiero, muy vehemente, que por su bien, cesen ahora mismo cualquier hostilidad, y les prometo que de rendirse pacíficamente, seremos benévolos y compasivos. Y les daremos la vacuna para detener la Epidemia.

—Es hora de negociar, Cronos —dijo Rupert. —Sé muy bien lo que quieres realmente.

—Excelente —dijo sonriendo siniestramente— me alegra que sea tan directo, Gobernador. Le estoy enviando en éste momento lo que llamamos la Puerta Sombra, un pasaje interdimensional que le permitirá viajar ipso facto a nuestro humilde hogar. Pero sólo funciona cuando alguien la abre de ambos lados...

Frente a Rupert surgió una extraña sombra cuadrada que se proyectó sobre la pared.

—¿Cómo se abre? —preguntó Rupert.

—Con sangre... —respondió Cronos.

—Maktub —dijo Rupert— tráeme un cuchillo.

—Rupert... no... —intentó decir Maktub, pero Rupert le clavó la mirada y se vio obligado a obedecer. Le trajo a Rupert un afilado cuchillo de la cocina, con el cual Rupert cortó su mano y untó su sangre en la sombra proyectada. Ésta se transformó en una especie de puerta cuadrada y totalmente negra.

—No detecto nada —dijo Shikha sondeándola con un dispositivo electrónico. —No hay nada, sólo vacío, Rupert. No se detectan partículas de ningún tipo, ni materia, ni energía...

—La tecnología valtárica, y por ende del Consejo Galáctico —explicó Cronos— está basada en los agujeros de gusano. La tecnología oscura está basada en los agujeros negros. El funcionamiento de éstas puertas es idéntico al de un agujero de gusano, pero por medio de atravesar los vacíos interestelares. No tema, Gobernador, es perfectamente seguro. Venga al Planeta Oscuro y negociaremos.

—¡No lo hagas Rupert! —exclamó Shikha.

—¡No seas estúpido, Corrado! —regañó Ushuk— ¡No puedes confiar en ellos!

—¡No lo haga Gobernador! —pidió Alum.

—¿¡Está loco!? —preguntó Sálax desconcertada.

—¡Basta! ¡Silencio! —dijo Lothar acallándolos a todos. —Lo mismo pasó cuando le ofrecieron dar su vida por los habitantes de Carixis y así lo hizo.

—Y regresé de la muerte. —Dijo sonriente. —Es mi deber negociar con el Planeta Oscuro, soy el secretario general del Consejo Galáctico, ¿no?

—Pero... —preguntó Kriggs atormentada— ¿cómo sabremos que estarás bien? ¿Y cómo sabremos que quien regrese de negociar serás tú?

—Porque sé lo que Cronos quiere, y no podrá conseguirlo si me mata. —Rupert besó a Kriggs tiernamente y se adentró en el horripilante portal. Fue absorbido molécula por molécula a través de un pasadizo de vacío abismal.

Reapareció dentro del Planeta Oscuro, justo en el Castillo Negro, donde residía Cronos. Percibió el aire viciado y la escasa iluminación. Por las ventanas de vitrales tenebrosos se podía contemplar el cielo siempre nublado, y las llamaradas volcánicas que emergían de entre el suelo. Una lóbrega ciudad de tenebrosas estructuras se extendía hasta el horizonte, siendo el picudo y diabólico castillo su centro.

El interior del Castillo Negro era igual de tétrico, por sus paredes negruzcas y un frívolo piso de piedra. Rupert se encontró rodeado de los horribles seres oscuros, todos deformes y repugnantes, quienes lo llevaron hasta el sombrío y picudo trono de Cronos.

—Bienvenido, Gobernador, bienvenido —dijo Cronos gustoso. —Nunca olvidará su primera visita al Planeta Oscuro.

—Suficiente, negociemos.

—¿Negociar qué? —preguntó Cronos. —La Galaxia está a punto de sucumbir ante nuestro poderío. No tienen nada que negociar excepto una rendición digna.

—No juegues conmigo, Cronos, ambos sabemos lo que quieres. He sido yo quien mató a tres Abismales; A’lr, Y’Lir Komuth y Kezarath...

