Chapter 44: Capítulo 43.

Trevor.

He conocido personas estúpidas en mi vida, Dios sabe que he tenido que lidiar con demasiadas, pero Maxine Prior es un caso perdido, de todas las idioteces que la he visto hacer en toda su vida, sin duda alguna haber perdonado a mi hermano, es la peor de todas, no sé qué fue lo que paso entre ellos dos después de esa noche y tampoco voy a preguntar al respecto, pero sinceramente no la entiendo.

Es nuestra última noche en Honolulu y mi madre ha decidido darnos la noche libre a todos, de casualidad esta noche el hotel también está organizando una de las fiestas más grandes del verano, naturalmente, tanto Maxine como Nick y yo decidimos venir, cada uno por su lado, por supuesto.

Bebo un trago de la cerveza que le pedí al barman y me recuesto en la barra viendo a las personas que bailan frente a mí. Desde donde estoy tengo una vista perfecta de Maxine, se ve extraña y creo que ha bebido más de lo que debería.

Maxine es el tipo de persona media copa que se emborracha con un simple trago, y no creo que la mejor de las ideas sea dejarla sola, asi que la vigilo desde donde estoy. Ella baila apretada contra un hombre que no sé quién es, y siento que la sangre se me sube a la cabeza, el hombre pone sus manos en el culo de Maxine y ella se las quita, por lo menos aún está medio cuerda – pienso.

Pero él insiste y sigue deslizando sus manos por el cuerpo de ella, asi que es momento de intervenir. Dejo la cerveza en la barra y camino hasta donde ellos dos están bailando.

– Es hora de irnos, Maxine – digo cruzándome de brazos.

–¿Que? ¡No! ¿Por qué? – me pregunta con la voz achispada.

– Porque si – sentencio.

– No voy a irme Trevor, no se quien demonios te crees que eres, pero estoy bailando con Juan – me señala al tipo.

Él suelta una risa y la mira de manera pervertida – de hecho, mi nombre es Jack – dice.

Yo lo miro con el ceño fruncido, si cree que va a aprovecharse de la estúpida de Maxine, entonces está muy equivocado.

– Vete a la mierda, Trevor, consíguete alguna otra idiota a la que molestar – sisea arrastrando las palabras y soltando un hipo.

– Ya la escuchaste, viejo – me dice Jack.

Yo me alejo porque no quiero armar una escena y porque las cosas entre Maxine y yo han estado tan tensas últimamente que no sé qué tan conveniente sea meterme en sus decisiones, sin embargo me quedo lo suficientemente cerca como para cuidarla.

Jack sigue insistiendo y entonces sigue tocando el culo de Maxine aun cuando ella le quita las manos nuevamente, ¿Es que este imbécil no entiende?

La rabia comienza a correr por cada una de mis arterias y mando todo al demonio, no me interesa si después de lo que voy a hacer Maxine va a odiarme más de lo que ya lo hace, pero yo no voy a dejar que ese hijo de perra se aproveche de ella.

Voy hasta un lado del bar donde está la alarma de incendio y entonces bajo el interruptor, enseguida un ruido ensordecedor comienza a sonar, la música se detiene de repente, muchas personas gritan, otras corren lejos del quiosco, y algunas otras, como Maxime, simplemente se quedan de pie en medio del quisco.

Veo que Jack hala del brazo a Maxine, pero yo llego con ella antes de que él pueda llevarla a alguna otra parte.

– Tu vienes conmigo – la cargo por las piernas y dejo que el cuerpo de ella cuelgue por mi espalda.

No sé si la mejor idea sea poner de cabeza alguien que ha estado bebiendo, pero no me interesa arriesgarme.

– Trevor, déjame – me dice con la voz débil, de manera muy lenta – ¿Quién demonios te crees que eres? Juan y yo la estábamos pasando bien.

– Si, no tengo duda de eso, Juan la estaba pasando de maravilla poniendo sus manos en tu culo.

–¿Y qué pasa si yo queria que él lo hiciera? ¿Acaso el único que tiene derecho de tener sexo casual eres tú? – dice con el tono de voz más alto.

Yo entro al hotel con ella y veo las miradas que nos dirigen todas las personas, pero me importa una mierda lo que ellos piensen de esta situación. Entro en el ascensor con Maxine y me bajo cuando llegamos a nuestro piso.

