Chapter 4: Cap. 3

Samara lucha para quitar la mano que presionaba su boca fuertemente, se estaba ahogando con su propio vomito, el hombre retira su mano haciendo un gesto de guardar silencio, Samara tosía tratando de recuperar su aliento y algo de aire para poder respirar, cuando Samara por fin presta atención a su salvador, se da cuenta de que era el herrero de los establos. ─ Gracias ─ dijo Samara aun con voz entrecortada y algo ronca, aun tratando de respirar; el herrero asiente, ¿Qué rayos hacía el herrero de los establos en la casa?, de todas maneras no importaba, lo que importaba era que la había salvado de ser devorada por su padre, el herrero asiente en aprobación sujetándola por los hombros con ternura, luego su agarre fue volviéndose más fuerte y apretado, lastimando sus brazos, Samara se da cuenta de que el rostro del herrero, su mirada se fueron volviendo vacuos, sombríos, cruzando sobre sus labios una sonrisa ansiosa y maníaca; bruscamente el herrero aferra contra su duro cuerpo a Samara, tratando de evitar todo movimiento.

Entre el forcejeo, Samara recordó un obsequio que le fue dado por su hermano Tristán en uno de sus viajes. ─ Cierra los ojos, hermanita ─ dijo su hermano después de haber sido recibido con los brazos abiertos por su hermana, Samara cierra los ojos emocionada, ella sabía de que recibiría un obsequio de su hermano como siempre lo hacía de regreso de sus viajes, ¿Qué será esta vez?, cuando sintió por fin el objeto frío en sus manos, abrió los ojos y arrugó el ceño por tan extraño obsequio. ─ ¿Un colmillo? ─ un gran colmillo blanco, tan blanco como la nieve, un blanco como si nunca hubiera sido usado, brillante, pulido. A pesar de ese detalle, Samara arruga la nariz en un gesto de desaprobación y grima por el extraño regalo en su mano, un colmillo que medía unos veinte centímetros. ─ ¿Para qué quiero un colmillo? ─ Perteneció a una bestia que maté ─ dijo su hermano algo nervioso. ─ Creí que te gustaría, lo maté con mis propias manos ─ ¿Y esto es lo que me traes? ─ Me gustó, y esperé que te gustara, era extraño ya que no era una bestia común, nunca la había visto y sus colmillos… ─ dijo su hermano haciendo énfasis arrugando su ceño recordando aquel momento algo extraño. ─ Lo acepto, ya que viene de ti, de tu caza y arriesgaste tu vida por traérmelo y eso lo valoro muchísimo y… ─ ¿Y? ─ Porque te amo y eres mi hermano ─ dijo Samara con una tierna sonrisa juguetona, Tristán esboza una sonrisa con la mirada llena de brillo y amor por su hermana levantando su mentón con solemnidad.

