Chapter 21: EL ÚLTIMO VAMPIRO
Año 3115 de la Era Común
La llamada Confederación de Acuario era una de los principales reductos humanos en la Galaxia Conocida, tierra de paganos federados que estudiaban la magia afanosamente. La Confederación se situaba en los planetas colonizados por humanos de la Constelación Acuario, y comprendía, para ser exacto, cinco grandes planetas.
Aradia era la capital de la Confederación, tercer planeta del Sistema Acuario I, y era un planeta habitado por brujos y brujas de tradición stregheriana que recitaban sus cánticos naturales en lúbricos rituales desnudos ante la luz de las dos lunas que iluminaban el cielo nocturno aradiano. Al lado de Aradia estaba Asgard, mundo nevado y cuatro del sistema, habitado por feroces vikingos, muy fornidos y disciplinados, que realizaban ritos poéticos sobre hogueras ardientes, al son de sus cantos y tomando mucho cerveza.
En el Sistema Acuario II se situaba Astrum, el planeta de los thelemitas. Brujos ataviados con trajes negros de cuero brillante, maquillajes góticos sobre sus pálidos rostros y una serie de rituales orgiásticos determinados por las estrellas.
En el Sistema Acuario III se situaban otros dos planetas, Avalon, (el tercero del sistema) mundo de druidas de largas barbas y encapuchados, que regían sobre una población de celtas amantes de los bosques, y Artemisia (el caluroso segundo del sistema), planeta habitado casi exclusivamente por mujeres diánicas que se reproducían por medio de la inseminación artificial.
Estos cinco planetas conformaban la llamada Confederación Acuariana, súbdita del Imperio Galáctico, por supuesto, pero totalmente autónoma a lo interno, y habitada casi totalmente por paganos practicantes.
Me presenté entonces ante el Círculo Sagrado, el gobierno de la Confederación, donde se sentaban los cinco gobernantes de cada uno de los planetas. Frente a mí, parada en un podio metálico, se situaban en una solemne mesa sobre amplias y cómodas sillas flotantes, los cinco gobernantes. De derecha a izquierda se sentaba en un extremo Fatheroak, el Archidruida, máximo gobernante de los avaloneses, un anciano de unos 300 años con una larga barba blanca y una túnica azul. A su lado estaba la hermosa Reina Diana, la gobernante de Artemisia, que cubría su esbelto cuerpo con una toga grecorromana y adornaba su cabeza con una corona de laureles. En el centro se sentaba Ravenhawk, la Suma Sacerdotisa, gobernante bruja de Aradia, también conocida como la Reina de los Brujos, una anciana de piel arrugada y cabellos largos, rizados y grises, que vestía una túnica escarlata. A su siniestra estaba sentado el Wolfenstorm, Gran Gothi, gobernante de los asgardianos, que mostraba una tupida barba castaña, de ojos claros y con un casco plástico simbólico sobre su cabeza. Y finalmente, en el otro extremo, estaba sentado el Pendragón, el Hierofante gobernante de los astrumitas que mostraba una túnica negra y una cabeza calva con barba de candado.
—Primero que todo –decía la Suma Sacerdotisa, que ejercía la presidencia del Círculo Sagrado en esos momentos, siendo la figura suprema de la teocracia esotérica que regía Acuario –permítame felicitarle, Dra. Luna. Es usted sin duda una mujer erudita entre nuestro pueblo debido a sus grandes logros en la Academia Mágica. Grandes logros para una mujer joven. Tengo aquí –dijo leyendo mi currículum impreso en papel plástico por una computadora redonda que flotaba en el aire— que es usted experta en lenguas antiguas.
—Soy de las pocas académicas que habla lenguas muertas como el inglés y el español. –Comenté.
—Su labor –prosiguió con elogios la Sacerdotisa— traduciendo la literatura clásica del español al acuariano ha sido encomiable. Ha rescatado antiguos textos clásicos como las obras de Borges y de García Márquez. La felicito. Además, su labor en ciencias mágicas ha sido ejemplar. Su trabajo en la clasificación zoológica de los elementales es excelente, su distinción en tratados arqueológicos investigando la magia antigua ha sido genial. En general es usted una eminente bruja.
—Es mi deber.
—Lamento tanto que no podamos cumplir su petición –intervino el druida.
