Chapter 50: L
Planeta Corilia
Un científico coriliano estaba a punto de realizar un histórico experimento. Su mundo, era de cielos anaranjados y vegetación amarilla, donde varios miles de millones de corilianos convivían en una civilización industrializada. Todos los corilianos carecían de pelo, y sus cabezas estaban repletas de manchas negras, tenían la piel de un tono azul oscuro, y los ojos de color amarillo con pupilas rasgadas. Normalmente, los corilianos visten largos batones celestes, con fajones muy notorios y una especie de kimono debajo del batón.
Los corilianos habían descubierto los vehículos aéreos y la propulsión de plasma, pero eran aún incapaces de viajar fuera de su sistema solar. O al menos, eso creían. Hasta que éste científico coriliano descubrió una forma de generar un agujero de gusano artificial, y penetrar al hiperespacio, para así viajar a las estrellas.
El científico se introdujo en su aeromóvil especialmente diseñado y con él, salió de la atmósfera de su planeta. Para ésta época, los corilianos eran capaces de dejar la atmósfera del planeta y orbitar cerca de ella por lapsos cortos de tiempo, gracias al buen dominio de la aeronáutica.
—Diario personal del Dr. Na’Tukha —dijo el científico dentro de su nave. —A pesar de la apatía del Gobierno Mundial que se ha negado rotundamente a financiar mis investigaciones, hoy he logrado, gracias a mi dinero personal, financiar la propulsión al Hiperespacio. Sé que es una locura realizar una investigación tan peligrosa solo, pero no he tenido más remedio. Pronto, seré el primer coriliano fuera del sistema solar, y regresaré, si todo sale bien, con las pruebas de que es posible viajar de manera interestelar.
Na’Tukha accionó el mecanismo en la nave, el cual provocó un rudimentario, pero eficiente, agujero de gusano artificial por el cual introdujo su nave al Hiperespacio.
Recorrió el túnel luminoso que se atraviesa dentro del Hiperespacio, durante un breve recorrido, y salió con su nave en las profundidades siderales. Convencido de qué encontraría solamente espacio vacío, se alarmó notablemente cuando descubrió que se encontraba rodeado de naves de todo tipo y tamaño. Gigantescos acorazados, naves medianas y pequeñas, de tan diferentes estilos como las estrellas mismas.
Se encontraba en las afueras del Sistema Carixis, justo en el área donde cientos de naves viajan hacia y desde el lugar. La nave coriliana era una humilde cápsula sin campo de fuerza ni propulsores realmente fuertes, así que las naves aledañas provocaron que perdiera el rumbo y se vio obligado a aterrizar en el Bar “El Asteroide”.
El planeta Carixis 4 era un gigante gaseoso con una cortina de nubes multicolores que le cubrían absolutamente toda la superficie. Era un mundo inhabitable debido a su naturaleza, pero tenía 15 lunas sobre las cuales se habían montado diversas colonias. Un cinturón de asteroides separa Carixis 4 de Carixis 3.
Uno de los bares más famosos y conocidos del Sistema Carixis era “El Asteroide”, situado en una de las lunas del gigante planeta. Sobre las desoladas y pedregosas estepas de la luna, con arenas blancas y cumbres sinuosas, se erigía el famoso bar. Era de una estructura sencilla, con techo esférico y paredes de paneles plásticos. El cielo, siempre nocturno, mostraba un firmamento estrellado con el enorme planeta Carixis 4 emergiendo del horizonte cual si fuera un sol gigantesco y sin brillo. El cinturón de asteroides era apreciable a una distancia cercana, y el Sol se apreciaba apenas como un disco brillante alejado y de pequeño tamaño.
