Chapter 49: Capítulo 36
― Una casa.
― Si, adorado padre.
― Tú casa.
― Si, adorado padre.
Maksim se quedó en silencio por unos segundos. Nunca permitió que sus hijos dejaran su techo, a menos de que se fueran de la manada y de la aldea, para siempre. Como ninguno se casó, por lo menos no los hermanos que Borya conocía y no los que estuvieron desde que él nació, entonces los que salieron de casa lo hicieron para irse por su cuenta y solos, para nunca ser vistos de nuevo. Se preguntaba si él tendría que casarse para que Maksim le dejara tener su propia casa.
Lo vio levantar a uno de los cerdos que ambos estaban revisando. Maksim revisó el abdomen del animal y cuando estuvo satisfecho volvió a dejarlo en el suelo como si nada. Borya se preguntaba por qué los mortales no podían hacer cosas tan sencillas como esa, levantar a un cerdo adulto no era ningún problema, pero al parecer un mortal no podría hacerlo, por lo menos no por su propia cuenta.
― ¿Para qué quieres una casa?
― Estoy cansado de escuchar a Vuk y sus conquistas. Necesito privacidad. Me siento atrapado. ― Lo dijo sin temer, si era sincero o medianamente sincero, Maksim no sospecharía o pensaría cosas que lo llevarían a prohibirle independizarse. ― No es lo mejor. La familia permanece unida.
― Todavía estaré cerca, solo quiero mi propio espacio.
― ¿Para que puedas traer a esa ramera y follarla en frente de mis narices?
― ¿Annika? No la he tocado hace tiempo ¿Por qué la llevaría a casa cuando no la quiero?
― ¡Sabes a quien me refiero! No te hagas el estúpido. No soy un lobo cualquiera, Borya ¡Soy tu padre y nadie te conoce mejor que yo! Toda tu vida has sido manipulador, mentiroso, desleal y los dioses saben que demasiado problemático.
― Eso último es culpa de Varyil.
― No vas a convencerme alagándome con nombres tontos, como adorado padre, tienes que hacerlo mejor que eso, porque a estas alturas de tu vida, yo conozco todos tus trucos. No tendrás una casa, mientras no te cases con Annika o no dejes la manada. Seguirás bajo mi techo y bajo mi control.
No le agradó para nada el tono de su padre, pero debía recordar que últimamente parecía fuera de sí, cada vez más cerca de perder el control de su humanidad. Por ahora no era una buena idea retarlo de esa manera. Justo ahora solo podía ir a ver como se encontraba Zvezda y esperar al momento indicado.
¿Cuántas veces se dijo eso?
Demasiados problemas, muchos planes y pocas oportunidades para resolver todo, pero debía acelerar el paso, ya no podía darle tiempo a todo el mundo y esperar que comprendieran que él era la mejor opción en sus vidas, la manada y Zvezda tenían que ser suyas pronto.
Cuando llegó a la granja, Damir estaba a punto de salir. Espero a que se fuera, Zvezda no estaba nada contenta con eso, se removió el cabello, buscando una excusa para ser tan torpe y dejar escapar al enemigo, ella no sabía con que trataban, pero aun así merecía una explicación de por qué su hombre había fallado y merecía retribución por permitir que fuera así y que su hermano volviera a irse.
Fue a buscarla cuando la vio alejarse hacia el poso. No llegó temprano para realizar las tareas diarias de la mañana y eso le molestó, ella debía estar cansada y alguien debía hacer todo eso por ella.
Cuando se dirigía al pozo, se encontró con la mujer de Damir, con escoba en mano se fue contra él y comenzó a golpearlo. ― ¡Ladrón, mentiroso, secuestrador! ― La mujer le daba golpes certeros a su rostro y tratando de huir de ella se tropezó con un hacha en el suelo y cayó sobre su trasero. ― ¡Largo, largo de mi casa! No vengas a robar.
― ¡No soy ladrón, mujer! Vengo a buscar a Zvezda, ya lo sabes.
― ¡Quieres secuestrar a Zvezda!
Lo golpeo con más fuerza y entonces escucho los pasos apresurados de Zvezda que corría hacia ellos. ― ¿Qué haces? No lo golpees, déjalo. ― La mujer no se detuvo hasta que rompió la escoba en su cabeza. ― ¡Rompiste mi escoba! Además de ladrón vienes a romper cosas. ― Zvezda se arrodilló junto a él y tomó su cara entre sus manos, supo lo que tenía que hacer. ― ¿Estas bien? ― Preguntó ella y él puso cara de tragedia, su peor cara de tragedia. ― ¡Lo lastimaste! ― Le grito a la otra mujer. ― No es cierto, es un embaucador, está mintiéndote.