—¡Pero...! ¿Por qué? –exclamé molesta.
—La Confederación se encuentra ante muchas severas pruebas, Dra. Luna –respondió el fornido asgardiano. –Han comenzado a proliferar peligrosamente los cultos neocristianos hasta el punto de convertirse en un peligro para nuestra sociedad de buenos paganos.
—Nuestros hermanos paganos –dijo la Reina Diana— que son minoría en otras partes del Imperio Galáctico han comenzado a sufrir persecución, y debemos defender a las minorías paganas donde quiera que estén.
—Además –explicó el Hierofante— nuestras relaciones con otras colonias humanas son cada vez más tensas. Tenemos problemas limítrofes con la República Dianética.
—Así que –sentenció la Sacerdotisa— no tenemos más remedio que suspender su proyecto hasta nuevo aviso, no sin antes agradecerle su labor científica en beneficio del pueblo pagano.
—¡Pero estamos hablando del último vampiro! –dije con desesperación. —¿No les interesa? ¡El último vampiro de la Galaxia!
—Dra. Luna –reclamó la Sacerdotisa— no nos ha mostrado evidencia suficiente de que haya aún un vampiro vivo en estado de invernación en la Tierra. Hasta donde sabemos, todos los vampiros fueron exterminados de la Tierra y su último reducto en aquélla colonia de la Zona Inexplorada fue destruido. Lo sentimos, pero no podemos autorizar su viaje a la Tierra. El Imperio Galáctico prohibe viajar a ese sector.
—¡Pero los acuarianos tenemos autonomía...!
—¡No ilimitadamente! –dijo molestó el asgardiano— y si no queremos perderla, no podemos pasar sobre la prohibición del Imperio. La Tierra está destruida. Es un desierto inhóspito e inhabitable. Nada más. Lo siento, pero su solicitud es negada por este Gobierno. Fin de la audiencia. Que pase el siguiente.
Viajé en mi nave espacial hasta los apartamento donde vivía. Edificaciones de arquitectura plástica, esférica y blanca, con camas flotantes de suaves colchones sintéticos. Me acosté en mi cama, bastante molesta, y cubrí mi cara con la plástica almohada.
—¿En verdad quieres ir a la Tierra? –me preguntó la laxa voz de una mujer que reconocí de inmediato.
—¡Geshan! –dije— ¿qué haces aquí? Pensé que te habían condenado a cinco años de cárcel por utilizar Magia Negra.
—Me dejaron salir antes por buena conducta. –Dijo una mujer vestida por un ajustado traje negro de látex. Su maquillaje era negro y su cabello púrpura y sostenido en una larga y ajustada cola de caballo. –Además, nunca comprobaron que yo invoqué realmente a esos demonios.
—Pero si comprobaron el maleficio que enviaste a aquél pobre druida. ¿Cómo entraste a mi habitación?
—No has cambiado las cerraduras desde que éramos compañeras.
—¡Que fallo!
—¡Vamos! Te encantó ser compañera de una astrumita como yo. Dime, ¿en verdad quieres ir en busca de ese tal vampiro?
—Sí.
—Conozco una forma. Fui amante del Gran Gothi que te atendió hoy junto a las demás momias que nos gobiernan.
—Bueno, es difícil encontrar alguien en la Confederación que no haya sido tu amante.
—¡Ay! Que hiriente. Y pensar que quiero ayudarte.
—Disculpa, prosigue.
—Su hijo menor es neocristiano. Él lo mantiene como un secreto sepulcral. Puedo extorsionarlo para que te entregue una nave, y podamos viajar a la Tierra en secreto.
—¿Podamos?
—¿No pretenderás ir sola? Estamos hablando de la Tierra. Un planeta desolado y desértico situado en los confines de la Galaxia donde hay caos y anarquía. Recuerda, querida mía, que hay muchas fuerzas hostiles. Especies alienígenas de monstruos hambrientos acechando por allí.
—¿Y tú serás suficiente ayuda?
—Bueno, yo y cierto dispositivo de invisibilidad para naves que te podría salvar la vida. Y que compartiré contigo sólo si me llevas.
—¿Qué te interesa de esta misión?
—¿Qué más? ¡El último vampiro!