—¡Esto es asombroso! —dijo Na’Tukha a su grabadora— ¡La prueba absoluta de la existencia de vida alienígena! Me encuentro rodeado de algún tipo de civilización interplanetaria.. —el científico se adentró al Bar y su asombro casi lo hace desmayarse. Se encontraba rodeado de extrañas especies (ya que la clientela de “El Asteroide” se caracterizaba por ser muy variada y de orígenes muy distintos), y pudo apreciar a primates peludos gigantescos, enormes reptiles, seres anfibios, criaturas hechas de masa protoplásmica que parecían amebas gigantes, criaturas enanas, seres similares a berenjenas con tentáculos, y otros muchos.
—Mira —dijo la salonera del lugar, una mujer lampiña con cuatro brazos, al cantinero, un molusco dashanita de piel negra, cabeza de calamar, tres ojos rojos, boca y nariz pequeñas con ventilas a ambos lados, seis tentáculos y dos brazos con manos palmeadas— se trata de un turista. Parece que viene por primera vez. Debe ser de algún mundo alejado.
—Estoy rodeado de extrañas criaturas —decía Na’Tukha a su grabación. —De asombrosa variedad.
—Parece que está perdido —dijo Jadi Bashar, la humana marciana de origen árabe, destacada campeona del Torneo Sangriento y guerrillera. —Me pregunto si habla valtárico...
Na’Tukha contempló atónito a Jadi cuando ésta se le aproximó, y no comprendió ni una palabra de lo que dijo.
—Te sugiere que uses tus poderes psíquicos —dijo el cantinero. —No creo que haya otra forma de comunicarse con él.
—Tienes razón —dijo Jadi, y concentró su mente para que cuando hablara, sus poderes telepáticos comunicaran a la mente del coriliano lo que ella quería decir. —Bienvenido, soy Jadi Bashar, ¿cómo se llama usted?
Na’Tukha estuvo a punto de colapsar de la emoción cuando Jadi le habló en su lengua natal de forma perfectamente fluida.
—So... soy... el doctor Na’Tukha... del Planeta Corilia —le respondió. —¿Co... como conoce mi idioma?
—Soy psíquica y me comunico con usted telepáticamente. Por eso es que usted escucha como si fuera su lengua natal. ¿No lo sabía?
—Provengo de un planeta que no tiene contacto con otras civilizaciones... Debo ser el primero...
—¡Vaya! ¡Un caso de primer contacto! Esto es importante...
—Deberías llevarlo al Consejo Galáctico o algo así ¿no? —sugirió la mesera. —Es un asunto oficial...
La Zona Inexplorada
Mientras dormían plácidamente, hubo un retumbe en las cavernas que los despertó de súbito. Los tripulantes contemplaron a sus anfitriones asustados correr de un lado a otro.
—¿Algún insecto? —se preguntó Zílog. Pero pronto, descubrieron que el sonido que retumbaba en las cavernas era el típico de cañonazos fotónicos.
—¡No puede ser la Walhalla! —adujo Cheng.
Un extraño gas tóxico se adentró en las cavernas. Zílog y su personal intentaron ponerse rápidamente las máscaras de los trajes, pero fue inútil, pronto sucumbieron al gas y perdieron la consciencia.
Al despertar, ya era de día. Una especie de seres monstruosos similares a cerdos antropomorfos, de cuerpos rechonchos que no medían más de metro sesenta y que dispersaban un hedor desagradable, tenía a los nativos encadenados y los movilizaba dentro de una nave a punta de latigazos. Zílog y su tripulación se encontraban también encadenados.
Los seres porcinos estaban fascinados con ellos al nunca haber visto extranjeros de su naturaleza. El androide 400, quien era más fuerte que sus compañeros orgánicos, fue capaz de romper sus cadenas, pero los disparos de los cerdos lo dañaron gravemente y lo hicieron caer al suelo. Los cerdos lo arrastraron al interior de la nave.
—No opongamos resistencia —dijo Zílog al resto. —Al menos no aún.
Los cerdos los introdujeron a la nave hablando un idioma gutural y chillón, y los llevaron fuera de la órbita del planeta, hasta introducirlos en otro planeta vecino.
