Chapter 46: Cap. 40 El Diario Mitchell 1ª parte.

Volviendo a mi cuerpo más tranquila sabiendo que cuento con el apoyo de Silvana para su cuidado… ─ ¡Nagüevona! ─ musité inesperadamente en voz alta entrando en cuenta el tipo de pago que haría el creador de Silvana por mil vidas de delincuentes, y por ello, todos en el depósito de aquel barco se me quedaron viendo como si me hubiera vuelto loca. ─ ¡Muchacho!... eso es mucho con demasiado, (bufido) ¡Naguara! ─ volví a musitar con mis ojos bien abiertos mirando a la nada, es que… que… es que era una vaina increíble, ¡eso era mucha plata! ─ ¿Elisa? ─ nombró Oliver cautelosamente. ─ Es… es… Es Silvana, está con Wendt ─ Oliver frunció el ceño. ─ Si quieres me voy con los del escuadrón tu vuelve… ─ No, no, no. Todo está bien, ella… ella desea hacer un trato ─ Ten cuidado, Elisa ─ No te preocupes, es que… el creador de Silvana desea mil vidas más ─ Esa deuda está saldada ─ Lo sé, lo sé ─ suspiré frotándome el tabique con mi pulgar e índice, pensar en todo esto, todas estas… responsabilidades, me hacían sentir tan cansada. ─ Es solo que… está dispuesto a pagar ochocientas piezas de oro por las mil vidas ─ Oliver guardó silencio y eso me extrañó, solamente me contemplaba con una expresión ilegible. ─ ¿Qué? ─ pregunté al notar que ya llevaba mucho tiempo callado. ─ Algo no está bien ─ ¿Qué no está bien? ─ ¿Tanto por mil vidas? ─ ¿Te parece raro? ─ ¿Sabes donde encontrarlas? ─ Pues claro, de las cárceles donde se alojan los delincuentes más peligrosos ─ Oliver guardó silencio otra vez. ─ ¿Qué pasa Oliver? ─ Es un reto ─ Ya va, ya va, ya va, que no te estoy entendiendo nadita. Me está retando ¿Cómo?, ¿Con qué? ─ Las ochocientas piezas no son por las mil vidas ─ ¿Entonces? ─ Piénsalo ─ (dientes apretados) Me arrecha cuando te pones en ese plan ─.

De verdad a veces no entendía la afición de Oliver en hablarme en enigmas o a medias, de verdad me ponía de los nervios y el estrés a mil, pero no podía hacer nada al respecto, él era mi guía y era su forma de enseñarme.

Medité un poco sus palabras, ¿Cómo era eso de que las ochocientas piezas de oro eran un reto? ¿Retándome en qué?, si le ponía a darle vueltas al asunto me volvería loca, así que por ahora me centraré en lo que realmente importaba, en el diario del padre Mitchell, ¿En realidad era un diario?, yo diría que era como un bitácora, de todas formas lo sabré cuando lo tenga en mis manos. ─ ¿Cuándo murió el padre Mitchell? ─ Hace doce años ─ esto era inaudito, ¿tanto para…? ─ ¿Esperaste esta parranda de años para venir a decírmelo? Tú si tienes guáramos de verdad ─ La carta la encontré hace un par de meses ─ ¿Dónde? ─ Allí mismo en su iglesia, no sé como el monaguillo que le ayudaba, la guardó tanto tiempo, simplemente al regresar a Londres me lo encontré y me dio la información junto con la carta. Me dijo que no sabía como localizarte ─ ¿La carta no dice donde se encuentra? ─ No lo sé ─ ¿Qué decía la carta? ─ y me la mostró, la tenía guardada en su abrigo. Oliver me comentaba que prefería llevarla con él, no fuera a ser que en la carta hubiera una palabra clave o señalando un lugar que solo yo pudiera interpretar, pero a decir verdad, leyendo dicha misiva… era como leer una carta común y corriente, un simple saludo a una persona que tenía tiempo que no veía, no obstante… no… no podría ser… ¿El padre