Chapter 5: IV
Se sentó en la tibia banca de madera, retiró la bufanda que le cubría el mentón y le dio un largo primer sorbo a su té de menta, sus uñas negras recorrían los bordes superiores del termo cromado mientras veía el infinito. Saboreó las comisuras de sus labios la esencia a menta, un delicado llamado a la realidad. Abrió su libro recién salido de su envoltorio, se saltó todo la introducción y la biografía del autor para comenzar con el primer capítulo cuando una voz femenina dijo detrás de ella:
- Allí estás... Amber.
- Heather... que... inesperado encontrarte.
- En realidad podría decirse que este fortuito encuentro es causa tuya. -dijo sentándose al lado de Amber-
- ¿Por... qué lo dices?
- La primera razón es que tienes en tus manos el último ejemplar existente en el inventario de esta biblioteca de "como matar a un ruiseñor", la próxima presa que yo había elegido para mi voraz apetito de lectura.
- Yo... no tenía idea, lo lamento mmm si quieres...
- No, no, tú llegaste primero, y de hecho, lo pensaste más rápido que yo... es hermoso el momento en que un libro te lleva a otro, es toda una cadena.
- ¿Cuál es la otra razón? -inquirió Amber-.
Heather ladeó la cabeza a la izquierda, levantó una ceja y sus agrietados labios hicieron una mueca a la derecha de desaprobación.
- ¿Creíste que no me iba a dar cuenta? señorita pega en barra.
Amber palideció, de nuevo se sentía expuesta, el sentimiento que más odiaba y que desde el primer momento había experimentado con Heather y Shana. Sentir que estás muy a gusto en la penumbra de la esquina más agradable, durmiendo sobre tus propias lágrimas, cortándote, siendo muy ruda y que te apunten con el foco más luminoso y te muestren sin piedad al mundo. Que abran sin tocar la puerta antes e interrumpan tu cambio de ropa. Incluso que digan en voz alta lo que estabas pensando y no te atrevías a expresar.
- Heather... lo lamento, fue un accidente, pensé que la pega se había escurrido y por error había pegado esas hojas, no fue mi intención...
- ¿Y por eso tenías que leerlo? y no te atrevas a contradecirme... sé que lo hiciste porque has dejado de jugar a la mala con nosotras.
- Perdona... yo... no tengo excusas.
- Más que la curiosidad por supuesto -dijo severa Heather-.
- Para compensártelo, ¿Qué tal si te regalo el libro?
- Para compensármelo, quiero que compartas tu libro conmigo y también quiero que me digas algo muy personal tuyo, ya que leíste una carta muy personal que me pertenece y también leíste mi libro.
- Bueno... me parece justo -dijo dudosa Amber-.
- Comienza entonces con tu información personal.
- Mmm... Yo...
- Que sea equivalente a la cantidad de información personal que estaba en mi carta, ni más, ni menos.
- A ver... yo... no tengo familia, mis padres me dieron en adopción y no sé quiénes son, la familia con la que me crie me maltrataban física y emocionalmente, tenían problemas con el alcohol y las drogas y por eso me sentí hasta cierto punto identificada con "las ventajas de ser invisible". Nunca he querido a una persona. Hace cinco años me mudé sola, cuando tenía 16 y manejar todo en mi vida era una carga... así que decidí que no quería vivir.
- Me sorprende que te hayas abierto tanto...
- ¿Qué más da?
- Lo hiciste porque sabes que no me queda mucho... eso me agrada... no confías en nadie, pero tiene sus excepciones cuando se trata de alguien que va a morir con tus secretos.
Hubo un silencio incómodo
- Solo bromeo, sé que sientes pena por mí, Amber, y eso es un claro indicio que tu capacidad de interactuar no está perdida del todo.
- Supongo que no.
- Ya dejemos de hablar y vamos a comenzar ese libro.
~•~
- Buenas tardes... Lamento la intromisión - susurró Steven mientras trataba de silenciar sus pasos para no despertar a dos chicos que se habían quedado dormidos en su sillón. Cruzó la sala para encontrarse con Shana.
- Que sorpresa que hayas venido... ¿Cómo sabías que estaría aquí? -dijo Shana retirándose los audífonos-.
- Los horarios de todos están en una cartelera en el vestíbulo... ¿Dónde está Heather?
- Muy listo eh... la verdad no lo sé, algunos lunes ella hace otras cosas... ¿y tú dulce compañera?
- ¿Amber? no es mi problema - dijo encogiéndose de hombros-.
- Puedes dejar de susurrar, ellos tienen el sueño pesado, vamos siéntate.
- Gracias... yo sólo quería disculparme con ustedes... la manera en que se desenvolvieron las cosas desde la primera visita fue un poco caótico y no soy de estar feliz con los conflictos.
- Eso se nota, por eso no tienes nada de qué disculparte, desde el inicio trataste de mediar la situación.
- Que bueno que lo notaras... entonces... ¿ya debería irme?
- Claro que no, no sin antes mostrarme que escuchas en esos cascos alrededor de tu cuello -dijo colocando sus manos en los mismos y retirándolos como si fuese una especie de traje espacial, sin apartar sus ojos café de los de Steven, como solicitando permiso y a la vez haciéndole sentir tranquilo y confiado de su cercanía. Se los colocó con cuidado y le quedaba un poco grande, así que Steven colocó las manos en la coronilla de los dorados y cortos mechones para ajustar el puente que conectaba ambos cascos-.
Ella ladeó la cabeza un poco y su mirada se desvió a la derecha justo antes de cerrar los ojos y sacudir lentamente los hombros. De sus labios retocados en vinotinto comenzaron a escapar susurros de la canción:
- ...Though I'm weak... and beaten down... I'll slip away into this sound... The ghost of you is close to me... I'm inside out, you're underneath... don't let me be gone....
(A pesar de que estoy débil y derrotado, me voy a escabullir en este sonido. Tu fantasma está cerca de mí. Estoy de adentro hacia afuera, tu debajo... no dejes que me vaya)
- Don't let me be gone... -continuó Steven-.
- Don't let me be gone... -retomó Shana-.
- Don't let me be gone...
- ¡¡¡¡¡ DON'T LET ME BE!!!!! -Gritaron los dos al unísono-.
-SHHHHHH -exclamó la enfermera señalando que habían despertado a los dos chicos-.
Sintieron el frenazo en seco de la realidad, la inspiración se había cortado.
- Me encanta esta banda... es una de las pocas salvables de este siglo -dijo Shana restándole importancia a la enfermera.
- ¡Si! ¡También pienso lo mismo! y cantas genial -felicitó Steven de manera sincera-
- Lo sé -dijo fingiendo superioridad y vanidad como si fuese una celebridad antipática-. Ja,ja,ja muchas gracias, solía ir a clases de canto y presentarme en eventos pequeños.
- Que genial! estoy ante una celebridad ¿me das tu autógrafo? -dijo Steven para seguirle el juego-.
- No te burles -dijo entre risas Shana-.
- Tengo unos amigos que se presentan en algunos bar/restaurantes y tocan canciones de Twenty one pilots, coldplay y rock clásico de los 70, 80, 90... Nada tan famoso como vuestra distinguida merced, pero si su excelencia en su infinita condescendencia se digna a presenciar este fin de semana a mis amigos sería un inmenso honor -imitando burlona e irónicamente a algún vasallaje-.
- ¡Si eres payaso! claro que me encantaría ir ¿Dónde nos vemos?