Chapter 3: III
Planeta Nuevo Alaxi
Capital de la Corporación Alaxi
Día 8 del Mes 13 del 2100 D.A.
Nuevo Alaxi era un mundo totalmente urbanizado. La ciudad se extendía por kilómetros y kilómetros. Gigantescos rascacielos cilíndricos se erguían ominosos hacia el cielo nublado por las emisiones de gas que habían destruido la atmósfera, siendo el edifico más grande de todos la Torre de la Tesorería. Una titánica edificación de 300 pisos, sede del gobierno Alaxi. Una incesante marea de miles de naves y aeromóviles deambulaba eternamente por los cielos del planeta.
En uno de los edificios se localizaba el apartamento donde residía Sálax. Una hermosa mujer Alaxi, que como todos los Alaxi tenía piel muy clara, orejas puntiagudas, ojos amarillos con pupila rasgada, cabellos largos con mechones de color negro y blanco combinados.
Sálax yacía en su cómoda cama bajo las cobijas. Desnuda como su acompañante; un joven saúxer en sus treinta como ella. Sálax se despertó primero, rompió el abrazo de su amante, y se levantó desnuda.
Su compañero despertó y la miró. Sálax contemplaba nostálgicamente por su ventana, viendo la Torre de la Tesorería.
—¿Qué ocurre? –le preguntó.
—Nada. La Junta Directiva me notificó ayer que fui seleccionada como la nueva Gerente General de la sucursal en Carixis. Gobernaré sobre el Conglomerado, la ciudad Alaxi en Carixis.
—Parece ser el golpe de suerte que habías ansiado toda tu vida. La mayoría de los miembros de la Junta Directiva han sido gerente generales del Conglomerado Carixis alguna vez. Bien podrías llegar al gobierno de la Corporación.
—Y sin embargo, un error cometido en Carixis es reprendido de forma ejemplar. Podría terminar mis días trabajando en un asteroide minero en una colonia del otro lado de la Galaxia.
—No es tu estilo ser derrotista. ¿Qué pasó?
—Nada... tienes razón. Toda mi vida he luchado por ser la mejor dentro de la Corporación. He aguantado los jefes más repulsivos, degenerados y déspotas. He conspirado una y otra vez para erradicar a mis rivales. Y he trabajado día y noche para enriquecer más y más a la Corporación. Esta es genuinamente mi oportunidad. Me iré hoy mismo. Ha sido un placer ser tu amante, Wúlax. Eres un buen amigo... tanto como un Alaxi puede serlo.
—Yo continuaré suministrando refacciones a nuestros primos los soths. Es probable que pase por Carixis.
—Ve a visitarme. Y quizás podamos hacer el amor, o algo mejor, hacer negocios.
Wúlax se vistió rápidamente y se despidió de Sálax.
—Que tus negocios sean prósperos –dijo Wúlax saliendo del apartamento.
—Que tus negocios sean prósperos también.
Estación Espacial Afiliada Nathul 5.
—Logramos sacar efectivamente a la persona de su congelación criogénica. –Le explicaba Cheng a Zílog mientras caminaban por los pasillos metálicos de la estación espacial. –Es de una especie desconocida. Ni su ADN ni su descripción se encuentra en la base de datos de la Enciclopedia Galáctica. Sin embargo, dice pertenecer a un planeta llamado Maktub.
—¿Cómo se comunican con él?
—Él es psíquico. Se comunica con nosotros telepáticamente, señor.
—Comprendo. –Zílog y Cheng penetraron a la habitación donde el extraño se encontraba. —Cordiales saludos. Soy el capitán Ki—Zílog, oficial militar de la Afiliación Democrática de Planetas. Ella es la mayor Lai Cheng.
—Es un sincero placer conocerlos. –Dijo el extraño con su mente. Para Zílog, era como si hablara en fluido brazzky. Para Cheng hablaba en chino mandarín perfecto. Pero ambos sabían que toda comunicación telepática generaba ese efecto.
El extraño tenía la piel verde oscura, sin un solo cabello en la cabeza, de ojos grandes y alargados, de color amarillo pastel y pupilas negras. Su nariz eran dos pequeños orificios y su boca era bastante pequeña también. Vestía una túnica que le cubría los pies, y sus manos tenían tres gruesos dedos. Un medallón redondo de color azul colgaba de su cuello.
