Chapter 60: Capítulo 47

El viaje de dos días bajo el calor abrazador del verano sería difícil, especialmente para Nadja, pero serian pocos días y no un viaje largo que los dejaría aún más exhaustos. Borya tomó las riendas del asunto a primera hora de la mañana. Tenía que ser un buen alfa, no solo porque fue criado para eso y porque fue lo que siempre quiso. Esa gente lo necesitaba, nunca tuvieron a alguien que cuidara de ellos, Gniewko era un pésimo alfa y apenas conocieron una vida tranquila cuando Borya lo mató.

Ninguno se quejaba, revisó a los animales, se veían fuerte y saludables y las personas también, excepto por los niños de esas familias, los que se contagiaron por con viruela. Podía ver que varios de ellos estaban a punto de morir, los que sobrevivieran quedarían con marcas horribles para siempre, a menos de que lograran transformarse por primera vez mientras todavía estuvieran enfermos, eso no solo curaría la enfermedad, también borraría toda señal física de que alguna vez la tuvieron.

Cuando emprendieron el camino, la gente iba animada a pesar de todo, los niños enfermos tenían un buen lugar cómodo en algunas de las carrozas. Cuando se detuvieron para enterrar a Maksim, Borya solo fue indiferente, permitió que se hicieran los ritos funerarios y que la gente se expresara sobre su padre, pero fue totalmente indiferente.

Nadie dijo nada, pero notó las miradas. Se suponía que debía sentir algo o mostrar una emoción, pero el mismo Maksim le enseño y le dijo muchas veces que las emociones eran para los débiles, que lo más que podías mostrar era cordialidad, pero que nunca se debía permitir que las emociones se apoderaran de ti bajo ninguna circunstancia, especialmente siendo un volkodlak y pudiendo perder el control de esas emociones si llegaban a un punto álgido. ¿Se suponía que debía demostrar algo por la muerte y los ritos funerarios de su padre? Si era así, realmente no le importaba, Borya hizo caso omiso a todos y esperó a que estuvieran listos para retomar el viaje.

Irían lento, pero seguro y se detendrían en algún momento para el almuerzo y para refrescarse. Así lo hicieron, el viaje no fue difícil y en poco más de dos días ya estaban en la zona donde iban a instalarse. Los esperaban algunos de los hombres de las tribus polanas, con los implementos necesarios para sobrevivir por un tiempo, luego ellos tendrían que cazar animales y preparar sus propias pieles para tener tiendas y demás cosas necesarias.

Se quedó con ellos y visitó a los demás para revisar que estuvieran bien instalados durante dos días más, luego decidió regresar para ver a Zvezda y para iniciar la construcción de un puente en cierta zona del rio, que ayudaría a los aldeanos a llevar la ofrenda de la cosecha a las tribus polanas y a él. Si quería que se hiciera de la manera correcta, necesitaba un puente que evitara que tuvieran que pasar trabajo o perdieran alguna parte de la cosecha si llegaban a caer al río.

Ahora tenía mucho territorio que cubrir, no solo para dirigir, sino para vigilar. Tenía que asegurarse que todos los lugares peligrosos estuvieran cubiertos, reconocerlos era el primer paso, así que debía viajar de vez en cuando por todos sus dominios.

Pero Borya no pensó en cómo se sentiría una vez que tuviera que vivir tan lejos de Zvezda. Podía viajar seguido, pero no tan seguido como su bestia deseaba. Los días comenzaron a pasar y Las responsabilidades que ahora tenía como alfa lo mantenían ocupado. Lastimosamente apenas tenía tiempo para ir a verla a escondidas y luego regresar a sus labores o a alguno de los asentamientos de los polanos para revisar que todo estuviera bien.