—Los Abismales no son tan fáciles de matar...

—Lo sé. Sé también que Y’Lir Komuth no murió del todo. Que parte de su ser quedó atrapado dentro de mí. Percibo su malévola presencia cada noche, corroyendo mi alma. Por eso he venido a negociar contigo. Te daré lo que quieres...

—¿Y qué es eso?

—Lo que yo tengo... el espíritu de Y’Lir Komuth. A cambio de que nos des la cura de la Epidemia y declaremos una tregua de seis meses.

—¿Estás loco? —espetó Cronos— si les doy la cura y les doy seis meses para recuperarse, habremos perdido toda la ventaja. ¿De qué me serviría el espíritu de Y’Lir Komuth entonces?

—Ese no es problema mío. Sé que no quieres revivir a Y’Lir Komuth, sino hacerlo parte de ti para hacerte más poderoso...

—¿Por qué querría revivir a ese maldito perdedor que fue derrotado por un estúpido mortal como tú?

—Si quieres el poder de Y’Lir Komuth deberás hacer lo que te diga. Si me matas, el espíritu muere conmigo. Y no tienes forma de extraerlo ni con tortura ni con magia, sólo si te lo doy voluntariamente. Así que, tú decides...

Cronos se mantuvo pensando sombríamente un tiempo.

—Te diré que haré. Te daré la cura, pero no los seis meses. En tres días deberán estar listos para luchar o morir. Es mi única oferta.

—Bueno... al menos nos da una oportunidad. Dame la cura...

—No... dame tú el espíritu primero...

—¿Estás bromeando? Primero dame la cura y déjame regresar a Carixis. En cuanto comprobemos que funciona, te daré el espíritu de Y’Lir Komuth. Tienes mi palabra y mi vida si la incumplo.

—De acuerdo —dijo Cronos. —Toma —dijo extrayendo de entre sus túnicas un tubo con un líquido azul fosforescente. —Debo advertirte que la enfermedad no tiene cura alguna, pero que con éste líquido se mata inmediatamente a todos los infectados por el virus sin que afecte a los no infectados. Detendrá inmediatamente el problema y se dispersa por el aire con gran velocidad.

Rupert tomó el tubo y regresó a Carixis de inmediato. Shikha lo examinó cuidadosamente y descubrió que contenía una especie de antivirus que destruía al virus de la locura, y con ello, el sistema nervioso central del infectado. Pero que no parecía capaz de tener efectos sobre las personas sanas. Lo probaron y efectivamente purgó las calles de Carixis provocándole epilépticas agonías a los infectados quienes caían al suelo en medio de sollozos sonoros, y morían.

Shikha sacó duplicados del antivirus y los distribuyeron rápidamente en todas las naves y planetas del Consejo Galáctico, con especial énfasis en los mundos capitales.

El procedimiento completo tomaría semanas, pero en dos días fueron capaces de limpiar los mundos más importantes. El proceso fue retrasado y complicado por los frecuentes ataques de los oscuros, aunado a la cantidad enorme de cadáveres que quedaban en las naves, estaciones espaciales y planetas, y el golpe psicológico que esto conllevaba, especialmente porque prácticamente todos habían perdido un ser querido en la tragedia.

El Planeta Oscuro atacó con fiereza al tercer día. No obstante, el resentimiento, la indignación y el ansia de venganza contra los oscuros por la Epidemia producida por ellos, alimentó con tal fervor a las tropas del Ejército Galáctico, que tuvo un resultado contrario al esperado, y las Legiones Oscuras sufrieron tremendas derrotas.

La Zona Inexplorada

Los esclavos rebeldes libraron una feroz batalla contra los cerdos, lagartos y cíclopes al servicio de Vosh. No obstante, hasta hace poco los rebeldes libraban sus batallas sólo armados de lanzas y flechas contra las armas láser de los monstruos de Vosh, y ahora, la Walhalla les había suministrado armamento de alta tecnología. De tal forma, que los cerdos, lagartos y cíclopes fueron ultimados uno a uno, hasta que los pocos sobrevivientes huyeron a internarse en la selva, corriendo entre los cadáveres ensangrentados de sus congéneres.

