Debby

Maddox miró a Debby y la chica con ojos aterrados negó. Cuando Maddox navegó en su mente Debby lloró, porque sabía que Darlene descubriría su secreto, ese que ella quería enterrar en el fondo de su alma y corazón.

Desde pequeña Debby la odió. Darlene a pesar de no ser la más hermosa de las dos conseguía tener la atención de chicos de manera tierna, mientras ella tenía que conformarse con propuestas sucias de parte de ellos. Viejos morbosos tocándola y ella quedando en silencio porque al final todos la señalarían.

Debby se había enamorado una vez, era un hombre algo mayor que ella que le había dado joyas y lo que ella más buscaba; amor. Soñó con ser algún día la esposa de ese hombre que la amaba con locura en una habitación, que hacía que su corazón lata con ilusión. Todo para descubrir que le había dedicado dos años completos de amor y fidelidad a un hombre con un matrimonio de 10 años. Desde ese día su corazón se rompió.

Por eso cuando su madre le propuso ganar algo más que un secreto, ella aceptó. Estafar hombres luego de que saciaran su cuerpo con ella le pareció mejor que cualquier otra cosa. Eso hasta que una persona la hizo sentir de nuevo esas mariposas en el estómago. Alguien que ya había posado sus ojos en la mujer que ella sin darse cuenta más odiaba; en Darlene.

Darlene nunca se enteró que muchas veces Debby salió solo para expiar a Aiden. Porque ese joven la hacía sentir bien, en él no había malas miradas, solo una dulzura que ella quería, pero había un problema. Aunque Aiden la prefiriera a ella él seguía siendo un muerto de hambre y ella quería riquezas, quería poder. Quería que todos sepan quién era Debby Petrova.

¿Qué sintió cuando descubrió que era Darlene la mujer que él más amaba? Mucho odio hacia esa maldita mujer que parecía tener un hechizo para que los hombres la miraran como si quisieran bajarle la luna mientras a ella solo le daban miradas morbosas con las cuales tenía que lidiar todos los días de su vida.

Por eso le propuso algo a su madre: Vender a Darlene.

Antes de que la propuesta de Maddox llegara la opción era vender a Darlene a un lugar para que la prostituyan, esa perra se había salvado porque Maddox dio una buena cantidad que complació a todos los Petrova, porque por fin su existencia había servido para algo.

Debby se alegró porque escuchó que ese hombre era terrible, pero cuando descubrió que una vez más Darlene había tenido una vida buena, se enojó. Maddox no le encantaba, pero al menos ella quería ser follada por él. Quería probar por todos los medios que ella era mejor que Darlene. Que esa mujer no era nada en comparación con ella, aun utilizando aquello que había sido como una maldición para ella en los largos años de su vida; su cuerpo.

No le importaba nada con tal de destruirla, porque la odiaba.

—¿Que encontraste?—la pregunta de Darlene hizo que Maddox levante la vista para sonreír.

—Ella te detesta cariño—comentó divertido—quería venderte para que muchos hombres disfruten lo que es mío—ella miró a Debby quien seguía llorando—también amó a ese hombre que maté, ¿Cómo se llamaba?—preguntó con una sonrisa divertida al ver la mirada helada de Darlene—me enciende verte enloquecer cariño, es muy fácil—Darlene rodó los ojos y suspiro.

—¿Su miedo más profundo?—preguntó Darlene analizando qué haría con Debby.

—Que tú la superes en todo. Ella cree que es la mujer más hermosa, no soportaría que tú seas más hermosa y la superes. Creo que tiene serios traumas, yo esperaba algo más emocionante, que decepción—comentó Maddox haciendo una mueca mirando a Darlene.

—¿Y si le sacamos la lengua y que se ahogue con su sangre?—preguntó Darlene con una sonrisa.

—Sería muy rápido—Darlene sonrió divertida.

—Déjalo entrar, vamos a comenzar—Maddox chasqueó los dedos y un hombre vestido de negro se adentró—¿está bien afilada Maddox?—preguntó tomando la espada. Él asintió y Darlene se acercó al cuerpo de Debby.

Maddox se quedó mirando los movimientos de Darlene a la espera de lo que haría, Darlene acarició el talón del pie de Debby antes de que lo rebanara como si de carne se tratara.

El grito agonizante que soltó Debby la hizo sonreír. Darlene lanzó lo que cortó al aire viéndolo caer con gracia en el suelo. Eso antes de ir a su estómago y tocarlo por encima de la tela que utilizaba. La rompió con una sonrisa.

—¿Y si quitamos toda esta grasa?—preguntó tomando un poco de masa del vientre de Debby. Eso antes de cortarlo haciéndola llorar.

—Cúrala, no quiero que se desmaye del dolor—le dijo al hombre de negro.

—Estás loca, perra maldita—Darlene hizo una mueca y el hombre se alejó haciéndole saber que ya estaba lista. Maddox le lanzó una loción a Debby antes de cortar una cuerda y horrorizada Debby vio como ratas, arañas y serpientes caían sobre ella. Inmediatamente los ratones olieron empezaron a roer en el cuerpo de Debby quien se movía de manera incontrolada buscando quitarlos de encima de su cuerpo—¡Ayuda!—gritó sintiendo como su carne se abría y las serpientes mordían, los ratones roían su piel y las serpientes caminaban sobre su cuerpo. Estaba tan pálida que Maddox y Darlene esperaban a verla desmayarse.

—No sabía de esto—comentó Darlene mirándola removerse como las ratas sobre ella.

—Quería darte la sorpresa—ella le sonrió—de verdad tengo ideas increíbles—Darlene no lo puso en duda porque aquello le había gustado.

—¿Cómo conseguiste a ese hombre?—preguntó señalando el curandero de negro en una esquina.

—Para mí no hay imposibles Darlene—comentó sonriendo maléficamente. Darlene vio como la sangre se desplazaba en la mesa a medida que los ratones incentivados por lo que Maddox había lanzado roían sin parar.

Debby sentía que moriría en cualquier instante del dolor o que se volvería loca de sentir a esas cosas sobre su cuerpo, pero cuando miró a Darlene supo que no iba a terminar con ella aún.