—¿Cómo es que la Walhalla no ha detectado esta nave? —se preguntó Zílog entre las rejas donde se encontraban hacinados.
—¿A todos nos quitaron los comunicadores? —preguntó Cheng, el resto asintió.
—Es la primer especie con desarrollo tecnológico que descubrimos en la Zona Inexplorada —comentó Irggs.
La nave de los cerdos aterrizó en una especie de ciudad de arquitectura pedregosa y largos suelos empolvados, que se enclavaba en medio de un selvático ambiente. Los esclavos eran sacados de la nave encadenados, y además de los cerdos, otras horribles especies fungían como capataces; una especie de cíclopes de más de dos metros de altura, piel naranja y tres dedos filosos, y una especie de reptiles de hocicos largos y colas de lagarto que se asemejaban a un dinosaurio. Todos, cerdos, cíclopes y lagartos, vestían el mismo uniforme negro con fajones de cadenas.
Zílog y su equipo fueron tratados diferente a los otros esclavos, y fueron llevados, aún en cadenas, dentro de una especie de palacio pedregoso, y colocados de rodillas frente a un trono. Al lugar llegó un ser antropoide, vestido con una túnica y un sombrero rojo sobre su calva cabeza, de nariz afilada, barba de candado y una mirada sádica. El ser era de la misma especie que los primitivos esclavos, con el mismo tono de cabello, piel y orejas puntiagudas. A su lado llegó una joven mujer, ataviada con un provocativo traje compuesto por una falda colorida sobre la cintura y un bikini en la parte superior. De largos cabellos rizados, tenía las mismas orejas agudas y piel morena.
—Bienvenidos a mi mundo, me llamo Vosh, el Emperador —dijo el ser, y para cada tripulante era como si hablara en su lengua natal, excepto Arg cuyo traductor electrónico fue incapaz de traducir las palabras de Vosh pues su idioma no estaba registrado en el banco de datos y que, como todo kinoshano, era inmune a la telepatía. —Y ella es mi hija, la princesa Kasha.
—¡Un telépata! —dijo Zílog y Vosh sonrió complacido. —Soy el capitán Ki—Zílog, comandante de la Nave Acorazada Walhalla del Ejército Galáctico, y esta es parte de mi tripulación, la contramaestre Sashak Lang, la mayor Lai Cheng, el teniente Arg, el sargento Kerozt y el subteniente Irggs.
—¿Cuál es el motivo de su visita?
—Es totalmente pacífica. Nos encontramos en una exploración científica sin fines bélicos de ningún tipo.
—¿Qué es el Ejército Galáctico?
—La rama militar del Consejo Galáctico, una organización interplanetaria que aglutina a las ocho potencias más grandes de la Galaxia.
—Eso me hace suponer que sus fines son... invasores...
—En absoluto, Emperador. No nos interesa intervenir en su mundo. Sin embargo, estamos dispuestos a defendernos. Nuestra nave, un gigantesco acorazado llamado Walhalla se encuentra orbitando el planeta vecino de éste. Si no nos libera pronto, mi tripulación en la nave tomará medidas drásticas.
—No me asusta, Capitán. Mis naves son indetectables y este planeta tiene los mejores sistemas de ocultación.
—Usted es de la misma especie que los nativos, ¿verdad? —Kosh asintió— ¿Por qué los trata como esclavos?
—Hace unas décadas vinieron al mundo vecino una especie muy avanzada de alienígenas, quienes escogieron de entre mi primitivo pueblo, al más inteligente, el cual fui yo. Luego modificaron mi ADN y me evolucionaron artificialmente a un nivel mucho más adelantado lo cual dio origen a mi inteligencia superior y mis poderes psíquicos. Me dejaron una buena cantidad de materiales de laboratorio para experimentar. Por eso, los hombres cerdo, los lagartos y los cíclopes que son ahora mis sirvientes, antes eran simples bestias primitivas que vivían en este planeta salvajemente. Con ellos, hice esclavos a mi pueblo.
