Chapter 49: Capítulo 48.

Trevor.

Llego al departamento y dejo caer la maleta al suelo, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy completamente solo, en todo el puto sentido de la palabra, camino despacio hasta la habitación de Maxine, abro la puerta con cuidado, pero no hay nadie, su cama está perfectamente tendida y todo parece en orden, entro y huelo el aroma dulzón de su perfume favorito. Recorro la habitación mientras siento que un dolor profundo hunde algo en mi pecho.

Me dirijo al baño y me doy cuenta de que sus cosas han desaparecido, todas sus cremas, sus cepillos y su champú ya no están, mi corazón comienza a palpitar más deprisa contra mi pecho y oigo el sonido de cada latido, voy hasta el armario de Max, abro las puertas de madera de par en par, y entonces lo entiendo, no tengo que ser un genio para comprender lo que ha pasado en esta habitación.

Maxine se ha ido de la casa.

Yo siento que la presión aumenta, me quedo sin respiración y miles de pensamientos empiezan a recorrer mi cabeza, siento algo que no había sentido nunca, ¿Dolor? ¿Miedo? No alcanzo a descifrar la sensación, solo sé que me tiene jodido. Me derrumbo en su cuarto y siento que una lagrima se resbala de mis ojos, estoy llorando porque la he perdido. Estoy llorando porque he jodido lo único importante que he tenido en la vida, lo único real…

La he jodido a ella.

Necesito encontrarla, necesito explicarle que la noche anterior estaba tan drogado que no sabía que era lo que estaba haciendo, sé que probablemente ella va a creer que es mentira, pero necesito que me escuche y sobre todas las cosas, necesito que me otra oportunidad.

Vuelvo a salir del edifico, afuera ya ha anochecido, me subo en la motocicleta, giro la mano y acelero tanto que por un momento siento que pierdo el control en una curva. Consigo llegar a los edificios de las residencias, dejo la moto a un lado y voy directo a la habitación de Tara. Ella está aquí, estoy seguro de que ella está aquí.

Toco a la puerta con la palma de mi mano y tapo el ojito para que Tara no pueda saber que se trata de mí.

–¿Quién es? – pregunta Tara, pero yo no le respondo.

Tara comienza a quitarle el seguro a la puerta y abre, por un momento su rostro palidece, pero pone una fachada enseguida.

– Trevor, pensé que eras el domiciliario, estoy esperando una pizza.

– Necesito hablar con Maxine.

– Ella no está aquí.

– Tara, no quieras ocultarla, necesito hablar con ella, por favor déjame entrar – digo con la mandíbula apretada.

– No está aquí, Trevor, ¿Qué demonios quieres que te diga? ¡No está aquí! – dice con altanería.

– Entonces déjame entrar.

– No puedes, mi compañera se está vistiendo – miente, sé que está mintiendo.

– Tara, necesito verla, por favor – intento suavizar mi voz y parpadeo con fuerza.

Ella me mira fijamente, pero niega con la cabeza.

–¡Joder! Tú me obligas hacer las cosas por las malas – le doy un golpe a la puerta y ella suelta un gruñido.

Entro en la habitación de la chica y veo a Maxine que acaba de ponerse en pie.

– Ella no estaba aquí, ¿Eh? – pregunto con altanería en dirección a la pelirroja.

– Yo le dije que te dijera eso – Maxine se cruza los brazos sobre el pecho – Tara no tiene la culpa, ella solo es una buena amiga – sisea.

– Tenemos que hablar – camino un par de pasos en dirección a la chica, pero ella retrocede enseguida.

Yo frunzo el ceño, ¿Por qué lo hace? ¿Por qué se aleja de mí? ¿Acaso tiene miedo? La sola idea de que Maxine pueda estar asustada por mí me hace querer vomitar.

– Lo que viste noche, es quiza el error más grande y más estúpido que he cometido en toda mi vida, pero no significa nada de lo que tú crees, Maxine – digo, ella va a tener que escucharme lo quiera o no, porque yo no voy a irme de esta habitación sin haber dicho todo lo que necesito decirle – ella por el contrario a ti no significa nada, ni siquiera la conocía, la conocí anoche en el bar.

– Eso no hace que la situación sea mejor, Trevor – sisea con la voz entrecortada

–¡Joder Maxine! Estaba drogado, estaba tan llevado que ni siquiera sabía que era lo que estaba haciendo, esa chica se acercó a mí y yo no tuve tiempo a pensar en lo que estaba haciendo.