Mitchell hablando en clave?, habían ciertos errores en su escrito en español, le di una mirada a Oliver, odio cuando su cara no dice nada, ¿Qué coño significa el cuarto donde descansaba oeste?, ¿quieren saber lo que dice la carta?, bueno… aquí les va: ─ Saludos, Hermana Elaisa, un cordial saludo de hermandad de Londres a Hermanas Salesianas, encuéntrame el agrado de saber que lucha por ayuda del prójimo sigue en pie, congregación de feligreses enviar abrazos, muchos se encuentran felices gracias de donativos realizados en la iglesia, quisiera tener esperanza que futuro nos vuelva a juntar, quisiera reunirme con usted en el… ─ aquí llega la parte extraña, ─ … aquí en el cuarto donde descansó la recuperación del oeste lo más pronto, no sé si lo dije bien, mi español ser un poco cutre, esperar que me entienda, quisiera ponerla al diario con todas cosas que haber pasado, pero la información que le tengo me impide moverme libremente, como mencioné, tener esperanza con encuentro con usted. Lamento confesarle que enfermarme me encuentro, no me quejo, mi vida ser muy larga y próspera, un hombre duro como un ladrillo rojo y eso muy feliz hacerme. Trabajo de iglesia demandar mucho tiempo y yo no tenerlo, porque médico diagnosticar enfermedad de pulmones, recomendar medicamentos y no tener alternativa que beber. Durante reposos en habitación del oeste, escribir poema llamado West End the Time, ser uno de mis favoritos, recomendar mucho poema, ruego a Dios por usted y la hermandad, esperar carta llegar pronto a manos suyas. Una vez más disculparme yo por mi golpeado español. Un abrazo bajo la protección de los santos. Padre Anthony W. Mitchell ─.

¿Ahora entienden la razón de mi confusión?, el padre Mitchell quería decir algo, ¿Pero qué?, y sin poderle pedir ayuda a Oliver, más bien él esperaba que yo resolviera este peo, pero no sabía por donde empezar o como. ─ La carta fue dirigida a ti, lo que allí se encuentra tiene que ver contigo ─ musitó Oliver y algo me dice que él sabe lo que quiere decir el padre. ─ ¿Qué se supone que haga?, Oliver, yo no estoy acostumbrada a leer entre líneas, no soy una espía como lo fue Ruth, nunca me adiestraron en codificar mensajes, si me dijeras “vamos a… hacerle una autopsia al padre Mitchell”, sin pensarlo te digo que si, porque es lo que soy, una doctora, lo que sé es mi campo, no esto ─ Tómate tu tiempo, Elisa ─ Yo sé que tú sabes, tú ya descifraste la carta ─ él guardó silencio, eso me dio la clara respuesta que si. ─ No, Elisa, no la descifré, como te dije, el contenido tiene que ver contigo ─ Pero… ¿Cómo coño sabes que es para mi?, ¿Cómo sabes que lo que está escrito tiene que ver conmigo? ─ Es a ti a quien están saludando ─ Coño… tú me perdonarás, pero yo no me llamo Elaisa. ─ y allí se me quedó el cerebro, un shock total, Dios mío… ¿Será verdad?... ¿Acaso…? ¿Después de tanto tiempo?, mis manos jugueteaban con el filo de la carta sopesando palabra a palabra de lo que me había querido decir el padre Mitchell, otra cosa que me llamó mucho la atención es la mala redacción de un español muy golpeado, el padre Mitchell, aunque su acento destacara, su español había sido impecable; en realidad no tenía sentido, ¿Por qué llamarme Elaisa? ─ Oliver ─ nombré trayéndolo de su meditar, si es que meditaba en algo, porque al mencionarlo fue como accionar un switch, listo para escuchar