—¿Cuál es su nombre? –consultó Zílog.
—No podría pronunciarlo, Capitán. Llámeme Maktub, como mi mundo de origen.
—¿Se encuentra cómodo?
—Mucho, gracias. Me han dado comida deliciosa, una cama cómoda. No se como agradecerles. La Afiliación es sin duda un planeta muy amable.
—La Afiliación no es un planeta, estimado Maktub. Es una federación de seis planetas diferentes. La fundaron hace mil años, después de que colapsara el Imperio Valtárico. Yo soy brazzky, del Planeta Brazzky. Cheng es humana, del Planeta Tierra.
—¿Cómo se ponen de acuerdo?
—Tenemos un Parlamento con diez representantes de cada planeta, un presidente que elegimos entre todos, un Magisterio de Justicia con un magistrado por cada planeta, y un solo ejército. Hay muchas leyes federales, pero en su mayor parte somos autónomos localmente. No encontramos a su especie en nuestra base de datos... ¿Sabe donde queda su planeta?
—No podría decirlo. Mi especie no domina el viaje espacial como ustedes. Tardamos meses viajando de una estrella a otra. Años para alejarnos realmente. Tenemos muy pocos contactos con otras especies. Y los habitantes de nuestro planeta vecino son salvajes y primitivo cavernícolas. Puedo entender lo que ustedes dicen leyendo sus mentes. Pero no puedo leer la mente de una computadora así que no entiendo lo que éstas dicen... ¿Hubo más sobrevivientes en mi nave?
—No, lo siento.
—Toda mi familia viajaba allí. Mi esposa, mis hijos... –dijo, sin mostrar signos de dolor en sus ojos. —¿Cómo logran viajar más rápido que la velocidad de la luz?
—No lo hacemos –explicó Cheng— nuestras naves utilizan campos electromagnéticos para generar agujeros de gusano artificiales. Son pasajes interdimensionales que nos permiten entrar al hiperespacio, una dimensión alterna. Así es como viajamos a cualquier punto dentro de la Galaxia. Utilizamos la energía de los cristales de etérium como ese que tiene usted...—dijo señalando el medallón— para generar los campos electromagnéticos y abrir pasajes al hiperespacio. Así como producir la superimpulsión.
—El etérium es muy valioso –comentó Zílog. —Mi nave se dirige a Carixis, un importante sistema solar. Allí quizás podamos ayudarlo más. ¿Desea acompañarnos?
—Sí, por favor.
—Le proporcionaremos alimento, habitación y cualquier cosa que necesite. Y le ayudaremos a aprender valtárico, es la lengua común que se utiliza para comunicarse entre especies en la mayor parte de la Galaxia.
—Gracias. Permítame darles esto, como pago por su amabilidad –dijo entregándoles el medallón— me dijo que era valioso...
—No es necesario, Maktub –replicó Zílog— además, un solo cristal de etérium equivale a un tercio de celeste. El celeste es la moneda que usan los planetas de la Afiliación. De acuerdo al actual cambio del patrón etérium, un celeste equivale a tres cristales.
—Comprendo –dijo tranquilamente.
—No necesita pagarnos. –Aclaró Zílog. —Lo ayudaremos igual. Pronto estará de regreso en su hogar, Maktub.
Minas Kithar (Planeta Carixis 2).
Territorio de la República Polari en el Sistema Carixis.
Una enorme ciudad subterránea se erguía en Carixis. Era un conglomerado de túneles y minas colosales que se adentraban dentro del subsuelo del planeta de Carixis 2. Las construcciones de paredes de hierro y enormes columnas, interminables escaleras, así como pasillos alargados, eran realizadas por una especie subterránea llamada polari. Eran mamíferos primates de aspecto antropoide, similar a los xirgones y los humanos, pero sin cabello alguno en sus cuerpos. Vestían atuendos grises de largas faldas y cuellos de tortuga, y eran de muy baja estatura (partiendo de metro 20 y siendo los más altos de metro 65). Muchos de ellos algo gordos y achaparrados, un poco rechonchos. Sin embargo, algunos entre sus hombres y mujeres podían ser muy bellos.