El verano se volvía cada vez más sofocante y el humor de Borya solo empeoraba con el calor. Ser alfa era lo que esperaba, mucha responsabilidad, pero también le pareció aburrido. Pensó en retomar el negocio familiar y el de la mayoría de las manadas volkodlak que eran numerosas, pero pensó que seguir actuando como mercenarios que servían a otros era algo de lo que siempre quiso alejarse de todo eso.

Borya siempre quiso ser un conquistador, no un mercenario, pero ahora que era el alfa, no sabía cuál sería su proceder. Por un tiempo, hace unos años, tenía claro cuál era su plan a seguir en cuanto tuviera en su poder a la manada de Maksim. Hombres bien entrenados. Ahora no tenía nada parecido o cerca a lo que su padre tuvo, los polanos no estaban acostumbrados a la forma de vida de otras manadas y tampoco tenían el mismo tiempo de entrenamiento que el de una manada grande y numerosa que se asentaba en un solo lugar por mucho tiempo.

Los polanos preferían números reducidos, vagar constantemente y entrenar con la naturaleza, no se adecuarían a la vida de un pueblo estable con facilidad. No eran los únicos que no eran adecuados para los planes de Borya. Por otro lado, la antigua manada de Gniewko era un grupo particular. Débiles y sin astucia. Eso empeorado por la viruela, la manada no aumentaría sus números pronto.

¿Cuál debía ser el siguiente paso a seguir? No lo sabía todavía, pero estaba planeando todo con cuidado, puede que no tuviera paciencia, pero el viaje hacia la grandeza no podía hacerse de forma apresurada.

― ¡Zvezda! ― Escucho el llamado de Damir y salió del bosque corriendo. Había una mujer con una niña en brazos. ― Ya voy. ― Se apresuró a ir. Cuando llegó la mujer entro y se dirigió a la mesa, puso a la niña sobre ella con cuidado y se alejó un poco. ― ¿Algo extraño? ― Se acercó a la niña y comenzó a revisarla.

― Ha tenido un poco de fiebre desde hace un par de días. La viruela ha sido un problema hace un tiempo.

― Podría ser otra cosa.

― Eso espero.

― ¿Alguna herida o algo fuera de lugar?

La mujer se acercó y le quitó las botas y los pantalones a la niña. ― Se cayó y se hizo una herida. No la revisé porque solo fue una pequeña caída. ― Zvezda si la revisó a fondo. Estaba infectada, hinchada y con pus, además parecía que había algo dentro de la herida. ― Cariño, va a dolor mucho, pero necesito que seas fuerte. Tendré que limpiarla, está infectada y solo empeorará si no hago algo. ― La niña gimoteo, pero tenía que hacerlo. Trajo algunos implementos, se preparó para abrir la herida, sacar el pus y lo que sea que tenía adentro. Hizo un pequeño corte sobre la cicatrización que más bien era un montón de pus seco y apretó para que todo eso saliera.

La niña lloriqueo y aumento la intensidad de sus gimoteos a medida que ella apretaba, la madre la mantuvo quieta. El pus salió, derramándose por la pierna de la niña y al final, cuando ya no salió más, revisó que era lo que causaba la infección. Con ayuda de un pequeño cuchillo, se acercó a lo que sea que había ahí y lo saco con cuidado. Se trataba de una astilla de madera bastante grande.

― Esto fue lo que causó todo el problema. Le daré algo para beber, le ayudará a eliminar la infección, esperemos que aun estemos a tiempo. Tendrá que tomarlo por un tiempo pero le diré que hacer.

― Gracias. Tengo algo. ― Se quitó la bolsa que traía en la espalda y la abrió mostrándole el contenido. ― Pescado. ― Zvezda sonrió. ― Ya está curado, también traje algunas semillas. Es todo lo que tengo, por ahora.

― No se preocupe, con eso es más que suficiente.

