Chapter 57: SENTENCIAS
Un jadeo me trajo al presente de golpe, y el helado aire entrando en mis pulmones terminó por despertarme. Mi cuerpo dolía tanto que me sentía en carne viva, apaleada, golpeada, asesinada, mutilada. Con precaución me obligué a parpadear antes de abrir los ojos por completo, y cuando lo hice quise cerrarlos de nuevo. La nieve caía furiosamente al suelo entre remolinos. Copos enormes impactaban en mi rostro, eran los toques helados que tanto me habían molestado mientras estuve inconsciente. En medio de mi estupor pude percatarme de dos cosas; estaba nevando con fuerza, y era de noche. En resumen, yo estaba tirada en medio de la oscuridad mientras una tormenta de nieve arrasaba con todo.
El viento rugía con furia, parecía querer arrancar todo a su paso, incluidos los árboles y a mí. Inhalé profundamente, ya tenía fuerzas para preocuparme o asustarme por una tormenta. Ladeé la cabeza con dolorosa lentitud para cerciorarme de estar en una pieza, y pude ver que mi corto cabello acaramelado estaba desparramado en un halo sobre mi cabeza, con los tirabuzones dorados salpicados de copos blancos y basura. Tenía los brazos extendidos, moví las puntas de los dedos para comprobar la veracidad de mi vida, y al hacerlo capté un destello azulado sobresaliendo de la nieve a escasos centímetros de mi mano.
«No puedo quedarme aquí» reconocí de mala gana. «Necesito ponerme en movimiento y alejarme de la tormenta».
Estiré los dedos y tomé el Cristal, la reliquia volvía a ser un simple objeto en forma de gota de agua, del tamaño de la yema de mi pulgar. Me costó cada mueca de dolor, lágrima y gemido lograr levantarme del suelo, y cuando al fin estuve de pie mi vista giraba y se oscurecía con tanta frecuencia que temí volver al suelo, y no poder levantarme de nuevo. Respiré profundamente antes de ponerme en movimiento, caminé en medio de un profundo sopor y sin fijarme por donde iba, todo era una masa borrosa en blanco y negro a mis ojos. Después de varios minutos, o quizá horas, al fin en medio del vacío, la nieve y el estallido de la tormenta, logré ver un agujero bajo las raíces de un gran árbol. Sonreí para mis adentros y me metí tropezando en la cavidad, en la oscuridad me hice un ovillo, abracé mi cuerpo y descansé la cabeza en las rodillas. Hipé un par de veces antes de que las tinieblas borrarán todo de nuevo.
Desperté a causa de la incomodidad en mi espalda, la claridad del día se colaba por la entrada del agujero, cálida y sin rastro de la tormenta pasada. El dolor de mi cuerpo había disminuido un poco, era más soportable, aunque solo un poco. Guardé distraídamente la reliquia en mi collar y busqué la daga de Elizabeth, no la encontré. Un tanto preocupada busqué en el suelo y en mis bolsillos, pero nada, suspiré y cerré los ojos, la había perdido. Y sabía dónde encontrarla, volvería por ella, tenía que hacerlo. La reliquia y esa daga eran las únicas conexiones que tenía con casa, con mi vida y mi familia, y no me desprendería de ninguna de las dos tan fácilmente.
Me arrastré fuera del agujero, la nieve tenía un mayor grosor que anoche, en cuanto me apoyé en ella mis palmas se hundieron varios centímetros… Casi grité al ver mis manos manchadas de sangre seca, era mía. Lo había olvidado todo: la pelea, la Sentencia, el sufrimiento, mi sangre. Asustada tragué saliva, y con sumo cuidado me toqué la cara con las puntas de los dedos, sentí las costras en mis mejillas y en las raíces del cabello; pero las costras que manchaban mi piel eran el único indicio de la pelea, dado que no veía herida alguna. Era sorprendente, la piel bajo la sangre estaba igual que siempre, limpia y sin el más leve rastro de una cicatriz. Y aunque todavía me sentía dolorida por dentro, los cortes hechos por las Sentencias ya no eran visibles por ningún lado...