Trabajaban arduamente las minas repletas de ricos materiales. Utilizaban gafas redondas que colgaban elásticamente alrededor de sus cabezas para protegerse de los gases y polvos que brotaban de sus trabajos mineros, así como gruesos guantes y botas.
Alum Siraiki observaba el trabajo de sus subalternos. Su oficina, parte de una edificación enclavada en la roca al lado de un veta mineral, tenía una ventana que permitía supervisar las labores de los mineros, que trabajaban extendiéndose por una interminable cantidad de grutas pedregosas. Alum era un polari joven, de unos 40 años. Se alejó de la ventana y se sentó en su escritorio, metálico como todo mobiliario polari. La tenue luz era perfecta para sus sensibles ojos. Observó quietamente el símbolo de la República Polari conformado por una pala y un pico de color rojo, entrelazados.
—Camarada comandante Alum –dijo una subalterna entrando al aposento. Una joven burócrata de bonito cuerpo.
—Dime, camarada Siram.
—La cantidad de producción mineral se está volviendo escasa. La República no estará muy complacida con que bajemos el suministro. Los ingenieros sugieren que excavemos nuevos túneles en busca de vetas más profundas.
—Adelante... sería bueno que... –sin embargo, una comunicación que entró súbitamente al computador del escritorio de Alum lo interrumpió. Al reconocer el origen, le solicitó a Siram que saliera del despacho y atendió la llamada –A que debo el placer de su llamada, camarada Secretario General.
—Primeramente para felicitarlo, camarada Alum –dijo una figura gorda y bastante vieja que se transmitía hasta la pantalla del computador. –En segundo lugar, le notificó que enviaremos un nuevo cargamento de disidentes que han sido encontrados culpables por el Tribunal Revolucionario de atentar contra el Estado. Puede ponerlos a trabajar en lo que desee.
—De acuerdo.
—En tercer lugar, Camarada, (y lo siguiente es de suma importancia), hemos establecido en Carixis un punto de apoyo para nuestros hermanos revolucionarios del Partido Lish Radical de la Afiliación y de la guerrilla xirgona. Confío plenamente en usted, Camarada, para qué brinde a nuestros camaradas radicales y guerrilleros la apropiada ayuda en su lucha contra la opresión burguesa de sus sistemas.
—Contarán con mi plena colaboración, señor.
—Debo recalcar que, de enterarse las autoridades de sus Estados respectivos, el Concejo Galáctico sancionaría gravemente a nuestra República.
—Eso suponiendo que Xirgón no nos bombardee. Seré absolutamente cauteloso, Camarada Líder.
—Usted ha sido siempre un miembro fiel del Partido. Su labor a favor de nuestra gloriosa Revolución es fundamental. Con su ayuda, Camarada, exportaremos nuestra Revolución y liberaremos a otros trabajadores. No sólo es uno de los mejores militares del Ejército Revolucionario, sino un gran ideólogo de la República. Leí su último libro sobre filosofía colectivista. Me parece excelente. Especialmente el análisis que hace del sindicalismo afiliado.
—Me alegra sobremanera que haya sido de su agrado, Camarada. Larga vida a la Revolución.
—Larga vida a la Revolución –dijo cortando la comunicación.
Sin embargo, Alum estaba inquieto. Presintiendo algo. Sacó su arma del escritorio y apuntó hacia una esquina vacía de la oficina.
—Puede mostrarse ahora... –dijo apuntando. –Sé que está allí. Dispararé.
De la esquina apareció súbitamente una mujer desnuda que instante antes estaba cubierta por el velo de la invisibilidad. Era una vegana de unos 30 años, con cuerpo esbelto. Su cabello era anaranjado como el de todo vegano, y lo llevaba corto hasta el cuello. Como todo vegano, tenía manchas multicolores pequeñas en toda la piel. Por lo demás, era un mamífero primate.
—¿Cómo supo que estaba aquí? –dijo la mujer.
—A pesar de la asombrosa capacidad de los veganos de manipular sus células, y volverse invisibles entre otras cosas, los polari tenemos un agudo sentido del olfato. La substancia que se puso para engañar mi olfato no fue lo suficientemente efectiva. ¿Qué la trae a espiar a mi oficina, senadora Arsala?
—Lamento mucho haberlo hecho así, Capitán. Verá... antes de hablar con usted, debía cerciorarme de que era de confianza.
—¿Qué desea?