–¡Y ese es tu jodido problema! – dice – que nunca piensas en nada de lo que haces, no piensas en las consecuencias ni en cómo puedes hacer sentir a las personas a tu alrededor, y lo siento, pero yo no voy a dejar que me hieras.

Me rasco la frente.

–¡Teníamos un acuerdo! – le recuerdo – teníamos un acuerdo, dijiste que no íbamos a complicarnos la vida y es justamente lo que estás haciendo ahora – no debí haber dicho eso, pero cuando quiero entenderlo ya es demasiado tarde como para retractarme.

– Lo intenté – ella mira para otro lado y se limpia el rostro – propuse el maldito acuerdo porque no queria que te sintieras presionado, y pensé que podia tolerarlo, pero haberte visto con ella me demostró que no puedo, me hizo darme cuenta de que yo no soy ese tipo de chicas que tiene relación abiertas.

– Entonces no debiste haberme propuesto ese acuerdo Maxine, si sabias que no podías manejar la situación, entonces no debiste haber dicho nada.

– No queria perder la posibilidad de estar contigo – dice bajito y yo me siento como si un millón de cristales pequeños me estuvieran atravesando el cuerpo – no queria que tuviéramos más excusa para alejarnos el uno del otro – esta vez ella no hace nada para cubrirse de las lágrimas que bañan todo su rostro.

– Max…

–¿Sabes Trevor? Cuando te propuse aquella estúpida idea sinceramente pensé que tu no ibas a hacer uso de esa posibilidad que yo te estaba dando, pensé que no ibas a hacer nada que pudiera dañarme, mucho menos después de todo lo que pasó con Nick, pero creo que tienes razón al culparme, yo fui la que se equivocó al creer que tu ibas a cuidar mis sentimientos.

– No estoy intentando culparte – suspiro.

– Me has dicho dos veces que no debí haberte propuesto ningun acuerdo, así que sí me estas culpando – ella sorbe por la nariz – pero está bien, yo acepto la responsabilidad, aceptaré las consecuencias, sin embargo, se acabó.

–¿Qué se acabó? – las venas de mis brazos están hinchadas y mis manos están temblando, quisiera romper algo en este momento, quisiera destrozar absolutamente todo a mi alrededor.

– Todo, el maldito acuerdo, lo que teníamos entre nosotros, todo este juego, se acabó – concluye.

– No digas idioteces – digo bajito – volvamos a casa.

–¡No! Yo no voy a volver, esa ya no es mi casa.

–¿Por qué demonios no vas a hacerlo? Podemos volver a vivir con antes, podemos vivir cada uno por su lado, no tienes que mudarte simplemente porque hayamos terminado.

–¡Si! Si tengo.

– No Maxine, hazme el favor y recoge tus cosas y volvamos a nuestro departamento.

– No Trevor.

–¿Por qué no? – le grito completamente desesperado.

–¡Porque no puedo vivir contigo sabiendo que te amo y que se acabó! ¿Está bien? ¡joder! Te amo – ella me grita y yo siento que su alma se va con cada una de las palabras que suelta.

Me quedo de piedra donde estoy, viendo como la chica que dice que me ama llora por mi culpa, puedo ver el dolor en sus ojos, puedo ver que se siente traicionada y todo por mi culpa, yo siento que el tiempo se detiene a nuestro alrededor, recuerdo que Maxine dijo lo mismo aquella primera vez en que estuvimos juntos, recuerdo lo que sentí en el pecho al haber escuchado esas palabras salir de su boca, pero en ese momento ella lo dijo tan bajito que pensé que quiza lo había imaginado, esa noche ella murmuro que me amaba porque era cierto.

Pero está noche es diferente, está noche ella me está diciendo que me ama porque en realidad quisiera odiarme.

– Trevor, creo que deberías irte – susurra Tara a mi espalda.

Maxine se da la vuelta y yo no soy capaz de decir nada. Después de todo, ninguna de mis palabras va a remediar el daño que le he causado. Yo me muevo sobre mis pies y salgo de la habitación de Tara.

Si no me hubiera drogado, si no hubiera dejado que esa chica me convenciera de ir al departamento, entonces nada de esto hubiera pasado.

El problema es que él hubiera no me sirve de nada. Lo he jodido todo, y he sido tan estúpido que lo he hecho en el momento en que más la quiero.