Chapter 32.

. Decisiones.

Salí detrás de él y pensé que intentaría golpear a Julien o que al menos pelearían, pero ese no fue el caso. Roman abrió la puerta, Julien le reclamó algo, pero Roman lo ignoró y siguió caminando, maldición. No sé qué piensa hacer, pero no puedo dejarlo solo, ya alguna vez la señora Marlene me advirtió que él ha intentado antes cuando está mal hacerse daño… Intenté seguirlo, pero Julien me llamó, creo que no podía ser tan cínica de irme así cuando el da por sentado que salimos.

-Urania, ¿qué demonios?

-Lo siento, pero tengo que irme.

-Pero, ¿qué? ¿Por qué él te agarró de esa manera? ¿No habían terminado ya?

-Julien creo que… malinterpretaste. Creí que salíamos como amigos. –Me miró totalmente desconcertado, no sé qué pasaba por su mente en este momento, si estaba molesto o si quería matarme, cualquier opción era válida y era más que comprensible.

-Era más que obvia la manera en la que te miraba, no creerás que todas las veces que salimos no fui con otra intención, ¿o sí?

-Eso creía… -Confesé y el parecía querer echar chispas por los ojos.

-Me dices eso justo ahora para irte detrás de Roman, ¿no es así?

-Julien no lo entiendes, él está enfermo, no puede irse en medio de una crisis por ningún motivo.

-Sabes… -Resopló y me miró, era la primera vez que lo veía realmente molesto, se sentía tan extraño. –Eres hermosa, brillante, agradable y una magnifica docente, tienes todo el potencial del mundo y quieres echarlo todo a la borda por alguien como él, ¿de verdad? ¡Es solo un niño! Y ni siquiera uno normal, puede costarte la carrera estar acostándote con el raro de último año.

-Julien, no tengo tiempo para esto, debo irme. –Me di la vuelta, pero sujetó mi brazo, no de una forma brusca, el no haría algo así.

-Piénsalo bien Urania, estoy dispuesto a hacerte feliz de verdad. Piénsalo unos días y me llamas, ¿te parece?

-Vale, sí. Nos vemos. –Le dije solo porque necesitaba irme rápido, aunque en verdad no tenía idea de lo que le iba a decir. –Cuídate de regreso, ¿sí? –Asintió, sonrió y me subí a mi auto.

Conduje no sé por cuánto tiempo por todos los lugares que sabía que el frecuentaba, la biblioteca piloto que lógicamente estaba cerrada, así como los museos, el centro, incluso fui al malecón del río adonde solíamos ir a veces, pero no lo vi, pensé en conducir hasta el lago o puerto Colombia, pero el coche se averió sobre la 46 frente al cementerio y no pude hacerlo encender más, mierda. Justo ahora. Salí del coche, la autopista estaba oscura y sola, saqué mi teléfono.

Llamé cuatro veces seguidas a Roman y no me sorprendió que no atendiera, entonces fue cuando empecé a preocuparme en serio, ¿qué demonios iba a hacer? Pensé muchas cosas, pero justo cuando iba a agarrar un taxi vi que regresó la llamada.

-¿Por qué me llamas?

-¿Dónde estás?

-Debes estar feliz porque me fui.

-Roman dime dónde estás, por favor.

-¿Quieres verme?

-No hay algo que desee más en este momento.

Me dijo que estaba a un par de calles de mi casa y que regresaría, entonces tomé el primer taxi que vi y regresé a casa unos treinta minutos después. Vi a Roman sentado en la entrada y se puso de pie apenas me vio llegar. Me bajé rápidamente y me acerqué a él.

-¿Por qué huyes? -Pregunté y lo abracé fuertemente, tardó varios segundos en corresponder. -Ya no quiero pelear contigo.

-Urania…

-También hice una estupidez por rencor, pero eso solo me hizo darme cuenta de que es imposible tratar de olvidarte, no puedo y tampoco quiero pensar en que te vayas, la sola idea es insoportable, no puedo con eso.

-No pienso irme. -Se separó un poco y me miró. -Quiero estar siempre contigo, en lo que me soportes. -Reí.

-Trataré de soportarte. -Hundí mi rostro en su pecho, me sentía tan bien, en definitiva, él es mi lugar en el mundo, nadie más podría hacerme sentir de esta manera.

Entramos a la casa y me senté en la sala, Roman se sentó a mi lado y se acostó de lado, puso su cabeza en mis piernas. Dios, cómo extrañaba esto.

-¿Puedo volver a dormir contigo? -Preguntó tímido, acaricié su cabello.

