Abril
San Salvador, 2017
-¿Gael?-pregunto.
-Sí.
-Bien. ¿Qué haces aquí?
-Pues lo primero que deberías de hacer en este momento es darme las gracias.
-¿Por?-enarco las cejas.
Gael cruza los brazos. Aspecto que le asienta bastante bien.
-Fui yo quien te encontró moribunda en el pasillo del cine cuando acababas de ser apuñalada. También fui yo quien comenzó a pedir ayuda como idiota, al igual que la persona que te donó un poco de su sangre. ¿Eso basta?
Las palabras se me esfuman de inmediato.
-Ah.
Gael comienza a reírse en tono burlón como si lo que dijera fuese un chiste. Después de unos segundos vuelve a sus sentidos y camina hasta mi cama. Fija su mirada en mí como si tratara de ver lo que escondo en mi interior.
-Apenas te estoy conociendo y ya me asustas- susurro.
Sonríe, pero muy en el fondo de sus ojos se aferra un dolor indeleble.
-Me alegra que estés bien, Abril. -sujeta mi mano.
Cuando nuestras manos entran en contacto siento una chispa que roza todas las venas de mi cuerpo. Estas inician y terminan con el tacto de Gael.
“¿Qué es esto?”
-Me gustaría poder quedarme más tiempo aquí contigo, pero tengo que hacer un viaje.
-¿De trabajo?-pregunto.
Me observa como si en su cabeza buscara la respuesta que está a punto de salir de su boca.
-Si. –sonríe levemente. –Cuando regrese voy a buscarte.
-Pero si apenas me conoces. No crees que es absurdo.
-Por supuesto que no.-ríe.
Todo parece tan sublime.
Sin más que decir suelta mi mano con tanto cuidado como si fuera a romperse. Como si se tratara de un cristal muy delicado que podría quebrarse con el más mínimo toque. Camina hasta la puerta.
-Oye, ¿Cómo vas a encontrarme? –se detiene en el umbral de la puerta- Podrías pedir al menos mi número de celular. -repongo antes de que se vaya y desaparezca.
-J. Rowling dijo una vez “En caso de duda, ve a la biblioteca”- guiña el ojo. Sonríe maliciosamente y luego se marcha.
Tengo la esperanza de que pueda aparecer nuevamente, pero todo desaparece al cabo de unos segundos.
-“En caso de duda, ve a la biblioteca ”¿Qué querrá decir?
“¡Tonta! La Biblioteca. ¡Te buscará en la biblioteca!”
-¿Por qué en la biblioteca?-me pregunto extrañada.
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Después de haber pasado unos días en el hospital y que el mismo Jin Laderas me diera de alta me mantuve por muchos días en cama, alejada de las ventanas y las puertas. En medio del caos mi hermano Alex volvió a casa en secreto para no angustiar a mamá. El mismo se encargaba de cuidarme 24/7. Y aunque fuera un gesto agradable de su parte sentía mucha presión al tener que demostrar cada día que iba mejorando y que no lo necesitaba. De cierta forma quería que se encargara de sus asuntos y de su vida; pero él siempre fue el hermano pendiente de su única hermana a la que amaba tanto.
Sostengo en mis manos uno de los clásicos de Isabel Allende, “El Bosque de los Pigmeos” cuando me surge una duda. Observo detenidamente desde el sofá a mi hermano que teclea con fuerza la laptop en la mesa del comedor. Su cabello está tan alborotado que ni siquiera se ha dado cuenta de lo mayor que se ve con ese aspecto, es como si el cuidarme le hubieran dado unos diez años, pero de vejez.
-Hermano, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Dime?- contesta con voz grave sin quitarle el ojo a la laptop.
-¿Por qué no traes una novia a casa o una amiga?
Despega su mirada de la pantalla de la laptop fijándola en mí.
-¡Qué mierdas preguntas ahora, Abril! Porque no mejor sigues leyendo.
Devuelve su mirada a la computadora.
-Solo es curiosidad, nada más. -me defiendo.
El niega con la cabeza como si estuviera decepcionado.