Después al pasar de los días, Samara no sabía qué hacer con el colmillo, inesperadamente en sus días de paseo por los jardines, se topa con Couslan que aparecía en los momentos más extraños de su vida, siempre sorprendiéndola, asustándola, pero esta vez fue él, el sorprendido. ─ ¿Qué es eso? ─ pregunta Couslan con el ceño fruncido, intrigado por el extraño objeto en la mano de Samara. ─ ¿Esto? ─ Si ─ Un colmillo ─ (resoplido), Ya lo sé ─ Entonces, ¿Por qué preguntas? ─ replica Samara sacando la lengua. ─ ¿De dónde lo sacaste? ─ Mi hermano me lo dio ─ Couslan se lo quita de las manos y Samara lucha en protesta para que se lo devuelva, en cambio Couslan se reía burlándose de sus intentos e inesperadamente se detiene un momento contemplando el colmillo, como si se hubiera hipnotizado por el regalo. ─ Es hermoso ─ Dámelo Coulan… (Gruñido), da-me-lo ─ ¡Tengo una idea! ─ dijo Couslan con brillo en sus ojos. ─ Dámelo y después mi dices tu idea ─ espetó Samara con el ceño fruncido apoyando su peso en una pierna, dando golpecitos de impaciencia con el otro pie, una mano sobre su cadera y su otra mano extendida demandado que su colmillo fuese entregado. Couslan se lo regresa rodando la mirada dejándola en blanco. ─ ¿Qué tal si se lo llevo a mi padre? ─ ¿Para qué? ─ pregunta Samara arrebatando de las manos de Couslan el colmillo. ─ Él sabrá qué hacer. Es un artesano experto ─ Samara sopesó la idea, después de un par de latidos, le entrega el colmillo, una semana después, Couslan le entrega el colmillo, forjada y formada en un puñal blanco con cacha de marfil, Samara queda fascinada por el trabajo que había realizado el padre de Couslan. Detalla el puñal hecho con el colmillo, entrecerrando los ojos de manera inquisitiva. ─ Solo le falta algo ─ (resoplido), ¿Ahora eres una experta? ─ Tengo mis trucos ─ espetó con divertida arrogancia. En la noche, Samara le hizo unos grabados al puñal en la hoja; al finalizar su trabajo, contempla el puñal como si la obra hubiera sido al fin completado, observó con una sonrisa de aprobación y llena de satisfacción, sin embargo, los grabados eran extraños, ella no los entendía, nunca los había visto, no obstante, le parecían familiares, los grabados bailaban en su cabeza tan claras, que no pudo evitar plasmarlos en el puñal, siempre mantuvo oculto el arma a la vista de sus padres.

Ese mismo puñal, ella lo mantuvo hasta ese momento en que su vida se vio amenazada por el herrero, sacó el puñal oculto en una funda de cuero de su muñeca, la cual, la manga de su vestido tapaba muy bien. Incrustó el puñal en la pierna del herrero poseído, los grabados brillaron con tal intensidad, que el lugar donde fue enterrado, ardió de tal manera que la herida comenzó a emanar humo, el herrero gritó de dolor desesperado cayendo de rodillas, aflojando el agarre de Samara; esta empuja con fuerza apartándose de él y se enfila otra vez a la carrera, el herrero se abalanza hacia Samara, pero ésta esquiva con facilidad para así el herrero caer estrepitosamente por las escaleras, un fuerte crack se escucha al final de la caída, el cuerpo del herrero queda inmóvil.

No se registró más bulla, ni de guardias a los alrededores, ningún sirviente, nada, Samara baja lentamente hasta el herrero, aun éste seguía tendido en el suelo, Samara se da cuenta que los ojos del herrero miraban fijamente a la nada con la cabeza en una posición imposible, estaba muerto, como pudo, Samara sorteó el inerte cuerpo tomando su puñal y en silencio salió de la casa, para su sorpresa, las calles de la aldea eran un total caos, gente corriendo de un lado otro, gritando, matando, mutilando y violando, incendiando sus hogares, el mundo se había vuelto loco; una mano la sujeta por la muñeca con fuerza y ella da un respingo acompañado de un jadeo por el susto. ─ Por aquí ─ era la voz de Couslan llevándola lejos del desastre, durante su carrera pudo ver como el tiempo se detenía. Mientras corría, pudo ver con alto detalle todo lo que pasaba a su alrededor, no pudo evitar sus lágrimas salir por todo el infierno desatado en la aldea de Bristol. ─ Hay que salir de aquí ─ dijo Couslan sin mirar atrás. Al llegar a un claro, lejos del caos y la desesperación, donde la bulla agónica sonaba ahogada y lejana, Couslan se detiene en un instante, se gira hacia Samara. ─ ¿Couslan? ─ dijo Samara con temor, tentativamente a que su amigo enloqueciera de repente, Couslan enmarca el rostro de Samara con sus manos, traga con dificultad, al parecer estuvo corriendo por todos lados para encontrarla, con su respiración agitada y empapado en sudor y suciedad. ─ Escúchame bien, Samara, tenemos que correr, no importa lo que oigas, no importa lo que pase, nunca mires atrás, ¿Me oíste? ─ Samara aun jadeando asiente con los ojos abiertos de par en par, estaba aterrada.

