Chapter 5: V

Frontera de la Afiliación y el Imperio Xirgón

Cerca del Planeta Afiliado de Lobaria

Día 13 del Mes 13 del Año 2100 D.A.

Una encarnizada batalla se libraba en la frontera afiliada—xirgona. Las dos tropas se atacaban mutuamente con fiereza. Unas 30 naves de ambos bandos disminuían numéricamente conforme la aguerrida contienda hacía explotar las naves. Las dos naves mayores, las Naves Nodrizas, resaltaban en ambas tropas.

—Señor –dijo Nam a Zílog desde una consola. La nave entera estaba muy golpeada, brotaban humaredas de humo negro de tres consolas. Había cables chisporroteantes que caían del techo tras el colapso de varios paneles. Las sacudidas provocaban serios saltos entre los tripulantes.

—¿Sí, comandante Nam? –respondió Zílog.

—Tenemos los escudos al 25%, la mayoría de los sistemas están fallando... incluso la gravedad artificial está a punto de colapsar.

—Sentí la disminución en la gravedad...

—Perdimos 15 naves, y ellos 12, Señor.

—Disparen a discreción –ordenó Zílog— que los cañones de fotones golpeen en franco izquierdo.

Nam apuntó los cañones al franco izquierdo de la nave nodriza xirgona. El ataque generó una serie de explosiones muy destructivas en dicha sección.

—Señor –dijo Cheng desde la consola de comunicación— la Nave Nodriza nos envía un comunicado.

—¡En pantalla!

Ante la pantalla del puente, en medio de interferencia, Zílog observó la imagen de Sashak Lang, la capitana xirgona esposa del general Ushuk Lang.

—Capitán Zílog –dijo la mujer— no sacrifique en vano la vida de sus hombres. Ríndanse y los dejaremos ir.

—Lo siento, capitana Lang –fue la respuesta de Zílog— pero tenemos pruebas de que naves xirgonas atacaron planetas con colonias lobarianas en esta zona fronteriza. El Ejército de la Afiliación no tolerará ataques furtivos a planetas afiliados.

—Dichas colonias se encontraban en territorio que pertenece históricamente al Imperio Xirgón. Y estaban refugiando grupos subversivos enemigos del Imperio. Nuestro ataque preventivo es plenamente justificado.

—Entonces tendremos que proseguir... –dijo Zílog y cortó la comunicación.

Los ataques se volvieron más feroces y virulentos. Nuevos chisporroteos brotaron de consolas y paredes al recibir los embates del enemigo xirgón.

—Señor –dijo Arg, el sargento kinoshano de aspecto insectoide. –El escudo colapsó ya. Estamos desnudos. –Nuevas sacudidas más fuertes confirmaron su débil situación.

—Señor –alertó Nam en medio de sacudidas— sólo podemos asestar un golpe mortal a la Nave Nodriza de la tropa xirgona, con un ataque kamikaze...

—Envíe un comunicado a las naves restantes solicitando un voluntario para el ataque kamikaze. –Nam obedeció.

—Todos se ofrecen, señor.

—¡Que valientes son! ¿Cuál de todas las naves tiene más daños?

—La número 15, señor, está al borde de explotar.

—Comuníqueme con la 15.

—Si señor... Ya está.

—Escuchen, ustedes honran el uniforme afiliado como no pueden imaginarlo. Su sacrificio bien puede hacernos ganar esta batalla. Muchas gracias. Serán condecorados por su valor. Les ordenó que choquen contra la nave nodriza xirgona...

—¡Sí señor! –fue la respuesta al unísono que emergió de la nave. Inmediatamente se dirigié hacia su blanco, esquivando los disparos de ésta, y chocó contra la Nave Nodriza, produciéndole severos daños. Las cápsulas de escape saltaron de la estructura justo antes de que explotara. Las demás naves xirgonas se retiraron entrando a túneles de hiperespacio.

Viajar por el hiperespacio es como viajar por un largo túnel de luz blanca, rodeada de esporádicos anillos de color violeta o rojo, hasta llegar al destino, cuando se abre una apertura al final del túnel hacia el espacio normal, repleto de estrellas.

—¿Daños? –consultó Zílog con voz cansada.