Los rebeldes celebraron y liberaron a los demás esclavos de sus cadenas.

Al entrar en el palacio, encontraron a Sashak sentada en el trono, con Némesis a su lado (quien ahora era un oscuro de nuevo).

—¿Dónde está Vosh? —preguntó Ikhi, quien tenía a Zílog a un lado y a Kasha al otro.

—No me preocuparía por él más —dijo Sashak señalando hacia una pecera cercana donde un exótico pez prehistórico se encontraba nadando tranquilamente.

—¿Y el resto de la tripulación? —preguntó Zílog.

—Está recuperándose de los experimentos de Vosh —respondió Némesis. —Le explicaremos luego.

—Ahora tú serás el nuevo emperador, Ikhi —dijo Kasha. —Y yo seré tu esposa y emperatriz. Podremos convertir a todo nuestro pueblo en seres evolucionados y psíquicos como nosotros dos...

—No, Kasha —dijo Ikhi. —Lo que los alienígenas hicieron con Vosh fue una manipulación de la naturaleza y de su orden normal. Solicitaré a estos visitantes no transformen a todos en lo que éramos antes, y de esta forma volvamos todo a la normalidad.

La tripulación de la Walhalla cumplió la petición de Ikhi, por lo que él y Kasha volvieron a convertirse en aborígenes sin capacidades psíquicas ni conocimientos tecnológicos, y fueron llevados junto al resto de los esclavos recién liberados a vivir en el planeta vecino, con su pueblo. También destruyeron las naves y la ciudad de Vosh, junto a su funesto laboratorio.

—Tuviste la oportunidad de quedarte como un akashiano, Némesis —le dijo Cheng dentro de la nave Walhalla, quien ya lucía como una humana normal. —¿Por qué decidiste usar el suero para volver a ser un oscuro?

—Porque es lo que soy. Es mi verdadera naturaleza. Valthor nos enseña a respetar las diferencias de los demás y en aceptarnos como somos.

—Hay algo que me preocupa.

—¿Qué?

—Vosh tenía varias esclavas sexuales. A juzgar por su hija Kasha, Vosh podía heredar su desarrollo evolutivo en sus hijos. ¿Qué tal si una o varias de sus esclavas estaban embarazadas?

—Sus hijos serán psíquicos muy inteligentes, que se convertirán en grandes líderes de su pueblo, o en terribles dictadores. Será un experimento interesante, lástima que no estaremos acá para verlo —le respondió Zílog alimentando la pecera donde contenía a Vosh.

Sistema Carixis

Día 11 del Mes 6 del Año 2105 D.A.

—Es hora de que cumplas tu parte del pacto, Corrado —le recordó Cronos a Rupert, quien se encontraba en su habitación meditando a tiempo que el rostro retorcido del Abismal aparecía en su videófono.

—Estoy listo —dijo Rupert. A su habitación entró el malévolo Curshok, con su capucha y capa negra, y su traje todo de cuero negro. Curshok colocó sus manos sobre la frente de Rupert y recitó una letanía en un lenguaje gutural y anómalo.

Rupert concentró su mente en aquellos instintos malignos y repulsivos que flotaban ululando en lo profundo de su psique. Es allí donde el último remanente del demoniaco Y’Lir Komuth languidecía.

Rupert extrajo el espíritu de su mente con un doloroso calambre neurálgico que le atravesó todo el cuerpo, dejándolo sudoroso y tembloroso. Curshok estaba maravillado y tomó entre sus garras el resplandor siniestro y oscuro que salió de la cabeza de Rupert, y lo colocó dentro de una bola de cristal brumosa y purpúrea.

Sonriente, Curshok sacó su arma dispuesto a ultimar a Rupert, quien vomitaba en el suelo presa de espasmos dolorosos.

—Ni siquiera lo intentes, cara de perro —le dijo Kriggs emergiendo de entre las sombras con un arma apuntando a la cabeza del Zaraki.

—Olvídalo, Curshok —dijo Cronos desde la pantalla. —Sólo tráeme nuestro nuevo tesoro cuanto antes.