—Pero si usted fue evolucionado —preguntó Sashak— ¿por qué no usó la tecnología evolucionadora en su pueblo ayudándolos a ser como usted, y no sometiéndolos a la esclavitud.
—Porque si hacía a todos como yo —respondió Vosh— ya no sería especial. Ni sería el emperador.
>>Como es muy poco usual que recibamos visitas de alienígenas en estos mundos, ustedes serán llevados a mis laboratorios para una buena investigación.
—¡No! —se resistió Zílog. —No te atrevas a hacernos daño, Vosh... o te juro que te arrepentirás...
—¡Que bravo y valiente capitán! —dijo con tono jocoso Vosh. —¡Llévenselos! —ordenó a sus sirvientes monstruosos y éstos obedecieron de inmediato movilizándolos por medio de las cadenas. —¡Esperen! —solicitó Vosh y se aproximó a Sashak a quien le acarició el rostro. —Como deben imaginar, aunque tengo muchas esclavas a mi servicio, hace mucho que no tengo una verdadera emperatriz a mi lado.
—¡No la toque! —dijo Zílog indignado y uno de los cerdos le golpeó en el estómago.
—Lleven a la mujer de los cabellos verdes a mi alcoba —ordenó Vosh, y sus hombres obedecieron.
Sede del Consejo Galáctico
—El embajador ushok no murió producto del tacto de Sálax —informó la doctora Shikha mientras examinaba el cuerpo muerto del diplomático rodeada de forenses y aparatos mecánicos. Los otros dos embajadores y representantes del Consejo escuchaban a la expectativa. —La causa de la muerte la he identificado como una reacción ante el contagio de la Plaga. —Todos los presentes se estremecieron.
El comunicador de Rupert sonó:
—¿Sí?
—Gobernador Corrado, soy Jadi.
—Hola Jadi, ahora no puedo hablar...
—Es importante. Estoy al lado de un científico que proviene de un planeta que nunca antes había hecho contacto con otras especies. Es un primer contacto.
—¿Podría estar relacionada la aparición de la Plaga con la presencia de una especie desconocida en Carixis? —preguntó Rupert a Shikha y ésta asintió. —Jadi, tráelo al Consejo de inmediato.
Jadi obedeció y poco después, todo el Consejo Galáctico saludaba al Dr. Na’Tukha, quien por poco pierde la consciencia al contemplar a los urlocks. Jadi fungía como traductora telepática, transmitiéndole a su mente lo que los otros le decían.
Después de explicarle en que consistía el Consejo Galáctico y la naturaleza de los diversos Estados que lo conforman, le explicaron el origen de la Plaga.
—Hace miles de años —explicó Rupert— cuando los valtáricos conocieron por primera vez a los cártagiks, los simples gérmenes del resfriado cártagik exterminaron a millones de valtáricos cuyos cuerpos no tenían anticuerpos para defenderse. Desde entonces se creo la Vacuna. Un medicamento desarrollado por los valtáricos que elimina todo agente patógeno conocido. Y que es prohibido entrar o salir de un planeta sin haberla utilizado.
>>La Vacuna se desarrolló como una especie de gas inmunológico. La Vacuna está dispersa en el aire que se respira en casi todas las naves interestelares conocidas. Hay una leyenda de que la Plaga, el único virus que no es eliminado por la Vacuna, fue creado artificialmente por el Planeta Oscuro. Otros piensan que la Plaga se generó como una mutación del virus de la gripe cártagik resistente a la Vacuna.
—Cada especie reacciona diferente a la Plaga, como es de suponer —intervino Shikha. —Los xirgones sufren de hemorragias internas, a los humanos les provoca alucinaciones, a los brazzky fiebre alta, a los valtáricos dolores en todo el cuerpo, a los dashanitas los mata de inmediato, etc. Pero a todas las especies le provoca la muerte. Los únicos inmunes son los androides y los cártagiks.
—¿Cómo se propaga? —consultó Na’Tukha.
