Chapter 48: Capítulo 47.
Maxine.
Es viernes en la noche y estoy sola en el departamento, no sé dónde está Trevor y tampoco quiero parecer la típica novia fastidiosa, empezando porque él y yo no somos novios y porque nunca me ha gustado jugar el papel de la perseguidora. Asi que armo mi propio plan, me hago palomitas de maíz en el microondas y voy a mi habitación.
Dejo la puerta abierta por si acaso Trevor quiere unirse a mi más tarde, me meto dentro de las cobijas y enciendo el televisor, busco en Netflix alguna película romántica y entonces me acomodo.
La película se acaba, Trevor no llega aun a casa y yo estoy empezando a quedarme dormida, las últimas semanas han sido realmente estresantes, he estado estudiando como una loca, me he quedado despierta hasta tarde haciendo trabajos, no ha sido nada fácil y estoy muy cansada.
Empiezo a cerrar los ojos hasta que escucho la puerta abrirse, me froto los ojos y me incorporo en la cama, últimamente tampoco he tenido mucho tiempo para pasar con Trevor, y no importa cuán cansada este, yo prefiero estar con él un rato.
Escucho una risita aguda y frunzo el ceño, tal parece que Trevor no está solo, me levanto de la cama y salgo de la habitación con cuidado de no ser escuchada, alguien suelta un gruñido, escucho un gemido y entonces voy hasta la sala de nuestro departamento.
Trevor está ahí, y efectivamente tenía razón, no está solo, está con una mujer que no recuerdo haber visto nunca, ella lo tiene abrazado del cuello y él la está rodeando con sus brazos por la cintura, se están besando y él tiene su cabeza dentro del cuello de la chica. Yo siento que mi corazón se rompe en mil pedazos, siento que tengo ganas de vomitar y que necesito tomar aire fresco.
Me quedo como una idiota viendo la escena, hasta que los ojos de Trevor se encuentran con los míos.
–¡Maxine! – exclama con sorpresa, como si de repente se le hubiera olvidado que vivimos juntos – Maxine, déjame explicarte – él se aleja de la mujer y ella nos mira confundida.
–¿Quién es ella? – pregunta la chica.
– Vete, Britney – le dice Trevor a la mujer.
– No, no te vayas Britney, está claro que aquí la que sobra soy yo – me doy media vuelta y siento que las lágrimas caen de mis ojos.
Me siento como una idiota y en parte siento que no tengo derecho, después de todo, Trevor y yo solo somos amigos con beneficios, él no me debe fidelidad, pero eso no hace que el dolor en mi pecho se sienta menos peor.
Mientras regreso a mi habitación oigo que la puerta de la entrada vuelve a cerrarse, pero ya no me interesa si la tal Britney se fue o sigue en mi casa.
Trevor me alcanza e impide que yo cierre la puerta de mi habitación.
– Déjame sola – le pido sintiendo un nudo en mi garganta.
– No Max, no – él arrastra las palabras – ella no es nadie.
– No tienes que explicarlo, enserio Trevor, no hay ningun problema con que ella este aquí, ella es lo mismo que yo… Nadie.
– Maxine, ella es muy diferente a ti.
–¿Ah sí? Explícame de que forma somos diferentes, porque déjame ver – yo trago saliva y me limpio con rabia las lágrimas en mi rostro – ambas tenemos sexo contigo y ninguna es tu novia, eso para mí es cómo lo mismo.
– Tu eres más importante para mí que ella, Maxine, no puedes castigarme por esto, teníamos un acuerdo.
– Si, lo sé, por eso no entiendo porque sigues aquí conmigo cuando deberías ir a buscarla, esto está bien para mí, tú y yo solo somos amigos, ¿Cierto? Ese era el plan.
– No entiendo porque estas tan enojada ¡joder Maxine! Tu fuiste la que quisiste que las cosas fueran asi.
Frunzo el ceño y no puedo creer lo que mis oídos están escuchando en estos momentos.
–¿Asi que ahora es mi culpa? ¿Es mi culpa que estuvieras con ella?
– No, no estoy tratando de decir eso – él niega con la cabeza, está frustrado.
– Entonces te recomiendo que no digas nada en absoluto, no hay nada que explicar, te dije que eras libre de hacer lo que se te diera la gana y eso es lo que estás haciendo.
Trevor intenta darme más explicaciones, pero yo no quiero oírlo, asi que cierro la puerta en su cara.
No entiendo porque tenía que hacer esto justo ahora, justo en este momento cuando las cosas estaban tan bien, hemos vivido los tres mejores meses en la historia de cualquier persona y él tenía que arruinarlos de esta manera, y yo no puedo fingir que no me duele, no puedo fingir que todo está bien para mi cuando la realidad es muy diferente.
Voy al baño de la habitación, me lavo la cara con agua fría e intento tranquilizarme, pero en cuanto me veo al espejo vuelvo a derrumbarme y me siento en el suelo a llorar como una magdalena, se suponía que éramos libres, que podíamos hacer lo que quisiéramos aun cuando eso incluía salir con otras personas, ¿Pero es que acaso yo no significo nada para él? ¿No soy suficiente?
