Chapter 52: Capítulo 39

Maksim lo evitaba. No lo encontró por ninguna parte y al parecer esta era la primera vez en meses que salía de la aldea cuando él estaba ahí. Anteriormente se atrevió a ir por Zvezda. Quería arrancarle la cabeza, tenía que dejarlo pasar, como todo lo demás y eso era lo que más le enfurecía.

Iniciar una nueva manada sería la mejor opción, no había nada para él una manada que ya no era tan grande y poderosa como antes, mucho menos cuando nadie lo quería y se opondrían a tenerlo como alfa. Lo mejor sería irse e iniciar una nueva vida. Aun así tenía la esperanza de que las cosas cambiaran, no podía irse todavía porque había demasiado peligro y no se atrevía a dejar a su padre solo contra tantas amenazas, la manada terminaría de caer en poco tiempo y eso no era algo que quisiera.

¿Qué hacer entonces?

Lo que siempre hicieron, lo que hizo su padre toda su vida, lo que hizo su abuelo hace siglos. Resistir.

Estaba cansado de eso y solo quería irse a dormir con la certeza de que él día siguiente no sería peor que el anterior. Que había algo más que pelear contra todos los que querían matarlos. De hecho, solo quería dormir, una noche entera. Descansar lo suficiente como para estar de buen humor al día siguiente.

El día anterior fue un desastre, la noche fue aun peor. Rastreando a los upiros por todo el territorio y descubriendo que ya no solo desaparecían animales, sino que varias personas desaparecieron a lo largo del día en las aldeas cercanas, algunos cuerpos aparecieron poco después.

No quisieron ir muy lejos, el objetivo de los upiros sería la aldea grande, querían alimentarse y tener el festín más grande que pudieran imaginar y ya que los números aumentaban rápidamente, necesitarían cada vez más personas para saciar a todos los que convertían. Acabaron con algunos, pero se les salió de las manos demasiado rápido.

Aun así, tal vez era mejor ir a las aldeas más lejanas para asegurarse que las cosas no se ponían peor de lo que ya estaban, pero no era sensato. La aldea ya estaba falta de hombres para que vigilaran, con algunos en el exterior, enviados por su padre para traer más oro y riquezas como pago por luchar en guerras o cualquier cosa que pudiera llenar las arcas de nuevo y con los hombres restantes persiguiendo a los upiros, la aldea apenas tenía hombres vigilando. Si se alejaban demasiado estaría totalmente desprotegida y la masacre sería una realidad.

Se propuso no pensar en los problemas, iría con Zvezda, pasearía con ella por un rato y luego volvería a encargarse de todo. Tomaría este respiro para relajarse y descansar o se volvería loco. Se instaló en el bosque, en la zona favorita de Zvezda e hizo algo que sabía que a ella le encantaría.

Zvezda escucho un sonido muy agradable y se sintió atraída inmediatamente. Era algo maravilloso que nunca había escuchado y quería descubrir que era. Se suponía que había peligro en todos lados. Los bosques estaban llenos de gente loca que asesinaba a otros, pero no podía ser tan peligroso porque no estaba lejos de la casa, conocía bien esa zona y no pasaría nada si iba por un momento y revisaba el lugar. Solo vería de qué se trataba y volvería inmediatamente si fuera necesario.

Miro en dirección a la casa y al lugar donde se encontraban los siervos. Ellos solo la miraron, pero no le dijeron nada, ni trataron de detenerla. Corrió lo más rápido que pudo hacia el bosque. El sonido era hermoso y lo siguió con facilidad.

Cuando por fin descubrió de donde venía sonrió feliz y corrió más rápido hacia él. ― Pensé que no vendrías. ― él dejo de tocar el instrumento. ― Te dije que vendría ¿Por qué no lo haría? ― Ella se encogió de hombros. ― Pensé que estabas muy ocupado. ― Borya suspiro. Estaba ocupado, pero una vez más evadía sus responsabilidades para poder pasar tiempo con ella.