—Por el aire —respondió Rupert. —Pero, normalmente no es contagioso cuando está totalmente desarrollado (es decir, cuando está a punto de matar a alguien o ya lo mató). Es contagioso en su estado germinal.
—Hemos hecho exámenes a todos los aquí presentes —dijo Shikha— y ninguno tiene el virus en su sangre. El embajador debe haberse contagiado hace mucho.
—Pero —preguntó Na’Tukha— yo no pude ser el transmisor. Mi mundo no tiene contacto con otras especies... es imposible que yo tuviera tal virus.
—Para estar seguros —dijo Rupert— le sugiero que permita un examen de sangre, Doctor, y que nos deje aplicarle la Vacuna. De lo contrario, usted no deberá regresar a su mundo pues podría exterminar a su especie con un contagio epidémico.
—De acuerdo —dijo Na’Tukha y Shikha procedió.
—Su anatomía es muy diferente —dijo Shikha después de analizada la sangre y aplicada la Vacuna. —Nunca había visto sangre tan pastosa y gelatinosa. Pero por lo que sé, no está usted infectado.
—Entonces debemos de investigar como se contagió el embajador —dijo Ushuk. —Después de todo, puede haber mano criminal de por medio. O aún peor, un atentado terrorista del Planeta Oscuro haciendo uso de la Plaga.
—Sugiero —dijo Lothar— ordenar al Ejército Galáctico que investigue el asunto hasta sus últimas consecuencias y que tome las medidas preventivas del caso, aún si se tratara de una cuarentena del Sistema.
Todos concordaron.
La Zona Inexplorada
Día 7 del Mes 6 del Año 2105 D.A.
—He venido a rescatarte —dijo la hermosa princesa Kasha llegando al oscuro calabozo donde estaba Zílog encadenado. Estaba acompañada de varios cerdos fuertemente armados. —Mi padre no es el único que gusta de carne fresca para el placer.
Él, al igual que todos sus subalternos, se encontraba encadenado con los brazos en la pared. Kasha llegó al lugar y propinó un beso en los labios del militar brazzky, que hizo rechinar los dientes a Cheng.
—Libéranos a todos —dijo Zílog.
—No... no a todos... —dijo Kasha. —Sólo me interesa liberarte a ti...
—No me iré sin el resto de mi tripulación.
—Entonces hasta nunca... —dijo Kasha encaminándose a la puerta.
—Capitán —comentó Arg. —Utilice la lógica. Si usted se rehusa a irse, entonces todos moriremos. Si usted se va con ella, todos los demás tenemos posibilidades de que usted planee un futuro rescate.
—¡De acuerdo! —dijo Zílog. —Me iré contigo Kasha.
Kasha llevó a Zílog hasta su habitación, donde hicieron el amor toda la noche. Es, hasta bien entrada la madrugada, que Zílog y Kasha son interrumpidos por una pequeña hueste de nativos morenos liderados por un tipo joven y fornido.
—La misma zorra de siempre —dijo el tipo. Como Zílog fue capaz de comprenderlo supo que hablaba telepáticamente.
—Él es Ikhi —dijo Kasha. —Mi primer amante. Utilicé la tecnología de mi padre para hacerlo más inteligente. Pero el idiota se rebeló y ahora lidera a los demás esclavos fugitivos.
—Traigan a la princesa, la utilizaremos como rehén —dijo Ikhi a sus hombres— para extorsionar a Vosh. Maten al extranjero...
—¡Esperen! —gritó Zílog— podemos ayudarnos mutuamente. Mis amigos están prisioneros de Vosh. Y soy capitán de una nave grande y poderosa. Tenemos un enemigo común y mi ayuda puede serles fundamental.
—Tenemos un trato entonces —dijo Ikhi complacido. —Ayúdanos a derrotar a Vosh y te ayudaremos a salvar a tus amigos.
—¡Malditos idiotas! —vociferaba furiosa Kasha— ¡Mi padre los despellejará vivos por este insulto! Yo misma los castraré y cegaré en persona...