Habiendo estudiado las crónicas de mis ancestros, Zárate Arkham, una antropóloga del siglo XXI, y Robert Córdoba, un político del siglo XXII, logré trazar la línea donde se ocultaba la tumba del último vampiro. Un vampiro llamado Valek que cuando humano era un príncipe griego cuya esposa murió de lepra, y que participó en una de tantas cruzadas. Para esta fecha debía de tener casi dos mil años de antigüedad, y se le registra por última vez en el 2314.
La vampirología tradicional (rama de la demonología) asegura que los vampiros pueden dormir por prolongados periodos de tiempo cuando lo consideran necesario. Un estado de invernación que les permite esperar fechas más propicias. Pero pueden ser revividos de diferentes formas.
Viajábamos en la nave que consiguió Geshan, sin ningún inconveniente particular. Cruzábamos el hiperespacio camino a la Tierra. El olvidado planeta que alguna vez fuera origen de la especie humana, ahora dispersa a lo largo de la Galaxia.
En muchos de los mundos del Imperio Galáctico (poder político que regía la mayor parte de la Vía Láctea), los humanos eran una minoría nómada con su propia cultura y religión característica (desde la resurrección del paganismo). Aunque no todos los humanos eran paganos. Algunos humanos practicaban el llamado tolkinismo, basado en las enseñanzas de J.R.R. Tolkien, considerado un profeta que vivió en el siglo XX y cuyos cánones sagrados son usados por millones de seguidores como guía espiritual, siendo los libros más sagrados “El Silmarillion” y “El Señor de los Anillos”. Textos considerados por los tolkinianos como descripciones reales de pasados remotos y cosmogonías sagradas. Los tolkinianos creen en lo escrito por Tolkien como una verdad absolutamente innegable.
Los seguidores de la Iglesia de la Cienciología colonizaron un planeta al que llamaron República Dianética, mientras que los sikhs colonizaron un mundo llamado Amritsar, donde aún persiste una pequeña minoría de zoroastrianos (2000 individuos). Los rastafaris tienen su propio planeta llamado Sión en una estrella enana cercana a Acuario. Pero la mayor parte de los humanos son paganos y viven como nómadas o como pequeñas minorías en muchos casos marginadas y perseguidas en todas partes del Imperio Galáctico.
La Tierra fue destruida en el año 2653 después de la Tercera Guerra Galáctica, desde entonces el área está prohibida. Quizás el Imperio Galáctico teme que los humanos encuentren en la Tierra ínfulas nacionalistas que hagan temblar al Imperio y convertir a la Humanidad en una potencia galáctica.
Llegamos a la Tierra. La nave penetró en el arrasado planeta, en el medio de lo que antes era el Océano Atlántico y que ahora era un interminable mar de arena calentado por un ardiente sol. La arena se extendía por parajes y dunas infinitos hasta donde alcanzaba la vista. Pudimos observar el esqueleto de una ballena yaciendo olvidado por siempre en las inmediaciones desérticas. Penetramos en lo que alguna vez fuera Atenas, la ciudad capital de Grecia (tierra natal de Valek), ahora reducida a escombros y ruinas eternas. Vestigios derruidos de una antigua civilización, donde algunos pocos cascarones remanentes de edificios devastados se erguían cual monumentos de antiguas glorias humanas, como eran ahora todas las ciudades de todo el mundo. Entre los cadáveres ruinosos de edificios eran perceptibles los restos de huesos humanos virtualmente fosilizados.
—¿Cómo piensas ubicar la tumba de Valek? –preguntó Geshan.
—¡Me extraña la pregunta! Todos los acuarianos tenemos poderes psíquicos. Y yo en particular tengo facultades muy desarrolladas.
—¿Piensas ubicarlo telepáticamente? ¿No será peligroso? Es un demonio.
—No vine hasta acá por nada.
Sabía que Valek fue enterrado en Grecia hacía siglos. Había logrado triangular la ubicación más probable en un radio de algunos kilómetros. Sólo debía concentrarme. Utilizar mis poderes telepáticos buscando la resonancia de un eco antiquísimo, arcano y olvidado. Si estaba vivo, debía producir energía con su mente, y podía yo percibirla.
