Capítulo 37

Cuando Borya se fue, Zvezda se sintió mal por su comportamiento. Entendía que Borya siempre se preocupó por ella, pero no podía dejar de buscar a Damir y no podía dejar de hacer lo que tenía que hacer.

A veces el deber venia en formas extrañas, te obligaba a presionar tus límites o a cruzarlos y aunque pudiera ser peligroso, el carácter no se formaba quedándote en un rincon esperando a que las cosas se solucionaran. Zvezda aceptaba la preocupación de Borya, pero también debía cumplir con su deber en la vida, cuidar y proteger. Su hermano no estaba exento de ese cumplimiento de su deber y por lo tanto era una obligación salir a buscarlo aun con su vida en riesgo.

El resto de día, con todo eso claro, se debido a hacer sus tareas y a esperar a Damir, no quería que desapareciera una noche más, la anterior ya había sido lo suficientemente terrorífica como para pasar por otra parecida.

Cuando el atardecer llego Damir salió del bosque, fue la primera en verlo porque lo estaba esperando en la puerta de la cocina. Corrió hacia él para verificar que no estuviera herido, estaba bien a simple vista, pero él parecía muy enojado.

― ¿Qué sucede? ― Le pregunto, preocupada. ― No lo mataron. ― Eso ya lo sabía. Por lo menos no se encontró con algo malo ahí afuera, ahora el problema era que Damir se iría al siguiente día, buscando esa criatura. ― Pero encontré rastros de una pelea cerca de la casa. Por ahí. ― Damir señalo el lugar donde ella vio esos ojos brillantes. ― No parecían cosas pequeñas, debieron ser animales muy grandes o personas. Saliste a buscarme anoche y pudiste toparte con lo que sea que había en ese lugar, peleando.

― Tal vez fueron los siervos. Ellos fueron a ayudar ¿No? Se perdieron o se enredaron con los árboles y tuvieron que luchar un poco. No conocen bien los bosques.

― No lo creo. ― Respondió él.

Zvezda sabía que se encontraba tan pálida como se sentía. ¿Qué había sido eso? Tal vez era mejor no averiguarlo.

Fueron adentro, le sirvió la cena, estaba hambriento, últimamente no comía muy bien en el bosque. La preocupación se convirtió en rabia y ya no quería preocuparse por él que no hacía nada por la familia. Se estaba volviendo loco y mientras tanto ellos se veían afectados.

― ¿Saldrás mañana?

― Tengo que cazar esa cosa.

― Has dicho eso por más de una semana. ¿Qué hay de la familia y de la granja? ¿Terminaras abandonándonos?

― Hago esto por el bien de todos.

No dijo nada más, se encargó de los trastos luego de que él termino con la comida y dejo todo limpio y organizado para el día siguiente. Cuando todos estuvieron en la cama y listos para dormir, con la vela apagada y todo en silencio, Zvezda se quedó despierta, pensando en tantas cosas, los problemas la agobiaban. Borya no ayudaba en ocasiones, pero seguía ahí.

La enfermedad avanzaba y cada vez recibía más noticias de enfermos y alguna que otra muerte. Todo estaba mal. ¿Estaba haciendo algo mal? Si era así, deseaba saber que era para resolverlo.

Alguien toco la puerta y la saco de sus pensamientos, ya había pasado mucho desde que se fueron a la cama, la noche había avanzado y no debería haber nadie en los alrededores. Sintió a Damir moverse en la cama.

― ¿Hola? ― Una voz femenina, llena de urgencia se escuchó a través de la puerta. ― Soy una viajera perdida. ― Había algo mal con esa voz, algo mal con lo que estaba sucediendo. ― Me separé de mi caravana y necesito ayuda. Tengo hambre. ― Zvezda sintió que está seria su segunda noche de horror y sintió un escalofrió. ― ¡Por favor! ― Esta vez la voz no solo contenía urgencia, casi gruño las palabras en un tono agudo. ― ¡Abran la puerta! Necesito ayuda.

Damir tomó su mano y le entrego su daga, que se quedaba todas las noches junto a la cama. Ella la apretó con fuerza. ― No Abran la puerta. Nosotros nos encargaremos. ― Escucharon la voz de uno de los siervos.

― ¡Malditos!

El grito de la mujer fue lo último que escucharon que tenía sentido. Todo lo demás después de eso, los gruñidos, los gritos agudos llenos de dolor y todo lo que parecía salido de una pesadilla, era tan extraño que todos, por consenso, decidieron que eso es lo que era, una extraña pesadilla. No fue la última vez que lo escucharon esa noche. Una par de veces más, los sonidos de pesadillas retumbaron en la granja y atravesaron las paredes de la casa.