Ikhi, Zílog y los esclavos rebeldes, con Kasha como prisionera, viajaron por entre las callejuelas de la ciudad que Vosh había creado para si mismo. Los primeros rayos de sol comenzaron a salir, y observaron a los nativos siendo sacados a primera hora de sus sucias e incómodas barracas, a punta de latigazos por los cerdos, lagartos y cíclopes, para realizar arduas faenas de trabajo esclavo durante todo el largo día. Aquellos que mostraban la menor oposición, eran golpeados brutalmente.
Llegaron a una vieja nave que los rebeldes habían logrado conseguir. En dicha nave había un sistema de comunicación que usaron en primera instancia, para comunicarse con Vosh.
—Tenemos a tu hija, Vosh —dijo Ikhi mostrándole a la prisionera en la pantalla. —Haz lo que te ordenemos si no quieres que le suceda nada.
—¡Idiotas! —dijo Vosh riéndose— no negocio con rebeldes. Háganle lo que quieran, no me interesa lo que le pase. —Y cortó la comunicación.
—¡Vaya! —burló Ikhi. —Ya ves cuanto te quiere tu padre...
—Vosh debe haber alertado desde ya a sus sirvientes —adujo Zílog. —Déjenme utilizar el comunicador para hablar con mi nave.
Sistema Carixis
En cuestión de un día, la terrible plaga se había propagado por todo Carixis, y los diversos miembros del Consejo debieron unir esfuerzos para hacer frente a la pandemia.
—Debe tratarse de guerra biológica por parte del Planeta Oscuro —decía el médico 200 a Rupert mientras atendía a una larga hilera de enfermos de todas las especies en el suelo de los pasillos del Hospital General de Carixis, donde no cabrían más pacientes. Salvo por los androides y los cártagiks, el resto del personal no infectado se cubría con trajes herméticos —Es una vieja táctica de guerra. Te agota los recursos médicos, personales y financieros, pero especialmente, golpea la moral...
—Según nos reportan —dijo Rupert— hay brotes de la Plaga en la Tierra, Kinsoha y Brazzky, así como en Xirgón y varios sistemas fronterizos valtáricos. Han muerto ya 20 millones. Aquí en Carixis la cifra de muertos ascendió a 5000 esta mañana. Mientras que, los ataques del Planeta Oscuro han recrudecido en pocas horas. Es demasiada coincidencia.
Una niña humana se retorcía en medio de delirios psicóticos.
—¿Se recuperará? —preguntó Rupert preocupado.
—La Plaga no tiene cura. A lo sumo somos capaces de mitigar su dolor con medicamentos y darle a los pacientes una muerte serena.
El comunicador de Rupert sonó:
—Rupert, hijo...
—¡Mamá! ¿Te encuentras bien?
—Hijo... se fuerte...
—¿Algo le sucedió a Lin? —preguntó Rupert muy asustado.
—No, él está bien. Es inmune gracias a su parte cártagik. Es... tu abuelo, Rupert...
—¿Se infectó? —preguntó Rupert muy triste.
—Se encuentra delirando en estos momentos. Lo llevaremos al hospital. No sobrevivirá ya. Quería que lo supieras.
Rupert sintió una honda pena, pero se vio forzado a reprimirla para poder cumplir con sus deberes de líder.
—Trata de darle mis saludos, aunque dudo que te comprenda. No creo que pueda ir al funeral por mis responsabilidades... tú sabes...
—Descuida, hijo. Lin te envía saludos.
La muerte de miles y miles de personas inocentes había dado severos golpes a la moral, especialmente a los soldados que no podían concentrarse debido al dolor de la pérdida de familiares y amigos, por lo que el Consejo perdió muchas batallas.
—Una buena noticia, Rupert —le dijo Maktub por el comunicador. —El embajador urlock que murió era muy importante en su mundo, por lo que el Gobierno está indignado. Como todo apunta que la Plaga fue difundida a propósito por el Planeta Oscuro, los urlocks han decidido apoyar al Consejo en todo lo que queramos.