Él siguió fingiendo tragedia. ― Me dolió. Me golpeo muy fuerte, rompió la escoba conmigo. ― Zvezda llevó su rostro hacia su pecho, donde él se refugió con gusto mientras sonreía malvadamente para que solamente Sonja pudiera verlo. ― ¡Míralo! Esta fingiendo. No le creas una palabra y mucho menos su cara de dolor. Me dolió más perder mi escoba, ahora tendré que hacer otra.
Sonja se fue y Zvezda lo ayudó a levantarse, tomándolo de la mano. ― ¿Estas bien? ― él asintió aun fingiendo dolor. ― ¿Quieres ayudarme con el trabajo? ― Ambos se dieron una pequeña sonrisa. Se dirigieron al pozo, donde ella aun no sacaba el agua que necesitaban. Le ayudo con todo el proceso, al principio en silencio, luego ella habló.
― Damir se fue otra vez.
― Lo vi cuando llegué.
― Dice que quiere asegurarse que ustedes hicieran el trabajo.
Borya no dijo nada, pero sabía que en algún momento tendría que decirle que le falló. ― Consiguieron matar a la criatura ¿Verdad? ― Se concentró en poner los baldes llenos de agua en el madero y cargarlos, sin sostenerle la mirada. ― Borya, no quiero que Damir un día no regrese, porque se obsesiono con alguna criatura que solo él ha visto hasta ahora. ¿Hay alguna criatura y ya está muerta?
― Hay una, pero… ― No pudo terminar la frase. ― No consiguieron matarla. ― Respondió ella. ― Lo siento, el incendio comenzó, la criatura se fue y tuvimos que intentar apagarlo.
― ¿Cómo lo intentaron? Parecía un incendio muy grande. ― Tuvo un segundo de pánico, no sabía cómo responderle. ― Derribando árboles. ― Consiguió decir, aunque no sonaba realista. ― ¿Derribándolos?
― Tu hombre es fuerte. ― Ella sonrió.
― Lo sé. Llevemos el agua a casa.
La conversación terminó ahí, ella estaba visiblemente enojada, pero no dijo nada. No estaba dirigiendo su ira hacia él y aunque no le gustaba que se sintiera mal, le gustaría menos que dirigiera todo eso hacia él. Ella no debería atacarlo, debería amarlo.
Continuaron con otras tareas, se despertaron tarde, la noche tan larga y desagradable que tuvieron los retrasó en las tareas, por lo que los animales estaban hambrientos y sucios. Ellos debía encargarse de resolver todo eso, lo que significaba que no tendrían una mañana tranquila como en los últimos días, pero si privada y a solas.
― ¿Cómo van los siervos?
― Hacen su trabajo, debo agradecerte por eso. La primera cosecha tal vez sea un desastre, pero sin ellos no podremos llegar al próximo invierno, de hecho creo que no podríamos sobrevivir a la primavera sin ellos ahora que Damir está tan distraído.
― Velaré por ti siempre, si Damir no está, vendrás conmigo, casados o no, pero luego tendríamos que casarnos.
― Lo haremos cuando sea el momento, por ahora creo que deberíamos disfrutar de la primavera. Deberíamos dar un paseo de vez en cuando, extraño ir al bosque a jugar.
― No iras a ningún lado hasta que esa cosa esté muerta.
― Lo sé, pero confió en que alguien hará algo pronto. No puedo quedarme encerrada en la granja para siempre.
Él asintió. Esa noche lo perseguiría de nuevo. Debía encontrar una manera de atraparlo y matarlo, pero solo se le ocurría una. Usarla a ella como carnada. Solo pensarlo le producía escalofríos. No quería ponerla en tanto peligro por ningún motivo.
― ¿Borya? ― Su voz cambio, había algo de preocupación en ella, algo que la molestaba y que antes mantuvo oculto, dirigió toda su atención a ella y dejo de recoger popo del corral de uno de los caballos. ― ¿Qué pasa?
Ella parecía contrariada. ― ¿Estuviste aquí anoche, antes del incendio? ― Trató de entender lo que ella preguntaba. ― ¿Aquí, en la granja? ― Ella asintió, ahora era ella la que no lo miraba a los ojos. ― Si, aquí en la granja, entre los árboles. ― Borya frunció el ceño sin darse cuenta y supo que la reacción hizo que Zvezda se cohibiera. ― Olvídalo, no fue nada. Tal vez solo fue mi imaginación.
