Capítulo 13: corrijo... Son mis hermanos
En el campamento donde estaba la pequeña comunidad de Antonio estaban Edward, Alejandro, Liz y José, todos estaban conversando de manera normal, la mayoría estaba especulando sobre que era de mí y luego uno de los vigías del campamente gritó – ¡Alto ahí! ¡Baja tus armas!
El misterioso hombre dijo –Vengo en nombre de Nick. Quisiera hablar con Antonio. Somos enemigos del rey Arturo.
El vigía miró a Antonio y él dijo –Bueno... el enemigo de mi enemigo es mi amigo ¿No? déjalo pasar.
Abrieron las puertas y sorpresivamente era Cody y cordialmente se presentó ante Antonio –Mucho gusto. Soy el almirante Cody de la armada de la capital.
Mientras hablaban se acercaron Liz y compañía. Cody la observó y dijo –Princesa. Que alegría verla -Dijo con un ligero tono de ironía y prosiguió con lo que estaba diciendo.
–Mucho gusto a todos. Ya me han hablado de ustedes y lo que han logrado, vengo en nombre del comandante Nick, quien está dispuesto a luchar junto a ustedes contra el rey Arturo, vine por él, debido a que si el sale de la capital levantaría muchas sospechas. Tenemos varios soldados que estarán dispuestos a ayudar ¿tienen algún plan?
A lo que Antonio respondió –De hecho si, pero no hasta que todos estemos reunidos...
Sin previo aviso se empezaron a escuchar unos temblores.
Todos en el pueblo se alertaron y sacaron sus armas. Era un gigante. Los soldados empezaron a disparar, la gigante solo levantó un poco su pie, pasó la muralla de aquella comunidad y entró. Continuaron disparando con sus flechas a lo que la chica les gritó dijo –Ey, ¡alto!
Puso su mano para frenar las flechas y una voz proveniente del hombro de la gigante dijo – ¡Alto! ¡Está con nosotros!
La gigante era Ana y quien estaba con ella era yo, me. No pasaron más de dos segundo cuando Liz fue corriendo a abrazarme mientras me bajaba de Ana diciéndome –¡No tienes ni idea de lo preocupada que me tenías!
Luego eso su alegría se transformó en enojo – ¿Cómo pudiste irte así como así? ¡Eres un idiota, siempre preocupando a los demás!
Mientras decía eso me golpeó, todos se reían y me abrazaron.
–Les presento a Ana, la conocí cuando iba caminando por el bosque, no se preocupen no hace daño, a menos que la provoquen, ya destruyó un par de pueblos de venida para acá.
Todos se miraron asustados y Leonard entre risas les dijo- Es broma, solo fue uno.
Cody miraba con desprecio a Ana mientras todos se reunieron en una pequeña tienda de campaña.
La enorme chica se quedó afuera por obvias razones, los niños pequeños empezaron a jugar con ella, Ana los subía y los bajaba he hizo todo tipo de juegos con ellos.
En la tienda de campaña Antonio tomó la primera palabra y dijo –Muy bien. Ahora que todos estamos reunidos, hablemos sobre lo que hay que hacer: Derrocar al rey Arturo, recuperar la capital y acabar con Lilly y su grupo. Lo que disponemos hasta ahora es de nuestro ejército aquí en el que hay alrededor de 500 personas incluyéndonos, más 2 gigantes...
Cuando Cody rápidamente interrumpió –Ya va ¿Dos gigantes?
- Así es. La otra aun no llega -Cody Colocó un gesto de frustración.
–Continúo jovenes. Les seré honesto, nos enfrentaremos a un ejercito de más de 5000 soldados, y quien sabe con cuantos mercenarios nos encontremos, ni idea de cuantos gigantes, así que si se quieren arrepentir, aún están a tiempo. José iba a abandonar la tienda cuando lo tomé de la ropa y le dije – ¿A dónde crees que vas?
–Al... baño -Todos se rieron.
–Sigo. Atacaremos en 3 puntos diferentes: El castillo, Las celdas que se encuentran debajo del castillo y el laboratorio de Lilly Romanov. Aún tengo detalles que repasar, analizar ciertas posibilidades, pero tengo entendido según lo que me dijo Cody, Lilly tiene en su poder un suero, que hace crecer a las personas al menos 100 veces su tamaño actual, de ser eso cierto y si llegaran a funcionar, estamos acabados... pero aún hay esperanza, aún están probando los sueros, al parecer requieren mucha preparación, así que tendremos que atacar antes y evitar que usen ese suero.
Se escucharon los temblores y sabían que había llegado Alexandra –Perfecto. Ahora hablaré con las dos chicas, tenemos que prepararlas para lo peor...
-¿Y qué es lo peor? -Preguntó Alejandro.
-Que tengan que usar el suero...
-¡No puedes! -Interrumpí
–Leonard. Sino ¿quiénes?
-Ya hablaré con ellas, es su decisión. Nick y yo tenemos un amigo en común en la capital, su nombre es Alberto, él es científico, nos podrá ayudar a prepararlas.
