Chapter 2: II
Richard Sevilla vivía en los Dormitorios Orientales ubicados al otro extremo del campus de donde residía Alara. Cuando no asistía a clases, a reuniones del Concejo Estudiantil o a las de la Juventud Coalicionista, se dedicaba principalmente a la fiesta con sus amigos que, usualmente, se realizaban en el área de recreación de los Dormitorios. El mobiliario del lugar consistía mayormente en sillones y algunas mesas y tenían un enorme monitor en la pared por donde se transmitían programas de televisión. Esa noche, y tras el mitin, realizaron uno de estos habituales agasajos con música estridente, toneles de licor que parecían inagotables, un montón de comida chatarra, carne asada y, por supuesto, muchas, muchas, muchas mujeres.
—¿Cómo dices que se llama esto, Richard? —preguntó uno de sus amigos, un Teluni muy gordo y de metro sesenta y cinco (lo que era algo para un Teluni).
—Cerveza, estimado Blur.
Blur se tragó la exótica bebida terrestre y la encontró estimulante.
—¡Esto si es buen intercambio cultural!
Richard sonrió y le dio algunas palmaditas en la espalda a su amigo. Blur siempre había sido considerado tonto entre los Teluni, principalmente porque cuando era niño en la escuela no podía diferenciar un cuark de un leptón y nunca fue capaz de polimerizar adecuadamente un filamento petroquímico. Incluso en la universidad sólo cursaba dos carreras; ingeniería genética y bioquímica. Sus padres siempre estarían muy avergonzados si Blur únicamente sacaba dos doctorados.
—¡Bueno, bueno! —dijo She’mu, un Viraki de casi dos metros que más parecía una masa de músculos que una persona, y cuyo cabello azul oscuro era tan rizado y enmarañado como la barba en su rojo rostro. —¿Cuándo vienen el resto de mujeres?
—Pero si hay como dos por cada hombre aquí en este momento —adujo Richard.
—¿Sólo dos? —preguntó el Viraki como indignado— ¡Que escasez! Haré algunas llamadas.
De todas maneras, Richard tenía novia. ¡Y que novia! En cuanto Sai’lin entró al salón atrajo las miradas de todos los hombres presentes, y algunas mujeres. La muchacha se aproximó a su novio y le estampó un apasionado beso.
—Tengo una buena noticia para ti hoy, amor mío —le dijo Sai’lin una vez que separó sus carnosos labios y extrajo su lengua de la boca de Richard.
—¿E… en serio? —respondió Richard algo aturdido por el efecto del beso.
—Sí. Recibí un mensaje de parte del Presidente de nuestro entrañable partido —dijo enrizándose uno de sus azulados cabellos con el dedo— quien según me dijo está muy contento con los buenos resultados de la manifestación de hoy e incrementará nuestro presupuesto en un 25%. Más que suficiente para financiar la capacitación que queríamos.
—¡Ah! ¡Eso hay que celebrarlo! —declaró She’mu llenando de nuevo su jarra — ¡Todos bebamos algo de esta bebida terrícola cuyo nombre no recuerdo!
A la fiesta en los Dormitorios Orientales llegaron Alara y Zum en uno de los tranvías que conectaban mediante puentes tubulares todo el campus. Cuando Alara observó aquella multitud de jóvenes emborrachándose, bailando ante música electrónica estridente, o entrelazados eróticamente en apasionados besos, titubeó sobre su determinación de asistir a esa fiesta.
Zum pareció adivinar sus pensamientos.
—Ni siquiera piensas en devolverte a tu apartamento en los dormitorios femeninos.
—¿Dormitorios femeninos?
—¿No lo sabías? Los Dormitorios Occidentales son sólo para mujeres, los Dormitorios Orientales sólo para hombres y los Dormitorios Centrales para los hermafroditas.
Así fue como Alara supo que su compañera de habitación era una Chax hembra.
En el interior del edificio, Richard y Sai’lin se comían a besos sobre uno de los sofás y la Viraki estaba a horcajadas sobre el humano. She’mu y Blur observaban desde el desayunador a las muchachas asistentes.
—Quiero ligar algo hoy —aseguró Blur.
—Yo también —dijo She’mu.
—Para ti es fácil decirlo, eres Viraki, sólo tienes que encontrarte con alguien de tu especie.
—Pues sí, eso sí —reconoció él, luego le dio una palmada en el pecho a Blur. —¡Un momento! ¡Mira! ¡Carne fresca!