Curshok abrió una Puerta Sombra y desapareció del lugar. Inmediatamente después, Kriggs atendió a Rupert e intentó mitigar su dolor.

—A... pesar del dolor... —dijo éste— me siento... liberado...

Planeta Corilia

Día 20 del Mes 6 del Año 2105 D.A.

Rupert, Kriggs y Maktub viajaron con Na’Tukha en una nave de la Afiliación hasta la órbita de Corilia, donde recibieron en un aerovehículo al presidente de la Asamblea Mundial Coriliana, el gobernante de la mayor parte del planeta.

Todos utilizaban traductores electrónicos colocados en sus oídos, por medio de los cuales el lenguaje coriliano se traducía al valtárico.

—¿¡Pero entonces... —preguntó Na’Tukha anonadado— el Gobierno sabe de los alienígenas!?

—Tenemos conocimiento de la existencia de otras civilizaciones desde hace décadas. Y hemos entablado secretas relaciones políticas con la Afiliación desde hace bastante.

—La Afiliación ha mantenido en secreto el contacto también —explicó Kriggs. —De no ser porque la Cancillería nos pasó un memorándum secreto, no tendríamos conocimiento de esta relación.

—Pero... presidente Ka’Thome —le preguntó Na’Tukha a su gobernante. —¿Por qué no hacer público nuestro contacto e incorporar a Corilia a la comunidad interplanetaria?

—Nuestro mundo es muy rico en etérium, Na’Tukha —explicó Ka’Thome. —Una substancia muy cotizada que permite viajar por el espacio. Somos un pueblo vulnerable y sin tecnología suficiente para defendernos. Piensa en las grandes potencias de la Galaxia; la Afiliación, la Alianza Valtárica, el Imperio Xirgón, el Régimen Zaraki... en realidad no somos nada al lado de ellos. No querrás que nos invadan como a los veganos, ¿verdad?

—Pero la Afiliación podría protegerlos —destacó Rupert. —Podrían hacerse miembros incluso.

—Nuestro mundo no está totalmente unificado —explicó Ka’Thome. —La Asamblea Mundial funciona como un órgano de mediación internacional, pero hay muchas naciones que no son miembros de la Asamblea, y hay miembros que son enemigos mortales entre sí.

—Muy parecido a la situación de la Tierra hace cien años —dijo Rupert.

—Y mientras seamos un pueblo disperso y dividido, la Afiliación no nos admitirá —dijo Ka’Thome. —Así que correríamos peligro de ser invadidos. Por eso, Na’Tukha, es que el gobierno ha mantenido en secreto el contacto con otras especies de la Galaxia y la investigación del viaje interestelar.

—¡Es una lástima! —dijo Na’Tukha nostálgico.

—No te sientas mal, Na’Tukha —alentó Ka’Thome. —Sin duda eres un científico brillante, y ahora que sabes todo, tienes dos opciones; trabajar para el Gobierno en el ultrasecreto Departamento de Relaciones Interplanetarias, o ser enviado por siempre ha confinamiento solitario para que no puedas decir la verdad. Pero debes saber, que de trabajar en el Departamento deberás hacer un juramento de absoluta confidencialidad que, de romperse, se castigará con la muerte.

—Aunque no tengo mucha opción... —dijo Na’Tukha— debo admitir que me encantaría trabajar para el Departamento.

Tras la breve conversación, Rupert, Kriggs y Maktub con maquillaje y ropa que los hacía pasar por corilianos, viajaron dentro del planeta, escoltados por los Agentes de Azul, hombres y mujeres corilianos que fungían como la secretísima policía del Departamento de Relaciones Interplanetarias.

—La Afiliación —explicó Rupert a sus compañeros— ha llegado a un trato con Corilia (bueno, con algunos de sus países), de intercambiar protección a cambio de etérium gratuito. Pero hay más... —caminaron por entre las calles y avenidas concurridas de corilianos, cuya arquitectura asemejaba a casas de adobe resistente y laminado, bajo un cielo anaranjado y con una vegetación amarilla. Llegaron a un enorme edificio con forma de cúpula, donde aguerridos guardias de seguridad patrullaban día y noche.