En el instante de que Couslan se gira para proseguir con su huida, una espada le atraviesa el pecho, Couslan emite un grito ahogado, el filo de aquella espada sale por su espalda, la hoja de la espada era tan negra como el ébano, la espada gira en el pecho de Couslan, éste da un jadeo agonizante, hasta que la espada sale de su pecho bañando el rostro de sangre a Samara, Couslan cae al suelo, Samara parecía no poder respirar, sus labios y todo su cuerpo temblando de terror, de pronto la luz del fuego que cubría la aldea en la lejanía o tal vez eran antorchas, no lo sabía, iluminó el rostro del hombre que acababa de asesinar a su mejor amigo, Darrel Morrel. Los pies de Samara se encontraban congelados, ella trataba de luchar contra el impulso de quedarse allí parada, quería correr, pero su cuerpo no respondía, Darrel se pasa una mano por su cabello suspirando de alivio. ─ Creí que nunca llegaría ─ Samara lo miraba con terror, su voz en su pecho se apagó ante la idea de que ella era la próxima. ─ ¿Estás bien?, ¿Estás herida? ─ Samara aun no podía hablar, Darrel le da una patada al cuerpo de Couslan corroborando si estaba bien muerto, cuando Samara vio el cadáver de su amigo, la sorpresa no pudo evitar que cayera de rodillas, los ojos de Couslan, ¿Dónde estaban?, no había nada allí, era como si se los hubieran arrancado, y su sangre, no era su sangre, era algo viscoso y negro, ¿Qué mierdas estaba pasando?

Darrel da la orden para recogerla, unos hombres le ayudan gentilmente a ponerse de pie, los ojos de Samara, fijos en la nada, hacían notar el estado de shock en que se encontraba, no forcejeaba, no luchaba por estar lejos, su hermoso cabello trenzado solo era un manojo de hebras escapadas de su peinado, su cuerpo tambaleante fue llevado dentro de una carroza, custodiada por muchos guardias con armaduras y armas raras, era la única forma en la que Samara pudo describirlos al momento de que un ápice de su cordura volvió a pisar la realidad, su primer pensamiento y fue una pregunta que se formuló en su mente antes de sumirse en la inconsciencia, ¿Dónde estás Tristán?.

Samara despierta en un dormitorio, obviamente no era el suyo, sin embargo le daba crédito por lo lujoso, acostada en una amplia y grande cama con dosel, con cortinas blancas y encajes dorados, sabanas de seda, un amplio ventanal que albergaba desde el suelo al techo, armarios y mesas de caoba pulida, contaba con su propio cuarto de baño, la habitación era casi el doble que su habitación, contaba con propio librero y cuarto de entretenimiento, un cuarto para una persona ostentosa, los pensamientos y las preguntas golpean a Samara trayéndola al presente, ¿Qué demonios hacía ella allí?, ¿Quién la llevó a ese lugar?, ¿De quién era éste lugar?, ¿Qué pasó con sus padres?, un nombre se le asomó en su cabeza, Darrel, en ese instante recordó todo aquel desastre en su casa, su padre devorando a su madre, el herrero poseído, y Couslan sin ojos, con su pecho atravesado y por último el rostro de Darrel preguntándole si se encontraba herida, por un instante creyó ver la preocupación en su rostro, pero las náuseas y escalofríos golpearon todo su cuerpo, Samara se levanta sentándose en la cama frotándose los brazos, se da cuenta de que la ropa que traía puesta no era la misma la que tenía cuando todo se fue a la mierda en su casa y en la aldea. Una bata blanca bastante decente, una simple bata para dormir y su cabello suelto; abrumada por los recuerdos y la sensación de pérdida, un sollozo golpeó en su pecho, no pudo creer que su propio padre haya devorado las entrañas de su madre como una bestia y haya querido matarla, su amigo Couslan, ¡Couslan!, ¿Qué le pasó?, ¿Dónde estaban sus ojos?