Los dos universitarios miraban a Alara y a Zum que acababan de cruzar la puerta principal y se dirigieron de inmediato a conversar con ellas.
—Hola ¿Cuál es tu elemento químico favorito? —preguntó Blur a Zum.
Ella lo pensó algún tiempo y luego dijo:
—El argón. En general me gustan todos los gases nobles, pero mi color favorito es el azul y por eso me gusta el argón. ¿Cuál es tu elemento?
—El sodio. Siempre lo he encontrado como un elemento muy rebelde porque no se lleva con el oxígeno ni con el agua.
—Interesante —dijo Zum tomándolo del brazo y ambos se alejaron a conversar entre ellos, lo que dejó a Alara sola con She’mu.
—Hola —dijo él con una sonrisa lobuna y una mirada como la de un depredador hambriento.
—Eh… ho… hola —respondió Alara tímidamente.
Dos horas después She’mu conversaba de política con Alara, aunque le colocaba la mano en el hombro y en la cintura sin que esto tuviera nada que ver con las gestiones presupuestarias del gobierno.
Sus avances fueron interrumpidos por la llegada de Richard Sevilla con Sai’lin bien abrazada a su lado.
—Oye, She’mu —le dijo— ¿Quieres ir al Sistema Pherkad?
—Richard, Sai’lin —presentó She’mu— ella es Alara Althar.
—Mucho gusto —respondieron ambos sonrientes.
—¿Por qué abríamos de ir al Sistema Pherkad? —consultó el Viraki.
Richard sacó de su bolsillo un paquete con unas tabletas que Alara contempló con los ojos casi desorbitados. ¡Ambrosía! Un narcótico estimulante ilegal. El humano se tomó una de las píldoras y le dio una a She’mu y a Sai’lin que las probaron como si fueran golosinas.
—¿Quieres? —dijo ofreciéndole una y Alara negó con la cabeza, algo espantada. Richard guardó las drogas en su bolsillo y le contestó su pregunta a She’mu. —Pues porque es divertido. De por si, mañana es Dronna y no hay clases.
—Tienes razón —respondió She’mu acariciándose su rasposa barba.
—¿Qué hay de interesante en el Sistema Pherkad? —preguntó Alara.
—Pues es un sistema vecino —explicó She’mu— famoso por sus casinos, bares y otros lugares de sano esparcimiento. Está a dos horas de distancia por el hiperespacio. Ven con nosotros…
—No sé…
—Tu amiga Zum va a ir —anunció Sai’lin.
—¡Anda! —insistió— ¡Ven con nosotros! Estos son los mejores años de tu vida, no los desaproveches.
—¡Está bien!
Y así, los seis individuos se introdujeron a una nave interestelar de tamaño pequeño con la cual dejaron atrás el Sistema Telunen introduciéndose a un pasadizo interdimensional que los llevaría hasta el vecino Sistema Pherkad.
En las lunas del planeta Pherkad se encontraban los más reconocidos locales para la diversión. Los seis estudiantes bailaron en discotecas, apostaron en casino y bebieron en… bueno en todo lado.
—Les aseguro que la Coalición va a ganar las próximas elecciones —decía Richard a sus amigos botella en mano mientras todos se sentaban en una de las mesas rodeados de música a alto volumen y efectos luminosos producidos por láseres y hologramas. —Si no ganamos la Confederación está perdida. ¡No podemos seguir llevando palo con la derecha!
—Mira, hay que ser claros —argumentó She’mu— los coalicionistas perdimos las últimas elecciones parlamentarias de hace un año después de varios períodos consecutivos de haber ganado. Todos sabemos de quien es la culpa. ¡Nuestros líderes son unos ineptos! Las campañas publicitarias son débiles y los candidatos a Primer Ministro siempre medio patean con la derecha. Así las cosas perderemos las próximas elecciones también.
—Es verdad —dijo Sai’lin— necesitamos líderes nuevos y más frescos que atraigan al electorado joven e independiente. Como Richard, por ejemplo. Les apuesto a que este hombre algún día será Primer Ministro de la Confederación…
Richard sonrió con falsa humildad.
—Pues tendrá una Primera Dama muy sexy —auguró Blur. Sai’lin le agarró el mentón a su novio y le estampó un impúdico beso y Alara sintió un retortijón en el estómago.
—Disculpen —dijo uno de los androides saloneros— pero el bar a sido reservado por el día de hoy.
—¿Reservado? —preguntó Richard extrañado— ¿Por quien?
—Por la princesa Emlu de Sarconia —explicó amablemente el mesero.