-Claro que sí Roman.

-¿Y si lo arruino de nuevo?

-¿Ya estás planeando hacerlo otra vez?

-No. -Escuché su risa. -Pero sabes que soy un poco pesado.

-Sí que lo eres.

-Creo que ya no debo agradarles a tus amigos.

-No es así, quieren verte. Mateo quiere aventarte unos cohetes nuevos que compró.

-Terminará volándose una mano por hacer eso, la última vez se prendió su suéter, pero alcanzó a quitárselo.

-Ya yo le dije que de los veintisiete no pasará.

-Cambiando de tema. -Se sentó y pasó su brazo por mis hombros, sonreí. Extrañaba tanto esto, su olor, su calidez, sus ojos que brillan al verme, no sé cómo es posible que lo adore tanto. -Mi madre me llamó hoy, es verdad lo que decías. Papá ya pagó gran parte de mi matricula en España, incluso ya escogieron una carrera para mí que no me interesa. Me inscribieron en medicina, yo no quiero eso.

-Quieres estudiar física, ¿no?

-Sí, pero… no sé cómo decirles que no iré.

-¿Estás seguro de que no quieres ir? Debes extrañar a tu familia, acá no tienes a nadie.

-Te tengo a ti. -Sonrió.- Eres lo que más me importa.

-Roman… -Lo abracé. -De igual forma quiero que lo pienses bien, no quiero que te arrepientas después, esa decisión puede cambiar todo tu futuro.

-Ya lo decidí, no te preocupes por eso. ¿Sabes? De niño creí que llamaría tu atención rompiendo tus cosas.

-Tan inteligente que pregonas ser y a veces no tienes sentido común.

-Lo sé, incluso una vez planeé besarte e ideé un plan completo para hacerlo, aunque eso incluía besarte a la fuerza, pero luego desistí de hacerlo porque papá dijo que tenías novio y yo por ahí no entro.

-¿En qué año fue eso?

-2015, tenía catorce. ¿Creerás que incluso te espié un par de veces?

-¿Sabes? Creí haberme dado cuenta, pero luego pensé que era ilógico sabes, ¿por qué el haría algo así?

-Pensé que no te habías dado cuenta.

-A veces cuando nos visitaban te sorprendía mirándome desde la ventana, pero creí que lo hacías para idear que cosa mala hacerme después, por eso una vez que te sorprendí te aventé el cepillo que estaba usando, creí que estabas conspirando en mi contra. De haber sabido…

-¿Por eso me pegaste? -Sonrió, asentí. -Está bien, lo merecía por acosador.

-Roman, ¿por qué cuando te dije que me gustabas me rechazaste tan cruelmente si te gustaba también?

-No lo sé, sabes que mi estado de ánimo es cambiante. Después que te dije eso me lamenté de verdad por haber desperdiciado esa oportunidad. -Besó mi mejilla. -Pero ahora eres mía.

-Desgraciadamente lo soy. -Lo besé, acarició mi rostro, esto se sentía jodidamente bien. He besado muchas veces antes pero nunca nadie pudo hacerme sentir así de increíble.

-¿Por qué desgraciadamente?

-Porque probablemente no pueda alejarme nunca de ti. -Sonrió, vi un ligero rubor en sus mejillas, creo que nunca lo vi sonrojarse antes, me gustaba, me gustaba tanto.

A la mañana siguiente él fue a trabajar y yo a la escuela, había una reunión urgente por un caso que se vio con los chicos de octavo en que encontraron a unos seis chicos, tres chicas y tres chicos, en actos obscenos en el laboratorio, incluso uno de ellos grababa, afortunadamente no fui yo la que los descubrió sino la directora, habría sido muy perturbador de ver.

Estaba algo aburrida de verdad, era un poco repitente andar diciendo lo mismo, era más que lógico que habían hecho mal pero no es más fácil ir directo al grano, ¿sacarlos o no? Saqué mi teléfono porque jugar need for speed sería menos aburrido, entonces miré la fecha. Era 1 de noviembre, es decir, en un mes Roman se graduaría y aún no sé… no sé qué haremos. Él puede decir que quiere quedarse, pero sé lo sospechoso que eso sería para sus padres y más sabiendo todos los problemas que hemos tenido, pensarán que lógicamente querrá irse y que de un momento a otro decida quedarse sonaría sospechoso, más porque él no dirá para vivir en otro lugar. No sé cómo puedan reaccionar, temo decepcionarlos porque confiaron en mí, pero no pude evitar enamorarme de él.