Dos toques a la puerta llamaron la atención de Samara cortando sus sollozos, miraba con incertidumbre a la puerta, pensaba la forma de defenderse o de escapar, pero lo único que hizo fue aferrarse a las sábanas. Una cabeza se asoma, una mujer mayor se asomó, a pesar de su complexión, era de la misma edad de su madre muerta en manos de su padre, ¡Dios!, pensando en que su madre había sido asesinada, era algo que no se podía asimilar a la ligera, mucho menos cuando el autor era Roland, su padre que se la devoraba, por tal recuerdo no pudo evitar que su estómago se revolviera. Tratando de desviar su atención de aquellos acontecimientos, se enfocó en aquella extraña que le sonreía, sin embargo ésta mujer era de piel oscura y hermoso rostro, sus ojos azul casi grises, le recordaron al mensajero-cazador. ─ Ya despertaste, niña, bien, supongo que tenéis muchas preguntas ─ ¿Dónde estoy? ─ fue la primera pregunta que soltó Samara, incluso antes de pensarla. ─ Estáis en la casa de la familia Morrel ─ la sorpresa y el pavor invadieron los ojos de Samara. La mujer entra cautelosamente a la habitación. ─ Tranquila, niña, estáis a salvo aquí ─ Samara mira a todas direcciones, buscando algo, el colmillo, ¿Dónde está el colmillo? ─ El joven Morrel desea verte ─ Samara detiene su búsqueda de inmediato. ─ ¿Darrel… quiere verme? ─ preguntó estrechando la mirada, la mujer asiente, ésta se dirige al armario sacando un sencillo vestido. ─ Será mejor que uséis esto, no creo que sea apropiado que llevéis un vestido para dormir para entrevistarse con el joven señor ─ la mujer tira en la cama un vestido blanco de algodón y seda con bordados dorados y nácar en la cintura y pecho ajustado al cuerpo, era de la talla de Samara, lo supo cuando se lo probó, ajustándose donde debía estar ajustado, a sus finas líneas y curvas de su delicado cuerpo, unas zapatillas haciendo juego esperaban por ella al lado de la cama. ─ Por cierto… soy Meredith ─ se presentó la mujer. ─ Mientras estéis aquí, yo seré su doncella asignada a su cuidado ─ Soy Samara ─ se presentó viéndose el vestido en el espejo, la mujer esboza una sonrisa contestando. ─ Ya lo sé, ahora, si me permitís, os déjeme guiar hasta el estudio del joven Darrel ─.

Darrel se encontraba sentado, sosteniendo un libro, parecía que la lectura le aburría, al notar la presencia de Samara, enarca el ceño con asombro. ─ ¡Samara! Te esperaba. Es curioso… que una joven como tu conozca éste tipo de… artefactos ─ dijo Darrel dejando el libro sobre la mesita, tomando en su lugar el puñal blanco, Colmillo, Samara observa su daga, sin embargo, se mantuvo impasible y silenciosa. ─ ¿Nada que decir?... ¿Sabes lo que significa?... ¿Quién te lo dio? ─ Solo fue un regalo de mi hermano, me lo trajo en uno de sus viajes, me dijo que se lo compró a un viajero que vende baratijas ─ Darrel se quedó un par de segundos reflexionando la respuesta de Samara estrechando la mirada sobre el puñal, de pronto… ─ No te creo. Si el vendedor supiera lo que hizo, te aseguro que hubiera pedido más por él ─ De seguro que el vendedor era un idiota, ¿Acaso sabéis cuánto cuesta? ─ No lo sé, ¿Tu si? ─ No, nunca le pregunto esas cosas a mi hermano ─ Solo aceptas sin más, sin saber de quien fue, ni cómo llegó a sus manos, creo que tu hermano sabe más de lo que te dijo ─ ¡Mi hermano no es un mentiroso! ─ No lo sé, ni me interesa ─ Devuélvemelo, es mío ─ Es muy poco… apropiado ver a una dama con un arma como ésta en su poder… creo que lo conservaré para tu protección… y la mía desde luego ─ comentaba Darrel contemplando la daga con fascinación e ironía. ─ ¿Por qué mataste a Couslan? ─ ¿Couslan?, ¡ah si!, el de la caballeriza. Ese muchacho ya no era tu amigo. Ya no ─ ¿Qué te hizo para que lo asesinaras? ─ Nada, pero él ya no era Couslan, tu misma lo viste ─ la imagen del cadáver de su amigo, le golpea su mente produciendo náuseas y arcadas. ─ Por favor, si vas a vomitar, que no sea en la alfombra, ¿Quieres? ─ el rostro de Samara empalidece sosteniéndose del barandal que daban hacia la parte superior del estudio, fulminándolo con la mirada.