—Nos restan 23 naves de 50, señor –informó Nam. –Dos dañadas más allá de reparación. Nuestra propia nave, la Sephirot, se encuentra al borde del colapso, señor.

—Bien, evacuen a los oficiales de las naves irreparables, y háganlas explotar una vez que estén vacías. Luego fijen curso al hiperespacio, con rumbo a Lobaria, donde tendremos que reparar las naves. Notifiquen a Lobaria para que tengan preparada la atención médica y mecánica.

—Sí, señor...

Sistema Carixis, Planeta Carixis 2

Ciudad Domo, territorios xirgones

Una contienda letal se había llevado a cabo desde tiempo inmemorial. La salvaje lucha era conocida como el Torneo Sangriento, y sus oscuros principios se remontaban muy atrás en el tiempo. Cuando el planeta Xirgón era un mundo primitivo e inhóspito y no la refinada y urbanizada capital de una de las mayores potencias galácticas, como era ahora.

En aquellas épocas perdidas en la inmensidad del tiempo, Xirgón era una tierra donde regía la ley del más fuerte. Profundas e insondables junglas se extendían siniestramente hasta más allá del horizonte. Los primitivos xirgones dividían su sociedad en diversos clanes familiares que habitaban bastas extensiones de tierra, bajo la égida de un rey, cuya voluntad de hierro era obedecida absolutistamente, so pena de una muerte horrible. Es en este entorno salvaje que surge el Torneo Sangriento, realizado dentro de un Domo (en aquella remota época, hecho de madera o paja), donde dos contendientes se atacaban ferozmente, hasta que uno de los dos no pudiera pelear más; fuera por su muerte o por quedar demasiado mal herido. El ganador obtenía como premio toda pertenencia del perdedor; sus tierras y propiedades, la esposa y los hijos del perdedor procederían a ser esclavos del ganador, al igual que el perdedor mismo, de sobrevivir.

Con este método cruel y sanguinario resolvieron los xirgones sus querellas por miles y miles de años. Con el tiempo, al civilizarse y establecer sistemas legales y un Estado más burocrático, pero más refinado, los xirgones relegaron el Torneo Sangriento hasta convertirlo en un deporte. Pronto, el oscuro torneo se comercializó, y su práctica se extendió por muchos mundos. Una lucha letal entre dos contendientes, en donde el ganador adquiría una alta suma de dinero, y el perdedor, de sobrevivir, adquiría una menor.

A pesar de que aún, en casos muy particulares, los xirgones pueden invocar una Lucha del Torneo Sangriento para resolver un conflicto entre Casas, con los mismos resultados para el perdedor que antaño. Lo cierto es que ahora el Torneo Sangriento es un deporte brutal y salvaje, pero mucho menos radical en sus consecuencias, que en tiempos primitivos.

Uno de los Domos Sangrientos (ahora gigantescas estructuras de piedra o metal), más famosos de la Galaxia, es el Domo de Carixis. Situado en territorio xirgón, en una de las ciudades xirgonas más importante, llamada precisamente Ciudad Domo. Es aquí donde se celebra una contienda sangrienta cada dos días.

—¿Cuánto cuesta la entrada? –preguntó Rupert Corrado en la boletería.

—Diez doblones imperiales –aseguró el boletero, un xirgón mal encarado. Los doblones imperiales eran la moneda oficial del Imperio Xirgón.

—¿Cuánto es en celestes? –preguntó Rupert.

—Cinco celetes –dijo el boletero. Rupert desembolsó la suma.

Dentro del Domo, hecho totalmente de marmólica piedra, habían largas y multitudinarias cantidades de personas de todas las especies imaginables, agolpándose para encontrar asiento. Enormes graderías de piedra se extendían a todo lo alto, alrededor del redondel. Los palcos de lujo contaban con cómodos asientos acolchados. La arena del redondel mostraba aún algunos rastros de sangre multicolor impregnados a lo largo de siglos de combates letales.

Rupert se sentó al borde del redondel, en una estancia casi solitaria. Se maravilló observando la incalculable variedad de especies que se sentaban en las inmensas y ciclópeas graderías. Insectos, reptiles, anfibios, moluscos, quirópteros, gastrópodos, cefalópodos, aves, primates, cánidos, felinos. Seres de unas estaturas descomunales, y seres diminutos. Gordos y flacos, de cuerpos deformes y atolondrados, o hermosos y estilizados. Sin piernas o con decenas de piernas. La variedad de formas, tamaños y criaturas era asombrosa e indescriptible.