y ejecutar mi palabra como una ley. ─ Antes de ir a Londres pasaremos por El Viñedo primero ─ ¿Algo en mente? ─ Tengo una corazonada ─ Oliver ladeó la cabeza en un gesto de interrogante. ─ Confía en mi. Tenemos que ir a Alemania primero ─ No podemos viajar solo por una corazonada ─ ¿El padre Mitchell conoció a Eloísa? ─ No ─ De todos modos tenemos que ir a Alemania ─ ¿Para qué? ─ Eloísa puede ayudarme a entender esta carta. Lamentablemente Ruth no está aquí para ayudarme, así que… ya no hay vuelta atrás y pedirle que venga, ya estamos de camino a Alemania, así que la única persona que se me ocurre es Eloísa ─ ¿Por qué no intentas descifrarla mientras llegamos? ─ Eso es lo que pienso hacer. No quiero llegar al viñedo con las manos vacías, por lo menos debo tener un par de conjeturas o posibles ideas ─ Oliver afirmó satisfecho. ─ ¿Por qué no me ayudas? Tú conocías al padre Mitchell ─ ¿Qué necesitas saber? ─ y la mente se me quedó en blanco, no tenía ni la más remota idea por donde empezar ─ ¿Qué tal si… cuando lleguemos vamos al cementerio donde fue enterrado? ─ Oliver asintió. ─ Otra cosa, hem… solo… solo… dame un momento para volver a releer la carta, ¿De acuerdo? ─ ¿Qué esperas encontrar? ─ No lo sé, cuando apenas crea que tenga algo te avisaré y te lo diré para ver que opinas ─ Entiendo ─ Oliver se alejó y se sentó junto con los muchachos del escuadrón, dándome espacio para seguir analizando la carta.

No sé cuantas veces la leí, ya me la sabía de memoria y no encontré nada, bueno si, pero no estaba muy segura. ─ ¿Oliver? ─ llamé y él se acercó, ya faltaba una hora para el amanecer. ─ Creo recordar… cuando llegamos a Londres… tu… le mencionaste al padre Mitchell que yo pertenecía a las hermanas Salesianas ─ Cierto ─ volví a concentrarme en la carta. ─ ¿Y si él mandó el diario a ese convento? ─ ¿Con qué fin? ─ ¿Yo que sé?, fuiste tu quien le dijo que yo era de esa congregación ─ estudié otra vez la carta. ─ ¿De verdad el padre no llegó a conocer a Eloísa? ─ No ─ ya la situación me llevaba al borde de la frustración, pero… ─ Una pregunta… Oliver. ¿Solo tú la has leído? ─ él asintió. ─ Me ocupé de ello ─ Cuando dices ocuparte… te refieres a que usaste de tus habilidades para sacarle información ─ enarcó un ceño, y… no podía juzgarlo, velaba por mi y mi cuidado, así que se la dejé pasar, ya que una información que jura tener la fuerza para tambalear al mundo era justo lo que realmente necesitaba. ─ Bien ─ dije volviendo a concentrarme en la carta.

Ya sintiendo los efectos del letargo, guardé la carta en el bolsillo de mi chaqueta de cuero negra, me pasé la mano por mi cabello y contemplé como todos mis hombres se acomodaban para cerrar sus ojos hasta el siguiente anochecer, por un momento en mi pecho vibró una punzada de culpa por todos ellos, negándoles toda posibilidad de haber tenido una buena vida humana y morir satisfechos de haber tenido una familia próspera y una vida tranquila, pero ellos mismos lo eligieron, quisieron seguirme hasta la muerte. Con esa reflexión mis ojos se cerraron, aprovechando la ocasión en entrar en el cuerpo de Wendt, deseaba que no hubiera aceptado tal trato, si Oliver me había advertido de ello, era porque algo detrás de todo eso, habían letras pequeñas, una cláusula que muy bien podría perjudicarme en el proceso, tal vez no al momento, pero si en un futuro.