Tomó su rostro con una mano y la obligó a mirarlo. ― ¿Saliste de casa anoche? ¿Aun sabiendo el peligro al que te exponías? ― Dijo más que enojado, ella sola se puso en peligro y el bicho enloqueció porque trataba de alcanzarla. ― No vuelvas a hacer algo como eso, no vuelvas a desobedecer cuando hay peligro. Pudo pasarte algo, Zvezda.
― Ni siquiera sé que es lo que están cazando ¿Cómo puedo tenerle miedo a algo que nunca he visto?
― ¿A caso debes temerle a lo que conoces? Todo el mundo le teme a lo desconocido, el problema no está en que no puedas verlo, el problema está en que si no puedes verlo es aún más peligroso porque puede tomarte por sorpresa.
― Eso es una tontería. Tal vez están haciendo un gran escándalo de esto, tal vez la criatura sea buena y ustedes solo la estén cazando porque no les gusta como se ve o algo parecido.
― La estamos cazando porque ya ha atacado a otros campesinos y a aldeanos, anoche ataco a varios de nosotros y por poco nos mata.
― Si alguien intentara matarte, te defenderías.
― No es el punto, Zvezda.
― Por supuesto que lo es. Se trata de ustedes los hombres y esa horrible necesidad de controlar todo a su alrededor y lo que se sale de su control, lo destruyen. No seré una doncella sumisa que tiene que seguir tus órdenes siempre, Borya.
― Y no pido que lo hagas, solo pido que no te expongas.
― Pues puedes irte, porque me expondré las veces que quiera y ni tu ni nadie me detendrán.
Zvezda le dio un golpe a la mano que sostenía su rostro, pero Borya no la dejo ir. ― Terminemos aquí, luego puedes enojarte. Regresaré a cazar esta cosa esta noche, creo que tengo un plan para atraparlo y matarlo.
La dejo ir, ignoró su mal genio el resto del tiempo que pasaron juntos y luego se fue. Le dolia que no recibiera el cariño que vino a buscar, pero por lo menos no se enojó porque no atrapo al bicho, el problema era su hermano. Ella necesitaba que Damir se hiciera cargo de sus responsabilidades y Borya solo estaba complicándole la vida.
Fue a buscar a Jaropelk y a los hombres que estaban encargándose de los upiros, esperaba que él pudiera confirmarle sus sospechas y así poder encontrar una solución. ― Alfa. ― Borya miro a su alrededor, a la aldea que se veía más adelante. ― ¿Encontraste algún upir?
― Si, de hecho encontramos dos. Han estado matando al ganado, pero también se han alimentado de los mortales enfermos de esta aldea y creo que convirtieron a un par de personas. ― Borya suspiro. ― ¿Por qué crees que convirtieron a alguien?
― Hay tres desaparecidos, pero no hay señales de sus cuerpos o nada que diga que pasó con ellos. Tampoco los han encontrado flotando en el rio, como hace días.
― Los cadáveres del rio venían del norte, aunque cayeran al rio, los encontrarían más al sur, no cerca de casa.
― Lo sé, pero no han encontrado sus cuerpos en ningún lado.
Entonces si había un escondite. ― Se lo que piensa, pero están bien escondidos. Hemos revisado la zona, no hay cuevas o lugares adecuados para que se escondan de nuestra vista. ― Borya asintió. ― Eso es porque están usando magia profana para ocultarse. Creo que están formando un ejército de esas cosas.
― De hecho señor, creo que debería hablar con alguien. ― Jaropelk se dio la vuelta hacia los hombres y silbó para llamar a alguien. Un hombre, mortal, vino corriendo hacia ellos. ― Este es Heinrich, un esclavo enviado por los señores Leonid y Wanda. ― El hombre hizo una reverencia hacia Borya. ― ¿A qué has venido, esclavo? ― El hombre trago fuerte antes de hablar, señal de que estaba asustado. ― Mi señora, Wanda, quería que le confirmara sus sospechas, el lobo con alas está usando magia y se ha aliado con un grupo de la raza que ustedes llaman upiros.
― ¿Por qué has venido a Jaropelk y no a mí?
― La señora Wanda me dio instrucciones muy específicas. El alfa Maksim no es confiable, busca al que se hace llamar Jaropelk y espera a su señor con él, luego dale la información.
― ¿Es todo?
― No, señor. Mi señora dice que podrá matar al oboroten, pero que no podrá detener la devastación que causaran los upiros cuando pierdan al maestro que los controla y el consuelo para la bruja no será suficiente a menos de que le demuestre que usted merece ser ese consuelo y el futuro que dice que quiere darle.