—No sabía que gustaras de estos torneos, Rupert –dijo la voz de Kriggs detrás de él. Rupert se volteó y observó a su guardaespaldas.

—Y no me gustan –aclaró Rupert— es un deporte sangriento y detestable. Me alegra que la Afiliación lo haya prohibido. Pero de todas maneras, tengo que hablar con una de las contendientes de hoy.

—¿Será quien creo que es?

—Por supuesto...

—¡Damas, caballeros y hermafroditas! –dijo la voz retumbante de Akú, un dashanita que fungía como locutor del Torneo Sangriento. Sus largos tentáculos dashanitas de piel negra se erizaban ante la emoción de su locución. –A continuación presenciarán una lucha letal y brutal que se ha realizado desde hace milenios. Y que ha teñido las arenas de sangre (cuando sus competidores tienen sangre, claro) desde los albores mismos de las civilizaciones galácticas. ¡El Torneo Sangriento! –las multitudes estallaron en gritos y algarabía. –Primero, rindamos tributo a las autoridades xirgonas que hacen posible esta contienda, ya que nos encontramos en tierras de Su Majestad Imperial, Turg . ¡Larga vida al Imperio Xirgón! ¡Larga vida a Su Majestad el Emperador Turg ! Larga vida al general Ushuk Lang, gobernador imperial de Carixis! –las multitudes aplaudieron. –Y ahora, agradezcamos al dueño del Domo que hace posible esta diversión. El Señor Shann –dijo señalando hacia el palco de lujo, donde se sentaba la figura gusanoide de un dénuzeb. El enorme gastrópodo púrpura medía cinco metros, y era bastante gordo. Se levantó y saludó al público con sus dos manos derechas mientras sonreía con su enorme boca y sus ojos saltones.

>>Esta noche –prosiguió Akú— tenemos una contienda fatal. Dos de nuestros más aguerridos combatientes están aquí. El que gane la contienda recibirá la suma de dos millones de doblones imperiales. El que pierda, será afortunado si sobrevive. La retadora a nuestro campeón invicto, proveniente del Planeta Marte, un mundo colonizado por humanos y cuyo nombre es el del dios humano de la guerra, ex guerrillera y actualmente prófuga de las autoridades marcianas, la humana Jadi al Bashar. —A la arena llegó una joven mujer veinteañera. De largos cabellos rojos, rostro con rasgos árabes y piel morena. Su cuerpo atlético era de una gran hermosura. Su mirada, de ojos verdes, mostraba un dolor y una amargura enraizados.

>>El campeón invicto de esta temporada –continuó Akú— nativo del Planeta Brakionés, donde sólo los más fuertes sobreviven. Miembro de una especie que ha arrasado planetas enteros, y a hollado la Galaxia con saqueos brutales e inclementes, el brakionés Ka’org.

El otro contendiente era un reptil de más de dos metros de alto. Vestido con un uniforme guerrero de color negro, con púas en los hombros y el cuello, y con largas botas, tenía la piel totalmente cubierta de escamas verdes. Con tres crestas en su cabeza, ojos amarillos con pupila reptilesca. Su nariz eran dos fosas nasales y su boca, aunque achatada, estaba repleta de filosos colmillos. Sus manos eran dos garras con tres dedos, de largas y afiladas uñas. Al entrar en la arena rugió con un estruendoso y atemorizante gruñido.

—Una humana contra un brakionés –dijo Kriggs— esto no es una contienda, es una carnicería. Ese brakionés la asesinará...

—Dicen que los brakioneses lanzan bebés vivos a fosas repletas de cocodrilos hambrientos... –le respondió Rupert. –Aunque siempre he creído que es una leyenda urbana. De todos modos, Jadi tiene un as bajo la manga. No la subestimes.

Shann se acercó al borde de su palco, y con un ademán de la mano dio comienzo la contienda en medio de los vítores y el bullicio del multitudinario público.