—Eso es bueno.
—Murió —dijo una enfermera cártagik cubriendo con la sábana a un hombre brazzky al mismo tiempo que Rupert sostenía su conversación con Maktub. Súbitamente, la mano del hombre aparentemente muerto, aferró a la enfermera alarmándola.
—Tranquila —dijo 200 a su lado. —Debe ser algún espasmo muscular post mortem...
Pero el hombre brazzky se levanto y abrió los ojos que ahora eran lechosos y carentes de pupila, y se lanzó enfurecido contra la enfermera estrangulándola.
Rupert cortó su comunicación abruptamente, y los médicos y enfermeros cercanos intentaron liberar a la infortunada mujer del sujeto enloquecido, pero éste le quebró el cuello con su fortaleza histérica. El sujeto se levantó y se lanzó contra uno de los enfermos que tenía cerca con una furia frenética, la cual fue detenida cuando un cártagik militar que montaban guardia en el lugar le disparó en la cabeza salpicando se sangre amarilla brazzky alrededor.
—¿Qué fue eso...? —preguntó desconcertado el médico androide contemplando el cadáver de la enfermera.
—Observé un virus similar una vez... —dijo Rupert.
—¿Dónde? —preguntó el militar.
—En un universo paralelo, aunque les cueste creerlo. Es una larga historia... El asunto es que en dicho universo había un virus similar a éste, que revivía a los muertos.
Pronto, otros enfermos que fallecían abruptamente comenzaron a moverse espasmódicos y se levantaban presas de una furia incontenible. El militar les disparó a todos, pero comenzó a temer que no se daría abasto...
Instituo Científico, algunas horas después.
—El virus es sin duda una mutación genéticamente diseñada de la Plaga —explicaba Shikha desde su laboratorio en el Instituto Científico, a Rupert, Kriggs, Nam y Maktub. —Una vez que el cuerpo ha entrado en un estado catatónico similar a la muerte, activa las zonas cerebrales más básicas y primitivas con una ira incontrolable. Es un tipo de virus muy similar al que provoca la rabia.
—¡Que horrible! —dijo Nam. —Sólo el Planeta Oscuro pudo crear algo tan espantoso.
—En todo lo largo y ancho de la Afiliación —comentó Rupert— están brotando más y más de éstos infectados. En Próxima 9 han muerto 5000 personas como resultado de los ataques, especialmente porque tuvieron una alta pérdida de militares. Aquí mismo, en Carixis, se reportan ya 2000 muertos entre personas atacadas por los infectados y los mismos infectados al ser asesinados.
—Si no encontramos una especie de cura —anunció Maktub— o forma de contención de esta epidemia, el número de muertos será de millones...
La Zona Inexplorada
Día 8 del Mes 6 del Año 2105 D.A.
—Uno de mis grandes pasatiempos —le decía Vosh a Sashak, quien se encontraba esposada y con una cadena en el cuello que era jalada por él. —Es utilizar la tecnología que me permitió evolucionar a la inversa. La aplicación de la Involución en otros. Este es mi pequeño museo de criaturas involucionadas... —Dos hileras de compartimentos separados del medio por una cortina plástica transparente, contenía una serie de criaturas salvajes. —Esa es tu amiga, la mayor Cheng, involucionada hasta sus ancestros primitivos...
Cheng se encontraba en una de las jaulas. Había sido alterada genéticamente, y convertida en una especie de simio homínido. Un homo erectus antiguo, totalmente cubierta de pelo salvo en la cara, manos y pies, con una frente abultada y una inteligencia muy limitada.
—¡Cheng! —exclamó Sashak horrorizada.
