Chapter 3: III
Alara había hecho más cosas en un fin de semana que en muchos años de su vida. Cosas que jamás se hubiera imaginado hacer. La experiencia la cambió y ahora entendía porque su padre era tan reticente a que ella viajara a la Universidad.
Alara meditó largo rato durante los días libres que tuvo, mirando el cielorraso con las manos bajo su cabeza como una almohada. Pensando y pensando en si debía atreverse a tomar decisiones tan radicales o debía conformarse con la comodidad y simpleza de una vida convencional. ¿Debía enfrentar la ira de su padre y trabajar durísimo por lo que quería o era más fácil seguir la corriente y tener una aburrida e infeliz existencia, pero sin riesgos o dificultades?
Finalmente se decantó por la primera opción. Era preferible arrepentirse de lo que hizo que de lo que no hizo. Temblaba de pensar en llegar a anciana preguntándose: ¿Y que tal si…?
Una vez tomada su decisión llegó Notta, primer día laboral de la semana estándar, se levantó bien temprano y llegó hasta la Facultad de Ciencias Políticas donde esperó a que Richard saliera.
Richard, por su parte, escuchaba aburrido a su viejo profesor de piel azul y cabello plateado vestido con una túnica blanca que dictaba la clase de Derecho Interplanetario 1.
—…y así fue como tras ponerle fin a la Guerra Viraki-Xith que había durado muchas décadas, se firma hace 17000 años el Tratado de Paz Viraki-Xith que convirtió a ambos pueblos en aliados y que inició un intenso proceso de cooperación mutua. Pero un caudillo guerrero de una de las tribus Xith se opuso a la paz con sus enemigos históricos y tras matar al Prior (algo insólito en la sociedad Xith hasta la época, en que la autoridad del Prior como jefe tribal y sacerdote era incuestionable) tomó su tribu y varios clanes aliados y escaparon del Planeta Xith colonizando Orión, iniciando una carrera bélica expansionista que sometió a otras especies menos desarrolladas y fundando así el Imperio Anaki. Posteriormente los Viraki y Xith contactarían con los Teluni, una de las civilizaciones más antiguas y avanzadas tecnológicamente de la Galaxia quienes descubrieron el viaje interestelar hace cerca de 30.000 años y que, fascinados por la cooperación entre Xith y Viraki decidieron compartir con ellos sus avances médicos y tecnológicos. Estos tres mundos serían aliados entre sí y enemigos de los Anaki por milenios con varios enfrentamientos con el Imperio hasta que hace mil años se funda la Confederación con la firma del Tratado de Talos suscrito por los tres miembros fundadores; los Xith, los Viraki y los Teluni en la luna Viraki llamada Talos… —Richard miró casualmente por la ventana y observó a Alara esperando sentada en una de las bancas frente a la Facultad y se distrajo de las palabras del profesor, hasta que sonó el timbre que anunciaba el final de la lección. —…No olviden que su asignación para la próxima clase es traer un ensayo que analice las repercusiones políticas y jurídicas del Tratado de Talos —les recordó el profesor.
Richard se dirigió de inmediato a encontrarse con Alara.
—¿No te has olvidado de mí? —le preguntó ella mientras él emergía de entre las entrañas del edificio. Richard sonrió.
—¡Por supuesto que no!
Alara se le aproximó, le plantó un beso y dijo:
—Si algún día quieres tener una relación seria de verdad, olvídate de esa Viraki y ven a buscarme.
Dejando al humano desconcertado, Alara se dirigió a la Sede Local de la Academia Militar en Telunen , el planeta vecino de Telunen y que estaba completamente colonizado por los Teluni. Llegó al escritorio principal y declaró:
—¡Quiero enlistarme!
El soldado en el escritorio de recepción era un Teluni vestido con el clásico uniforme azul de la Confederación. Se aclaró la garganta y le dijo:
—El Ministerio de Defensa aplaude su entusiasmo, Señorita, pero no es tan sencillo. Para ser admitida en el ejército primero debe pasar por la Academia y para ello debe realizar algunas pruebas físicas y psicológicas.
—No hay problema, quiero hacerlo.
—Muy bien —dijo entregándole una información en papel— aquí están las fechas en que se realizarán las pruebas. Será en dos meses estándar. Asumo que usted está estudiando en la Universidad Teluni.
—Así es. Estudio Psicología pero quiero ser militar.