—Comienza esta ancestral batalla –dijo Akú como locutor. El brakionés se lanzó de golpe contra Jadi, pero esta era ágil y veloz, esquivando los potentes manotazos que le propinaba el reptil. Jadi pateó al brakionés con todas sus fuerzas, y le suministró varios puñetazos en su escamoso dorso, sin que el agredido mostrara el menor dolor. El brakionés aferró a la joven humana de los costados y la lanzó lejos. El cuerpo de Jadi se azotó estrepitosamente contra la dura arena. El brakionés se aproximó a Jadi quien aún no recuperaba plenamente la consciencia por el estrépito del golpe. —¡Esto podría ser fatal para la joven humana! –vociferaba el locutor. El brakionés intentó aplastar la cara de Jadi contra el suelo, pero ésta reaccionó antes y rodó por el suelo evitando que su rostro fuera destruido por el sangriento pisotón.

Jadi se reincorporó. Dando saltos y giros fue capaz de asestar funestos golpes a la cara del brakionés, generándole a éste un leve desequilibrio. El brakionés le propinó severos golpes en el rostro, provocándole un profuso sangrando en la boca y la nariz. Después de cinco certeros puñetazos del reptil en la cara de la joven, ésta se tambaleó y cayó de rodillas. El brakionés luego le propinó estruendosos golpes en su estómago y una dolorosa patada en la espalda.

—¡Auch! ¿Será este el fin de la hermosa retadora humana? –se preguntaba Akú. —¡Que alguien detenga esta terrible ejecución!

La humana, severamente golpeada, se retorcía de dolor en el suelo, cuando el brakionés la aferró del cuello y la azotó contra la pared del redondel, produciendo grietas en la pedregosa estructura. Luego comenzó a estrangularla de forma inclemente.

Jadi aferró el portentoso brazo que la sujetaba en un desesperado, pero infructífero, esfuerzo por liberarse. Entonces, su rostro compungido por el dolor y la asfixia, que sudaba copiosamente, y donde el color púrpura de su piel, generado por la asfixia, se mezclaba con el tinte rojo de la sangre, mostró unos ojos fijos en el brakionés. Un brillo dorado verdoso surgió de los ojos de Jadi, y pronto, el brakionés la soltó atormentado por un profundo dolor en su cabeza.

Jadi golpeó estruendosamente el suelo al caer, mientras el brakionés rugía desesperado de dolor y aferrándose la cabeza con sus garras.

—¡Vaya! La joven retadora humana tiene sus trucos... –dijo Akú.

—Es psíquica –mencionó Kriggs a Rupert.

—En efecto, y no sólo eso...

Mientras el brakionés se retorcía por el dolor telepáticamente generado por Jadi, ésta se acercó y realizó una serie de movimientos marciales de sofisticada naturaleza. Sus golpes y patadas mostraban una sapiencia plena de una antigua disciplina de combate. Finalmente, estando su contendiente de espaldas, subió a sus hombros, lo aferró por los costados de la cabeza, y le quebró el cuello.

El rugido de los vítores opacó el estruendo del brutal cuerpo muerto del reptil al caer al suelo. Jadi se incorporó jadeante al tiempo que Akú anunciaba:

—¡La indiscutible ganadora de este Torneo Sangriento es sin duda Jadi Bashar, humana de Marte! La nueva acreedora de dos millones de doblones imperiales...

Terminada la contienda, y mientras el público salía lentamente de las instalaciones del Domo, Rupert y Kriggs se dirigieron a las barracas donde dormían algunos de los competidores del Domo.

—Quisiera hablar con la Srta. Bashar. –dijo Rupert a Akú, quien estaba al lado del boletero mal encarado.

—¡Tal parece que nuestra querida Jadi a conquistado el corazón de otro sujeto rico y poderoso! –dijo Akú. –Y esta vez es bastante importante, el propio gobernador afiliado de Carixis. El afiliado más poderoso del sistema. Esperemos que no le pase como a aquel viejo coronel xirgón a quien Jadi rompió el corazón.

—¿Puedo hablar con Jadi? –insistió Rupert molesto.

—Espero que el cáustico humor de mi estimado empleado no lo moleste, Gobernador –dijo una voz profunda y gruesa. Rupert y Kriggs se giraron sobre sus ejes y observaron la gigantesca figura gusanoide y de cinco metros de altura que proyectaba el Sr. Shann. –Por supuesto que puede usted ver a la Flor del Desierto, a esa hermosa criatura humana llamada Jadi. Sólo que, como empresario del Imperio Xirgón que soy (afiliado a la Cámara Xirgona de Torneo Sangriento), debo advertirle que no apruebo espionaje contra el Imperio en mis tierras.