Darrel avanza hacia Samara prosiguiendo su relato, Samara parece no entender lo que sucedía. ─ Esa gente, la gente del pueblo, ya no son ellos mismos, han sido… ¿Cómo lo diría?... tomados ─ ¿Tomados? ─ Si, ni sus cuerpos, ni sus mentes ya no les pertenecen, son esclavos y dan todo por quien los tomó, y ellos dieron sus vidas para entregarte, ninguno es tomado sin una buena razón o… un buen trato ofrecido, un trato muy tentador para dejarla pasar por alto a cambio de sus vidas, pero una vez que ya el trato está hecho, ya dejan de ser ellos mismos y se olvidan de todo, trato, precio… todo, solo sirven para su nuevo amo ─ Y ¿Cómo sabes tu todo eso?, ¿Acaso te ofreció algo? ─ No, y mi vida vale mucho para cambiarla por cualquier cosa que yo mismo puedo obtener por mis medios, y mi única cosa que anhelo es a ti, Samara ─ ¿Yo?... ¿Por qué? ─ ¿Aun no lo ves?, eres especial, Samara, y por ser especial, tu lugar es estar aquí, a mi lado ─ No le pertenezco a nadie ─ De hecho, tu padre cerró un trato conmigo antes de… ─ ¿Trato? ─ ¿He dicho trato?, que descuidado soy, (risa sardónica) ─ ¿Fuiste tu quien hizo que mi padre…? ─ los ojos de Samara desprendían furia y lágrimas. ─ No fui yo, el trato fue enviado a través de mi ─ Eres un maldito hijo de puta ─ dijo Samara entrecerrando los ojos, con las manos hechas puños y los dientes apretados. ─ (sonrisa socarrona) ¡Pero que palabras!, eso no es propio de una dama ─ Acabas de matar a mis padres y tu solo piensas en ti ─ Si, lo admito, soy egoísta ─. Un estruendo se hizo sentir desde las afueras de la casa, produciendo un ligero temblor, Darrel se sorprende por tal suceso, en cambio Samara sonríe maliciosamente. ─ ¿Te sorprende que te hayan traicionado?, es una pena que tu gente te haya dado la espalda solo por tenerme, tú mismo lo dijiste ─ ¡NO!, ¡Tú eres mía! ─ un guardia se asoma por la puerta rindiendo informe. ─ La muralla sur fue penetrada, no hay sobreviviente, mi Lord ─ otra explosión, otro guardia aparece a los pocos minutos informando sobre más cadáveres. ─ ¿Cuántos son? ─ Solo uno señor ─ ¡¿Uno?! ¡¿Es un chiste?! ─ No señor, es un hombre con una armadura plateada, los está matando a todos ─ ¡Deténganlo! ¡Ataquen con todo! ¡Quiero su cabeza! ─ otro fuerte temblor, Samara aprovecha la situación para abalanzarse sobre Darrel, empujándolo y tomar su daga, en lo que se enfila a la huida, nota al lado, un estante de armas y observa una fina espada con hoja negra y una empuñadura brocada en hilos de oro, los guardias buscan de detenerla, sin embargo, otro temblor hizo a los guardias tambalearse y así aprovechar de emprender la huida. ─ ¡ATRÁPENLA! ─. Samara corre por los pasillos sin saber siquiera adónde ir, se topa con Meredith, ésta la sujeta por los hombros, pero Samara fue más rápida, le apuñala con Colmillo por el costado, la daga comienza arder, Meredith grita en agonía aflojando su agarre, Samara no perdió el chance de empujarla y seguir corriendo.