Zvezda volvió a concentrarse en la niña, para limpiarla y preparar lo que necesitaba para que bebiera. Mientras ponía el agua en la estufa, la mujer hablo sorprendiéndola. ― ¿Cuándo irá a casa? El señor Borya la espera para que se casen. Esta algo… impaciente. ― Eso solo la hizo enojar. ― Me confunde, la prometida de Borya vive en la aldea, es la hija del antiguo consejero de su difunto padre. ― La mujer negó. ― No, señora. El a… amo la espera con impaciencia, nos habló de usted y dijo que la sanadora Zvezda va a ser su esposa, pero que no puede irse de casa todavía, debe atender asuntos familiares primero.

― ¿Eso dijo?

― Si, siempre está de muy mal humor porque no puede venir a verla.

― Pues si de verdad quisiera hacerlo, vendría aquí.

― Quiere hacerlo, pero dirigir a las tribus polanas no es tan fácil. Por separado, nuestros números son reducidos, pero con tantas tribus bajo el mando de un solo hombre, separadas por tanta distancia, él pobre amo no da abasto. Tiene que asegurarse de que todos estén bien, que la comida no escasee, que todos tengan un refugio, debe velar por la seguridad y ahora que la viruela nos ataca tan cruelmente, asegurarse de que no se expande entre nosotros. Él solo no puede hacerlo, sus ah… consejeros son de gran ayuda, pero ya sabe cómo es el amo. Siempre quiere que todo se haga a la perfección, sin errores y si no es posible, entonces lo hace el mismo, además de enfurecerse por todo.

Zvezda lo sabía. Borya siempre le mostró su dedicación con todas las responsabilidades que manejaba, incluso las que no eran suyas. Eso le atrajo tanto y la hizo creer que era un hombre maravilloso que jamás le mentiría, pero ahora no solo le mentía, también usaba a otros para que le mintieran.

― No tiene que mentir por él. La deshonestidad no la llevará a ningún lado. ― La mujer se ofendió, pero ella era la agraviada y no se quedaría callada ante una ofensa como mentirle por alguien más para que cayera en juegos estúpidos. ― No miento, el pobre amo ha sufrido mucho, pensamos que era malo y sin escrúpulos… y lo es, pero ahora no parece malo o nada en particular, solo parece un hombre atormentado que se está volviendo loco porque no puede tener a su mujer en casa. Piense en ello, él la necesita y si él la necesita, nuestro pueblo también. No le dé la espalda a todo un pueblo solo por capricho.

La mujer fue a sentarse y esperó hasta que ella le diera el bebedizo a la niña y le explicara que debía hacer. Luego simplemente se fue enojada. ― ¿Ya terminaste? ¿Tenía viruela? ― Negó. ― ¿Entonces por qué esa cara? ― No dijo nada, comenzó a limpiar todo para ignorarlo y que Damir la dejara en paz.

Su corazón dolia tanto. Llevaba dos semanas sin verlo, dos semanas desde que la aldea comenzó a caerse a pedazos, dos semanas desde que el padre murió y la dejó desolada, porque a pesar de todo, consideraba que ese hombre era bueno, además sentía pesar por la mujer con la que iba a casarse y que ahora era una mujer sin prometido, no era viuda, pero debía estar sufriendo tanto, porque su amado murió dos días antes de la boda. ¿Quién sería esa mujer? Quería presentarle sus respetos, pero Damir no sabía y la gente de la aldea ya no se acercaba a la granja, por lo que no tenía a quien preguntar.

― Fue lo mejor para todos. El mal se ha ido y pronto nuestra vida volverá a ser tranquila, puede que los de la aldea no nos respeten, pero la gente que estaba aquí antes que ellos te conoce muy bien. Él solo era un peligro para todos.

― No sé de qué hablas, si me disculpas, aún tengo mucho que hacer. Tal vez salga a cazar esta noche, aun no tenemos suficiente carne para el invierno.

― El peligro aún puede persistir ahí afuera.

― Tu mismo acabas de decirlo, él mal ya se ha ido.