Dentro del lugar, caminaron por los extensos pasillos hasta una habitación extremadamente secreta y ferozmente custodiada. Allí, contemplaron un extraño objeto oval, similar a un huevo de casi cuatro metros, de color verdoso oscuro y con horribles venas abultadas alrededor de su cáscara rugosa.

—Los corilianos descubrieron éste extraño huevo —explicó Rupert— hace ya bastante años. Aparentemente era adorado como el huevo de un dios por una extraña secta asesina de éste planeta, durante muchos siglos. La Afiliación a enviado a sus mejores científicos para investigarlo y todo apunta a que se trata de un huevo de Abismal. Que contiene, no tenemos idea, pero pronto lo averiguaremos...

CAPÍTULO XV

LOS MORADORES DE LAS TINIEBLAS

La Zona Inexplorada

Día 3 del Mes 12 del Año 2105 D.A.

Año y medio había transcurrido desde que la Walhalla comenzó su misión en la Zona Inexplorada. La nostalgia comenzaba a hacer mella entre los tripulantes por sus familiares y amigos.

Durante los últimos seis meses casi no habían tenido ninguna emoción importante y se habían limitado a patrullar las extensas áreas de la Zona Inexplorada. Siguiendo el rastro de los antiguos guardianes que escondieron la Esfera Perdida en algún lugar, encontraron solo mundos deshabitados desde hace milenios y civilizaciones primitivas sin desarrollo tecnológico.

Sin embargo, esto estaba por cambiar.

Némesis se despertó súbitamente a altas horas de la madrugada. Un febril terror se había apoderado de él. Se levantó de su cama y contempló el altar a Valthor con velas e incienso que estaba al lado de su cama.

—¡NO! —exclamó y salió de la habitación corriendo desesperado por los oscuros pasillos hasta llegar al puente, en el cual, los tripulantes del turno nocturno se aseguraban de que la nave viajara sin contratiempos. —¡No entren allí! —exclamó al entrar en el puente para sorpresa de los tripulantes. —¡No pasen esa nebulosa!

—Pero... señor Némesis... —dijo atónita la tripulante Zárig, una mujer brazzky que estaba al mando del puente en el momento. —¿Qué tiene de malo la nebulosa? Los sensores no indican nada inusual en ella...

—¡No lo hagan! ¡Por favor...! —gritó al borde de la desesperación...

El comunicador de Zílog sonó, despertándolo de su plácido sueño.

—¿Qué sucede, Zárig?

—Disculpe, Capitán, pero el señor Némesis no está pidiendo que cambiemos el curso y rodeemos una nebulosa.

—¿Me despertaste por eso?

—Perdone, señor, pero Némesis está muy exasperado por el asunto...

—Entonces circunden la nebulosa, ¿cuál es el problema?

—Es una nebulosa enorme, nos tomaría dos semanas circundarla. Y hemos detectado un planeta rico en recursos justo después de ella. Si atravesamos la nebulosa llegaremos en dos días.

—La Walhalla necesita abastecerse, sin duda. Dile a Némesis que no moleste.

La nave penetró en las oscuras profundidades brumosas de la nebulosa, y pronto todas las ventanas se volvieron negras como el abismo más absoluto. Ni la menor de las estrellas extendió su brillo dentro de la Walhalla...

—Algo extraño está pasando —dijo Irggs, el soth. —Los sensores no detectan el final de la nebulosa.

—¿Qué? —preguntó Zárig.

—No detectan nada, Zárig —dijo Irggs. —Sólo espacio y espacio. Sólo... vacío. Estamos flotando en medio de la nada...

—Lo sabía... —dijo Némesis. —Nos hemos condenado.

Planeta Xirgón

Capital del Imperio Xirgón

Seis meses habían pasado desde que la Plaga asolara la Galaxia cegando muchas vidas. Y Yashak Niurg, quien alguna vez fuera una niña común y corriente que vivía en Carixis, y que fue novia de Lin Corrado, era ahora la emperatriz Yashak, gobernante suprema de una de las superpotencias galácticas.

—Bueno Alteza —le decía Ushuk, quien los últimos meses había estado a su lado todo el tiempo. —Durante casi un año has ejercido como emperatriz. Te felicito.