Yo lo observo fijamente cayendo en cuenta de que estoy cansada de seguir en casa alejada de todo.
-¿Podríamos salir por un breve momento?- pregunto.
-No, no puedes. Tienes que estar en reposo.
-Pero si ya han pasado tres semanas desde el accidente y estoy cansada de estar en casa sin hacer nada. Además, ya estoy bien. Solo mírame.
-Eso ya lo sé. Puedes pintar mándalas si lo deseas o buscar otro libro para leer. No es necesario que salgas. Además, aún no sabemos quién intento hacerte daño. No correré ese riesgo de exponerte. Por favor no insistas.
Alex sigue sin despegar los ojos de la laptop.
Suspiro en señal de derrota porque por más que suplique y pida que quiero salir de casa por un breve momento no lo hará.
“¿Y si mejor escapo unas cuantas horas mientras él sigue trabajando?”
“¿Y si vamos a la biblioteca?
Inmediatamente recuerdo las últimas palabras de aquel joven que recién conocía cuando desperté en el hospital por el accidente.
“¿Cuál era su nombre?”
“Gael”
-Sí, tienes razón-asiento sonriendo conmigo misma- Creo que iré a mi cuarto a descansar, ¿de acuerdo? -digo en un tono despreocupada.
Me levanto del sofá y subo las escaleras hacia mi cuarto.
Una vez dentro de mi cuarto me cambio de ropa. Me despojo los pantalones de algodón y de la camisa holgada para cambiarlos por unos shorts blancos y una blusa con tirantes color crema, luego una denim para sentirme un poco más relajada. Arreglo un poco mi cabello ignorando lo demacrada que me veo. Para variar un poco me coloco unas botas de lona y sin pensarlo más salgo de mi cuarto con cuidado. Cierro la puerta evitando hacer el menor ruido posible. De la misma forma bajo las escaleras. Alex sigue tecleando su laptop por lo que no se ha percatado de nada por el momento. Camino lentamente hasta la puerta trasera de la casa. Con total cuidado la abro y salgo de casa sin hacer ruido. Una vez afuera rodeo la casa y camino calle abajo. Miro por una última vez si existe alguien observándome. Doy por hecho que no existe nadie y prosigo mi camino.
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Al llegar al kilómetro cero de San Salvador disminuyo el paso a fin de poder disfrutar un poco del exterior. De lo que es en sí la vida real. Personas van y vienen con bolsas de mercado colgando de sus hombros. Negocios que se extienden en todas las cuadras y orillas con productos vitales para existir o de primera necesidad. Mendigos de tercera edad que se refugian en pedazos de cartones y que piden una pequeña limosna por cada alma que pasa frente a ellos con el fin de poder seguir subsistiendo.
Cuando llego a la Plaza Gerardo Barrios me detengo a observar el Palacio Nacional que se extiende por toda la avenida Cuscatlán. En el pórtico principal del Palacio se extienden seis imponentes columnas combinadas con los guardianes o estatuas de Cristóbal Colón e Isabel la Católica. La historia e informes de la arquitectura de uno de los principales patrimonios culturales del país como es el Palacio Nacional corresponde al estilo ecléctico que combina diferentes estilos y épocas de la historia del arte y arquitectura.
“Vaya genio era José Emilio Alcaine”
“Me pregunto ¿cómo habrá sido este país en aquel entonces? Aquellos años dorados de 1950”
Comienzo a explorar a mis alrededores cuando me encuentro con Gael. Mi corazón comienza a exaltarse y el cuerpo se me paraliza al encontrarme con aquella mirada de otro mundo. De una u otra manera me emocionaba verlo allí. Lo observo con emoción que al rodar los ojos veo que sostiene en uno de sus brazos a un cachorrito. Le sonrío y me dispongo ir hacia a él cuando una bandada de palomas que se mantienen por toda la Plaza Gerardo Barrios se levanta con ímpetu por el fuerte viento que las alborota provocando un muro de aves que se atraviesa entre nosotros.
Cubro mi rostro con una de mis manos para evitar que el polvo entre a mis ojos, sin embargo, cuando todo ha acabado y abro los ojos para encontrarme con los de Gael este ya no está.