–¿Por qué no puedo ser igual que tú? ¿Por qué no puedo simplemente divertirme sin importarme las consecuencias? – pregunta, mientras yo la dejo en suelo firme nuevamente.

– Porque tú eres mejor persona que yo, Maxine – suelto un bufido – ¿Dónde está la llave de tu habitación?

Ella suelta una carcajada.

– No lo sé, tendrás que buscarla – ella levanta las manos en señal de inocencia y yo ruedo los ojos.

Busco en el short que Maxine tiene puesto, pero no hay nada en sus bolsillos y su blusa esta tan descubierta que no hay forma de que la haya escondido ahí, rebusco un poco más en sus pantaloncitos y meto mis dedos dentro de la pretina, enseguida siento que su piel se eriza.

Tengo que tragar saliva para controlarme, es difícil no comportarme como un cavernícola cuando sé que ella quiere lo mismo que yo.

Saco la tarjeta que estaba presionada por sus pantalones y su ropa interior y abro la puerta de su habitación.

– Trevor – me llama mientras la llevo adentro – terminé con Nick.

–¿Después o antes de bailar y sonreírle en la pedida de mano de tu madre? – pregunto con sarcasmo.

– Ya no hay nada entre él y yo – asegura rodando los ojos.

– Te felicito.

– Enserio Trevor, se acabó, ya puedes dejar de comportarte como un idiota conmigo.

– Bien, Maxine – le sigo la cuerda nada más porque está borracha.

Ella suelta un hipo y yo la llevo hasta la cama para que se siente en ella. Una vez que está sentada sobre el colchón le desato las sandalias negras y dejo sus pies descalzos.

– Trevor – susurra – ¿Qué ibas a decirme esa noche en la playa cuando te alcancé después de que me gritaras?

Yo niego con la cabeza, no vale la pena hablar de lo que iba a hacer y no hice, para mí no hay nada más estúpido que eso.

–¿Ibas a decirme que me querías? – sus palabras me dejan frío.

Maxine está sentada en la cama y yo estoy agachado frente a ella, estamos casi a la misma altura.

–¿Tú me quieres, Trevor? – me cuestiona.

– No.

–¿Ni un poquito? – ¡Joder! La forma en la que pronuncia las palabras me hace sentir débil y mentirle me hace sentir como un completo idiota.

– No, ni un poquito – me pongo en pie – tienes que dormir, mañana tenemos un vuelo muy temprano.

– No, no vas a dejarme sola igual a como haces siempre – ella también se levanta de la cama.

– Estás borracha, Maxine, tienes que dormir.

– Eso no cambia la realidad – musita – seguimos siendo tu y yo, el hecho de que esté ebria no significa nada.

Veo como Maxine traga saliva y se acerca aún más a mí y necesito que deje de hacer eso, porque me vuelve loco, esta chica hace que todo dentro de mi cuerpo se encienda, y la conozco, sé que es débil y no quiero que mañana se esté arrepintiendo de nada.

–¿Qué quieres que te diga, Maxine? ¿Quieres que te diga que estoy enamorado de ti? ¿Quieres que te diga que te amo y que viviremos en un cuento de hadas? – pregunto sintiendo todo mi cuerpo en tensión – ¿Quieres que te prometa un final feliz? ¡Yo no soy esa clase de hombre! ¡no soy el tipo que se compromete! ¿Qué demonios quieres que haga?

– Quiero que me beses – dice – quiero que me beses y que no te detengas.

Quiero hacerlo, ¡Carajo! Todo mi cuerpo desea hacerlo – no puedo – digo con la voz firme, incluso aunque estoy seguro de que me voy a arrepentir el resto de mi vida por no besarla.

Ella me mira fijamente, sus pupilas están dilatadas, sus ojos están ligeramente rojos y en sus mejillas se ha extendido un rubor, parece avergonzada.

– Bien, entiendo que… – ella comienza a hablar, pero de repente se queda callada y comienza a vomitar ahí frente a mí.

Yo sostengo su cabello y dejo que siga vomitando, y solo en este segundo, me alegro de no haberla besado.

– Déjame sola – me pide, limpiándose la boca con el dorso de la mano – esto es tan humillante – susurra – déjame sola, Trevor.

Maxine vuelve a vomitar y yo vuelvo a sostener su cabello.

Este momento la va a atormentar toda su vida, de eso estoy seguro.