─ Silvana, ya por favor deja el drama ─ protestaba Wendt al otro lado de la puerta del baño, Silvana se negaba a salir por alguna razón. ─ Silvana, tengo que ir a trabajar ─ ¡Hace un calor horrible! ─ replicó Silvana abriendo la regadera una vez más. ─ (resoplido) ¡Silvana! ─ la regadera se cerró y la puerta se abrió de golpe mostrando a una Silvana un tanto irritada, a parte de desnuda. ─ Pensé que sería de mi agrado, pero no. Sigue haciendo un calor espantoso ─ Es una de las zonas más frescas de Caracas ─ No te imaginas la decepción; hablaré directamente con Elisa una vez que esté de regreso ─ Wendt suspiró profundamente, ella debía controlarse un poco, no fuera a ser que Silvana le de por hacer una de las suyas. ─ Las habitaciones tienen aire acondicionado, puedes quedarte todo el día si quieres ─ Ganas no me faltan, pero aun tenemos asuntos entre manos que resolver ─ Lady Silvana, es cierto que cuando madre no está, yo estoy a cargo, pero con la oferta que estás proponiendo es algo que se escapa enteramente de mis manos, no puedo tomar una decisión como esa ─ Tus palabras y tus acciones no concuerdan ─ ¿Qué? ─ Me refiero a los resultados que has tenido como empresaria, eres exitosa, determinada y muy firme en las decisiones que tomas, a mi me parece que estás a la altura de negociar ─ Soy su vinculada, y si al caso vamos, tu creador quiere entrevistarse con ella primero, ¿No lo dijiste ayer? ─ Si, es cierto. ─ Eso quiere decir que los términos los tiene que proponer él, a menos que tengas las condiciones de la negociación ─ esas palabras tomaron desprevenida a Silvana, porque no le quedó de otra que sonreír. ─ Tienes el instinto de Elisa ─ esas palabras confundieron aun más a Wendt, ¿Qué habrá querido decir?, lo admito, hasta a mi me confundió un poco. ─ Okay, esperaremos entonces ─ Gracias, ahora… si no te importa, debo salir a la oficina, tengo trabajo que hacer ─ ¿Te acompaño? ─ Hem… si es tu deseo, pero tenlo por seguro que te aburrirás ─ Hm… entonces me quedo ─ y volvió a cerrar la puerta del baño en la cara de Wendt, ella suspiró al oír la ducha otra vez sonando y como no había más que hablar… se fue.

Otra reunión entre amigas en otro restaurante de la ciudad, cerca de la que una vez se llamó parque del Este, almorzaban en una terraza, obviamente discutían sobre el tema del regreso inesperado de Silvana, por lo menos Olga que la llegó a conocer, pero Ruth… ella fue el juguete de Silvana por un minuto, ella acechaba mientras que el corazón de Ruth se disparaba, no sabía si era prudente el intentar defenderse, pero había bastado una mirada de Wendt para que se relajara y una palabra para que Silvana se centrara en el asunto en cuestión, pero lo que más le había preocupado a Wendt, fue en la noche, en el momento en que unos de los del escuadrón la fue a recoger en auto, al ver a Silvana fue inevitable que ambas partes intentara escudar a Wendt, fue un poco extraño ¿saben?, y más porque el vigilante escuchaba perros gruñir pero no veía ninguno cerca y era porque tanto los del escuadrón como Silvana gruñían, pero gracias a Dios que Wendt fue la voz de la razón que ayudó a bajar los humos de ambas partes, así que tuvo que aguantarse la tensión de todos en el auto hasta llegar a la casa, y aun así poco a poco la tensión fue bajando al ir, poco a poco, los muchachos recordando a Silvana, solo hasta que Silvana conoció a Ruth, lo malo del asunto es que ninguno se atrevió a intervenir del mismo modo que se intentó defender a Wendt, pero si se mantuvieron bien alertas.