“¿Se espumó?”
Camino unos metros hacia donde encontraba de pie con la idea de que solamente sea cosa de mi cabeza el hecho de imaginarlo que haya desaparecido.
“Pero ¿cómo?”
“He cerrado los ojos unos segundos y <
-¡Ash! Quizá estoy soñando. - rasco mi cabeza de lo confundida que me encuentro.
Observo nuevamente a mi alrededor con la esperanza de poder verle. A mi cabeza vienen un sinfín de excusas por las cuales pudo haber huido del lugar.
-¡Es que no creo que haya sido en cuestión de segundos!¡No puedo creerlo!- me digo a mi misma en voz alta.
La gente que camina a mi alrededor simplemente me observa. Justamente con esa mirada con la cual la sociedad de este país te juzga al no ser “normal”.
Segundos más tarde me doy por vencida en la búsqueda de Gael. Mientras en mis adentros me cuestiono si todo lo que paso fue cierto el cielo azul se tiñe de diversos colores cálidos. Rojo, naranja y amarillo llaman al ocaso del día.
-Bien. De cualquier forma, iré a la biblioteca. -digo.
Sin esperar algo más sorprendente, cuando me doy la vuelta para ir hacia la Biblioteca Nacional mi ser se inmuta.
-¿Se puede saber que carajos haces aquí sola y enferma, Abril?
Alex yace frente con la expresión hecha una furia, sin embargo, este no estaba solo porque a su lado se encuentra Jin. Quien me observa decepcionado.
-Quería salir un rato de casa nada más. Y la biblioteca es perfecta para…
-¡Me importa un pito la biblioteca!- alza la voz. Por su tono sabía que estaba molesto. Camina hacia mi tomando con fuerza mi mano. – Nos vamos a casa. Camina. -me susurra.
-No voy a ir- le respondo- Quiero ir a la biblioteca. Suéltame- le empujo su agarre de mi mano.
-Mira, no te lo voy a repetir nuevamente, Abril. Camina.
-¡Te digo que no, mierda!- lo reto.
Jin se acerca hacia nosotros.
-Escucha viejo, no hagas un show en plena Plaza. Déjala ir un rato a la biblioteca. Yo la acompaño.
-¡Jin!-exclamo indignada.- No soy una niña pequeña que tienes que cuidar. ¡Basta!
Inmediatamente Alex suelta mi mano.
-Tienes una hora para ir hacer lo que quieras allá adentro. – dice en un tono más tranquilo, luego mira a Jin. - Cuídala bien por favor. Los esperaré aquí.
Alzo mis manos.
-Esto es increíble- gruño.
Camino hacia la biblioteca con Jin siguiéndome los pasos.
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Al llegar a casa me arrojo sobre el sofá decepcionada de no haber podido llegar un poco más temprano a la biblioteca. Para mi mala suerte esta se encontraba cerrada cuando llegué. No tomé en cuenta los horarios de apertura y cierre. Pasé por alto todo con tal de salir de casa. Sentía pena, decepción y vergüenza.
Mi hermano no dejó de reírse en todo el camino a casa después de que llegara con cara de estúpida con la noticia de que estaba cerrada. Jin no se quedó atrás con las risas por todo el camino.
-Haber, tengo una duda. ¿Cómo carajos sabían dónde estaba? Porque se supone que mi hermano se mata trabajando en línea casi todo el día como si fuera un robot y Jin pasa 24/7 en un hospital. ¿O me equivoco? –rezongo.
Alex y Jin me observan desde la pequeña isla del comedor. Alex niega entre risas mientras abre la refrigeradora. Jin está apoyado en la isla con la mirada divertida puesta en mí.
-¿Cuál es el maldito chiste pues? –pregunto exaltada.
-Jin, dile tú. –señala mi hermano.
Jin suspira apoyando su rostro en una de sus manos.