Cruzando por un pasillo largo en dirección al patio, se topa con un hombre de armadura plateada que caminaba en su dirección con espada en mano, Samara se detiene resbalándose y cayendo sobre su trasero, se busca de arrastrar sobre su espalda para mantener una distancia segura de él, de pronto una gran cantidad de guardias hicieron acto de presencia para arremeter contra el hombre, Samara pudo ver cuan diestro era en combate; los despachó a todos dando giros y giros con su espada, cortando, rebanado, evitando, usando las espadas de sus contrincantes para defender y atacar, sosteniendo con su mano sus golpes y arremetiendo con la empuñadura, para luego atacar con las espadas de sus adversarios; dejando al final solo carne muerta a su alrededor. El hombre se acerca hasta Samara, ésta tiembla de pánico en el piso, no pudo reconocer al hombre detrás del yelmo, solo pudo ver aquellos ojos azules como el hielo brillar dentro, éste le tiende la mano, sin embargo, Samara le aparta y corre en dirección a los cadáveres, por donde había llegado aquel guerrero. Perdiéndose entre los bosques, Samara cae una y otra vez, tropezando con cuanta raíz se topaba, terminando con arañazos y golpes por todo su cuerpo; hasta que cae por un empinado barranco, quedando bien golpeada y mal trecha, como pudo se levantó y renqueando prosigue con su huida. La noche inclemente le abrumaba con el silencio, los gritos de los soldados luchando y muriendo, se silenciaron a través de la distancia, supo en ese momento de lo suficientemente lejos y perdida que se encontraba, sin más remedio, se acurruca a los pies de un árbol a llorar desconsoladamente al darse cuenta como su vida se había vuelto una mierda en un abrir y cerrar de ojos.

Una vez que su llanto se vio calmado y su respiración agitada por el miedo cesó, se comenzaron a sentir unos pasos de una armadura acercándose, ¿era el guerrero?, por más que quería saber, no quiso arriesgarse a equivocarse, así que con su respiración agitada y desesperada, se enfiló a la huida con el dolor penetrante en su pierna; levantando un poco la falda pudo ver una gran cortada en su muslo izquierdo, pero no era el momento de quejarse, ni de llorar; habría tiempo luego, una vez que estuviera a salvo, pero ¿Dónde es a salvo?, llegando a un claro, es rodeada por varios guardias de Morrel, sus caras decían que harían un montón de cosas antes de regresarla ante su señor; arrastrándola de nuevo a los bosques, los hombres celebraban y reían con malicia, de pronto una daga de cristal atraviesa el cuello de uno de los soldados que sostenía a Samara, logrando brotar a chorros sangre de su cuello y de su boca, entre gorgoteos, el hombre cae el suelo, muerto, los hombres se ponen en guardia buscando de donde había provenido la daga, uno a uno fueron cayendo a su alrededor, Samara levanta la cara cuando unas botas plateadas se paran al frente. Samara, sucia y harapienta con el cabello enmarañado, lleno de ramitas y tierra, contempla a su salvador, era el hombre de cabello blanco, el mensajero guerrero, éste le tiende la mano, pero Samara se desmaya. En el momento que Samara recobra la conciencia, levantándose lentamente se percata de que su salvador se encontraba a su lado aun vistiendo su rara armadura, obviamente no era el mismo sitio donde la había encontrado, lo supo en el momento que recorrió con la mirada el lugar, pero algo era diferente, él se veía diferente, ¿pero qué?, y ¿Dónde lo había visto?, cuando intentó levantarse, se dio cuenta que el mensajero-guardián la había abrigado.