-¿De verdad estás jugando? -Preguntó Julien sacándome de mis pensamientos, me hizo estrellar. Aún no sabía ni qué le diría.

-Estoy aburrida, han hablado mucho del mismo tema.

-Está bien. -Guardó silencio unos segundos, pero luego susurró en mi oído. -Tenemos que hablar.

-¿Ahora?

-Cuando acabe la reunión. -Mierda, mierda, ¿qué voy a hacer?

Empecé a mandarle mensajes de texto a Lucila, por algo es mi amiga, le dije que me sacara de esta. Apenas terminó la reunión, ella corrió hacia justo cuando Julien se había detenido a mi lado y ella agarró mi brazo.

-Urania es una urgencia. -Chilló Lucila, reconocía su expresión, es la peor mentirosa que he podido conocer.

-¿Qué pasó?

-Mi esposo está en el hospital, se atragantó con un pescado. Debes venir conmigo, dejé mi auto. -Por eso adoro a Lucila. Me disculpé con Julien quién no puso problemas, había creído todo lo que dijo Lucila.

Salí con ella y fuimos a mi casa, Mateo no podía pasar por ella hoy porque salía tarde de trabajar y como ella se aburre estando sola en casa decidió venir a la mía. Eran cerca de las dos de la tarde, Roman aún no había llegado porque los sábados sale a las tres, entonces Lucila se ofreció a cocinar.

-Yo corto todo, pero tú le agregas el sabor, soy mala para eso.

-Está bien. -Reí.

- ¿Dónde está el pesado?

-¿Le dices así ahora o qué? -Reímos.

-Sé que lo adoras y todo, pero tu amor es bien pesado, incluso más que Mateo con hambre y eso es mucho decir.

-Sí, lo es. Está trabajando, debe llegar en un rato.

-¿Ya dejaste la pataleta y regresaste con él?

-Algo así. -Me miró con una sonrisa en sus labios.

-Eres tan fácil de predecir, nunca te vi tan enamorada de alguien. Antes me caías mejor.

-¿Y ya no?

-Es broma, sabes que te adoro.

Me senté en la sala en lo que ella cocinaba, pero un rato después escuché ruidos afuera. Debe ser el señor que entrega las facturas, por algún motivo no las mete por debajo de la puerta, sino que las arroja en la entrada, tengo la teoría de que mi abuela le habrá hecho algo, ella era muy conflictiva, no me sorprendería saber que lo gritó o lo trató mal. Abrí la puerta y efectivamente vi todos los sobres regados e incluso algunos se alcanzaron a mover con la brisa. Me incliné a recogerlos todos y al levantarme, vi a Roman de pie delante de mí. Me miraba con el ceño fruncido.

-¿Siempre recoges las cosas de esa manera? -Preguntó.

-Sí, ¿por?

-Arruinarás tu espalda.

-No exageres.

-No deberías inclinarte, deberías agacharte y recoger las cosas. Mira. -Me mostró como agacharme, quise pegarle por pesado.

-Ya entendí.

-Mira esto. -Me mostró una carpeta, abrí y medio leí un par de líneas, pero no entendí bien de qué trataba todo. Era un lenguaje científico. -¿Sabes esto que significa?

-No… -Admití con vergüenza.

-Descubrí una nueva partícula subatómica, es inestable y difícil de estudiar, pero yo la descubrí y no el imbécil de Juan José. Saldré en el periódico. -Enarcó una ceja, reconozco esa mirada, la hace cada vez que está a punto de decir un comentario egocéntrico sobre el mismo. -Deberías estar orgullosa de salir con alguien como yo.

-El día que ganes un nobel de física te aceptaré esos comentarios, mientras tanto no. -Me miró ofendido, le saqué la lengua.

-¿Te gustan los tipos que tienen un nobel?

-Eres tonto. -Lo abracé. -Sí estoy orgullosa de ti.

-Deberías.

-¿Quién es Juan José?

-Un imbécil que trabaja conmigo, es repugnante.

-¿Es tu competencia?

-Sí, no entiendo como es tan bueno con esa cara que tiene, a mí me distraería.

-Eres peor de lo que pensaba. -Apretó mi cintura, me miró a los ojos. Sonreí.

-Y así te conquisté. -Asentí, no podía decir nada al respecto. Era totalmente cierto, lo adoraba sabiendo que era un egocéntrico desagradable, pero mí egocéntrico desagradable. -Te quiero Urania, jamás pensé decirte esto, pero te quiero. -Me besó, con ganas y me perdí en sus labios.