─ No me agrada ─ protestaba Ruth por enésima vez. ─ Resulta inaudito que la señorita Elisa tuviera relaciones diplomáticas con alguien como esa mujer ─ Es normal que ella los tenga, ya sabes por qué ─ Lo entiendo, pero no lo apruebo. No toma nada en serio ─ ¡Ja!, eso creía Ruth, y lo más extraño en todo esto es que yo tampoco lo sé, a veces entre chistes y bromas, Silvana puede ser tan peligrosa como Eloísa, a veces era al revés. Wendt y yo éramos bien conscientes que esperar de Eloísa, el problema era que no sabíamos cuando podría actuar o estallar, por decirlo de alguna manera, como en Ámsterdam ¿recuerdan? ─ Ruth, te entiendo, de verdad que te entiendo, y no es por discriminar a madre por el simple echo de que sea una Errante, pero es que… algunas veces Silvana pone a quien sea de los nervios, pero con el señor Oliver… ya estoy acostumbrada y estoy tranquila porque él se desvive por madre, al igual que Eloísa ─ Wendt se quedó un segundo meditabunda. ─ Pensándolo mejor, la razón de que Eloísa y madre se lleven tan bien es que ambas comparten la pasión por la medicina ─ Por eso ambas tienen buenas relaciones de intercambio ─ opinó Olga bebiendo un sorbo de su Pepsi. ─ Perdone si ofendo, señorita Teresa, pero… ¿Realmente confía usted en ella? ─ Madre confía en ella, así que… yo también confiaré, no es porque me de buena espina, pero mientras que madre y ella sean aliadas… ─ Porque si no es mucha molestia, me gustaría quedarme en casa de la señorita Olga, de verdad no me gustaría volver a repetir una experiencia como aquella ─ Eres libre de decidir, Ruth ─ Por cierto ─ apuntó Ruth, acordándose de un tema de último minuto. ─ Me gustaría contar con su compañía con respecto a lo encargado ─ ¿Encontraste algo? ─ Con lo referido a la familia Cumana… no. Es con el resto de los jóvenes ─ ¿Qué tienen ellos? ─ Sus perfiles familiares son un tanto inquietantes ─ ¿Qué tanto? ─ preguntó Olga interesada en el tema. ─ Abuso familiar, agresión por parte de los representantes, aunque traten de disimularlo es imposible pasar por alto, solo que las leyes amparan ciertas… condiciones familiares que les impiden proceder como es debido ─ Pero se puede hacer algo al respecto ¿No? ─ Tendría que estudiarlo a fondo ─ Hagamos algo mejor ─ Usted dirá ─ Olga y Ruth esperaron la propuesta de Wendt, por sus expresiones se podría decir que la apoyarían por muy loca que fuera la idea y si era por el bien de los niños… ─ Necesitamos hacer un estudio, un perfil psicológico de los niños, y a parte, un perfil de los padres, como un censo escolar, ¿Saben?, para ver si son aptos para dichas becas, eso me dará tiempo para organizar el siguiente paso ─ ¿Y ese paso sería? ─ preguntó Olga entrelazando las manos sobre la mesa. ─ Cambio escolar, uno donde podamos supervisar que se cumplan las demandas de madre ─ ¿Está insinuando un internado? ─ Exacto, Ruth, por el corto tiempo que tenemos no es factible construir una donde podamos inscribirlos y así mantenerlos vigilados, pero con las excusas de las becas… creo que es posible llegar a un convenio con los internados ─ Puedo hacer eso ─ se ofreció Olga. ─ Bien, luego el próximo paso sería crear una fundación ─ Necesitamos personas ─ Un paso a la vez, Ruth, primero concertemos para las evaluaciones psicológicas de los padres y estudiantes ─ Puedo hacer eso ─ intervino alguien que las tomó por sorpresa, no se habían percatado que Silvana se encontraba detrás de Wendt causándoles el susto de Dios padre y señor nuestro, que por más que intentaron disimularlo fue imposible, ¿Desde hace cuanto se hallaba allí escuchando?, las tres desearon haber disimulado bien no estar asustadas o sorprendidas. ─ Es muy noble de parte de ustedes, y… gracias por el voto de confianza ─ comentaba Silvana levantándose de la mesa que yacía detrás de Wendt para tomar asiento en la mesa de las tres, hablaba un perfecto inglés británico. ─ Pensé que estarías en la casa ─ Me aburrí del encierro y no pasaban nada interesante en la televisión y me dije, ¿Por qué no buscar a la vinculada de Elisa? Posiblemente esté haciendo algo muy entretenido y adivinen que… yo tenía razón ─ esa sonrisa y esa actitud de concursante de belleza era la máscara perfecta de Silvana, aparentar ser una chica estúpida era la mejor de sus tretas, el que se lo creyera cometía un gran error, más de una vez me tocó ser testigo de ello.