Cody golpeó la mesa y dijo –No es necesario hacer que esas chicas se preparen para usar ese suero ¡Nos encargaremos antes de que pase!
–Lo siento Cody. Ya es decisión tomada. Se pueden retirar y descansen, dentro de unos días, empezaremos a repasar el plan.
Cody se fue muy furioso de la carpa. Todos salieron de la tienda de campaña y Antonio le pidió a ambas enormes chicas que se acercaran a él, mientras Cody seguía mirando resentido.
Se apartaron a un lugar un poco lejos de la comunidad y les dijo –Bueno chicas. Esta es la situación, junto con los demás ya estamos elaborando un plan en el que obviamente necesitaremos de su ayuda, pero ocurre algo, resulta que esas personas tienen en su poder un suero que es capaz de agrandar el cuerpo de una persona a un tamaño impresionante, el tamaño de edificios y bueno. Es algo que nosotros no podemos combatir, pero ustedes si, lo que les propondré no es fácil puesto que... es algo complicado, pero si de verdad quieren ayudar a nuestra causa ¿estarían dispuestas a usar ese suero? Antes de que respondan conozco a un científico muy amigo mío, se llama Alberto; Es un hombre muy inteligente, muy conocedor de lo que conlleva el suero y sus efectos, puede ayudarlas, pero la decisión es de ustedes. Ana y Alexandra se miraron una a la otra con una rostro sin expresión.
Pasaba el día, estábamos Liz, Alejandro y yo hablando. De pronto noté que Edward salió de la comunidad sin que nadie lo vea, le hice una seña a Alejandro y le dije a Elizabeth –Liz. Espéranos acá ¿sí? tenemos que hablar cosas de hombres.
–Pero...
-Tranquila, no pasa nada - Le dije con una tranquila expresión.
Los dos nos retiramos y fuimos rápidamente a perseguir a Edward.
Un largo trayecto después...
-¿Y a donde va este tipo? -Preguntó Alejandro un poco obstinado.
-Shh. Cállate que nos escuchara.
Ambos notaron como Edward llegó a una casa y de manera muy ágil, logró escalar hasta la ventana. Ambos pudieron hacer lo mismo pero tardando un poco más.
Alejandro era un poco gordo y me costaba ayudarlo, pero al llegar a la ventana pudimos ver a una gigante que tenía a Edward en su mano. Estaban hablando, pero no lográbamos escuchar puesto que la ventana estaba cerrada.
Conseguimos de manera sigilosa entrar, pero antes de escuchar cualquier cosa, ella le dio un beso, ambos nos quedamos anonadados por lo que vimos.
Pronto empezó una discusión y ella le dijo a Edward –Pero amor ¿por qué no? Se siente horrible quedarse aquí tratando de pensar que todo saldrá bien.
A lo que él respondió –Caro. Se lo que se viene y no quisiera que estuvieras involucrada.
–Ay por dios. Son solo personitas, yo sola puedo con eso.
–Es más que eso Carolina. Ya no son solo personitas, también hay personas como tú y con esto de los sueros de crecimiento, será todo un caos.
–Tranquilo ¿sí? Mira, déjame ayudar veras como todo saldrá bien.
– ¡No! No quiero arriesgarte. Lo mejor es que estés aquí -Le dijo el un poco alterado.
Mientras hablaba, ella lo colocó en su cama –Bueno. Como no quieres que vaya, al menos déjame darte esto, lo hice esta mañana, ojala te guste.
Ella se alejó y buscó en un bolso –Toma.
Era un pequeño sable, con un mango de color negro.
–Wow ¿cómo la hiciste? -Preguntó Edward mientras lo tomaba.
–Bueno. Encontré unos materiales y lo hice. Lo más difícil fue pintarla.
–Es bastante ligera. Bueno. probémosla.
Entonces Alejandro accidentalmente tropezó y cayó, traté de sostenerlo, pero era muy pesado y ambos caímos, antes de tocar el piso Carolina reaccionó y logró tomarnos a los dos – ¿Quiénes son?
-Wow. Que reflejos. -Dijo Alejandro asombrado.
Antes de que explicáramos nuestra presencia Edward interrumpió –Yo los conozco. Son compañeros y no sé qué hacen aquí...
-Es una larga historia... -Explicó Alejandro mientras se tomaba la cabeza un poco apenado.
–Mira. La verdad es que te seguimos, siempre has sido muy callado y apartado de nosotros, sé que estuvo mal, te pedimos disculpas. -Le conté tratando de justificar y que no se molestara.
Edward sonrió y dijo –No se preocupen, bueno. Ya que están aquí. Les presento a mi novia; Su nombre es Carolina.
A lo que Alejandro Preguntó – ¿Tu novia...?
-Así es. -Afirmó mientras tocaba su pierna.
¿Y cómo haces para...?
-¿Y si te callas? -Interrumpí.
Luego de un par de horas hablando y riendo, ya los tres nos dispusimos a irnos y carolina dijo –Yo los acompaño.