—Si he logrado mantenerme viva tanto tiempo —dijo acomodándose mejor en su trono. Todo el Salón estaba vacío, salvo por ellos dos y los guardaespaldas— es gracias a tu ayuda y lealtad. Los militares te respetan mucho, Ushuk, y si no fuera porque estás a mi lado, ya hubiéramos tenido una revuelta.

—Mi deber es con la legítima soberana del Imperio. Pero no cabe duda, Majestad, que intrincadas conspiraciones se urden en el Palacio Imperial y en todo el Imperio con la finalidad de derrocarla. En una sociedad patriarcal como la xirgona, una emperatriz debe casarse pronto, especialmente una adolescente.

—Cásate tú conmigo, Ushuk. Serías el esposo perfecto y un excelente emperador...

—Me honra, Excelencia. Pero usted tiene 17 años y yo casi 50...

—Mi anterior esposo tenía más de 100 años, Ushuk. Por favor... cásate conmigo.

—Una vez me ofrecieron ser Emperador, y rehuse. No me considero apto para tan grande responsabilidad... pero le agradezco su confianza.

Planeta Nixengaard

—¿Estás seguro que hay un buen negocio en éste planeta? —le preguntó Sálax a Wushuk mientras circundaban la órbita de un alejado mundo. —Me dijiste que había un mercado de armas ilegales...

—Confía en mí, Sálax.

—¡Ja! ¿Confiar en un sucio traicionero, estafador y manipulador como tú? ¡Por favor!

Sálax y Wushuk eran físicamente una pareja muy dispareja. Mientras Sálax era una hermosa mujer sáuxer de largos cabellos de mechones negros y rubios entremezclados, cuerpo escultural y piel tersa y suave, vestida con un traje rojo y ajustado de ejecutiva, Wushuk era un xirgón gordo y de baja estatura, cachetón y de mirada codiciosa, vestido siempre por su típica túnica blanca xirgona. Pero, interiormente, eran muy similares; ambiciosos, materialistas, interesados, manipuladores y desleales. Aunque de los dos, Wushuk era un individuo mucho más bajo y sucio que Sálax.

—Escucha, preciosa —le dijo Wushuk— no olvides que ahora soy el padre de la Emperatriz de Xirgón...

—¿De que te sirve si tu hija te desconoció? Y con justificados motivos, después de que la vendiste al mejor postor...

—Gracias a esa transacción financiera es que ahora ella es emperatriz (la perra malagradecida).

—Insultar al Emperador de Xirgón se castiga severamente... —le recordó Sálax.

—Estamos muy lejos del Imperio. Éste planeta es muy rural y aislado. Justo en la frontera con el territorio de los devoradores. Nixengaard es una colonia de devoradores sedentarios que llegaron a un convenio con el Imperio Xirgón hace unos años. Les damos protección militar de los otros devoradores a cambio del 20% de su producto interno bruto anual.

—¿Y mi negocio?

—Te presentaré a uno de los mejores traficantes de armas de la Galaxia. Es algo paranoico y prefiere lugares remotos y alejados como éste. Pero le podrá vender a la Corporación las mejores armas ilegales que te puedas imaginar.

Sálax y Wushuk bajaron al planeta que efectivamente era habitado por devoradores, aunque algo más civilizados que sus pares nómadas. Como todos los devoradores eran de especie sáuxer igual que Sálax, de orejas puntiagudas, ojos felinos, cabello largo normalmente de dos o más tonos y cuerpo generalmente atlético. Era un mundo agrícola, donde bastas extensiones de campo eran labradas arduamente por campesinos cansados, ataviados con pantalones y camisas carcomidas por el trabajo. Las mujeres eran sumisas y temerosas, vestían largos vestidos, blusas de manga larga y pañoletas que les cubrían el cabello. Un grupo selecto de individuos vestidos con chaquetas largas y negras que les descubrían el pecho y que, por lo general eran fornidos aunque algunos eran bastante viejos, miraba con miraba con recelo y supervisaba a los campesinos.

—¿Quiénes son los de las túnicas? —preguntó Sálax.