Borya suspiró. Parecía que todo el mundo estaba en contra de él, de su relación con Zvezda. Para ese momento todo había dejado de importarle, todo excepto Zvezda, dejaría sus ambiciones de no ser porque si lo hacía, Zvezda correría peligro, su padre la perseguiría y la mataría, muchos otros vendrían tras ellos, porque considerarían la rendición de Borya como una muestra de debilidad y lastimosamente había enfrentado a muchas personas y hecho demasiados enemigos, mostrando que era quizás el alfa más poderoso en existencia, si alguien quería ostentar ese título, tendría que matarlo y en el momento en que renunciara a todo vendrían por él y por Zvezda.
― ¿Qué hacer? Si cazo y mato a los upiros, el oboroten se llevará a Zvezda y no la volveré a ver, pero salvaré a la manada y a los mortales de la región. Por otro lado, si voy tras el hechicero y lo mato, salvaré a Zvezda y el resto se irán a la mierda. ― Se quedó pensativo por un momento, mientras sopesaba el asunto y pensaba en sus prioridades. Podía ir en contra de las visiones de Wanda y tener un mejor resultado, pero tal vez no quería hacerlo. ― Esta decidido, todos ustedes pueden irse a la mierda, voy a salvar a Zvezda.
― Me pregunto, ¿Qué diría Varyil de todo esto? Estoy seguro que algo gracioso, porque yo no puedo encontrar nada coherente o gracioso para decir, no hay forma de procesar eso.
― No necesitas procesarlo, solo aceptarlo. Tú tienes el trabajo más divertido de todos, vas de cacería y matas cosas. Varyil está intentando entrenar a los aldeanos de Gniewko ¿Prefieres cambiar de lugar con él? ― Jaropelk hizo una mueca. ― Prefiero matar cosas.
Mientras se reía miró al esclavo de Wanda y surgieron dudas. ― ¿Por qué enviaron a un mortal a un lugar tan peligroso para ellos? ― El esclavo tembló por un momento demostrando que tenía miedo. ― Yo me pregunto lo mismo, mi señor. ― Gruño. Wanda y su retorcido sentido del humor. ― Que le dé un pago por sus servicios y lo escolten hasta un lugar seguro.
― ¡Gracias, mi señor! ― Dijo el hombre eufórico. ― Es un hombre muy bondadoso.
― ¡Por supuesto que lo soy! ¿Quién ha dicho lo contrario? ― El esclavo se encogió asustado cuando Borya gritó. ― No te preocupes, siempre es así, un momento está bien y al siguiente le clava un cuchillo en la yugular a alguien.
― ¡Eso fue un accidente! Él me atacó, yo solo reaccione sin estar muy consciente de lo que hacía. ― Jaropelk dejó salir una pequeña risita que incluso los dos hombres a un par de metros escucharían.
― Me quedaré con ustedes, pero necesito que envíes a alguien para que le avise a los hombres que estaban conmigo que deben venir a nuestro encuentro. Esta vez buscaremos juntos.
― Si, alfa. Creo que es lo mejor, el oboroten tenía la ventaja al mantener nuestros números divididos.
― También debe avisarles a los polanos en la granja de la bruja que deben estar alertas, si estamos todos lejos de la zona, el hechicero lo verá como una oportunidad para atacar la granja y llevarse a Zvezda.
― ¿No es muy arriesgado para sus planes y para ella?
― No lo sé, ya no estoy seguro de lo que hago, pero creo que si encontramos su escondite, evitaremos que se la lleve si es que la atrapa, necesitará detenerse en algún lado para descansar y tomar aliento antes de desaparecer. Yo lo herí mucho, por eso ayer solo vino de noche, en el día se mantiene escondido porque no tiene suficiente fuerza para moverse con facilidad. ― Jaropelk asintió y fue a dar órdenes a los hombres, pero Borya lo detuvo. ― Aun hay más.
― Creo que no podemos arriesgarnos a atacarlo directamente, alfa. Si está rodeado de upiros.
― Entonces sabes que si lo encontramos, probablemente encontremos el nido. ― Jaropelk asintió. ― Necesito que hagas algo por mí, estaré luchando contra el hechicero y aunque esté herido, puede que sea difícil de matar, por lo que no podré encargarme de esto.