Los 4 estabamos en la mano de Carolina cuando de pronto se escuchó la explosión como de un cañón y unos cables rodearon la parte baja de las piernas de carolina, enredándose y haciendo que perdiera el equilibrio, ella cayó y nos soltó a los 3.
Rápidamente desenvainé mi espada, al igual que Edward.
Le pregunté a Alejandro –¿Trajiste tu arma?
Y este luego de soltar una carcajada dijo –Nunca salgo sin ella.
Se acercaron varias personitas a atacarnos. Algunas con armas de fuego y otras no.
Edward y yo empezamos a luchar, mientras que Alejandro disparaba. A lo que Edward gritó –Ustedes conténgalos, yo liberare a Carolina.
Edward corrió y con su espada trataba de liberar a Carolina, mientras que se me acercaban dos sujetos ambos encapuchados y empiezan atacarme, ambos eran bastante buenos y lograron arrinconarme. Uno de ellos tenía dos cuchillas largas y el otro una espada, lograron herirme pero me logré escabullir y defenderme un poco más.
Edward consifuió liberar a Carolina, le pidió que se fuera y ella se negó, se levantó y empezó a luchar contra los atacantes.
Edward pudo ver la facilidad con la que Carolina lidiaba con ellos, fácilmente los pateaba, pisaba o los agarraba y lanzaba lejos. En eso reaccionó, me vio en aprietos y fue a ayudarme.
Logró sacarme a uno de los atacantes de encima. Ambos nos colocamos espalda a espalda y empezamos a luchar.
Durante la lucha ambos nos ayudábamos, pero los combatientes peleaban bien, el encapuchado que peleaba conmigo logró minimizarme y estaba a punto de darme fin, pero antes de que pudiera hacer algo una flecha rosó su rostro y con eso le quitó la máscara, quien tiró la flecha, fue Elizabeth. El misterioso enemigo tenia un hermoso rostro que yo nunca olvidaría sin importar el tiempo, era Ashley quien yo creía muerta.
Aún sorprendido por este hecho, no me movía, sin embargo Ashley no hizo lo mismo y continuó atacándome como si nada, empecé a defenderme y tratar de decirle – ¡Ashley! ¡Ashley! Soy yo Leonard ¿No me recuerdas?
Mientras decía eso continuaba defendiéndome. Por otra parte Edward alcanzó desenmascarar a el otro atacante y resultó que era Rex.
No entendía que pasaba, se suponía que Ashley estaba muerta y Rex desaparecido. Liz empezó a disparar flechas contra Rex y Ashley, mientras que yo le gritaba –¡No dispares! Yo los conozco ¡son mis amigos!
Y Liz me respondió –Explícame ¿por qué tus "amigos" nos atacan?
–Ashley, Rex, soy yo, Leonard ¿no me recuerdan?
Una fría expresión seguía en el rostro de Ashley y ella dijo –No te conozco... -Mientras continuaba su brutal ataque, logró herirme en el brazo y me hizo soltar la espada, ella terminaría conmigo sino fuera por la intervención de Edward que pudo frenar su ataque y me gritó – ¡Leonard reacciona!
Rex con un poco de odio en su rostro se abalanzó sobre mí y empezó a tratar de matarme, Liz le dio con una flecha en la pierna, lo que me permitió zafarme de él, Ashley notó lo que paso y Alejó a Edward y fue a atacar a Elizabeth, ella le lanzaba flechas pero esta fácilmente podía esquivarlas, cuando estuvo a punto de dar con ella, puse mi cuerpo de espaldas para evitar el ataque, lastimándome gravemente, Liz abrió sus ojos y solo me vio en frente de ella con una sonrisa en mi rostro y le pregunté –¿Estas bien...?
– ¡Leonard!
–Tranquila... no duele tanto. Ahora. Ve a un lugar... seguro...
Ashley se quedó paralizada al ver lo que hice y me preguntó – ¿Por qué? ¿Por qué?
Mientras decía eso por su mente pasaron muchos recuerdos de manera muy rápida de cuando me conoció y el tiempo que compartió conmigo, se empezó a retorcer en el piso con un gran dolor de cabeza, Rex la observó y dijo –No de nuevo.
A fuerza alcanzó sacar la flecha de su pierna, fue a donde Ashley y la cargó. Me dijo –La próxima vez no tendrás tanta suerte. ¡Retirada!
Rex salió huyendo junto con el resto de atacantes.
Edward iba a atraparlo pero le dije –No. Déjalos ir...
Luego de decir eso decaí y Edward me ayudó a sostenerme, luego apareció Alejandro y también me ayudó –Gracias chicos.
Edward preguntó – ¿Quiénes eran? ¿Los conoces?
–Lamentablemente si los conozco -Afirmé con una triste expresión.
Luego de varios segundos de silencio Edward nos observaba con una sonrisa, ninguno entendía por qué lo hacía. Luego rompió el silencio diciendo –Chicos corrijo, no son mis amigos... Son mis hermanos. Dijo sonriendo mientras continuaba cargándome.