Tardé varias horas. Cuando estaba desanimada a punto de claudicar, percibí un leve sentimiento. Un sentimiento casi irreconocible. Extraño... caótico... oscuro... ¡Sí! No podía describirlo, pero era un sentimiento vivo...
Entonces aterrizamos la nave en medio de los escombros de la antigua urbe helénica, cuando era de noche y la oscuridad más absoluta, salvo por la luz emitida de los faros de nuestra nave, cubría el entorno apocalíptico. La noche era, sin embargo, bastante estrellada y sin luna –pues esta fue destruida en el 2514 durante la Batalla de Marte.
Bajamos de la nave y encontramos la tumba de Valek, cubierta por incontables dunas de arena a lo largo de siglos de olvido.
—¿Cómo piensas despertarlo? –preguntó Geshan.
Traje conmigo de la nave algo de sangre humana fresca en bolsas plásticas. Lancé la sangre en la arena para que ésta la absorbiera y concentré mis poderes telepáticos en despertar al monstruo.
A la expectativa, escuchamos la arena removerse hasta el punto de que un cuerpo antropoide se divisó emergiendo siniestramente del arenoso suelo. Observamos una mano venuda brotar primero, seguida de la otra, luego una cabeza, y finalmente un dorso.
—¿Quiénes son ustedes? –preguntó el vampiro en inglés. Un viejo vampiro de dos mil años con la cabeza totalmente calva, ojos amarillos y boca repleta de colmillos. Su piel ya era verdosa y repleta de gruesas venas. Se distanciaba mucho de la descripción que hizo mi ancestra Zárate del tipo; guapo, joven, de largos cabellos y barba de candado.
—Soy la Dra. Luna y ella es mi amiga Geshan. No habla su idioma. Yo lo hablo porque soy experta en lenguas muertas.
—¿Qué año es este?
—3115, para usted. Nosotros usamos otro calendario.
—Sí, lo imagino. Viví suficiente para ver a la Tierra contactar a especies de otros planetas. Adherirse a federaciones interplanetarias y combatir al Imperio. Debo haber dormido por muchos siglos. ¿Qué ha pasado?
—Mucho, como para resumirlo. Pero le diré eso sí, que la Tierra ha sido destruida. ¿No lo notó?
—Estaba dormido.
—Pero fue destruida por un desastre climático. Un arma muy potente que evaporó todas las aguas y cocinó las ciudades matando a millones...
—Recuerdo algo de calor infernal que me despertó. Percibía horror, dolor y muerte arriba. Pero me despreocupé y dormí de nuevo.
—Es usted el último vampiro.
—¿Cómo están tan seguros?
—¡Oh, lo estamos! ¡Créame! Tomamos medidas en exterminar a su especie. Aunque aparentemente el vampirismo sólo afecta a los humanos, el Imperio Galáctico nos ayudó.
—¿Por qué me han despertado?
—Curiosidad científica, por supuesto. Es usted un espécimen único. ¿Vendrá con nosotras?
—Ahora que me han despertado no tengo más opción. No voy a quedarme en este cadáver de planeta.
Así llevamos al vampiro a la nave. Vestía una túnica andrajosa y mostraba el mismo tono de piel verdoso en todo el cuerpo. Le hizo algunas pruebas camino a Acuario, sin descubrir nada nuevo que otros científicos ocultistas no hubieran descubierto antes.
Un vampiro es un ser genéticamente alterado por un virus familiar de la rabia. Este organismo patógeno se alimenta de hierro. En la Naturaleza, sólo en la sangre se encuentran grandes cantidades de hierro. Así que el virus genera en el infectado la necesidad de tomar sangre constantemente. A cambio, modifica el ADN produciendo poderes psíquicos de alto calibre, especialmente la telepatía. Permite una regeneración constante e inmediata del cuerpo, lo hace inmune a cualquier otro elemento patógeno, y permite la eterna reconstrucción de las células produciendo así la inmortalidad y la invulnerabilidad a casi todo salvo daños masivos al cuerpo imposibles de regenerar como serían el fuego y la decapitación. Ya que la luz solar disminuye el hierro en la sangre, el virus hace al infectado fotofóbico e hipersensible al sol.
—La ciencia moderna nos permite vivir hasta 500 años –dije a Valek quien se alimentaba de más sangre que había guardado en la alacena y que le entregué como merienda. –Pero aún no descubrimos la inmortalidad. Los vampiros pueden ser la clave.