Borya se agachó junto al gran charco, era tan profundo que le serviría para lo que necesitaba. ― ¿Qué hace? Ensuciará el cuchillo. ― Le advirtió Jaropelk. Borya se quedó viendo como daba vueltas en el charco, lentamente giraba a un lado y a otro, hasta que apuntó a cierto lugar. ― Ese no es el norte. ― Dijo Varyil sorprendido.

Borya se levantó y miró al este, a donde apuntaba el cuchillo. ― El nido está por allá. ― Jaropelk lo miró pensativo. ― ¿Deduce eso solo porque un cuchillo flotó en dirección equivocada? ― Borya sonrió. ― ¿Alguna vez has tenido que lidiar con magia? Cualquier tipo de magia. ― Jaropelk negó. Borya sabía que era un hombre de aldea, nunca había salido al mundo, fue a alguna campaña en el pasado, pero aun así volvió como el mismo hombre de aldea pequeña.

Varyil por otro lado, sabía perfectamente que pasó con el cuchillo y por eso respondió a las dudas de Jaropelk. ― La magia funciona de manera extraña. Cuando es mucha y es poderosa, puede causar efectos extraños, como perder el norte cuando tratas de buscarlo. ― Dijo con tono de erudito. ― ¿Qué tiene que ver eso con el cuchillo? ― Preguntó Jaropelk de nuevo. ― Si usas un cuchillo, lo haces flotar en el agua por sí solo, esté apuntará al norte, no sabemos por qué, pero es algo que pasa. Si el cuchillo apunta hacia otro lado, entonces algo interfiere y probablemente es algún otro metal o roca extraña, pero es posible que sea magia.

El grupo siguió a Borya, la noche apenas era alumbrada por la luna menguante, pero todos veían a la perfección. ― Así que el hechicero se estableció al este, en dirección contraria a la granja. ― Jaropelk hablaba con Varyil, tratando de descifrar lo que sucedía. ― Quería despistar, además se aseguró de cubrir su escondite con magia bastante poderosa, pero la magia interfiere con el orden natural de las cosas si se hace de forma tan exagerada. ― Varyil le explicó con paciencia. Parecía que se llevarían bien, los dos hombres se complementaban, eran la combinación perfecta que él necesitaba. ― Ahora entiendo, la magia para camuflar su escondite hizo que el cuchillo apuntara al lugar equivocado.

― Silencio. A partir de ahora debemos ir furtivamente para evitar ser detectados. El que tenga la oportunidad de matar al oboroten, hágalo. Si no lo matamos esta noche enviará a los upiros contra la manada y contra cualquier aldea en el camino. Transfórmense ahora y quiero que se mantengan a una buena distancia uno del otro, no quiero sorpresas y que maten a todos porque los atraparon en una emboscada.

Borya los vio transformarse, debía tener paciencia para esperar que lo hicieran, algunos sufrían dolor insoportable debido al cambio que rompia algunos huesos y hacia surgir nuevos además de curar y doblar la longitud de los que se partieron.

No estaba seguro si también debía transformarse, pero lo hizo luego de que todos estuvieron listos. Si el nido era lo suficientemente grande y estaban tan fuera de control como pensaba, aunque el hechicero creyera que los tenía bajo su poder, lo mejor era estar preparado para una batalla demasiado sangrienta.

Borya dirigió al grupo, pero no sabía muy bien a donde dirigirse, estaban cerca del rio, pero no sentía que fuera el lugar, así que los hizo avanzar hasta que cruzaron y se alejaron lo suficiente como para pensar que ya era demasiado lejos. Algunos todavía no cruzaban el rio y era mejor así, la distancia entre ellos permitiría que los que se quedaron atrás se convirtieran en refuerzos en caso de ataque.

¿Alguna vez revisaron la zona a fondo? Si había una cueva, debía ser un agujero en el suelo, porque no había muchas elevaciones en el terreno como para encontrar una entrada. Se enfocó en eso. Un lugar que pareciera fuera de lugar o que lo desorientara. Entonces se dio cuenta que se alejaba de cierta parte del bosque, como si no importara y sintió la influencia.

Encontró el lugar correcto, pero también encontró algo más. Cuando fijó su atención, un olor putrefacto lo golpeo y se intensificó rápidamente. Entonces vio el horror que pensó que no vería en sus tierras nunca.

Reacciono antes de que fuera demasiado tarde y dio el aviso a través del vínculo mental, sin ruido ni escándalo, entonces se dispuso a atacar al cadáver que caminaba hacia él y con sus garras lo golpeo en el rostro y cuello, tratando de dañarlo lo suficiente como para que le fuera aún más difícil de moverse. Esa sería su única ventaja.

Los cadáveres reanimados por el hechicero, que no era un simple oboroten, era lo que los griegos llamaban un nigromante. El maldito usaba a los muertos para la adivinación y también para reanimarlos por medio de espíritus malignos que le brindaban el poder de manipular los cadáveres y usarlos a su antojo. Esos cadáveres seguirían animados hasta que cumplieran la misión que el nigromante les otorgó o hasta que el mismo nigromante los liberara de su poder.