─ Así que Elisa quiere rescatar a unos niños, eso de verdad es muy noble, muy de ella, hasta me llegó al corazón (risilla) ─ opinaba Silvana después de haber escuchado la explicación de Wendt con una mano en su pecho fingiendo estar enternecida. Es que actuaba muy bien la perra, admítanlo. A Wendt no le había quedado de otra y fue gracias a una idea que podía matar tres pájaros de un solo tiro, uno: para mantenerla ocupada, dos: Silvana cumplía con la investigación y a su vez como la número tres: hacía tiempo hasta mi regreso, gracias a Dios que no aceptó el trato con ella, ¡esa es mi muchacha no juegue!, sangre Carvajal tenía que ser ¡carajo! ─ De verdad… si estás dispuesta a ayudar, no tengo objeción alguna ─ Estaré encantada de ayudar ─ Bien ─ dijo Wendt entregando las carpetas con los perfiles de los niños. ─ Estos son, allí están sus direcciones, nombres, edades, todo ─ Excelente ─ Supongo que no tenemos que explicarte que es lo que debes investigar ─ Déjalo en mis manos, tendrás eso y mucho más ─ Gracias ─ No es nada, y mientras que esperamos a que Elisa regrese de su viaje… para mi esta es una forma de matar el aburrimiento ─ Silvana estudió los perfiles con una simple ojeada. Ruth y Olga se despidieron sin antes que Wendt les recordara que esperarían los resultados de la investigación de Silvana, luego concertarían con abogados y así luego dar el siguiente paso, ambas asintieron y se fueron. ─ Antes de que te vayas necesito hablar contigo ─ escupió Silvana totalmente seria, ya no era la chica con cara de idiota, esa actitud le causó un gran escalofrío a Wendt por su espina dorsal. ─ Sea lo que sea que esté tramando Elisa, debe pensarlo bien ─ ¿Por qué? ─ Te lo diré sin rodeos, esta idea de rescatar estos niños puede acarrearle problemas ─ ¿En qué sentido? ─ Permíteme preguntarte primero, ¿Con qué fin ella quiere rescatar a esos niños? ─ Conociendo a madre… supongo que debe tener un plan a largo plazo ─ El que sea largo o corto plazo no es el problema, la pregunta es ¿Para qué? ─ Si has pasado por Orphan ya sabes cual es la razón, ella fundó ese lugar ─ Si ese es el caso… ayudaré ─ ¿Qué pensaste? Y… ¿Cuál sería tu respuesta si fuera el caso contrario? ─ Mi respuesta es no, porque se estaría comportando como el resto de los precursores y sus seguidores, evitaría que se cumpliera su orden ─ ¿Qué? ─ Wendt, tu mejor que nadie has sido testigo de lo que son capaces de hacer los precursores sin necesidad de intervenir, Elisa también es consciente de ello y se estaría contradiciendo totalmente en sus intenciones ─ Lo sé ─ Si ella empieza a actuar directamente, no solo estará poniendo en evidencia a su creador, ella misma se estará poniendo una soga al cuello y no podrá hacer nada ─ Es por eso que me dijiste que madre debía comportarse como una Nafalem, o sea… solo dirigir ─ Silvana asintió con su rostro lleno de neutralidad. ─ Y puedes estar tranquila, Wendt, Elisa es una excelente persona, la única en el mundo que yo puedo llamar y considerar una amiga y para nosotros los Nafalem es algo muy inusual ─ eso causó que Wendt ladeara la cabeza en curiosidad. ─ Como te darás cuenta, los precursores solo viven para saciar sus ambiciones y codicias, a ellos no les importa nada, el mundo, los seres humanos… son un mero juego eterno para ellos, y no les gusta perder, Elisa se está enfrentando a una red que lleva tejida miles de años, no le será fácil romperla ─ ¿Qué sugieres? ─ Si ella quiere hacer algún cambio, debe hacerlo desde las sombras. ¿Ves a esas celebridades, gobernantes y todos esos imbéciles que aparecen en público? ─ Aja ─ A esos, no hay que tocarlos. Son los que menos destacan los que en verdad mandan, son los instrumentos de ellos, todos esos idiotas que piensan que se están comiendo el mundo, son solo marionetas, piezas claves que harán lo que sea para estar arriba, y son perfectos, porque serán los chivos expiatorios que necesitan por si algo sale mal, y si eso llegase a suceder, un accidente es muy bien recibido o una información filtrada de la nada que arruine la carrera de una de esas celebridades, es así como se debe trabajar, mostrar un rostro y una mano mientras que por la espalda ocultas el puñal con que atacarás a traición a tus enemigos ─ ¿Estás insinuando que algún día la piensas traicionar? ─ Eso jamás, al contrario, estoy aquí como su aliada, prevenirle para que eso nunca le pase o que cometa una estupidez ─ le dio una mirada a las carpetas y volvió aquella expresión de niña idiota. ─ ¿Por donde empiezo? ─ ¡Dios!, ¿Cómo puede cambiar de personalidad así sin más?, era como ver dos caras de una misma moneda, nunca me cansaré de preguntármelo.