—Dentro de una semana se conmemora la invasión que realizó el Imperio Xirgón contra mi pueblo. Hace 30 años mi planeta Vega 2 fue brutalmente ocupado por los cerdos xirgones. Las secuelas aún son terribles. Esclavitud, torturas, genocidio.
—Bueno, su mundo es uno de los más ricos en etérium. Es lógico que sean blanco de fuerzas imperialistas...
—Para recordar la... tan fatídica fecha... el Reino Vegano desea grabar en la mente de los xirgones nuestra venganza...
—¿Están planeando un atentado terrorista contra Xirgón?
—Más que un atentado terrorista es... una advertencia. Actualmente, Vega 3, un planeta habitado mayormente por veganos y que es por derecho nuestro puesto que está ne nuestro sistema solar, sigue bajo dominio xirgón. Deseamos que sea nuestro de nuevo. Esperamos que el atentado generará la liberación de Vega 3. El problema es que la Afiliación es cobarde y temerosa, y no nos apoyará.
—Deberían ser más agradecidos con los afiliados, ellos fueron a la guerra contra el Imperio Xirgón por liberarlos hace 12 años.
—¡Sí, claro –dijo con tono sarcástico— son tan altruistas los santos afiliados! Nos liberaron porque llegamos al acuerdo de darles etérium gratis a cambio de que nos ayudarán a liberarnos. Lo hicieron por dinero, nada más. ¿O por qué cree que no han ido a la guerra por liberar a Carlagia o a Dashán?
—Bueno. ¿Qué quiere de nosotros?
—Ustedes financian grupos revolucionarios de izquierda dentro del Imperio Xirgón. Financian a los separatistas brakioneses, por puros motivos ideológicos.
—Somos una República de obreros revolucionarios. Es lógico que apoyemos a nuestros correligionarios, y que seamos enemigos de un Estado opresor y absolutista que explota a los trabajadores y tiene esclavos.
—¿Nos ayudarán? Además de los motivos ideológicos, les daremos una buena cantidad de etérium gratis.
—Usted fue esclava... ¿verdad? –le preguntó a Arsala observando las cicatrices en su espalda dejadas por un látigo.
—Los xirgones invadieron cuando yo tenía 5 años. Mi niñez y mi adolescencia las viví como una miserable esclava bajo el dominio xirgón. Hasta que escapé y me uní a la Resistencia. El día más feliz de mi vida fue cuando maté a mi primer xirgón con mis propias manos...
—Tanto odio... ¡Que lamentable!
—¿Nos ayudarán? –volvió a consultar Arsala.
—Sí. ¿Qué tenemos que hacer?
Constelación Pléyades, Sistema Estelar Xirgón
Planeta Xirgón, Capital del Imperio Xirgón
Día 9 del Mes 13 del año 2100 D.A.
Es casi imposible describir el planeta Xirgón. Bajo un cielo de color púrpura, sobre vegetación de color anaranjado, subyace una maraña interminable de urbanismo poderoso. Ciudades y ciudades hasta nunca acabar. Una cantidad de millones de naves y aeromóviles atraviesan su cielo a todas horas. Los edificios xirgones, cuya arquitectura es similar a sus naves; de tonalidades verdosas, a veces similares al mármol, con pisos adoquinados y enormes torres. Una estructura estilizada y sobria, repleta de columnas dóricas, ventanas y puertas redondas y techos planos.
De entre todos los edificios xirgones, el mayor es el ominoso Palacio Imperial. De una magnitud que será recordada en los anales de lo glorioso y lo prepotente. Una gigantesca edificación con exuberantes jardines, estatuas de dioses y emperadores, muros avasalladores y colosales. Titánicas columnas, decenas de pisos de altura, y un diámetro de cientos de miles de hectáreas.
En este palacio se encontraban Rupert y Kriggs, aún bajo custodia de la capitana Sashak Lang, pero su cautiverio comenzó a adquirir connotaciones de ser más como invitados que prisioneros. Durante el trayecto de dos días de Carlagia a Xirgón no les faltó alimento ni comodidad. Ni aún ahora como huéspedes de los lujos xirgones.