Lo peor del asunto es que vio a más cadáveres surgir del campo mágico que ocultaba el nido donde se escondía el oboroten. Ahora entendía como es que podía manipular tan fácilmente a los upiros. Al ser en gran parte, cadáveres reanimados, la nigromancia le daba cierto poder sobre ellos, especialmente porque la mayoría debían ser upiros salvajes que ni siquiera razonaban y solo Vivian para alimentarse.

Los cadáveres vinieron, atacándolo a él primero, pero los destajó fácilmente. ¿Quién en su sano juicio podía creer que una de esas cosas podría hacerle algún daño? Al parecer tenían mucho tiempo pudriéndose a la intemperie, por lo que dedujo que el bicho feo los reanimo hace varios días. Eso significaba que no estaba herido y delirante por la pérdida de sangre y la posible infección que pudo adquirir una herida del calibre de la mordida de Borya. Estaba en todos sus sentidos cuando los reanimo, era demasiado estúpido para su propia suerte y moriría por eso.

Se abrió paso entre los cadáveres, dejando que los demás se hicieran cargo cuando volvieran a levantarse. Cuando se acercó al campo mágico, algo lo sacudió con tanta fuerza que su transformación se invirtió y volvió a ser humano, lucho contra ello, la magia usada en los alrededores era poderosa, pero él era más poderoso y recupero su forma de bestia en pocos segundos.

Olio el aire y pudo detectar de donde venía el olor de la sangre del oboroten. La herida fue lo suficientemente grave como para que no pudiera cerrarla o cubrirla sin que la sangre lo empapara y de vez en cuando. ¿Cómo era que los upiros no lo atacaban? Había muchas preguntas que tal vez nunca tendrían respuesta, pero eso no importaba. Vino a matarlo. Y eso haría.

Siguió el olor y descubrió un agujero bastante grande en el suelo, estaba cubierto por arbustos y vegetación que hacían imposible verlo. Alguien pudo caerse ahí, un niño de la manada, la misma Zvezda. No era momento de pensar en eso, así que se dejó caer por el agujero y aterrizo en una cueva bastante amplia, que tenía un pasadizo al fondo, tal vez había más cámaras, pero por el momento, estaba en el lugar correcto.

― Pensé que no me encontrarías. Fui un tonto. ― Borya se burló con una risa gutural. ― Bueno, creo que solo nos queda luchar hasta morir, por supuesto no seré yo quien luche. ― Se levantó apoyándose contra la pared de roca detrás de él, la pequeña fogata que logro encender dentro de la cueva y que apenas y le brindaba el calor necesario lo alumbro de forma lúgubre, empeorando las facciones del hombre pálido y moribundo. ― Mátenlo, mientras yo voy por ella.

La docena de vampiros que se encontraba con él, custodiándolo, escondidos entre las sombras, sin saber que él podía ver perfectamente y tan bien como ellos en la oscuridad, le sisearon y luego intentaron atraparlo por sorpresa, con uno rodeándolo y tratando de atacarlo por detrás, pero se giró y lo tomó del cuello, apretándolo con fuerza y rompiéndolo, para luego lanzar el cuerpo contra el hechicero que comenzaba a transformarse en el bicho desagradable que prefería para volar.

El hombre cayó al suelo golpeándose la cabeza contra la pared de roca, pero para mala suerte de Borya, seguía vivo. Los demás upiros comprendieron la gravedad del asunto y varios de ellos saltaron hacia el agujero en el techo de la cueva, escapando. Necesitaba que algunos de ellos lo hicieran, luego Jaropelk y Varyil irían tras ellos.

Los que se quedaron no se decidían a atacar, pero Borya no tenía paciencia, así que fue hacia el hechicero y le quitó el cadáver de encima, ya estaba haciendo su magia profana para reanimarlo, pero Borya tomó el cadáver y lo lanzo a algún lugar de la cueva, luego le rugió en la cara, sabiendo que la fogata cercana le permitiría ver algo de las facciones lobunas.

Alguno de los upiros tomó su pelaje detrás de la cabeza y trató de arrastrarlo lejos del nigromante, pero de un manotazo le rompió el brazo y lo lanzo al suelo. Ignoró el grito y solo se concentró en el nigromante de nuevo. Esta vez lo mordió en el cuello, abarcando toda la columna que sostenía su cabeza y apretó con fuerza hasta que escucho que muchas cosas se rompían y que la sangre salía a borbotones, derramándose fuera de su boca.

Fue demasiado fácil.