El resto del día pasó como cualquier otro, papeleos, llamadas a abogados, más juntas, más firmas de contratos y Wendt redactaba un documento, el próximo paso del plan si sus ideas rendían frutos, y desde allí regresé a mi cuerpo con la intención de seguir devanándome el cerebro con esta maldita carta, sin embargo, las palabras de Silvana quedaron danzando en mi mente. Me peiné el cabello con mis manos para encontrarme con el hermoso rostro de Oliver escudriñándome. ─ ¿Ocurre algo? ─ me preguntó, ¡Madre!, pero este hombre me conoce mejor que nadie, suspiré sopesando su pregunta y se lo conté, le conté todo lo que había visto a través de los ojos de Wendt. ─ Ella tiene razón ─ comentó colocando una mano sobre la mía. ─ Lo sé, Oliver ─ admití con pesar, no podía negarlo, yo ya no pertenecía al mundo de los vivos, así que debía actuar como tal, pero el simple hecho de pensar que debo manipular a los seres humanos como marionetas me enferma, yo una vez lo fui y si les soy franca, no me hubiera gustado ser manipulada por nadie, ya que en un futuro un ser manipulado es un sirviente seguro, no, eso no. ─ Sé que me lo has dicho infinidades de veces y mírate, aun sigues a mi lado ayudándome ─ Porque soy tu guía ─ Más que mi guía, eres mi cómplice, Oliver ─ suspiré con amargura guardando silencio. ─ Poco a poco, Elisa ─ fueron sus palabras acariciando mi mejilla y eso me desarmó, ¡Santísimo sacramento! ¡Este hombre me mata! Y sin poder tener algo con él, porque siempre estamos saltando de un enredo a una locura. Necesitaba unas vacaciones en Los Roques y con Oliver a mi lado… pensándolo mejor no… nos achicharraríamos todo y no disfrutaríamos nada, bueno, ya se me ocurrirá algo para pasar un buen momento con él.

Sacando la carta de mi bolsillo, me dispuse a leerla con más calma, aun quedaban horas de viajes y necesitaba descifrar esto, si era necesario, antes de llegar. Por más que le daba vueltas al asunto a la dichosa carta, mi cerebro no daba con la posible solución o el mensaje oculto, a veces me preocupaba que los seguidores de los precursores la quieran tomar con las pobres monjas cuando ellas no tienen la culpa. Bueno… sé que habrán pérdidas de vidas inocentes, porque no creo que dicha organización no sea Tan santa, pero si. En fin, volviendo al tema de la carta, ¿Por qué el padre Mitchell me recomendaba leer un poema cuando…? A menos que en el poema se encuentre el lugar exacto del libro. ─ ¿Oliver? ─ él se acercó y esperó por lo que fuera yo a decir. ─ Corrígeme si estoy equivocada. El padre Mitchell menciona un poema, así que supongo que en el poema debe dar algún indicio del lugar del diario ─ Prosigue ─ Pero si el poema está oculto, no solo debemos encontrar el diario, primero debemos encontrar el poema, y si es así, debe estar en la iglesia ─ ¿Recomiendas empezar a buscar en la iglesia? ─ Es lo menos que se me ocurre ─ Bien ─ asintió Oliver aceptando mi idea, pero en mis adentros deseaba estar en lo cierto.