-Este día tenía ganas de sorprenderte y quería darme el lujo de entrar por la parte de atrás de la casa para hacerlo, y pues gracias a mis buenas intenciones pude presenciar el momento en el que salías a hurtadillas de casa. ¿Acaso no sabes que debes estar en casa? -su expresión es tan rígida que me sorprende que cambie de un momento a otro-Abril, aún no sabemos quién intento hacerte daño por lo que debes ser consiente de estar por un tiempo en casa.
Ablando la compostura tomando en cuenta de que lo que dice Jin en parte es cierto.
-Soy consciente de ello, solamente quería…-suspiro. De pronto siento el aire pesado. Respiro lentamente-quería salir nada más. –susurro.
Rápidamente y por instinto Jin camina hacia mí.
-Apoya tu cabeza sobre el sofá. Estas sangrando de la nariz. –dice alarmado. - ¡Alex, trae unas toallas!
-¡Voy!-responde en seguida.
Alex le alcanza a Jin unas toallas que presiona sobre mi nariz. Al notar por su expresión mi hermano solo refleja horror.
“Ni siquiera sentí el momento en que la nariz comenzó a sangrarme”
-Tranquilo hermano- digo en un tono despreocupado mientras Jin presiona la toalla sobre mi nariz. -Es normal. No me sorprende.
-No, claro que no es normal, tú siempre has sido una chica muy sana.
-Eso ya lo sé. No te preocupes. Estoy segura de que no es nada grave-le respondo a mi hermano.
-Tranquilo viejo, estoy aquí, ¿lo olvidas? -le anuncia Jin a mi hermano.
Alex sigue de pie frente a nosotros sin saber que decir o hacer.
-Abril, necesito que subas a tu cuarto y laves tu nariz. Necesito hablar con tu hermano sobre un proyecto. Ya has dejado de sangrar. No necesitas seguir presionando, basta con que te laves.
-Uf, justamente iba a sugerir si podía subir a mi cuarto. No te preocupes. –contesto aliviada.
Me pongo de pie y subo de inmediato las escaleras. Al llegar a mi cuarto el cuerpo me empieza a pesar. Me siento en el borde de la cama y respiro profundamente repetidas veces.
-¿Qué mierdas me pasa?-me pregunto un poco preocupada.
Con la toalla llena de sangre camino hacia el baño, observo mi reflejo que cada día que pasa palidece un poco más. Harta de seguir viendo el espectro que soy ahora me quito la ropa con desprecio y me meto a la ducha.
Después del accidente mi vida se volvió un completo caos. No sé quién soy ni sé que me sucede. Tampoco sé las razones por la cual mi cuerpo está reaccionando de manera extraña.
“Me siento tan vulnerable ¡Dios! De nada me sirve demostrar que soy fuerte y que no pasa nada”
Desahogo mis sentimientos bajo el agua mientras me recorre cada espacio del cuerpo. Lloro en silencio al no tener más excusas y razones del porque han sucedido muchas cosas últimamente.
Alguien toca la puerta del baño.
-¿Te encuentras bien?- pregunta Jin desde afuera.
Aclaro la garganta y nuevamente hago como si nada.
-Si. Estoy bien. No te preocupes. Ya casi salgo.
-No. Está bien Abril. Tomate tu tiempo. Yo… ya me voy. Solo quería decirte adiós.
-¡Bien, ten mucho cuidado!¡Gracias por todo!
Lo escucho reír.
-Claro, siempre tengo cuidado.
Lo escucho alejarse un poco, pero detiene los pasos.
-¡Ah, casi se me olvida! Lávate bien la panocha. –luego se ríe.
-¡Idiota!-le grito entre risas.
-¡Descansa!-exclama. Y esta vez se marcha porque he escuchado la puerta de mi cuarto cerrarse.
Después de unos minutos salgo del baño una vez comprobado que no existan rasgos de sangre en mi nariz. Para mi sorpresa, al salir del baño, sobre mi cama hay un ramo de claveles rojos que se sostienen junto a una pila de libros.
Al acercarme un poco más hay una nota frente a la pila. Aun no salgo del asombro por lo que la cojo rápidamente para leerla.