Era un mortal. Con magia profana y poderosa o no, era fácil de matar, por lo frágiles que eran podían lastimarse o morir con tanta facilidad que le aterraba pensar en que algo le sucediera a Zvezda. Pero ese miedo desaparecería pronto.

Salto por el agujero en el techo y aterrizo de nuevo en forma humana, Varyil y Jaropelk lo esperaban, aun en forma de volkodlak. ― Casi una docena, o tal vez más, escaparon. Ya saben que hacer, háganme saber cuándo lo tengan. ― Ellos asintieron y corrieron juntos siguiendo a los upiros, los demás ya estaban cazándolos.

Pensó que la única forma de convencer a Damir de que no volviera a irse de casa por mucho tiempo seria llevando una prueba, así que bajo de nuevo a la cueva y se acercó al cadáver del hechicero. Tendría que arrancarle la cabeza. Por suerte para todos, podía dejar el resto ahí con el cadáver del upir, los cadáveres reanimados se deshicieron luego de que el hechicero murió, por obra de la magia. Ni él mismo entendía como funcionaba la magia, aunque era un ser producto de ella. Apenas y sabía de todas esas cosas y tal vez era hora de ilustrarse un poco.

Tomó la cabeza y tiro de ella, se desprendió con facilidad porque la mordida destrozo mucho de lo que la mantenía unida al cuerpo. El sonido que hizo le pareció desagradable, pero estaba acostumbrado a eso y a lidiar con la matanza.

Volvió a salir y esta vez se dirigió a la granja. Cuando llegó se encontró con la escena de una batalla aún más sangrienta que la suya y se preocupó, pero vio a uno de los polanos vagando por las inmediaciones. Se dirigió a él.

― ¿Qué sucedió?

― Upiros. Atacaron esta noche.

El maldito había enviado a las sanguijuelas para que hicieran el trabajo. Llevarse a Zvezda y a cambio podrían matar a la familia. Estaba tan herido que ya no podía transformarse y volar libremente, por suerte tenía a los polanos trabajando en la granja.

― ¿La familia está bien?

― Ninguno entró y ellos no salieron.

― Falta mucho para el amanecer, pero tengo cosas que hacer. ¿Crees que sea prudente despertarlos?

― No hará falta. Deben estar despiertos. Escucharon todo.

Eso era malo, no quería que Zvezda se asustara, pero era algo que no podía evitar, los polanos hicieron bien su trabajo. ― Bien hecho. Estén atentos, muchas de esas cosas escapara ron y creo que había más escondidas en otros lugares. Al parecer el oboroten planeaba acabar con toda la vida en la región o algo parecido.

― Estaremos atentos, alfa.

Se dirigió a la casa y toco la puerta, estaba desnudo, pero no pensaba hablar con Zvezda. La vería al día siguiente, cuando la sangre no lo cubriera y estuviera presentable. Toco la puerta suavemente. ― Damir, abre. ― Lo escucho moverse con duda por la casa. Al final se acercó y abrió solo un poco. ― ¿Qué ha pasado aquí? No me gusta lo que escuche.

― Tranquilo, los siervos cuidaran de ustedes. Tenemos una plaga de upiros, pero lo solucionaremos. ― Habló en voz baja para evitar que Zvezda lo escuchara. ― Tengo algo para ti, ya no debes volver al bosque a cazarlo. ― Le ofreció la cabeza y vio como palideció. ― Yo no quiero eso.

― Me costó mucho conseguirla ¿Desprecias mi regalo?

― No es un regalo que quiera, pero si lo que quieres es que diga que no volveré a irme, entonces lo tienes. Ya no tengo razón para salir, a menos de que tenga que cazar esas cosas. ― Eso solo lo hizo enojar. ― No, nosotros nos encargaremos de eso. Son más peligrosos que un simple oboroten, estos son inmortales. Te matarían con facilidad. Permanece en la granja, donde los polanos puedan vigilarte.

― Está bien.

― ¿Zvezda está bien?

― No, está en medio de uno de sus trances, pero está recostada y a salvo.

― ¿Lleva mucho tiempo así?

― No, comenzó hace media hora, tal vez.

Poco antes de que él y el grupo encontraran la guarida del oboroten y los upiros. No le gusto esa casualidad, pero una vez más, la magia funcionaba de maneras extrañas.

― Ella no sabe nada de ustedes, ni de los upiros, nada acerca de gente transformándose en bestias o cosas extrañas. Quiero que permanezca así.

― Es una bruja, una a la que muchos de nosotros acuden, por alguna extraña razón. Algún día tendrá que enterarse.

― No será hoy, ni mañana.

No dijo nada más, simplemente se despidió y se fue. Tenía que deshacerse de la cabeza y hacer tantas cosas. Solo esperaba que los problemas se redujeran esta vez. Ya estaba cansado de ir tras los desastres para evitarlos y ver como uno nuevo se avecinaba de inmediato.