—Los sacerdotes. Gobiernan el planeta.

Wushuk llevó a Sálax a un alejado pastizal, donde encontraron a su contacto. Se trataba de un extraño sujeto totalmente cubierto por un traje de hule negro, con un casco negro que le cubría la cabeza, y que le asemejaba el aspecto al de un insecto.

—¡Un erkaniano! —exclamó Sálax al contemplarlo. —¿Estás loco? Son asesinos salvajes y crueles...

—Por eso mismo, mi amigo está comerciando armas muy violentas e ilegales en territorio del Consejo. Y es sumamente paranoico como todos los erkanianos así que no vayas a molestarlo. Hola Zum —dijo cuando llegaron cerca del extranjero.

El individuo constantemente miraba hacia los lados, y contemplaba receloso a Wushuk y Sálax, como invadido por un nerviosismo sempiterno.

—Hola —dijo con voz robótica.

—Ella es la clienta de quien te hablé, se llama Sálax...

—Hola —repitió secamente.

—Muéstrale el catálogo —dijo Wushuk. Zum extrajo un archivo holográfico que mostraba imágenes tridimensionales de portentosas armas y bombas.

—Interesante... —dijo Sálax relamiéndose— morteros Zaraki, bombas antimateria, destructores carazzi... Y están a buen precio...

—¡Quietos! —gritó abruptamente una voz lejana provocando que los negociadores se alertaran, pero más aún Zum que saltó del susto. Un sacerdote escoltado por robustos y altos guardias fuertemente armados encañonaron a los tres individuos, deteniendo súbitamente la transacción. —Arréstenlos por tráfico de armas...

Sálax fue encerrada en una sucia y húmeda mazmorra, que quedó sumida en absolutas tinieblas en cuanto cerraron la ruidosa puerta oxidada.

Nave Walhalla

—No entiendo que pasa, señor —dijo Cheng a Zílog en el puente. La totalidad de la tripulación de alto rango se había despertado, uniformado y llegado al puente para analizar la crisis. —La nave no detecta nada, nada en absoluto alrededor. Ni siquiera la más minúscula partícula de luz.

—Némesis —dijo Zílog al oscuro reformado. —¿Por qué te opusiste tan fehacientemente a que entráramos a la Nebulosa? ¿Es esto una trampa de los oscuros que conocías?

—No. No es algo que tenga que ver con mi pueblo. Sentí... un presentimiento extraño. Un... temor aprehensión inexplicables.

—¿Puedo hacer conjeturas científicas? —preguntó Velkhar.

—Por favor. —Respondió Zílog.

—Creo que estamos atrapados en otra dimensión. Es la única explicación lógica.

—¿Cómo regresar a nuestra dimensión? —preguntó Zílog.

—Supongo que podríamos intentar abrir un agujero de gusano artificial que funja como pasadizo interdimensional. Es algo puramente experimental, pero no tenemos más opción.

—Intentamos entrar al hiperespacio —comentó Cheng. —Pero no pudimos abrir el agujero de gusano necesario.

—Es porque los agujeros de gusano normales sirven para viajar dentro de nuestra dimensión natural por extensiones de espacio de nuestra Galaxia. Mi idea es generar un agujero de gusano distinto, con enormes cantidades de energía y una frecuencia vibracional diferente.

—¿Y como sabremos a que dimensión vamos a ir? —preguntó Arg.

—Es imposible saberlo —respondió Velkhar— pero si programamos el agujero para que tenga una vibración atómica similar a la nuestra, hay altas posibilidades de regresar a nuestra dimensión, o al menos, a una parecida.

—Adelante, Velkhar, haz lo que puedas —dijo Zílog.

—Tomará tiempo —dijo Velkhar saliendo del puente rumbo a ingeniería.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó Zílog a Cheng.

—Si nada extraño sucede —respondió ésta— tenemos alimento y agua para varios meses, y el oxígeno se recicla gracias a las plantas del jardín hidropónico. Pero cuando el agua se agote, iremos muriendo de sed...

—Cuando el agua se agote —sentenció Kerozt— es de suponer que enfrentaremos a una tripulación enloquecida de sed que se matará mutuamente.