“Sé cuánto adoras leer y llenar tu loca cabecita con fantasmas y encantos de universos paralelos al nuestro y lo adorable que te ves cuando hablas de ello, también sé cómo brillan tus ojos al ver las flores donde quiera que vayas y tienes la oportunidad de apreciarlas un momento. En fin, te conozco y sé el encanto que provocas en mí desde que eras una dulce y pequeña niña. Te dejo un pequeño obsequio para que pienses en mí y sepas lo mucho que te quiero y me importas. De todo un poco, de mí para ti.
Att: Jin Lancaster.
Pd 1: Te quiero a pesar de que salgas a hurtadillas de casa.
Pd 2: Espérame mañana a las 2:00 pm. Te llevaré a tomar aire y te libraré de tu hermano.
Pd 3: Te quiero.
Esbozo una tonta sonrisa de la emoción al coger los libros.
- El Libro del Rey, La Espada del Lombricero, El Cambiante, Los Esbirros del Tiempo y la Sangre del Autor. Es la saga que tanto esperé leer de los escritores Jerry B. Jenkins y Chris Fabry. Se lució en serio.
-Claro que se ha lucido-afirma la voz de mi hermano que me sorprende de pie en el umbral de la puerta. - ¿Y ya viste los claveles? -señala. - ¿Sabes lo que significa regalarle a alguien claveles rojos?
-A ver, ¿Cuánto tiempo llevas allí parado viendo a tu hermana reír como una tonta de la emoción? -pregunto.
Alex se adentra a mi cuarto y se sienta en la orilla de la cama. Señala que me siente a su lado.
-Te hice una pregunta, Abril. ¿Sabes qué significa?
-Quisiera saberlo, pero soy ignorante a unas cosas. ¡Hey! También te hice una pregunta hermano.
-Los claveles rojos significan amor, amor sincero.
-Ah-asiento con un poco de vergüenza.
Alex tenía una mirada muy fuerte, que intimidaba a cualquiera. Y aunque me amaba tanto como a mamá podía hacer que me escondiera detrás de una enorme muralla por la firmeza de su mirada.
-¿Por qué me miras así, Alex? Me da miedo que me observes de esa manera.
Este sonríe suavemente teniendo un poco de compasión.
-No me digas que eres una tonta. Sé que desde hace mucho tiempo le gustas a Jin. Y tú eres tan ingenua que no te has dado cuenta de ello.
-No soy ingenua, hace poco me di cuenta. No seas tan grosero.
-Pero no solamente le gustas, Abril. Ese tipo que ha sido mi amigo tanto tiempo te quiere y te ama.
-Eso…-respiro profundo- lo de te quiero lo supe hasta hace poco, pero, por el otro lado…
-¿Qué sientes por Jin?-interrumpe.
Su pregunta me deja igual de helada que un muerto.
-No lo sé. Jin me agrada. Me gusta y lo quiero.
-Jin me comentó lo del beso. ¿Qué sentiste en ese momento? ¿Sentiste algo especial?
-Es que no sé qué sentí en ese momento hermano. Yo quiero a Jin. Quizá con un poco más de tiempo descubra lo que siento por él. Lo veo como a un amigo. Lo del beso lo había olvidado por completo, pero al parecer Jin no.
-Escucha, Abril. Jin te ama más de lo que te imaginas, desde hace mucho tiempo lo sé. Deberías darle la oportunidad. No lo digo solo porque lo conozco desde hace mucho y es mi amigo sino por las intenciones que guarda. Es un gran hombre. Él puede cuidarte más que yo y mamá en un futuro si llegase a pasar algo. Me daría mucha felicidad que el día de mañana te decidieras por él.
Lleva un mechón de mi cabello atrás de mi oreja. Su expresión es tan suave al igual que su mirada.
-Sabes hermano, las respuestas a tus preguntas siempre son contestadas con el tiempo. Al igual que las dudas, los sentimientos, las enfermedades, con el tiempo es que te das cuenta de que se tratan en realidad. Entiendes porque eres una maraña hoy y el mañana es una línea recta. Dejaré que todo fluya. Tal vez con el tiempo sepa que siento por Jin.
Alex sigue observándome con la vista blanda. Esta vez me abraza y yo solo guardo silencio.