—Espero que no pretenda tratarme como a un conejillo de indias... –dijo Valek.
—¿Un qué?
—Un sujeto de experimentación.
—Descuide, me encargaré de que le den un trato humanitario, si coopera.
—Los tiempos han cambiado tanto –dijo suspirando nostálgico. –Ahora tienen ustedes una cultura profiláctica. Al menos por lo que usted me cuenta. No utilizan el dinero, no beben, no fuman, no comen carne, se reproducen por medios artificiales...
—Pero seguimos teniendo sexo.
—Sí, menos mal. Pero además... esas vidas sosas y aburridas dentro de sus naves espaciales, observando con sus pantallas a los microbios en el tubo de ensayo...
—¡Pero ha sido fascinante! Descubrimos una especie de microbios inteligentes que desarrollaron una civilización entera dentro de un tubo de ensayo...
—¡A eso me refiero! Mis tiempos eran tiempos pasionales. Había cruzadas, guerras santas, choques de civilizaciones, poderosos imperios, hordas invasoras. ¡Que días aquellos! Aún recuerdo el saqueo de Acre. La sangre nos llegaba a los tobillos. O la lucha contra las hordas mongólicas...
—Eran tiempos horribles. Repletos de plagas, de muerte y violencia. Las mujeres éramos marginadas.
—Bueno, acepto que es mejor contar con mujeres hermosas e inteligentes como usted que con las sumisas y devotas cristianas y musulmanas de mis tiempos.
Geshan y yo encerramos a Valek en una cámara de metaextasis donde estaría dormido hasta que llegáramos a Acuario, y nos fuimos a dormir.
Soñé con los honores que me darían en Acuario cuando me vieran regresar triunfal con el último vampiro. Sería reconocida y premiada. Se olvidarían de mi afrenta al viajar a la Tierra sin permiso. Hasta el Imperio se vería forzado a premiarme.
Me desperté de súbito por el dolor de una aguja en mi brazo derecho, volviendo a sumirme en un profundo sueño producto del narcótico que recorría mis venas.
Cuando desperté, tenía heridas en el cuello y el sabor de sangre en mi boca. Sobre mí estaba Geshan que succionaba sangre de mi cuello y luego introducía su propia sangre en mi boca por medio de una herida abierta en su brazo.
—¿Qué... pasa...? –pregunté en medio del orgiástico rito sangriento.
—Has estado varios días dormida –dijo Geshan con voz siseante. –Durante los cuales, Valek me ha convertido en vampira... y ahora, tú serás parte del séquito de esclavos oscuros del Príncipe Valek
—¿¡Que!? ¡NO! –exclamé aturdida.
—No te resistas –dijo Valek acercándose. Tenía sangre en su boca, probablemente mía. Observé el cuerpo de Geshan que se sentaba a horcajadas sobre mi dorso. Tenía ojos rojos y colmillos en la boca. –Como ves, ya no soy el último vampiro. Juntos, mis niñas, mis hijas, mis amadas, seremos los precursores de una nueva estirpe de vampiros que se difundirá por la Galaxia.
—Tú... –reclamé a Geshan— tú... estabas detrás de esto desde un principio... lo tenías todo planeado...
—Así es, querida. Te manipulé... –luego se carcajeó. –Incluso aprendí a hablar inglés, como puedes ver...
Escribo estas notas en mi bitácora para enviarlas por una frecuencia hiperespacial a Acuario, ahora que Valek y Geshan duermen, y he logrado soltarme de las amarras que me impusieron. Sé que pronto mi mente será poseída por una fuerza hambrienta y sedienta de sangre humana. Y que oscuras sombras se adueñarán de mi ser sumiéndome en las tinieblas de esta naturaleza lóbrega y sanguinaria. Una naturaleza infernal y demoniaca que es consubstancial a todo vampiro.
Si me armo de valor, accionaré el dispositivo de autodestrucción de la nave, poniendo fin a la una pesadilla eterna difundida por el mundo desde que la maldición cayó sobre Dyssaor, el hijo de Caín y Lilith y el primer vampiro desde hace cientos de miles de años. Pondré fin a la existencia de los tres últimos vampiros...
Si tengo el valor...
FIN
The End
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