Epílogo.
Maxine.
–¡Trevor, Joder que no es por allá! – le grito por decima vez – ¡Es al norte tarado, al norte del resto del país, no a tu norte!
Él suelta un bufido.
– Maxine, aquí dice que es por donde yo voy – él señala el GPS de su celular.
–¿Cuándo has visto que eso funciona? ¡El GPS es el peor invento del mundo! – suelto frustrada – ¡Tienes que ir al otro lado!
–¡Cállate la jodida boca, Prior! ¡Me tienes jodidamente cansado! Tengo migraña, ¡Joder! – me grita molesto.
Yo lo miro de mala gana, arrugo el mapa que tengo en la mano hasta hacerlo una bolita y lo tiro al asiento trasero del auto de mi madre.
Hemos pasado la ultima hora tratando de adivinar donde es que queda nuestro nuevo departamento, tenemos la dirección y Trevor la introdujo en el GPS, pero aún no hemos sido capaces de llegar, es que nosotros somos los únicos idiotas que arrendamos un departamento sin siquiera ir a verlo antes. Se supone que en una hora debemos firmar los contratos con nuestro nuevo casero, pero a este paso creo que no vamos a alcanzar a llegar.
– Te dije que debimos haber venido antes – susurro de mala gana.
Él suelta un bufido y casi estoy segura de que voltea los ojos, pero no quiero verlo porque me conozco y sé que si volteo en su dirección soy capaz de darle un puño, asi que me concentro en la ventana mientras él sigue conduciendo a Dios sabe dónde.
A veces me cuesta entender en qué momento fue que decidí perdonarlo y darle una oportunidad, definitivamente, la culpa de mi falta de carácter es de mi madre, si ella me hubiera criado de una forma más ruda yo sería menos tonta y lo habría mandado al infierno, pero no, por el contrario aquí estoy mudándome con él a nuestro nuevo departamento.
– Maxine – susurra.
–¿Qué quieres?
– Recordarte que te amo – dice.
Yo lo miro con el ceño fruncido pero suelto una carcajada enseguida.
– No creas que vas a salirte siempre con la tuya nada más por decirme que me amas – digo.
Es en estos pequeños momentos, en los que entiendo porque lo perdoné después de aquella noche en que mi madre nos hizo una jugarreta para juntarnos, verlo sonreír y escucharlo decirme que me ama es la respuesta suficiente a todas mis dudas. Sé que Trevor metió la pata aquella noche en que llevo a esa chica a nuestro departamento, sé que se equivocó y aun después de que ha pasado mucho tiempo aún hay veces en que me cabrea recordarlo con esa mujer, pero yo nunca he querido ser una de esas personas que viven con rencores y que se preguntan qué hubiera pasado si solo hubieran perdonado.
Eso no significa que voy a perdonarle todas las estupideces que me haga, por supuesto que no, solo significa que lo amo lo suficiente como para darle una segunda oportunidad, como para permitirle remediar sus errores e incluso para dejar que me haga daño.
Trevor viene en una caja de paquete completo, viene con errores, con sorpresas, con sonrisas, con caricias y besos calientes. Y me gusta el paquete.
–¿Qué estás haciendo? – le pregunto mientras Trevor detiene el auto.
– Voy a pedir indicaciones – contesta.
Yo suelto un bufido, pero dejo que haga lo que se le dé la gana y mientras él le pregunta a un transeúnte por la dirección de nuestro nuevo hogar, yo desbloqueo mi celular y le respondo a mi madre que acaba de enviarme un mensaje.
– “¿Qué tal el nuevo departamento?” – pregunta.
– “No lo sé, todavía no llegamos” – respondo.
– “¡Pero si salieron esta mañana!” – textea de vuelta.
– “Lo sé, pero estamos perdidos”.
– “Eso es Karma”.
– “¿Karma por qué?”
– “Por no haber venido conmigo a Washington en vacaciones” – responde.
– “No seas dramática, ya te dije que iré con Trevor a Washington en vacaciones de mitad de este año”.
– “No me fio de ti, Maxine, con eso de que ahora eres grande y puedes ir a donde se te antoje me has empezado a reemplazar”.
– “¡Lo dice la mujer que se fue al otro lado del país nada más por un hombre!”
– “No es un hombre cualquiera, es Harvey”.
– “Yo me quedé en Arizona en vacaciones por Trevor, y él tampoco es un hombre cualquier… Es Trevor” – reitero.
– “Touché” – escribe.
Yo suelto una risa tonta y guardo el celular en mi bolsillo mientras Trevor vuelve a poner el auto en la carretera.
–¿Qué te dijo? ¿Dónde queda el departamento? – le pregunto.
– Al norte cruzando por la treinta y cuatro – responde de mala gana, porque sabe yo tenía razón – ¡No lo digas! – me pide cabreado.
– No iba a hacerlo – me encojo de hombros, pero no puedo evitar burlarme.
Miro a Trevor que está echando humo por las orejas, le molesta no tener la razón, es un jodido cabeza dura.
– Te lo dije – susurro bajito a modo de burla.
–¡Maxine! – me grita y me mira con ganas de matarme.
Yo sigo burlándome mientras él conduce.
– Te amo, Trevor – veo como me mira de reojo, pero no responde porque está cabreado y presiento que seguirá asi por un buen rato.
Pero no me importa, esto también es parte del paquete. Después de todo, ¿Qué les puedo decir?
Me metí bajo las sabanas del enemigo. Y me enamoré completamente.
FIN.
The End
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