—Cierto —comentó Sai’lin— esa pedante estudia ciencias políticas en la Universidad Teluni. He cursado varias materias con ella. ¡Uy! ¡Es una maldita! ¡La odio!
—Les agradeceremos que desalojen el local y les haremos una rebaja en la cuenta por las molestias —continuó el mesero.
—¡Maldita sea! —rabió Richard— ¡Esto es injusto!
—Siempre los ricos abusando de su poder —adujo tristemente She’mu y sin discutir más se levantaron de su mesa. Conforme salían del establecimiento un Xith narizón de rostro pedante rodeado de dos Teluni, un humano regordete y una humana rubia que parecía recién salida de algún costoso tratamiento estético, dijo:
—¡Que suerte! ¡Ya sacaron la basura!
Sus acompañantes estallaron en carcajadas.
Richard se devolvió y lo encaró. Quien había hablado era su rival, el Presidente de la Juventud Bloquista junto a sus compinches. Todos de clase alta.
—Cuida tu lengua, Yaroth —le dijo al Xith amenazadoramente— la vas a necesitar para chuparle el trasero a la princesita ¿no?
Ahora fueron los amigos de Richard los que rieron.
—Eres bueno para hablar, Sevilla —aseguró Yaroth acercándosele tanto que sus rostros casi se tocaron— pero en el fondo eres un resentido social que busca venganza por la muerte de tu padre.
—Y tú, Yaroth, eres un niño mimado que se oculta tras la abultada billetera del suyo.
—Te diría que arreglemos esto afuera, pero tengo entendido que los coalicionistas son unos pusilánimes que se oponen a la violencia.
—Al contrario, nos encanta usarla, pero sólo contra los atorrantes como tú. Vamos…
Dicho esto los dos grupos salieron del local, aunque Alara aferraba el brazo de Zum aterrada como si su amiga le sirviera de asidero contra el miedo. Una vez afuera Richard y sus amigos —incluyendo a Sai’lin— se enfrentaron a golpes con Yaroth y los suyos hasta que la luz y el sonido que alertaban la proximidad de las aeropatrullas policiales los hizo parar y correr lejos en direcciones opuestas.
Alara y Zum, que no habían participado de la refriega, siguieron a sus amigos hasta un área de cráteres casi vacía y sin edificios cerca. Allí se detuvieron a recobrar el aliento jadeantes y exudando adrenalina.
—¡Increíble! —exclamó Alara— ¡Jamás pensé que las juventudes de los partidos Confederados se agarraran a golpes!
—Y no es la primera vez —dijo Richard acariciándose doloridamente el mentón— les hemos dado buenas palizas… lástima que nos interrumpieron.
—¿Tienes más ambrosía? —preguntó Blur y Richard extrajo de su bolsillo más droga que entregó a todos sus acompañantes menos a Alara.
—Ahora si te aceptaría una —dijo esta y Richard le entregó una tableta…
El efecto de la droga enervó la sangre de Alara y le obnubiló la mente. Casi sentía que el universo mismo vibraba a un ritmo diferente y espectral. Era como si todo a su lado se moviera estrambóticamente, los colores fueran más brillantes, las estrellas tintinearan de acuerdo a patrones misteriosos que comunicaban extrañas claves… un sinnúmero de pensamientos excéntricos cruzaron por su cerebro intoxicado.
Alara bailó y cantó en medio de los cráteres y tuvo algunas revelaciones asombrosas sobre la naturaleza del Cosmos (o al menos eso creyó) y finalmente el efecto de la droga se disipó un poco. Para ese momento era casi de mañana (cronológicamente ya que en dicha luna siempre era de noche), She’mu se había resignado a que no se la ligaría y había partido en busca de una nueva cacería, Zum y Blur se sumieron en un apasionado encuentro sexual dentro de la nave. Richard, que había tenido sexo innumerable cantidad de veces con Sai’lin, prefirió en aquella ocasión conversar con su nueva amiga venida del Sistema Sirius.
—¿Cuántos planetas has visitado, Richard? —le preguntó ella mientras ambos se recostaban en un cráter y observaban el estrellado horizonte.
—No sé, la verdad, perdí la cuenta. Cuando era niño acompañaba a mi papá en sus giras a través de toda la Confederación cuando se reunía con trabajadores y políticos y después de que murió, mi madre y yo nos refugiamos en Marte por un tiempo. Cuando la situación se normalizó volvimos a la Confederación pero mi madre obtuvo un trabajo como embajadora así que igual viajaba constantemente. Creo que he conocido gran parte de la Galaxia, debo haber visitado cientos de sistemas diferentes…
—¡Asombroso!