En la antesala del Salón del Trono, donde estaba el Emperador, Ushuk esperaba ansiosamente, al lado de su otra esposa, Nishak. Una mujer muy hermosa, pero muy refinada y delicada. Tan distinta de la aguerrida militar Sashak como una mariposa de una avispa. Nishak vestía las típicas togas xirgonas de color blanco y sedosa tela, que le descubrían los brazos y el hombro derecho. Su largo cabello verde lo sostenía en un peinado particular. Se decoraba con aretes y collares, y exudaba un aromático perfume.
—Estos eventos en la Corte Imperial me aburren... –comentó con rostro pomposo Nishak.
—Creí que eras la experta en esta fanfarria protocolar. Por eso me casé contigo. –Dijo Ushuk sin poner mucha atención a las quejas de su esposa.
—No me engañas, Ushuk, siempre has querido más a Sashak. Siempre tu amor ha sido hacia ella, por ser militar como tú. Pero recuerda que Sashak es estéril desde que la torturaron los rebeldes brakioneses. Y yo, soy la madre de tu único hijo.
—Me has dado más que un solo hijo, Nishak –le dijo Ushuk clavándole la mirada y acariciándole el mentón. –Mucho placer, sin duda, también. Pero en dar placer también has sido experta toda tu vida...
—¡Me estás instultando...!
Sashak, acompañada de Rupert y Kriggs, entró en ese momento a la antesala. Sashak y Ushuk se besaron con gran cariño. Luego ella y Nishak intercambiaron un forzado beso en las mejillas.
—Le presento a mi esposo, el general Ushuk Lang, oficial de la Guardia Imperial Xirgona –dijo Sashak— y a su otra esposa, la duquesa Nishak. Queridos, ellos son el gobernador del territorio afiliado en Carixis, Rupert Corrado, y su guardaespaldas, la agente Kriggs.
Todos intercambiaron saludos rutinarios.
—¿Sabe que soy el gobernante de los territorios xirgones en Carixis, Gobernador? –consultó Ushuk.
—Por supuesto, nos veremos seguido. Espero que nos llevemos bien.
—De todos los pueblos afiliados, los que más me simpatizan son los humanos. Su Majestad Imperial ha solicitado hablar con usted en persona. Se adentrará al Salón del Trono, donde Su Alteza gobierna asesorado por sus ministros, consejeros y generales de la Corte Imperial. Le recomiendo sea respetuoso.
Entraron al Salón del Trono. Un extenso salón con columnas dóricas, finas cortinas, ventanales enormes, totalmente alfombrado, con una foto de Surath, el primer emperador, colgando de una pared. A lo lejos se divisaba el trono donde se sentaba el Emperador, rodeado de su Corte Imperial de hombres y mujeres. Algunos con uniformes militares, otros con finas togas. Los esclavos vestían togas mucho más sencillas y menos cubridoras.
El Emperador Turg se sentaba lóbrego en el trono. Un hombre maduro, pero de rostro joven. Con gran prestancia, lucía más fornido de lo que era por su porte recto. No vestía toga, sino un traje cuasimilitar de color dorado. Se encontraba sempiternamente rodeado de sus fornidos, altos y amenazantes guardaespaldas, ataviados con uniformes militares. Todos los guardaespaldas del emperador provenían de largos linajes de guardaespaldas, y eran entrenados desde niños. Dedicaban sus vidas a proteger la vida del Emperador, y se rotaban de manera que siempre había al menos cuatro custodiándolo día y noche.
Una hermosa esclava, de voluptuoso cuerpo estaba dándole vino al Emperador, pero éste estaba más interesado en su sirvienta que en el vino, o en los documentos que un ministro le leía. Cuando percibió la llega de los dos afiliados, acalló al ministro con un movimiento de su mano, y fijó su mirada en Rupert.
—Ante el Glorioso Emperador de Xirgón, se presenta el general Ushuk Lang y sus esposas –dijo el chambelán de especie dénuzeb. Los dénuzeb eran gastrópodos de hasta cinco metros de altura (aunque este medía sólo tres metros), sin piernas, con cuatro brazos, manos con cuatro dedos (dos pulgares), ojos saltones, grandes bocas, seis fosas nasales simétricas en sus largas caras. Vestían trajes elásticos arriba de sus cinturas. Su planeta Dénuzeb también era una provincia xirgona, pero habían sacado provecho convirtiéndose en exitosos mercaderes dentro del Imperio.