Me abrazo el cuerpo y agarro mi celular que está sobre el lavamanos.
–¿Puedes venir por mí? – le escribo a Tara.
Ella me responde enseguida – ¿ir a dónde? ¿Dónde estás? – me pregunta.
– En mi casa, pero no puedo quedarme aquí está noche.
Sé que Tara debe estarse preguntando qué es lo que sucede, pero no tengo ánimos para explicarle todo por teléfono.
– Llego en diez minutos, tomaré prestado el auto de Adam – responde.
Yo bloqueo el celular, voy afuera y me cambio de ropa, me pongo un pantalón negro y una chaqueta que me cubra del frio. Guardo en un bolsito mi cepillo de dientes y algunas cosas de aseo personal. Espero en mi habitación hasta que Tara llega y ella me envía un mensaje en cuanto está frente al edifico.
Abro la puerta para ver si Trevor está por ahí, pero no hay rastros de él, asi que salgo corriendo y cierro la puerta antes de que él pueda interceptarme, me subo apresurada a la vieja camioneta de Adam y entonces Tara pisa el acelerador.
Suelto un bufido y más lagrimas comienzan a salir de mis ojos, sorbo por la nariz y veo que Tara me dirige una mirada rápida.
– Nena, ¿Qué pasó? – pregunta muy bajito.
Yo niego con la cabeza y me siento tan dolida que no soy capaz de hablar, tengo que esperar un par de segundos para poder armar una frase coherente – es Trevor, yo estaba en mi habitación esperándolo como una imbécil y él llego oliendo a alcohol y eso no es lo peor, llegó con una mujer que tiene nombre de perro, pero ya no me acuerdo como se llama.
Tara me mira con el ceño fruncido – ¿Tú los vistes…? Ya sabes.
– Si lo que intentas preguntar es si los vi teniendo sexo, no, no los vi, pero estaban a punto, él tenía su boca en el cuello de ella y ella lo tenía abrazado – siento un escalofrío al recrear la imagen.
– Pero Max, ustedes no son novios.
– Lo sé Tara, y eso solo hace que me sienta más estúpida, sé que no somos novios, sé que el acuerdo era que podíamos hacer lo que quisiéramos, ¿Pero tenía que hacerlo justo en nuestro departamento? No soy de palo, y a él no le importó eso, no le importó ni siquiera un poquito como me pudiera sentir yo.
– Estuvo mal lo que hizo.
Tara aparca la camioneta de Adam en las residencias estudiantiles y nosotros vamos hasta su habitación.
–¿Dónde está tu compañera? – inquiero.
– No lo sé, hace un mes que no se aparece por aquí, creo que dejó la universidad.
Yo asiento con la cabeza y me tiro en la cama vacía, y mientras estoy allí mirando las paredes de la habitación de Tara pienso en las palabras de mi madre, suenan dentro de mi cabeza como si quisieran atormentarme, ella tenía razón, ella siempre tiene razón en todo, pero yo quise ser sorda y no ver una posibilidad que se terminó materializando.
– Toma – tara me da una taza de té caliente.
– Esto sabe asqueroso – resoplo.
– Si bueno, no se me da muy bien eso de cocinar – yo la miro fijamente, creo que hacer un té no cabe precisamente dentro de la categoría de cocinar, pero lo paso por alto – ¿Cómo te sientes? – me pregunta después de un rato.
– Como un zapato.
Tara se burla de mi comentario y yo le hago un gesto de mala gana.
– Lo siento – dice – yo pensé que Trevor iba enserio contigo, es decir, han pasado varios meses y ustedes se veían felices, casi como en un cuento de hadas.
– Yo pensé lo mismo y por eso bajé la guardia, ese ha sido mi más grande error.
– No puedo creer que el imbécil de Trevor te haya hecho esto, yo hasta pensé que estaba enamorado.
– Trevor no se enamora de nadie nunca, él es un ser egoísta que solo se preocupa por sí mismo.
Tara me acaricia la espalda.
– Es un ser egoísta del que me enamoré.
–¡Joder nena! – yo comienzo a llorar y ella me abraza con fuerza – lo lamento mucho, enserio.
Yo sigo llorando hasta que siento que me quedo sin lágrimas, me duele el pecho, mis ojos se han hinchado y mi nariz está roja, y entonces me doy cuenta de que es momento de parar, mi vida no puede derrumbarse de un modo tan absurdo por un hombre, un hombre que ni siquiera era mi novio.
Yo me repongo, me limpio el rostro y me pongo en pie.
–¿Tú crees que tu compañera vuelva pronto? – le pregunto a Tara.
– La verdad lo dudo mucho, ¿Por qué?
– Mañana me saltaré algunas clases y recogeré mis cosas del departamento, necesito encontrar un lugar en el que vivir estos dos meses que quedan de clases, y si no te importa me gustaría quedarme contigo.
– No, claro que no me importa, puedes quedarte aquí siempre que quieras, pero ¿eso quiere decir que vas a dejar a Trevor?
– Si, voy a mudarme y a dejarle el camino libre para que pueda hacer lo que quiera.