― No pienso dejar de verte solo porque esté ocupado. Cuando la emergencia se tan grande que no pueda verte, enviaré a alguien para que los cuide, ya lo he hecho varias veces. Por ahora puedo tomarme tiempo libre y enviar a otros a buscar a las personas que están causando tanto daño.

― Está bien. ¿Qué es eso?

― Un arpa.

― ¿Puedo tocarla?

― ¿Por qué nunca quieres tocarme voluntariamente a mí?

Ella lo miro mal mientras se reía, pero se acercó a la roca donde él estaba sentado y tomó el arpa. Toco las cuerdas y se sorprendio por el sonido que salía de ellas. ― ¿Cómo haces que suene tan bonito? ― Embelesado no respondió por la enorme distracción que ella representaba. ― Hace tiempo tocabas una flauta. ¿Sabes tocar más instrumentos?

― Se hacer muchas cosas, preciosa. Tocar instrumentos no es lo mejor que se hacer.

― Eres un cerdo.

― Aun así me amas.

― Quien sabe, tal vez solo me gustan los regalos y las cosas extrañas que siempre traes para mostrarme.

El frunció el ceño. No le agrado eso, pero sabía que ella solo lo decía para desquitarse. ― Ya no tengo que hacer intercambios por besos. ― Ella dejó de tocar el arpa. ― Nunca intercambie ningún beso, me los robabas.

― No puedes robar algo que siempre ha sido tuyo.

― ¿Por qué sigues diciendo esa clase de cosas? No soy una de esas mujeres a las que frecuentas.

― Pensé que ese tema ya había quedado claro. No he tocado a otra mujer desde que te conocí, de hecho desde antes, todas comenzaban a aburrirme y llevaba un tiempo sin ver a ninguna, desde que te conocí todo esto es tuyo, no sé por qué no lo aprovechas.

― Porque no estamos casados. ― Decidió dejarlo pasar, ese era otro tema que le molestaba a Borya. A su parecer, se estaban tardando demasiado en casarse, pero ella seguía insistiendo en que debían esperar a la época de matrimonios durante el verano. ― He estado mucho tiempo aquí y no he recibido un solo beso.

Extendió su mano y ella la tomó, dejando que la atrajera hacia su cuerpo. Cuando la beso y apretó su trasero entre su enrome mano, apenas saltó sorprendida pero no se quejó. Ella ya aceptaba su toque sin problemas.

― Te amo, pero te amaría más si tú también lo dijeras seguido.

― ¿Para qué? Tú ya lo sabes, sería un desperdicio de saliva decirte algo que sabes perfectamente.

Gruño enojado y la apretó aún más contra su cuerpo, besándola con fuerza y pasión como castigo mientras apretaba su culo con más fuerza de la necesaria. Ella se burló de eso, pero siguió besándolo. Estaba aprendiendo a hacer chistes desagradables igual que él, no sintió orgullo, pero le agrado que tuviera más confianza como para bromear de esa manera.

― ¡Zvezda! ¿Dónde estás? Sabes que no puedes salir sola. Los alrededores son demasiado peligrosos. ― Ella se asustó al escuchar a Damir y se alejó de Borya.

― ¿A dónde vas? Todavía no hemos dado ese paseo. ― Borya trató de detenerla.

― Será mejor que te vayas. Damir se enojará mucho si te descubre.

― ¡No! Vamos a enfrentarlo y decirle que nos casaremos en el verano. Debe hacerse a la idea.

― No, por favor. Va a enojarse y atacarte y luego tú le harás daño. ― Borya estaba contrariado, quería pasar un par de horas con ella, pero en su lugar apenas tuvo unos cuantos minutos.

― Esta bien, pero volveré mañana para el paseo y pasado mañana para el picnic.

― Está bien, vete. ¡Ahora!

Borya se alejó con un mal sabor de boca. El poco tiempo que podían compartir ahora era interrumpido por el hermano. Definitivamente todo era mucho mejor cuando el cazaba al bicho desagradable y dejaba la granja descuidada y sin vigilancia para poder ver a Zvezda.