—Gracias, chambelán Zinn. –Dijo el Emperador.
—A sus pies, Su Gloriosa Alteza –dijo Ushuk haciendo una pronunciada reverencia, como lo hicieron Sashak y Nishak. Aunque esta última no acompañaba la reverencia del saludo militar como los dos primeros, sino de un grácil movimiento levantando su falda levemente.
—Bienvenido, Ushuk –dijo el Emperador— sólo puedo expresar palabras de gusto y alegría por verte. Y mis más sinceras felicitaciones a ti y a tu esposa Sashak, por su valeroso servicio militar en la Guardia Imperial. ¿Y que tenemos más allá?
—Soy el gobernador Rupert Corrado –dijo extendiéndole la mano en el típico saludo humano— y ella es mi guardaespaldas, la agente Kriggs. Ambos funcionarios de la Afiliación Democrática de Planetas.
Turg vaciló un tiempo. Hasta que se levantó de su trono, seguido en todo momento por sus guardias. Se acercó a Rupert y estrechó su mano.
—He escuchado hablar de su padre, Gobernador –le dijo Turg — un hombre valiente. Un hombre de izquierda. Murió defendiendo sus ideales. Sería una lástima que ocurriese lo mismo a su hijo.
—Creo firmemente en el derecho de autodeterminación de los pueblos. –Le respondió Rupert. –Creo en la libertad que merecen los pueblos actualmente oprimidos por el Imperio Xirgón...
—¿Y que tengo que hacer para que usted deje su cruzada idealista? –dijo el Emperador soltando la mano de Rupert y sentándose de nuevo en el trono. –Puedo darle lo que desee... (lógicamente, soy uno de los hombres más poderosos de la Galaxia). Puedo darle cualquier cantidad de dinero. Una luna para usted solo. O... las mujeres más hermosas que pueda imaginar. Tú, esclava –dijo volviéndose hacia la hermosa joven a su lado— te regalo al Gobernador. Ahora eres de su propiedad. Has todo lo que él te ordene.
—Si, Majestad –dijo la esclava y de inmediato caminó hasta quedarse al lado de Rupert, esperando órdenes.
—No soy tan fácil de sobornar, Emperador. –Le recriminó Rupert.
—Entonces déjeme plantearlo de otro modo. Lo mandé a llamar, Gobernador, porque quiero hablar directamente con un alto político afiliado que transmita mis palabras a su gobierno. Y no con el burócrata que designaron como embajador afiliado en Xirgón. Aunque no tenemos pruebas de que la Afiliación está financiando a grupos rebeldes que atentan contra el Imperio, lo sabemos bien. De continuar esta lamentable situación, no nos conformaremos con solicitar sanciones a la Afiliación ante el Concejo Galáctico por violación del Tratado de Carixis. Tomaremos represalias militares...
—El Imperio Xirgón es sin duda poderoso –dijo Kriggs— una potencia. Pero la Afiliación es un Estado aún más poderoso. Ustedes no pueden ganarnos. Ya estuvimos en guerra hace poco y nosotros los afiliados ganamos.
—Sí... es verdad –reconoció Turg — pero podemos provocar mucho dolor... mientras tanto.
—Soy un hombre de paz, Emperador –dijo Rupert— jamás permitiré que mis acciones nos lleven a una guerra. Jamás. Pero no puedo claudicar de mis ideales sólo por la amenaza. Se bien la clase de atrocidades que han cometido con sus pueblos dominados.
—¿Qué sugiere entonces? –consultó Turg .
—Negociaciones. Soy un buen diplomático. Si lo desea, puedo ayudar en las negociaciones de paz entre el Imperio Xirgón y sus provincias dominadas como Carlagia. Quizás puedan llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso.
—Excelente –dijo el Emperador— bastará por lo pronto. Puede retirarse, Gobernador. Una aerolimosina lo espera a la salida del Palacio Imperial que los llevara a la Embajada Afiliada.
—De acuerdo, hasta luego, Emperador. –Dijo Rupert, luego se dirigió a la joven esclava a su lado— ven conmigo, tengo muchas ideas de que hacer...
—¡Rupert! –reprendió Kriggs.
—¿No puedo conservarla? –consultó Rupert. Kriggs lo encaró. –Estoy bromeando, Kriggs.