Borya tenía dudas, no sabía si vigilarla desde lejos como había hecho las pocas veces que se acercó en esas dos semanas o ir a hablar con ella directamente. La granja estaba tranquila, aunque sabía que una de las mujeres de la manada fue a ver a Zvezda porque su hija estaba enferma, por lo menos el daño a la reputación de la sanadora no fue tan grande, la manada de Maksim la odiaba, pero esa manada ya comenzaba a desintegrarse. Supo por algunos mortales de la zona que un par de pequeños grupos emprendieron viaje desde la aldea, no de viajeros, sino de algunos aldeanos que al parecer llevaban sus animales y familias a cuestas.

La manada se disolvería lentamente y él no tendría que preocuparse por esa amenaza, ya no tendrían ofrendas, pero tendrían un territorio que quería. El lugar en que su padre asentó la aldea era ideal, las tierras fértiles eran perfectas para mantener un pueblo grande y con aldeas alrededor y campesinos que se dedicaban a diferentes tareas y cultivos, tenía un buen lugar para el comercio y para la vida en general. Muchos viajeros pasaban por ahí en su camino a Roma o a otros lugares. Era perfecto. Más perfecto aun porque Zvezda amaba ese lugar y no lo dejaría tan fácilmente.

Tenía que asegurarse que Goran estaba solo, o que los números de sus filas disminuyeran. No podía enviar a su gente a pelear una batalla incierta, aunque los polanos eran buenos, la manada de su padre siempre fue la más poderosa, antes de que Borya naciera y hasta que llegaron a ese lugar. Aun cuando los ataques los debilitaron mucho, no lo hicieron en fuerza física. La comida escaseaba, había enemigos esperando para invadir y atacar y ahora más que nunca, luego de la muerte de Maksim, todos vendrían a quedarse con lo poco que quedaba.

A pesar de todo eso, la gente estaba resistiendo, por eso no caían del todo. La manada era tan fuerte, que aun con hambre seguían luchando y ganando. Si enviaba a su manada a luchar con Goran, él no sabría dirigir a la manada, pero tenía una oportunidad de ganar porque la gente era fiera, como su padre. Tal vez no perderían, pero recibirían un daño significativo que dejaría a los polanos mal parados para enfrentar cualquier otra amenaza.

Decidió esperar un poco más antes de matar a Goran y terminar de apoderarse de lo que le pertenecía por derecho, mientras tanto, seguiría pensando en cómo acercarse a Zvezda, porque esa era su única preocupación.

Justo ahora, ella se preparaba para ir de cacería. Desde la distancia y con su audición superior, había escuchado como ella le decía a Damir que iría a cazar esa noche. Peligroso. No pudo entregarle la carne necesaria, el invierno no llegaría tan pronto, pero si llegaban a otoño sin reunir las provisiones necesarias, tal vez fuera demasiado tarde y ellos morirían a mitad del invierno sin comida.

¿Qué debía hacer?

Era obvio. La seguiría y vigilaría durante la noche, llevaría a un par de animales lo suficientemente grandes hasta ella para que pudiera encargarse de ellos, pero sería difícil que pudiera llevarlos a casa, estaba seguro que arreglaría la carne en el lugar y se encargaría de todo para que no se arruinara, pero si era demasiada carne para tratarla de inmediato, entonces sería en vano.

Se comunicó con los siervos de la granja a través del vínculo de la manada, de hecho tuvo que dejar todo a cargo de ellos, que manipularan a las bestias del bosque y permitieran que fueran dóciles para cazarlos o para que ella los cazara. También le ayudarían a preparar y llevar la carne a casa. El tendría asuntos que atender, aunque sabía que se estaba volviendo loco lentamente al no visitarla y acercarse.

Se alejó nuevamente a pesar del daño que le hacía verla solo de lejos. Era hora de regresar a sus tareas. Las responsabilidades no lo enloquecían realmente, era algo que esperó toda su vida, algo que siempre deseo, pero ahora que lo tenía extrañamente lo odiaba. Lo dejaría todo, si pudiera lo abandonaría todo, pero mucha gente dependía de él.