Aun así no se rindió. Regreso al día siguiente para verla y afortunadamente pudieron pasar un tiempo junto. Caminaron por el bosque y se divirtieron buscando hierbas y hongos. Tuvo que acompañarla porque dijo que se estaba quedando sin provisiones, no podía permitir que saliera a recolectar plantas medicinales ella sola.

Al día siguiente volvió con el picnic y el siguiente de nuevo paseó por el bosque. Ella conocía bien la zona, pero quería aventurarse y eso no le agradaba. Ella es demasiado curiosa para su propio bien y aunque eso le encantaba, también le preocupaba que esa curiosidad la pusiera en peligro.

La primavera transcurría lentamente, con lluvias y pequeñas tormentas que a veces les impedía tener un día para ellos, pero Borya encontraba la manera de atraerla al granero y se encerraban ahí, en el escondite de heno. Damir ahora estaba vigilante y en muchas ocasiones se acercaba demasiado casi descubriéndolos, Borya no podía evitar distraerse e ignorar todo excepto a la misma Zvezda, por lo que no notaba que los pasos toscos sobre la hierba, que trataban de ser cautelosos, pero que hacían tanto ruido como un enorme oso, se acercaban lentamente a ellos tratando de descubrirlos juntos. Zvezda estaba preocupada por ser descubiertos, pero a él lo traía sin cuidado.

Lo que realmente debía preocuparle ni siquiera lo molestaba, pero él tenía una excusa. Los upiros preferían salir de noche, especialmente los neófitos. El sol no los mataba, pero los debilitaba y aunque la primavera no era la época más soleada, ni siquiera se atrevían a salir en el día durante una tormenta que oscureciera el cielo. Solo se aventuraban cuando creían que todos dormían, tenían miedo de ser descubiertos porque no tenían a un verdadero maestro para que los guiara y les enseñara, otros neófitos recién convertidos los estaban convirtiendo.

Ya había acabado con la mayoría y los números ya no crecían como antes. Los neófitos estaban tan asustados que apenas y salían a comer, ahora solo querían sobrevivir. Todo eso le dio una ventaja a Borya y también tiempo libre.

Justo en ese momento, se encontraba vigilando a Zvezda desde la distancia, escondido entre los árboles y esperando el momento adecuado para llamarla. Los bichos desagradables, que a ella tanto le gustaban, revoloteaban con sus pequeñas alas y se reían en sus oídos, ocasionando que tuviera un chillido desagradable en ellos permanentemente. No los aplastaba porque sería de mala suerte para él matar a los guardianes del bosque, pero a veces se lo planteaba.

Mientras veía a Zvezda moverse de un lado a otro por la granja y babeaba por tenerla entre sus brazos para poder hacerle todo lo que quería, no se dio cuenta que lo atraparon, hasta que una rama se rompió justo detrás de él. Se dio la vuelta con cuchillo en mano hasta que se dio cuenta que Solo era Damir.

― Lo sabía. ― Atrapado. Esto sería un problema y no sabía cómo solucionarlo.

― Sabía que acechabas a mi hermana. Ella nunca va a estar contigo. ― Borya sonrió. ― ¿Y si te dijera que vamos a casarnos pronto? ― Damir Bufo. ― Ella no se casará contigo, jamás. No me desobedecería.

― Parece que no la conocieras.

― Eres tú el que no la conoce en absoluto. Acecharla desde la distancia no te dice más que lo que puedes ver desde tan lejos.

― ¿Quién dice que permanezco a distancia?

― Ella sabe que eres peligroso, nunca se acercaría. ― Borya se burló de él. ― Esta segura en casa, con nosotros. Si sigues acercándote tendré que matarte. Sé que crees que eres invencible e inmortal, pero todos tenemos un punto débil.

― Hay un lugar que te encantara. Vamos a dar un paseo. ― Dijo Borya, con un plan en mente.

― ¿Qué no escuchas lo que te digo?

― Si, pero para evitar matarte y que ella se moleste, tengo una mejor idea, te llevaré a divertirte un rato.

― ¡No voy a ningún lado con un monstruo!