—Puede ser las dos cosas. En la Academia se imparten diversas disciplinas científicas conjuntamente al entrenamiento, y de hecho necesitamos personas con preparación en psicología para que asistan en el manejo de personal y la atención de los posibles traumas que pueden producir las campañas bélicas. Le recomiendo que continúe sus estudios en Psicología y luego podrá convalidarlos en la Academia.
—Genial. Me sigue gustando la Psicología de todos modos.
—Suerte, Señorita, y espero que sea admitida.
Y así sucedió. Alara fue admitida en la Academia dos meses después. Para ese entonces su dormitorio estaba decorado con muchos muebles, afiches de grupos musicales de su predilección, un altar a los dioses Xith y una repisa sobre la cual colocó las fotos de ella y Richard Sevilla —quien era su novio desde hacía algunas semanas— así como algunos de los regalos que él le había hecho, mayormente cosas simples como peluches y flores. El otro lado de la recámara seguía siendo el capullo mocoso.
Pero ahora tenía que mover todo su mobiliario y objetos personales para llevarlos hasta la habitación que le fue asignada en las instalaciones de la Academia Militar. Sus amigos Zum, She’mu y Blur, y su novio Richard le asistieron. Y, aunque ya no iba a estudiar en la Universidad Teluni, sólo le tomaba unos minutos viajar de Telunen a Telunen .
Academia Militar Confederada, Planeta Telunen , seis semanas después.
Alara se encontraba rodeada de otros cadetes como ella formando una hilera que disparaba sus rifles láseres contra blancos holográficos móviles.
—Cadete Althar —le dijo el instructor, un viejo y curtido capitán Viraki, y Alara dejó de lado su arma y se colocó en posición de firme diciendo:
—¿Sí, señor?
—Descanse. Permítame felicitarla, su puntería ha mejorado notablemente en cada una de las prácticas de tiro.
—Gracias, señor.
—Y revisé también su desempeño en los ejercicios de vuelo de ayer y permítame decirle que es impresionante. Realmente posee usted un talento innato para pilotear naves de guerra.
—Gracias, señor.
—Siga así, Cadete, y llegará lejos en la Milicia.
—Sí, señor.
—¡Cadetes! —llamó el Capitán a todos sus educandos y estos detuvieron sus disparos, presentaron armas y se pararon firmes frente a su instructor. —¿Se divirtieron disparando?
—¡Señor, sí, señor! —respondieron al unísono.
—Bien, bien. Es todo por hoy, pueden irse a sus barracas. Descansen, porque mañana tendremos una dura práctica con equipos de realidad virtual donde simularemos una batalla en tiempo real.
—¡Señor, sí, señor!
—¡Ya lárguense de aquí! —terminó de decirles con un gesto manual y las filas se rompieron.
Fuera de las horas de entrenamiento la relación entre el instructor y los cadetes era un poco más informal y flexible, si bien se mantenía una cierta distancia. En todo caso Alara tenía que esperar a Richard quien la iba a visitar ese día y aprovechó para conversar un rato con el veterano capitán que la acompañaba en la entrada principal de la Academia, contándole algunas anécdotas jocosas de sus épocas de servicio militar que la hacían reír.
Richard finalmente llegó y Alara los presentó animadamente.
—Capitán Ka’tar, él es mi novio Richard Sevilla, Richard él es mi instructor el capitán Ka’tar.
—Mucho gusto, señor —le dijo Richard recibiendo un apretón del militar que lo sacudió todo.
—Igualmente, muchacho. Cuide mucho a esta chica porque tiene potencial. Algún día será una gran oficial.
—Eso sin duda —reconoció Richard— estoy muy orgulloso de ella.
—Y… —agregó dándole unos codazos y guiñando un ojo— no la canse demasiado, necesita estar fresca mañana…
Tanto Richard como Alara ignoraron esa petitoria y se fundieron esa noche en una apasionada faena sexual dentro del diminuto, pero al menos individual, dormitorio designado para ella. Ya antes habían hecho el amor muchas veces pues Alara decidió perder su preciada virginidad con Richard muy poco después de volverse novios formales. Alara encontró que la actividad sexual previa a un pesado entrenamiento de alguna manera le mejoraba notoriamente su desempeño.
—¿Sabes, Alara? —le dijo Richard mientras ambos se abrazaban desnudos y ella tenía su cabeza sobre su hombro— en dos meses terminan las clases tanto en la Universidad como en la Academia y comienzan las vacaciones de fin de año estándar.