—Despreocúpese, Sr. Shann –aseguró Rupert— no pretendo conspirar contra su querido Imperio.

—Eso espero, pues soy un leal súbdito de Su Alteza, el Emperador. Adelante, la habitación de Jadi es la número 115.

Rupert y Kriggs se encaminaron por la larga hilera de puertas conversando mientras caminaban.

—¿Puedo preguntar que te interesa de Jadi Bashar? –consultó Kriggs.

—Claro, Kriggs. Como seguramente sabes, Marte se independizó de la Tierra en el 2082 después de una violenta guerra. Desde entonces se convirtió en un Estado independiente. Seis años después, la Confederación Marciana cayó en una dictadura militar de extrema derecha, financiada por los Zaraki, que persiguió brutalmente a las minorías. Los psíquicos fueron recluidos en los Centros de Contención, horribles lugares donde eran torturados, explotados como esclavos, y donde les realizaban experimentos. Los niños psíquicos eran abusados física, emocional y psicológicamente. La familia de Jadi, cuyo padre era psíquico, fue asesinada y ella fue recluida en un Centro de Contención a los 9 años. Escapó cuando era adolescente, y se unió a la Guerrilla Marciana, que luchaba como fuerzas paramilitares contra la dictadura. Tras diez años de sangrienta guerra, la dictadura cayó y se restauró la democracia.

—Entonces Jadi fue una guerrillera. Eso explica su destreza en batalla y sus habilidades marciales.

—El caso es que la mayoría de los criminales que cometieron atrocidades contra los psíquicos y otras minorías durante la dictadura no han sido enjuiciados. Estoy recolectando evidencias de estos crímenes para que el gobierno marciano realice los juicios apropiados.

Rupert tocó el timbre al lado de la puerta 115.

—¿Quién es? –preguntó Jadi desde adentro.

—El gobernador Rupert Corrado...

Después de un largo silencio, finalmente se abrió la puerta del apartamento.

Rupert penetró solo al aposento. Era un lugar pequeño, con una litera, unos cuantos estantes con libros y fotografías, una alfombra medio quemada con arabescos, y unas cuantas sillas y mesas plásticas. Jadi curaba sus heridas con un sanador electrónico, el cual serraba sus cortes y sanaba sus hematomas con una sonda láser.

—¿Sabe? El sanador pierde efectividad si se usa demasiado seguido.

—Con los dos millones de doblones compraré uno de mejor calidad –dijo sarcástica.

Rupert observó las fotos en el estante, y vio la de una pareja árabe abrazando a dos niños; uno varón de 10 años, y una mujer de unos 9. El hombre de la pareja tenía rasgos árabes y usaba un turbante blanco. La mujer usaba un velo celeste y era muy hermosa.

—¿Sus padres? –preguntó Rupert.

—Sí –dijo Jadi. –Mi padre era el psíquico. Mi hermano y yo heredamos los poderes. Mi madre era común, pero la mataron por el crimen de ser esposa de un psíquico y tener hijos psíquicos. A mí no me mataron... sabían que podía serles útil para... hacer cosas...

—Lamento mucho lo que le sucedió, Jadi –dijo Rupert conmovido. La joven trataba de reprimir su dolor y no demostrarlo. –Es por eso fundamental que denunciemos esos atroces actos. El Régimen Zaraki financió y apoyó la dictadura marciana. Una dictadura fascista idéntica a la dictadura Zaraki. Debemos asegurarnos que esto no vuelva a ocurrir...

—De acuerdo –dijo y sacó del buró al lado de la cama un arma y la apuntó a Rupert.

—¡Un momento! –dijo Rupert notoriamente preocupado. —¿Fue algo que dije?

—No... –dijo sacando de entre el cargador del arma un CD de computadora. –En este CD están documentos y fotografías que sirven de pruebas incriminatorias contra los gobernantes marcianos.

—¿Por qué no las entregó antes?