—¿Y tú?
—Antes de entrar a la Universidad nunca había salido de mi sistema solar. Las únicas veces en que dejaba mi planeta era cuando realizábamos vacaciones familiares a alguna de las colonias Xith en el mismo sistema. Telunen fue el primer mundo fuera de mi sistema que visité. Y esta luna es el tercero.
—Eso suena casi increíble para mí.
—Pues para mi suena increíble lo tuyo. Y dime, ¿desde hace cuanto eres novio de Sai’lin?
—Dos años.
—Ella es muy guapa.
—Gracias, lo sé. ¿Tú tienes novio?
—No.
—Imagino que es porque tu padre no lo aprueba.
—Sí, correcto, veo que estás familiarizado con la cultura Xith.
—Un poco, sí.
—Tú si has tenido muchas novias, ¿no?
Richard miró hacia el cielo, como evadiendo la pregunta pero el escrutinio de Alara lo hizo confesar.
—Sí, la verdad he tenido ya muchas novias. Y dime ¿por qué estudias psicología? —preguntó ansioso de cambiar el tema.
—Pues… no sé…
—¿No lo sabes?
—No, realmente. Me gusta la psicología pero… no estoy segura que sea lo que quiera hacer por el resto de mi vida.
—Pues yo amo la política. Por eso estudio ciencias políticas. ¡Me apasiona y quiero dedicarle a eso cada minuto que estoy despierto! Es mi vocación. Quiero luchar por mis ideales y hacer de la Galaxia un lugar mejor. Hay demasiada injusticia social.
Alara lo miró, nuevamente abrumada por la oleada de atracción que sentía por ese muchacho idealista.
—¿Qué te apasiona, Alara? —le preguntó Richard— porque tienes que escoger una profesión que te enloquezca ya que te dedicarás a ella toda la vida.
Alara lo pensó largo rato. Siempre había tenido ese anhelo en su corazón pero lo había descartado como un sueño imposible, sin embargo la charla con Richard la había inspirado. Después de todo, ahora sabía que lo imposible podía hacerse realidad…
—Ser militar…
—¿Militar? —inquirió Richard atónito. —¡No me lo habría esperado!
—Sé que eres pacifista y estás en contra de los militares…
—No, no, yo no estoy en contra de los militares. Los admiro mucho por su entrega y su valor al defender a la Confederación que, con todo y sus defectos, es la organización política más ideal de la Galaxia. Estoy en contra de los políticos corruptos y oportunistas que utilizan al Ejército de la Confederación para sus fines espurios. Creo que si realmente quieres ser militar deberías serlo.
Alara rió lóbregamente.
—¡Jamás podría! Mi padre no admite siquiera la idea de que una mujer Xith sea militar.
—Yo respeto a todas las culturas confederadas, Alara, pero déjame decirte que, si en verdad quieres ser militar, nadie tiene derecho a impedírtelo…
Dicho esto Richard y Alara se miraron fijamente y por algunos momentos ella se sintió tentada a besarlo. Luego recordó que él tenía novia… pero… ¡Ya había roto muchas reglas ese día!
Así que Alara se atrevió y le estampó un beso a Richard, quien sorprendido al principio, luego correspondió. La reciprocidad de Richard le encantó a Alara sumiéndola aún más en su idílico atrevimiento.
Finalmente, separó sus labios de los de Richard. ¡Aquel había sido su primer beso! Complacida miró hacia otro lado y se topó de frente con Sai’lin que los contemplaba, con gesto curioso.
Alara cerró los ojos esperando alguna reacción airada de la muchacha pero esta simplemente dijo:
—Creo que es hora de volver, chicos. Los estamos esperando en la nave.
Dicho esto la joven se dio media vuelta y se dirigió al vehículo sin mostrar ninguna irritación por lo sucedido.
—Así son los Viraki —explicó Richard a Alara mientras se levantaba y luego ayudaba a su interlocutora a incorporarse ofreciéndole su mano— ellos no creen en la monogamia.
—¿Quieres decir que ella y tú… se acuestan con otras personas?
—Ella, más frecuentemente que yo. A mi manera soy una persona que busca algo más formal en una relación de pareja. Pero no correcto juzgar la cultura tradicional Viraki o intentar cambiar sus costumbres.
—Pero no estás contento…
—No del todo —confesó ya cuando casi llegaban a la nave lo que le pareció muy interesante a la joven Xith.