—Y éste es tu amigo, Irggs —prosiguió Vosh sádicamente, en la jaula del frente había una especie de felino salvaje, cuadrúpedo y con largos colmillos, que asemejaba a un tigre furioso, y lanzaba zarpazos al vidrio, Irggs mostraba el aspecto que tenían los ancestros de los sáuxer y soths. —Aquí está Kerozt. —En la jaula de al lado había un reptil enorme, bípedo, similar a un dinosaurio raptor, que lanzaba rugidos amenazantes en su cautiverio. —Y éste es Arg. —Dijo señalando a la jaula de frente a la de Kerozt donde se encontraba Arg involucionado en sus ancestros, era un insecto enorme, de más o menos metro y medio de tamaño, mezcla de hormiga y escarabajo. —Y aquí tengo a tu amigo androide —dijo señalando a una jaula donde estaba el androide 400, pero sólo con la parte del cuerpo superior a la cintura.
—¿Y a él que? ¿Lo convertirás en una calculadora?
—No, nunca había visto inteligencia artificial así que estoy investigándolo.
—¿Qué hay de Némesis?
—Está acá —dijo acercándola a otra jaula aledaña. —El suero involucionador no le ha dado resultado aún. Tengo gran curiosidad por saber en qué se convertirá.
Némesis yacía en el suelo, en posición fetal, asolado por epilépticos dolores.
—¡Maldito monstruo! —dijo Sashak a Vosh con indignación.
—Si no haces lo que te digo y te comportas como una buena esposa, te haré lo mismo que a ellos. Te transformarás en una simia primitiva de largos pelos verdes.
—¡Hazlo! Es preferible ese destino que ser tu esposa.
Vosh abofeteó a Sashak.
—Entonces, disecaré a todos tus amigos y los convertiré en trofeos.
—¡No! —dijo Sashak, con mirada desesperada. —No los mates... haré lo que quieras...
Vosh llevó a Sashak hasta su habitación, una lujosa cámara donde seis esclavas muy jóvenes (al menos dos eran adolescentes), todas desnudas, lo esperaban. Ante su imperiosa orden, las esclavas salieron del lugar aterradas.
—Desnúdate —dijo sentándose en la cómoda y espaciosa cama. Sashak, aún esposada, removió su ropa hasta dejar su cuerpo totalmente desnudo frente a la lujuriosa mirada de Vosh. —Siéntate aquí —ordenó señalando su lado. Sashak obedeció, y Vosh comenzó a acariciarle el cabello, luego la besó en los labios mientras le tocaba el seno derecho.
Sashak se preparaba para satisfacer los malsanos deseos de Vosh, justo en el momento en que un estruendo proveniente del laboratorio le llamó la atención a éste.
—¿Qué ocurre? —se preguntó Vosh levantándose. —¡Quédate aquí! —ordenó a Sashak y salió a inspeccionar. Después de un tiempo, Sashak escuchó a Vosh vociferar desesperadamente: —¡NO! ¿Qué eres?
—Un akashiano —dijo una voz hipnótica y telepática que Sashak percibió claramente.
—¡Némesis! —exclamó Sashak —¡Un akashiano! ¡Claro! Hace milenios los valtáricos y los oscuros ambos eran una misma especie; la especie akashiana. Era de suponer que la Involución te devolvería a tu origen akashiano.
Vosh entró a la habitación armado con una pistola láser, y tomó a Sashak por el cuello utilizándola como rehén y como escudo humano.
—No te acerques o la mato... —amenazó el dictador.
Sashak quedó deslumbrada por un resplandor de luz que entró por la puerta, y cuando pudo entreabrir los ojos descubrió que una inyección había sido clavada en el cuello de Vosh. Némesis había movido la jeringa por medio de la telequinesis, inyectándole a Vosh el compuesto involucionador que él mismo usaba tan frecuentemente.
—¡No! —dijo Vosh colapsando y soltando a Sashak— ...una sobredosis...
Vosh comenzó a retorcerse del dolor y a caer al suelo convulsionándose, conforme su rostro se tornaba simiesco y su piel se llenaba de pelos.
Vosh comenzaba a parecerse a una especie de simio muy pequeño y con cola.