—Porque soy una ex guerrillera, Gobernador. La Confederación Marciana me busca por sedición y asesinato. No puedo regresar a Marte porque me arrestarían. Ni siquiera puedo poner pie en suelo afiliado porque la Afiliación y Marte firmaron un tratado de extradición. Por eso vivo aquí en territorios xirgones. Y sinceramente no confío en los políticos afiliados. Pero, conozco su fama, y aunque no confío en usted plenamente, no tengo más opción que arriesgarme. Sólo espero que no me traicioné, Gobernador. –Jadi se acercó a Rupert y sacó de detrás de su cintura un grueso y filoso cuchillo que aproximó al rostro de Rupert. —No querrá hacerme enojar...

— que tiene conocimientos de artes marciales –dijo Rupert despreocupado por la amenaza. –Qualta, el arte marcial valtárico, supongo. ¿Qué nivel de Qualta tiene usted?

—Tercer Nivel...

Rupert realizó un rápido y ágil movimiento con la mano derecha, y en unos instantes le quitó el cuchillo a Jadi y la aferraba con una llave, sujetando el brazo derecho de la marciana contra su propia espalda.

—Pues yo soy Quinto Nivel. –Rupert la soltó. –Descuide, Jadi, haré que impere la justicia.

—Eso espero.

Rupert observó la alfombra árabe con una parte chamuscada.

—¿Era de sus padres? –preguntó.

—De mi padre. Él solía hacer sus cinco oraciones diarias en ella. Era un devoto musulmán. Nací y crecí en Nueva Arabia, los barrios árabes de Marte. Claro que desde lo que me pasó, ya no practico ninguna religión.

—Bueno, de todos modos, asalam aleikum. Que la paz sea contigo.

—Woleikum salam... Que contigo sea la paz...

Rupert salió de la habitación de Jadi y se alejó del Domo con Kriggs.

—¿Te gusta el Qualta? –preguntó Rupert a Kriggs.

—Por supuesto.

—Olvidé que todo militar afiliado debe ser qualtista de Cuarto Nivel, al menos.

—Domino el Qualta desde mucho antes de que Soth ingresara a la Afiliación, Rupert. Soy de Décimo Nivel.

—¡Asombroso! Creí que sólo los valtáricos eran físicamente capaces de pasar del Noveno Nivel.

—Soy una mujer excepcional. ¿Te gusta el Qualta como deporte?

—Claro, soy un devoto hincha del equipo de Qualta de la Tierra.

—Pues en el pasado campeonato afiliado, los Tigres de Soth derrotaron a los Gorilas de la Tierra. Ustedes los humanos no tuvieron oportunidad frente a nosotros los soths.

—De todas formas el Campeonato de Qualta de la Afiliación lo ganaron los Zorros de Brazzky a los Tigres de Soth por amplio margen. Estoy ansioso por ver el próximo Campeonato Galáctico de Qualta. Estoy seguro que la selección afiliada ganara esta vez.

—Eso si el Comité Afiliado de Qualta realiza una buena selección esta vez, durante el pasado Campeonato de Valtaris 2096 hubo severas deficiencias...

Cibertopía

Ciudad afiliada de Carixis 2

—Reportando en vivo, para Noticiero Galáctico –decía ante las cámaras el periodista humano de origen indio, ataviado por un turbante sikh y una larga barba. –Soy Alí Singh Sagath. Les informo que en estos momentos una serie de terribles disturbios acontecen en las principales ciudades afiliadas de Carixis. Lo que comenzó como una huelga general de trabajadores androides, ha degenerado en motines y enfrentamientos con los efectivos de seguridad... –El camarógrafo tomó las imágenes de unos cincuenta androides manifestantes, con cartelones y pancartas, enfrentándose a militares uniformados antimotines, los cuales eran en su mayoría orgánicos de todas las especies afiliadas. Una bomba molotov, de origen desconocido, cayó cerca del camarógrafo, por lo cual suspendieron la transmisión.

—Gracias a nuestro corresponsal de Carixis, Alí. –Dijo por televisión sentada en un escritorio en el estudio central, una periodista lobariana de aspecto formal. Sostenía sus largas enredaderas de cabello en una cola atrás de su espalda. En la pantalla colocaron un subtítulo donde se leía “Shianka, directora del Noticiero Galáctico”. –Como podemos observar la huelga general androide comenzada en Carixis en estos días, es un duro golpe para el recién electo gobernador Corrado. ¿Afectará esta huelga la campaña presidencial? El presidente del Sindicato Androide, el ingeniero 300—12000, aseguró al Noticiero Galáctico que de no resolverse pronto sus demandas en Carixis, llamarán a la huelga general de trabajadores androides en toda la Afiliación. El Sindicato Androide tiene como afiliados a la casi totalidad de trabajadores androides de la Afiliación.