Jaropelk sintió que algo no estaba bien. Borya lo alejó de los demás. Mucho. Parecía querer evitar que alguien los escuchara, incluido los otros volkodlak. ― Si encontramos a los upiros, no los mates a todos. Necesito que atrapes a uno. ― Jaropelk quiso negarse, pero era Borya, su alfa. ― Sé que suena mal, pero sabes que yo nunca haría nada sin meditarlo bien, a menos de que necesitara tomar una decisión apresurada, pero este no es el caso. Lo he pensado mucho, desde hace tiempo y necesitamos por lo menos a un upir bajo nuestro control.
― ¿Por qué necesitaría tal cosa? Somos más fuertes y razonamos más que esas cosas. Sé que criaturas como Wanda y Leonid son muy diferentes y dan una idea equivocada de lo que podría ser un upir, pero estas cosas son seres movidos por un hambre insaciable, fueron creados y abandonados a su suerte o enseñados a matar desde que renacieron convertidos en lo que son.
― Jaropelk, Wanda y Leonid no son una excepción, hay muchos upiros capaces de razonar y funcionar dentro de la sociedad. Las criaturas que conoces son solo un subproducto desafortunado de maestros crueles o circunstancias desconocidas que los llevaron a convertirse en seres malditos.
― ¿Planea construir un ejército de esas cosas? Si es así ¿Para qué? Nos matarían a todos para alimentarse, por más que existan seres iguales que piensan, los que podrían surgir luego de ser transformados por otras criaturas como estas…
― El problema no está en la transformación. Necesitan, al igual que nosotros, un guía luego de la transición. Si los tratamos adecuadamente, como lo que son, personas, ellos aprenderán a controlar todo lo que es nuevo, incluyendo los impulsos de hambre. Debe enseñárseles como se haría con un niño, educárseles para que puedan convivir con otros seres sin asesinarlos. Aunque algunos son simplemente malos y desean arrasar con todo a su paso, de ahí surgen esta clase de criaturas, de seres despiadados que van por ahí matando y reviviendo personas y luego las abandonan o las enseñan a ser criaturas despiadadas.
― Venderá su alma por un ejército.
― No es un ejército lo que quiero, por lo menos no de upiros, con uno que atrapes será suficiente, tal vez convirtamos a alguien para criarlo de la manera adecuada, pero no más, sería demasiado arriesgado y podrían salirse de nuestras manos, convirtiéndose en eso que crees que son.
― Entonces lo mejor sería no dejar vivo ni siquiera a uno. Si necesita a una de esas cosas, llame a los señores Leonid y Wanda, pero no haga esto.
― Todo estará bien. Me encargaré de educar y entrenar personalmente al que convirtamos.
― ¡Los dioses nos libren! Me niego a eso, si usted lo cría… nos matara a todos. ― Jaropelk se alejó unos pasos en cuanto supo que dijo algo malo.
― No me gusta tu tono, tus palabras y nada de lo que haces o dices en este momento. Sé que presiono demasiado, pero tú presionas demasiado a tu suerte. No voy a convertirlo en un asesino… tal vez sí, pero no uno despiadado, será solo otro soldado bien entrenado y totalmente leal a mí, luego puedo enviarlo con Wanda, ella es buena dándoles un propósito para la eternidad, siempre encuentra las respuestas, de forma loca y retorcida, pero admito que ella sabe bien como hace las cosas.
― Entonces quiere que yo atrape y retenga a una de esas cosas.
― Si.
― No creo que atrapar a uno durante la lucha con el hechicero sea lo mejor, es obvio que varias de esas criaturas escaparan y pasaremos una buena temporada cazándolos, convertirán a otros, tal vez deba hablar con Varyil y pedirle que se una a la causa, porque no podré controlar a esas cosas yo solo.
― Si, ya lo había pensado, pero necesitaba decírtelo ahora, antes de que los mataras a todos. Pronto hablaré con Varyil. Solo confió en ustedes y necesito esto, no es un capricho, es parte de un plan muy importante, asegurará el futuro de la manada, te lo aseguro.
― ¿Qué futuro será ese entonces?
― No te preocupes, creo que lo mejor es convertir a alguien para que pueda criarlo, luego mataremos al que lo convierta. Tratar de domesticar al que atrapemos sería demasiado peligroso, aunque haya sido convertido recientemente.
Jaropelk asintió y luego se alejó de él, contrariado. ― No te preocupes, todo saldrá bien. Tengo fe en mí mismo. ― Le dijo desde la distancia para tranquilizarlo. ― Demasiada fe, diría yo. ― Se burló de eso. Si, su reputación lo precedía, pero él era más que un salvaje asesino. Podía hacer las cosas bien y necesitaba, más que nunca, que esto funcionara, sería el último paso hacia su futuro y hacia sus verdaderos deseos.