Borya lo tomó de la cintura y lo puso sobre su hombro. No era para nada satisfactorio, pero debía hacerlo. Ahora tenía que llevarse bien con ese hombre, aunque no le agradara. Pronto seria su cuñado. Así que se dirigió a donde dejó su cabello y lo subió a él, mientras Damir se quejaba. No esperó a que intentara bajarse y huir, solo subió al caballo detrás de él y los dirigió a la aldea más cercana donde todavía gente viva y los upiros no habían atacado tan fuerte.

Al legar se dirigió directo a la pequeña posada que era más una cantina que otra cosa. Si alguien paraba en el lugar, era para tomar algo antes de continuar hacia la aldea más grande, pero en los últimos tiempos el negocio iba muy mal, tan mal como el comercio en toda la región. Una cosa más de que preocuparse, pero eso no podía solucionarlo por completo. Tenía que acabar con todas las amenazas primero y recuperar el buen nombre de la manada.

― Siéntate y deja de discutir. Te escuche todo el camino, entiendo que me odias, pero mis oídos no soportan tantas quejas en un solo día.

― ¿Por qué me sentaría?

― Porque voy a comprarte hidromiel o vino, cerveza si prefieres. Puedes beber toda la que quieras. ― Damir pareció interesado.

― Puede beber todo lo que quiera siempre y cuando tenga como pagarme. ― Dijo la mujer que atendía el lugar. Borya tomó la bolsa con las monedas y la puso sobre la mesa.

― ¿Esto no te servirá para pagar por todo lo que se beba al final del día?

― Claro que sí, mi señor. Comprenda que justo ahora no puedo extender créditos o cortesías a nadie, ni siquiera a su familia.

― Lo comprendo. Ahora solo trae lo que el pida y sigue trayendo hasta que se caiga de ebrio.

― No voy a beber tanto.

― Claro, por eso siempre haces que tu hermana prepare hidromiel.

Damir no respondió. Borya agradeció por decidir traer las monedas. Sus arcas estaban casi vacías, pronto tendría que hacer algo al respecto, pero mientras tanto, convencería a su cuñado de que no había que temer sobre el matrimonio de él y Zvezda.

Comenzó a llenarlo de bebida, a embriagarlo y lentamente el hombre fue soltando todo. Hablo de su preocupación por la familia, de lo difícil que era cuidar de todos y al final solo hablaba de Zvezda y lo preocupado que estaba por ella y por su futuro.

Borya podía identificarse con todo eso, pero sus propios problemas eran mayores, el hombre tenía que cuidar solo de una familia, Borya estaba a cargo de toda una manada y ahora de toda una región. El verdadero alfa era su padre, pero Borya era quien hacia todo el trabajo últimamente.

― No puedo dejar que te acerques a ella o la mataras. ― Damir estaba cada vez más borracho y ya no se guardaba nada. ― ¡Yo nunca la lastimaría! Me clavaria una daga directo en el corazón antes que lastimarla. ― Respondió a la acusación solo con hechos y verdad. ― Puede que no quieras matarla, pero lo harás o causaras su muerte. ― Borya se alarmó, pero le concedió el comentario a todo lo que se bebió Damir. Un sorbo de cerveza más y cayó a la mesa dormido.

Dejo monedas suficientes sobre la mesa y cargó a Damir hasta el caballo, ya había oscurecido, por lo que supuso que las mujeres estarían preocupadas por el hombre de la casa. Lo mejor sería darse prisa para llevarlo a casa antes de que Zvezda hiciera que se le cayera la polla con magia o algo peor, pero no podía haber nada peor que eso.

Cuando llego a la granja, apenas el caballo se asomó a la entrada del camino, Zvezda corrió hacia ellos y se detuvo junto al caballo. ― ¿Qué hiciste? Lo lastimaste. ¿Cómo pudiste…? ― Grito ella llorando. ― ¡Yo no lo lastime! ― Borya grito, pero se dio cuenta que no fue lo mejor cuando ella tomó aire enfurecida por su tono. ― Solo lo embriague.

― ¿Quién te dijo que te lo llevaras y lo embriagaras?

― Nadie, no tengo que pedir permiso, solo hacerlo.

― Eres una bestia tonta.