>>Consultamos al ex gobernador Ker, sobre la situación. ¿Me escucha Secretario?

—La escucho, Shianka.

—¿A que atribuye estos disturbios?

—Sin duda a la irresponsable administración de Corrado, un anarquista y demagogo. Vaticiné que este tipo de catástrofes serían consubstanciales al gobierno de Corrado.

—Gracias, Sr. Ker. En otras noticias, prosiguen los violentos enfrentamientos en tropas afiliadas y xirgonas en las zonas fronterizas. La Afiliación retiró a su embajador en Xirgón, y el Imperio retiró a su embajador en Brazzky...

Rupert apagó la televisión de su aeromóvil, mientras éste sobrevolaba hasta la sede del Sindicato Androide en Carixis, ubicada en Cibertopía, una ciudad industrial, dedicada casi totalmente a la explotación de etérium y su refinación. El 70% de los pobladores eran androides.

Su vehículo se alzó por entre las largas alamedas obreras, habitadas en su mayor parte por familias de androides pobres. Finalmente, llegó hasta la sede del sindicato, donde lo recibió la alcaldesa 500—5000, alcaldesa de Cibertopía. La mujer androide tenía cuerpo femenino, pero su piel blanca sintética, sus vidriosos ojos de azul intenso, y su cabello de color fucsia iridiscente, no dejaban duda de su origen artificial.

—Gusto en verlo nuevamente, Gobernador.

—Igualmente, alcaldesa 5000.

—Me alegra que usted ganara y no Ker. A pesar de que yo no gané.

—Pero la reeligieron como alcaldesa de Cibertopía. ¿Cómo están las cosas en el Frente Neo—Lish?

—Bien, confiados en la próxima victoria.

—Pues no se confíen mucho... –ambos sonrieron. Luego penetraron juntos al edificio en cuyo rótulo se anunciaba con letras en valtárico “SEDE CARIXIS DEL SINDICATO ANDROIDE”, y abajo el símbolo del mismo; una tuerca roja de seis lados.

—Lo siento, Gobernador –dijo por viedófono el presidente del Sindicato Androide, 300—12000. Rupert era el único orgánico de la habitación, rodeado por 20 aguerridos androides. –La situación es intolerable. Desde que firmamos el Tratado de Libre Comercio con la Corporación Alaxi, los empleados androides que trabajan para empresas Alaxi son tratados como esclavos...

—Me opuse arduamente al Tratado –recordó Rupert. –Particularmente por la cláusula que permitía a los Alaxi aplicar sus leyes y estándares laborales en sus empresas dentro de la Afiliación. Lo cierto es que el Tratado es claro respecto a eso...

—¡Somos ciudadanos afiliados! –exclamó 300. –Pero el Gobierno Central nos vuelve la espalda y le permite a los Alaxi esclavizarnos. No toleramos más. Iremos a huelga general hasta las últimas consecuencias.

—De acuerdo, tienen mi apoyo –dijo Rupert.

—¿A que se refiere?

—Pueden manifestarse pacíficamente, diré a Zílog que no reprima las manifestaciones. Tendrán mi apoyo para ir a la huelga. Todo empleado, androide u orgánico, al que la Corporación Alaxi no le satisfaga sus demandas (que me parecen razonables) tendrá mi apoyo para dejar el trabajo. Y no permitiré que ni los Alaxi ni el Gobierno Central intervengan contra la huelga.

—Estoy asombrado, Gobernador –dijo 300. –Su fama era cierta. Pero... usted no tiene autoridad para alterar un tratado de libre comercio firmado por el Gobierno Central. Lo matarán...

—Déjeme a mí preocuparme por eso.

—Si se queda sin empleo, tenga por seguro que lo contrataremos en el Sindicato Androide.

—Gracias, quizás si me haga falta... Hasta luego.

—Hasta luego, y gracias de nuevo.