—Lo sé.
—Asumo que irás a tu casa ¿no?
—Por supuesto.
—Sabes que tu padre se enterará tarde o temprano de todo ¿no?
—Sí, sí… lo sé… ¡Por los dioses que lo sé! —suspiró— pero todavía no tengo idea de que voy a hacer…
En efecto el año lectivo finalizó y los estudiantes dejaron las aulas y se encaminaron de regreso a sus planetas de origen. Alara obtuvo calificaciones excelentes dentro de la Academia y le dieron un reconocimiento formal, pero no disfrutó de la ceremonia porque seguía ensimismada y preocupada por la reacción de su padre. Se introdujo a la nave espacial que la llevaría a Xith y siguió meditando sobre aquello todo el camino hasta que estuvo en la órbita de su mundo natal. Ya a este punto se despreocupó del asunto y decidió que no tenía más opción que decírselo todo, y preferiblemente de una sola vez.
Sus padres la recibieron en el puerto espacial con muchos abrazos y besos, preguntándole como le había ido en la Universidad y ella dispensaba respuestas lacónicas. Atravesaron el desierto hasta la pedregosa pero cómoda y perfectamente acondicionada casa donde vivían, en cuyo interior había unos suaves almohadones sobre un suelo alfombrado que utilizaban tradicionalmente los Xith para sentarse.
—Tengo tres noticias que darles, y será mejor que se sienten.
Sus padres acataron. Alara sabía que su madre era una mujer comprensiva y amorosa que, de no ser por la devota obediencia que le promulgaba a su padre, aceptaría sin cuestionar sus decisiones. En cambio de su progenitor podía esperar cualquier reacción… sólo rogó que no sacara su viejo rifle láser de la vitrina y le volara la cabeza.
—¿Sucede algo malo, hija? —preguntó su madre en tono preocupado.
—No realmente. Simplemente quiero informarles de las decisiones que he tomado y que no son sujetas de debate.
—¿¡Que!? —preguntó su padre ya algo irritado…
—Papá, quiero que sepas que te amo y te respeto y siempre lo haré, pero ya he tomado las riendas de mi propia vida. Sé que no aprobarás lo que te comunicaré pero tendrás que aceptarlo porque no cambiaré de opinión. Primero, sé que has sido partidario del Bloque toda tu vida, como tu padre, y tu abuelo y tu bisabuelo, etcétera, pero yo no. Ahora soy simpatizante de la Coalición e incluso participé de actividades organizadas por su Juventud.
—Me decepcionas —dijo malencarado pero tranquilo— siempre pensé que eras más inteligente y que no te dejarías engatusar por las mentiras propagandísticas de la izquierda. ¡Pero en fin! ¡Has lo que quieras!
—Lo otro que debo decirles es que a principios de este año dejé la Universidad Teluni e ingresé a la Academia Militar.
—¿¡QUE!?
—Sí, papá. Quiero ser militar y de hecho mis superiores están muy complacidos con mis capacidades. Soy la primera en mi clase.
—¡Por los dioses! ¡Alara! —clamó— ¡Una mujer Xith no debe ser militar! ¡Eso está estrictamente prohibido en los Libros Sagrados…!
—¡Por favor, papá! ¡Deberías sentirte orgulloso de tu hija! Estoy siguiendo tus pasos.
—Bueno, bueno… está bien… —reconoció más calmado— de todas maneras cuando veas la dureza de la vida militar vas a volver a la realidad.
—Eso lo veremos, papá. Ahora va la última noticia que tengo que darte…
—Pues sea lo que sea ya no puede ser nada peor…
Alara se aclaró la garganta pensando “Espera y verás”
—Tengo novio —dijo y su padre quedó boquiabierto y con los ojos desorbitados— y es… es humano. Se llama Richard Sevilla y es el hijo del famoso líder sindical coalicionista Francisco Sevilla. Tenemos ya casi un año de salir y lo amo. Debes de saber que aún sin tu aprobación voy a seguir viéndolo y sólo los dioses saben que sucederá en el futuro. Ya no soy una niña y tomaré las decisiones que me plazcan. Eres libre de aceptarme o no, es tu decisión. ¿Has comprendido, papá? ¿Papá? ¿¡Papa!?
—Hija llama al médico, tu padre sufrió un desmayo…