― Se paciente, no me destruyas cuando por fin tenemos la oportunidad de tener algo bueno. ― Se burló de sí mismo por decirse esas palabras. Jamás fue paciente, odiaba el concepto, odiaba que todo el mundo le pidiera que lo fuera cuando no podía acomodarse al concepto, justo ahora comprendía a todas esas personas.

La bestia quería abandonar todo y correr directamente a ella, esa sensación dentro de él… su cuerpo, literalmente, se estremecía constantemente desde que dejó la aldea. Solo se calmaba cuando volvía a los alrededores para ver a Zvezda, no del todo realmente, pero si lo suficiente como para hacerle creer a Borya por un rato que todavía tenía el control. El resto del tiempo, incluso el mismo se dio cuenta que sus ojos permanecían del color ámbar aterrador de la bestia.

Los niños siempre preguntaban. ¿Qué son padre y madre? ¿Por qué los grandes se vuelven monstruos? Cosas como esas siempre eran una constante entre los niños pequeños, cuando comenzaban a hacer esa clase de preguntas, los padres y toda la manada sabía que era hora de explicarles que eran y en que se convertirían, pero sobre todo, las implicaciones de ser un volkodlak. Muchos no lo entendían al principio, luchaban contra eso, pero con el tiempo y la edad lograban asimilarlo y aceptar que en cualquier momento se convertirían en monstruos.

Lo que era difícil de explicar, era el hecho de que la bestia dentro de ellos no era nada más que una extensión de sí mismos, un poder que se manifestaba de tal manera que se volvía tangible. El lobo y el hombre no eran diferentes, solo eran dos partes de un mismo ser, que cambiaban de lugar cuando era necesario.

Muchos no lograban entender esa parte y pensaban que el monstruo era algo diferente, un ente que vivía dentro de ellos. No había tal cosa como un ente que los poseía, tal vez en otros casos, pero un volkodlak no era un sujeto poseído, solo era un desgraciado con… una personalidad muy volátil.

Justo ahora, Borya dudaba de sí mismo, de todo lo que sabía de su naturaleza. Esa cosa se estremecía dentro de él cada vez que tomaba el camino hacia el campamento en el que se quedaba. ¿Cómo podían ser la misma cosa si trataba de estrangularlo? Con esos estremecimientos venia una sensación de ahogo, como si tuviera un par de manos sobre su cuello, apretando, intentando arrastrarlo de vuelta o matarlo por osar alejarse de lo que deseaba realmente.

¡Dolia!

Con los días también se dio cuenta que sentía un dolor fantasma, no sabía exactamente donde, pero sabía que tenía una molestia que parecía que lo mataría lentamente. Todo para debilitarlo y llevarlo más cerca de la locura. Pero se contuvo. Jamás necesito tanta fuerza de voluntad y la verdad es que antes de Zvezda nunca la necesito, lo que poco a poco, lo estaba llevando a desear la muerte o la sangre.

Los días siguieron pasando y las semanas pronto se convirtieron en un mes. Un mes luego de la muerte de su padre y un mes viendo como la aldea fue atacada en un par de ocasiones. Llego a tiempo y ahuyento a los atacantes, los pocos que quedaban ya se preparaban para irse, Goran estaba desesperado, viendo como todos sus planes se iban a la mierda, pero Borya aún no planeaba interferir. Dejaría que fuera el mismo Goran el que acabara con toda esa tontería, ya sea que se matara o que por fin se rindiera y viniera a él arrastrándose, entonces lo mataría, en frente de todos, por su atrevimiento y tomaría las tierras que su padre reclamó anteriormente, con manada o sin ella. Después de todo ahora tenía una nueva.

Le daría a Goran unas semanas más, pero no creía que la bestia le diera más tiempo para reconciliarse con sí mismo y con Zvezda, pero por alguna extraña razón, sentía que no era el momento.