Borya avanzo hasta la casa sin responder al insulto, se bajó del caballo y tomó a Damir en brazos, lo llevo hasta la cama y lo dejo ahí mientras la esposa de Damir lo miraba de mala manera.

― ¿Qué pasa, mujer? ¿Nunca has visto a un hombre hebreo?

― No a mi esposo. Por lo menos no hasta que todos ustedes, bestias inmundas llegaron. Zvezda, ve a pedirle a uno de los siervos que traiga agua, ayúdalo.

Zvezda ni siquiera discutió, solo salió de la casa muy enojada. ― Ahora, señor volkodlak, espero que entienda que no es bienvenido y que solo nos trae problemas. Tratamos de proteger a Zvezda de todo mal, pero usted es el peor de todos y no lo queremos cerca. Por última vez, le pido que se aleje de ella o tomaremos el asunto en nuestras manos y habrá consecuencias.

― ¿Qué harán, embrujarme? Puede que crean que soy una bestia sin cerebro, un monstruo, demonio o lo que sea, pero también se algo de magia y hechicería, no la uso porque no es de mi agrado, pero si me atacan con magia, les devolveré el golpe y aun así me casaré con Zvezda.

― ¿Con quién se casará cuando ella esté muerta? Si insiste en verla eso es lo que pasará.

― Damir dijo lo mismo, pero yo nunca le haría daño, yo la protejo. No podría vivir sin ella, jamás me atrevería a lastimarla ni siquiera por accidente.

― ¿Y su padre, sus hermanos, los otros volkodlak? Ella no sabe que criaturas como ustedes existen por una razón. Su madre, le encomendó a Damir que evitara que la bebé en camino se relacionara con volkodlak o moriría a manos de uno. Dijo que los upiros no son un gran peligro para ella, pero que aun así la bebé jamás debería conocer criaturas inmortales que pudieran lastimarla.

― ¿Es por eso que mantienen en secreto que existimos? No la están protegiendo, están exponiéndola a más peligro. Si ella no sabe que existimos, jamás sabrá cómo defenderse de nosotros.

― Si ella no sabe que existen, no sentirá curiosidad y evitará el peligro. Sabe bien que si ella lo supiera, iría tras criaturas como usted para averiguar todo sobre la naturaleza de esos seres. Los únicos que permitimos cerca de ella son a las criaturas del bosque, que no viven entre mortales, ni inmortales, ellos son magia pura y se alejan de toda criatura. Jamás la lastimarían.

― Pues déjeme decirle que es una tontería aún más grande que todo lo anterior. Esas criaturas me atacaron hace tiempo, son malvadas y pueden causar mucho daño.

― Váyase, váyase y no regrese a buscarla. Mantenga la distancia que nosotros mantendremos la nuestra. Por el bien de Zvezda.

― El único bien para Zvezda soy yo. Me casaré con ella, aunque tenga que enfrentarme a todas las criaturas mortales e inmortales en este mundo y en el otro.

― Espere. ― Se detuvo con una mano en la puerta. ― Llévese a sus siervos con usted. ― Se giró para mirarla y le dio su típica sonrisa y mirada mortal, las que ocultaba de Zvezda. ― La única forma de deshacerse de ellos, es matándolos, pero los cadáveres serán su problema y las manadas volkodlak de las tribus polanas también.

Salió de la casa, furaco y con ganas de matar algo. Esa mujer y su esposo se atrevían a insultarlo de tal manera que ahora no podía controlar su temperamento. Quería transformarse y correr hacia el grupo que cazaba upiros o hacia los upiros mismos. Los rastrearía rápidamente y los mataría de un zarpazo de sus garras, a todos, pero tenía que llevar su caballo a la aldea, si lo dejaba ir solo, era posible que algún upir lo atacara en el camino, todavía no había casos de ataques en esa zona, tan cerca de la aldea, pero alguno de ellos podía ser inteligente y esperar al momento indicado para luego esconderse de nuevo. No le sorprendería que se organizaran, luego de que mueres, el único objetivo que queda es no volver a morir y para eso, se necesita actuar coordinadamente.