Arrugué el entrecejo, estaba bastante segura de haber recibido cortes en los brazos, piernas e incluso unos cuantos en la cara, además de uno bastante feo en la espalda.
«¡La espalda!».
Temerosa me llevé una mano atrás y toqué vacilante el espacio entre mis omóplatos, donde el día anterior las cuchillas habían cortado mi piel de un tajo, pero un roce con las yemas bastó para confirmar mis sospechas, no existía rastro alguno.
Solté una risita temblorosa, no lo podía creer, era de los más raro e impresionante, extraña y milagrosamente estaba completamente sana, y físicamente curada. Una Custodes…
«¿Yo de verdad pertenecía a esa poderosa y legendaria raza? ¿A esto se referían tanto Elizabeth como el Cazador cuando hablaban del Despertar?».
Sacudí la cabeza un par de veces, ya habría tiempo para pensar en eso, ahora tenía algo mucho más importante de lo que ocuparme. Me eché la capucha sobre la cabeza y emprendí mi camino, decidida a deshacer mis pasos del día anterior. Pero cuanto más avanzaba más me sorprendía, mis casi desaparecidas huellas indicaban el largo camino que había hecho durante la noche sin darme cuenta. Era sorprendente la cantidad de kilómetros que había cubierto en medio de mi agonía y dolor sordo.
Aunque me llevó casi la mitad del día llegar hasta el lugar aterricé, no fue difícil encontrar la parte exacta, manchas rojas de sangre teñían la nieve justo donde había estado tendida. Tampoco tuve que buscar mucho por la nieve, mi daga estaba tirada a unos cuantos metros del lugar donde yo había caído. Tragué fuerte al tiempo que miraba los árboles con nerviosismo, recordando la razón de todo eso. No quería admitirlo, pero tenía miedo de que las Sentencias emergieran de los árboles, igual a como había sucedido el día anterior.
Pensativa me llevé una mano al cuello, justo donde las cuchillas de Scarlett Fleury habían cortado la piel, solo que la mujer oscura no era la novia de Cam, eso era indiscutible y bastante evidente, a las chicas normales no les crecen las uñas como cuchillos.
>> —¿Qué eres? —susurré a la figura oscura.
Curvó la boca en una sonrisa terrorífica y caprichosa.
—Una Sentencia<<.
«Una Sentencia, ¿qué rayos era una Sentencia?»
Tal vez la pregunta correcta era: ¿por qué? Su existencia debía tener un buen argumento, una razón de ser, un porqué de su lugar en Sacra. Por algo esas criaturas horribles invadían el bosque, y debía ser macabra seguramente. Como temía ver más Sentencias, guardé la daga de mi madre y me apresuré a alejarme de allí. Mi objetivo primordial seguía siendo el mismo: encontrar a Cam, ir a la Comunidad Roja, eso si no quería morir a manos de otra criatura mortal.
Llegada la tarde cacé algo y comí antes de buscar donde dormir, al final terminé por encaramarme en lo alto del árbol más confiable que encontré, un abeto mediano. Mientras esperaba el sueño, calculé el tiempo que llevaba separada de Cam, aproximadamente más de cuatro días, que parecían ser veinte. Un enorme agujero en el estómago me hizo soltar el aire en una larga exhalación, y mis esperanzas cayeron en picada ante la posibilidad de no volverlo a ver jamás, era muy posible que mis últimas palabras con él hubieran sido cuatro días atrás. Apreté los puños contra mi vientre.
«No, aún no».
No estaba lista para despedirme de él, yo lo encontraría sin importar qué. Toqué ligeramente el Cristal en mi collar y lo decidí, correría el riesgo por Cam, incluso uno tan peligroso como ese, estaba dispuesta a jugar todas mis cartas con tal de encontrarlo.